La trampa económica de la política

Por Eduardo Filgueira Lima: Publicado el 18/5/18 en: http://cepoliticosysociales-cepys.blogspot.com.ar/2018/05/la-trampa-economica-de-la-politica.html

 

¿Porqué los políticos tienen tendencia a gastar más de la cuenta?

Largos años de desaciertos políticos y económicos (los unos siguen a los otros) nos han sumido en condiciones de progresiva decadencia. Un 30% de pobres azota todos los días nuestras puertas.

Desde mediados de los años ´30 del siglo pasado el gasto público argentino ha tenido un peso creciente dado su constante incremento, en la política y la economía argentinas. Pero es en las últimas décadas cuando su peso relativo en términos de PBI se ha acelerado sustantivamente al compás de políticas populistas.

El incremento del gasto público puede acompañar tendencialmente al aumento de la población; o también ha sido utilizado como proceso de equilibrio compensador en situaciones de recesión de la actividad económica, aunque esto tuviera consecuencias deletéreas a mediano/largo plazo.

Pero en nuestro caso el gasto público ha sido el instrumento que la política ha utilizado para satisfacer crecientes demandas propias[1] y también de la población, en una asociación perversa en la que los unos resguardaron su supervivencia o perpetuación y los otros delegaron su voluntad, recibiendo a cambio los beneficios del Estado en forma de dádivas, protección o empleo público.

La Argentina se acostumbró así a vivir crecientemente dependiente del Estado. Eso mismo generó grupos cada vez más numerosos de privilegiados que pudieron vivir de sus prebendas y un pensamiento “estatista” que se instaló y perdura inconmovible, como si el estado pudiera hacerse cargo de todo, y dar satisfacción a todos, en todo tipo de demandas y sobre todos pudiera recaer el peso de sostener los beneficios que solo algunos usufrutuan.

Hemos reproducido a la perfección la “tragedia de los comunes”[2]. Porque los incentivos están puestos en maximizar intereses individuales explotando hasta extenuar recursos que son comunes, e inevitablemente limitados. El Estado ha quedado subyugado por diversos grupos de interés del que obtienen beneficios particulares. Este es el conflicto más pertinaz que condiciona las democracias[3]. El estado ha quedado así agotado para incluso cumplir con lo que elementalmente debiera.

Los argentinos pedimos cada vez más que el Estado nos dé,.. que el estado nos garantice,.. que el Estado nos proteja,.. que el Estado controle,.. que el Estado regule,.. que normatice, que cada vez tenga mayor intervención en cada una de las actividades de nuestras vidas. Pero sabemos también quejarnos cuando asumimos lo que ese estado elefantiásico que hemos creado nos  cuesta, sin comprender la contradicción implícita que significa pedir cada vez más y quejarnos después por tener que pagarlo.

Y todo ello con la complicidad de los dirigentes políticos para quienes agigantar el estado resultó un pingüe negocio porque les otorgó el rédito de “administradores sensibles del Welfare State”, resultando lo que más aprecian: adhesión y votos. Los incentivos están puestos en defective democracies[4] en las que se sostiene que la única rendición de cuentas son las elecciones, que ingentes recursos públicos sean puestos precisamente para obtener resultados electorales.

La trampa política populista es precisamente encontrarnos en la imposibilidad creciente de superar nuestras dificultades porque los unos demandan del Estado lo que los otros asumen como necesidad propia de otorgar. Mientras, otra parte de la población que no se encuentra en el grupo de privilegiados, debe soportar la mayor carga que le imponen ambos.

El problema es ideológico y cultural y por lo mismo es más difícil de superar. Demandas no son siempre necesidades y todos –cada vez más y crecientemente a medida que se reducen las oportunidades– se prendieron con avidez a obtener su cuota parte del Estado, que hoy está agotado y que no encuentra medios para financiarse, pero más grave aún constituye un enorme peso para el crecimiento y eliminar los graves problemas que nos agobian.

Hoy el gasto público supera el 42% en términos de PBI. Como muestra el gráfico siguiente y su incremento fue brutal desde 1993 (23%) a nuestros días.

