LA HERMENÉUTICA Y LA FALSA DIALÉCTICA ENTRE HUMANIDADES Y CIENCIAS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 20/1/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/01/la-hermeneutica-y-la-falsa-dialectica.html

 

(Punto 3 del Cap. 5 de “La hermenéutica como el humano conocimiento”, de próxima aparición).

Curiosamente, si hay algo que esencialmente humano, es la ciencia. Dios no la necesita ni los animales tampoco. Dios tiene la ciencia de visión y la ciencia de simple inteligencia, pero eso no es ciencia en el sentido que va desde Ptolomeo hasta Howking. Y los animales son extraordinarios y asombrosos. Un hormiguero parece un sistema de conocimiento en red, donde cada hormiga es una neuronita. Pero, que sepamos, no escriben, no teorizan, ni se equivocan[1].

Que se haya separado a la ciencia de las humanidades es un típico resultado de una noción positivista de conocimiento donde no hay conciencia histórica. Una noción de conocimiento que cree que la ciencia es abrir los ojos, ver los hechos, anotarlos y que luego otros hagan lo mismo. Una noción de conocimiento donde se cree en los “datos”; en que conocer es conocer el “qué”, sin saber el “por qué”. Ya hemos visto que no es así. Pero no nos convencemos. Seguimos haciendo programas de estudio donde enseñamos “la” Física, “la” astronomía, e incluso, terriblemente, “la” filosofía, sin historia de la Física o de lo que fuere. Que no es un conjunto inconexo de fechas y nombres sino entender de qué problema y contexto anterior tal autor dijo tal cosa. Y lo terrible es cuando ello se lleva a ciencias sociales, donde por ejemplo se estudia “economía” sin historia del pensamiento económico.

Pero, me dirá el lector, necesitamos técnicos. El médico de emergencias no necesita historia de la medicina, ni el ingeniero, que está a cargo del simple puente,   necesita historia de la Física. Ok, pero entonces reconozcamos, de una vez, que eso no es universidad, sino la barbarie del especialismo, al decir de Ortega, justificada tal vez por la necesidad de cosas prácticas que deben hacerse aunque no comprenderse. Perfecto, los medievales eran más sabios, distinguían las escuelas de artes y oficios de las universidades. Ahora estas últimas son escuelas de artes y oficios, donde se enseñan de memoria técnicas prácticas. Pongámosle entonces el nombre correspondiente: tecnicaturas, y que deberían durar menos años para lo que realmente se pretende.

¿Pero qué decir de una carrera de Física, no una tecnicatura terciaria en ingeniería? Que sufre de lo mismo. Si es un estudio universitario de Física, con doctorado, tiene que saber de dónde han emergido los paradigmas diferentes (Ptolemaico, atomista, aristotélico, copernicano, Einstein, cuántica) para luego poder hacer investigación y hacer avanzar la ciencia. Me van a decir: no, según Kuhn la ciencia avanza con el humilde puzzle solving de la ciencia normal, esto es, con miles de repetidores que luego entran en crisis sin darse cuenta. Tiene razón Kuhn en que ello es habitualmente así, pero no por ello hay que desesperar y evitar todo intento de educar al científico en la creatividad del saber teórico. Por eso, lamentablemente, los físicos, no ya los ingenieros, no saben ni les interesa quiénes fueron Koyré, Duhem, Jaki, Kuhn, Lakatos o Feyerabend. Porque todos ellos hicieron historia de la física y en cambio ellos creen que saben “la física” cuando en realidad no saben más que un determinado período histórico, el actualque ellos ven como un eterno presente como si fueran dioses. Formar a Físicos es formarlos en la historia de la filosofía y de la ciencia que incluya la lectura directa de los clásicos. ¿Ah, no quieres? Entonces estudia una tecnicatura en ingeniería de 4 años. Llama a las cosas por su nombre y dales el tiempo que tienen. Pero no, el positivismo ha creado un mundo ilusorio donde llamamos doctores a un conjunto de técnicos entrenados para repetir y hacer muy bien el puzzle solving de la ciencia normal. Eso no ha matado a la creatividad humana, que se abre paso como la vida en medio de las piedras, pero si quieres vida, haz un buen terreno y no esperes que las florecillas crezcan  de casualidad entre los cascotes.

