Cepo a la “libertad”

Por Aldo Abram. Publicado el 28/10/12 en http://www.lanacion.com.ar/1521170-cepo-a-la-libertad

Según Wikipedia, “el cepo es un artefacto ingenioso, ideado para sujetar, retener o inmovilizar algo, o alguien, como consecuencia de alguna determinada conducta del inmovilizado, para la que ha sido ideado, y de la que deriva su forma o el estado de sujeción, la cual puede ser planificada o espontánea, incluso sorpresiva y pícara”. Entonces, pese a los reclamos de la Presidenta, la definición de “cepo cambiario” parece ajustarse a la realidad del régimen implementado por el Gobierno.

Es cierto que puede discutirse que el actual control del mercado de divisas sea ingenioso, ya que en los últimos 70 años se utilizó en más de 20 programas económicos, todos los cuales terminaron con fuertes devaluaciones y la gran mayoría, en crisis cambiarias e incluso bancarias. Sin embargo, le ha servido al Gobierno para retener las divisas de aquellos que están obligados a liquidar en el mercado oficial y sujetar el valor del dólar para pagarles menos de lo que vale, para lo cual inmoviliza a los particulares y las empresas evitando que puedan competir por la demanda de dichos activos extranjeros. Es más, podríamos agregar que la medida fue sorpresiva y pícara, ya que se tomó después de que los argentinos emitimos nuestro voto en las elecciones presidenciales, a sabiendas del costo político que la medida hubiera tenido para la reelección de la Presidenta.

Públicamente, los funcionarios del Gobierno y del Banco Central justifican las restricciones a la compra de divisa (aunque nuestra mandataria las niega) en que son necesarias para priorizar el crecimiento industrial y económico, que demanda importaciones de insumos y de capital. Sin embargo, desde la aplicación del control de cambios reforzado con medidas que cerraron la economía, las importaciones de todo tipo se desmoronaron, pero particularmente las de insumos y bienes de capital. Es que a nadie le puede atraer invertir y producir en un país donde se cambian las reglas de juego, no se puede disponer de las ganancias y se debe acomodar el manejo de los negocios propios según convenga al gobierno de turno.

Es falso el argumento de que lo que faltan son dólares, y por ello hay que cuidarlos. Si cualquiera tiene que pagar la cuota de un crédito en moneda extranjera, analiza cuánto gana, resta lo que necesita para comprar las divisas y ajusta el resto de sus gastos a lo que le queda como saldo. En cambio, desde hace años, el Gobierno se gasta todo lo que le ingresa e incluso más. Luego, cuando no tiene con qué pagar sus compromisos, le pide al Banco Central (BCRA) que lo haga por él, para lo cual les cobra a los argentinos el famoso “impuesto inflacionario”, que es la otra cara de la depreciación de la moneda local y también se refleja en el alza del tipo de cambio. Es decir, no faltan dólares, sobra gasto público.

De hecho, si se hubiera mantenido la libertad cambiaria y el Banco Central hubiera emitido para financiar al Gobierno todo lo que efectivamente lo hizo hasta ahora, el tipo de cambio estaría entre $ 5,80 y $ 6,20. Es decir, no es que vamos a tener que devaluar, es que el Gobierno ya lo hizo y busca ocultarlo con un “cepo cambiario”, instrumentado con medidas que son ilegales e inconstitucionales. No hay ninguna norma que le haya delegado a la AFIP la facultad de exigir a los argentinos que le pidan permiso para comprar divisas.

Tampoco existe una que le permita al Banco Central prohibir a los particulares y las empresas comprar divisas para aquello que deseen. De hecho, el decreto 260/02 vigente da origen a un mercado cambiario único y libre. No hace falta consultar Wikipedia o la Real Academia Española para darse cuenta de que actualmente el sistema no es libre.

Hoy vivimos la humillante situación de tener la Fragata Libertad retenida en Ghana, debido a una medida judicial que deriva de una demanda por deuda pública impaga. Sin duda es una imagen que representa claramente el creciente cepo a las libertades que padecemos los argentinos.

Nos hemos resignado a que los funcionarios, a quienes elegimos con nuestro voto, asuman sus cargos con poderes absolutos, ubicándose por encima de las leyes y la Constitución Nacional. De esta forma derivamos en una monarquía absoluta electiva, ya que votamos un rey o reina a quien nos sujetaremos como fieles vasallos por cuatro años.

