La tiranía de la igualdad. Por qué el igualitarismo es inmoral y socava el progreso de nuestra sociedad

Libro de Axel Kaiser, comentado por Carlos Rodriguez Braun.

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 24/4/17 en: http://www.elcultural.com/revista/letras/La-tirania-de-la-igualdad-Por-que-el-igualitarismo-es-inmoral-y-socava-el-progreso-de-nuestra-sociedad/39339

 

La igualdad no es una consigna originalmente socialista sino liberal, y el liberalismo la ha propugnado desde hace siglos. La moderna igualdad socialista, sin embargo, distorsiona la igualdad compatible con la libertad y la justicia, la igualdad ante la ley, y la transforma en una igualdad distinta, que requiere la violación de ambas: la igualdad mediante la ley. La justicia tiene una espada, porque debe ser firme, y una balanza, porque debe ser equilibrada. Pero también lleva una venda delante de los ojos. Los antiliberales le arrebatan este último atributo, y por ello la desnaturalizan.

La estratagema es denunciada en este libro del pensador chileno Axel Kaiser (Santiago, 1981), que constata lo que la gente hace realmente, a saber, luchar por mejorar, y no por ser iguales. Frente a los anhelos de las mujeres y los hombres, este volumen marca las falacias de los razonamientos igualitaristas y sus deficiencias económicas, sociales, políticas y morales. No establece juicios de intenciones, sino más bien al contrario: “No cabe duda de que la mayor parte de la izquierda socialista no busca un régimen totalitario”.

Pero la confianza en el uso arbitrario del poder político y legislativo para imponer una supuesta voluntad colectiva igualitaria sobre el conjunto de la sociedad vulnera derechos y libertades de los ciudadanos. Lo ilustra este trabajo con referencias no sólo a las realidades despóticas del comunismo o el nacional-socialismo sino también a proyectos colectivistas, como el de Salvador Allende en Chile, al que retrata severamente.

Señala la trampa que tienden reiteradamente los antiliberales para convencer a los incautos de sus benévolas intenciones, y que nos invita a someternos porque, total, los héroes del pueblo sólo van contra una minoría, contra los ricos, o los judíos, o las élites, los capitalistas, las empresas multinacionales, etc. Toda la historia prueba que en verdad van siempre contra las mayorías, y siempre lo hacen atacando las instituciones de la libertad, empezando por la propiedad privada y los contratos voluntarios.

“Lo que al igualitarista le importa en primer lugar no es que todos tengan mejor salud o educación, sino que todos tengan la misma. Por eso deben eliminar el mercado, pues si lo toleran -aun habiendo una mejora para todos, como muestra por lo demás la evidencia- no se cumple el estándar igualitario que buscan. Se trata así de pura ideología, de la visión del mundo que según ellos es justa y que debe imponerse al resto”.

Tras despejar en el primer capítulo los mitos sobre el infierno liberal y el paraíso socialista, en el capítulo II aborda “La idea de derechos sociales como fundamento del colectivismo”. Refuta las principales ficciones del pensamiento único, como la vieja mentira conforme a la cual no somos libres si somos pobres, con lo cual nos conviene que el poder nos sojuzgue. Al revés de lo que se nos dice, Axel Kaiser demuestra que los llamados derechos sociales se fundan en el quebrantamiento de los derechos individuales, y en la amenaza a la misma democracia.

Por fin, el volumen se cierra con el capítulo III, que ataca el dogma de “El Estado como motor de la prosperidad económica”, y denuncia los costes de todo tipo que comporta la invasión estatal de las vidas y haciendas privadas. Desmonta los argumentos y las estadísticas utilizadas sobre la desigualdad, como el índice Gini, y afirma que “mientras más libre es la economía, más social es”, y al revés: no hay nada más antisocial que el Estado de bienestar.

Crítico con la izquierda, el libro ataca con el mismo vigor a la derecha, porque “no constituye una defensa del status quo sino una radiografía de las implicaciones, errores y falacias de la ideología igualitarista”. Y así, mientras subraya la inmoralidad de fascistas y socialistas, censura a la derecha estatista, tan amiga del poder y tan enemiga de la libertad como la izquierda.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

¿Qué es la desigualdad? ¿De riqueza, de ingresos, de consumo? ¿De qué estamos hablando?