[5]

El gasto público casi se duplicó en menos de treinta años. De lo que nunca se habla es el costo agregado –calculado hoy en deterioro social, político y económico– que esa conducta depredadora ocasiona.

De esta lógica perversa difícilmente pueda escapar el accionar político que requiere para permanecer de los votos de las mayorías. Y difícilmente puedan escapar los ciudadanos, que con este circuito obtienen prerrogativas inmediatas, sin percibir que a largo plazo disminuyen inevitablemente sus perspectivas futuras.

Porque el crecimiento del sector público se hace indefectiblemente a expensas del sector productivo y aún de toda la población, cualquiera sea su mecanismo de financiamiento: vía impuestos, emisión monetaria y/o endeudamiento (con las consecuencias nefastas que cada uno de estos medios de financiamiento ocasiona).

La lógica seguida por Cambiemos una vez en el gobierno, de manera poco disimulada consistió en recurrir a la obra pública para hacer lo que con seguridad hacía falta (dado el ingente deterioro que en infraestructura nos había dejado el gobierno anterior), pero también para inyectar recursos en un mercado deprimido y sometido a necesarias correcciones que creyó poder hacer con “gradualismo”.

Es comprensible ya que los políticos no son afectos a dar malas noticias y un keynesianismo ad-hoc pudo haber sido en este sentido un buen recurso político, aunque no se valoró lo suficiente que fuera un mal recurso en el largo plazo. La disyuntiva podría ser dilucidar si el “gradualismo” no es también en este esquema un disimulado hijo light del populismo.

Pero a su vez se debe decir que este gobierno ha logrado importantes avances en lo institucional. El índice de Calidad Institucional ha mejorado 10 puntos en dos años.

Muy probablemente, y a riesgo de entrar en peligrosas interpretaciones psico-sociológicas, el gobierno se vio en la necesidad de desmarcarse de las posiciones en las que la oposición política lo había colocado, “un gobierno de ricos para ricos, … De insensibles que llevarían a cabo un ajuste, … Qué eliminarían los planes sociales, …” Como se dice en la jerga corriente “los corrieron por izquierda, …” y tuvieron que parecer o ser más de izquierda que lo que muchos hubieran deseado. El gobierno termina así mostrándose temeroso de hacer las reformas necesarias.

Porque inyectar más recursos tuvo consecuencias en un tema que nos es muy sensible: la inflación, que resultó muy poco (o nada) elástica a la baja. A lo que contribuyó la emisión monetaria –instrumento estrella en el gobierno anterior– pero que en el actual creció 32% en 2016, lo que le puso desde inicio un piso elevado.

En 2017 creció el 27%[6]. En 2017 el BCRA le giró al Tesoro Nacional un total de $421.708 millones. Aunque del otro lado de la cuenta, el BCRA logró retirar del mercado por la vía de la esterilización $225.364 millones. Con lo que quiero decir que el gobierno, aunque recurrió al endeudamiento[7] para financiarse, no dejó de utilizar la emisión para ese fin.

En Argentina la emisión monetaria sube exponencialmente a partir de 2006 [8]. Y hoy la masa monetaria se ubica en el 28,9% del PBI[9]La presión que este proceso monetario ejerce sobre el valor de la moneda, impide una efectiva baja de la inflación. Y a menor productividad es el factor “escasez” el que entra en juego para la determinación de los precios.

La vía impositiva también está en su tope La presión tributaria consolidada pasó desde un 19% para el promedio de los años 90 al 32% del PIB en 2017. Por otra parte, dada la fuerte informalidad, la presión tributaria sobre el sector formal resulta de un nivel insoportable del 50% o superior a esa cifra, lo que ahoga la actividad productiva que es precisamente de lo que se alimenta el fisco.

Es muy probable que el gobierno haya subestimado algunos problemas que eran graves cuando asumió o es muy probable que haya desbordado de optimismo prematuro suponiendo que algunos problemas estructurales podían ser resueltos por vía de un decreto que impusiera entusiasmo.

