Una decisión política que abre interrogantes

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 27/12/16 en: http://www.infobae.com/opinion/2016/12/27/una-decision-politica-que-abre-interrogantes/

 

Si bien las expectativas económicas para el segundo semestre, así como las metas fiscales e inflacionarias prometidas por Alfonso Prat-Gay al inicio de su gestión, no se han cumplido, su salida del Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas responde más a cuestiones políticas que económicas. Este no sólo es el mensaje que ha dado a entender el jefe de gabinete, Marcos Peña, sino que Prat-Gay ha seguido una política muy gradualista, acorde con las preferencias del Gobierno. Los mayores desacuerdos que se mencionan son la falta de juego en equipo, con cortocircuitos en la reforma del impuesto a las ganancias como la gota que rebalsó el vaso.

Sin dudas las medidas más importantes de Prat-Gay se encuentran al inicio de su gestión: la salida del cepo cambiario y el arreglo con los holdouts. A estas dos medidas se suma también un inicio de normalización en las relaciones internacionales de Argentina. Sin quitar mérito a estas medidas, es importante contextualizarlas. La dificultad en la salida del cepo y el arreglo con los holdouts era más una cuestión política que técnica. El desafío que el kirchnerismo no pudo superar fue tomar la decisión más que diseñar un complejo plan económico. En el caso de los holdouts, tampoco había mucho margen de opción dado el fallo en firme del juez Thomas Griesa. Así como es justo contextualizar estas medidas, también es justo no minimizar estos logros de Prat-Gay.

La misma audacia y velocidad que se vio en la salida del cepo y el arreglo con los holdouts, sin embargo, no se vio en la corrección del mayor desequilibrio macro de la economía argentina: el déficit fiscal con una carga tributaria récord. Con una economía regulada, asfixiada con impuestos y un Estado insostenible, no debería ser sorpresa que la esperada lluvia de dólares no se haya materializado. Podría decirse que el mismo Prat-Gay desconfiaba de los resultados de su cartera, dado que ha apelado a un discurso del miedo, en lugar de confianza, para atraer recursos vía el blanqueo de capitales. El argumento de Prat-Gay consistía en avisar que quien no blanquease no iba a tener dónde esconderse, no en seducir con un consistente y sólido plan económico. Lamentablemente no se puede repetir demasiado, el problema que sigue sin solución es el déficit fiscal en un contexto donde ya no es factible seguir subiendo impuestos. El 2016 no va a mostrar una gran mejora en esta larga serie de desenfreno en el gasto público.

Sin embargo, dado que la salida de Prat-Gay sería más por cuestiones políticas que económicas, la decisión de removerlo por parte de Mauricio Macri abre algunos interrogantes. Cambiemos asumió el gobierno con una situación económica crítica, no asumió una economía estable que necesitase quizás ajustes menores. Lo que hace falta es cirugía mayor, no una aspirina para un resfrío pasajero. Es necesaria una reforma tributaria integral, una reforma del Estado integral, una reforma regulatoria integral, etcétera. Sin embargo, las decisiones económicas han quedado dispersas en quizás hasta diez personas distintas (ver nota). Imaginemos que las decisiones de salud o educación públicas estuvieran divididas en hasta diez personas, ¿esperaríamos grandes cambios y eficiencia, o esperaríamos lentitud, ruido entre los secretarios y problemas de gestión? ¿Por qué sería distinto en economía, justamente cuando el país necesita grandes cambios?

El débil desempeño de la economía argentina en el segundo semestre no se debe a la falta de juego en equipo de Prat-Gay, sino a la falta de decisiones económicas más audaces. El gradualismo pasó de ser una promesa de reformas lentas a ser un gradualismo tortuga, a ser finalmente un gradualismo en sentido contrario al necesario. El nivel de empleo público, el déficit fiscal comenzaron a aumentar en lugar de caer de manera gradual. No va a ser suficiente para revertir la situación económica de manera consistente y sostenible que Nicolás Dujovne y Luis Caputo jueguen en equipo más que Prat-Gay; es necesario comenzar a enviar señales claras de reformas de fondo. Cambiemos no debe darse el lujo de que el gradualismo implique que se vayan los cuatro años de gobierno sin reformas serias. En los próximos meses veremos si el nuevo equipo económico mantiene el gradualismo de Prat-Gay (más despacio no se puede ir) o si se aceleran las reformas económicas (una postura más shock, por más que le pese al actual Gobierno el uso de esta palabra).

