Tomar por las astas el toro de las reformas

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 27/8/19 en: https://www.lanacion.com.ar/

 

Cualquiera sea su ubicación geográfica circunstancial, todos los argentinos  estamos en el mismo barco así como también los hermanos extranjeros que habitan nuestro suelo. No hay excepción en cuanto al deseo que el país salga de una vez a flote después de muchas décadas de zozobra por una persistente bancarrota moral y material.

Estábamos a la vanguardia de las naciones civilizadas desde que se selló la organización nacional en 1853 hasta el golpe fascista de los años 30 en el que se intentó una reforma constitucional corporativa, se quebró el federalismo fiscal, se creó la banca central, se estableció el impuesto progresivo y se establecieron las juntas reguladoras.

Esta situación se agravó notablemente a partir del golpe militar del 43 estableciendo un sistema estatista asfixiante que se reflejó en la inconstitucional Constitución del 49 que se promulgó por decreto puesto que no cumplió con los procedimientos parlamentarios requeridos. Aun reestablecida la Carta Magna fundadora con engendros varios que contradecían su espíritu original, la nave argentina  fue a los tumbos hasta el presente bajo las más variadas etiquetas.

Antes del señalado derrumbe, los salarios e ingresos en términos reales del peón rural y del obrero de la incipiente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España y muy poco por debajo de los de Inglaterra y Estados Unidos. Las oleadas inmigratorias se duplicaban cada diez años.

El volumen exportador era igual al de Canadá y en el Centenario miembros de la Academia Francesa compararon los debates en nuestro Congreso con los que tenían lugar en la referida institución académica debido a la versación de los legisladores argentinos.

Se avecina la primera vuelta electoral luego del resultado adverso de las PASO. Resulta patente el inmenso peligro de las propuestas de los partidarios del gobierno anterior que de llevarse a la práctica significarían un punto de no retorno. Confiamos en que en la contienda definitiva, la actual gestión resulte ganadora en la esperanza que prevalezca la democracia.

Esto no quita que a juicio de no pocos compatriotas se estima que la actual gestión comenzó mal su primer período con un bailecito impropio de un sistema republicano con la banda presidencial en la Casa Rosada ante el  estupor de ciudadanos que rechazan la frivolidad y la banalización. Acto seguido se incrementaron los ministerios y se pretendió designar a dos miembros de la Corte Suprema de Justicia por decreto.

Esto  solo para referirme al punto de largada para ahora en el balance de la actual administración destacar que el incremento del gasto público en valores absolutos desde una marca ya insólitamente alta. Y no aludo a ratios con el producto bruto interno puesto que este guarismo no justifica ampliaciones en el Leviatán.

También se elevó el neto tributario en el contexto de un embrollo fiscal que no tiene parangón en las naciones civilizadas. Asimismo, se disparó el déficit total fruto de un endeudamiento estatal que pone en peligro la situación financiera inmediata junto al empapelamiento de los bancos con títulos públicos y una inflación mensual que está a tono con la anual en las naciones más prósperas.

La buena relación con otros gobiernos del mundo libre abre esperanzas de una rectificación, un acercamiento que no producirá ningún resultado si no se modifica lo anterior eliminando de cuajo funciones incompatibles con un sistema republicano.

Lo mismo puede decirse de los eventuales acuerdos comerciales, puesto que es imposible comerciar con una carga tan brutal sobre las espaldas de quienes producen a lo que se agrega legislaciones laborales que imposibilitan el trabajo, al tiempo que los llamados “agentes de retención” se ven obligados a sustraer tajadas sustanciales del fruto del trabajo ajeno.

De nada vale contar con rutas si no se puede competir y transportar mercadería que está recargada de gravámenes y cortapisas. La ausencia de corrupción no es algo para aplaudir puesto que es lo normal, pero la buena voluntad y la decencia no son suficientes, se necesitan urgentes medidas de fondo para revertir la antes mencionada decadencia.

El federalismo genuino  no se basa en graciosas entregas de recursos a las provincias. Se basa en la autonomía de cada jurisdicción provincial para administrar los impuestos y coparticipar al gobierno central al solo efecto de la Justicia federal, las relaciones exteriores y la defensa. Tengamos presente que son las provincias las que constituyen la Nación y no el gobierno central.