Muchos problemas de la Argentina derivan de esa perversa asociación descrita sostenida durante muchos años y cuya más popular acepción es un elemental “populismo” político que tiene graves e inevitables consecuencias económicas[10].

El gobierno actual pensó resolver un problema tan complejo también con “gradualismo” para no verse tapado por las olas que supuso despertaría un necesario ajuste. “Acá nadie quiere perder nada. Tocás algo y te incendian el país”[11]

Pero finalmente entre la obra pública y los compromisos electorales asumidos pagados con empleo público (que se incrementó desaprensivamente), el gobierno no reaccionó frente a un gasto público desbordado y mantuvo políticas tan tramposas como las que se suponía venía a erradicar. El déficit del sector público, que llega hoy a 7% del PBI, es el resultado de haber ido mucho más lejos de lo lejos que ya se había llegado con un gasto público exorbitante.

En nuestro país de manera prevalente la gente quiere dar satisfacción a sus demandas de manera inmediata. Y quiere que esa satisfacción provenga del estado, porque no tiene otras posibilidades (estas son reales necesidades), o porque le resulta más rentable diluir sus responsabilidades en el conjunto (esto es oportunismo). ¿Como puede definirse claramente la línea que separa estos comportamientos?

Parece no entenderse que así se reducen las perspectivas futuras, que a más Estado mayores limitaciones a la actividad productiva. Que el estado debe cumplir funciones muy puntuales y específicas que no puede cumplir con eficiencia y mucho menos con las agregadas que le hemos impuesto.

Porque ello requiere financiamiento y la vía impositiva ha llegado a un tope insostenible. El peso del gasto impositivo no debe ser una carga que como una mochila nos impida avanzar. El costo de esa carga imposibilita el crecimiento porque limita el desarrollo de las actividades productivas que son esenciales (a la par que otros factores),  para equilibrar otra debilidad importante hoy como es la balanza de pagos, que se nos muestra hoy deficitaria[12].

Y la emisión monetaria (que fue el sustento del gobierno anterior y apenas un poco disminuyó en el actual) se traduce inevitablemente en inflación por lo que la única vía alternativa que quedaba, para sostener el fenomenal gasto que el anterior populismo ocasionó, fue el endeudamiento, …que no es gratis!

Hoy el presidente Macri ha mencionado que “no podemos gastar más de lo que tenemos”! Y se me ocurre decir que más aún, tenemos que gastar mucho menos que lo que estamos gastando: el déficit fiscal es un tramo en exceso del proceso del gasto, … pero finalmente detrás está el gasto público ya de por sí excesivo.

Con seguridad reducir el déficit fiscal[13] es un tema trascendente. Pero disminuir el gasto público requerirá de un esfuerzo mayor. No será fácil decidir aquellos rubros en los que puede reducirse el gasto sin conflictos sociales, pero es imprescindible. Obviamente es más sencillo escribir sobre la reducción del gasto público que hacerlo. Ni gobernadores, ni intendentes, … quieren ajustar su gasto, y siendo un país federal la mayor parte de las transferencias nacionales son automáticas.

El 30% de la PEA empleada trabaja para el gobierno (en sus tres estamentos) En Formosa, Catamarca, La Rioja, Jujuy, Santiago del Estero, Chaco y Corrientes hay más del 50% de la población empleada dependiente del estado[14]. La Fundación Libertad y Progreso ya ha expuesto sobre el peso que el empleo público tiene hoy y como se ha incrementado entre 2003 y 2017[15]

Si estas cuestiones no se corrigen las perspectivas de crecimiento, desarrollo y disminución de la pobreza se encuentran muy lejanos como objetivos y el costo será el subdesarrollo social y económico, porque la economía nos pasará sus facturas.

