LA EMPATÍA COMO VIRTUD POLÍTICA

Por Sergio Sinay: Publicado el 3/8/16 en: http://sergiosinay.blogspot.com.ar/2016/08/la-empatia-como-virtud-politica-por.html

 

Un gobernante que no camina con los zapatos del prójimo es apenas un mal actor

 

La capacidad de reconocer las emociones de los demás está comprendida dentro de una  de las inteligencias múltiples (la interpersonal) que, de acuerdo con Howard Gardner (neuropsicólogo, investigador de Harvard) podemos desarrollar los seres humanos. Desde este enfoque enriquecedor (bajo cuya luz la inteligencia ya no es un bloque rígido y unitario) Daniel Goleman desarrolló luego el concepto de inteligencia emocional. En todos los casos la inteligencia es la aptitud que demostramos para aplicar en respuesta a las situaciones que la vida nos plantea las  herramientas cognitivas y emocionales de las que venimos dotados. Más las que adquirimos. Y se desarrolla con entrenamiento, con estímulo, con referencias y guías, en interacciones personales donde el otro es visto como un semejante y no como un objeto. No hay inteligencia emocional donde no hay registro del otro y donde no se capta la necesidad de él para nuestra propia existencia.

Empatía se llama, justamente, la capacidad de reconocer las emociones ajenas, de comprenderlas, de compartirlas y de acompañarlas. Esta no es una capacidad innata o genética. Requiere una previa experiencia en el conocimiento del propio mundo emocional, cosa que no siempre es fácil y agradable, y en la exploración, aceptación y transformación de ese mundo. Este no es un ejercicio intelectual. Se trata de una inmersión profunda, con un importante componente intuitivo, es un viaje que a menudo no tiene mapas previos, estos se dibujan mientras se avanza.

Quien desarrolla la empatía deja de ver a los otros como siluetas, como instrumentos para sus fines, como obstáculos a apartar o como objetos descartables. Cuando una tragedia golpea a una sociedad o cuando esta atraviesa momentos difíciles como cuerpo colectivo, la empatía de sus dirigentes es un atributo esencial, cuyo ejercicio fortalece, aún medio del dolor, los lazos comunes, la noción de pertenencia, la identidad compartida. No se trata de saltar de inmediato al ruedo a prometer soluciones o vendettas casi bíblicas (que acaso cueste cumplir). Eso tiene más de oportunismo que de otra cosa. Lo primero es conectar con el dolor ajeno desde el propio y tejer así una red de sostén ante el tremendo impacto inicial. Y no es este un ejercicio en el que políticos y gobernantes se comprometan con la persistencia, el compromiso y la sinceridad que resultan esenciales. La empatía no se declara, se siente y se actúa. Por eso, cuando queda solo en palabras su falsedad se evidencia rápidamente.

Quien se dedica a la política sin este atributo no la honrará, estará cada vez más lejos de la humanidad de sus representados, más propenso a desentenderse de sus dolores y necesidades verdaderas y a hacer de esos gobernados meros factores funcionales a sus intereses personales y/o privados.

Cada país carga con sus propios logros y sus propios dramas y tragedias. En los Estados Unidos los crímenes seriales son un síntoma ineludible, que mientras más se tarde en atender (en tanto los grupos armamentistas sean intocables, se facilitará la repetición del síntoma) más tragedias causarán. La Argentina tiene su propio talón de Aquiles. Una vez se llama Cromagnon, otra vez es el tren de Once, cada día son tragedias en rutas intransitables, que ni se mantienen, ni se mejoran ni se amplían, al punto que al final de cada año se cuentan tantas bajas como en una larga e interminable guerra. También hay trágicos derrumbes, perfectamente evitables, que la corrupción ha hecho posibles. Y hospitales carenciados que no ofrecen respuesta al dolor. Y si bien no hay asesinatos colectivos, la inseguridad sin freno provoca un goteo cotidiano de crímenes que deja su propio reguero de dolor, de familias destruidas, de vidas que no cumplirán sus proyectos y sus ciclos.