Una democracia republicana es otra cosa, se basa en el respeto de las normas, la división de poderes y los límites para su ejercicio que manda la Carta Magna, lo que garantiza que los funcionarios no usarán sus cargos para poner en jaque las libertades y los derechos de los argentinos. Es decir, nos da la posibilidad de ser ciudadanos y no súbditos, pero para hacerlo realidad es necesario que cada uno asuma su responsabilidad cívica, en particular la dirigencia intelectual, empresarial y profesional, que en los últimos años estuvo tan ausente en la Argentina.

 Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

 

La fábrica de dólares presidencial

Por Aldo Abram. Publicado el 19/10/12 en http://www.cronista.com/opinion/La-fabrica-de-dolares-presidencial-20121019-0031.html

Recientemente, en un acto en la Casa de Gobierno, la Presidente manifestó que la prueba de que no hay “cepo cambiario” es que, desde enero, habían tenido que entregar u$s 82.700 millones, incluyendo pagos de compromisos del gobierno y del sector privado, particularmente para importaciones y viajes al exterior. Similar argumento utilizó a poco de volver de su viaje a Estados Unidos donde expuso y contestó preguntas de estudiantes de dos importantes universidades. Ante una de estas inquietudes, respondió que lamentaba no contar con la máquina de imprimir dólares. Por lo tanto, es difícil de entender cómo es que, tan generosamente, su gobierno nos entrega tantos miles de millones de esa moneda extranjera; más teniendo en cuenta que no tiene crédito externo ni interno disponible. Queda claro que algo anda mal.
¿El BCRA estará falsificando dólares? ¿Habrán encontrado alguna alquimia que transforme pesos en la divisa estadounidense? La respuesta es no. Los dólares se los tienen que comprar a alguien.
El problema surge de un error de concepto, de este gobierno y muchos políticos argentinos, según el cual la Argentina produce, ahorra, exporta y genera divisas. Por lo tanto, quiénes fueron elegidos por el pueblo tiene la obligación y el derecho de administrarlos como les parezca mejor para el “beneficio de todos”, o sea según su propio criterio.
Por ejemplo, el gobierno cree que esto los habilita a redistribuir graciosamente las riquezas que esta gran Nación produjo. Si esto es así, propondría que todos los argentinos dejemos de trabajar y producir; la Argentina lo hará y nuestro “generoso” gobierno podrá darnos la parte que considere justo. Un absurdo.
Es que las comunidades no producen, ni ahorran, ni exportan, ni generan divisas. Son millones de personas, trabajadores y empresarios, los que lo hacen. Son un señor productor y sus empleados los que exportan un bien y reciben en pago las divisas extranjeras. Es un hotelero el que atiende a los turistas del exterior que le pagan en dólares. Son argentinos y extranjeros los que deciden traer sus ahorros y capital de afuera, para depositarlo o invertirlo en la Argentina. Es un tremendo error pensar que las divisas que el BCRA “obliga” a las empresas y particulares a liquidar en sus arcas son de la Argentina. Por lo tanto, cuando les paga menos de lo que valen esas divisas, les está confiscando parte de su propiedad o cobrando una retención o impuesto ilegal; ya que no fue aprobada por el Congreso, como manda la Constitución.
El “corralito verde” que el Ejecutivo instrumentó desde fines de 2011 no tiene otro fin que permitirle adquirir más baratas las divisas extranjeras que necesita. El BCRA emite para comprar moneda extranjera para el gobierno y, además, para hacerle transferencias en pesos, permitiéndole mantener un gasto público más alto que el sustentable con sus ingresos genuinos. Dado que la gente no demanda semejante oferta de pesos, éstos se desvalorizan; pero el Central no permite que esta baja en su precio se refleje completamente en el tipo de cambio controlado. En definitiva, para eso se ocupó de quitar la competencia de la demanda de la gente y las empresas de su exclusivo “coto de caza”‘ de divisas. Así que quién se ve obligado a liquidar sus divisas en el mercado oficial sufre una “quita” por la diferencia de lo que valen sus dólares y lo que le paga el BCRA. Nuestras estimaciones muestran que, si se hubiera mantenido el tipo de cambio libre y la autoridad monetaria hubiera emitido lo mismo que hasta ahora para financiar al gobierno, el tipo de cambio hubiera subido hasta algún valor entre $5,80 y $6,20. Es decir, el Banco Central le está “confiscando”, más de un peso por dólar que le obliga a venderle.
Es cierto que la Presidente no tiene la máquina de hacer dólares; pero, también, que su gobierno no “entregó” ni un dólar que fuera propio. A través de medidas ilegales e inconstitucionales se implementó un “cepo cambiario” que le permitió apoderarse de las divisas de particulares y empresas. El problema es que no hay muchos argentinos o extranjeros que estén deseosos de “donarle” parte de sus ahorros y capital al gobierno; por lo tanto, la inversión en la Argentina se verá seriamente resentida, ya que nadie traerá un dólar al país.
En la medida que el peso se deprecie y esto se refleje parcialmente en el tipo de cambio oficial, se incrementará esta retención al valor de lo exportado y sus fabricantes tendrán, cada vez, menos incentivos para producir y vender al exterior. Y los turistas extranjeros o no vendrán, por el encarecimiento de los servicios al tipo de cambio oficial, o deberán aprender a operar en el mercado paralelo. Podemos tener un “veranito” por una circunstancial buena cosecha; pero por este camino sólo nos espera una mayor decadencia económica. Solamente el respeto de los derechos e instituciones que preserva nuestra Constitución Nacional nos permitirá construir un país en que todos los argentinos tengamos más posibilidades de progreso.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