Por Martín Krause. Publicada el 26/2/16 en:  http://bazar.ufm.edu/que-es-la-desigualdad-de-riqueza-de-ingresos-de-consumo-de-que-estamos-hablando/

 

Muy interesante estudio de Ignacio Moncada y Juan Ramón Rallo sobre la desigualdad en España, publicado por el Instituto Juan de Mariana: La desigualdad en España: ¿Realmente es España uno de los países más desiguales de Europa?, : https://www.juandemariana.org/investigacion/archivo-de-publicaciones/mitos-y-realidades-sobre-la-desigualdad-en-espana

Antes de lanzarse a estudiar más a fondo la desigualad es preciso clarificar la crucial diferencia entre los tres tipos de desigualdad económica: la desigualdad de riqueza, desigualdad de renta y desigualdad de consumo

La desigualdad de riqueza

La riqueza se refiere al conjunto de activos financieros y reales que posee un hogar o persona. La riqueza que se contabiliza en las métricas utilizadas en este informe incluye propiedades inmobiliarias, vehículos, títulos de renta fija, acciones y otros títulos de propiedad sobre sociedades y capital productivo, fondos de inversión, fondos de pensiones, seguros, depósitos, saldos de tesorería y otros activos. Habitualmente  la riqueza se mide en términos netos, calculada a partir del valor de mercado de los activos y descontando el valor de los pasivos.

Medir la desigualdad de la distribución de la riqueza consiste en medir cuán desiguales son los patrimonios y las haciendas de los hogares. En todos los países del mundo, la desigualdad de riqueza suele ser muy elevada (valores del índice Gini cercanos a 1) por varios sesgos que afectan a la distribución de riqueza:

• Sesgo demográfico: las personas jóvenes suelen carecer de patrimonio porque no han tenido tiempo para acumularlo.

• Sesgo del triunfador: las personas que tienen éxito creando una gran empresa poseen mucha riqueza porque son dueños de la misma; en cambio, las personas que han intentado crearla y han fracasado carecerán de ella.

• Sesgo de la definición de riqueza: las mediciones de riqueza suelen contabilizar activos como los antes mencionados, pero otros activos importantes no se incluyen en la definición de riqueza, como por ejemplo la formación de los trabajadores (su capital humano) o el derecho a percibir prestaciones y servicios del Estado. En la sección del presente informe correspondiente a la desigualdad de riqueza se profundiza en mayor detalle sobre la implicación de este sesgo.

Es importante tener presente que el valor de la riqueza no corresponde al valor de renta presente, sino que es una estimación de rentas futuras que se espera que dichos activos generen, descontados el tiempo y el riesgo. Así, la riqueza representa una valoración virtual e incierta de unas rentas futuras esperadas. No hay que olvidar que esta valoración es una señal con un papel crucial en la coordinación económica: proporciona la información adecuada sobre cómo deben emplearse y gestionarse dichos activos para satisfacer las necesidades de los consumidores.

Por este motivo, la desigualdad de riqueza no debería ser de excesiva preocupación: la finalidad última de la riqueza es generar renta (bienes y servicios para el dueño de la riqueza) y, por tanto, lo relevante es cómo se distribuye esa renta. Con ello no quiere decirse que la riqueza no cumpla otras funciones valiosas (ostentación o seguridad económica), sino que un cambio en la distribución de riqueza que sepamos que no va a afectar a la distribución de la renta a largo plazo debería ser irrelevante salvo a efectos de ostentación.

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Desigualdad: ¿de ingresos, de riqueza o de consumo? El caso de España. Instituto Juan de Mariana

Por Martín Krause. Publicada el 27/1/16 en: http://bazar.ufm.edu/desigualdad-de-ingresos-de-riqueza-o-de-consumo-el-caso-de-espana-instituto-juan-de-mariana/

 

Muy interesante estudio de Ignacio Moncada y Juan Ramón Rallo sobre la desigualdad en España, publicado por el Instituto Juan de Mariana:

España es uno de los países con menor desigualdad real de Europa

Madrid, 25 de enero de 2016.-

  • La desigualdad de la riqueza en España está entre las más bajas del mundo
  • La desigualdad de la renta en nuestro país se halla en la media europea, una vez se corrigen los sesgos del indicador
  • El aumento de la desigualdad experimentado durante la crisis se debe esencialmente al desempleo, no a las diferencias salariales
  • La desigualdad del bienestar real de los españoles se ubica entre las más reducidas de Europa.

La creciente desigualdad entre los españoles se ha convertido en una de las mayores obsesiones de los partidos políticos, y en uno de los indicadores preferidos por los medios de comunicación para ilustrar las devastadoras secuelas de la crisis. La tesis socialmente más extendida es que España es uno de los países más desiguales de Europa y que esta expansiva desigualdad se debe al recorte de los salarios de las clases medias, dirigido a engrosar los sueldos de los altos directivos y los beneficios de las grandes empresas.

