Sobre por qué la evasión fiscal es el único límite al poder que queda (Mayo 2001)

Por José Benegas. Pubicado el 10/4/16 en: http://josebenegas.com/2016/04/10/sobre-por-que-la-evasion-fiscal-es-el-unico-limite-al-poder-que-queda-mayo-2001/

 

Todos sabemos el peso enorme que la maquinaria política tiene sobre nuestro bienestar, pero no sólo porque son muchos los que se encuentran colgados en ella, sino por el tipo de pensamiento predominante entre políticos y en la sociedad en general.

Hagamos nuestra pequeña encuesta y preguntémosles a diez de nuestros conocidos cual es la función de un legislador y cuales son las condiciones requeridas para que el encuestado tenga un buen concepto de un legislador. Me atrevería a decir que salvo en reducidos círculos de inadaptados cómo mis propios amigos, todas las demás respuestas contribuirán a alimentar al aparato político y a hacer crecer el gasto público como viene ocurriendo hasta ahora.

Quejándonos de los políticos somos como una madre que conocí que le pegaba a un bebe porque lloraba. Adivinen que hacía el bebe después de recibir los cachetazos.

Va a ser difícil deshacer el trabajo de la deseducación pública, que ha dado muerte a la filosofía convirtiendo casi todo en un problema técnico que podría resolverse con un par de manuales de instrucciones. Desgraciadamente la “técnica” no sirve para mucho si no se tienen en claro los problemas de fondo.

Es así que a la pregunta de para que sirve un legislador, por toda respuesta obtendremos: “Para hacer leyes”. Dentro de este concepto “aséptico” tan digno de la UBA y del Colegio Sarmiento, como del Newman o la UCA, caben: la ley de entidades financieras, la ley de asociaciones profesionales, la ley de contrato de trabajo, la ley anti evasión, etc. Etc. Etc. Si esa es la función del legislador, vayamos ahorrando para prever que el gasto público siga creciendo al infinito y por supuesto, el aparato político asociado a él también.

Si conseguimos salvarnos de la devastación de muchas décadas de intervención estatal en la educación, tal vez podamos responder que dentro de la función (pretendida) del estado de velar por las libertades individuales, la del legislador consiste en hacerlo mediante normas que tiendan a ese fin y controlando a los otros dos poderes. Si ese es el cometido del legislador, entonces podremos pretender que el gasto público disminuya.

En el contexto actual, menos legisladores no garantizan menor gasto ni mas justicia, ni mas limpieza ni nada lo que se suele pretender de las instituciones tal cual están, salvo tal vez en el corto plazo. Y no tengo nada contra ahorrarnos unos pesos teniendo veinte inútiles en lugar de cien, pero no puedo poner expectativas desmedidas en eso.

La primera conclusión es sobran conocimientos inútiles, sobra educación vacía, sobra idioma inglés, sobran “family days”, y, como corolario: sobra ignorancia. No hacemos otra cosa que adular a supuestos impecables que van a destrozar todo lo que nos importa de verdad porque ya no somos capaces de distinguir el bien del mal.

Conclusión dos: tenga cuidado: su hijo también esta siendo mal programado en este preciso instante y esta en riesgo de repetir la historia de quejarse de lo que el mismo genera. Si usted no sabe para que sirve un legislador y por tanto es parte del problema, lo que le cuesta mucha plata, sepa que su hijo está siendo formado de igual manera.

Sin embargo este elefante que se retroalimenta de esa manera, tiene una debilidad. Esa debilidad no es por cierto el hecho de que el ciudadano vote, ni que “participe” en internas partidarias, conteste encuestas o compre el diario. Todo eso lo hace del mismo modo en que piensa, y nada de eso sirve realmente para limitar al poder si el propósito del fondo que sostiene a la idea de división de poderes, por ejemplo, ha sido por completo divorciado de ella.

La única debilidad real del estado elefantiásico, inclusive la debilidad del sistema por el cual las propias víctimas alimentan al victimario es la evasión fiscal. Los impuestos son la contracara de la ignorancia.

Una pregunta que tal vez ni siquiera resista a nuestro pequeño círculo es para que sirven los impuestos. Hagan esta encuesta también, verán que la gente, a pesar de lo que dice, no piensa que sobren políticos sino que cree que faltan.

La respuesta es: sirven para que unos vivan a costa de otros. No tienen absolutamente otra utilidad. Por medio del aparato de deseducación se ha convencido a la población de que si no nos gustan tales o cuales impuestos (la cuestión de si nos gustan LOS impuestos queda directamente fuera de cuestión), lo que “corresponde” es que los discutamos, que hagamos campaña, que propongamos la derogación, que nos metamos en política (es decir, que nos convirtamos en PARTE DEL PROBLEMA), PERO QUE NO DEJEMOS DE PAGARLOS porque eso es algo así como un pecado. No tengo tan claro pecado de que religión, porque en lo que respecta al cristianismo el recaudador de impuestos era considerado al mismo nivel que las prostitutas; pero pecado al fin.

La evasión fiscal y no los jueces, ni los legisladores, ni los comicios, ni las comisiones investigadoras, ni el periodismo (todos ellos mas bien contribuyen), ES EL ÚNICO LIMITE REAL DEL PODER que nos queda.

Si nos asusta que el Estado no pueda financiarse por medio de tasas en lugar de impuestos pensemos que no sería una gran pérdida pues lo que esperábamos de él era seguridad fundamentalmente, que brilla por su ausencia.

Que no nos engañen con que si nosotros pagamos los demás también deben hacerlo. Nuestro bienestar depende de que no nos roben ni a nosotros ni a nuestro vecino. Si después de que nos robaron a nosotros le roban a otro señor, no estaremos mejor.

¿Qué no es justo que unos paguen y otros no?. Esto es una gran falacia que el Estado promueve. Si hablamos de una transacción limpia como por ejemplo comer en un restaurante: no es que debemos pagar porque otros lo hacen, sino porque hemos comido, NO POR UN PROBLEMA DE IGUALDAD, SINO DE JUSTICIA. Si a mi vecino lo pisó un auto, ¿DONDE ESTA LA JUSTICIA EN QUE ME VENGA A PISAR TAMBIÉN A MI?. Cuando el estado me sacude tengo un problema, cuando sacude también a mi cliente o a otro con el que me relaciono directa o indirectamente, tengo dos problemas.

¿Ustedes creen que puede construirse una sociedad justa y moral sobre la base de la imposición, de cobrar sin contraprestación, de obligar al otro a pagar por NADA, o lo que es peor, pagar para que alguien pueda dedicar su vida a joder la nuestra?. ¿Cómo puede alguien sostener éticamente semejante concepto?.

¿No hemos soportado suficiente en esta materia?. Hasta aceptamos que se nos obligue a declarar nosotros lo que tenemos para que nos puedan robar. Cómo decía la propia DGI: No deje que le roben: SOBRAN IMPUESTOS. HAGAMOS UN MUNDO MEJOR, TERMINEMOS CON LA ESCLAVITUD, TERMINEMOS CON LOS IMPUESTOS Y LOS SERVICIOS GRATUITOS AL ESTADO.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

LA INMORALIDAD DEL SOCIALISMO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Los sistemas sociales en última instancia debe ser juzgados por sus fundamentos éticos, es decir, por su capacidad de respetar la dignidad del ser humano, por la consideración a las sagradas autonomías individuales y, por consiguiente, a las mejores condiciones de vida posibles en este mundo, espirituales y materiales según sean las preferencias de cada cual dada la liberación máxima de las energías creativas.

 

Los socialismos en cualquiera de sus variantes significan quitar en mayor o menor medida la libertad de las personas por parte del monopolio de la fuerza que llamamos gobierno. No tiene sentido alguno hablar de moral cuando no hay libertad. No es moral ni inmoral aquél acto que se realizó por medio de la violencia y es pertinente recordar que la libertad significa ausencia de coacción por parte de otros hombres. No es correcto extrapolar la idea de libertad en el contexto de relaciones sociales a otros campos como la biología o la física. Como hemos subrayado antes, no se deja de ser libre en el sentido de las relaciones sociales cuando se comprueba el hecho de que hay personas que alegan no “son libres” de bajarse de un avión en pleno vuelo, o de ingerir arsénico sin sufrir las consecuencias, ni son “menos libres” los que están aferrados al tabaco. En este contexto carece de significación sostener que los pobres  “no son libres” para comprarse un automóvil de lujo con lo que se confunde la idea de la libertad con la de oportunidad. Sin duda que el lisiado no puede ganar una competencia de cien metros llanos, pero esto nada tiene que ver con la libertad en el contexto de las relaciones sociales.

 

Pero tal vez lo más relevante sea comprender que la libertad permite que cada uno se ocupe de sus asuntos sin que se le resulte posible lesionar derechos de otros y,  en ese ámbito, cada uno sepa que para prosperar debe inexorablemente mejorar la condición social de su prójimo sea en campos espirituales o materiales, sea brindando buenos consejos o brindando bienes y servicios que le agraden a sus congéneres. Así, en el terreno puramente material, los que aciertan obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos. Ese es el modo por medio del cual en una sociedad abierta se asignan derechos de propiedad. Los resultantes no son posiciones irrevocables, sino cambiantes siempre según la capacidad y dedicación de cada cual para atender los requerimientos de otros.

 

Hoy en día desafortunadamente tienen mucho predicamento las distintas manifestaciones de socialismo,  situación que al dañar el derecho de propiedad de la gente hace que la pobreza se extienda por doquier, a pesar de lo cual, cuando se presenta la posibilidad de pequeños islotes de libertad relativa, la consecuencia es un portentoso progreso.

 

Uno de los elementos centrales en este debate consiste en la igualdad. Ya en los albores de la Revolución Francesa, antes de los estropicios de la contrarrevolución jacobina, en los dos primeros artículos de la célebre Declaración se establecía la igualdad de derechos pero nunca la manía moderna del pretendido igualitarismo de ingresos y patrimonios que al imponer la guillotina horizontal empobrece a todos pero de modo especial a los más débiles. Esto es así porque los aparatos políticos al redistribuir compulsivamente lo que la gente ya distribuyó voluntariamente con sus compras en el supermercado y afines, provoca consumo de capital que, a su turno, necesariamente reduce salarios.

 

Este es un tema crucial: entender que el único modo de elevar salarios consiste en incrementar inversiones. No hay magias posibles en economía, lo contrario permitiría que se aumenten ingresos por decreto con lo que nos podrían hacer a todos millonarios. Pero las cosas no son así, hay que trabajar, ahorrar e invertir para elevar el nivel de vida. Y, a su vez, para atraer inversiones es indispensable contar con marcos institucionales civilizados de respeto recíproco.

 

En la medida que los gobiernos jueguen al Papá Noel con el fruto del trabajo ajeno (ningún gobernante pone a disposición su patrimonio), los resultados serán nefastos. Es inaceptable concebir una sociedad como un gran círculo donde cada uno tiene metidas las manos en los bolsillos del vecino. Esto es lo que se conoce en economía como “la tragedia de los comunes”: lo que es de todos no es de nadie y por tanto son nulos los incentivos para usar adecuadamente los siempre escasos recursos. La forma en que se prenden las luces y se toma café en el ámbito privado no es la misma en ámbitos estatales.

 

Por supuesto que lo dicho en cuanto a lo que ocurre en mercados abiertos y competitivos no sucede cuando pseudoempresarios se alían con el poder político de turno para conquistar privilegios y prebendas a espalda de la gente. En este caso sus ingresos y patrimonios no son el resultado de satisfacer a otros sino que son la consecuencia de una miserable explotación.

 

Es habitual que se vea a la riqueza como un proceso de suma cero, es decir que lo que tiene fulano es porque no lo tiene mengano. Esto no es correcto, la riqueza es un concepto dinámico no estático en el que nos pasamos de uno a otro los mismos bienes existentes. El que vende algo a cambio de dinero es porque aprecia en más el dinero que el bien que entrega a cambio y viceversa con el comprador. Ambas partes se enriquecen en la transacción donde hay intercambios libres.

 

No es cuestión de decir que se trata de contar con “visiones nobles y sublimes” y que por ende no se aceptan explicaciones pedestres basadas en la ciencia económica. Si se habla de pobreza material y de sufrimiento de quienes viven una vida miserable, es indispensable recurrir a la economía. Sin embargo, es frecuente que no se quieran oír las recetas económicas serias porque son “materialistas” y, simultáneamente, se alaban medidas económicas que arruinan a todos pero muy especialmente a los más necesitados puesto que cada vez que se sugieren dislates económicos de hecho se ataca a los más débiles por más buenas intenciones que se tengan (“los caminos del infierno están pavimentados con buenas intenciones”).

 

Hay además una cuestión básica referida a que el conocimiento está disperso y fraccionado entre millones de personas en la sociedad. La institución de la propiedad privada hace posible el sistema de precios que, a su vez, coordina ese conocimiento disperso y fraccionado al efecto de servir las preferencias y requerimientos de la gente.

 

He citado ad nauseam la ilustración que propone John Stossel y es que nos imaginemos un trozo de carne envuelto en celofán en la góndola de un supermercado y nos invita a cerrar los ojos y pensar en el largo y complejo proceso por el cual ese bien está finalmente a disposición masiva de los consumidores. Los agrimensores en los campos, los alambrados, los postes y sus antecedentes que significan emprendimientos de décadas para la forestación y reforestación junto a los transportes, las cartas de crédito, el personal y tantas otras facetas, el arado, las cosechas, los fertilizantes,  los pesticidas, el ganado, los peones y sus caballos, las empresas de riendas y monturas, en fin tantas actividades empresarias horizontal y verticalmente consideradas. Nadie está pensando en el trozo de carne en el supermercado sino en sus tareas específicas y, sin embargo, el producto está en la góndola debido a la coordinación de millares de operaciones debido al sistema de precios que trasmite información, como decimos, siempre dispersa y fraccionada.

 

Luego vienen los sabihondos que dicen que “no puede dejarse el proceso a la anarquía del mercado” e intervienen y producen desajustes mayúsculos en el celofán, la carne, la góndola y el supermercado hasta que no hay nada para nadie en los casos en los que la soberbia de los burócratas es grande.

 

Por esto es que no tiene el menor sentido afirmar que se es “liberal en lo político pero no en lo económico”, es lo mismo que sostener que se cree en la libertad en el continente (el marco) y no en el contenido (en las acciones diarias de la gente). De nada sirve la libertad política que establece ciertos derechos si cuando se actúa todos los días comprando y vendiendo se bloquea la libertad. Y tengamos en cuenta que la actividad diaria se enmarca en un abanico de contratos, unos explícitos y la mayoría implícitos. Desde que uno se levanta a la mañana y se lava los dientes y toma el desayuno hay contratos de compra-venta del dentífrico, la mermelada, el café, el microondas, la heladera etc., el viaje al trabajo (contrato de transporte), el trabajo mismo (contrato laboral) y así sucesivamente con la educación de los hijos en los colegios o universidades, los bancos, el estacionamiento de los vehículos y todo lo demás. Cuando los aparatos estatales se entrometen en estos millones y millones de arreglos contractuales se generan problemas graves de desajustes y crisis varias.

 

Por otra parte, al distorsionar precios, la contabilidad, la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general quedan desdibujados. En rigor, eliminados los precios, no se sabe si conviene construir caminos con pavimento o con oro (si alguien manifiesta que con oro sería un derroche, es porque recordó los precios antes de eliminarlos). Pero lo relevante es mostrar que no es necesario  llegar a este extremo para que aparezcan  los problemas: en la medida de la intervención estatal, en esa medida surgen los cimbronazos.

 

Ya que estamos hablando de precios, es oportuno apuntar que cuando se imponen precios máximos a un producto, no solo se expande la demanda y se contrae la oferta con lo que aparecen faltantes, sino que los recursos tienden a volcarse a otros ramos con lo que los funcionarios habitualmente extienden los controles a esos otros sectores con lo que se van ampliando los efectos de las garras del Leviatán por todos los vericuetos de las relaciones sociales. Ese es el sentido del dictum de George Bernard Shaw al decir que “un comunista no es más que un socialista con convicciones”.

 

En otros términos, los socialismos recortan libertades y por más que los ingenuos se alarmen por los Gulag, los controles policiales contra fenómenos que son consubstanciales a la naturaleza humana como la especulación, terminan por ahogar aquello que muchos de ellos querían preservar. Dicho sea al pasar, especulación quiere decir conjeturar que se pasará de una situación menos satisfactoria a otra que le proporcionará mayor satisfacción a quien actúa, y esto va para todas las acciones posibles, no hay acción sin especulación, los gobiernos solo deben velar para que no se lesionen derechos.

 

Por eso concluye el premio Nobel en economía Friedrich Hayek en Los elementos morales de la libre empresa que “Está en la esencia de la sociedad libre que se debe recompensar materialmente no por hacer lo que otros nos ordenan hacer sino por hacer lo que necesitan […] La libre empresa ha desarrollado la única forma de sociedad que mientras nos provee con amplias medios materiales -si eso es lo que queremos- deja al individuo libre para elegir entre recompensas materiales y no materiales […] Es injusto culpar al sistema como materialista porque, en lugar de decidir por él, deja al individuo que decida si prefiere ganancias materiales a otro tipo de excelencias”. Por mi parte, por eso defino al liberalismo como el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Sistema de salud cubano: Una mentira forrada en propaganda

Por Belén Marty: Publicado el 30/9/15 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2015/09/30/sistema-de-salud-cubano-una-mentira-forrada-en-propaganda/#.Vgw67QUmk98

 

La visita a un hospital en una zona no turística de La Habana desmorona el mito comunista de la “calidad universal” del sistema de salud cubano

 

cuba

Los hospitales de La Habana se caen a pedazos. Literalmente. Se cae también con ello el discurso propagandístico de la elite castrista sobre las bondades del sistema de salud cubano, apenas piso los primeros escalones de la guardia de un hospital en el barrio (no turístico) de San Miguel en La Habana.

Entro vestida como cubana y con la recomendación de no hablar; mi acento argentino me iba a delatar apenas dijera “hola”. Un disidente y miembro del Partido Unión Patriótica de Cuba (Unpacu) me acompaña. El será mi guía y mi mentor en este viaje al corazón de la medicina comunista.

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Cuando entramos, a las 22 horas de un sábado cualquiera, tres de los cuatro pisos del hospital —uno de los 270 que hay en el país— no estaban funcionando por el horario. Solo estaba habilitada la zona de urgencias.

“Hace cuatro horas que estamos esperando la ambulancia”, grita un cubano a quien, vestido de verde, pareciera ser un médico. Lo escucho mientras me siento en la única hilera con cuatro asientos de plástico en la sala de espera. Mi amigo permanece inmóvil y me hace una seña para que permanezca en silencio y para que escuche los comentarios de los pacientes y sus familiares.

Pasan 20 minutos y todo seguía igual. El hombre que había gritado, permanecía al lado de su madre, tendida en una camilla improvisada, ya cada vez menos paciente. Parecían dos personajes de la obra Esperando a Godot.

El ambiente bien podría simular un campamento sanitario por la falta de equipamiento médico básico.

Me levanto para seguir recorriendo el establecimiento sanitario. Dos enfermeras me miran pero no dicen nada, mientras entramos a la parte que alberga a los pacientes más críticos. Allí comienza el área con aire acondicionado.

Mi acompañante —que vive de manejar un taxi para cubanos, con un recorrido fijo por las calles de La Habana— me indica que todos los médicos presentes estaban todavía en la escuela. Los miro y ninguno de ellos superaba  los 25 años. De todas maneras, no teníamos forma de corroborarlo.

Los familiares, como camilleros. (PanAm Post)

El único baño disponible en el hospital tenía un solo inodoro, la puerta no cerraba —había que hacer sus necesidades a la vista de todos—, no había papel higiénico y estaba totalmente sucio y antihigiénico.

Los cubos de basura de la sala tenían a simple vista residuos biológicos. Las camas estaban sin sábanas, y con un suero colgante como única tecnología. Los carteles de los consultorios estaban escritos a mano. Fuera de ellos, unas cuatro personas en cada uno. La espera mínima, de unas tres horas.

No vi camilleros. Llega otro hijo con su madre, empujándole la camilla, y se queda esperando al lado de los pacientes que a su vez, esperaban la ambulancia.

Las bondades del sistema

El sistema de salud cubano depende del Ministerio de Salud Pública, quien se encarga de centralizar la política pública sanitaria en el país. El sistema, gratuito para los cubanos, ha sido siempre utilizado por el régimen castrista como propaganda del régimen.

“La garantía de atención médica gratuita a toda la población cubana se convirtió desde los primeros momentos del triunfo de la Revolución en uno de los paradigmas sociales fundamentales. Esto se corresponde con la esencia humanista y de justicia social que caracteriza a nuestro proceso revolucionario”, precisa Granma, el medio del Partido Comunista, en uno de sus artículos.

 

https://soundcloud.com/panampost/que-se-terminen-las-mentiras-en-cuba

 

Cuba está, además, calificada año tras año por organismos como la Unicef como un país desarrollado por sus bajos índices de mortalidad infantil.

El gasto total en salud como porcentaje del PIB en Cuba es del 8,8%. En la región, Argentina invierte 7,3 por ciento, y Estados Unidos, 17,1%, mientras Canadá destina un 10 por ciento, según datos del Banco Mundial para el período 2010-2014. En estos países, sin embargo, a diferencia de Cuba, la estimación incluye tanto inversión pública como privada.

“La garantía de atención médica gratuita a toda la población cubana se convirtió desde los primeros momentos del triunfo de la Revolución en uno de los paradigmas sociales fundamentales. Esto se corresponde con la esencia humanista y de justicia social que caracteriza a nuestro proceso revolucionario”, explican desde Granma.

Las bandejas con restos de comida. (PanAm Post)

El cineasta Michel Moore en 2007 publicó un documental en el que ciudadanos estadounidenses visitaban Cuba para una atención gratuita en salud. En el film aclara que a los protagonistas se les presta atención de la misma calidad que a cualquier ciudadano cubano de a pie.

“La única cosa que los cubanos sí tienen es un servicio universal gratuito de salud. Son conocidos en el mundo entero por tener no solo uno de los mejores sistemas de salud universales, sino también por ser un país generoso en proveer médicos y equipos a países del Tercer Mundo”, explica Moore en su película Sicko.

Yilian Jiménez Expósito, directora general de la Comercializadora Servicios Médicos Cubanos, destacó en una entrevista con Granma que “el secreto es el resultado de un médico formado en un sistema socialista, don­de nunca se ve al paciente como una mercancía o un cliente; donde cada ciudadano tiene el derecho a la cobertura de salud desde que nace hasta que muere, sin distinciones”.

Por su parte, Hilda Molina, neurocirujana devenida en opositora al régimen, sostuvo que el sistema de salud es totalmente controlado por el Estado. Es decir, se eliminaron las modalidades de medicina privada y cualquier otra organización independiente.

Cubanos entrando con todo tipo productos al hospital. (PanAm Post)

“Estas arbitrarias medidas, además de sus múltiples implicaciones negativas, tuvieron nefastas consecuencias desde el punto de vista ético: se sustituyó la sagrada relación médico-paciente, por una impersonal relación Estado-paciente. Cuando los enfermos están obligados a atenderse con los médicos y en los centros que decide el Gobierno, sin otras opciones, viven consciente o inconscientemente inmersos en una angustiosa sensación de inseguridad”, advirtió la médica cubana.

Indicó asimismo que el sistema de salud es absolutamente politizado: “jamás el régimen comunista ha garantizado a los que habitamos esta isla, ni igualdad ni equidad en lo que a servicios médicos se refiere. La élite gobernante, sus familiares, amigos y protegidos, han recibido siempre una atención diferenciada, superior a la de la población”.

Me retiro de aquel hospital luego de un par de horas de observación. Ya en la calle alcanzo a preguntarle a mi amigo cubano qué era lo que un grupo de personas estaban llevando en sus manos al ingresar al edificio.

Me dice: “Bueno, chica, que quieres, se traen todo porque allí no les dan nada. Almohadas, sábanas, medicamentos. Qué más: todo”.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

Alternativa socialista.

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 2/11/14 en: http://www.libremercado.com/2014-11-02/carlos-rodriguez-braun-alternativa-socialista-73900/

 

El líder socialista Pedro Sánchez declaró:

Reivindico el espacio propio del socialismo que es la igualdad, porque el principal desafío de la sociedad es luchar contra la desigualdad, porque el 27% de los niños sufre pobreza infantil, y reivindico un nuevo derecho, el de la garantía alimentaria, y creo que las comunidades autónomas, sobre todo las de derechas, que se están negando a ello, deben garantizar tres comidas al día, como hace la Junta de Andalucía.

Es difícil no caer en el desasosiego ante semejante colección de proclamas colectivistas. El espacio propio del socialismo no es la igualdad compatible con la libertad, la igualdad ante la ley, sino la igualdad contradictoria con la libertad, es decir, la igualdad mediante la ley, la igualdad que exige que el Estado sea cada vez más grande, intrusivo, arbitrario y desigual en el trato a sus súbditos.

La sociedad moderna, al revés que la tribu, no tiene desafíos, porque no actúa. Las personas los tienen, porque ellas sí actúan. La desigualdad, por tanto, no constituye ningún desafío, porque las personas no sólo no luchan contra la desigualdad sino que en cierto sentido puede decirse que luchan en favor de ella, porque todas las personas desean mejorar su propia condición, mientras que no todas lo logran en la misma medida.

El desatino adicional del señor Sánchez es identificar desigualdad y pobreza, que son claramente diferentes, y recurrir al viejo truco de agitar cifras y niños, como si fuera patente que la política tiene quehacer algo para resolver la pobreza infantil, cuando hacer algo en el lenguaje político jamás significa disminuir el autoritarismo y el quebrantamiento de los derechos de los pobres, que son, en España y en todo el mundo, las principales causas de la pobreza. Desde ya podemos desconfiar en que don Pedro piense que la política ha dificultado la superación de la pobreza con sus intervenciones e impuestos.

Esa parte crucial de la coerción política es ignorada olímpicamente cuando el señor Sánchez se pone aún más estupendo con eso de“reivindicar un nuevo derecho”, que, como siempre, es una violación de los derechos de los demás, porque es imposible que él piense garantizar alimentos con su propio dinero. Al contrario, cree que es bueno que las autoridades benéficas (mejor de izquierdas, claro) arrebaten los bienes de los ciudadanos para concederles graciosamente derechos y garantías de toda suerte, en especial en Andalucía, que tras tres décadas de socialismo ha alcanzado grandes cotas en términos de prosperidad, empleo y honradez. No sé si está claro.

Con este esquema intelectual, no podemos abrigar muchas esperanzas de que nuestros bienes, derechos y libertades no vayan a sufrir si alguna vez don Pedro llega a la Moncloa.

Esto dicho, procedamos a consolarnos. Los mismos disparates intervencionistas de Pedro Sánchez han sido pronunciados y subrayados por los demás políticos de todos los demás partidos.

Y además, por ceñirnos sólo al suyo, sólo al PSOE, los críticos de Sánchez podrían recordar lo que dijo en su día uno de sus adversarios, don José Antonio Pérez Tapias, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada:

Fue desigual la batalla [del socialismo] contra ese ejército neoliberal que le comió el terreno cuando quiso ganar la guerra contra el azote de la crisis económica. Como banderas deshilachadas se vieron destrozadas las enseñas socialistas en torno a la igualdad y las políticas sociales. La cabalgada neoliberal supuso desde tiempo atrás el arrasamiento de lo público y que apenas creciera la hierba de la igualdad allí donde desconsideradas pezuñas pisaban fuerte sobre la sanidad pública o una educación para todas y todos.

Esta explosión de demagogia es incluso peor que lo de Sánchez, además de ser más cursi y arrogante, como suele suceder en mi gremio de los catedráticos. Es un enorme disparate, porque cualquiera que se moleste en ver lo que pasó en realidad sabe que todos los gobiernos del mundo se negaron a aceptar la responsabilidad de su propio intervencionismo en la crisis y acometieron políticas aún más intervencionistas, precisamente para defender “lo público”, que no solamente no ha sido arrasado sino que su peso es mayor que nunca. Lo saben “todas y todos” que pagan cada vez más impuestos y padecen cada vez más multas, controles, prohibiciones, etc.

En fin, un consuelo adicional: al menos Pedro Sánchez no ha caído, que yo sepa, en la idea de resolver la falta de crédito con la increíble recomendación de…“apuéstese por una banca pública”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

¿Cómo repartir equitativamente?

Por Gabriel Boragina. Publicado el 27/7/14 en: http://www.accionhumana.com/2014/07/como-repartir-equitativamente.html

 

En el debate sobre la igualdad y la justicia social, aparece ineludiblemente la discusión acerca de cómo lograr la mejor redistribución de ingresos o de riqueza. Y esta es una polémica que acapara no pocos desacuerdos. El principal punto de disputa reside en a quiénes o a qué “sectores sociales” habría que privilegiar en el reparto por encima de los demás. En otras palabras, definir con precisión -o siquiera con aproximación- quienes serían o corresponderían ser a los que cataloguemos como “excluidos sociales”, y quiénes serían los que deberían quedar fuera de dicha clasificación.

El problema -como ya señalamos en otras ocasiones- consiste en que, cuando el gobierno comienza a anunciar políticas de subsidios, cada vez franjas más importantes de personas comienzan a considerarse con derecho para acceder a los mismos, lo que es una consecuencia lógica que deriva del axioma praxeológico que toda acción humana tiene por objetivo la mejora del estado del individuo que actúa, y –naturalmente- si pasar de un estado de menor satisfacción a otro de satisfacción mayor es a un costo menor del que podría ser de otro modo, todo individuo optará siempre por la acción de costo más bajo. Si alguien -en cambio- le presenta opciones de menor costo o sin costo alguno, la fila de personas que se anotarán para recibir el beneficio ofrecido de esa manera, será tanto mayor.

Este análisis nos lleva de lleno al mecanismo más frecuente utilizado por los gobiernos y -por sobre todo y con más énfasis- por parte de los gobiernos populistas. Nos referimos a la política del otorgamiento de subsidios a personas, grupos, entidades, empresas, organizaciones o lo que fuere (lo que no excluye, como lamentablemente ya sabemos, a los propios políticos que -en función de gobierno- se dedican a repartir esos mismos u otros subsidios).

Cuando el gobierno otorga un subsidio, la impresión que la mayoría de las personas tiene es que se le ha otorgado un beneficio a la persona que lo recibe. Pero se suele dejar de lado (o ni siquiera considerar) de dónde y de qué manera se han obtenido los fondos necesarios para que el gobierno pueda conceder semejante “generosidad” a la gente. El método es básicamente similar al que se describe a continuación:

“En realidad el asaltante de un banco que no es descubierto se beneficia con el asalto a expensas del resto de la gente. A primera vista es a expensas del banquero, pero cuando se percibe que hubo una malasignación de recursos desde las áreas preferidas por la gente hacia las preferidas por el asaltante se percibe que hubo una pérdida neta para el conjunto de la comunidad. Los gobernantes no “son descubiertos” porque hacen la operación con el apoyo de la fuerza beneficiando a subsidiados a expensas del resto de la población. La reducción deliberada del campo visual tiene gran efecto electoral porque se perciben los beneficios logrando adeptos y se ocultan perjuicios para no acumular opositores. Frédéric Bastiat siempre insistía que para analizar los resultados de una medida había que detenerse a considerar “lo que se ve y lo que no se ve”. En nuestro caso lo que se ve es el botín del subsidiado, lo que no se ve es lo que se hubiera hecho con los recursos de no habérselos succionado para darles un destino distinto de lo que la gente consideraba más atractivo. El ejercicio de ampliar el campo visual permite detectar desaguisados que de otro modo no resulta posible analizar. Y son innumerables las formas de subsidio en la era del “Estado fiscal” como diría Joseph Schumpeter.”[1]

Tras de esta realidad, está presente toda una concepción cultural por la cual, mediante una paciente labor educativa que viene abarcando ya varias generaciones y que no parece revertirse, se ha concientizado a la gente en la falaz idea que los gobiernos podrían “crear riquezas de la nada” o -en el peor de los casos- el problema se “solucionaría” simplemente despojando a los ricos de “pequeñas” partes de sus ganancias. Pero esto también resulta una enorme mentira, ya que asimismo muchos de esos ricos y/o empresarios resultan ser beneficiarios de dadivas otorgadas por esos mismos gobiernos, a través de otros dispositivos económicos que operan -en sustancia- de manera muy similar a lo que lo hacen los subsidios, sobre todo en cuanto al modo de obtención de los fondos respectivos que, en pasos posteriores, van a ser transferidos a sus beneficiarios, directos o indirectos.

“Subsidios, exenciones fiscales, protección aduanera y mercados cautivos abren las compuertas para que los pseudoempresarios se alcen con el botín. La hedionda cópula entre gobernantes y cazadores de privilegios perjudican gravemente los intereses de la gente y muy especialmente de los más necesitados.”[2]

El problema consiste en que la mayoría de las transferencias de este tipo, incluyendo los subsidios que el gobierno declama que irían a los “excluidos”, no tienen ese destino real, sino que se dirigen a los empresarios que generan continuos y repetidos contubernios con el gobierno mismo o sus personeros por un lado, y a los propios integrantes de la burocracia política, que son los que reciben la “parte del león” de este tipo de transferencias, por el otro.

Adicionalmente –en última instancia- todo dinero que se otorga en subsidios, previamente ha sido detraído a la sociedad mediante diversos procedimientos político-económicos, entre los cuales destaca el fiscal por excelencia. El subsidio es pagado por todos los ciudadanos, incluyendo a los mismos subsidiados, que creen estar recibiendo un “beneficio”, cuando en realidad se les estaría reintegrando -en el mejor de los casos- una parte de lo que previamente el gobierno les extrajo vía impuestos, ya sea como contribuyentes de hecho o de derecho, teniendo en claro que, el grueso de los contribuyentes de cualquier nación de hoy en día lo son siempre de hecho, siendo los más perjudicados los más pobres.

[1] Alberto Benegas Lynch (h). El juicio crítico como progreso. Editorial Sudamericana. Pág. 102-103

[2] Alberto Benegas Lynch (h) El juicio crítico….Ob. cit pág. 274-275

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Estudio responsabiliza a deformación del lenguaje del declive del liberalismo clásico

Por Belén Marty: Publicado el 9/7/14 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2014/07/09/estudio-responsabiliza-a-deformacion-del-lenguaje-del-declive-del-liberalismo-clasico/

 

“Permitiendo a cada hombre perseguir su propio interés, a su manera, bajo la noción liberal de la igualdad, la libertad y la justicia”, decía Adam Smith. Pero, ¿las palabras libertad, igualdad y justicia significan hoy lo mismo que a finales del siglo XIX? Daniel Klein, profesor de economía de la George Mason University, lanzó ayer en conjunto con el Instituto Adam Smith el sitio web Lenguaje perdido, Liberalismo perdido (Lost Language, Lost Liberalism o 4L) para abordar el alcance de los cambios semánticos de estos conceptos en relación con el declive en la popularidad del liberalismo clásico.

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4L busca desentrañar el camino de la transformación que sufrió el discurso occidental especialmente entre 1880 y 1940. Desde el análisis de la evolución semántica de palabras claves como “liberal” (hoy en América del Norte este término alude a un “progresista”), “equidad”, “justicia” y “libertad”, el sitio web analiza con cuadros comparativos y evolutivos cómo el término fue modificando su sentido a lo largo de los años y en qué períodos se utilizaron con mayor frecuencia esas palabras. Por ejemplo, la palabra democracia—explica 4L—evolucionó hasta tener las miles de facetas que tiene ahora, pero tuvo su pico en menciones alrededor de 1945.

Los términos derechosigualdadpropiedad, o contratos, acuñados a finales del siglo XIX, guardaban el significado del arco clásico del liberalismo. Sin embargo, con el tiempo, su significado mutó hacia nociones colectivistas que favorecen un mayor rol del Estado, particularmente en cuanto a los asuntos sociales.

Según la investigación, el cambio fue impulsado principalmente por las nuevas generaciones que comenzaron a utilizar las viejas palabras pero con un nuevo capital simbólico.

Asimismo, la iniciativa describe que hubo autores colectivistas que le fueron “robando” el significado original a estos términos. Mientras algunos hacían alarde de esta innovación, otros rechazaron estas mutaciones semánticas. En el sitio web puede verse el debate de estas batallas lingüísticas.

“En Estados Unidos, la corriente principal de la cultura política —representada por, entre otras, las escuelas infantiles, colegios y universidades, otras instituciones gubernamentales, así como la mayor parte de los grandes medios de comunicación— no encuentra tracción en ideas y argumentos más profundos. Metafóricamente hablando, son cómplices de una gran traición que se remonta más de 100 años. Lo que se ha traicionado es, como decía Smith, ‘el plan liberal de la igualdad, la libertad y la justicia’”, cita el sitio en su introducción.

Ricardo Avelar, politólogo de la Universidad Francisco Marroquín, sostiene que “la batalla semántica es importantísima para quienes creemos en la libertad. Hay principios tan profundos y su contenido es vaciado cuando se prostituyen estas palabras.” Para Avelar, “los gobiernos populistas hablan de libertades, cuando realmente son ellos quienes quieren administrar para qué es libre un ciudadano”.

Libertad y justicia, dos de los términos redefinidos por los colectivistas

El sentido clásico de la palabra libertad, según describen en 4L, es el hecho de que otros no interfieran en tu vida (la libertad como contracara de la justicia) comprendida desde el punto de vista de un concepto de propiedad atomista e individualista. Por el contrario, en el sentido actual puede entenderse como una política estatal activa, o como los derechos establecidos por el gobierno (las “libertades civiles”).

“Obviamente, un individuo no va a entender el valor profundo de la libertad si cuando se la han vendido se la vendieron mal, limitada, sujeta al capricho de un político”, concluye Avelar.

Lo mismo sucede con justicia. La palabra original estaba relacionada con la abstención de violar la propiedad de otras personas mientras que hoy, dada su evolución, se condice con el término de justicia social con un sentido distributivo, cercano a la noción de la propiedad colectiva.

La batalla por recuperar los términos originales

Para Klein hoy estamos todavía atrapados en la turbulencia de estos cambios y debemos recobrar el significado y la cultura del liberalismo original. Para entender donde está parado el liberalismo, la clave está —sostiene el académico— en aproximarnos a las palabras y analizar su evolución semántica.

Mediante una profunda investigación de la situación actual, el docente invita a todos los defensores del liberalismo clásico a comenzar con la difusión del conocimiento de los significados originales para luego convertirlo en temas de discusión.

“Las personas deciden cómo se usa la semántica en la práctica. Tenemos que abordar a la gente y decirle: ¿Usted ha pensado en la semántica que usted practica cuando habla o escribe? Una vez que despertemos a la gente, van a poder ver la importancia de la semántica y empezar a pensar en ello”, le comentó Klein a PanAm Post.

Según explica el académico en sus reflexiones, hoy los conceptos de libertad y justicia son gran tabú en la arena socialista y colectivista, pero a pesar del sabotaje del que son víctimas diariamente, les es muy difícil socavar del todo el concepto original.

“Nuestra cultura no ha arrancado del todo los principios de la libertad; nuestra civilización no es una masa amorfa sin espinas. Pero es realmente una verdadera pena lo que se ha debilitado la espina dorsal de la civilización liberal, que ha sido fracturada y abusada”, concluyó.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

Saqueos: Más allá de la pobreza.

Por Gabriela Pousa: Publicado el 8/12/13 en:  http://www.perspectivaspoliticas.info/saqueos-mas-alla-de-la-pobreza/

Argentina parece condenada a caer en el lugar común de las frases hechas y la crónica viciada. Así, una nota escrita a comienzos de siglo parece estar describiendo la actualidad. Y es que esta coyuntura no es sino el corolario de una sumatoria de verdades que, en lugar de modificarlas porque no gustan, se prefirió ocultar.

La ola de saqueos, el acuartelamiento de la policía en algunas provincias, el desdén de la dirigencia, la conducta narcisista y resentida de gran parte de la sociedad, junto a los actos de vandalismo y violencia, responden a una realidad inexpugnable: la decadencia en la que estamos sumergidos desde hace más de una década.

Los gobiernos populistas han causado un daño excesivo, y el kirchnerismo cuando llegó se ocupó de poner ácido a las heridas que había. Destruyó el lenguaje – con sutileza y sin ella – para instalar vocablos que hacia tiempo no tenían cabida en Argentina.

De repente, empezamos a escuchar términos como “facho”, “nazi” o “genocida” con total naturalidad e incluso se reinstaló la idea de izquierdas y derechas obligando a ponerse una etiqueta. En consecuencia, la ciudadanía quedó partida. Fue el primer paso.

Simultáneamente la política volvió a los cuarteles so pretexto de una defensa de derechos que, en rigor, terminó siendo lo que fue desde el comienzo: una ruin estrategia para construir poder. Muchos necesitaron 10 años para darse cuenta.

Deshechas las Fuerzas Armadas, la política siguió viaje hacia las escuelas: las clases de historia se vaciaron de contenido. Aparecieron miembros de organizaciones sociales y militantes de La Cámpora adoctrinando en las aulas. Aquel video de un acto escolar que desdeñaba a las clases medias-altas fue un ejemplo concreto. Antes o después el costo iba a aparecer.

El revisionismo capcioso del kirchnerismo, a su vez, dejó sin raíces al pueblo. Los próceres dejaron de ser lo que siempre fueron. Se expusieron innecesariamente sus miserias, y a su pedestales se subieron figuras que, en lugar de heroísmo, ostentan soberbia y cinismo.

Las fechas patrias se transformaron en fines de semana largos o “feriados puente” con recitales banales y fiestas populares. La cultura del ocio reemplazó a la cultura del trabajo y a la tradición. Todo es show. La escenografía sólo deja a la vista trapos colorados y panfletos partidarios desplazando el celeste y blanco de la bandera de Belgrano.

Jean Jacques Rousseau tenía razón: esas prácticas confunden. “En un estado de permanente ocio, los hombres desarrollan costumbres similares a las de los actores. La gravedad de la pérdida de independencia está enmascarada porque la gente cree que también está actuando: experimentan placer al perderse a sí mismos“, sostenía. De pronto parece que el autor de “Emilio” está describiendo nuestro teatro.

La misma Presidente adoptó un histrionismo desmedido. Impuso un discurso meramente auto referencial, de modo que los anuncios y actos de gobierno se limitan a la anécdota personal. Finalmente, los datos adulterados terminaron de sellar un relato oficial signado de falencias y arbitrariedad.

El maquillaje se corrió pronto. El mar de palabras del jefe de Gabinete venía acompañado por un oasis de ideas. Así quedamos. Su “redención” se esfumó. Fue apenas un muñeco hecho con la última nieve del invierno.

Todo tiene que ver con todo en este caso. El hoy es la suma de ayeres bastardeados. Por eso, los resultados de las pruebas PISA también explican lo que está pasando.

El actual clima social dista de parecerse al del 2001 aún cuando comparta alguna metodología. Pero no es cierto que la economía sea la causa de lo que nos pasa. Si así fuera, un verdadero cambio de ministro, un programa económico coherente, lógico, y gente con pericia en la materia, podría modificar el actual estado de cosas. Y eso no es real.

En este contexto, por más que surgiera un Hayek o un Mises, el intento por modificar el escenario terminaría en fracaso. Hay países muchísimo más pobres que la Argentina donde sus habitantes se respetan entre sí. y priorizan la solidaridad y la vida en comunidad, por sobre sus necesidades. Existe la dignidad de la pobreza, como existe también la indecencia de cierta riqueza.

Esto de saquearse unos a otros no es hambre. Es carencia. Carencia de referentes, de ejemplos. El primer saqueo lo sufrió la pirámide social cuando el gobierno destruyó jerarquías y autoridad. Hoy los padres no saben cómo tratar a sus hijos, y los maestros en lugar de sentir responsabilidad y afecto, sienten miedo.

Las falsas banderas de la igualdad corrompieron la base de la sociedad. En democracia lo esencial es el respeto por las diferencias, no la igualdad que termina equiparando al hombre decente con el delincuente.

Hace diez años que la ignorancia es política de Estado. Hace diez años que el modelo es la impunidad. Si los funcionarios pueden llevarse el país puesto, robarse un plasma o un electrodoméstico pareciera una nimiedad.

La antinomia ‘civilización o barbarie’ se definió siempre por la educación no por la policía en las calles ni por la inflación. Desde luego que el proceso inflacionario hace mella, y que la pobreza crece más allá de la estadística. Eso obra como caldo de cultivo para el malestar general y el hartazgo colectivo, pero no es determinante de la anomia que caracteriza a nuestros días.

La responsabilidad política es absoluta. Se ha pecado por acción y por omisión. José Manuel De La Sota fue lento frente a la rapidez del gobierno nacional que no mide consecuencias a la hora de “disfrutar” el daño a sus adversarios. Sin embargo, esta vez, la administración central se abusó, comió de más. Ahora tiene que resolver la indigestión.

A esta altura, nadie pone en duda que hay tensión social, pero también se sabe que hubo ‘algo más’ detrás de los desbordes en Córdoba. Ese ‘algo más’ puede analizarse desde diferentes ópticas aunque todas convergen en una palabra: perversidad.

Pretender solucionar los problemas acudiendo a la ‘participación ciudadana’ es una chicana. Bajo el eufemismo de la participación lo que hacen es evadir su responsabilidad. De cuidarnos debe ocuparse el Estado en lugar de andar indagando qué hace cada uno con su plata o si viaja… No sea cosa que ahora vengan a hablar de la “democratización de la seguridad”

Restan pocos días para terminar el año, esta vez el corto plazo se le impone a la jefe de Estado. Cristina debe definir qué hacer y las alternativas no son muchas. A saber: O se pone seriamente a gobernar, o se va.

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.