Frente a esto, y a tantas fuentes de sufrimiento, no hay empatía, salvo, claro está, la de familiares, vecinos, seres queridos y cercanos. A veces, de manera tardía y patética, aparece una puesta en escena mediante la cual un gobernante intenta convencer de que sufre dolores ajenos. Pero son malos actores. Y esto es independiente de quien gobierne. La verdadera política versa sobre la literal y real preocupación por los temas de la polis, de la comunidad. Sus dolores, sus necesidades verdaderas, sus esperanzas. Por supuesto, la empatía no cambia realidades, pero ayuda mucho a transitarlas, porque lo más valioso que tenemos las personas son las otras personas. Siempre y cuando las reconozcamos como tales.

 

La empatía no se compra, no se adquiere de la noche a la mañana y no existe sola. Sin ella la generosidad, al altruismo, la solidaridad son apenas declaraciones de ocasión. Quienes creen que la tragedia de otros es merecida y la justifican con rústicos argumentos ideológicos harían bien en preguntarse por su propia empatía, en pensarse como hijos, como hermanos, como padres, como amigos. Como humanos. La empatía requiere caminar al menos cien metros con los zapatos del otro. Un requisito que ninguna Constitución fija, pero que todo gobernante debería cumplir.

 

Sergio Sinay es periodista y escritor, columnista de los diarios La Nación y Perfil. Se ha enfocado en temas relacionados con los vínculos humanos y con la ética y la moral. Entre sus libros se cuentan “La falta de respeto”, “¿Para qué trabajamos?”, “El apagón moral”, “La sociedad de los hijos huérfanos”, “En busca de la libertad” y “La masculinidad tóxica”. Es docente de cursos de extensión en ESEADE.

 

ACERCA DE LA CREATIVIDAD

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

El proceso creativo es a mi juicio uno de los temas de mayor interés. Hace unos años escribí en torno a este asunto, pero  es pertinente volverlo a hacer con el análisis de otros ángulos. De entrada digamos que hay que tener muy presente que cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles por una sola vez en la historia de la humanidad. Esto nos da una enorme responsabilidad para estar atentos a que hacemos con nuestras vidas. Si estamos al acecho de cual es nuestra razón de ser en el corto lapso en esta tierra o si consideramos que podemos consumir el tiempo que nos es dado para divertirnos, alimentarnos, copular y hacer nuestras necesidades fisiológicas. El llamado interior es nuestra vocación, se trata de actualizar nuestras muy diversas potencialidades, como ha escrito Octavio Paz, “al descubrir nuestra vocación nos descubrimos a nosotros mismos”.

 

La creatividad supone el poner al descubierto algo que estaba oculto siempre teniendo en cuenta que la originalidad resulta sumamente difícil (“para novedades, los clásicos” reza el conocido adagio), pero por lo menos el poner sobre la mesa algo no recordado, algo no evidente o dificultoso para el momento.

 

La creatividad opera en muy diferentes planos y campos, en  algunos se destaca más algún viso de originalidad (por ejemplo en el arte) y en otra se trata más bien de descubrir nexos causales en lugar de creación propiamente dicha (por ejemplo, en la ciencia).

 

De todos modos, ¿como ocurre el proceso creativo?. Con la concentración y el interés en el estudio de determinada materia se va archivando información en el subconsciente y en ese contexto de trabajo en cierta instancia el nivel conciente traba relación con el antedicho archivo y se produce el “momento eureka”. Es el resultado de la perseverancia, la constancia y la atención en la materia que interesa. Muchas veces en este proceso, la creatividad o el descubrimiento sorprende puesto que alumbra una idea colateral. Casi como en la ciencia médica en la que muchas de las líneas de investigación en un área dan por resultado un descubrimiento en otra.