En días recientes hemos sufrido varios días de tensión minimizada por el gobierno y exacerbada por los opositores y muchos otros. Pero en su raíz el problema subsiste inconmovible. El incremento de tasa de interés en los EE.UU. y la populista imposición a la renta financiera[16] que se implementó en Abril de este año (por iniciativa de la oposición pero acompañada por el oficialismo), a lo que se sumó un dólar retrasado, alimentó los temores de una corrida de los tenedores de deuda hacia este último e incentivó la demanda. Finalmente los tenedores de deuda argentina renovaron en un 100% la misma. Pero el dólar alcanzó un nuevo piso,.. que probablemente no sea su techo. Tal como es previsible la vulnerabilidad argentina persiste.

Mientras pensemos que “la mejor política económica es la que permite ganar elecciones” y para ello la política recurra a cualquier medio, el problema será esencialmente político! Por lo que no debemos alarmarnos entonces que en cada oportunidad que tenga nos dé un sacudón la víctima: la economía!

 

(*) Dr. Eduardo Filgueira Lima

(MD, Mg.HS&SS, Mg.E&PS, PhD.PS)                       Buenos Aires, Mayo 18 de 2018

[1] Referencia a un mercado político que tiene incentivos alineados con su propio interés corporativo.

[2] Hardin, G. The Tragedy of Commons en Science, v. 162 (1968), pp. 1243-1248

[3] Buchanan, J. & Tullock, G “El cálculo del consenso” (1980)

[4] Merkel, W “Defective democracies” Centro de Estudios Avanzados de Ciencias Sociales. Paper N°132, 1999

[5] En: http://focoeconomico.org/2017/12/23/gasto-publico-en-argentina-1993-2017/

[6] Nadin Argañaraz y Bruno Panighel En Informe IARAF del 21 de Febrero de 2018 http://www.iaraf.org/index.php/informes-economicos/area-fiscal/213-informe-economico-5

[7] La deuda externa actual alcanza los u$s 250.000 mill. Casi un 42% del PBI

[8] Banco Mundial en: https://datos.bancomundial.org/indicador/FM.LBL.BMNY.CN?contextual=default&end=2014&locations=AR&start=2014&view=bar

[9] Banco Mundial en: https://datos.bancomundial.org/indicador/FM.LBL.BMNY.GD.ZS?view=chart

[10] Las acepciones político-culturales del término tienen otras raíces y se afincan en las denominadas democracias delegativas, según G. O´Donnell, en un primer estadio.

[11] Senador M. A. Pichetto La Nación (18/5/2018)

[12] En 2017 la cuenta corriente registró un déficit de US$ 8.738 millones, explicado por los saldos negativos de la balanza de bienes y servicios. https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/bal_03_18.pdf

[13] De los últimos 60 años, Argentina tuvo déficit fiscal (entre 3 y 7% del PBI) en 57 años. (J. L. Espert, 2018)

[14] Sipa. Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social En: http://www.trabajo.gob.ar/estadisticas/

[15] Fundación Libertad y Progreso https://radiocut.fm/audiocut/hablamos-con-agustin-etchebarne-economista-y-director-de-libertad-y-progreso-fmi-dolar-economia/ y en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/05/02/gasto-publico-inflacion/

[16] Decreto 279/18 que reglamentó la imposición a la renta financiera (5% para letras en $ y 15% para u$s)

 

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, Doctor en Ciencias Políticas y Profesor Universitario.

Colombia en camino a la OCDE. Los problemas de que enfrenta (por ejemplo, propiedad intelectual), son los que esperan a Argentina

Por Martín Krause. Publicado el 19/3/18 en: http://bazar.ufm.edu/colombia-camino-la-oecd-los-problemas-enfrenta-ejemplo-propiedad-intelectual-los-esperan-argentina/

 

El actual gobierno argentino se propuesto que el país vuelva a ser parte de la comunidad internacional de naciones. Es necesario recordar que gobiernos anteriores hicieron todo lo posible en el sentido contrario: declararon el default de la deuda soberana, repudiaron el cumplimiento de tratados bilaterales de inversión, acumularon demandas por incumplimiento de las reglas de la OMC y buscaron aliados entre los peores vecinos del planeta, como Venezuela o Irán.