[1] Algún lector dirá: ¡pero equivocarse no es científico! Llamando a Popper, please, urgente………

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

 

 

Un momento fundacional para la ciencia económica. El iluminismo escocés y la tradición del orden espontáneo

Por Martín Krause. Publicado el 30/10/17 en: http://bazar.ufm.edu/momento-fundacional-la-cien-ia-economica-iluminismo-escoces-la-tradicion-del-orden-espontaneo/

 

Con los alumnos de la UNLP vemos Historia del Pensamiento Económico. En este caso, algunos capítulos del libro compilado por Adrián Ravier, Lecturas de Historia del Pensamiento Económico. Estamos considerando a los clásicos y uno de los capítulos es un artículo donde Ezequiel Gallo comenta “La Tradición del orden social espontáneo”, analizando las contribuciones de los escoceses Adam Ferguson, David Hume y Adam Smith. De ese texto, reproduzco su explicación y comentario de la famosa frase del primero de esos autores cuando se refiere a los fenómenos sociales que son “fruto de la acción humana pero no del designio humano”. Esta es la esencia de un orden espontáneo, algo que cuesta mucho comprender.

Ferguson

“… ¿cómo fue posible que en ciertos momentos, ese ser frágil e imperfecto que es el hombre fuera capaz de crear riqueza y abandonar siquiera fugazmente, la condición de atraso y pobreza a la que parece condenado? Las primeras reflexiones a partir del interrogante planteado apuntan a señalar cómo no ocurrió ese tránsito. El cambio no fue originado por un plan “maestro” generado en la cabeza de un hombre o en un cónclave de notables. Tampoco fue el resultado de algún contrato original donde se acordaron de una vez las instituciones que habían de regir los destinos de la humanidad: “Ninguna sociedad se formó por contrato” —diría Ferguson—, “ninguna institución surgió de un plan [ … ] las semillas de todas las formas de gobierno están alojadas en la naturaleza humana: ellas crecen y maduran durante la estación apropiada”. Y luego redondea esta noción en uno de los más afortunados pasajes de su Ensayo sobre la sociedad civil:

“Aquel que por primera vez dijo: ‘Me apropiaré de este terreno, se lo dejaré a mis herederos’ no percibió que estaba fijando las bases de las leyes civiles y de las instituciones políticas. Aquel que por primera vez se encolumnó detrás de un líder no percibió que estaba fijando el ejemplo de la subordinación permanente, bajo cuya pretensión el rapaz lo despojaría de sus posesiones y el arrogante exigiría sus servicios.

Los hombres en general están suficientemente dispuestos a ocuparse de la elaboración de proyectos y esquemas, pero aquel que proyecta para otros encontrará un oponente en toda persona que esté dispuesta a proyectar para sí misma. Como los vientos que vienen de donde no sabemos [ … ] las formas de la sociedad derivan de un distante y oscuro pasado; se originan mucho antes del comienzo de la filosofía en los instintos, no en las especulaciones de los hombres. La masa de la humanidad está dirigida en sus leyes e instituciones por las circunstancias que la rodean, y muy pocas veces es apartada de su camino para seguir el plan de un proyectista individual.

Cada paso y cada movimiento de la multitud, aun en épocas supuestamente ilustradas, fueron dados con igual desconocimiento de los hechos futuros; y las naciones se establecen sobre instituciones que son ciertamente el resultado de las acciones humanas, pero no de la ejecución de un designio humano. Si Cronwell dijo que un hombre nunca escala tan alto como cuando ignora su destino, con más razón se puede afirmar lo mismo de comunidades que admiten grandes revoluciones sin tener vocación alguna para el cambio, y donde hasta los más refinados políticos no siempre saben si son sus propias ideas y proyectos las que están conduciendo el estado”.

Es conveniente subrayar dos aspectos de esta intuición tan fértil de Ferguson. En primer lugar, el autor escocés afirma que los hombres no “inventan” desde cero, sino que innovan a partir de circunstancias e instituciones que fueron el fruto de acciones humanas anteriores. En segundo término, esas circunstancias surgieron como consecuencia de la yuxtaposición de una multitud de planes individuales que al entrecruzarse produjeron muchas veces resultados que no eran queridos por sus autores. Así Hume, por ejemplo, afirmaba que las reglas de justicia, y especialmente de la propiedad, eran muy ventajosas para todos los integrantes de la comunidad “a pesar de que ésa no había sido la intención de los autores”. Es importante advertir, finalmente, que una parte muy significativa de nuestras instituciones (justicia, moneda, mercados, lenguaje, etc.) emergieron espontáneamente de esas interacciones humanas bastante antes que pensadores y analistas sistematizaran sus contenidos. Esto es, por ejemplo, lo que nos dice Ferguson sobre el lenguaje:

“Tenemos suerte de que en estos, y otros, artículos a los cuales se aplica la especulación y la teoría la naturaleza prosigue su curso, mientras el estudioso está ocupado en la búsqueda de sus principios. El campesino, o el niño, pueden razonar y juzgar con un discernimiento, una consistencia y un respeto a la analogía que dejaría perplejos al lógico, al moralista y al gramático cuando encuentran el principio en el cual se basa el razonamiento, o cuando elevan a reglas generales lo que es tan familiar y tan bien fundado en casos personales”.

