Ridley Scott, Roger Birnbaum, Dami Moore, Suzanne Todd, Danielle Alexandra y David Twohy: NO ME PIDAN QUE LE PEGUE A UNA MUJER.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 2/6/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/06/ridley-scott-roger-birnbaum-dami-moore.html

 

Ridley Scott, Roger Birnbaum, Dami Moore, Suzanne Todd, Danielle Alexandra y David Twohy son los productores y guionistas de la película G.I. Jane, de 1997. El argumento en simple: la Teniente O´Neill entra en un programa de entrenamiento militar que no resisten ni siquiera la mitad de los varoncitos que lo intentan. Entonces ella, por supuesto, para demostrar la “igualdad de género”, entra. Y se aguanta todo.

El final es muy enternecedor. El Capitán Salem, que es uno de los machos hetero-patriarcales que le hace la vida imposible, casi muere en combate si no fuera porque O´Neill le salva la vida. Salem se despide de ella con una carta de agradecimiento muy caballeresca y un regalito. Algo que se hace con una dama, claro. Uf, los guionistas traicionaron, al final, a la igualdad de género.

Pero lo más interesante es que en el medio del duro entrenamiento, Salem tiene una pelea cuerpo a cuerpo con O´Niell –como era esperado con los varones-. Salem la mira desafiante como diciéndole “así que sos igual, no?”, y comienza a pelear con ella tirándole todos los golpes habidos y por haber. La lastima, sí, pero O´Niell no se queda atrás. Se defiende enérgicamente. Le pega duro. Es un empate. Bien. Ella triunfó. Es un igual.

Es el momento de decir algo que no viene al caso. Siempre me resultaron insoportables las pelis de entrenamientos militares, donde unos pobres tipos son torturados al límite para que supuestamente rindan en batalla. Habitualmente el sargento o lo que fuere, el malo malo malo, termina haciéndose amigo de los pobres torturados que le agradecen el servicio prestado. En fin, barbaridades de un mundo militar que nunca entenderé. No creo que sea ético pero, sobre todo, tampoco creo que sea efectivo, que sirva para algo. Pero en fin, Dios sabrá. No es mi mundo.

Por ende, hablando de igualdad de géneros, les cuento que yo nunca pegaría tampoco a un varón. Si me atacan, sin embargo, me defenderé, sea varón, mujer, trans, marciano o vulcano. Seguramente me hagan papilla pero me defenderé. Pero nunca atacaré, ni siquiera con la excusa de un supuesto entrenamiento, a nadie, ni varón ni mujer.

Dicho lo anterior, volvamos. Cuando Salem está haciendo papilla al bello rostro de O´Niell, los demás soldados, varones, bajan la cabeza. No entienden. Pobres, son unos hetero-patriarcales de miércoles. Creen que O´Niell es diferente. Qué horror.

Bueno, en un mundo donde los más diversos pecados mortales son alentados y aplaudidos, yo cometeré un pecado mortal tremendo y mal visto.

Afirmaré que O´Niell sí es diferente: es mujer.

¡Oh!

Y si, por más que los guionistas de esta película lo quieran, no, no le pegaré nunca a una mujer. A un varón tampoco, pero a una mujer, menos.

¿Por qué?

Las feministas creen que digo esto porque las considero inferiores, y me coloco en costumbres hetero-patriarcales de superioridad.

Ellas creen, por ejemplo, que si les digo “usted primero” es porque pienso “pobre, como eres mujer, pobrecita, pasa primero”. Como si le dijera a un afroamericano varón “pase usted” porque lo considero inferior.

Pero no, gente, es al revés. Nunca le pegaré a una mujer, y tendré con ella toda y absolutamente toda mi caballerosidad y dulzura, las trataré como la dama que es, precisamente porque es superior.

Es igual en dignidad, sí. Es igual en derechos y deberes, sí. Pero es mujer. Es diferente. O sea, mejor. Es la receptora de la vida. Es más dulce, más empática, más bella, más dulce, porque es mujer[1]. No son meros roles intercambiables. El ser humano no es una conciencia asexuada por un lado, y un cuerpo biológicamente masculino o femenino por el otro, con el cual esa conciencia asexuada pueda hacer lo que quiera y cambiárselo como una ropa que no le guste. No, cada ser humano es esencialmente varón o mujer. ¿Algunos no lo sienten así o no lo piensan así? Claro, después del pecado original, todo se desordenó. Pero “en el principio” no era así. Esa fue la respuesta de Cristo a sus apóstoles cuando elevó el matrimonio a sacramento. Allí Cristo restauró el orden del Génesis. ¿No creen en eso? Tienen todo el derecho. A no creerlo y a decir que no lo creenY yo tengo el derecho a creerlo y a decir que lo creo. Y, por lo tanto, a tratar a toda mujer como la dama que es, porque así creo que es el orden natural originario de las cosas. ¿Las feministas me quieren poner preso por eso? Que me pongan. Siempre podré seguir leyendo a Mises en la cárcel.

Así que sí, estimados Ridley Scott, Roger Birnbaum, Dami Moore, Suzanne Todd, Danielle Alexandra y David Twohy, no le pegaré a una mujer. ¿Les parece mal? Bueno, ¿quién los entiende? Si pegas a una mujer es violencia de género, si haces una peli donde se fomenta que se le pegue a una mujer, es defender la igualdad de género. Primero sean coherentes. Y después, no fomenten que se le pegue a una mujer. Jamás. Nunca. La mujer no es mi igual. Es mi superior.