Este retorno es claramente aprobado por la población argentina, la que no quiere sentirse como un pendenciero global, sino que pretende ser al menos un ciudadano global correcto. Lo que no parece muy claro es si están al tanto de los costos que esto implicará, de los esfuerzos que el país deberá realizar para alcanzar ese objetivo.

He aquí un ejemplo: Argentina quiere pertenecer a la OCDE, que es algo así como un club de países desarrollados para compartir políticas públicas y reducir barreras o compatibilizar regulaciones relacionadas con inversiones, servicios, intercambios y otras normas que puedan afectar las relaciones entre los países miembros.

Pero como en muchos clubes, el ingreso tiene un costo; muchas veces hay que pagar o es necesario ser presentado por algunos que ya son miembros o hay que acreditar una determinada condición. Da la sensación de que en Argentina se avala la intención de pertenecer a grupos como éste, pero hay poca discusión sobre los requisitos necesarios para la membresía.

En estos días, algunas noticias por otra parte del continente dan una muestra de lo que esto puede significar. Un caso interesante para seguir es el de Colombia, país que también quiere ser miembro de la OCDE y ha iniciado el proceso de admisión un poco antes. Colombia se encuentra varios escalones por encima de Argentina en cuanto a libertad económica se refiere y le lleva a Argentina 34 puestos en el Índice de Calidad Institucional, ha mejorado 145 posiciones desde 2007. En el Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation se encuentra en el puesto 42, mientras que Argentina está 144.

No obstante, Colombia no tiene el camino fácil. Por un lado, ha estatizado alguna empresa de  servicios públicos, enfrenta demandas en la OMC por los requisitos de certificación de origen de los productos importados que sean catalogados como de riesgo “medio” o “alto” y, en algo que Argentina aún está peor, ha sido señalado como un país que no tiene una protección de la propiedad intelectual apropiada: http://thehill.com/opinion/international/359996-colombia-must-enact-reforms-before-joining-rest-of-world-on-the-economy

No hay un control de la piratería y hay ciertas intervenciones en el mercado de productos farmacéuticos que parecen no cumplir con las normas internacionales. El documento que presenta el camino para el acceso de a la OCDE (Roadmap for the Accession of Colombia to the OECD Convention) del año 2013, reclama el seguimiento de las mejores prácticas en políticas de ciencia y tecnología, lo que incluye la protección de los derechos de propiedad intelectual, desarrolladas por el Comité respectivo.

La OECD tiene además un consejo consultivo empresario que se llama The Business and Industry Advisory Committee, que presenta recomendaciones a la organización y, al respecto, llama la atención que si bien ha mejorado algo las normas sobre la declaración de interés público de un determinado producto farmacéutico, que sería el primer paso para el otorgamiento de una licencia compulsiva (que elimina el efecto de una patente y permite copiar un producto patentado), con lo que el Ministerio de Salud buscaría reducir precios en el mercado, otras normas todavía mantienen abierta la posibilidad de intervenir en los precios de los productos. Al mismo tiempo, alguna agencia gubernamental (INVIMA) ha negado la protección de los datos que sustentan las investigaciones y pruebas de productos patentados, motivo por el cual el país está recibiendo reclamos de incumplimiento de sus obligaciones internacionales en los tratados sobre la materia (TRIPS).

En fin, se trata solamente de un ejemplo, de lo que puede esperar más adelante a la Argentina en este mismo camino que Colombia ya está recorriendo, partiendo de una situación que es peor a la de ese país en algunos aspectos. Y dadas las resistencias que aquí se generan cuando se afectan los intereses de algunos grupos locales que han crecido al amparo de alguna protección o privilegio, más vale que, si persisten en el objetivo de integrarse a la OECD, vayan removiendo los obstáculos que ya están allí delante.

 

Martín Krause completó su doctorado en Administración en la Universidad Católica de La Plata, es profesor de Derecho y Economía en la Facultad de Derecho e Historia del Pensamiento Económico (Escuela Austriaca) de la Facultad de Economía de la Universidad de Buenos Aires. Miembro de la Sociedad Mont Pérérin. Fué Rector, Director de Investigación y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). En 1993, recibió el Eisenhower Fellowship. También recibió el Premio de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires 2007.