La división de la cartera económica en dos, a su vez, invita a cuestionarse si en realidad hay un ministro de Economía o si lo que tenemos son secretarios (mini-ministros), donde en los hechos el ministro de Economía es la Casa Rosada. Esta es una audaz y peligrosa jugada política, dado que si la economía no repunta como se espera y no se percibe una clara autoridad económica, el costo político caerá en la Casa Rosada y no en los ministros, que pueden funcionar como fusibles políticos. Pasado ya un año de gobierno de Cambiemos, el nuevo cambio en la cartera de Economía pone otro tiempo de espera en el que el nuevo equipo económico debe asumir y comenzar a tomar sus decisiones. Así, mes a mes el gradualismo se va comiendo tiempo preciado para reformar la economía argentina de una buena vez.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Los problemas de volver a tomar deuda

Por Adrián Ravier. Publicado el 27/09/16 en: http://www.infobae.com/opinion/2016/09/27/los-problemas-de-volver-a-tomar-deuda/

 

La herencia kirchnerista se resumió en tres grandes desequilibrios en el campo fiscal, monetario y cambiario. El macrismo intentó avanzar en resolver los dos últimos, pero ha postergado avanzar en el primero. La razón posiblemente se entienda en el impacto que resolver estas cuestiones tiene en la opinión pública. Mientras comprar dólares libremente (tanto para ahorro como para la compra de insumos) o bajar la inflación son aspectos deseables por el colectivo de la sociedad, la baja del déficit fiscal genera —en el corto plazo— desempleo y caída del consumo.

El macrismo optó, entonces, por postergar la baja del déficit y, en su lugar, cambia la forma de financiarlo, esto es, tomando deuda interna y externa. El conflicto con los holdouts tuvo una rápida resolución, tanto por la necesidad interna como por la voluntad externa. Y el acceso al crédito externo hoy está a la orden del día, una medida que ayuda en esta difícil transición.

Sin embargo, tomar deuda tiene también sus consecuencias. Es cierto que en lo inmediato la entrada de estos capitales puede contribuir a resolver el problema de la inflación, al tiempo que evita una caída inmediata en el consumo. Pero el desequilibrio fiscal sigue allí, en los microfundamentos de la economía argentina, el que puede ocultarse con un manto de deuda, pero que pronto saldrá a la luz con la misma fuerza de siempre.

El primer problema de la deuda es moral. El macrismo está apostando a un mayor consumo presente que el que sería posible sin este financiamiento, a costa de los ingresos de contribuyentes futuros que ni siquiera votaron por este Gobierno que adquiere la deuda.

El segundo problema es económico, y en la literatura económica lo han bautizado como el efecto crowding out o efecto desplazamiento hacia la actividad privada. Cuando el Gobierno toma crédito local e internacional, absorbe como una aspiradora esa liquidez que los ahorristas ofrecen, reduce el crédito, encarece y obliga a consumidores y empresas privadas a pagar tasas más elevadas por los préstamos que adquieren.

El Gobierno parece mostrar por momentos una retórica a favor del mercado y contraria al Estado de bienestar, pero en la práctica insiste en mantener el Estado elefante, desplaza las posibilidades del mercado de contribuir a desarrollar una industria competitiva, insertada en el mundo y creadora de empleo.

Los economistas nos dividimos hoy entre optimistas y pesimistas. Los primeros creen que este déficit fiscal será atacado con rapidez una vez que el blanqueo reactive la economía y mejore la recaudación fiscal, tras lo cual puede ser más fácil emprender el postergado ajuste. Los segundos creen que este déficit fiscal no será atacado en este Gobierno, y que este cambio en la fuente de financiamiento nos acompañará a lo largo de todo el período, con las mencionadas consecuencias.

Recordemos que el impacto del blanqueo es de una sola vez y que si bien puede ayudar como shock de confianza, cuando la marea pase, el desequilibrio fiscal seguirá allí, esperando que por fin alguien se decida a atacarlo.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

El modelo decadente no resiste más parches

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 8/5/16 en: http://economiaparatodos.net/el-modelo-decadente-no-resiste-mas-parches/

 

Un día Argentina va a morir de exceso de transitoriedad y emergencia

Antes de que Macri asumiera la presidencia, me cansé de pedir que se hiciera una auditoria internacional para, al menos, recibir el gobierno con un inventario de lo que habían dejado los k, que por cierto era una herencia terrible.

Ignorada mi propuesta tampoco quisieron hacer una descripción de la herencia recibida. Parece que el asesor de imagen afirmaba que la gente no quería escuchar malas noticias. El problema es que dar la mala noticia de aumentar las tarifas de los servicios públicos sin dar la mala noticia que el kirchnerismo le había dejado un destrozo total, hace que la gente no entienda qué está pasando y el gobierno pague el costo político de tomar las medidas por no contar en su momento la tierra arrasada que dejó el kirchnerismo.

