¿Por qué no una política de “cielos abiertos”?

Por Alejandro Sala:

 

La gestión de la señora Isela Constantini como Presidenta de Aerolíneas Argentinas difícilmente llegue a buen término, no por falta de idoneidad de la funcionaria, sino porque la tarea que le fue encomendada es irrealizable. No hay modo de que una compañía que opera en un entorno de privilegios económicos, intereses políticos y ambiciones gremiales pueda ser eficiente. Toda la estructura de incentivos vinculada a la gestión de la organización la lleva a priorizar cualquier otro criterio antes que la eficiencia empresarial.

 

Para que una compañía sea eficiente, debe operar en un contexto de libre competencia en condiciones de igualdad jurídica con sus similares. Entonces, la gestión de los ejecutivos de la compañía estará orientada a tratar de mejorar la relación calidad-precio ofrecida a los clientes para tratar de incrementar las ventas de la empresa. En el caso de una compañía aérea, esto implica incrementar los vuelos a los destinos más demandados, ser puntual, brindar un buen servicio a bordo y un sinfín de detalles más que le hacen a la eficiencia en la atención al pasajero, todo ello, naturalmente, a precios competitivos.

 

Para que este proceso se desarrolle, es esencial, además, que la empresa cuente con buenos equipos de dirección, que estén permanentemente pendientes de la evolución de las demandas del mercado y que sean capaces de identificarlas, para implementar las políticas corporativas apropiadas para dar respuestas satisfactorias a esos requerimientos.

 

Aerolíneas Argentinas no opera conforme a estos parámetros porque es una empresa concebida con fines políticos. Hay una creencia según la cual el acto de poseer una “línea aérea de bandera” tiene algún significado político especial, vinculado con la grandeza de la patria y el ejercicio de la soberanía, entre otros objetivos más bien declamativos que concretos. En medio de ese clima institucional es que sobrevienen las pujas políticas, los intereses gremiales y las inequidades competitivas.

 

Por lo tanto, Aerolíneas seguirá siendo ineficiente, cara, subsidiada, sobredimensionada… No porque Constantini no sea capaz de administrar una empresa aérea, sino porque no podrá superar todos los obstáculos e intereses creados que le impedirán optimizar la eficiencia de la compañía. ¿Cuál podría ser entonces la solución?

 

Pues, sencillamente, eliminar las consideraciones políticas del tratamiento del tema, desregular el mercado de transporte aerocomercial de cargas y pasajeros y generar condiciones que incentiven la competencia, la aparición de nuevas empresas, la búsqueda de nuevas rutas y el mejoramiento sistemático del servicio, adecuándolo a las demandas de los pasajeros. Entonces, el Estado dejaría de perder dinero, los pobres no estarían financiando con sus impuestos los viajes de los ricos, los pasajeros viajarían mejor… Aerolíneas Argentinas, como la conocemos, no debería existir más. Si el mercado se abre, quien visualice la posibilidad de hacer un negocio, deberá invertir en aviones y en toda la logística relacionada con la actividad y el resultado final sería un mejor servicio, pagado por quienes lo usen y un proceso de evolución permanente en la búsqueda de prestaciones acordes con las cambiantes demandas de los clientes.

 

El Estado tendría la función de definir los estándares de seguridad y de capacitación de los pilotos, de modo de evitar que aventureros irresponsables se lancen a prestar servicios que pongan en riesgo la vida de los pasajeros. Esas exigencias serían iguales para todas las empresas y quien cumpla esas condiciones técnicas quedaría automáticamente habilitado para ofrecer el servicio. En el caso de que, por razones supuestamente políticas, vinculadas con una “estrategia de integración territorial”, existiera el deseo de que haya vuelos a destinos poco rentables que las compañías privadas no estén dispuestas a cubrir, la solución es, sencillamente, que el Congreso destine las partidas correspondientes en el presupuesto nacional y que el Estado contrate los vuelos chárters que hayan sido votados por los legisladores.

 

En definitiva, una política de “cielos abiertos” sería la mejor forma de organizar el sistema de transporte aerocomercial de pasajeros. Por supuesto que esto implica aplicar una política de mercado. Pero ¿cuál es el problema? Al fin y al cabo, el objetivo es que se preste el servicio con eficiencia y al menor costo posible. Si el mercado facilita el logro de ese objetivo, sería mejor dejar de lado los prejuicios ideológicos y concentrarse en la búsqueda de los mejores resultados.

 

Alejandro Sala es ex-alumno de la Licenciatura en Ciencias Sociales de ESEADE. Es autor del artículo “El crédito y la libertad bancaria en un régimen de reserva fraccionaria” (RIIM, N°60, mayo de 2014) y del libro El espíritu del mercado: la economía al servicio del consumidor (Buenos Aires: Editorial Dunken), entre otros escritos. 