Se necesita más “igualdad” en el mundo

Por Gabriel Boragina. Publicado el 12/7/14 en: http://www.accionhumana.com/2014/07/se-necesita-mas-igualdad-en-el-mundo.html

 

Este es el reclamo que se escucha por doquier. No sólo las personas comunes lo utilizan en sus conversaciones cotidianas, ya sean familiares, laborales, estudiantiles o sociales, sino que forma parte del repertorio habitual del discurso de todos los políticos del mundo. El reclamo de mayor igualdad campea en todos los ámbitos. Y cuando hacemos ver que la igualdad es imposible, se nos replica que la igualdad que se exige es la “de oportunidades”, y que esta -en cambio- si sería realizable.

Sin embargo, los estudios más serios de los que se dispone no coinciden con esa última apreciación. Uno de dichos análisis es el que efectúa el conocido “Índice de Calidad Institucional”, que ordena los países examinados de mayor a menor de acuerdo a la mejor o peor institucionalidad que exhiben. Y las conclusiones respecto de los de peor institucionalidad son las que siguen:

“Precisamente, una de las conclusiones a las que puede llegarse con tan sólo observar qué países se encuentran en las últimas posiciones (Myanmar, Somalia, Corea del Norte y en América Latina Haití, Venezuela y Cuba) es que se trata de países con gobiernos que se han puesto como objetivo dicha igualdad o que no parecen contar con un marco institucional en absoluto y los individuos están sometidos a los abusos de grupos organizados para utilizar al poder en beneficio de “sus” propias oportunidades. Las leyes de la economía nos explican la relación causal entre ciertas instituciones, el crecimiento económico, la mejora del nivel de vida y la posibilidad de aprovechar un mayor número de oportunidades. Estas instituciones son aquellas que protegen en forma efectiva derechos individuales básicos como el derecho a la vida, la libertad de opinión, la libertad de movimiento, el derecho de propiedad, la libertad contractual. Aquellos países que han logrado desarrollar un conjunto de instituciones sólidas brindan a sus habitantes más y mejores oportunidades para buscar alcanzar los fines y objetivos que quieran perseguir. Esto es lo que significa contar con un mayor “desarrollo humano”.”[1]

Si efectivamente pudieran igualarse las oportunidades de todo el mundo, los niveles de pobreza y subdesarrollo se expandirían en forma exponencial y alarmante, al tiempo que los gobiernos se volverían más y más despóticos y tiránicos de lo que ya lo son en la actualidad (cuestión esta última que cada vez pasa más y más inadvertida). El progreso desaparecería literalmente de la faz de la tierra y volveríamos a las épocas primitivas, donde existía una mera economía de subsistencia. Rápidamente el caos social se apoderaría de cada vez más países. Estarían prohibidas por ley cualesquiera manifestación de talento, inventiva y mucho menos permitidas ninguna expresión de genialidad por parte de nadie, ya que eso quebraría por completo las “iguales oportunidades” de todos los demás, pese a que estas no se revelen (porque, en realidad, la mayoría de las personas carecen de aptitudes notables en absolutamente todos los campos del saber humano). Nadie podría inventar ni descubrir absolutamente nada, hasta que el vecino tuviera la misma oportunidad de hacerlo, y pese a que no posea los conocimientos ni las habilidades para ello.