Insisto, la mayoría de la gente no tiene noción de la tierra arrasada que deliberadamente dejó el kirchnerismo. La gente intuye que hay un problema, pero no conoce la real magnitud ni el costo que habrá que pagar para reparar el deliberado destrozo hecho por los k.

Sin duda que reparar semejante destrucción va a llevar tiempo. Solo generar los puestos de trabajo necesarios para absorber la gente que está desocupada, los ñoquis que están en el estado y los jóvenes que se incorporan al mercado laboral cada año va a llevar décadas. Sería una estupidez pensar que la decadencia de 80 años que lleva la Argentina, acelerada por el kirchnerismo en los últimos 12 años, pueda resolverse en meses. Ni siquiera en los 4 primeros años de mandato y aunque ganara Macri un segundo mandato tampoco habrá resulto totalmente el problema. Esto va a llevar un par de décadas. Lo qué sí se puede hacer en el corto plazo es cambiar el rumbo y poner proa hacia puertos que le den bienestar a la población.

Por ahora Macri ha logrado remover los obstáculos más gruesos que dejó el kirchnerismo como son el cepo cambiario, las tarifas atrasadas de los servicios públicos y solucionar el problema con los holdouts. Pero si esos eran problemas difíciles de domar, el más complicado es el flanco fiscal. Con un gasto público récord, una presión impositiva asfixiante y encima déficit fiscal, el tema requiere de mucho más que un acuerdo con los holdouts. Exige arremangarse y empezar a resolver el histórico problema del gasto público, de una cada vez más enrevesada política tributaria para lograr el equilibrio fiscal y así llegar a la estabilidad monetaria que es la que va a llevar a frenar la inflación.

El desafío que tiene el gobierno de Macri por delante es fenomenal, pero solo podemos pedirle que cambie el rumbo. No va a poder resolver todos los problemas y tener el éxito esperado ni en 4 ni en 8 años de gobierno. Su objetivo tiene que ser empezar a resolver estos problemas.

Ahora bien, no es con más parches que se cambia de camino. La semana pasada anunciaron que volvía remozado Precios Cuidados. Un simple y burdo control de precios inventado por el kirchnerismo.

En lo estrictamente económico poner Precios Cuidados es generar faltantes en la economía. Veamos el gráfico 1

Al precio P el mercado está en equilibrio. Si el estado establece un precio máximo como P1, entonces la cantidad ofrecida se reduce a Q1 y la demandada se amplía a Q2, con lo cual queda una amplia brecha de demanda entre la cantidad ofrecida y la demanda que no es satisfecha. Francamente es muy elemental el razonamiento como para que no lo entienda la gente de Macri.

Se podrá argumentar que es solo un anuncio político para tranquilizar a la gente por el impacto que tuvo sobre los ingresos familiares la suba de las tarifas de los servicios públicos, pero no es mintiendo o haciendo fulbito para la tribuna que se cambia el rumbo de una larga decadencia. En algún momento tenemos que madurar y no entretener a la gente vendiéndole humo. Finalmente, si el problema fiscal se soluciona, la inflación pasa a ser dominada y no es necesario vender esta ilusión de los Precios Cuidados. Para recuperar la economía se empieza siendo serio en las medidas económicas.

Paralelamente, Carrió salió con un proyecto para que las empresas le paguen el traslado (colectivo, tren, subte, etc.) a sus empleados. El objetivo: amortiguar el impacto sobre el bolsillo de los trabajadores. Nuevamente otro parche como propuesta. La gente tiene que poder ganar el ingreso necesario como para pagarse el traslado al trabajo. Además, ya sabemos cómo terminan estas historias de medidas transitorias: se convierten en permanentes en nombre de los derechos adquiridos.

Tenemos infinidad de ejemplos de medidas transitorias que se han transformado en permanente. El actual impuesto a las ganancias comenzó como un impuesto a las rentas en 1931 como un impuesto de emergencia y ya llevamos 85 años de emergencia.

El impuesto al cheque también empezó como un impuesto transitorio y ya lleva 15 años. Y el aumento del IVA al 21% se aplicó transitoriamente en 1995 y ya vamos por 11 años de transitoriedad. Todo lo que se dice que en Argentina se dice que va a ser transitorio o como emergencia, se transforma en permanente. Un día Argentina va a morir de exceso de transitoriedad y emergencia.

Son todos estos parches los que han llevado a la gran decadencia argentina porque nunca se quieren encarar las reformas de fondo por razones políticas. Siempre hay alguna “restricción” política que impide hacer las reformas estructurales. Entonces vivimos poniendo parches transitorios y terminamos con una Argentina tan emparchada que ya no funciona.