 

Cuanto mayor el valor de la creatividad, mayor es el grado de soledad que requiere el investigador y muchas veces a contracorriente de lo que opinan los demás. Contar con el temple para continuar en el camino es requisito para la creatividad sin dejarse influir por otros. En el extremo está el  conocido experimento tan citado del acuerdo con el organizador de un grupo de personas -menos una- que se les solicitó sostener que en una serie de cuadros que se les exhibía decir que un  bastón es más grande que otro cuando en realidad no era así. La única persona que no estaba informada del truco, al principio se sorprendió de las respuestas de los colegas pero a medida en que se sucedieron los cuadros y las respuestas erróneas que se daban por verdaderas, el sujeto en  cuestión optó por contestar equivocadamente tal como lo hicieron los demás. Es la presión del grupo, es la masificación, es la abdicación de la individualidad, es la renuncia a la honestidad intelectual, es la entrega del yo en pos de los demás, es la desaparición de la condición humana.

 

Sin duda que la creatividad no es ex nihilo para los mortales puesto que se basa en la incorporación de conocimiento provisto por otros y por sucesos externos a quien crea. Por supuesto que hay muy diferentes grados de creatividad en base a talentos muy distintos. En otra oportunidad he señalado que Stefan Sweig nos recuerda que Mozart componía sin borradores como si alguien le estuviera dictando para escribir con rapidez en el pentagrama. Beethoven en cambio necesitaba muchos borradores antes de la obra final y Balzac para escribir a la velocidad que lo hacía inventó una especie de taquigrafía para estar a la par de sus pensamientos,  al contrario de Gothe que tardó sesenta y cuatro años de intenso trabajo para escribir Fausto. Durero requería de varios croquis y mucho ejercicio en el lienzo para pintar, mientras que van Gogh pintaba hasta tres cuadros por día.

 

Como hemos consignado la creatividad humana no procede de la nada, se sustenta en información previa, procesada, digerida y reformada con el correspondiente  valor  agregado. Giovanni Papini sostenía metafóricamente que si a uno le abren el cerebro se encontrarán miles y miles de carteles con los nombres de quienes influyeron en la persona para elaborar tal o cual cosa. No solo se trata de la influencia del prójimo sino de situaciones y circunstancias varias.

 

A diferencia del reino animal, vegetal y mineral, el ser humano no está determinado por otras causas anteriores sino que opta y decide debido al libre albedrío. Tal como explica el premio Nobel en física Max Planck en su ¿Hacia donde va la ciencia? : “Se trata de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados como autómatas inanimados en las manos de una férrea ley de causalidad […] El papel que la fuerza desempeña en la naturaleza como causa de movimiento, tiene su contrapartida, en la esfera mental, en el motivo como causa de la conducta […] ¿Qué conclusión podemos deducir respecto del libre albedrío? En medio de un  mundo donde el principio de causalidad prevalece universalmente ¿qué espacio queda para la autonomía de la volición humana?  Esta es una cuestión muy importante, especialmente en la actualidad, debido a la difundida e injustificada tendencia a extender los dogmas del determinismo científico [determinismo físico en la terminología de Karl Popper] a la conducta humana, y así descargar la responsabilidad de los hombros del individuo”.

 

 

Tengamos en cuenta que la creatividad no está reservada “a los del más alto coeficiente intelectual (IQ)”, ya que como han puesto de manifiesto autores como Howard Gardner (Inteligencias múltiples) e Isaac Asimov (Thinking About Thinking), no hay posibilidad alguna de establecer un ranking universal de inteligencias (inter legum) puesto que todos somos inteligentes solo que para asuntos muy distintos. El profesor brillante en su especialidad puede ser incapaz de colocar un foco de luz o de recitar una declinación en latín, el agricultor puede desconocer la matemática, el mozo en un restaurante puede recordar cada uno de los múltiples platos que solicitan muchos comensales y relacionarlos entre sí pero es incapaz de entender el significado de la física cuántica y así sucesivamente. Como bien ha dicho Einstein “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”, lo cual está vinculado con las muy diversas capacidades sea en cuanto a la memoria o la inteligencia.

 

El producto de la creatividad se traduce en una inmensa satisfacción difícil de trasmitir en palabras que alimenta el intelecto de todos cuando está dirigida a lo ético, estético y, en general, a contribuciones que permiten mejorar la condición de vida de los semejantes. Es una bendición que debe ser cultivada y aprovechada.

