DEL ABORTO CLANDESTINO AL TOTALITARISMO CLANDESTINO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 20/6/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/06/del-aborto-clandestino-al-totalitarismo.html

 

El argumento sobre el problema de los abortos clandestinos es uno de los más importantes a favor del aborto legal. Pero es una lástima que a partir de esa genuina preocupación, haya habido otro tema que se filtró en la clandestinidad.

Primero parecía que el debate era la des-penalización, esto es, agregar causales de despenalización a las ya existentes hace muchas décadas. Hasta allí, ninguna sorpresa. Yo estaba en desacuerdo, pero era esperable.

Luego se agregó el debate de si los hospitales públicos debían prestar servicios de aborto como solución a la primera cuestión. Obviamente muchos dijimos que no, pero entendíamos que la mayor parte de los argentinos estuvieran de acuerdo con que los  hospitales públicos prestaran servicios aparentemente gratuitos. Nada es gratis pero hace varios milenios que los argentinos piensan que sí.

Hasta allí, toda era “esperable”. Yo podía estar en desacuerdo, pero no podía  asombrarme de nada.

Pero lo que subrepticiamente se agregó, ante la desinformación y el silencio adrede de muchos, es que la práctica iba a ser obligatoria para los hospitales privados, con una supuesta objeción de conciencia tan difícil de firmar como todos los clásicos trámites de la burocracia argentina, y sin ningún tipo de libertad institucional.

Allí tenemos al totalitarismo clandestino de la mayor parte de los abortistas, porque todos, o casi todos ellos, estuvieron de acuerdo con esto último como si no fuera nada, revelando con ello hábitos de pensamiento totalitarios típicos, lamentablemente, de la cultura argentina.

Desde luego, ninguna incoherencia hay que reclamar a la izquierda totalitaria de siempre, marxistas totales en su modo de pensar, para los cuales las libertades individuales no son más que la superestructura del pensamiento burgués explotador.

Pero vamos a pasar a examinar tres grupos, dos de los cuales conozco muy bien.

Muchos católicos, desde luego, están reaccionando con coherencia. Muchos de ellos son abogados constitucionalistas que siempre han defendido las libertades individuales clásicas y saben bien lo que significa la libertad religiosa, de asociación, etc.

Otros, en cambio, han defendido casi a muerte, como parte del Credo, a los llamados derechos sociales a la salud y la educación. Desde MUY arriba. Y han acusado permanentemente de herejía a los liberales católicos que hemos pensado siempre lo contrario.

Inútiles fueron las “heréticas” advertencias que los católicos liberales hemos hecho contra ese estado de bienestar. Esos derechos sociales tienen como sujeto pasivo de obligación al estado. Y si el estado pone los fondos, va a poner los contenidos y las condiciones.

Eso ya está pasando en educación hace tiempo en temas de educación sexual, donde hay planes obligatorios para todos los colegios, privados también, pero la sangre no llegó al río porque la solución que encontraron fue “a la argentina”: los colegios privados católicos hacen en el fondo lo que quieren (y está muy bien, se llama derecho a la resistencia a la opresión). Pero, cuidado, porque los tiempos están cambiando: ya sus propias alumnitas con pañuelos verdes se encargarán de denunciarlos a las autoridades correspondientes…

Y en salud, lo mismo. Todos muy tranquilos de que insólitas y carísimas cuestiones se agregaran al “plan médico obligatorio”, pero todos haciendo la venia porque todo ello era un “derecho social”.

Pero claro, ahora, con esto, no.

En fin: ¿no es un poco tarde?

¿Qué suponían que iba a pasar, con tanto poder otorgado al estado desde los años 30, donde el feliz Pío XI creía que todo se arreglaba pactando con Mussolini, ante la azorada vista de Mons. Montini, y Luigi Sturzo echado por el mismo Vaticano fuera de Italia? Igual que los católicos que pensaban que todo estaba bien con un ministro de educación “católico”, y por supuesto con Onganía y con Videla en primer lugar. Claro, las cosas han cambiado. El poder va ahora para otro lado. Con luchar SIEMPRE contra el poder, como siempre han hecho los “heréticos” católicos liberales –desde Lord Acton, Rosmini, Montalembert, hasta llegar a M. Novak, Leonad Liggio, Sirico, Gregg, Chafuén etc.- los católicos hubieran tenido mayor autoridad moral. Pero no, por supuesto. ¿Ellos son los herejes, no, nacionalistas católicos? ¿No, revista Cabildo?

¿Y qué decir de la objeción de conciencia? Cuando los testigos de Jehová se pudrían sistemáticamente en la cárcel, sólo yo, un irrelevante total, y si mal no recuerdo el gran Germán J. Bidart Campos, fuimos los únicos que defendimos su objeción de conciencia. ¿Los católicos? Mm….. Y sobre todo los que creían que los gobiernos militares eran “el estado católico”. ¿No, revista Cabildo?

¿Qué autoridad moral tienen ahora para hablar de “libertad”? (Ah me olvidaba: la libertad es sólo para la verdad, el error no tiene derechos, el liberalismo es pecado, la Quanta cura es ex catedra, la declaración de Libertad Religiosa del Vaticano II es herética y fuente de todos los males, etc etc etc……………).

Y por supuesto allí están los grandes partidarios de las teologías marxistas de la liberación (cuyo fundador es hoy un santo en vida en el Estado del Vaticano) y los grades teólogos de la teología del pueblo. Para ellos el aborto es fruto del capitalismo, y el capitalismo es igual al FMI. En eso piensan igual que los de Cabildo: para los primeros la nación católica se da en las villas; para los segundos, en las dictaduras católicas de derecha. Pero para unos y otros, sólo el pueblo católico, contra el liberalismo y el capitalismo, terminará con el aborto. Por ende, más poder al estado, por supuesto, pero cuando el estado es Macri, ah, allí se acuerdan de la liberación los unos, de la libertad los otros.

Pasemos ahora a un grupo más incoherente: los libertarios pro-aborto. Pero no, no me refiero a los que pedían la des-penalización y nada más, aunque cabe confesar que tardaron mucho en aclarar “y nada más”. Me refiero a esa grupo de jovencitos que salieron (y salen) a defender ESTA ley como si se tratara de los precios libres. Gente que dice estar en contra de todasalud pública, de toda prestación estatal de servicios de salud, salieron a defender alegremente un servicio estatal “gratuito” de aborto. ¡Santa coherencia Batman!!! Mama haceme grande, que cuando llegue el aborto, incoherente me hago solo. Y siguieron y siguen festejando ESTA ley,  que obliga a los privados a hacer lo mismo que el servicio estatal. Gente que dice defender la propiedad, la “no agresión”, etc.: cuando llega el aborto, ¡avanti con la agresión a los privados! ¿Y de la libertad de conciencia, de la libertad religiosa? ¡Ni se acordaron!!!! ¿O en el fondo Ayn Rand los convenció de que mejor desaparezca esa sarta de místicos ridículos? ¿Saben en el fondo qué es la libertad religiosa, o la defienden sólo para que esos imbéciles creyentes se dejen de jorobar? ¿Por qué no se sinceran? ¿Cómo pueden no reconocer la aberrante contradicción en la que han caído, la aberrante falta de principios al no importarles en absoluto la libertad de conciencia? ¿O tenemos en todo esto una prueba de que estos jovencitos NO se salvan de la banalidad del mal y de la liviandad intelectual simplemente porque defiendan la libertad económica?

Y finalmente pasemos al tercer grupo, del cual voy a poder decir muy poco. Porque de los otros dos, por lo menos sé qué les pasa por la cabeza. Pero de Macri y los pro-aborto-pro, ya no puedo decir lo mismo, porque sencillamente ojalá les pasara algo por la cabeza. Comenzando por Macri. Si se trata de banalidad del mal, otro que bien baila, como comenzó a mostrar desde sus inefables globitos amarillos. Cabe reconocer, a los dos primeros grupos de incoherencia, la mínima seriedad de sus autores, desde Pío IX,  Gustavo Gutiérrez o Murray Rothbard. Pero en este caso, qué, ¿Durán Barba? OMG……..

¿Qué tenía en la cabeza cuando salió con “la necesidad del debate”? ¿Acaso en una democracia parlamentaria los diputados y senadores no pueden debatir lo que quieran, sin tener que esperar su aliento? Y si ese hubiera sido el caso, ¿ni siquiera su liderazgo presidencial podía salir en defensa de la no invasión del estado a los servicios privados? Obviamente, no. Macri no se da cuenta –como de infinitas cosas- de que al haber permitido, alentado y hasta negociado la ley del último jueves ha hecho algo tan grave como salir a defender a Maduro, si lo hubiera hecho. Lo que Macri ha hecho es una estupidez de lesa gravedad institucional y de lesa gravedad moral. Y de nula capacidad de liderazgo. Un horror. No sé quién tiene que competir con él en el 19 para que se lo pueda votar como mal menor –porque así fue votado por muchos-: si Idi Amín Dada, Stalin, Hitler, Pol Pot, Mao o Ho Chí Minh. No estamos lejos: por ahí Durán Barba se lo recomienda. Vayamos poniendo las Barbas en remojo.

Mientras tanto se vienen todos los demás totalitarismos clandestinos. Ya no es posible tener la propia opinión sobre la sexualidad sin caer en delitos de odio o discriminación, ya no será posible hablar con “o” sin caer en delitos del lenguaje, ya será delito una pareja heterosexual, ya será delito NO preguntarle al “ser humano” de qué sexo quiere ser. Y mientras tanto tenemos a los grandes genios en el “Ministerio de Economía”, tratando de “controlar al dólar”. ¿Qué harán, ponerle un bozal?

Argentina, un país inviable en medio de un mundo enloquecido.

¿Cuándo llega la abducción extraterrestre?

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Proteger a Jaime

Por José Benegas. Pubicado el 18/7/13 en http://josebenegas.com/2013/07/18/proteger-a-jaime/

Una de las reflexiones posibles ante grandes casos de corrupción es decir “con esa plata se podría haber hecho…” tal obra. Pero no es la única, se podría pensar en los efectos benéficos de que la gente no hubiera sido despojada de recursos para ella misma aplicarlos a sus necesidades. Sin embargo los políticos de la oposición o quienes comentan estos problemas en los medios jamás, ni una sola vez que yo lo haya visto al menos en la última década, piensan en el mal llamado “contribuyente” convertido en un siervo de la gleba cuya billetera está al servicio de la bondad de los políticos (todos sabemos que lo que caracteriza a los políticos a diferencia de a nuestros vecinos, amigos y conocidos, es la bondad ¿no?) y los opinadores.

La víctima del desfalco público no es el propio público según el dogma general, sino el estado, el dios omnímodo de la Argentina. Por eso en su momento el señor De Vido inventó aquello de que el caso Skanska era un problema de corrupción “entre privados”. Porque ¿a quién le importan los privados?

Sin embargo con el kirchnerismo tenemos una cuestión de magnitud que cambia la física de la cuestión. Si comparamos los más de dos años de prisión efectiva que le tocaron a María Julia Alsogaray porque se consideró que no pudo justificar 500 mil dólares (en un proceso con la carga probatoria invertida), a que se la sigue mencionando como el estereotipo mismo de la corrupción y se observa como casi todos los que la consideraban la enemiga pública número uno o están con este gobierno o han estado en algún momento o estuvieron durmiendo la siesta mientras se construyó un estado paralelo completo al servicio del patrimonio de una familia que ya tenía antecedentes comparables a los de Idi Amín Dada. Si como ya sabemos un ex presidente cuyo nombre se le pone hasta a las macetas era un recaudador de bolsas de millones de euros de empresas enteras adquiridas mediante la extorsión del estado ¿Entonces cuál es el hilo conductor entre la anticorrupción de la década del noventa y la pro corrupción de esta década miserable? ¿Será la misma que existe entre estar mirando de afuera o estar mordiendo?

Hoy hasta los jardineros de los Kirchner superan a cualquier posible imputación a María Julia Alsogaray. Hasta los “artistas populares”, los servidores fascistas de la propaganda oficial, recaudan más a la luz del día que los cucos del pasado y lo hacen de manera descarada mientras se tatúan la cara del Che Guevara en las nalgas.

En la década del 80 y las anteriores había una sideral corrupción estructural, cuya solución era el cambio de reglas de juego económicas. En la década del 90 la corrupción estuvo en los negocios del estado, pero muchos de esos negocios eran benéficos en el sentido de desmembrar a la corrupción sistémica que existía por ejemplo en las empresas estatales. En la década K, que juntó al autor de “Robo para la Corona” con su protagonista, el estado argentino por completo es una caja personal para enriquecerse, enriquecer a los propios y perseguir a los extraños, asaltar al sector privado y repartirlo entre una pequeña oligarquía. Es decir, de la corrupción estructural de los 80 nos hemos pasado por completo a la corrupción como sistema político. Un totalitarismo basado en el latrocinio.

En los 80 no había rincón del estado en el que no hubiera negocios turbios. Hoy el estado es un patrimonio capturado que está al servicio de una banda que es mucho mayor que él, donde hasta los gobernadores, intendentes, el Congreso y la Justicia se ven chiquititos. El Tesoro, la ANSES, la AFIP, la Aduana y el Banco Central son como la tarjeta de crédito personal de la presidente y casi todos los grandes negocios del país están a su servicio cuando directamente no les pertenecen bajo cuerda.

Así debemos observar este problema porque no es que le han robado al estado, sino que se han robado al estado entero.

Así es también como nos encontramos frente al caso del señor Ricardo Jaime, protegido por el sistema judicial hasta que se enojaron con la dueña. Dentro del éxito del sistema de propaganda pareciera que este señor fuera el María Julia Alsogaray del momento, a pesar de que ella no le podría seguir el tren de gastos ni a él ni a los secretarios privados de la señora en jefe, ni a su chofer.

Jaime no es protagonista de nada, es un actor de reparto de una obra en la que recibió buenas propinas. Ricardo Jaime es mucho más valioso por lo que tiene para contar que por lo que merece ser castigado. Y nuestro problema es como sacamos al estado y a la economía extorsionada del monedero de los K. Esa es la magnitud de la cuestión, no las fojas del expediente de uno solo de estos soldaditos.

Es aquí donde entiendo que esto requiere una media política, más que una solución judicial particular. El estado (como legalidad) tiene por prioridad salir de ese monedero como en los finales de la década el 80 había que desbaratar la corrupción estructural. Jaime entonces, como otros protagonistas secundarios de la década miserable debieran recibir protección de una ley para hablar, bajo la condición de devolver las migajas del botín que ellos mismos conservaron.

Lo quieran ver o no los ángeles caídos de la caja que están pensando en heredar este problema, hoy es imposible imaginar cómo se manejarán las riendas del gobierno sin quebrar  a este sistema hasta en sus más recónditos rincones. No hay pacto posible con la banda, porque la banda se apoderó del país entero.

Nadie podrá manejar a un gobierno encerrado en una bóveda, el problema es aquí el sistema y sus dueños y no tanto la gerencia.

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.