La Argentina está muy lejos de ser un país democratico

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado el 21/2/21 en: http://www.laprensa.com.ar/499328-La-Argentina-esta-muy-lejos-de-ser-un-pais-democratico.note.aspx

La palabra democracia implica muchas cosas; muchas más, de hecho, que no ser gobernados por militares. Casi cuarenta años después, los argentinos seguimos sin comprenderlo.

Ontológicamente, democracia es una palabra que denota al gobierno del pueblo. Implica, por tanto, no solo que el demos pueda elegir a sus gobernantes cada tanto tiempo, sino también, rotación en los cargos de poder y un sistema sencillo y diáfano para que cualquier ciudadano tenga chances reales de ser parte de esa rotación. Los sistemas de acceso a las magistraturas pueden, en tal sentido, ocultar autoritarismos dentro de democracias, en tanto y en cuanto la posibilidad real de cumplimentar los requisitos formales para postularse sean, como son en argentina hoy, una barrera férrea casi imposible de vencer.

De fondo, a su vez, e independientemente de los diversos sistemas electorales, una sociedad democrática es una sociedad de iguales frente a la ley. Es democrático por tanto todo aquello orientado a abolir derechos de sangre, linajes y prerrogativas ancestrales, y deja de serlo todo aquello que favorece la creación de una casta con privilegios. Es por eso, de hecho, que todas las acciones de discriminación positiva, a pesar de lo mucho que se discurse, se milite y se escriba al respecto, son difícilmente conciliables con verdaderos sistemas democráticos. Pero no profundizaré al respecto en este artículo.

El vacunagate ocurrido esta semana, no deja de ser una muestra más de que Argentina, por mucho que nos llenemos la boca con el término, está muy lejos de ser un país democrático. Sí, cada tanto se suceden elecciones; sí, cada tanto elegimos gobernantes, pero lo cierto es que independientemente de esa voluntad del demos que se manifiesta de vez en vez, en la práctica, existen ciudadanos de primera, de segunda y de tercera, y así como la vacuna estuvo disponible ipso facto para quienes tenían el teléfono del ex ministro de salud, otros tantos asuntos públicos se resuelven sin que medie la necesaria igualdad ante la ley. 

Nótese al mismo tiempo un detalle que no sorprenderá a ningún lector que conozca algo de historia del Siglo XX: tal como ha ocurrido en todos los países socialistas y comunistas, cuanto más se habla desde el poder político de igualar económicamente a la sociedad, cuanto más se trabaja para enfrentar cínicamente a ricos con pobres, más se recrea un establishment pétreo, privilegiado y antidemocrático, que se nutre de creciente concentración de poder y riqueza para sí y su entorno personal.

VERBITSKY Y EL PATA MEDINA

No sorprende entonces que la misma semana que Verbitsky admite haberse vacunado haciendo gala de su relación personal con el poder, también se hayan visto las obscenas imágenes de celebración del sindicalista de la UOCRA conocido como Pata Medina tras su liberación, coronadas con el aberrante latiguillo de “Soy peronista, quiero vivir mejor”. Tampoco sorprende que días antes, gran parte del arco político oficialista haya pedido por la liberación de los supuestos presos políticos, Amado Boudou y Milagro Sala y tampoco sorprende que en las mismas horas, Sala, procesada en 15 causas judiciales, haya integrado junto a Alberto Rodríguez Saa, una de las fórmulas que pretendían gobernar el Partido Justicialista. Sí, todo lo anterior ocurrió también la misma semana que Hugo Moyano declaraba que su hija “se rompe el orto laburando para juntar manguito por manguito”, mientras la justicia le hacía devolver a ésta casi medio millón de dólares en una causa por narcotráfico.

Hace muchos años un amigo me resumió Argentina como un país en donde los organizados tienen privilegios y los desorganizados (o los de a pie, en sus propias palabras) solo obligaciones y cargas. Tomábamos un café en un bar porteño, y con esa sabiduría de los que observan la realidad con atención, levantó un dedo y me señaló a un encargado que barría la vereda. Con el dedo aún en el aire, entonces me dijo: “Mirá, ese tipo gana por mes cuatro veces lo que se lleva un kiosquero que está 12 horas por día metido en un sucucho, pagando impuestos y cumpliendo regulaciones. Encima tiene vivienda garantizada, vacaciones y un montón de privilegios, ¿sabes por qué? Porque él está organizado en un sindicato que a su vez tiene contactos y negocios con el poder, el kiosquero no”.