Ni para entretener a la tribuna sigamos lanzando estas ideas disparatadas argumentando que son transitorias. Es la peor señal que se puede dar respecto al futuro. Tenemos demasiados años de emparchar y no reformar como para no advertir que un nuevo parche llegará para quedarse.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Por ahora el ajuste es para el sector privado

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 20/4/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1891026-por-ahora-el-ajuste-es-para-el-sector-privado

 

En momentos en que el Gobierno de Macri aumenta las tarifas de los servicios públicos mucha gente habla de ajuste. En rigor, si hay un ajuste es porque antes hubo un desajuste. Para ponerlo en términos más sencillos, no es que el Gobierno aumentó las tarifas de luz, gas y transporte porque goza viendo cómo la gente sufre en el bolsillo el impacto de esos aumentos. La realidad es que aunque hubiese ganado las elecciones Scioli hubiera tenido que aumentar las tarifas de los servicios públicos o dejar a la gente sin energía, transporte, agua, etc. Es, a mi entender, la pobre política de comunicaciones del Gobierno la que le genera todos los costos políticos de tener que arreglar el destrozo económico que dejó el kirchnerismo.

¿Tan complicado era para el Gobierno decirle a la gente que entre 2006 y 2015 los recursos destinados a subsidiar la energía pasaron de $ 4032 millones a $ 170.000 millones, o sea, que se multiplicó por 42 los recursos destinados el gasto en ese subsidio? Claramente esos subsidios, como los del transporte, etc. estaban concentrados en CABA y provincia de Buenos Aires, donde se concentra el 50% del padrón electoral. El kirchnerismo no era tonto a la hora de buscar votos, en tanto que el catamarqueño, el salteño o el rionegrino pagaban el costo de esos subsidios para que los disfrutásemos los que vivíamos en Capital y Gran Buenos Aires.

El presidente Macri habló aproximadamente una hora ante la asamblea el 1 de marzo pasado. Media hora la dedicó a describir la herencia recibida. Los economistas sabemos que media hora es muy poco tiempo para informarle a la gente el fenomenal destrozo económico que dejó el kirchnerismo.

Dicen que la gente no quiere oír hablar del pasado. ¿Qué estudio serio de opinión muestra que la gente no quiere saber sobre el destrozo que dejó el kirchnerismo en materia energética, de gasto público, de situación patrimonial del Banco Central, y el listado sigue?

¿Qué hubiese sido de la Argentina que progresó a pasos agigantados si Sarmiento hubiese mandado a hacer un estudio de opinión pública para ver si impulsaba la educación luego de descubrir que el 70% de la población era analfabeta de acuerdo al primer censo en 1869? Los líderes asumen riesgos y marcan el camino al resto de la población.

Explicar la necesidad de poner orden en las cuentas públicas para poder bajar la presión impositiva y la tasa de inflación es clave para que la gente comprenda por qué tiene que afrontar ciertas restricciones y cómo debe distribuirse la carga de corregir los desajustes heredados del kirchnerismo.

Por ejemplo, aquí se habla de ajuste salvaje en el sector público y sin embargo entre 2003 y 2015 los empleados públicos de la Nación aumentaron en 148.000 personas. Hasta ahora, de acuerdo a información dada oportunamente por el ministerio de Modernización, solo disminuyeron en 10.900 la planta de empleados estatales, es decir, solo 7% del aumento y únicamente el 2,8% del stock de empleados.

Al mismo tiempo, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, acaba de reconocer que en los últimos 4 meses el sector privado redujo la cantidad de empleados en 27.000 personas.

La demora en corregir el impuesto a las ganancias, no solo a las personas que trabajan en relación de dependencia sino también a los autónomos y a las empresas, el aumento de las tarifas y la suba de la tasa de interés muestran que el Estado no ha hecho ningún ajuste y el que sobrelleva el peso de corregir los desajustes heredados del kirchnerismo es el sector productivo de la economía. Es decir, el sector privado. Salvo por las ruidosas manifestaciones de unos pocos ñoquis y militantes k que dejaron de vivir a costa del trabajo ajeno, el grueso del llamado ajuste sigue recayendo sobre el sector privado. Es el que sigue teniendo privaciones económicas para no tocar a la legión de empleados estatales que hay a nivel nacional, provincial y municipal sin que haya mejorado la salud, la seguridad o la educación.

En 2003 el Estado ya estaba sobredimensionado. En 2015 el Estado explotaba de gordo y ya pesa tanto sobre el sector privado que lo terminó asfixiando, no dejándolo producir y, por lo tanto, generar la riqueza para financiarlo mediante impuestos.

Dicen que no se puede reducir la cantidad de empleados públicos hasta tanto no haya inversiones que generen puestos de trabajo para que absorba a esa gente que quedaría desocupada.

Mi impresión es que esas inversiones no van a aparecer hasta tanto no se deje de ajustar al sector privado impidiéndole invertir para crear puestos de trabajo.

A esta historia ya la vivimos infinidad de veces y siempre terminó mal. Ajustar al sector privado para no ajustar al sector público es un clásico de la economía argentina.

Es posible que con el arreglo con los holdouts la Nación, las provincias y los municipios consigan endeudarse en el exterior para financiar el gasto público. Pero eso no significa solucionar el problema, solo implica postergarlo acumulando más deuda. Financiar el desequilibrio con acceso al crédito que hasta ahora no disponíamos.

Hasta que los argentinos no terminemos con esta historia de que el Estado es la vaca sagrada que nadie puede tocar y el sector privado siga siendo el que continúa achicándose y pagando la fiesta populista, la Argentina no podrá revertir su tendencia decadente. Algún día le tendrá que tocar el turno al Estado depredador. El que se anime a hacerlo, será un verdadero estadista que pondrá de pie a la Argentina.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Holdouts: la mirada de un economista de la UNLPam

Por Adrián Ravier. Publicado el 20/3/16 en: http://www.diariotextual.com/politicaa/item/32215-holdouts-la-mirada-de-un-economista-de-la-unlpam.html

 

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Adrián Ravier, economista y docente de la Universidad Nacional de La Pampa, aseguró que el acuerdo con los holdouts le permite varias estrategias al gobierno nacional. Aunque advirtió que si le van a pagar a los “fondos buitres” para volver a endeudarse, como en los ’90, es un error. Valoró que el kirchnerismo no haya generado deuda externa.
El especialista explicó que si el gobierno nacional le paga a los holdouts estaría terminado con un default que se inició luego de la crisis de 2001. Recordó que durante el kirchnerismo se produjeron dos pagos grandes, uno en 2005 y el restante en 2010.

“En el primero hubo un acuerdo por el que se les pagó a los acreedores internacionales el treinta por ciento del capital que se les debía. Todo eso con la condición de la cláusula Rufo, que les planteaba a los acreedores cobrar ese tercio porque el gobierno no iba a hacer ninguna oferta mejor en los próximos años”, dijo Ravier, profesor titular de la facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas. “La mitad de los acreedores internacionales aceptó el acuerdo y en 2005, con los nuevos bonos, empezaron a cobrar”.

En 2010, durante el gobierno de Cristina Kirchner, se planteó una propuesta similar a la de 2005 que también estuvo asociada a la cláusula Rufo con vencimiento en 2014. En esa oportunidad adhirieron casi todos los acreedores, salvo un siete por ciento, entre los que se encontraban los denominados “fondos buitres” que alcanzaban el uno por ciento.

Los fondos buitres son acreedores que no le prestaron originalmente dinero a la Argentina. Se trata de fondos de inversión internacional que básicamente le compraron a gente que no podía esperar que nuestro país decida pagar. Entonces les adelantaron el dinero y se quedaron con esos bonos esperando cobrar el capital total”, declaró Ravier, en una entrevista concedida al Informativo de Canal 3.

“Esa gente (los buitres) no aceptó las propuestas y se entendía durante años que Argentina no podía abonarles porque si lo hacía iba a tener que entregarle mucho más dinero al 97 por ciento restante, que oportunamente había arreglado aceptando una quita importante”.

“Cuando el juez Thomas Griesa de Estados Unidos dictó la sentencia de que se debía pagar, se transformó en un problema internacional para Argentina que igualmente siguió sin pagar aferrada a la cláusula Rufo”.

Esta semana, la Cámara de Diputados de la Nación aprobó el proyecto que dispone el pago a los holdouts, una norma que incluye la derogación de las leyes Cerrojo y Pago Soberano y la emisión de deuda para enfrentar el pago.

-¿Qué implica el endeudamiento internacional?

-Para el presidente Mauricio Macri implica mejorar la calidad institucional, la relación con los organismos internaciones y terminar con el default que lleva 13 años. Ahí se abre un mar de dudas. Si van a pagarle a los holdouts para volver a poder acceder a créditos externos y esos créditos los van utilizar para mantener el déficit fiscal que hoy tiene el país, sin hacer ningún tipo de ajuste, estamos volviendo a los problemas originarios de la década del ’90.

– ¿Qué se puede esperar entonces?

–En el corto plazo la gente tiene que esperar que baje la inflación debido a que no se estará emitiendo moneda a cambio de deuda: ese es el punto positivo. A la vez, lo negativo es que si la idea es esa estamos en un serio problema porque en cuatro u ocho años, además de mantener el déficit fiscal, vas a tener una deuda externa duplicada. Eso, finalmente, explota de alguna manera en el futuro mediato.

-¿Qué se supone que hará el gobierno?

–En principio estamos en una situación difícil y la verdad es que hay varias estrategias. No es sencillo adivinar qué es lo que va a hacer una vez que arregle con los holdouts. La advertencia mía es que si vas a pagar a los holdouts para volver a endeudarte y volver a los ’90, con una deuda que finalmente explota, es un error. Pero si vas a pagar a los holdouts para volver al mundo y mejorar la calidad institucional es un acierto.

-La gestión kirchnerista no se endeudó. ¿Por qué Macri impulsa esa política entonces?

-Eso es un mito. La gestión anterior se endeudó con Anses, entre otros organismos. Y generó una deuda interna.

–No es lo mismo que endeudarse con organismos internacionales.

–Está claro. Si un mérito tuvo el gobierno kirchnerista es no haber acumulado una deuda externa fenomenal y, más bien, haber mantenido una deuda externa baja respecto del PBI en relación a lo que es hoy el mundo. Eso le permite a este gobierno resolver la ‘herencia’, de la que todos hablan, de una manera gradual.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

La izquierda argentina, como el Asno de Buridán

Por Iván Carrino. Publicado el 13/3/16 en: http://www.ivancarrino.com/la-izquierda-argentina-como-el-asno-de-buridan/

 

Cuenta la historia que el Asno de Buridán tenía que elegir entre dos montones de heno para comer, pero como ambos le daban lo mismo, no podía decidirse por ninguno y terminaba muriendo por inanición.

En la economía argentina sucede algo parecido. El Ministro de Hacienda afirmó que o se arregla con los holdouts para abrir la puerta del financiamiento externo, o se emprende un “salvaje” ajuste del gasto público.

Por supuesto, la izquierda, encabezada por Kicillof, es la primera en gritar “no a la deuda“, pero también rechazar de plano cualquier tipo de retoque del gasto público, considerado “reactivante”, “social” y todo tipo de adjetivos maravillosos.

La diferencia de los economistas de izquierda con el Asno de Buridán es que ellos se enfrentan a dos alternativas que detestan por igual. Pero lo cierto es que no pueden inclinarse por ninguna de ellas, al igual que el asno.

¿Qué harían entonces? Como no se trata de comida, si fuera por ellos, no morirían de inanición. Pero lo cierto es que las otras dos alternativas posibles sí podrían ser la “muerte” de la economía.

Es decir, más inflación todavía, o una brutal subida de los impuestos.

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Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

“La pregunta es si el tipo de cambio oficial, en torno a $13, no se queda corto”

Entrevista a Nicolás Cachanosky. Publicado el 28/12/15 en: https://www.portfoliopersonal.com/Noticias/nota.asp?n=88923

 

Afirma Nicolás Cachanosky consultado sobre el precio del dólar, tras la salida del cepo, mientras recomienda observar en los próximos meses si la divisa comienza a evolucionar más rápido o lento que la inflación. No obstante, sostiene que a esta altura, dado que el mercado de cambios actual no incluye aún a todos los participantes, habrá que esperar que se normalice el comercio internacional para ver cómo siguen las cosas.
Dos son las cosas que se pueden hacer a esta altura del año: repasar lo sucedido o bien, anticiparse a lo que vendrá. Un poco de las dos hicimos con Nicolas Cachanosky, en esta entrevista en la cual hablamos -entre otros temas- del nuevo gobierno, el dólar, los holdouts y el rol del Estado.

¿Cómo ve las medidas tomadas por el gobierno hasta ahora? ¿Cuál cree que será el próximo paso, en orden de prioridades, en materia económica?

En materia económica, hasta el momento, las medidas parecen ir en el camino adecuado. Salir del cepo era imperioso. La fuerte reducción de tarifas al sector agrícola (si no son compensadas con otros impuestos) va a traer una mayor rentabilidad a un sector muy importante de la economía argentina.

Digo que me “parece” que van en el camino adecuado porque estas medidas son insuficientes. El origen de los desequilibrios económicos se encuentra en un muy pesado déficit fiscal que muy posiblemente supere al 7% del PBI en el 2015.