Pero ¿en que consistiría concretamente ese mayor “desarrollo humano” del que nos habla el Dr. Krause?:

“No es solamente una vida más larga y saludable, adquirir conocimientos y contar con los recursos necesarios. Algunos países pueden haber alcanzado una buena esperanza de vida al nacer o un determinado acceso a conocimientos, pero una vida dirigida por otros, restringida por controles y mandatos y una educación sesgada son más bien “restricciones” que logros de una vida completa. El individuo tiene que tener más opciones para vivir su vida como crea que merece ser vivida, para obtener el conocimiento que estime importante y, seguramente, esta capacidad de decidir le permitirá finalmente contar con los recursos necesarios.”[2]

Si queremos ser “iguales”, necesariamente deberemos ser dirigidos por otros. Perdemos indefectiblemente por completo nuestra independencia y nuestra libertad. Porque alguien deberá cuidar que nadie “se salga de la raya” ni que pase el límite de la igualdad impuesta. Y toda igualdad, recordemos (también la “de oportunidades”, desde luego), ha de ser obligada por una autoridad. No existe la “igualdad voluntaria”, la que es fácticamente imposible, porque naturalmente todos somos diferentes. Este poder que debería existir para evitar mayores desigualdades será justamente aquel que terminará restringiendo mayores oportunidades. Es decir, a mayor igualdad menor oportunidad (I > O). Mas igualdad significa siempre menor libertad y menores oportunidades, porque estas últimas nacen (y sólo pueden surgir) de la plena libertad.

“La existencia de mayores oportunidades en los países de alta calidad institucional se confirma también con el flujo de migraciones. Suele decirse que a nivel global los individuos votan con los pies, es decir se dirigen a dónde creen que tendrán más oportunidades. Esto es evidente también en el continente americano, los países del norte son los que atraen un mayor flujo de inmigrantes y los que se encuentran en los últimos puestos del ICI son los que más los expulsan, cuando los dejan salir.”[3]

Curiosamente, aquellos países del norte (despectivamente llamados “ricos”) hacia donde la gente se dirige, son los que el discurso progre-populista los acusa de tener mayores “desigualdades”. Por eso, les resulta a ellos paradójico que las personas migren masivamente hacia aquellas naciones. Pero nada de extraño tiene si se analiza y se comprende la naturaleza humana, que casi instintivamente, no busca igualarse a nadie, sino superarse y mejorar de estado. En cambio, huyen de los países más igualitaristas que son los del sur.

Entonces, es importante atenerse a estos datos empíricos, que confirman los hechos de que el progreso y la riqueza de los pueblos vienen solamente de la mano de la desigualdad, que aumenta las oportunidades de todos, a condición de que todos seamos libres y nunca en el caso contrario.

 

[1] Martín Krause. Índice de Calidad Institucional 2012, pág. 6 y 7

[2] Krause M. “Índice….· op. Cit. Pág. 6-7

[3] Krause M. “Índice….” op. Cit. Pág. 6-7

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Argentina avanza en calidad institucional… en sentido contrario.

Por Aldo Abram. Publicado el 9/5/14 en: http://fortunaweb.com.ar/2014-05-09-138593-138593/

 

Es común que se publiquen indicadores de calidad institucional que califican a los países según las características de las democracias republicanas; pero no lo es tanto contar con uno que establezca su evolución según los principios de las democracias populares o populistas. Así que aquí presentamos uno que se basa en tomar dos subgrupos con cuatro indicadores y hacer un promedio simple (sin ponderaciones arbitrarias) de todos los datos.

Uno de los subconjuntos es el político, compuesto por:

a) Vigencia de los derechos sociales y populares: Contempla en qué medida los jueces y las leyes priorizan las necesidades sociales sobre los derechos individuales, en particular el de propiedad.

b) Liderazgo popular y nacional: El Poder Ejecutivo Nacional maneja ampliamente el poder delegado por el pueblo para cumplir con el mandato popular. El régimen electoral y de partidos debe representar cabalmente al pueblo, para defenderlo de los avances de las oligarquías y de las minorías reaccionarias.

c) Los medios deben estar al servicio del pueblo y reflejar en su mensaje el relato nacional y popular y no las opiniones de las minorías reaccionarias ni la de los intereses corporativos mediáticos o económicos que se oponen al modelo de Democracia Populista.

d) Transparencia: Enfrentar a las corporaciones económicas y mediáticas para defender el modelo nacional y popular que votó el pueblo exige contar con todos los resortes del poder. Esto incluye, el económico; lo que implica contar con la caja necesaria para poder confrontarlos con posibilidades de éxito. Debe evitarse que los enemigos del pueblo coopten los organismos de control del estado para, desde allí, minar las políticas nacionales y populares; por lo que deben ser manejados por aquellos que compartan la defensa de la gesta del pueblo.