 

El Gobierno necesita del autoritarismo para sobrevivir

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 16/9/12 en v

¿Cuál será la respuesta de Cristina Fernández de Kirchner tras el cacerolazo? ¿Habrá venganza? ¿Comienza una escalada de protestas civiles o volverá la calma? ¿Podemos esperar más totalitarismo y violación de libertades?

Cuando Friedrich von Hayek escribió “Camino de Servidumbre” trató de mostrar que una economía centralizada lleva, inevitablemente, al control de la vida de las personas, esto es, a un sistema totalitario.

Hayek, que había emigrado de Austria a Londres, veía cómo los laboristas y economistas formulaban propuestas económicas que, por su misma dinámica, tenían que terminar en el control de la vida de la gente.

Publicado en 1944, la tesis central de “Camino de Servidumbre” sigue teniendo vigencia casi 70 años más tarde y se verifica en Argentina.

A diferencia del cacerolazo del 2001 cuando se estableció el corralito o el del 2008 cuando estuvo el enfrentamiento por la 125, el cacerolazo del jueves pasado no parece responder a un solo motivo sino a una combinación de problemas económicos con crecientes restricciones a las libertades civiles junto con otros ingredientes como la inseguridad, los intentos del Gobierno de perpetuarse en el poder, la corrupción, la forma soberbia de comportarse del Gobierno y muchos temas más. Pero sí hay un hilo conductor entre economía y libertad individual que, me parece, irá agravándose considerando que el oficialismo, ante la adversidad, suele redoblar la apuesta e ir por más para ir por todo.

[ Nota relacionada: Lo que vi personalmente en el cacerolazo ]

Desde el punto de vista económico, siempre una regulación lleva a otra regulación y, si se insiste en ese camino, a la asfixia de la economía. Por ejemplo, el Gobierno viene emitiendo moneda a marcha forzada, esa emisión genera inflación. Al mismo tiempo ha dejado el tipo de cambio casi quieto y, por lo tanto, el tipo de cambio real se encuentra en niveles similares a los de la convertibilidad. ¿Qué hizo el Gobierno frente a este problema? Redobló la apuesta y primero estableció más burocracia para poder importar. Luego se le ocurrió que si una empresa importa un dólar tiene que exportar un dólar. Eso no le alcanzó y restringió arbitrariamente las importaciones. Tampoco le alcanzó y obligó a las compañías de seguro a traer las divisas que tenían en el exterior. Después prohibió el giro de utilidades y dividendos. Luego estableció una aprobación previa de la AFIP para poder comprar dólares y, finalmente, directamente prohibió la compra de dólares para atesoramiento. El tema cambiario fue escalando hasta llegar a limitar derechos individuales como poder viajar al exterior sin tener problemas para comprar divisas. Una regulación económica fue llevando a otra hasta terminar en una restricción a las libertades civiles.

Otro ejemplo es el de la inflación. El Gobierno niega la inflación real y a quienes hicieron sus propias estimaciones de inflación les inicio un absurdo juicio por difundir sus propios índices de inflación. Para frenar las expectativas inflacionarias y una mayor huida del peso tuvo que recurrir a intimidar a las consultoras que elaboraban sus propias estimaciones de inflación.

Los casos de empresarios que son apretados para que vendan a determinado precio sus productos, fabriquen determinados bienes y demás locuras intervencionistas no forman parte de una política económica errada, sino de un simple abuso del poder de los funcionarios públicos. Un amedrentamiento usando el monopolio de la fuerza.

[ Nota relacionada: El autoritarismo y los límites de la demoracia ]

Si un empresario dice que la actividad inmobiliaria está paralizada, la presidente no averigua cómo vienen las escrituras, sino que le pide a la AFIP información reservada sobre la situación fiscal del empresario y luego lo escrachan públicamente y por cadena nacional.

Mi cuarta verificación de la AFIP en 5 años me llegó el mismo día en que publiqué una nota en La Nación criticando el discurso de la presidente en la apertura del Congreso. Ese día, una empleada de la AFIP, carta en mano, vino a entregarme la nota de verificación de ganancias, cuando ya había tenido otra verificación 6 meses antes.

Los descalabros económicos que hace el Gobierno tienen que ser escondidos a la opinión pública. Nadie puede opinar diferente porque aceleraría el descontento popular sobre la marcha de la economía y, para eso, necesitan amedrentar a la gente. Como dijo CFK, hay que tenerle un poco de miedo. El problema es que a medida que vaya creciendo el descontento por la situación económica, el Gobierno tendrá que apelar a mayores grados de amedrentamiento de la población. Tendrá que generar más miedo y, para eso, necesitará avanzar cada vez más sobre los derechos individuales.

[ Nota relacionada: ¿Reforma constitucional para violar los derechos individuales? ]

Veamos otro ejemplo sobre cómo las regulaciones económicas terminan avasallando los derechos individuales. Para que la gente pueda viajar al exterior y comprar divisas, tiene que informarle a la AFIP dónde viaja, por qué viaja, con quién viaja y otras informaciones que, al menos en un estado de derecho, la AFIP no tendría autoridad para pedirla. Es más, cuando se requería la autorización previa de la AFIP para comprar dólares, el ente recaudador no podía establecer como parámetro el ejercicio fiscal en curso porque no lo puede hacer y tampoco le sirve, por lo tanto tenía que recurrir a la información del ejercicio fiscal anterior que no necesariamente tiene que ser igual al corriente. Es decir, para comprar dólares intervenía la AFIP utilizando mecanismos arbitrarios cuando, en realidad, quien debería establecer las restricciones cambiarias tendría que haber sido el BCRA.

Los ejemplos que muestran cómo una regulación económica lleva a otra regulación económica y termina en la violación de derechos individuales son muchos.

El gran interrogante que se abre hacia el futuro es cómo reaccionará el Gobierno ante el cacerolazo del jueves pasado. Como decía antes, el kirchnerismo o cristinismo siempre redobla la apuesta, con lo cual no debe descartarse alguna medida que afecte a la clase media como venganza por la movilización y el cacerolazo. El dato que tenemos es que el Gobierno no tiene problemas en violar las más elementales normas de una democracia republicana. Si han logrado que un DNU pueda tener vigencia con la aprobación de una sola de las cámaras, lo cual es un disparate constitucional, de ahí para adelante pueden hacer cualquier cosa. Incluso desobedecer una sentencia de la Corte Suprema.

[ Nota relacionada: Sobre dólares, desvergüenza y cacerolas ]

Por otro lado, el problema del oficialismo es que si pierde el poder corre el riesgo de recibir un tsunami de juicios por corrupción, al tiempo que serán muchos los jóvenes de La Cámpora que perderán sus privilegios y tendrán que buscar un trabajo en serio. Una mezcla de negocio personal y riesgo de tsunami de juicios hace pensar que intentarán retener el poder a cualquier precio.

Y cuando digo a cualquier precio significa seguir avanzando sobre la libertad de expresión, más carga impositiva, menos propiedad privada y más intimidación para infundir temor en la población. Si se acepta este posible escenario, no debería descartarse que veamos una escalada de protestas como las del jueves pasado y más aprietes del Gobierno. El enfrentamiento podría seguir escalando porque el cristinismo quiere ir por todo y la gente percibe que no solo hay problemas económicos como la inflación, sino también las libertades individuales están en juego.

Si a esto le agregamos los insoportables discursos en cadena, la soberbia con que se manejan y los intentos de adoctrinamiento de los chicos en los colegios por parte de La Cámpora, mi impresión es que esto recién empieza. Y me parece que la reacción del Gobierno frente a la movilización del jueves será algún acto de venganza.

[ Nota relacionada: Destrucción económica y proyecto autoritario ]

Al poco tiempo de asumir la presidencia y durante un acto miliar, Néstor Kirchner les dijo gratuitamente a los soldados: “No les tengo miedo”. El jueves pasado la gente pareció decirle a Cristina: “No te tenemos miedo”.

Frente a un gobierno sin escrúpulos, lo peor que puede hacer la gente es tenerle miedo. Esa es la mejor defensa de su propiedad y libertad. Si tienen miedo, no solo perderán su propiedad y libertad, sino que terminarán aterrorizados, porque el cristinismo necesita del autoritarismo para poder sobrevivir.

 Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.