Un mal paso en las PASO

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 12/8/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/08/12/un-mal-paso-en-las-paso/

 

Mauricio Macri, luego de asumir la derrota y encabezar una conferencia de prensa

Mauricio Macri, luego de asumir la derrota y encabezar una conferencia de prensa

El primer muestreo efectivo del proceso electoral revela un resultado sumamente adverso para el gobierno. Falta la primera vuelta y eventualmente una segunda, pero el ejercicio ahora ocurrido en las urnas es lamentable para esta gestión.

No se trata de llorar sobre la leche derramada sino de hacer un examen de conciencia y tener el temple para corregir lo que debe corregirse. En lo personal estimo que si triunfaran los partidarios de la administración anterior en la contienda definitiva se produciría un punto de muy difícil retorno puesto que se ponen en juego los valores republicanos. Esta vez el “vamos por todo” se llevará hasta las últimas consecuencias.

El actual gobierno comenzó muy mal con el bailecito en la Casa Rosada con la banda presidencial, lo cual fue una muestra de banalización y frivolidad mayúscula. Luego el Ejecutivo incrementó la cantidad de ministerios y pretendió designar por decreto a dos miembros de la Corte Suprema de Justicia.

El balance de esta presidencia fue el incremento del gasto público en términos absolutos (y no menciono la ratio con el producto bruto puesto que el aumento en este guarismo no justifica una expansión del Leviatán), expandió el déficit total, intensificó la carga tributaria en el contexto de una maraña que no tiene punto de comparación en las naciones civilizadas,infló exponencialmente la deuda y mantiene una inflación mensual equivalente a la anual de otros países. Y todo esto con la responsabilidad principal del Ejecutivo.

No pretendo que se adopten todas las medidas que el liberalismo viene pregonando desde hace décadas, pero por lo menos hay que tomar algunos toros por las astas, de lo contrario el desastre es seguro puesto que la expansión en los índices de pobreza resultan alarmantes. No puede insistirse en el rumbo actual ni declamar frases vacías, es necesario percatarse que con este tamaño del aparato estatal la vida se hace inviable.

Es bueno y muy oportuno recordar pensamientos como los de Leandro Alem, quien afirmó en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires: “gobernad lo menos posible, porque mientras menos gobierno extraño tenga el hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad”. Nos hemos acostumbrado a estar manejados por los burócratas de turno, en lugar de abrir de par en par las puertas para la energía creativa. El que produce es vigilado y perseguido con cargas fiscales inauditas.

El asunto no es ni siquiera recortar y podar gastos sino eliminar funciones incompatibles con el sistema republicano. Como hemos repetido tantas veces, igual que en la jardinería, podar hace que crezca con mayor vigor. Tomemos por lo menos algo de los consejos alberdianos que permitieron que nuestro país esté a la vanguardia de las naciones civilizadas antes del golpe fascista del 30 y mucho más agudo con el golpe militar del 43, a partir de lo cual hemos mantenido y acrecentado un estatismo galopante que es indispensable comenzar a revertir.

Confiamos en que esta administración será capaz de volver sobre su recorrido luego de la experiencia de las PASO y que no defraudará a quienes creemos en la República puesto que lo que se ubica enfrente no permitirá la libertad de prensa y se demolerá lo que queda de justicia independiente. Las buenas intenciones y la decencia no son suficientes, se necesitan urgentemente medidas de fondo para salir del marasmo en que estamos. Ya no cabe repetir lo de la herencia recibida, si nos descuidamos este gobierno dejará una herencia difícil de remontar.

En esta nota periodística quiero enfatizar la imperiosa necesidad de abrir debates con ideas de fondo, lo cual intento en la mayor parte de mis columnas semanales. Estamos demasiado enfrascados en análisis de coyuntura como perros que en círculo pretenden morderse la cola, sin ver que solo con evaluaciones de ideas y principios de fondo podremos contar con coyunturas razonables en el futuro. Desde luego que la coyuntura informa sobre lo sucedido pero si hay una dedicación total a estos sucesos nunca saldremos del berenjenal en que estamos. Lo mismo puede decirse de los procesos electorales, estamos demasiado pendientes de las urnas sin comprender que los resultados dependen exclusivamente de la batalla cultural. Por eso la razón asistía al marxista Antonio Gramsci cuando consignaba “tomen la cultura y la educación y el resto se da por añadidura”.

Entonces hago en estas líneas una doble invitación: primero a mis colegas de todas las profesiones que dediquen tiempo y esfuerzo a propuestas que vayan al fondo de los problemas que nos aquejan. Entre muchas otras cosas, es indispensable volver al sistema genuinamente federal donde las provincias coparticipen al gobierno central y no al revés para la financiación de la defensa, las relaciones exteriores y la justicia federal. Es imperioso revisar la política monetaria, fiscal, laboral, de comercio exterior y rehacer el pesado organigrama del Ejecutivo. En otras oportunidades nos hemos detenido a formular sugerencias para la limitación del poder político a los efectos de fortalecer el régimen democrático en línea con el respeto a los derechos de las personas lo cual constituye el aspecto medular del sistema. Todo esto y mucho más requiere debates abiertos.

Y segundo, al actual gobierno que adopte medidas que ataquen la raíz de nuestros males puesto que de otra manera lo bueno realizado quedará en simples anécdotas. Sugiero que con la calma, la serenidad y la decisión necesarias de inmediato se sustituya todo el gabinete y se comience con un discurso diametralmente opuesto al empleado hasta el presente. Nada se gana con vincularse al mundo si los locales arrastran un lastre imposible de sobrellevar para competir adecuadamente.

Estoy escribiendo en la noche del 11 de agosto, acaban de ocurrir las PASO por lo que termino diciendo que si bien esta administración es responsable de muchísimos errores como los referidos, no será responsable si hubieran sobresaltos en los mercados que eventualmente se deberán a los riesgos de una vuelta al bochorno y la corrupción colosal del gobierno anterior por más disimulos que se pretendan introducir en los discursos de la oposición de mayor peso.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

En el largo plazo ¡estamos todos vivos!

Por Iván Carrino. Publicado el 28/5/15 en:  http://www.ivancarrino.com/en-el-largo-plazo-estamos-todos-vivos/

 

Al igual que los Estados Unidos en la década del ’30, Argentina siguió las recetas keynesianas para salir de la gran crisis de 2001. En la actualidad, la economía sufre las consecuencias de haber elegido ese camino.

El 24 de octubre de 1929 la bolsa de los Estados Unidos cayó un 9%. Fue un jueves, y dada la magnitud de la caída, que llegó al 70% en algunas acciones, el día pasó a la historia como el “jueves negro”. La bolsa se anticipaba a la Gran Depresión, un período de merma de la producción y elevado desempleo que azotó a los Estados Unidos y al mundo durante la década del ’30.

La Gran Depresión dividió a los economistas. Por el lado de los que defendían la economía de mercado, se explicaba que la recesión era producto de errores previos de política económica y que todo lo que el gobierno pudiera hacer para promover la reactivación sería contraproducente. Del otro lado, emergía la figura de John Maynard Keynes.

Keynes abogaba por una política activa del gobierno que sacara al país de la recesión. En este marco, defendió la política monetaria expansiva (es decir, el aumento de la impresión de dinero) y también una política de incremento del gasto público para reactivar la demanda. En una discusión previa acerca de la teoría cuantitativa del dinero, este economista inglés había afirmado que, si bien en el largo plazo, los riesgos advertidos por los otros economistas eran ciertos (la emisión monetaria generaría inflación), esto no era algo que debía tenerse en cuenta. En sus palabras:

“Pero el largo plazo no es una buena guía para abordar los acontecimientos del presente. En el largo plazo, estamos todos muertos. Los economistas tienen un tarea muy sencilla por delante si en épocas de tormenta solo pueden advertirnos que, cuando la tormenta pase, el océano volverá a estar calmo” (énfasis en el original).

La frase quedó grabada en la historia al tiempo que las políticas keynesianas se pusieron en práctica. Luego de superada la depresión, el keynesianismo se transformó en la nueva ortodoxia económica.

Sin embargo, hacia la década del ’70, Estados Unidos entró en un proceso hasta entonces desconocido: la estanflación, una situación de alta inflación, estancamiento económico y elevado desempleo. Las bases de la teoría de Keynes fueron puestas en duda, y la población y los dirigentes políticos volvieron a mirar hacia el liberalismo económico.

En Argentina, este proceso se dio en un lapso de tiempo más reducido. Es que nuestro país también tuvo su Gran Depresión a comienzos de la década del 2000. En ese año el PBI cayó 0,8%, mientras que al año siguiente la economía se contrajo 4,4%. Esta recesión ocurrió en un marco de precios estables e, incluso, deflación.

Era el escenario perfecto para las ideas de Keynes. El gobierno solo tenía que emprender políticas activas de emisión monetaria y aumento del gasto público. Sin embargo, existía una traba. La ley de convertibilidad ataba las manos del Banco Central, que no podía emitir dinero de manera discrecional. Finalmente, en 2002 se derogaron los puntos más importantes de esta ley y una nueva era comenzó.

La nueva era no estuvo exenta de costos. La inflación en el año 2002 fue del 40% y el Producto Bruto Interno se desplomó nada menos que un 10,9%, enviando a la pobreza al 50% de la población. Sin embargo, los años siguientes fueron testigos del crecimiento a “tasas chinas”.
El keynesianismo había triunfado. El activismo económico ofreció resultados de corto plazo, sin necesidad de preocuparse por el largo.

grafico

Luego de 5 años de crecimiento a tasas del 8,5% promedio (comparables a las de India y China) con una inflación promedio del 12%, la confianza en la capacidad del gobierno para manejar la economía era infinita. Incluso llegamos a creer que un poco de inflación es necesario para el crecimiento.

Sin embargo, rápidamente se pasó a una segunda etapa. Desde el año 2008 al 2011 el crecimiento promedio bajó al 3,0%, mientras que los precios ya crecían por encima del 20% anual.

A partir de 2011 la inflación no solo no se ha reducido, sino que ha recrudecido. El año pasado, según estadísticas privadas, los precios crecieron 37,5% anual. Incluso si tomamos los números del INDEC, vemos que la inflación quintuplica el promedio mundial. Además, el PBI no solo se contrajo 2,5% en 2014 sino que volverá a hacerlo en 2015, un 1,6%. 12 años después de la salida de la convertibilidad, nos toca vivir nuestra propia estanflación.

Pero esto no es todo. Los argentinos convivimos hace más de tres años con control de cambios y todo tipo de controles de precios. Las exportaciones caen, junto con las importaciones, el mercado laboral está estancado, el desempleo es de los más altos de la región y la pobreza se encuentra en niveles alarmantes y en aumento.

En este marco, la frase de Keynes se torna poco feliz y, finalmente, exige ser reescrita. Es que en el largo plazo, no estamos “todos muertos”, sino todos vivos, padeciendo las consecuencias negativas de las políticas keynesianas emprendidas en el pasado.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Trabaja como Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y profesor asistente de Economía en la Universidad de Belgrano.

Krugman clama contra la crisis

Por El Dr. Carlos Rodríguez Braun.  Publicado el 6/6/12 en http://www.carlosrodriguezbraun.com/

 Hay varios libros recientes con títulos conminatorios, como“¡Indignaos!”, que casi nunca apremian a la defensa de la libertad. Un nuevo ejemplo es Paul Krugman, que impetra ¡Acabad ya con esta crisis!, pero se lo reclama a los gobiernos, como si no tuvieran responsabilidad alguna en haberla provocado, propiciado o prolongado. Este Premio Nobel comparte y anima las fantasías antiliberales. Si su última obra sobre la economía de la depresión giraba en torno a la ilusión de que el Estado se había contraído (lo criticamos aquí: http://goo.gl/yvYHO), en este nuevo libro asegura que lo malo del Estado no es que intervenga mucho sino que no interviene lo suficiente. Todos nuestros males se arreglarían de forma “casi increíblemente fácil” con más gasto público. No ahorra simplificaciones keynesianas, incluyendo el ejemplo de la cooperativa de canguros, también mencionado en su libro anterior. La diferencia es que antes decía que los bancos centrales resolverían la depresión, y ahora dice que necesitamos también más gasto público. Para ello se apoya en ideas populares pero cuestionables, como que nunca hay que bajar el gasto porque “el gasto son los ingresos”, o que no puede haber inflación si hay depresión, o que mientras no suban los tipos de interés el crecimiento de la deuda pública puede ser ilimitado sin efectos dañinos, o que el gasto militar acabó con la Gran Depresión: “La Gran Depresión se terminó gracias a un aluvión de gasto público y hoy necesitamos, desesperadamente, algo semejante”. Igual que sostuvo su admirado Keynes, todo lo que sea libertad económica es para Krugman un problema, porque según él la libertad nos ha conducido a la crisis, y saldremos de ella si el Estado gasta y se endeuda más, para compensar lo que hace el resto de la economía. Esta macroeconomía convencional es tan dudosa como su tesis de que lo malo es el “exceso de ahorro mundial” o que la crisis se derivó de la desregulación y la “banca en la sombra”, como si la política monetaria expansiva no hubiese tenido responsabilidad alguna. Se suceden los tópicos, como que los empresarios son liberales, algo que los economistas saben que no es verdad desde los tiempos de Adam Smith, o que hay que descartar los “argumentos liquidacionistas” de Schumpeter o Hayek, como si no hubiera habido un problema de sobreinversión generado por la intervención política. Krugman desprecia todas las teorías que no concluyan recomendando más intervencionismo, más expansiones monetarias y fiscales, como si fueran recetas mágicas, o irrefutables, o carecieran de consecuencias no plausibles. Uno comprende el entusiasmo de los socialistas con Paul Krugman. Es verdad que a veces les hace sonrojar, como cuando predice de forma inminente el corralito en España y el colapso del euro, pero a cambio les da mucha felicidad cuando recela de la libertad y reclama con insistencia los eurobonos, y más intervencionismo, más gasto, más déficit, más deuda, más impuestos, y otros beneficios para el pueblo. Por cierto, también pide más inflación y asegura que alivia las deudas. Recuérdelo usted cuando le suban la hipoteca.

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.