De aquella conversación han pasado más de diez años y, sin embargo, sus palabras me siguen resonando cada vez que se vuelve evidente que la Argentina está gobernada en la realidad, por un establishment decadente que cruza todo el arco político, sin distinciones de banderías. Un statu quo que vive de espaldas al sentido común del pueblo; que defiende causas absurdas como la provisión de tampones gratuitos en un país con 62% de niños pobres; que nos enrostra su obscena y mal ávida riqueza, que llama `presos políticos’ a delincuentes groseros, que intenta hacer sentir culpable a un jubilado si trata de escaparle a la inflación comprando dólares, o que llama oligarca a un tipo que se levanta a las cinco de la mañana para ganarse el pan, enfrentando las inclemencias que el campo siempre tiene preparadas.

FINAL DE EPOCA

 Me atrevo a decir, que Argentina transita un peligroso final de época en el que el absurdo se hace evidente, la paciencia se acaba y las diferencias entre ‘los organizados’ y ‘los de a pie’, se extreman. Tras más de una década sin real crecimiento económico, viajando estrepitosamente a niveles de pobreza e indigencia inusitados y recibiendo con vergüenza declaraciones como las de Edgar Chagwa, actual presidente de Zambia, que días atrás puso a nuestro país de ejemplo de aquello que la nación africana no quiere llegar a ser, la verdad de que por delante viene una crisis atroz, se vuelve ineludible.

 Churchill supo sintetizar con su “sangre, sudor y lágrimas” el espíritu de aquello que la sociedad británica estaba a punto de enfrentar. No me atrevo al intento de decir tanto, con tan poco. Pero sí puedo afirmar que los meses y años venideros serán un antes y un después para el que nuestra sociedad aún no está preparada y mientras el establishment se rie a las espaldas de los de a pie, éstos comienzan a adquirir lentamente una leve conciencia del problema; conciencia que derivará, más antes que después, en esa organización del sentido común que tanta falta le hace a nuestra querida patria.

 La taba está en el aire y ya comienza a caer.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad

De la situación actual se puede salir con mucha ciencia y docencia sobre la realidad económica

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 23/10/18 en: https://www.infobae.com/economia/2018/10/23/de-la-situacion-actual-se-puede-salir-con-mucha-ciencia-y-docencia-sobre-la-realidad-economica/?fbclid=IwAR3e-yK65yPQjn2lO0l5J3GQ-yNQXV7SpF8Toe-JM4PL8iQiCZApgEHWr2U

 

Diputados del oficialismo y de la oposición se pusieron de acuerdo para aumentar los impuestos
Diputados del oficialismo y de la oposición se pusieron de acuerdo para aumentar los impuestos

La situación económica llegó a un punto en el cual la dirigencia política está dando un espectáculo patético.

El Gobierno relatando la crisis como si hubiese caído del cielo. Como si fuesen simples relatores de un partido de fútbol. Encima, ofrecen escasas propuestas de soluciones con ciencia e insisten con una postura de buena onda que, a esta altura del partido, luce casi irresponsable.

Por el lado de la oposición tenemos al peronismo tradicional que solo parece decir que es una barbaridad lo que está pasando, pero no se les cae una idea para ofrecer una salida consistente. Se limitan a decir que de esta crisis se sale con crecimiento, no bajando el gasto público, baja del gasto público, que brilla por su ausencia, baja que ellos entienden que eso es el ajuste.  Propuesta absurda que no tiene en cuenta que la economía argentina no puede arrancar empujando el pesado vagón del Estado. No hay suficientes caballos de fuerza en el escuálido motor del sector privado para mover semejante aparato estatal a nivel nacional, provincial y municipal.

Finalmente, el papel más deplorable lo hace, como de costumbre, el  kirchnerismo que es el responsable de habernos metido en este campo minado del cual se puede salir pero con mucha ciencia y abundante docencia económica para que la gente comprenda el sentido de las medidas que hay que adoptar, que por cierto, no son las que está adoptando el gobierno, que se empecina en ofrecer, como toda propuesta económica, discursos de optimismo y entusiasmo.

Obviamente, ni que hablar del sindicalismo, en gran medida corrupto y oportunista, con un Hugo Moyano que primero estuvo aliado con Néstor Kirchner, luego se pasó a la oposición, se juntó con el macrismo y ahora está diciendo que en la época del kirchnerismo las cosas estaban mejor. El grado de cinismo del sindicalismo llega a los niveles que estamos acostumbrados a ver en esa dirigencia pero incluso ya supera la media histórica.

Lo concreto es que casi nadie de la dirigencia política argentina se anima a contar la realidad. Que venimos de una larga decadencia económica que fue potenciada por el kirchnerismo hasta niveles insólitos con un nivel de gasto público récord histórico y de deplorable calidad. Un país que ha sido devastado en su infraestructura por el kirchenerismo, destruyendo el sistema energético, las rutas, los puertos, el stock de gas, el transporte público, doce millones de cabezas de ganado y el listado sigue.

El peso del gasto público es infinanciable

Si uno tiene en claro que este nivel de gasto público es infinanciable por el sector privado y que la carga tributaria que dejó doce años de gobierno K destruye al sector privado y desestimula cualquier proyecto de inversión, es evidente que recuperarnos va a llevar muchos años y sacrificios importantes.

Porque los países pueden recuperarse de una guerra, pero es mucho más  complicado recuperar un país que destrozó el respeto a la propiedad privada; un Estado que incumplió con sus contratos; que es defaulteador serial y confiscador de activos (corralito, corralón, default con festejo de los políticos incluido, confiscación de los depósitos, de los ahorros en las AFJP y pesificación asimétrica).

Diputados aplaudieron de pie la iniciativa de anunciar el defauult por el ex presidente Adolfo Rodríguez Saá, a fines de diciembre 2001 (Getty)

Diputados aplaudieron de pie la iniciativa de anunciar el defauult por el ex presidente Adolfo Rodríguez Saá, a fines de diciembre 2001 (Getty)

En fin, es más fácil recuperar un país que viene de una guerra que un país que destrozó sus instituciones.

Las casas, los caminos, las cañerías se reconstruyen con plata. Reconstruir la confianza en las instituciones de un país ya son palabras mayores. Para reconstruir las instituciones de un país, se requiere, en primer lugar, de una dirigencia política que esté dispuesta a dejar de lado el populismo y cambiar su discurso.

Un discurso que no aporta soluciones concretas

La realidad es que hoy ese discurso no se ve ni en la oposición ni en el gobierno. Entre ellos hay una competencia por ver quien otorgó más planes sociales.

El Gobierno muestra como un logro destinar más del 60% del Presupuesto en programas sociales, cuando debería ser la muestra cabal del fracaso de la política económica. Es más, el principal argumento que parece tener para no cambiar se limita a decir es que es esto o vuelve el kirchnerismo, es un discurso extorsivo que no formula una propuesta superadora hacia el futuro. El problema es que la gente está haciendo un enorme sacrificio para sostener los planes sociales, la burocracia estatal, los jubilados que nunca aportaron y demás gastos estatales, sin ver una luz al final del túnel.

Atención, no vaya a ser cosa que, cansada de no ver un camino de salida, el gobierno, por jugar con la extorsión de la vuelta del kirchnerismo, termine cansando a la gente que no le encuentra sentido al sacrificio que está haciendo.

Desde el punto de vista electoral, la cuenta es muy fácil. Entre gente que recibe planes sociales, jubilados y empleados públicos a nivel nacional, provincial y municipal, tenemos 21 millones de personas. Los que pagamos ese fiesta populista somos solo 7 millones.

Para el político que está pensando únicamente en las próximas elecciones, es más fácil apostar al populismo redistributivo argumentando que es para frenar una crisis social con derivaciones imprevisibles, que ponerse a desarmar ese monumental Estado financiador de la vagancia y el clientelismo político.

Hay que achicar el ministerio de la felicidad que maneja Carolina Stanley, que reparte miles de millones de pesos del sufrido contribuyente y agrandar las condiciones para que sean premiadas la capacidad de innovación y la cultura del trabajo y no castigados, como lo son actualmente por un Estado voraz que no logra que recursos algunos le alcance para financiar un populismo con el que nadie se anima a terminar.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

¿Por qué va a bajar la inflación?

Por Iván Carrino. Publicado el 9/5/16 en: https://igdigital.com/2016/05/por-que-va-bajar-la-inflacion/

 

Luego de 10 años de tener una de las inflaciones más altas del mundo, el problema no parece resolverse con el cambio de gobierno. En la nota de hoy intentaré explicar por qué, a pesar de esta percepción, hay motivos para creer que los precios reducirán su vorágine alcista.

De repente todos estamos preocupados por la inflación.

Y cuando  digo todos me refiero no solo a los que siempre nos pareció un tema de importancia, sino también a aquellos que, hasta hace unos meses nada más, creían que:

1. la pérdida de valor de la moneda era un tema menor que sólo afectaba a los ricos, como dijo Amado Boudou,

2. que un poco  de inflación era deseable, porque mostraba que el país estaba en crecimiento, como afirmó alguna vez Hugo Moyano,

3. o que incluso cuando fuera algo indeseable, el gobierno no era responsable de ninguna manera del asunto, como afirmó la tristemente célebre ex presidenta del Banco Central.

Desde esta otra vereda siempre sostuvimos lo mismo. La inflación es un problema, especialmente cuando alcanza los astronómicos niveles que alcanzó durante el kirchnerismo. Y es un problema de origen monetario. Cuando sobran pesos, el valor de cada peso comienza a caer y eso se ve reflejado en la presión al alza de los precios.

En mi nota de hoy buscaré explicar por qué la inflación va a reducirse en la segunda mitad del año.

Lo que estamos viviendo en esta primera parte no es estrictamente lo que acabamos de describir. Claro que hay una inflación de origen monetario que se debe a la enorme cantidad de pesos que el Banco Central emitió el año pasado para financiar a la política. Esa cifra ascendió a $ 177.000 millones en 2015.

Pero esto no es todo lo que explica que, por ejemplo, la suba del Índice de Precios al Consumidor en abril se haya ubicado entre el 5% y 7% mensual.

No. Lo que explica esas altas tasas de variación es el proceso de sinceramiento de la economíaque no debería llamarse inflación. Lo que vemos hoy es el fin de la política de congelamiento tarifario tanto en el sector eléctrico como en el de transporte. A corto plazo, esta medida impacta de lleno en el IPC, ya que sube el precio de los servicios congelados sin que baje el del resto de los productos.

Ahora en el largo plazo la cuestión es diferente.

En primer lugar, un menor gasto en subsidios a estas empresas tenderá a reducir la emisión monetaria destinada a cubrir el déficit que éstos generaban. A corto plazo, el ajuste impulsa al alza al IPC, mientras que a largo plazo, reduce la inflación por el menor gasto en subsidios.

En segundo lugar está la política monetaria. De diciembre a abril, el Banco Central absorbió $ 51.000 millones de base monetaria. Esto hizo reducir el ritmo de emisión desde el frenético 40,5% anual de diciembre al 27,2% actual. En este sentido, los que coincidimos en que la inflación del kirchnerismo se debió al desenfreno en la fabricación de pesos, no podemos no ver que la reversión de esa política terminará por reducir el ritmo de aumento de los precios.

No digo que esto tenga que darse de manera inmediata. Después de todo, lleva un tiempo hasta que el cambio en la política monetaria tiene su efecto en los precios. Además, como mencionábamos más arriba, esta nueva política se da en conjunto con el sinceramiento de las variables, lo que no deja ver con claridad su efecto “desinflacionario”.

Menor actividad

Ahora como el Banco Central tuvo que subir las tasas de interés para lograr absorber los pesos que sobran, son muchos los que lo critican porque asumen que eso reducirá el consumo y la inversión y que, por tanto, afectará negativamente la actividad económica.

Sin dudas que algo de esto vamos a terminar viendo, pero habría que preguntarse cuál es la alternativa. Si el Banco Central decidiera mañana no girarle un solo peso más al gobierno, entonces no tendría que salir a colocar LEBAC para absorber los pesos que por esa vía inyecta.

En este escenario, las tasas de las LEBAC seguramente se reducirían, pero no lo harían las tasas de interés de la economía. Es que sin financiamiento del Central, sería el tesoro el que tendría que salir directamente a buscar los pesos de la gente para endeudarse y poder cubrir su fastuoso déficit. Al hacer esto, la tasa de interés también sería elevada, porque el mercado estaría inundado de bonos públicos, afectando sus precios a la baja y las tasas al alza.

La inflación es un problema monetario, pero su origen es generalmente fiscal. Si no hubiera déficit, no haría falta fabricar tantos pesos y tampoco haría falta salir a absorberlos pagando tasas del 37,5% anual.

En la medida en que la política monetaria siga siendo contractiva, y que el fisco ordene sus cuentas como se comprometió a hacer, veremos menos inflación de aquí a fin de año y también en los años venideros.

Sin embargo, si cedemos a las presiones de los demagogos de turno, entonces estaremos condenados a vivir con un eterno enemigo de Argentina, la destrucción de su moneda.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.