Sin embargo, tal como demuestra el Instituto Juan de Mariana en el informe de su nueva colección de ‘Mitos y Realidades’, La desigualdad en España: ¿Realmente es España uno de los países más desiguales de Europa?, esta narración constituye un relato tergiversado e ideologizado de la realidad social y económica de nuestro país. Y es que, al contrario de lo que suele afirmarse, una lectura pormenorizada y rigurosa de las evidencias disponibles nos indica que España se halla entre las sociedades más igualitarias del mundo.

Así, el informe redactado por Ignacio Moncada y Juan Ramón Rallo permite dar respuesta a los siguientes cinco mitos sobre la desigualdad en España:

Mito 1: España es uno de los países de Europa con mayor desigualdad en la riqueza.

La realidad es que España es uno de los países de Europa con menor desigualdad de riqueza. El índice Gini de riqueza (2015) para España es 0,67, uno de los menores de Europa junto con Bélgica (0,63) e Italia (0,67), y muy lejos de los países europeos con mayor desigualdad en la riqueza como son Dinamarca (0,89), Suecia (0,81), Austria (0,78) o Alemania (0,78). A las mismas conclusiones se llega si se analizan otras métricas habituales para medir la desigualdad de riqueza, como el porcentaje de riqueza en manos del 10% más rico del país o la ratio de la riqueza del 20% más rico frente al 80% menos rico. El motivo principal por el que España es uno de los países más igualitarios en riqueza es que la propiedad inmobiliaria está más extendida que en la mayoría de los países europeos.

Además, en el informe se analiza el hecho de que las mediciones habituales de distribución de la riqueza, por diversos motivos, no contabilizan algunos de los activos más importantes de la sociedad y ello introduce un importante sesgo al alza en los resultados de desigualdad. Los principales son el valor capitalizado de las pensiones públicas, el valor actual de seguros y servicios estatales (sanidad, desempleo y otras rentas o servicios) y el valor del capital humano. La contabilización de estos activos mostraría que la desigualdad en la riqueza en la realidad es sustancialmente menor de lo que las métricas muestran.

Mito 2: Determinar los niveles de desigualdad de renta es relativamente sencillo y los resultados son indiscutibles: España está a la cabeza de la desigualdad en Europa.

En materia de renta, las mediciones habituales sí parecen indicar que España se encuentra entre los países con mayor desigualdad en la distribución de la renta. Por ejemplo, el índice Gini de la renta (2013) para España es de 0,34, mayor que la media de la Unión Europea (0,31) y lejos de los países más igualitarios en renta como Suecia, Holanda o Finlandia (los tres en torno a 0,25). Sin embargo, esta medición es incompleta, pues se basa en rentas estrictamente monetarias. Si se le añade el valor de los alquileres imputados, el índice Gini de la renta de España (0,297) cae a niveles intermedios de desigualdad en el contexto europeo, comparable a los de Alemania (0,288) o Italia (0,291), e incluso inferior al de Francia (0,298). Además, de acuerdo con un estudio de la OCDE, si también incluyéramos otras rentas en especie que no se contabilizan en las mediciones, como servicios sanitarios, educativos o de vivienda social proporcionados por las Administraciones Públicas, el índice Gini para España se reduciría en torno a un 20%, una reducción en la media de la Unión Europea. La conclusión es que la desigualdad de la renta real en España, si bien no es de las menores de Europa, sí es sustancialmente menor de lo que se suele expresar una vez tenemos en cuenta rentas en especie como los alquileres imputados y servicios públicos no contabilizados. Estos matices proporcionan una visión más completa de la desigualdad real de la renta en España.

Mito 3: Los causantes principales de las desigualdades en la distribución de la renta en España son las abultadas rentas del capital y la desigualdad salarial.

Adicionalmente, el informe muestra que la principal causa de desigualdad en la renta para el caso español no son las diferencias salariales ni los rendimientos del capital, sino la extraordinariamente elevada tasa de desempleo. Por consiguiente, la forma de evitar que las desigualdades sigan aumentando es acelerando la creación de empleo y, para ello, nada mejor que aliviar los impuestos y las trabas administrativas que sufren autónomos y empresarios para generar riqueza y contratar. La solución no pasa por una mayor redistribución de la renta desde el Estado, sino por facilitar el crecimiento económico.

Mito 4: España es uno de los países de Europa con mayor desigualdad en el bienestar real de su población.