Con una presión fiscal consolidada superior al 40%, el gobierno no tiene otro camino que reducir el déficit por el lado del gasto. Ya no hay margen para seguir subiendo impuestos. La economía argentina no sólo no crece, tiene unas de las inflaciones más altas del mundo.

Es entendible, por supuesto, que dado el deterioro heredado y lo políticamente sensible que es tocar el gasto público estas reformas no se pueden realizar en tan pocos días. Pero dicha estrategia es necesaria.

Durante la campaña electoral Cambiemos ha dado a entender que de ganar las elecciones el shock de confianza iba a ser tal que no iban a tener que ajustar las cuentas públicas debido a la cantidad de inversiones que iban a entrar al país. Debido a estas expresiones, personalmente no estoy del todo seguro que exista un plan para equilibrar las cuentas públicas.

Habrá, posiblemente, ajustes menores o marginales, pero corregir un 7% de déficit requiere un serio plan fiscal del que aún no hemos escuchado detalles. Lamentablemente, dudo que este problema se resuelva eliminando algunos subsidios de manera gradual. En este sentido, soy menos optimista que Cambiemos. No podemos confundir hacer reformas con las expectativas de que se vayan a realizar las reformas. Si dichas expectativas no se cumplen, el problema no va a desaparecer.

¿Es optimista en torno a las renegociaciones con los holdouts? ¿Cómo crees que podría resolverse el tema?

Soy optimista y espero que este conflicto llegue de una buena vez a su fin. Con un fallo de la justicia en firme, hay al menos dos maneras de resolver el tema. Una es pagando cash a los holdouts. La otra es ofreciendo un bono cuyo valor presente sea equivalente al monto adeudado, es decir, a lo que costaría un pago cash.

Las partes podrán discutir distintos métodos, pero el pago será spot (cash) o devengado (bono) indistintamente de los instrumentos que se utilicen.

Los holdouts han dejado trascender que no se oponen a discutir el pago de lo adeudado con un bono, por lo que se puede llegar a buen puerto si hay mayor voluntad en Cambiemos que la que tuvo el Kirchnerismo para resolver este conflicto. Este es otro problema fundamental a resolver por esta administración. No me sorprendería si una vez resuelto este conflicto comienzan reformas fiscales más significativas.

¿Cómo cree que seguirá el dólar, tras la liberación del cepo?

No me extrañaría que en el mediano plazo el tipo de cambio suba. Pero va a depender de la política del BCRA, que ha informado que pretende seguir un esquema de tipo de cambio administrado (flotación sucia) con bandas.

Distinto sería el caso de una flotación libre, donde el tipo de cambio depende del mercado sin intervención del BCRA. No es lo mismo predecir la evolución de agentes económicos en el mercado de cambios, que predecir las preferencias políticas respecto al tipo de cambio del banco central.

La pregunta que se han hecho varios economistas en los últimos días es si el tipo de cambio oficial, en torno a 13ARS/USD, no se queda corto. Hay argumentos plausibles en este sentido.

Por ejemplo, que por las vacaciones y fiestas la demanda de ARS es estacionalmente menor a la de otros meses. Que las exportaciones (oferta de USD) crece más rápido al quitar el cepo que las importaciones (demanda de USD). O qué si el tipo de cambio fuese el correcto, entonces por qué elevar las tasas de interés que, por más que le objetivo sea reducir la inflación afecta también al mercado de cambios.

Otro dato sugestivo es que, partiendo de diciembre del 2006 (cuando comienza la alta inflación) a noviembre del 2015, la inflación acumulada fue del 648%, mientras que el tipo de cambio se devalúo “solo” un 216%.

Tomando diciembre del 2016 como referencia, si el tipo de cambio hubiese evolucionado al mismo ritmo que la inflación argentina neta de la inflación americana, el tipo de cambio estaría en torno a 20ARS/USD. Siguiendo este cálculo, admito sencillo, el tipo de cambio estimado se encuentra en valores similares al oficial si el atraso cambiario comienza a principios del 2010 y no a fin del 2006.

Lo que habrá que observar en los próximos meses es si el tipo de cambio comienza a evolucionar más rápido o lento que la inflación. Si bien tengo la impresión de que el tipo de cambio oficial actual se queda corto, no puedo decir que tenga una sólida certeza de que esa sea necesariamente la situación, dado que el mercado de cambios actual no incluye aún a todos los participantes. Hay que esperar a que se normalice el comercio internacional para ver qué sucederá con el tipo de cambio.

¿Cuál le parece que es la percepción general local y externa del nuevo presidente; y en especial, del nuevo equipo económico?