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

JUAN CARLOS CACHANOSKY

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 10/1/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/01/juan-carlos-cachanosky.html

 

Conocí a Charly sin darme cuenta en 1974. Yo estaba asistiendo a los cursos que Enrique Loncán (otro santo) sobre economía en la famosa y entrañable Escuela de Educación Económica y Filosofía de la Libertad, dirigida por Carlos A. Sánchez Sañudo (otro héroe), y veía que adelante unos dos chicos con pinta de estudiantes hacían preguntas y comentarios cuyo sentido yo apenas comenzaba a barruntar. Después me enteré que eran Juan Carlos Cachanosky y Alejandro Chafuén, dos estudiantes de economía de la UCA que para entonces debían tener unos 20 años.

Lo vi de vuelta, ya con mayor uso de la razón :-), en 1979, cuando mi Delegación Juvenil del Centro de Estudios sobre la Libertad (formada 4 años antes, qué épocas) comenzó a asistir a ESEADE de Buenos Aires (dirigido por Alberto Benegas Lynch (h) y recién fundado en 1978) para recibir cursos que gratuitamente nos daban sus profesores de su Departamento de Investigaciones, dirigido por Ezequiel Gallo. Y el que más nos enseñó fue Juan Carlos. Y no fue poco. Un año entero de un curso completo sobre Keynes, con el libro original en mano, y otro año entero un curso sobre el libro I de El Capital de Marx, con el texto en mano. Ya para entonces Juan Carlos se perfilaba como uno de los mejores profesores de Historia del Pensamiento Económico, cosa que hubiera sido su destino académico permanente si algunos hubiera tenido mayor conciencia de la importancia de la investigación. Pero no puedo dejar de recordar que casi inmediatamente todos pudimos ver en él a un padre que generosamente prodigaba su alegría, su optimismo, su sabiduría, a todos nosotros. Y allí comencé con él una amistad muy, muy profunda que no se acabaría nunca.

Los años que siguieron estuvieron marcados por su presencia. En 1985 entré al Departamento de Investigaciones de Eseade, donde estuve hasta 1992. El compañerismo, la amistad, la donación mutua de conocimientos e inquietudes, fue permanente. Debatíamos, estudiábamos, salíamos a comer, hablábamos de Mises, Hayek, Rothbard, Sennholz, Israel Kirzner, etc., como marcianos en una Argentina que iba para cualquier otro lado y como lunáticos en un mundo académico que nos miraba con desprecio. Pero el optimismo de Juan Carlos hacía olvidar todo ello.

Desde 1993 hasta el 2000 nunca dejamos de vernos. Sobre todo, él siempre estaba allí, para aconsejar sobre cualquier problema que uno pudiera tener. En el difícil camino académico, hablar con Cacha era la generosa terapia que él nos dispensaba absolutamente, cubriendo con su mirada paternal las inexperiencias y los temores. En el 2000 él fue quien me propuso a la Universidad Francisco Marroquín como profesor visitante. No es poco, precisamente, lo que le debo. Con absoluta generosidad me incorporó a su cuerpo de profesores de Corporate Training y varias veces me intentó rescatar de caminos difíciles.  En la Marro, donde él llegó a ser decano de su Escuela de Negocios (el ESEADE de la UFM) fue la misma presencia paternal, para mí, para todos los argentinos que íbamos por allí y para cualquier marciano al que él viera solo y desvalido. Como Cristo, no se bancaba a los soberbios y a los hipócritas. Pero, como Cristo, sabía perdonar, algo raro en personas como él, porque me he dado cuenta, últimamente, de lo inmisericordes que pueden llegar a ser los genios.

El me decía San Ottis, patrono de los ascensores (ya ven quién me enseñó a hacer chistes………..), y luego, siempre, San Otti, pero yo le decía, en serio, San Francisco. Porque era igual. Su caridad, su preocupación por todos, no tenía parangón. Eso fue lo que ha conmovido a todos los que tuvimos el regalo de conocerlo.