Tenemos que dejar de lado la manía de la guillotina horizontal en la busca de igualitarismos inconducentes. La única igualdad en una sociedad abierta es la igualdad ante la ley. La macabra tendencia al igualitarismo patrimonial y de rentas derrumba la cooperación social y la consiguiente división del trabajo. Las diferencias resultan esenciales a los efectos de atender muy diversas ocupaciones y vocaciones. Además, el igualitarismo convertiría las relaciones sociales en un tedio insoportable puesto que la misma conversación seria equivalente a hablar con el espejo. La tan cacareada redistribución de ingresos significa que los aparatos estatales vuelven a distribuir por la fuerza lo que pacíficamente distribuyó la gente en los supermercados y afines.

Somos uno de los países más cerrados del orbe, el comercio internacional no consiste solo en formular declaraciones y suscribir documentos sino que se concreta cuando se abren las fronteras para permitir la disminución del fenomenal gasto por unidad de producto que a su vez hace posible la mejora en el nivel de vida de los locales. Años de investigación para reducir costos de transporte aéreo, marítimo y terrestre para que en las aduanas se anulen de un plumazo esos progresos tecnológicos.

Por supuesto que lo dicho implica procesos competitivos que son lo contrario a los disfrazados de empresarios que operan en base a alianzas hediondas con el poder de turno para usufructuar de privilegios y mercados cautivos que se traducen en la explotación de sus congéneres. En una sociedad libre, quienes se enriquecen es exclusivamente porque sirven al prójimo con bienes y servicios por ellos demandados y los que yerran en este proceso incurren en quebrantos. Las consecuentes tasas de capitalización constituyen las únicas causas de salarios e ingresos en términos reales. Toda política desacertada de despilfarro inexorablemente contrae ingresos, muy especialmente de los más necesitados puesto que el impacto recae con más fuerza sobre ellos dado lo expuestos que están a los vaivenes de las medidas antieconómicas.

En resumen, nada se gana con arengas vacías ni con insistencias en rumbos errados. Se necesita coraje para ir al fondo de los problemas. No pretendo que se adopten todas las recetas que nosotros los liberales venimos bregando desde hace tiempo, pero si esperamos que algunos toros se tomen por las astas puesto que no se toleraría otro fracaso elevando la pobreza como la que ha tenido lugar en estos años. Confiamos en que este gobierno reaccionará y no  defraudará a los que creemos en la República. Las anécdotas y las explicaciones son irrelevantes, lo importante son los resultados.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

 

DIFERENCIA ENTRE MENTE ABIERTA Y BASURAL ABIERTO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

A primera vista parece fácil diferenciar una mente abierta de lo que es un basural abierto pero no es tan sencillo precisarlo analíticamente. Días pasados me pasó un video Laura Smith Estrada donde en su aspecto central trataba de una maestra de escuela que intentaba explicar a un niño que su respuesta fue errónea en una prueba cuando se le preguntó cuanto es dos por dos a lo que respondió veintidós. A poco andar se presentaron los padres del alumno en cuestión quienes dijeron que había que tener la mente abierta y que la respuesta a lo consultado en el examen de marras podría ser veintidós. Luego de ese episodio, el director del colegio la increpó a la profesora solicitándole que debía pedir disculpas por su actitud intolerante, a lo cual se acopló el Consejo Directivo del establecimiento y manifestaciones de diversas procedencias en el campus apoyaron la reprimenda, lo cual finalmente derivó en que la despidieran a la maestra.

He aquí una demostración cabal del relativismo epistemológico, es decir, que no hay tal cosa como verdad en el sentido de correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado, que todo es relativo lo cual -como consigna “la trampa de Epiménedes”- además de convertir en relativa a esa misma afirmación convierte en un sinsentido todo departamento de investigación en los claustros puesto que nada habría que investigar ya que todo serían construcciones culturales arbitrarias.

Una cosa es aceptar que los humanos somos imperfectos y que, por tanto, estamos situados en un proceso evolutivo en todos los planos y que lo que hoy se toma por verdadero mañana puede ser refutado, situación que para nada descalifica la idea de proposiciones verdaderas y falsas sino que nos obliga a estar en la punta de la silla y estar atentos al peregrinaje en busca de conocimiento. Estamos ubicados en un mar de ignorancia en una búsqueda permanente de islotes de tierra fértil, a saber, de verdades que son objetivas e independientes de la opinión que de ella se tenga.

En el caso de las matemáticas de nuestro ejemplo de aquél video el tema se ve con claridad pero no lo es tanto cuando nos referimos a otras materias que también encierran sus verdades solo que no se vislumbran con tanta claridad. Por ejemplo, no es menos cierto que la inflación derrite salarios en términos reales, que los precios máximos producen escasez artificial y que los mínimos generan sobrantes, que el impuesto progresivo es regresivo, que las empresas estatales se traducen en una contradicción en los términos, que los aranceles empobrecen, que la redistribución coactiva de ingresos deteriora la asignación de factores productivos, que los marcos institucionales que no protegen derechos afecta negativamente el nivel de vida moral y material y así sucesivamente con temas económicos y jurídicos pero también con todas las otras ramas del conocimiento. La ley de gravedad no es materia opinable ni lo es la medicina, lo cual, como queda dicho, no niega que estas materias están insertas en procesos evolutivos ya que en lo humano nunca se llega a una meta final.

Entonces una cosa es tener la mente abierta al efecto de encaminarse a un mayor y mejor conocimiento y otra bien distinta es recibir cualquier cosa a la par, lo cual significa un basural abierto que desvía la brújula desde la excelencia a la degradación. Si se pregunta como distinguir en entre lo falso y lo verdadero la respuesta debe ser que el tema no es el como sino el que es lo que permite esa distinción, es decir, lo que nos autoriza a distinguir la verdad del error son nuestros instrumentos intelectuales, en otros términos, el que alude a la razón que por cierto no es infalible pero el proceso de corroboraciones provisorias y refutaciones nos permite grados crecientes de acercamiento a la verdad.

Antes he escrito sobre el posmodernismo y ahora es del caso reiterar algunos conceptos en ese sentido. Las clasificaciones y las etiquetas siempre contienen alguna dosis de arbitrariedad y de posible controversia, pero puede  decirse que la modernidad es heredera de una larga tradición cuyo inicio se sitúa en la Grecia clásica. Allí comienza la pesquisa de inquirir el porqué de las cosas y la posible modificación de lo modificable y no simplemente resignarse a aceptarlas sin cuestionamiento, sometidos al mandato de los reyes y a los dictados de los dioses paganos.

Louis Rougier explica que en esto precisamente consistió el mito de Prometeo que apuntaba a una ruptura con la superstición. Los griegos le dieron sentido a la razón, a la teoría, a la demostración, al silogismo y a la lógica. Por otra parte, la arrogancia y la soberbia de sostener que todo lo puede la razón – que no tiene límites – conduce al diseño de sociedades, a las utopías de la construcción del “hombre nuevo” y otros dislates que habitualmente terminan en el cadalso.

Las planificaciones estatales operan en base al racionalismo y constituyen un fiasco porque se basan en la presunción de un conocimiento que no existe. No se trata de insuficiencia en las memorias de ordenadores para almacenar datos, es que la información sencillamente no está disponible. Nosotros no sabemos con certeza que haremos la semana que viene. Podemos formular una conjetura pero llegado el momento, al cambiar las circunstancias, modificamos nuestras prioridades. Si el propio planificador no conoce a ciencia cierta que hará con su vida en las próximas horas , con mucho menos razón puede pretender el manejo presente y futuro de millones de arreglos contractuales. El peor de los mundos posibles estriba en la ignorancia de la propia ignorancia.

Como queda dicho, el primer capítulo posmodernista se refiere al relativismo epistemológico. Esto es que no hay tal cosa como la verdad. Todo dependería de interpretaciones subjetivas. Todo dependería del “color del cristal” de cada uno. Es que un mismo juicio no puede ser conforme y contrario al objeto juzgado en las mismas circunstancias.

En la época de Isaiah Berlin no se recurría a la expresión “posmoderno”, sin embargo, este autor aludió al romanticismo como una corriente que propone “una inversión de la idea de la verdad como correspondencia” y le atribuye a Fichte la idea de que “los valores se construyen, no se descubren”. Al contrario de lo que sostienen los posmodernistas, Popper subraya la importancia del descubrimiento de la verdad como objeto central de nuestros estudios y desvelos: “la principal tarea filosófica y científica debe ser la búsqueda de la verdad”. Este es el sentido mismo de la investigación  y las universidades. Claro que el procedimiento para incorporar fragmentos de conocimiento esta plagado de acechanzas y desventuras. Se trata de un arduo recorrido. El debate abierto de ideas se torna indispensable, en la esperanza de disminuir en algo nuestra colosal ignorancia.

No hace mucho Malcom W. Browne dio cuenta de una reunión celebrada en la New York Academy of Sciences, que congregó a mas de doscientos científicos de distintas partes del mundo, para contraargumentar “la crítica posmoderna a la ciencia que sostiene que la verdad depende del punto de vista de cada uno” . Sin duda que todo lo que entendemos es subjetivo en el sentido de que es el sujeto el que entiende, pero cuando hacemos referencia a la objetividad de la verdad queremos significar que las cosas, hechos, atributos  y procesos existen o tienen lugar independientemente de lo que opinemos sobre aquellas ocurrencias o fenómenos que son ontológicamente autónomos.

Constituye un grosero non sequitur el sostener que de las diversas valorizaciones de las personas, se sigue la inexistencia del mundo objetivo. Hay aquí un salto lógico inaceptable. Se trata de dos planos completamente distintos. La subjetividad de las preferencias, creencias y opiniones son independientes de la objetividad de lo que son las cosas.

El segundo capítulo posmodernista es el relativismo hermenéutico, es decir, que los textos y la comunicación en general deberían interpretarse del modo que el intérprete lo considere pertinente independientemente de lo que queda consignado en el texto o en el mensaje que se trasmitió por otras vías. No habría tal cosa como una interpretación verdadera o ajustada  al texto o a las palabras comunicadas, ni interpretaciones equivocadas. John M. Ellis explica que si bien el lenguaje surge de una convención, de ello no se desprende que las palabras son arbitrarias ya que si pudieran significar cualquier cosa se haría imposible la comunicación : “Un símbolo que no significa algo específico, no significa nada”. Umberto Eco nos dice que “La iniciativa del lector consiste en formular una conjetura interpretativa sobre la intentio operis. Esta conjetura debe ser aprobada por el conjunto del texto como un todo orgánico. Esto no significa que sobre un texto se pueda formular una y solo una conjetura interpretativa. En principio se pueden formular infinitas. Pero, al final, las conjeturas deberán se probadas sobre la coherencia del texto, y la coherencia textual no podrá sino desaprobar algunas conjeturas aventuradas”.

El tercer capítulo se refiere al relativismo cultural. En este sentido Eliseo Vivas muestra la “falaz inferencia que parte del hecho del pluralismo cultural y llega a la doctrina axiológica de que no podemos discriminar en lo que respecta al mérito de cada una”. Una cosa es la descripción de costumbres que no son mejores ni peores, simplemente revelan gustos e inclinaciones y otra bien distinta son referencias que tienen relación con proposiciones verdaderas o falsas, lo cual puede ser juzgado con una escala universal. Las relaciones interculturales resultan fértiles, tal como lo demuestra Stefan Sweig en la época de oro de la Viena cosmopolita antes de la truculenta diáspora que produjeron los sicarios nazis. De todos modos, debe tenerse en cuenta la complejidad presente en afirmaciones que tienden a generalizar respecto de la cultura de tal o cual país. Siempre recuerdo la formidable respuesta de Chesterton cuando le preguntaron que opinaba de los franceses : “no se, porque no los conozco a todos”.

Por último, el relativismo ético que abraza el posmodernismo apunta a  que no habría tal cosa como lo bueno y lo malo. Así, el incumplimiento de la palabra empeñada o el estímulo a la antropofagia no serian morales o inmorales en abstracto. No habría tal cosa como actos que apuntan a la actualización de potencialidades en busca del bien , ni normas para todos los seres humanos en dirección al respeto recíproco. El posmodernismo, igual que el positivismo, considera que las reflexiones éticas como principios universales constituyen manifestaciones vacías, puesto que no pueden verificarse. Morris R. Cohen apunta con razón que esa  afirmación de que “las proposiciones no verificables carecen de significado tampoco es verificable […] La afirmación de que las proposiciones éticas carecen de significación, forma parte de la errónea concepción positivista tradicional del método científico […] Los juicios éticos se refieren a aquellos que los hombres generalmente deben hacer si quieren ser prudentes”.

Hace años publiqué un extenso ensayo sobre el posmodernismo en la revista académica del Centro de Estudios Públicos de Chile. En esta ocasión solo cabe un apretado resumen actualizado del problema, pero debe destacarse que no solo se observa una nutrida bibliografía sobre esta corriente de pensamiento, sino que abarca campos cada vez mas amplios. Por ejemplo, en la economía. En este sentido Mark Blaug – dejando de lado por el momento otros debates colaterales – escribe que “Tal vez el síntoma mas alarmante del desarrollo del formalismo vacío en la economía moderna es la creciente difusión del posmodernismo en los escritos sobre metodología de la economía. El posmodernismo en la economía adopta formas diferentes pero siempre comienza con la ridiculización de las pretensiones científicas de la economía tirando agua fría a las creencias de que existe un sistema económico objetivo”.

Tiene sus bemoles debatir con un posmodernista puesto que inmediatamente acusa al contradictor de “logocentrista”, es decir basado en la lógica , la cual niega al tiempo que sostiene que todo significado es dialéctico. Bien ha concluido Ortega que el relativismo “es el tema de nuestro tiempo” puesto que hoy hay mucho de basural abierto. En definitiva, es como escribe Allan Bloom “la apertura a la cerrazón es lo que estamos enseñando”.

La bibliografía en línea argumental con lo expresado es muy copiosa pero si tuviera que resumir en las tres obras de mayor calado diría que son en este orden: Objetivity. The Obligation of Impersonal Knowledge de Nicholas Rescher (University of Nortre Dame Press, 1997) con especial referencia al primer apartado del tercer capítulo, cuyo título explica la tesis puesto que las tensiones ayudan a despejar dudas: “Cognitive Objetivity Does Not Demand Consensus”, varios de los ensayos contenidos en Conocimiento Objetivo de Karl Popper (Madrid, Tecnos, 1972/1974) y Against Relativism. Philosophy of Science, Deconstrustion and Critial Theory de Christopher Norris (Londres, Blackwell, 1997/2013).

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Carta abierta al nuevo gobierno:

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 20/1/16 en: http://www.cronista.com/columnistas/Carta-abierta-al-nuevo-gobierno-20151130-0020.html

 

Si no aparece algún estropicio adicional del gobierno en funciones que pretenda empañar lo que se ha decidido en las urnas por el voto mayoritario, nos habremos librado de un aparato estatal que no solo ha degradado instituciones fundamentales del sistema republicano sino que ha deteriorado en grado sumo todos los indicadores de la economía.

Esto es indudablemente para celebrar. Sin embargo, dada la bipolaridad de muchos argentinos en cuanto a pasar de la euforia a la depresión, debemos evitar este zigzagueo que ha ocurrido repetidas veces en la decadente historia argentina de las últimas largas décadas. Esto viene ocurriendo desde al golpe fascista de los años 30 que pretendió una Constitución corporativa y estableció el control de cambios, el impuesto progresivo, la banca central, las juntas reguladoras y la embestida contra el federalismo fiscal, un estatismo que fue mucho más acentuado a partir del peronismo y sus imitadores donde el Leviatán estrangula libertades esenciales.

Ahora se presenta una oportunidad de enderezar las cosas aunque más no sea parcialmente. El clima del que no salta es un inglés debe sustituirse por meditaciones calmas y sustanciales.

Es cierto que en el nivel político no puede articularse un discurso que vaya más allá de lo que la opinión pública puede digerir. El problema de fondo es educativo, pero no debe caerse en la ingenuidad de pensar que es suficiente una buena gestión por parte de profesionales competentes puesto que no queremos un campo minado bien gestionado, ni siquiera se trata de seguir con un campo minado sin la lacra de la corrupción. De lo que se trata es de remover las minas.

En este sentido, es insoportable un aparato estatal sobredimensionado. Es imprescindible eliminar funciones incompatibles con un sistema republicano, no simplemente podar porque como en la jardinería la planta crece con más vigor. Resulta indispensable cortar el fenomenal gasto público y centrar la atención en las funciones esenciales de todo gobierno que opera en una sociedad abierta.

Lo que no se hace en los primeros meses no se hará aunque el primer tramo esté cubierto por fundadas denuncias de corrupción del gobierno anterior radicadas en la Justicia a través del debido proceso y cubierto por las medidas saludables respecto a la dictadura venezolana y el inaudito memorándum del sonado caso iraní vinculado a las masacres que son de público conocimiento.

La decencia y las buenas intenciones son condiciones necesarias pero no suficientes para que nuestro país vuelva a ubicarse a la vanguardia de las naciones civilizadas, como cuando venían nuestros ancestros a hacerse la América debido a que las condiciones de vida eran mucho más atractivas que las de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España.

Entonces, no se trata de hacer la plancha y administrar la bomba de tiempo existente y operar con la misma estructura estatista financiado con más deuda, sino de remover cuanto antes el peligro al efecto de transferir recursos a los bolsillos de la gente y así brindar el mejor nivel de vida, especialmente para los más necesitados.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.