Creo que hay dos lecturas que coinciden doméstica e internacionalmente. En primer lugar, una expectativa de que Mauricio Macri traerá un cierto orden institucional al país. Bajo el kirchnerismo no se han respetado ni las formas ni los principios republicanos.

La importancia de las instituciones no siempre parece entenderse del todo. Si la política económica afecta los ciclos económicos en el corto plazo, las instituciones definen el nivel de riqueza a largo plazo.

No se puede ser Alemania o Suiza con instituciones como las Bolivarianas de Venezuela, indistintamente de que tan eficiente sea la política económica. Es tentador saltearse restricciones institucionales por beneficios de corto plazo. El punto, sin embargo, es respetar las instituciones cuando en el corto plazo sus resultados no parecen ser beneficiosos.

A modo de ejemplo, ¿fue correcta la movida de Macri de nombrar dos Jueces de la Corte Suprema por decreto mientras el Senado está en receso? ¿No es riesgoso dar inicio a esta práctica? No olvidemos que los Jueces de la Corte Suprema son la cabeza de un poder del estado y como tal se encuentran a la par, no por debajo, del Presidente. ¿Acaso el espíritu de dicha prerrogativa no es para el caso cuando no es factible reunir a los Senadores en un corto plazo? ¿Cuánto puede llevar reunir a los Senadores hoy día, respecto a cuánto tiempo podía llevarse cuando se escribió esa prerrogativa originalmente? ¿Realmente no había tiempo de reunir a los Senadores?

Una lectura literal de las normas puede llevarnos a concluir que los nombramientos son legales, pero una lectura más contextualizada nos puede llevar a la conclusión de que Macri violó el espíritu (intención) de la norma la cual tiene una clara interpretación republicana de limitar a los poderes del estado.

En segundo lugar, el equipo económico actual es claramente percibido con un mayor nivel de preparación, que al equipo económico saliente. Esto genera la confianza en quienes miran los futuros pasos del país que, indistintamente de la orientación política o ideológica del nuevo equipo, no se van a hacer desastres en materia de política económica.

Salir del cepo y eliminar retenciones eran dos necesidades casi imperiosas. De haber ganado Scioli, por lo menos hubiese salido también del cepo. Por lo que hay, también, que esperar a que se tomen más medidas concretas para ir teniendo una imagen más acabada de los planes del nuevo equipo económico.

¿Cuáles cree que son los principales desafíos del nuevo gobierno?

Al ver a Argentina veo dos grandes desafíos. En primer lugar, un problema cultural o educativo. La sociedad argentina es muy permeable a gobiernos de corte populista. Está muy asentada la noción de que uno tiene derecho a vivir del trabajo ajeno.

Percibo muy impregnado en la opinión pública la idea, errónea, de que la economía es un juego de suma cero (lo que uno gana otro lo pierde) en un lenguaje que invita a pensar en luchas de clases. ¿De dónde surge esta concepción tan arraigada que quizás hasta nos parece natural? Quizás el gobierno deba plantearse como comunicar sus decisiones y revisar si la educación pública no juega un rol en generar y alimentar esta concepción.

Actualmente Argentina rankea entre las 10 economías menos libre del mundo en el Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation. ¿Cómo se llegó a tanto en un país que estaba entre los más ricos del mundo a principios del siglo XX? ¿Cuál es el destino del país de persistir en estos niveles de represión económica en los próximos 20 o 50 años?

El segundo gran desafío es el ya mencionado déficit fiscal. Desde 1961 a la fecha, argentina ha tenido superávit financiero en sólo 5 años luego de la crisis del 2001. En 2004, el superávit fiscal fue del 3.3% del PBI. Desde el 2005, el mismo comienza a caer año tras año.

No se percibe, en los números, una genuina preocupación de Néstor Kirchner por mantener un Tesoro superavitario. Este déficit fiscal es indistinto de la orientación política de turno, o de si es un gobierno democrático o militar. Esto sugiere que el problema no es de administración del estado, sino de concepción de cuál debe ser el rol del estado; lo cual vuelve a mi punto anterior.

El desafío de Cambiemos no es meramente corregir el déficit fiscal, dicha reforme implica replantearse qué debe y qué no debe hacer el estado argentino. No estoy seguro que este sea el diagnóstico que Cambiemos hace de la situación.

La ideología, si cabe la palabra, del Pro es la eficiencia en la gestión pública. Esta concepción, sin embargo, no pone límites concretos a qué debe o no hacer el estado. ¿Es eficiencia, para el Pro, administrar “eficientemente” una Aerolíneas Argentinas estatal sin competencia o es eficiencia ir a una política de cielos abiertos y vender (o cerrar) Aerolíneas Argentinas si hace falta?

 

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.