 

[1] Y si no es así, se aplica la sabiduría de Santo Tomás: la corrupción de lo mejor es lo peor.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Optimismo vs pesimismo: no podemos tener certidumbre de los resultados, pero son mayormente positivos

Por Martín Krause. Publicada el 6/2/17 en: http://bazar.ufm.edu/optimismo-vs-pesimismo-no-podemos-certidumbre-los-resultados-mayormente-positivos/

 

Suelo leer regularmente, aunque no todo, el suplemente Ideas del diario La Nación, y suelo encontrar regularmente una visión monótona en sus artículos sobre temas sociales (no veo tanto aquellos sobre arte). Es una visión, digamos ‘políticamente correcta’ que, en buena medida, se contrapone con la línea editorial del diario, más bien liberal/conservadora. Pero claro, siempre se comenta que así es el mundo intelectual y artístico, y así se deja una mitad de la biblioteca de lado.
Por esa razón me llamó mucho la atención encontrar un artículo de Pablo Stefanoni, titulado “Optimismo vs. Pesimismo. La encrucijada global”: http://www.lanacion.com.ar/1979262-optimismo-vs-pesimismo-la-encrucijada-global
Más me llamó la atención cuando comenzó citando algunos autores que, además de, o tal vez por ser optimistas, son muy políticamente incorrectos. Por ejemplo, el profesor de Harvard, Steven Pinker. Dice Stefanoni:
“La mayoría de las personas posiblemente sonrían ante la tesis central del libro Los ángeles que llevamos dentro (2012) -del psicólogo experimental Steven Pinker- acerca de que nuestra época es menos violenta, menos cruel y más pacífica que cualquier período anterior de la existencia humana. Y posiblemente ampliaría su sonrisa al leer las respuestas de este científico en un artículo del diario El País titulado “Las paradojas del progreso: datos para el optimismo”. “La gente a lo largo y ancho del mundo es más rica, goza de mayor salud, es más libre, tiene mayor educación, es más pacífica y goza de mayor igualdad que nunca antes”, dice Pinker. Es cierto que, desde una perspectiva histórica, los datos están de su parte. Y más aún cuando menciona la “revolución de los derechos”, la repugnancia por la violencia infligida a las minorías, las mujeres, los niños, los homosexuales y los animales a lo largo del último medio siglo. Así, respecto de la esperanza de vida, mortalidad infantil, riqueza de las personas, pobreza extrema, analfabetismo, igualdad de género, el capitalismo parecería mejor que cualquier otro sistema previo. Y esto se profundiza si consideramos en el análisis a dos gigantes demográficos: China e India. En el mismo sentido, un artículo del economista francés Nicolas Bouzou en el diario francés Le Figaro convoca a enfrentar el “chaleco de plomo depresivo, antiliberal y nacionalista”. Allí envía a quienes piensan que el mundo está peor a “documentarse o tratarse la depresión”. La imagen elegida por el editor para ilustrar la nota es sintomática: un robot con una sonrisa en su “rostro”.”
También lo cita a Johan Norberg, aunque no su reciente último libro Progress: Ten Reasons to Look Forward to the Future, ya comentado en este blog. Excelente, pensé. Finalmente una visión alternativa en esta sección del diario. Pero, en definitiva, no. Empezando por la ilustración ‘pesimista’ del artículo:

¿Y ante tales noticias positivas? ¿Cuál sería la razón del pesimismo? El mismo Norberg está lejos de ser un ciego y alerta sobre los peligros del futuro. Señala que lo peor que podría ocurrir sería olvidar el enorme progreso alcanzado en estos últimos siglos a partir de las ideas del Iluminismo, la libertad individual y el progreso económico. Dice Stefanoni:
“El “maridaje” entre liberalismo y democracia no es intrínseco. Y la democracia requiere de un cierto entorno igualitario (no sólo económico) y el hecho de que los ricos no puedan decidir por encima del resto. Pero, además, el “proceso de civilización” lleva consigo la posibilidad de regresiones, incluso violentas, procesos de “descivilización”, y eso es lo que hoy está sobre la mesa. Esta des-civilización puede operar, no sólo como puro colapso, sino también como descivilizaciones cotidianas. Es cierto que los populistas de derecha mienten -ya se habla de la post-verdad en relación con el fenómeno de Trump- o que gran parte de la izquierda a menudo siente nostalgia por lo que “nunca, jamás, sucedió”. Y hoy, frente a la idea de que todo pasado fue mejor, aparece una defensa del capitalismo actual en el sentido de que el mundo “jamás fue tan bueno”. Pero si uno de los objetivos del “proceso de la civilización” es lograr certidumbres respecto del futuro, ahí el sistema actual hizo agua.”
Comparto con el autor que han caído las utopías, pero es utópico pretender también que existe una organización social que garantice la certidumbre. Si hay algo que no conocemos es el futuro. Tal vez, donde solamente se la pueda encontrar es en el cementerio. El capitalismo es así: no garantiza certidumbre, pero muestra resultados incomparables. Había más certidumbre en el feudalismo: si nacías campesino, morirías campesino (y bastante rápido). También en el comunismo: te garantizaba una vida mediocre y pobre pero sin sobresaltos, a cambio de todas tus libertades.
No podemos tener certidumbre de los resultados (aunque en su gran mayoría son positivos) y existen amenazas, pero puede ser una de ellas pretender cambiar certidumbre por libertad.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).