La psicología asistencialista

Por Gabriel Boragina. Publicado el 30/4/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/04/la-psicologia-asistencialista.html

 

La “ayuda social” no sólo tiene importantísimos efectos económicos, sino, y que sin una menor importancia, también los tiene a nivel psicológico. Esto implica que la política asistencialista ocasiona modificaciones en la actitud psíquica de las personas que son objeto del auxilio social. Paralelamente, también se va transformando la orientación de los incentivos que operan en uno u otro sentido, conforme sean los cambios que se producen en tales actitudes psicológicas, que son las que sitúan el resultado final de las acciones humanas.

“El único elemento que impide que el actual Estado Benefactor sea un absoluto desastre es precisamente la burocracia y el estigma que conlleva el recibir asistencia social. El beneficiario de la asistencia social aún se siente psíquicamente agraviado, a pesar de que esto ha disminuido en los últimos años, y tiene que enfrentar a una burocracia típicamente ineficiente, impersonal y complicada. Pero el ingreso anual garantizado, precisamente al hacer que el reparto sea eficiente, sencillo y automático, eliminará los principales obstáculos, los mayores incentivos negativos para la “función proveedora” de la beneficencia, y hará que la gente adhiera en forma masiva al reparto garantizado. Además, ahora todos considerarán al nuevo subsidio como un “derecho” automático más que como un privilegio o regalo, y todo estigma será eliminado.”[1]

Conforme el estado “benefactor” o de “bienestar” avanza sobre el sector privado de la economía, este adelanto va reacomodando tanto el pensar de sus recipiendarios como el actuar de los mismos. Y no sólo ello, sino que produce serias alteraciones en los valores morales tradicionales, resquebrajando los pilares básicos de la sociedad civilizada, como son la dignidad humana, el valor del propio esfuerzo, y corrompe el sistema de recompensas y castigos, con lo que se desmorona -finalmente- una de las columnas primordiales de la convivencia humana, que es el sentido de la responsabilidad individual. Este podría ser un breve resumen de los efectos devastadores del estado “benefactor” y sus políticas “asistenciales” o a veces también llamadas “políticas públicas”.

“Los diversos proyectos para lograr un ingreso anual garantizado no constituyen una solución genuina para los males universalmente conocidos del sistema del Estado Benefactor; todo cuanto harán será profundizar más aun esos males. La única solución viable es la libertaria: la derogación del subsidio estatal que hará posible la libertad y la acción voluntaria de todas las personas, ricas y pobres por igual.”[2]

Fundamentalmente, porque los programas “sociales” perjudican -a la postre- las economías personales de aquellos a quienes se procura “beneficiar”, y terminan invariablemente favoreciendo a quienes otorgan tales programas “sociales” que son los políticos, que en virtud de sus ideologías populistas o pro-populistas ganan prestigio (frente a los observadores poco informados) como “caritativos benefactores sociales”, lo cual, por supuesto, está muy lejos de ser cierto, en gran parte porque no son esos sus verdaderos motivos, y -en otra medida principal- porque los recursos que utilizan para desplegar y ofrecer sus subsidios “sociales” no provienen de su propio peculio, sino del dinero de los contribuyentes, quienes así se ven privados de ofrecer no sólo una genuina ayuda social, sino de efectuar inversiones productivas, que darían trabajo a millones de personas que -de otra manera- sólo podrían depender de la asistencia social.

“El apoyo del mundo de las altas finanzas al Estado benefactor-Bélico Corporativo es tan escandaloso y de tan largo alcance, a todo nivel desde el local hasta el federal, que incluso muchos conservadores han tenido que reconocerlo, al menos en cierta medida. ¿Cómo explicar, entonces, ese ferviente apoyo a la “minoría más perseguida de los Estados Unidos”? La única salida para los conservadores es asumir a) que estos empresarios son estúpidos y no entienden cuáles son sus propios intereses económicos, y/o b) que les han lavado los cerebros los intelectuales populistas socialdemócratas de izquierda, que envenenaron sus almas con culpa y un altruismo mal entendido. Sin embargo, ninguna de estas explicaciones resiste un análisis, como queda ampliamente demostrado con un rápido vistazo a AT&T o Lockheed. Los grandes empresarios tienden a ser admiradores del estatismo, tienden a ser “populistas socialdemócratas corporativos”, no porque sus almas han sido envenenadas por los intelectuales, sino porque esto los ha beneficiado. Desde la aceleración del estatismo a comienzos del siglo xx, los grandes empresarios han venido utilizando los considerables poderes que otorgan los contratos estatales, los subsidios y la cartelización para obtener privilegios a expensas del resto de la sociedad. No es descabellado suponer que Nelson Rockefeller es guiado mucho más por su interés personal que por un confuso y vago altruismo.”[3]

El estado “benefactor” y sus políticas asistenciales es entonces consecuencia -en gran dimensión- no sólo de las razones políticas que defienden los candidatos a ocupar posiciones de poder en las ramas ejecutiva, legislativa y judicial, sino que de un modo consciente –en otra magnitud- responden al sostén de los grandes empresarios que apuntalan decididamente medidas intervencionistas, no por motivaciones ideológicas, sino por meras conveniencias personales, para sus empresas -en primer lugar- y para –en última instancia- ellos mismos en forma particular. Algo que, con acierto, autores de nivel como Alberto Benegas Lynch (h) han llamado modernos barones feudales o pseudo empresarios que medran del poder político con miras a beneficiarse ellos mismos, con independencia y completa exclusión de todos los demás. Como se señala en la cita, este rasgo aparece con mayor frecuencia en el “mundo de las altas finanzas”. Dado que el estatismo es la forma mediante la cual los políticos obtienen las más altas ganancias a costa del resto de la población -o sea a través de un mecanismo claramente depredatorio- aquel tipo de empresarios se ven tentados a convertirse en socios del sistema estatista, y es por este propósito que lo promueven y tratan de “venderlo” como sumamente “beneficioso” para el conjunto social. De allí que, no sea de extrañar que estos pseudoempresarios alaben las políticas redistribucionistas, las promueven, y canten loas al asistencialismo que lleva a cargo el gobierno de turno.

[1] Murray N. Rothbard. For a New Liberty: The Libertarian Manifesto. (ISBN 13: 9780020746904-Pág. 198

[2] Murray N. Rothbard. Íbidem. pág. 200

[3] Murray N. Rothbard. Íbidem. Pág. 359

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Lilian Tintori: “Leopoldo se entregó para quitarle la máscara a Maduro”:

Por Belén Marty: Publicado el 30/3/15 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2015/03/30/lilian-tintori-leopoldo-se-entrego-para-quitarle-la-mascara-a-maduro/#.VRmGtpHUkCQ.facebook

 

Lilian Tintori, la esposa de quien seguramente es el preso político más conocido de Venezuela, Leopoldo López, se encuentra de gira por América Latina con el objetivo de llevar la voz de su marido a todos los rincones de la región.

La mujer, que hoy tiene más de 1,5 millones de seguidores en Twitter, y es maestra de preescolar, no duda en afirmar que en Venezuela impera un régimen antidemocrático. Parecería arrastrar junto con su belleza y envidiable retórica, un aura de tranquilidad y esperanza a pesar de lo que, relata, son las calamidades que vive un pueblo con hambre de libertad.

Tintori conversó con PanAm Post luego de compartir en un panel sobre derechos humanos en Buenos Aires, frente a un colmado auditorio, de mayoría venezolana.

¿Cuál es la situación judicial de Leopoldo López hoy?+

Leopoldo López está preso en una cárcel militar desde hace un año y un mes. Leopoldo es inocente, no tiene que estar preso ni un día más. Está preso por sus palabras, por lo que piensa, por decir lo que la mayoría de los venezolanos queríamos escuchar.

Él denunció al régimen de Maduro como antidemocrático, corrupto, ineficiente y represor. Esas palabras hoy están más vivas que nunca.

A Leopoldo le están haciendo un juicio, pero es un juicio lleno de vicios, arbitrariedades y de ilegalidad. Empezando porque es un juicio oral y público, pero nadie puede entrar. Después, la Corte está rodeada de militares y no entra nadie que quiera escuchar el juicio, ni periodistas, ni cámaras.

Segundo, y lo más grave, es que para defenderte, necesitas pruebas y testigos. A Leopoldo no le han permitido ni una prueba ni un testigo para defenderse. A la fiscalía que lo acusa le han permitido más de 160 testigos.

Hemos visto un juicio totalmente injusto. Hemos visto testigos que hablan por el lado de la fiscalía y ninguna de las cosas que han dicho culpa a Leopoldo ni a los estudiantes de nada. Es decir, no hay caso. No hay una prueba, o un testigo que haya comprobado que Leopoldo esté vinculado con algún acto de violencia que ocurrió el año pasado.

¿Tiene usted alguna esperanza en cuanto a una sentencia favorable para su marido?

Bueno, Leopoldo tiene que estar en libertad ya. Todos los días tienen que liberar a Leopoldo. Yo todos los días me levanto y digo, ‘hoy lo van a liberar’, porque él no tiene por qué estar preso. Está preso por política; él representa un cambio para Venezuela, representa una amenaza para Maduro y Maduro le tiene miedo a Leopoldo. Por eso decimos que Leopoldo es un preso de conciencia.

Ante eso denunciamos a nivel nacional y a nivel internacional, que el mundo entero sepa los argumentos y la verdad. Y que liberen a Leopoldo y a todos los estudiantes.

¿Cómo es el trato de Leopoldo dentro de la cárcel?+

El trato ha sido horrible. Le violan sus derechos fundamentales, lo amenazan con cambiarlo a otra cárcel de alta peligrosidad, le allanan su celda a la fuerza hombres vestidos de negro con armas largas, le destrozan la celda, le rompen sus cosas, le roban sus escritos, le lanzan por la ventana excremento humano y orina para ensuciarlo y que él no pueda dormir. También le cortan la luz y el agua para que no pueda bañarse y limpiar esa porquería de la celda.

Lo castigan, lo dejan sin ver el sol por semanas dentro de unas celdas de castigo, muy pequeñas, que se llaman “tigritos”. Le quitan la visita más sagrada, que es la de la familia. Ha estado solo y sin visitas seis meses y medio si sumas los castigos que le han hecho.

Cada vez que quieren, no me dejan pasar. Leopoldo está preso, pero nosotros también, como familia. Están presos nuestros derechos. El trato ha sido inhumano, de tortura, denigrante.

Leopoldo está fuerte, está firme, y todas estas cosas solo hacen que Leopoldo se fortalezca más. Está convencido que el cambio viene y que sí lo vamos a lograr. Como las palabras que él dijo al entregarse: él nos jura que vamos a vencer.

A más de un año de su encarcelamiento, ¿sigue considerando que fue la mejor decisión entregarse?

Mira, es muy dificil para mí decirte eso porque yo lo que quiero es tener a Leopoldo en mi casa, con mis hijos y libre, pero hay veces que hay que hacer sacrificios por la Patria. Leopoldo entregó su libertad por Venezuela.

Yo cuando me casé con Leopoldo me casé con esa visión, ese proyecto por el país, con ese amor por Venezuela. Yo estoy comprometida con la libertad, no solamente de Leopoldo, sino de todos los presos políticos en mi país; y con el rescate de nuestros derechos humanos.

¿Ve un avance dentro de la comunidad internacional hacia un apoyo de los derechos humanos en Venezuela?

Sí, veo avance y viene más. América Latina tiene que despertar, está despertando. Ya se pronunciaron Colombia, Perú, hoy estamos en Argentina, los parlamentos han sido solidarios. Las voces de un pueblo no son solo las del Gobierno, son la gente, los líderes, y sus organizaciones.

Venezuela está al borde de una crisis humanitaria, está en una crisis social, política y económica. En Venezuela no se consiguen alimentos básicos, no se consiguen medicamentos, leche para nuestros hijos. Hay alto costo de vida, miedo porque cada 20 minutos muere un venezolano.

Ante esto, Latinoamérica tiene que despertar, porque somos un país hermano. Confío con resistencia y fe de que esto ocurra en las próximas semanas o meses.

En su venida a Argentina, ¿tenía alguna esperanza de ser recibida por la presidenta Kirchner, quien se describe como defensora de los derechos humanos?

Sí. La esperanza nunca se pierde. Tengo la esperanza de que nos reciban y nos escuchen. Venimos como madres, como esposas, como víctimas. Venimos como mujeres venezolanas representando a millones de personas, y pienso que es responsabilidad de los Gobiernos escuchar a víctimas de la represión, de encarcelamientos injustos y de regímenes antidemocráticos como el que vivimos hoy en Venezuela.

¿Sigue pensando que la salida es pacífica a pesar de la violencia que hay del otro lado?

Absolutamente, la salida siempre va a ser pacífica, constitucional y electoral. Y así lo ha dicho Leopoldo muchas veces en sus discursos, en sus planteamientos políticos.

El Estado de Derecho no está debilitado, el Estado de Derecho no existe [en Venezuela]. Los poderes públicos están secuestrados y dominados por una sola persona, que es Maduro. No hay justicia, no hay ley, no respetan la Constitución y hay un 97% de impunidad en casos de Derechos Humanos.

Me ha pasado, vivir como esposa de Leopoldo lo que es el Palacio de Justicia, conocer a los abogados, a los jueces, a los militares. Es impresionante como esto que nos están haciendo a nosotros se lo están haciendo a miles de familias y precisamente por eso Leopoldo se entregó: para quitarle la máscara a Maduro.

Hoy el mundo entero sabe que Maduro viola los derechos humanos y lidera un régimen antidemocrático.

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.