Múltiples autores afirman que la forma más adecuada de medir el bienestar real de la población no es midiendo la desigualdad de la renta sino la del consumo. El análisis de los datos de la desigualdad en el consumo arroja una conclusión clara: España se encuentra entre los países europeos con una menor desigualdad en el consumo. El índice Gini de consumo (2010) es de 0,22 para España, al nivel de Suecia o Bélgica (0,22 en ambos casos), y por debajo de países como Dinamarca (0,23), Francia (0,23), Italia (0,26) o Alemania (0,27). Similares resultados se obtienen al analizar la ratio entre el consumo del 20% de la población que más consume y el 20% que menos. Además, las métricas de consumo también omiten partidas que sesgan al alza los resultados de desigualdad, como el consumo de servicios sanitarios o educativos que la población.

Mito 5: España es uno de los países de Europa con menor movilidad social.

La realidad es que España figura como un país con una movilidad social intermedia en el contexto europeo, por encima de países como Alemania, Francia, Italia o Reino Unido, como muestran las medidas de elasticidad intergeneracional. La movilidad social hace que la desigualdad de la renta tienda a difuminarse entre generaciones. Por tanto, la desigualdad de renta de España, incluso teniendo en cuenta los matices anteriores, se diluye a un ritmo mayor que en los principales países de Europa.

En conclusión, España es uno de los países de Europa con menor desigualdad en la riqueza y en el consumo; además, es un país con una desigualdad de la renta intermedia en el contexto europeo si tenemos en cuenta el valor de los alquileres imputados y la movilidad social.

Recursos adicionales:

  • Descargar completo el informe en este enlace.
  • Descargar la nota de prensa completa en pdf.

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Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Últimos golpes a la economía global

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 7/8/15 en: http://www.panamaamerica.com.pa/opinion/ultimos-golpes-la-economia-global-987069

 

Según la Cepal, en América Latina entre 1982 y 1989 la pobreza aumentó del 40.5% al 48.4% (de 136 a 204 millones de personas) que luego, durante los noventa, dadas “las reformas estructurales”, se redujo pasando del 48.4% al 43.8% entre 1990 y 1999. Destaca Chile que, de casi 50% de pobres en 1988, pasó al 6% a comienzos del siglo XXI. Debido al boom de las materias primas, entre 2002 y 2013, los países crecieron a ritmos del 5/6% y se redujo del 43.9% al 28% la población pobre mientras que el índice Gini de distribución del ingreso cayó 10%, del 0.542 al 0.486. La región pasó de tener casi 190 millones de pobres, a comienzos del siglo XXI, a 138 en 2012, el 25.3% de los 528.3 millones de habitantes, según el PNUD que destacó que entre 2000 y 2012 Bolivia fue el país que más redujo la pobreza en Sudamérica: 32%.

Dado el fin del auge de las materias primas, la crisis de la UE, el menor empuje de China y el lento crecimiento en EE.UU., América Latina crecerá 0.5% en 2015 y se ralentizará la reducción de la pobreza que afectaba en 2014 al 28% de la población, estancado en ese nivel desde 2012.

Días atrás, en Adís Abeba se realizó la Tercera Conferencia de Financiación para el Desarrollo, de la ONU, para “fijar el marco para la financiación de la agenda de desarrollo para los próximos 15 años”, con el fin de erradicar la pobreza y el hambre y reducir la inequidad social. Esto basado en un endurecimiento de la presión tributaria para que los Gobiernos obtengan mayores recursos. Van a conseguir lo contrario.

Tomemos por caso Argentina. La presión fiscal habría llegado en 2014 al 35.1% del PIB. Así, en 2015, el fisco se lleva entre 47% y 62% del ingreso total de una familia media, según sus ingresos. Estos cálculos se refieren a lo que debería pagar un trabajador al fisco y no tiene en cuenta que los impuestos, aun cuando teóricamente sean dirigidos a los ricos, son derivados hacia abajo. Un empresario, por caso, los paga subiendo precios, bajando salarios, etc. Entonces, además de los impuestos formales, los pobres pagan los de los ricos vía aumento en el costo de vida y rebaja de remuneraciones.

Según el Barómetro de la Deuda Social, a fines de 2014, el 28.7% de los argentinos era pobre, 11 millones de personas. La canasta básica total (que marca la línea de pobreza) costaba $6,384. Entonces, si tomamos la recaudación y la dividimos por los pobres nos quedan $12,800 mensuales para cada uno, siendo que a una familia tipo de cuatro personas le corresponde el cuádruple, es decir, unas ocho veces la canasta básica total.

La recaudación fiscal en Argentina en junio pasado llegó a $140.838 millones. Si el Gobierno dejara de recaudar impuestos, los pobres desaparecerían ? y no es descabellado creer esto- aunque tendrían que hacerse cargo de la obra “pública”. Pero es más eficiente que cada uno pague, por caso, el peaje en las rutas que utiliza antes que pagar hasta las que no usa a través de una burocracia estatal que se come buena parte.

 

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.