El otro subgrupo es el de las instituciones económicas en las que se sustenta el modelo productivo nacional de matriz diversificada y está compuesto por:

1) Un indicador que evalúa cuán cerca se ha llegado en el objetivo de alcanzar el autoabastecimiento e integración total del aparato productivo nacional. De esta forma, se disminuye la dependencia de los poderes económicos internacionales. Para ello, es vital la administración del comercio exterior por parte del gobierno que velará por la “mesa de los residentes”, el empleo y el desarrollo de la producción y el empresariado nacional.

2) Luego hay dos índices que analizan si las normativas y los funcionarios públicos responden al objetivo de redistribuir la riqueza y luchar contra las corporaciones económicas en defensa de los derechos sociales e imponerles el objetivo de atender las necesidades del pueblo. Esto implica la necesidad de controlar los precios, un abastecimiento adecuado de los productos, que la inversión y el crédito se dirija donde sea mejor para el desarrollo del modelo. En definitiva, la riqueza, el ahorro y las divisas producidas por el pueblo deben ser administradas por el gobierno en función del mandato popular recibido por éste en las urnas.

3) Un aparato productivo de matriz diversificada que se desarrolle en función de las necesidades del pueblo y del país debe contar con un control riguroso del gobierno. Por lo tanto, es importante exigirle a aquellos que quieran emprender algún negocio se encuadren dentro de lo que se ha establecido en términos de requisitos para ese fin. A mayores regulaciones y control de los funcionarios, mayor será la garantía de que las empresas desarrollarán su actividad en beneficio del pueblo y que no aparecerán oportunistas que intenten medrar en contra del mismo aprovechando la bonanza generada por el modelo.

El resultado final de este índice es el que se acompaña en el cuadro que, por una razón de espacio, presenta solamente a los países de Sudamérica; pero que incluye a192 naciones del mundo. De acuerdo al pensamiento nacional y popular seguramente obtendremos consenso si afirmamos que los dos modelos a seguir en la región son el de Venezuela y Cuba, que son quienes se encuentran en los primeros lugares. El índice puede ser injusto con Cuba; ya que en tres de los indicadores económicos no figura. Probablemente si lo hiciera, estaría en el primer lugar.

Tabla

Luego, queda claro que hay países que, desde 2007, han tenido enormes mejoras en términos de avanzar hacia una plena vigencia de las instituciones democrático-populistas. Se destaca la Argentina que ha mejorado 41 posiciones y, en el último año, ha avanzado 7 en el ranking general; lo que demuestra la vocación de su gobierno por imponer el mandato popular sobre las corporaciones económicas y mediáticas que dominaron la escena local hasta la última década. En tanto, Venezuela sólo ha mejorado 23 lugares; pero se ubica dentro de los 10 países que puntean en el ranking.

Por el contrario, hay países que han mostrado una clara involución en los avances de los derechos sociales y se han alejado del modelo nacional y popular. Es el caso de Chile que se encuentra en el lugar 170 en el ranking general, reflejando el fuerte enquistamiento de las corporaciones económicas y mediáticas en el poder político, en desmedro de las mayorías populares. Dos naciones que, lamentablemente, se están alejando de los principios de “un gobierno del pueblo y para el pueblo” son Perú y Colombia, que han perdido 20 posiciones desde que se hace este indicador.

Lo interesante de este índice es que se construyó interpretando por la contraria el Índice de Calidad Institucional que elabora la Fundación Libertad y Progreso; pero bajo los parámetros de las democracias republicanas. El que los resultados tomados por la inversa den según lo que esperaría alguien de pensamiento populista o “progre”, puede tomarse como una muestra de su consistencia en términos de reflejar en forma realista la percepción relativa sobre la calidad institucional de los países.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .