La raíz del capitalismo es siempre moral y humana

Por Bertie Benegas Lynch. Publicado el 1/7/21 en: http://www.laprensa.com.ar/503693-La-raiz-del-capitalismo-es-siempre-moral-y-humana.note.aspx

Enrique Shaw, junto a un grupo de empresarios, fundó ACDE en 1952. Shaw fue un exitoso empresario, un ejemplo de filantropía y, entre otras muchas cosas, constituyó una caja previsional propia para sus empleados y una mutual para brindarles asistencia médica en épocas difíciles para esas iniciativas privadas.

Días pasados, la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa convocó a sus asociados, a la comunidad empresaria, a emprendedores y a otras personas del sistema productivo al XXIV Encuentro Anual ACDE. Hacia un capitalismo más humano

Referirse a un capitalismo más humano, denota no tener idea acerca de las raíces morales del capitalismo o, en su concepto más amplio, el liberalismo. Nos han inculcado de tal manera el discurso que el rico es rico debido a que el pobre es pobre, que está plagado de empresarios culposos que creen que ganar dinero es pecado. Esto no es de extrañar ya que, el propio Papa Francisco, respecto del fundador de ACDE dijo en una entrevista en 2015; “Estoy llevando adelante la causa de beatificación de un rico empresario argentino, Enrique Shaw, que era rico, pero santo”.

La misión de ACDE, entre otras cosas, es promover la Doctrina Social de la Iglesia. Lamentablemente, buena parte de esa doctrina ha sido influenciada por el socialismo y, dado el peso y la autoridad que tiene la Institución de la Iglesia, el daño que muchos de sus representantes provocan con estos postulados, es enorme.

El XXIV Encuentro Anual ACDE resaltó buenos valores como el del trabajo, destacó a las PyMEs como el motor de la economía, la urgencia de la flexibilización laboral, las virtudes de la tecnología aplicada al trabajo, la pesada carga impositiva y resaltó que, los subsidios, no resuelven los problemas de “contextos macro que desaniman”. No obstante esto, muchos de los mensajes que allí se expusieron, a mi juicio, son sumamente autodestructivos para el empresariado y para la generación de bienestar a todos los niveles.

Se reconoció que es fundamental abrirse al mundo para ser prósperos pero, a su vez, el mismo orador y en la misma frase, resaltó la importancia la vivir con lo nuestro. Validar dos opciones mutuamente excluyentes, no dejan un mensaje claro. Creer en los mercados abiertos, es más simple; implica exponer los beneficios del comercio sin prejuicios geográficos y promover la mejor asignación de recursos y factores productivos en un marco de libre intercambio de bienes y servicios.

Se dijo también que la igualdad de oportunidades es lo opuesto a los privilegios. Sin embargo, si se analiza bien el concepto de igualdad de oportunidades, se llegará a la conclusión que su aplicación significa necesariamente el otorgamiento de prebendas. La única igualdad que nos reconoce a cada uno de nosotros los derechos a la vida, a la libertad y a la propiedad, es la igualdad ante la ley. La cultura del igualitarismo pretende quitar a unos lo que les pertenece para darle a otros lo que no les pertenece.

En vez del nocivo redistribucionismo, para que existan más oportunidades para la gente, los esfuerzos deben estar dirigidos a la protección de la propiedad privada y el fomento a la productividad.

La manía de la desigualdad

Lo mismo ocurre con la manía de hablar de la desigualdad, como si la riqueza fuera un juego de suma cero. De lo que se trata es de crear las condiciones de respeto mutuo para maximizar incentivos productivos y los consecuentes aumentos en el nivel de vida y salarios. Es lo que ha funcionado en los últimos doscientos años desde la Revolución Industrial. Antes de eso, la existencia humana era miserable y el promedio de vida era de 25 años. La Revolución Industrial fue la revolución de la propiedad privada y sus fundamentos morales. La máquina a vapor fue solo una de las consecuencias de las ideas de Adam Smith.

Durante la primera jornada del encuentro de ACDE se compartió un mensaje grabado del Papa Francisco en el que apeló a una economía social y más justa. Hablar de “economía social” es en el mejor de los casos redundante y, en el peor, implica la antieconomía. Fredrich von Hayek, hablando de la dialéctica socialista, decía que todo sustantivo seguido del adjetivo “social” resulta en su antónimo. Por otro lado, referirse a una economía justa o precio justo, es lo mismo que hablar de la justicia de caminar o la justicia de estructuras de precios que reflejan preferencias temporales de la gente en transacciones libres.

También el Papa cayó en el error de escindir del ciclo productivo al sistema financiero. Cuando se alude a la transformación de los recursos como “lo concreto” despreciando los procesos del ahorro y del crédito, es no entender que se trata de dos caras de una misma moneda. No escatimó tampoco críticas a quienes preservan su capital de los infiernos fiscales.

Sostener que hay que humanizar la fábrica o humanizar al capitalismo, implica suscribir los postulados del efecto derrame, el cual supone que de la abundante mesa de los ricos, caen las migajas para los pobres. Se cree que la generación de riqueza de unos pocos, tiene consecuencias accidentales y no queridas en favor del resto. Para no caer en este sofisma, es importante repasar los conceptos de la división del trabajo, la cooperación social y el ineludible interés personal que debe ser satisfecho por todos los participantes de cualquier empresa.

El bien común es el bien que nos es común a todos; y esto es, el respeto mutuo. Sin embargo, muchas veces se usa el término “bien común” como subterfugio para la expoliación; tal como representan los conceptos de la justicia social y el de la igualdad de oportunidades.

Las grandes historias empresariales y los casos de superación que se escucharon en ambas jornadas, demuestran que no se necesita una pasión especial para generar trabajo. Para ser una marca reconocida y recordada, no solo es menester servir a los clientes con niveles de excelencia, sino también a sus empleados tanto como a sus accionistas. Las empresas que le dan más relevancia a las rentas de corto plazo por sobre el valor de la verdad y la transparencia, no cuentan la historia. 

Tal como expuso Milton Friedman en The New York Times Magazine de septiembre de 1970, la responsabilidad social del negocio consiste en incrementar sus ganancias ya que, ese logro sustentable y de alto impacto para toda la cadena de valor, implica que se han satisfecho necesidades y se mejoró el nivel de vida de semejantes. “No es la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de donde obtenemos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses”, decía Adam Smith.

Activismo medioambiental

He escrito en varias oportunidades sobre el tema del medioambiente, asunto que también se trató en el congreso de ACDE. Muy sintéticamente apunto que hay que estar muy atentos al activismo medioambiental que es otra vestimenta con la que se presentan los enemigos del capitalismo y el ánimo antiindustrial. Si pretendemos contaminación cero, debemos empezar por suicidarnos en masa porque, cuando exhalamos, expulsamos CO₂. La contaminación es el trade off de nuestro aumento en la expectativa de vida y bienestar. Las asignaciones de derechos de propiedad y la innovación privada, son los vehículos que permiten mejorar procesos eficientes y más limpios.

La preocupación por las “brechas de género” en la contratación del valor humano, es un approach riesgoso. La selección de colaboradores, debe apuntar a la búsqueda de talentos, que es lo que mejora el servicio a los clientes y el rendimiento para los accionistas. Fijar objetivos cuantitativos o proporcionales en la contratación de mujeres por el hecho de ser mujeres, es tan torpe como buscar la contratación de hombres por ser hombres o buscar la contratación de pelirrojos. El talento no sabe de sexo. No se trata de seleccionar penes o vaginas sino de valores que hagan una diferencia a los fines empresariales.

Para terminar, creo que se deberían revalorar los escritos papales de Pio XI, Leon XIII y Juan Pablo II. Pio XI, ponía de relieve lo contradictorio que resulta ser socialista y cristiano a la vez. En fuerte contraste con esto, en la actualidad, cuando a Francisco I lo acusan de ser comunista, para el asombro de todos, dice que “son los comunistas los que son cristianos.”

San Juan Pablo II

Como católico, recuerdo con nostalgia a Juan Pablo II. El querido y recordado Pontífice decía que, si una empresa tiene éxito, quiere decir que se han satisfecho necesidades humanas debidamente y que “si por ´capitalismo´ se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de ´economía de empresa´, ´economía de mercado´, o simplemente de ´economía libre´.” Muy a contramano de éste espíritu, el actual Papa, dice que “el dinero es el estiércol del diablo”. Con ello no solo deja al Vaticano en una franca contradicción sino que llena de paradojas y culpas a empresarios con la nobleza y el espíritu de Enrique Shaw.

Maravillosas enseñanzas nos dejó también León XIII cuando se refería a aceptar las naturales desigualdades: “Afánense en verdad, los socialistas; pero vano es este afán, y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud ni la fuerza; y a la necesaria desigualdad de estas cosas le sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna, lo cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad…” 

También León XIII, respecto del camino hacia la prosperidad, afirmaba que la condición para aliviar a los pueblos, era la inviolabilidad de la propiedad privada. Sin embargo, sobre esto, el Papa Francisco, no pierde oportunidad para pasar mensajes hostiles al espíritu empresarial y a cualquiera que tenga un mínimo ánimo de superación. “No compartir con los pobres nuestros bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros bienes que tenemos, sino suyos”, dice Francisco I con su insistente prédica acerca del “destino común de los bienes creados” y la “subordinación de la propiedad privada en el destino universal de los bienes”

Es de esperar que desde instituciones influyentes y de respetables trayectorias, se reconozca claramente la importancia de la inviolabilidad de la propiedad privada, los valores morales del capitalismo y las autonomías individuales para el pleno desarrollo del ser humano y de su bienestar.

Bertie Benegas Lynch. Licenciado en Comercialización en UADE, Posgrado en Negociación en UP y Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Síguelo en @nygbertie

Liberales y libertarios, dos visiones conexas

Entrevista a BERTIE BENEGAS LYNCH, publicada el 20/2/19 en http://enfoquespositivos.com.ar/liberales-y-libertarios-dos-visiones-conexas/

 

BERTIE BENEGAS LYNCH y su equilibrada postura, en esta entrevista

Entre el característico bombardeo de información y de fake news propios de esta época preelectoral, y con un calor agobiante en Buenos Aires, los argentinos transitan la ciudad algo perplejos porque ven a su Presidente con una costosa comitiva visitando especiales países del mundo, intentando vender productos locales, casi por unidad. Aunque dentro de esas noticias apareció una buena hoy, como lo será, de confirmarse la versión, que en el ámbito de Defensa se desarmó (¿Se neutralizó?) una maniobra agresiva por la cual un grupo de operadores políticos intentaba quedarse con una “caja” de los Militares, hecho del que todos probablemente estemos mejor informados en la tarde de hoy.

Mientras tanto, también hay que reconocer algo saludable, como lo es el hecho de que si bien crecen por estos días y amenazan con instalarse más fuerte todavía los debates de la “baja” política, también hay otros algo más elevados que apuntan a conmover e incentivar a los ciudadanos pensantes, proponiendo reflexiones que ayuden a sacudir esa cansadora batería de pensamientos y acciones que se repite desde hace tantos años en la Argentina.

En la presente Edición del Portal el lector descubrirá los buenos entrevistados de siempre, entre los cuales estará hoy el protagonista de la presente nota, BERTIE BENEGAS LYNCH, un joven estudioso de la Economía que viene de una familia de tradición liberal. Reconoce a su padre y a su abuelo como grandes influencias en sus valores personales, en su profundo amor por la libertad y en la importancia de cultivar la independencia de criterio y la razón. Consta de ello en la dedicatoria que Bertie les hace a ambos en la edición de su tesis de la maestría en Economía y Administración de Empresas.

A la educación que le dio su padre -el conocido economista ALBERTO BENEGAS LYNCH (h)-, BERTIE la conecta con la frase de KRISHNAMURTI que dice que “la verdadera educación consiste en enseñar a pensar, y no qué pensar”.

Sostiene también este entrevistado, que independientemente de las actividades personales que cada uno lleve, es importante poner el granito de arena en la buena dirección para poder vivir en una sociedad donde prime el respeto mutuo.

Y agrega: “Cuando aparecen los Maduros, los Kirchner o los Castros, se debe a que un número suficiente de gente ha dado por sentado la libertad y ha dejado espacios vulnerables que los socialismos no tardan en cubrir. En este contexto, BERTIE nos recuerda dos citas, una de THOMAS JEFFERSON: “el precio de la libertad es su eterna vigilancia” y otra del DANTE con “los lugares más calientes del infierno están reservados para aquellos que en tiempos de crisis moral, se mantienen neutrales”.

Nuestro entrevistado ha escrito columnas de opinión en ÁMBITO FINANCIERO, INFOBAE y en THE INDEPENDENT INSTITUTE.

He aquí la nota:

¿Qué es ser un liberal, o un libertario (término éste último que se escucha ahora con más fuerza entre nosotros)?

“El liberalismo es una filosofía que tiene fundamentos esencialmente morales ya que, su principio rector, consiste en el respeto irrestricto a los proyectos de vida de cada individuo. También, como liberal, he adoptado y asumido la autocrítica que consiste en declararme totalmente incompetente y con desconocimiento total sobre lo que es bueno para mi prójimo. Esto último, sirve para ponernos un poco en caja, reconocer la imperfección del ser humano y evidenciar el sideral contraste que existe entre sistemas donde prevalecen las autonomías individuales y aquellos sistemas donde se imponen directrices desde una planificación central.

El liberal reconoce los derechos inviolables a la vida, la libertad y la propiedad privada. Asume también el hecho de que toda persona tiene distintos gustos y planes, distintas potencialidades y, en contextos siempre inciertos, cursos de acción cambiantes. Por eso, la mejor forma de que cada individuo maximice sus capacidades, será en un contexto de libertad y donde cada uno asuma los riesgos y los resultados de sus acciones.

En contraposición a esto, la planificación central se basa en un sistema donde un grupo de supuestos iluminados, a través de la fuerza, toman decisiones por todos los individuos. Friedrich von Hayek, Premio Nobel de Economía, acuñó la expresión “arrogancia fatal” para referirse justamente al presuntuoso espíritu del socialismo de manejar vidas y peculios ajenos”.

Habrá diferencias con los libertarios, ¿Cuáles son?:

“Los libertarios creen en el autogobierno, corriente también llamada anarco-capitalista. A diferencia de los anarquistas (que creen en la abolición de la propiedad privada y el caos), creen en la auto-organización, la organización privada mediante el interés personal y la cooperación social sin la existencia del estado.

Los libertarios en modo alguno justifican la violencia sobre la vida, la libertad y la propiedad de alguien. El liberal, por otro lado, admite la existencia del gobierno para funciones específicas como la justicia y la seguridad. Pero es cierto que, en rigor, la diferencia entre el estado mínimo y un modelo de estado más grande, es solo de grado y no de naturaleza. Concluyo por ello, que el libertarianism o libertarianismo, es una evolución más consistente del liberalismo”.

¿Qué opina un liberal acerca de una medida que impone un gobierno en pos del bien común?

“Primero debemos preguntarnos qué quiere decir el bien común y qué implica. El bien común debería ser entendido como la suma de los bienes individuales, es decir, que cada individuo pueda consolidar su plan de vida y el de su familia con su propio esfuerzo. Sin embargo, el bien común es un subterfugio para aplicar el redistribucionismo. Lo mismo ocurre con el término “justicia social”. Por qué a la justicia (dar a cada uno lo suyo) se le agrega el término “social”? Aquí también Hayek observaba con razón que, todo sustantivo seguido de la palabra “social”, se convertía en su antónimo. La llamada justicia social implica quitarle a unos lo que les pertenece para dárselo a otros lo que no les pertenece”.

Pero muchos sostienen que el redistribucionismo es solidario y tiene la finalidad de proteger los derechos de los menos afortunados y así brindarles igualdad de oportunidades …

“Vayamos por partes. Como primera medida, mantengamos como postulado el concepto de que todos tenemos derecho a la vida, la libertad y nuestra propiedad y nadie tiene derecho a la vida, a la libertad o a la propiedad de otros. El redistribucionismo justamente contradice ese postulado porque se basa en el saqueo, se basa en la acción violenta de quitar lo que le pertenece a alguien, de expropiarle el fruto de su trabajo. No hay ninguna diferencia con poner un camión de culata en la casa del vecino y robarle la heladera y las camisas. Eso no es solidario, eso es un robo.

El redistribucionismo es la herramienta del clientelismo apoyada en el conocido adagio, devenido en ficción popular, de Eva Perón que dice que, donde existe una necesidad, nace un derecho. La aplicación de esta filosofía tuvo éxito debido al fomento y la explotación política de la envidia y el resentimiento.

Se debe entender que el bien común, la justicia social y el redistribucionismo, no solo afecta derechos sino que también, afecta la seguridad jurídica, elemento indispensable para atraer inversiones. De más está decir que, quien resulta expoliado, no tendrá los mismos incentivos ni ánimo de superación que tenía cuando podía capitalizar el resultado de sus esfuerzos. Como consecuencia de todo lo apuntado, las tasas de capitalización y los salarios tenderán a la baja afectando, en mayor medida, al trabajador marginal.

No pensemos siempre que el atraco redistribucionista va del multimillonario al pobre. El multimillonario no verá tan afectado su nivel de vida. Hay que pensar más bien en los recursos que la justicia social le quitará al trabajador que, probablemente con dos trabajos, quiere hacerse su pequeña casa.

Y, respecto de la igualdad de oportunidades, es importante apuntar que la única igualdad, debe ser la igualdad ante la ley. Fuera de eso, la pretensión de igualar, además de ser impracticable, conlleva una lesión de derechos de alguien siempre”.

¿Hay acaso leyes que estén por encima de las libertades individuales?

“En el ´deber ser`, claro que no. En la práctica, miles. La gran mayoría. Es importante acá distinguir entre la ley y el derecho. Es la ley la que debe ajustarse al derecho. Los derechos son anteriores a la existencia de un Poder Legislativo, una ley que no se ajusta al derecho, es una ley ilegitima. Sin necesidad de ir a casos de regímenes totalitarios, basta echarle una mirada a la mayor parte de la legislación del llamado mundo libre para notar que están plagados de leyes expropiatorias, de leyes que van contra el derecho a la vida (como es el aberrante caso del asesinato en el seno materno) y contra innumerables libertades civiles. Como decía Alberdi para el caso argentino, nos libramos de los españoles solo para ser esclavos de nuestros propios gobiernos.

Para dar solo un ejemplo de libertades civiles afectadas, tomemos el caso del salario. ¿Qué es eso del salario bruto y el salario neto? Los que están en relación de dependencia, están acostumbrados a ello pero, si nos ponemos a pensar, es algo inadmisible! Además de ser expropiatorio, el gobierno paternalista, nos trata como idiotas. Y no estoy haciendo críticas hacia algún gobierno en particular, me refiero al gobierno como entidad.

En el recibo de sueldo, entre muchos descuentos inentendibles, queda expuesto que el gobierno retiene a todos los empleados parte del fruto de su trabajo destinado a jubilaciones o retiros. ¿Acaso no pueden los empleados disponer de lo ganado en su trabajo? ¿No son capaces de ser previsores? ¿No pueden contratar servicios de inversiones para administrar sus reservas de retiro? ¿No es respetable el hecho de que alguien quiera sacrificar parte de su jubilación en la educación de un hijo o atender un problema de salud familiar? Similares descuentos forzosos a empleados ocurren para fondear los vergonzosos mercados cautivos de las obras sociales sindicales.

Como si no fuera suficiente la expropiación, además se reciben pésimos servicios o constantes manoteos del estado a las cajas jubilatorias”.

¿Qué opinión tiene de la corriente feminista que vivimos?

“Como decíamos, la igualdad ante la ley es el principio suficiente para que nos respetemos. Nadie tiene más o menos derechos. El feminismo original luchó por esa igualdad ante la ley que la mujer no tenía. Pero ahora se pretenden privilegios. No existe el derecho de la mujer, ni el derecho del hombre o el derecho de un adolecente a las 3 de la tarde. Se puede abstraer el concepto y referirse simplemente a los derechos de todos los seres humanos. Si se escuchara hablar, por ejemplo, de los derechos de los jardineros, hay dos posibilidades: o se está haciendo referencia innecesaria al oficio de un ser humano o los jardineros están haciendo lobby para tener pseudo-derechos a costa de otras personas”.

¿Cómo le resulta el hecho de obligar a sumar más mujeres a las plantillas de empleados?

“Es importante preservar el derecho a la propiedad privada. Resulta absolutamente impropio que el gobierno dicte, legisle o se inmiscuya en acuerdos privados, libres y voluntarios. Las empresas deberían poder tener los criterios de contratación de empleados, criterios de selección de clientes y de proveedores que les venga en gana. No veo correcto forzar cupos. No solo es un ataque a la propiedad privada sino que las políticas de discriminación positiva, resulta también ofensivas para el grupo al que se quiere beneficiar. La contratación para cumplir un cupo es absurdo y vejatorio. Hay tantas mujeres capaces como hombres capaces. El talento no sabe de sexo.

Una empresa debería poder seleccionar solo mujeres o solo hombres si así lo quisiera. Salvo que se trate de un trabajo muy específico reservado a hombres o reservado a mujeres, el hecho de seleccionar por sexo, resulta ridículo. Las empresas buscan talentos, buscan impacto positivo en su estado de resultados, no penes o vaginas.

Si una empresa viene históricamente contratando solo hombres, por el hecho de ser hombres, está en su derecho y debería poder hacerlo pero, seguramente, se ha perdido de mucho talento femenino que aprovechó la competencia”.