Su muerte nos tomó muy de sorpresa. Mi vida había sido -para tomar la bella expresión de Cecilia Vázquez Ger- habitada por la suya y por mi amistad con sus hermanos, esposa e hijos. El 1ro. de Enero del 2016, a las 11 y media de la mañana, sonó el teléfono de casa y mi queridísima amiga, Angélica Cachanosky, sólo dijo una palabra, entre sus llantos:

Charly.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Entrevista a Carlos Rodriguez Braun:

Publicada el 29/10/14 en http://www.empresasbandera.com/twecos-credito-y-caucion-carlos-rodriguez-braun/ 

 

Además de desvelar las claves de la economía en sus múltiples artículos, conferencias e intervenciones públicas, usted también es profesor. ¿Qué es lo primero que enseña a sus alumnos?

Mi asignatura es Historia del Pensamiento Económico, así que lo primero que hago es explicarles por qué puede resultar interesante para un economista. Les pido que comparen nuestra profesión con otras: un neurocirujano o un físico o un químico pueden ser excelentes expertos sin saber cómo se realizaba una trepanación, un cálculo o un experimento en la Edad Media. Pero si la economía es una ciencia, lo que está abierto a discusión, evidentemente no es como las demás, en las que los profesionales pueden confiar en que toda o casi toda la sabiduría anterior ha sido ya incorporada a la disciplina en su actual estadio de desarrollo y, por tanto, el futuro neurocirujano no obtendrá un provecho apreciable si estudia las trepanaciones medievales. En cambio, los economistas sí podemos aprender de los aciertos y errores de quienes nos precedieron. Algo parecido les sucede a los abogados, que siguen estudiando Derecho Romano, y desde luego no lo hacen por mera curiosidad.

En uno de sus últimos artículos, advierte de que el análisis de los mercados no es sencillo y afirma que en la actualidad se va aproximando a una profesión de alto riesgo. ¿Es cada vez más difícil acertar el futuro, aunque sea el inmediato?

Como recuerda con crueldad y acierto Deirdre McCloskey: “if you are so clever, why aren’t you rich?”. Los economistas y analistas no conocemos el futuro: si lo conociéramos seríamos realmente los más ricos del lugar, y es evidente que no lo somos. Mi advertencia no iba sólo contra la pretensión absurda de saber lo que va a pasar en los tiempos venideros, sino que añadía un mensaje de precaución: en los momentos de volatilidad en los mercados, los análisis que buscan conclusiones más o menos nítidas e incuestionables son peligrosos, porque si empleamos los argumentos A, B y C para explicar por qué hoy la Bolsa sube, tendremos mucha dificultad en explicar por qué baja mañana, cuando las circunstancias explicativas A, B y C permanecen intactas.

¿Se puede afirmar con rotundidad que el ajuste del sector privado ha concluido en España?

En economía conviene no afirmar nada con rotundidad (salvo, quizá, esto que acabo de afirmar…). Sin embargo, el tiempo transcurrido, el enorme coste soportado en términos de millones de empleos perdidos y decenas de miles de empresas que han debido cerrar, y las señales de recuperación en varios ámbitos de la actividad económica, sugieren que, efectivamente, el sector privado puede haber completado o casi completado su ajuste en nuestro país.

¿Qué otros pasos quedan por dar para acelerar la recuperación?

Los mismos pasos que los Gobiernos de PSOE y PP debieron dar y no dieron. Es decir, la reducción del gasto público, del déficit y de la deuda, por un lado, y la apertura de los mercados, por otro. Los Gobiernos de Rodríguez Zapatero y Rajoy hicieron lo contrario  y por la misma razón: subieron los impuestos y no redujeron el gasto público para “preservar el Estado del Bienestar”. Esa enorme irresponsabilidad abortó la débil recuperación de 2009-2011, y quiera Dios que no termine por hacer lo propio ahora.

Algunos están convencidos de que las recesiones profundas dan lugar a recuperaciones débiles ¿Es el caso en nuestro país?

La evidencia empírica no demuestra de modo concluyente esa correspondencia, sugerida más bien por el sentido común. Supongamos que este gobierno y el anterior hubiesen sido responsables y hubiesen recortado el gasto público sin subir ni un impuesto: el derrumbe en la actividad económica habría sido igual o quizá mayor, pero también la recuperación habría sido menos débil.

¿Qué sabe del seguro de crédito y del papel que está jugando en esta crisis?

En la medida en que protege a los acreedores solventes contra el impago de los créditos comerciales, el seguro de crédito siempre es económica y financieramente útil, y especialmente en épocas de crisis, cuando este tipo de incidencias naturalmente tienden a extenderse. En estos últimos años, sin embargo, ha habido abusos considerables en el caso concreto de los CDS, que no son precisamente un seguro de crédito, pero que han sido quizá el flanco más débil por donde la expansión monetaria orquestada por los bancos centrales ha afectado al mundo del seguro.

Entrevista realizada por Javier Labiano

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.