 

Por esto es que resulta en interés de quien contrata gente supuestamente debe pensar en distintos puestos de trabajo el considerar con cuidado el clima laboral al efecto de lograr los mejores resultados. Si quien es contratado se desempeña en  ámbitos conflictivos y poco amigables naturalmente su rendimiento será deficiente.

 

Por otra parte, para desarrollar la mayor energía creativa posible es indispensable un clima de libertad lo cual significa respeto recíproco y no las imposiciones de reglamentaciones asfixiantes que pretenden el tratamiento  de  personas como si fueran autómatas del poder político de turno. Se pierde una dosis inmensa de energía si las personas deben atender con el fruto de su trabajo los desmanes del Leviatán. Hay lugares en que el contribuyente debe trabajar más de la mitad del año para satisfacer la voracidad fiscal del gobierno y eso sin contar con la enmarañada papelería y trámites engorrosos que exige el aparato estatal, además de tener que responder a preguntas insolentes impresas en formularios absurdos. En este contexto hostil naturalmente decae rápidamente la creatividad.

 

Entre lo mucho escrito sobre la creatividad, hay una obra de especial interés titulada The Courage to Create de Rollo May, en la que enfatiza la traición a uno mismo si no se expresa lo que se piensa sin subterfugio alguno. Por supuesto que esto no es incompatible con la educación: no significa que a una mujer fea se le haga notar su fealdad, May se refiere a la competencia por valores y principios. Tampoco excluye sino más bien requiere que permanentemente se revisen las propias conclusiones ya que el conocimiento es provisorio sujeto a refutaciones. May destaca el ejemplo de Alexander Solzhenitsyn “que enfrentó solo el poder de la burocracia soviética” (en este sentido es menester recordar la obra de Leonard Read titulada The Courage to Stand Alone). Rollo May no alude al coraje físico ni a la temeridad sino al coraje moral, estrechamente vinculado a la honestidad intelectual. Explica la importancia de dejar testimonio con total independencia de lo que piensa la mayoría. Rechaza lo que hoy se conoce como lo políticamente correcto donde se propone que la gente “se ajuste a la tendencia del momento” y subraya que esto es más necesario que nunca en la actualidad donde “el fascismo, el socialismo, el conformismo y el poder militar hacen que el individuo no solo se siente perdido sino que está perdido”.

 

Como ha sentenciado Cervantes “cada quien es hijo de sus obras” pero la creatividad se ahoga y queda aplastada por el espíritu autoritario; Mafalda ha dicho bien que “la vida es como un río, lástima que hayan tantos ingenieros hidráulicos”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

¿Que es la Creatividad?

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 28/11/13 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2013/11/28/que-es-la-creatividad/

Escribe Stefan Zweig en Los creadores que “de todos los misterios del mundo, ninguno es más profundo que el de la creación”. Sin embargo, conviene precisar que, estrictamente, el ex nihilo no es atributo de los humanos ya que siempre existe la influencia de otros en lo que uno produce. Giovanni Papini sostenía metafóricamente que si a uno le abren el cerebro se encontrarán miles y miles de carteles con los nombres de quienes influyeron en la persona para elaborar tal o cual cosa. No solo se trata de la influencia del prójimo sino de situaciones y circunstancias varias. El ex nihilo propiamente dicho es solo atributo de Dios.

De todos modos, el significado de la creatividad humana alude a la producción de ideas de muy diversa naturaleza que se concretan en la escritura, en la música, en la pintura, la escultura y en cualquier proceso del quehacer diario fruto de una idea que permite proceder de otra manera al efecto de la resolución de problemas de distinta índole.

Conviene precisar que en un plano diferente lo humano es ex nihilo, no en el sentido de que lo producido surge de la nada sino porque, a diferencia del reino animal, vegetal y mineral, no está determinado por otras causas anteriores sino que irrumpe debido a nuestro libre albedrío. Tal como explica el premio Nobel en física Max Planck en su ¿Hacia donde va la ciencia? : “Se trata de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados como autómatas inanimados en las manos de una férrea ley de causalidad […] El papel que la fuerza desempeña en la naturaleza como causa de movimiento, tiene su contrapartida, en la esfera mental, en el motivo como causa de la conducta […] ¿Qué conclusión podemos deducir respecto del libre albedrío? En medio de un  mundo donde el principio de causalidad prevalece universalmente ¿qué espacio queda para la autonomía de la volición humana?  Esta es una cuestión muy importante, especialmente en la actualidad, debido a la difundida e injustificada tendencia a extender los dogmas del determinismo científico [determinismo físico en la terminología de Karl Popper] a la conducta humana, y así descargar la responsabilidad de los hombros del individuo” (por mi parte, escribí un largo ensayo sobre este tema titulado “Positivismo metodológico y determinismo físico”).

Entonces, a esta altura, es de interés intentar una explicación del proceso creativo. El proceso comienza (y termina) con trabajo y constancia en la concentración por resolver un problema, aun lo que aparece como un descubrimiento “accidental” es debido a una preocupación y ocupación previa (de lo contrario la solución aparece desapercibida a los ojos de alguien que no le ha prestado atención a lo investigado). Estas concentraciones y cavilaciones se archivan en el subconsciente y, tarde o temprano, frente a cualquier atisbo de resolución conecta el conciente con el subconsciente y aparece “el momento eureka” que en no pocas ocasiones es atribuido a musas o a fantasmas que, a veces, traducen la sensación que la inspiración vino de otro lado y no de un proceso interior.

Sin duda que las etapas y características de la creatividad en el sentido indicado resultan diferentes en cada caso y, a veces, da la impresión que el asunto es fácil como, por ejemplo, en los casos de Mozart que parecía escribir en el pentagrama automáticamente sin considerar los estudios, la práctica y los esfuerzos previos, del mismo modo que ocurría con Balzac que inventó una especie de taquigrafía debido a la rapidez en que se le ocurrían ideas que no daba tiempo a la escritura corriente. Por supuesto que en unos casos hay más facilidad que en otros debido al tipo de talento, lo cual no disminuye el de Beethoven que tardaba mucho para finiquitar una composición musical o el caso de Goethe que tardó setenta y cuatro años en escribir sin pausa el Fausto (Durero requería mucho croquis y mucho cálculo sobre el lienzo antes de pintar, mientras que Van Gogh pintaba hasta tres cuadros por día).

En realidad, la creatividad está íntimamente conectada a escucharse uno mismo, a la actualización de las potencialidades de cada cual. El torcer el rumbo para amoldarse a lo que otros dicen y piensan es fatal y así el sujeto en cuestión deja de ser él mismo para convertirse en los demás, es la mayor de las traiciones como apuntaba Ortega. Por eso es que prestar atención a las vocaciones resulta tan crucial. En este sentido, Octavio Paz en “La espuma de las horas” ha escrito que “Al descubrir nuestra vocación, nos descubrimos a nosotros mismos”. Este ejercicio de escucharse a uno mismo, a su vez, está conectado con el coraje moral, en la capacidad de estar solo frente a la opinión dominante tal como nos enseña Leonard Read en The Courage to Stand Alone y a eso a lo que precisamente se refiere Rollo May en The Courage to Create.

Paul Johnson en la introducción a Creators, titulada “The Anatomy of Creative Courage”, enfatiza los obstáculos y las dificultades con las que se topa el proceso creativo que solo se resuelve con la perseverancia en el trabajo y la consiguiente disciplina.

Tengamos en cuenta que la creatividad no está reservada “a los del más alto coeficiente intelectual (IQ)”, ya que como han puesto de manifiesto autores como Howard Gardner (Inteligencias múltiples) e Isaac Asimov (Thinking About Thinking), no hay posibilidad alguna de establecer un ranking universal de inteligencias (inter legum) puesto que todos somos inteligentes solo que para asuntos distintos.

En resumen, el producto de la creatividad se traduce en una inmensa satisfacción difícil de trasmitir en palabras que alimenta el intelecto de todos cuando está dirigida a lo ético, estético y, en general, a contribuciones que permiten mejorar la condición de vida de los semejantes. Es una bendición que debe ser cultivada y aprovechada.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.