Seguramente algunos lectores le dirían que está discriminando en muchas de las observaciones que ha hecho …

“Pero todos discriminamos. Saquemos esa idea negativa de la discriminación. Todos elegimos, preferimos, optamos entre diversas alternativas. Cada decisión implica discriminar. Discriminar es acción. El ser humano actúa y, al hacerlo discrimina. Yo ahora estoy charlando con usted cuando pudiera haber estado haciendo otra cosa pero, dada mi propia escala de prioridades, discriminé o deseché otras actividades para mantener esta charla”.

Bueno, eso creo que se comparte. La cosa se pone más picante cuando se discriminan personas, y tal vez sea así por una deficiente información

“Buen punto. Pero fíjese que, cuando decidimos casarnos con una mujer, discriminamos al resto. Discriminamos personas. Si hacemos una reunión en nuestras casas, invitamos a personas con las que nos divertimos y sentimos cómodos. Cuando contratamos un empleado o una empleada, valoramos sus competencias, presencia, preparación, estudios, etcétera. Si buscamos un jugador de basketball para que cubra la posición de Center, consideraremos la altura. Esto no quiere decir que los jugadores de menor estatura y que no contratamos, tengan menos derechos. La única discriminación inaceptable es cuando no existe la igualdad ante la ley.

Vale aclarar que, aunque seamos todos iguales ante la ley no quiere decir que un club privado no pueda rechazar mi aplicación como miembro por ser hombre, católico o por lo que sea.”

 

Bertie Benegas Lynch. Licenciado en Comercialización en UADE, Posgrado en Negociación en UP y Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE.

Conservadores y socialistas ante la moral

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 7/3/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/conservadores-socialistas-ante-la-moral/

 

Ninguno de nosotros es diestro a la hora de buscar pruebas que desmonten nuestras teorías y cuestionen nuestros valores, con lo que en ambos campos es relevante que interactuemos con los que no los comparten. Dice Jonathan Haidt en su libro The Righteous Mind: “Una vez que la gente se une a un grupo político, quedan atrapados en su matriz moral. Por todas partes ven confirmaciones de su gran relato, y resulta difícil, acaso imposible, convencerles de que están equivocados si razonamos con ellos desde fuera de su matriz”. Por eso la clave no es pensar que los del otro bando son perversos, sino que son tan sinceros como nosotros, pero su matriz moral es distinta, y eso es lo que hay que estudiar. Sugiere Haidt que los conservadores han ganado más elecciones que los demócratas en Estados Unidos por esa razón.

Muchas personas modestas, de las que la izquierda presume de ser representante exclusiva, votan a la derecha. Si partimos de la base de que nuestra matriz moral es necesariamente superior a la de los demás, entonces esa arrogancia nos llevará al error, e incluso a los reaccionarios dislates de tantos analistas progresistas que rápidamente saltaron al insulto cuando comprobaron que decenas de millones de mujeres y hombres normales y corrientes votaron por Donald Trump. Muchos nos hemos sentido avergonzados al leer o escuchar a supuestos expertos denigrando a esas personas, como si fueran taradas o fácilmente manipulables por el reaccionario Trump y su sucio dinero. Como si Hillary Clinton hubiese sido obviamente mejor que su adversario, o como si no hubiese gastado en su campaña más dinero que él.

Las personas no votamos en masa porque nos engañan sino porque creemos que es una opción moralmente buena…o menos mala que las alternativas. La práctica política demuestra que los partidos saben esto perfectamente, y por eso buena parte de sus esfuerzos la dedican a demostrar que ellos son buenos, moralmente superiores a los demás. La izquierda lo hace, hay que reconocerlo, mejor que la derecha, quizá por ese bloqueo moral que comentamos en un artículo anterior. Pero los nacionalistas no le van a la zaga.

El libro de Jonathan Haidt, a pesar de sus valiosas intuiciones, resultará posiblemente insatisfactorio para ambas partes. A los socialistas les gustará porque los asocia con la igualdad de oportunidades, pero no les gustará que diga que su filosofía de gobierno es errónea: “tiende a excederse, a cambiar demasiadas cosas demasiado rápido, y a reducir sin darse cuenta el stock de capital moral”. Los conservadores aplaudirán porque Haidt los considera mejores a la hora de preservar ese capital moral, pero rechazarán que los califique como “incapaces de frenar las depredaciones de ciertos intereses poderosos, y de percibir la necesidad de cambiar algunas instituciones a lo largo del tiempo”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE