La difícil relación de Irán con el resto del mundo

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 31/1/19 en:  https://www.lanacion.com.ar/2216025-la-dificil-relacion-iran-resto-del-mundo

 

Desde hace algunas décadas, Irán aparece como una de las cuestiones más inquietantes de la agenda de paz y seguridad internacional. En los últimos cuatro años, el tema de su peligroso desarrollo nuclear, en particular, generó algunas preocupaciones significativas.

Irán suscribió un acuerdo con la comunidad internacional en el que, contra la flexibilización de las sanciones económicas que le habían sido impuestas, aceptó algunas limitaciones vinculadas con la posibilidad de producir armas nucleares. Desde la llegada al poder de Donald Trump , Estados Unidos abandonó ese acuerdo, en señal inequívoca de desconfianza al régimen iraní.

Irán es una teocracia, lo que supone que está patológicamente en manos de una poderosa élite religiosa que conduce política y económicamente al país. Es, además, el líder del llamado “shiismo”: una de las dos variantes religiosas más importantes del mundo musulmán, que procura transformarse en una potencia regional, proyectándose hacia el Mar Mediterráneo.

A diferencia de lo que sucedió con Estados Unidos , el diálogo entre los países europeos e Irán no se ha descarrilado. Esto pese a que hay aún desacuerdos trascendentes sobre temas fundamentales, como el programa misilístico iraní y la exportación de terrorismo. Esto se evidencia hoy en la serie de atentados ocurridos en Europa contra dirigentes opositores al régimen clerical, que están en el exilio.

Sobre estos dos últimos temas, están lejos de un entendimiento mínimo, por lo que las suspicacias recíprocas fueron en aumento. La última reunión terminó, aparentemente, con la delegación iraní levantándose abruptamente de la mesa de las negociaciones, lo que, por cierto, es una mala señal.

Para la Unión Europea , el Ministerio de Inteligencia iraní tiene una aberrante red de asesinos a sueldo que fue la responsable de algunos de los atentados cometidos en Europa desde el 2015 a la fecha, y que tuvieron como blanco a los mencionados líderes opositores iraníes.

Irán toma riesgos grandes con sus acciones en materia de política exterior. Uno de ellos, quizás el más preocupante, tiene que ver con su presencia militar en Siria . Otro, también enorme, se relaciona con la creciente intimidad que existe entre Hezbollah e Irán, su mayor financista y proveedor de armas y pertrechos militares.

El impacto de las sanciones económicas norteamericanas sobre Irán fue -pese a todo- importante. El país de los persas no tiene la liquidez financiera que el andar normal de su economía exige. Su moneda nacional, el rial, tiene -como consecuencia- una creciente fragilidad.

Esto último, sumado a las sanciones, está dificultando algunas importaciones esenciales, como las que tienen que ver con medicamentos y equipamiento tecnológico. Los europeos, que desean comprar y vender a Irán, propiciaron mecanismos y vehículos para evitar las sanciones económicas norteamericanas, pero hasta ahora ellos no están disponibles. Por lo demás, las grandes empresas procuran deshacer sus relaciones con Irán, para así evitar disgustar a la administración de Donald Trump.

Pero, a no engañarse. Irán continúa aceleradamente con su desarrollo misilístico con el que, según Estados Unidos, viola las resoluciones que le fueran oportunamente impuestas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas . Por esto, en febrero, el gobierno norteamericano ha organizado un encuentro con los países de la Unión Europea, en la ciudad de Varsovia, cuyo objetivo central es el de hacer más efectivo el aislamiento comercial a Irán.

La administración norteamericana procura, asimismo, dificultar las exportaciones iraníes de hidrocarburos, aunque lo cierto es que Irán, que alguna vez exportó más de tres millones diarios de petróleo, hoy solo exporta un tercio de esa cantidad.

No obstante, algunos compradores importantes de crudo iraní, como: Japón, Turquía y Corea del Sur, lograron permisos norteamericanos expresos, con los que continúan abasteciéndose con petróleo iraní.

Las ventas de hidrocarburos iraníes se concentran fuertemente en el mercado asiático, donde Japón y Corea del Sur son sus dos clientes principales. Habrá que ver si esto último puede continuar. Estados Unidos anunció que en mayo revisarán específicamente la situación de las exportaciones iraníes de hidrocarburos, con el propósito definido de continuar empujando hacia su desaparición.

Para Arabia Saudita, la rivalidad con Irán está en el centro mismo de su política exterior regional, así como en el corazón de sus diferencias religiosos no resueltas.

Por el momento parece difícil que el aislamiento iraní pueda ser reducido. Por esta última razón, la confrontación diplomática entre Irán y el resto del mundo difícilmente se reduzca.

En nuestra propia región latinoamericana, la presencia iraní genera resquemores. No solo por el hecho de que Irán es uno de los más preocupantes exportadores de terrorismo del mundo. También por su creciente intimidad con los regímenes autoritarios que se apoderaron de Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Irán, es evidente, tiene un juego geopolítico que ya no se agota en Medio Oriente y extiende sus tentáculos todo a lo largo y ancho del mundo, incluido nuestro vecindario.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

EE.UU. sorprende a Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 29/12/16 en: 

 

En el complejo escenario de Medio Oriente , la guerra civil siria y sus atrocidades parecían haber relegado al conflicto entre Israel y los palestinos a un segundo plano. Ocurrió que, pese a que Israel ha mantenido ya tres guerras contra Siria y protagonizado numerosos incidentes fronterizos con duelos de artillería y combates aéreos, lo cierto es que hasta ahora se había mantenido al margen de ese conflicto.

Hablamos de una guerra civil siria que, en esencia, es una confrontación facciosa entre distintas visiones del Islam, en la que la intervención militar directa de la Federación Rusa e Irán han permitido la supervivencia del autoritario régimen de Bashar al-Assad. Muy pocos creyeron, al comienzo del conflicto, que esto podía ser posible. Pero hoy es una realidad.

De alguna manera Israel logró hacerse casi “invisible” con relación a Siria. Consciente, sin embargo, de que los potenciales triunfadores en la guerra civil podían ser países, como Irán, u organizaciones, como la libanesa “Hezbollah”, hostiles hacia Israel. Es lo que efectivamente ha sucedido, generando una difícil nueva realidad geopolítica alrededor de Israel. Quizás más peligrosa que nunca.

Mientras el conflicto armado en el país vecino se desarrollaba, Israel pudo recomponer su relación bilateral con Turquía y mantuvo intactas sus relaciones con Jordania. Además, se acercó discretamente al gobierno militar que hoy -tras la etapa que llevara brevemente a la Hermandad Musulmana al poder en el país de las pirámides- conduce a Egipto.

En las fronteras inmediatas de Israel, “Hezbollah” -directamente involucrado en la guerra civil siria- creció muy fuertemente en influencia y, desgraciadamente, también en capacidad militar y, en cambio, “Hamas”, más bien disminuida, mantuvo su agresividad, aunque sin intervenir abiertamente en ella.

Pero de pronto la quietud aparente en la que flotaba el conflicto no resuelto entre Israel y los palestinos se alteró dramáticamente. En apariencia, inesperadamente.

En la que fuera -en su origen- una iniciativa de la representación egipcia, un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad generó una enorme sorpresa.

Porque -escrito por los palestinos- ordenaba a Israel detener -inmediata y completamente- la construcción de asentamientos en Cisjordania y en Jerusalén-este. Y los declaraba, expresamente, como ilegales bajo el derecho internacional, definiéndolos como un obstáculo serio para poder avanzar en una solución negociada del conflicto entre ambas partes estructurada bajo la noción de “los dos Estados”. Advertía, de paso, que no se reconocerán cambios a la situación en materia de integridad territorial distintos de la realidad existente al 4 de junio de 1967.

Sin perder un minuto, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu , ante lo que sucedía, solicitó a la administración de Barack Obama “vetar” el proyecto, en caso de que el mismo siguiera adelante. Además, se comunicó con el presidente electo norteamericano, Donald Trump , y le encomendó específicamente la misión de pedir a Egipto que postergara la discusión y votación del proyecto en el Consejo de Seguridad. Lo que Trump obtuvo a través de una conversación telefónica con el general Abdelfatah al-Sisi, hoy presidente constitucional de Egipto, con el que Trump tiene una buena relación personal.

No obstante, otros cuatro miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: Malasia, Nueva Zelanda, Senegal y Venezuela, de pronto hicieron suyo el proyecto de resolución y, descongelándolo, lograron impulsarlo y ponerlo a votación, casi sin demoras.

Y allí vino la enorme sorpresa: los EE.UU., que siempre fueron críticos respecto de los asentamientos en cuestión, pudieron ciertamente vetarlo una vez más, como ya lo habían hecho en el pasado con proyectos similares. Pero esta vez fue distinto. No lo hicieron. Prefirieron abstenerse. El resultado de esta actitud fue que la resolución sobre los asentamientos en Cisjordania y Jerusalén-este se aprobó rápidamente, por 14 votos contra 0 y una abstención, la de los EE.UU..

Estamos frente a un hecho histórico. Por primera vez el organismo de las Naciones Unidas, responsable principal de las cuestiones de paz y seguridad internacionales, intervino específicamente -con todo su peso- en el conflicto entre Israel y los palestinos. Con definiciones categóricas que de pronto hasta podrían derivar en sanciones contra Israel, si la construcción de asentamientos en Cisjordania y Jerusalén-este no se interrumpe.

De este modo, los EE.UU. modificaron abruptamente la que fuera hasta ahora su tradicional postura. Esto es, la de proteger siempre con su veto a Israel en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas e impulsar, en cambio, la resolución del tema abierto entre Israel y los palestinos exclusivamente a través de negociaciones directas entre las dos partes.

Lo hicieron en lo que implica un fuerte cambio de rumbo, desairando abiertamente a Donald Trump, quien ya había solicitado a Barack Obama el “veto” de la resolución votada, a la que caracterizara de “extremadamente injusta, respecto de Israel”.

Lo cierto es que la norma emanada del Consejo de Seguridad es una realidad, con todos los efectos consiguientes. Benjamin Netanyahu la calificó de “vergonzosa” y advirtió, sin rodeos, que Israel no le reconocerá validez. En su entorno, alguno hasta sugiere que todo lo sucedido en esta cuestión ha sido, en realidad, una maniobra urdida por la administración de Barack Obama.

Ante lo sucedido, parece oportuno recordar que cerca de 600.000 israelíes viven hoy en asentamientos del tipo de los que se mencionan en la resolución adoptada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. No es, para nada, un tema menor.

La resolución comentada, del 23 de diciembre pasado, lleva el número 2334 y refleja la que ha sido -por años- la posición prevaleciente en la comunidad internacional sobre los asentamientos. Define a los asentamientos como una violación “flagrante” del derecho internacional y sostiene que ellos carecen de validez legal. Llama también a que se eviten los actos de violencia contra los civiles y las provocaciones, incluyendo el terrorismo. Convoca, asimismo, a reanudar, sin demoras, las negociaciones para poder completar un acuerdo de paz final entre las partes, estructurado sobre la idea de “los dos Estados”.

La resolución, sin embargo, tiene sus problemas. Serios. Primero, es en realidad un paso en dirección a internacionalizar el conflicto, algo que no necesariamente es positivo y puede complicarlo en extremo. Segundo, parecería definir, sin excepciones, a todas las construcciones hechas en Jerusalén-este como asentamientos, incluyendo aquellas realizadas en el propio “barrio judío” de la Ciudad Vieja, lo que naturalmente es difícil de aceptar para cualquier gobierno de Israel. Y obviamente no menciona otros temas que son absolutamente fundamentales para poder avanzar en dirección a la paz, como es nada menos que la necesidad de que todos los involucrados reconozcan expresamente al Estado de Israel como tal, lo que hoy no sucede desde que algunos niegan a Israel el derecho mismo a existir.

Es imposible no pensar que el fuerte cambio de rumbo de la administración de Barack Obama, insólitamente realizado a último momento, no tenga algo que ver con la pésima relación personal que existiera -y existe- entre el presidente Obama y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. Lo sucedido puede entonces ser -directa o indirectamente- reflejo de esa desafortunada circunstancia.

Las cosas seguramente van a cambiar con el acceso de la nueva administración norteamericana, aquella que pronto encabezará Donald Trump. Pero la resolución 2234 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es una realidad. Para algunos, no ayudará, sino que hará aún más compleja la solución de un tema muy demorado, el del acuerdo final de paz entre israelíes y palestinos, respecto del cual puede ser cierto aquello de que el paso del tiempo no siempre ayuda. Donald Trump anunció que el próximo embajador de los Estados Unidos ante Israel será David M. Friedman, que rechaza públicamente la alternativa defendida por John Kerry, esto es la idea de “los dos Estados”.

Cabe apuntar que la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU no fue adoptada bajo el Capítulo VII de la Carta, sino bajo el Capítulo VI. Por ello no es directamente obligatoria. No obstante tiene mucho peso como recomendación y mensaje. Por esto, para Benjamin Netanyahu luce como una lamentable humillación.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El esperado levantamiento de las sanciones económicas a Irán

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 22/1/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1863666-el-esperado-levantamiento-de-las-sanciones-economicas-a-iran

 

Ocurrió el sábado pasado, cuando los iraníes estaban llegando a sus ocupaciones, en el primer día de su semana laboral. Pese a la trascendencia de la noticia, no hubo, en Irán, una explosión de alegría. Ni manifestaciones de celebración. Tampoco en Occidente. Como si todos hubieran apostado a la inevitabilidad de lo sucedido.

Las sanciones impuestas a Irán por su peligroso y -por un buen rato-clandestino programa nuclear , quedaron sin efecto conforme a lo convenido, tan pronto la Agencia Internacional de Energía Atómica certificó que Irán había cumplido con los compromisos asumidos en su acuerdo nuclear con el llamado “5+1”. Esto es con los cinco Miembros Permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, más Alemania.

Lo que supuso nada menos que: 1. Haber enviado a Rusia el 98% de sus inventarios de uranio enriquecido, o sea unas 11 toneladas, reteniendo apenas unos 300 kilogramos, lo que es insuficiente para construir una bomba nuclear; 2. Haber desmantelado unas 12.000 centrífugas que se utilizaban para enriquecer uranio; y 3. Haber destruido, mediante su relleno con cemento, el reactor nuclear iraní emplazado en Arak, con el que se generaba plutonio.

El levantamiento de las sanciones sucedió en el llamado “día de la implementación”. Como estaba previsto. Las restricciones impuestas comenzaron a caer, en una suerte de efecto “dominó”. Aunque con algunas excepciones, como veremos, lo cierto es que Irán de alguna manera ha “reingresado” al mundo.

El país persa podrá ahora vender petróleo crudo y recibirá, progresiva y rápidamente, unos 50 billones de dólares. El saldo de las sumas embargadas en instituciones financieras occidentales y que eran, en general, producto de ventas de hidrocarburos iraníes realizadas en el pasado.

Con ello Irán recompondrá sus niveles de reservas y podrá comenzar a modernizar una infraestructura pública obsoleta, incluyendo la necesaria para aumentar su actual producción de hidrocarburos y poner al día sus instalaciones de transporte. Pero también podrá eventualmente continuar con su exportación de terrorismo, actividad repudiable que lo coloca en una lista de países desestabilizadores y belicosos de la que Irán debería tratar de salir. La extendida guerra sectaria en la que Irán, a la cabeza de los “shiitas”, está envuelto contra los “sunnis”, profundizada en las últimas semanas por la ruptura de relaciones diplomáticas con las monarquías de los países árabes del Golfo, será un obstáculo para desandar el camino de la violencia que Irán ha abrazado, por décadas.

Cabe, sin embargo, advertir que los Estados Unidos mantendrán en vigencia las sanciones dispuestas contra Irán sea por la exportación de terrorismo, que se remontan a 1984; sea por sus abiertas violaciones a los derechos humanos de sus ciudadanos; o sea por su intervención en las guerras civiles de Yemen y Siria y por sus violaciones a las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas referidas a su programa misilístico. Estas últimas acaban de ser ampliadas.

El comercio de Irán con la Unión Europea y Turquía presumiblemente se pondrá en marcha bastante antes que el intercambio con las empresas privadas norteamericanas. Con pocas excepciones, como las de la compra de “pistacho” y alfombras iranés y la venta de medicamentos, repuestos de aviones y equipos y elementos del sector de la salud. Cabe recordar que el ex presidente iraní, Akbar Rafsanjani, buscado por el atentado contra la AMIA , es un magnate con enormes ingresos que, entre otras cosas, derivan de la venta de “pistacho”, del que es uno de los mayores productores de Irán.

Como consecuencia del levantamiento de las sanciones, el sistema financiero iraní podrá volver a operar con el sistema internacional, incluyendo el uso del mecanismo llamado “Swift”, del que había sido excluido.

Pese a todo, lo cierto es que la reconciliación de Irán con los Estados Unidos no existe, al menos por el momento. Todo es desconfianza recíproca. No es imposible que el odio de los clérigos iraníes contra Israel, cuya existencia rechazan de plano, incluya al país del norte y tenga mucho que ver con la tirantez subsistente.

En las próximas semanas, en señal de “brazos abiertos”, el ministro alemán de relaciones exteriores y el presidente chino visitarán a Teherán. Y el presidente iraní, a su vez, visitará a Italia Y Francia.

Esto es un triunfo político para Barack Obama , quien puede sostener que ha logrado congelar, aunque por una década, la transformación de Irán en potencia nuclear. Hace siete años que Obama le pidió a Irán “abrir su puño amenazador”. Ahora ha podido afirmar ante su Congreso, en su discurso sobre “el Estado de la Unión”, que “el mundo ha evitado otra guerra”. Es así, por lo menos por un rato. Aunque haya muchos que sostengan que Irán incumplirá sus compromisos. Entre ellos, los gobiernos de Arabia Saudita e Israel.

Es posible que, en una década, los procesos para producir armas atómicas se hayan simplificado mucho, particularmente a través del llamado mecanismo digital de impresión 3-D, transformando en obsoletos a los senderos que transitara Irán, empeñado en ese esfuerzo.

Lo sucedido es también una oportuna victoria para el presidente iraní, el reformista Hassan Rouhani, cuya campaña electoral del 2013 estuvo basada en prometer mejorar el nivel de vida de sus conciudadanos, obteniendo el levantamiento de las sanciones económicas que asfixiaban a Irán y a su pueblo. Esto pesará en su favor en las elecciones parlamentarias que se acercan: las del 26 de febrero próximo.

En lo inmediato, Irán seguramente aumentará sus ventas de petróleo crudo, de las que hoy depende un tercio de los ingresos de su tesorería. Se estima que en medio millón de barriles diarios, en los próximos seis meses. Para luego procurar llegar a su nivel de producción tradicional, de 4 millones de barriles diarios. Irán hoy produce 1,2 millones de barriles diarios, por lo que necesita contar rápido con la inversión y la tecnología que este esfuerzo supone. Para Irán, la mano detrás de la caída de los precios internacionales de los hidrocarburos es saudita.

Lo que sucede con el precio internacional del crudo afecta a Irán adversamente. Los ingresos a obtener se han transformado en apenas la cuarta parte de lo que se esperaba en el 2012. El barril de crudo iraní está hoy cerca de los 25 dólares. Ese es el precio más bajo de los últimos 11 años.

Es importante advertir que Irán, además de una historia profunda y de una cultura milenaria, tiene una economía significativa. Y es dueño de la cuarta parte de las reservas mundiales de hidrocarburos. Con posibilidades interesantes, aún más allá del sector energético. Es la dieciochoava economía del mundo. Y el treceavo productor de automotores del globo, con una fabricación del orden de los 1,650.000 vehículos anuales. Con unos ochenta millones de habitantes, como Alemania o Turquía, tiene unos 4,5 millones de estudiantes universitarios y es el quinto país del mundo en producción de ingenieros.

No obstante, las llamadas “bonyads”, instituciones parecidas a nuestras fundaciones, nacidas en 1979, controlan nada menos que un tercio de su economía y están administradas por los clérigos y por sus militares, alimentando así a una auténtica “oligarquía” económica que es dueña del país. Ellas deberán, en más, adaptarse a lo que viene. Pero si no lo hacen, en procura de defender sus privilegios fiscales y subsidios, podrían ser un obstáculo y generar una lucha de intereses y poder, demorando la “normalización” de la teocracia iraní.

Horas antes del levantamiento de las sanciones, a pedido de Irán, en un intercambio de contenido humanitario, las dos partes liberaron a cinco ciudadanos norteamericanos que estaban presos en Irán y -en contrapartida- también a siete ciudadanos iraníes detenidos en los Estados Unidos por violar el régimen de sanciones contra Irán o proveer tecnología satelital a ese país.

Esencialmente, dependerá ahora de la conducta de Irán el aprovechar o no la oportunidad que se abre. Si sigue, como hasta ahora, financiando activamente al terrorismo de Hezbollah o Hamás, o empeñado en una lucha sectaria contra las monarquías del Golfo, sus actitudes pueden frustrar la posibilidad de reintegrarse -armoniosa y seriamente- al mundo, para crecer con él.

Es hora de reemplazar, con una generación lenta de confianza, la nube de dudas y desconfianza que hoy la envuelve. Para ello Irán debe dejar atrás el fanatismo de algunos de sus líderes. También debe dejar de lado la mala fe.

Al referirse a la caída de las sanciones, el Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, recordó que el éxito tenía que ver con “la convicción de que se deben agotar las vías de la diplomacia antes de recurrir a la guerra”. Y su colega iraní Mohammad Javad Zarif, a la manera de eco, acotó: “La diplomacia requiere paciencia, pero todo lo que sabemos es que ella es ciertamente preferible a sus alternativas”. Es efectivamente así.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Lenta conformación de la coalición militar contra el Estado Islámico

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 10/12/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1852450-lenta-conformacion-de-la-coalicion-militar-contra-el-estado-islamico

 

La reacción -de espanto e indignación- generada por los atentados terroristas perpetrados en Paris el 13 de noviembre pasado derivó, como cabía esperar, en inmediatas conversaciones para conformar una única coalición militar capaz de enfrentar con éxito al horror del Estado Islámico. El presidente de Francia, Francois Hollande, asumió un rol protagónico en ese esfuerzo, con maratones que lo llevaron de un extremo al otro del mundo.

Existe ahora un consenso básico en la comunidad internacional: es hora de afrontar conjuntamente ese inmenso peligro. Lo sucedido en San Bernardino, en los Estados Unidos, ha confirmado que, desgraciadamente, todos estamos expuestos a riesgos de vida que no son remotos, sino inmediatos.

Se trata de interrumpir la metástasis del Estado Islámico y poner fin a sus atentados. De lo contrario, el mundo se transformará en un infierno. Por esto Rusia, al sumarse al esfuerzo común superando diferencias, recuerda que algo similar hizo el mundo, en su momento, contra el nazismo.

La necesidad de estructurar y operar una gran coalición militar con capacidad de ser efectiva se resolvió al día siguiente de los atentados de París, en la reunión de urgencia celebrada en Viena por 20 países, que incluyeran a los Estados Unidos y a Rusia. La semana siguiente, el propio Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, por iniciativa francesa, aprobó -unánimemente- el uso de la fuerza contra el Estado Islámico.

La tarea prosigue lentamente y se espera que para Navidad la coalición pueda estar conformada. Entre tanto, se han acordado -y se siguen acordando- los mecanismos de coordinación de las distintas operaciones militares en curso. Especialmente las aéreas.

La movilización política convocada por Francia ha tenido buen resultado, pero la coordinación del andar militar requiere de más esfuerzos. Y, desde que hay conciencia que ésta es una guerra patológica, que no se gana actuando solos desde el aire, es necesario poder aunar la acción adicional de una fuerza de tierra con componentes de gran diversidad. Heterogénea. Con las fuerzas alawitas del Clan Assad; los contingentes de Irán y los milicianos de Hezbollah; las altamente efectivas fuerzas irregulares kurdas; y algunas milicias sunnis de los grupos moderados.

Una tarea nada fácil, porque los obstáculos son enormemente complejos. A modo de ejemplo solamente, los kurdos prefieren, por razones étnicas, no operar en aquellas áreas en las que la población local es de mayoría árabe sunni.

La base de la coalición será presumiblemente el esfuerzo militar ya existente que, en los papeles, incluye a 65 países que opera desde el verano de 2014 y que desde entonces ha realizado unas seis salidas aéreas diarias, en promedio. El 80% de las cuales han sido protagonizadas por aviones de EE.UU., que lleva sobre sus hombros un enorme peso. Por esto sumar a la políticamente aislada Rusia es clave. Y lograr que las contribuciones de todos sean efectivas es el objetivo de corto plazo.

El gran obstáculo ha sido, hasta ahora al menos, la inclusión de las fuerzas sirias alawitas que responden a los Assad, puesto que ellos son responsables de crímenes de lesa humanidad que incluyen la utilización de armas químicas contra civiles inocentes de su propio pueblo. No obstante, lo que antes fuera una negativa occidental rigurosa parece de pronto haber comenzado a encontrar flexibilidad, al menos de corto plazo.

Tanto Irán como Rusia apoyan -abierta y firmemente- a los Assad e insisten en la necesidad de contar con sus contingentes en el terreno. Lo cierto es que Rusia, unida al dolor francés por el derribo de uno de sus aviones comerciales que volaba sobre el Sinaí, coordina sus acciones a través de Francia, pero continúa bombardeando a las fuerzas islámicas moderadas alzadas contra los Assad, lo que para Occidente es inaceptable. Además, ha intensificado sus bombardeos incluyendo a sus misiles Kalibr, de larga distancia, que son lanzados desde buques de guerra rusos emplazados muy lejos del territorio sirio. Vladimir Putin acaba de sugerir que “de ser necesario” ellos podrían volar con ojivas nucleares contra el Estado Islámico. A lo que Rusia acaba de sumar la apertura de una segunda base operativa en tierra, en Siria misma. En Jmeimin, a no más de 30 minutos de cualquier rincón de Siria.

Veamos cómo, en líneas generales, han ido progresando las cosas en los países de mayor capacidad de contribución militar.

Alemania, que desde el 2005 no ha participado en operaciones militares de este tipo, se ha comprometido a un apoyo explícito. Modesto quizás, pero bastante más que un aporte simbólico. Concretamente, aportará seis aviones Tornado de reconocimiento, que sin embargo no bombardearán objetivos en tierra siria. A lo que sumará el concurso de una fragata misilística que apoyará la labor del portaviones francés “Charles de Gaulle” que ya opera en el área desde el mar Mediterráneo, así como los servicios de inteligencia a ser provistos por un satélite militar adicional y la disponibilidad de un enorme avión de reabastecimiento de combustible en el aire para optimizar así la utilización de los cazabombarderos franceses. A lo que agrega aumentar el número de entrenadores militares que ya trabajan en el terreno, junto a las fuerzas kurdas.

En Gran Bretaña, el primer ministro David Cameron ha obtenido, con amplitud, la necesaria aprobación parlamentaria para comenzar a bombardear objetivos en suelo sirio que le había sido denegada desde el 2013. Ocurre que el 59% de los británicos hoy aprueban esa medida. Con su tradicional efectividad, apenas 11 horas después de la aprobación parlamentaria, aviones Tornado británicos -estratégicamente emplazados en la base de Akrotiri, en Chipre, apoyados por los modernos Typhoon- comenzaron sus acciones de bombardeo contra las instalaciones petroleras en Siria hoy en manos del Estado Islámico.

Francia, por su parte, ha intensificado sus bombardeos. Cada vez más. Es el segundo mayor contribuyente al esfuerzo bélico. El país galo participa en las acciones militares contra el Estado Islámico desde septiembre de 2014. Primero en Irak, pero luego extendió su accionar a Siria. Tiene unos 3.500 efectivos militares movilizados. Hoy es responsable del 5% de los bombardeos, que realiza con aviones Rafale y Mirage 2000. Contra una participación del orden del 80% norteamericana. Hablamos de algo menos de 3.000 incursiones aéreas francesas que han sido realizadas, en las que participa el portaviones Charles de Gaulle, ahora con 38 cazas a bordo.

Estados Unidos lideran la acción militar y tienen sobre sus hombros el peso principal del esfuerzo. Sus aviones de bombardeo operan fundamentalmente desde la base turca de Incirlik, pero también desde el portaviones Harry Truman. Cuenta, además, con unos 3.500 soldados en tierra, incluyendo a algunas “fuerzas especiales” que trabajan junto a las milicias kurdas. Y provee a todos información militar de inteligencia, así como pertrechos y bombas.

También operan, esporádicamente, algunos aviones turcos; cuatro aviones F-16 aportados por Holanda; unos pocos efectivos daneses; y aviones canadienses que aparentemente pronto dejarían la escena como consecuencia de la victoria de la oposición en las recientes elecciones parlamentarias en su país.

A lo que cabe agregar un componente con aristas espinosas: el de la participación iraní, país que -pese a negarlo oficialmente- tiene a sus tropas combatiendo en el territorio de Siria y en Irak. A lo que suma la participación de contingentes libaneses de Hezbollah, que responden a sus órdenes. La coordinación de sus acciones es un verdadero rompecabezas. Pero está ocurriendo a través de países que actúan a la manera de intermediarios.

Por ahora las monarquías sunnis del Golfo, directamente envueltas en la guerra civl de Yemen, casi no contribuyen a la lucha militar contra el Estado Islámico y sobre ellas sigue vigente la sospecha de que no han cortado los flujos financieros que salen de sus países y llegan a manos del fundamentalismo islámico. La sensación es preocupante en el sentido de que no están haciendo todo lo que deberían y que no actúan con la transparencia que se requiere para disipar las dudas que aún existen. Arabia Saudita, Bahrain y los Emiratos enviaron hace meses sus aviones a bombardear junto a los norteamericanos, rodeados por nubes de cámaras de televisión, pero lo cierto es que desde hace un rato que no lo hacen.

El Estado Islámico, mientras tanto, a la luz de lo que luce como una intensificación de las acciones militares en su contra, tanto en Siria como en Irak, ha abierto un frente alternativo: en Libia, en derredor de la ciudad de Sirte, emplazada sobre el Mar Mediterráneo. Está ocupada por sus milicias desde principios de año. La región es rica en hidrocarburos, desde que allí se concentra el 66% de la producción libia.

La decisión de participar en la coalición militar que se organiza contra el Estado Islámico pertenece a uno de los capítulos más difíciles de la política exterior: aquel que tiene que ver con la gravísima decisión de entrar en guerra. Con todo lo que ello supone en términos de vidas humanas y destrucción. Por esto no puede nunca ser precipitada, sino meditada.

No obstante, paso a paso, la coalición militar va tomando forma. Y la confrontación con el Estado Islámico, requerida por la violencia inhumana que esa organización ha desatado, parece haber adquirido la urgencia que hasta ahora no había tenido.

 

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Antoine Leiris para presidente

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado en: http://www.elheraldo.hn/opinion/columnas/902873-469/antoine-leiris-para-presidente

 

Increíble que personas como Bernard-Henri Lévy aseguren que “sin tropas en su terreno, tendremos más sangre en el nuestro”. Llama al homicidio desde la ignorancia.

Decía Paul Feyerabend que “los ciudadanos… van muy delante de sus políticos en su deseo de frenar la (violencia)… el sentido común suele ser superior a los ‘expertos’”.

Antoine Leiris, cuya esposa murió en el Bataclan, aseguró que no tendrán su odio ni el de su hijo de 17 meses porque “ustedes (los terroristas) lo están pidiendo” y responder “al odio con furia es caer en la misma ignorancia… me quieren asustado, que sacrifique mi libertad por seguridad… perdieron… Somos solo mi hijo y yo, pero más fuertes que todos los ejércitos del mundo”.

Parece idealista Leiris, pero es realista. Irreal es desconocer que la ciencia afirma que la violencia solo agrava las cosas y que la paz se logra con más paz.

Dice Ron Paul, excandidato presidencial en Estados Unidos, que los atentados en París provocaron sobre reacción, después de todo solo en accidentes de tráfico en Francia mueren 2,000 al año, y declaraciones en el sentido de repetir errores.

Para Peter van Buren, la repetición enfermiza de los errores empeorará las cosas.

Estados Unidos inició hace catorce años la “guerra contra el terrorismo” y, sin embargo, “el terrorismo evoluciona y lleva a cabo ataques más ambiciosos”, dice el primer ministro británico.

Así, la idea del presidente francés de que está en guerra contra el Estado Islámico (EI) solo traerá más violencia.

Cuando los terroristas dicen que conquistarán Francia, saben que no será por vía de un triunfo militar frontal sino porque enervarán a Occidente para que se violente y autodestruya… con ayuda de los políticos que con esto ganan poder al coartar las libertades en “aras de la seguridad” y aumentan sus dineros.

El gobierno de François Hollande ha dicho que aumentará el gasto en seguridad.

El terrorismo se excusa en la religión, pero es desmentido por la mayoría de los musulmanes, incluidos Hamas, Yihad Islámica y Hezbollah. Más bien tiene que ver con la marginalidad provocada por regímenes tiránicos que gobiernan en Arabia, como el saudí, que financia las mezquitas occidentales, y dentro de la misma Europa.

Los Estados occidentales, cuando trabajo abunda, millones de viviendas, escuelas, carreteras, etc., por hacer, crean desocupación imponiendo, vía el monopolio de la violencia, leyes laborales, como el salario mínimo que deja fuera del mercado a los que ganarían menos.

Es hora de terminar con la marginalidad llevando más paz, más libertad, menos coacción estatal, a las personas.

Un 40.5% de detenidos en España desde 2013 por relaciones con el yihadismo nacieron en España, según el Real Instituto Elcano. Coincidiendo con EuroPol, que afirma que el terrorismo suele reclutar jóvenes marginados, incluso no musulmanes, David Rieff, especialista en terrorismo, asegura que los “jóvenes (inmigrantes y descendientes de inmigrantes) están enfadados y son susceptibles de caer en las redes del EI… Se sienten impotentes… Su única arma es la brutalidad”.

De los 30,000 soldados del EI, 15,000 provienen del exterior y es la organización terrorista más rica, con ingresos diarios de dos millones de dólares por el petróleo y gas que le compran sus “enemigos”, las extorsiones, el mercado negro de antigüedades y las donaciones que llegan mayormente desde los países opositores

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

De pronto, Rusia juega fuerte en Siria

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 22/9/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1830101-de-pronto-rusia-juega-fuerte-en-siria

 

La Federación Rusa, sorpresivamente, está desplegando su poderío militar en Siria. Lo hace en defensa del régimen de Bashar al-Assad. Esto sucede en torno al puerto de Latakia. A menos de cien kilómetros de la única base naval rusa emplazada en el Mediterráneo, la de Tartus.

Hablamos de trabajos -sustantivos e importantes- de expansión de las instalaciones portuarias rusas y de dos pistas paralelas de aterrizaje que están siendo rápidamente ampliadas y modernizadas. También, de la llegada de viviendas portátiles que pueden alojar a por lo menos un millar de soldados rusos. Ya han arribado también cuatro modernos cazas SU-27; cuatro helicópteros de transporte HIP y otros cuatro similares, pero artillados. Así como tanques T-90 y centenares de infantes de marina. Con una flotilla de aviones Cóndor de transporte, Rusia está enviando -sin pausa- pertrechos militares a Siria. Lo hace a través del espacio aéreo iraquí, desde que Bulgaria, presionada por Estados Unidos y la Unión Europea, no le concedió derecho de paso.

Estados Unidos no esperaba, para nada, ese despliegue, que los tomó por sorpresa. Apoyo militar que supone un endoso mayúsculo para al-Assad, que ya ha dado frutos desde que los norteamericanos que se negaban a convocar a al-Assad (por sus actos criminales vinculados con el uso reiterado de armas químicas contra su propio pueblo) a cualquier negociación de paz, ahora dicen que podría ser parte de ella. Pero no de la solución. Rusia, quizás tenga otras ideas.

Hasta ahora Rusia había sido esencialmente una proveedora de armas para al-Assad. Hoy lo apoya con sus propias fuerzas militares en el terreno. A la manera de Irán o de Hezbollah, los dos grandes responsables de la frágil supervivencia del régimen de la familia Assad. El general iraní Qasem Suleimani acaba de estar, una vez más, en Moscú, seguramente coordinando las acciones de ambos países.

Ante lo sucedido, uno podría suponer que Rusia se apresta a luchar directamente contra el Estado Islámico, algunos de cuyos jefes pertenecen a los movimientos insurgentes de Chechenia. Pero el tipo particular de armamentos recientemente desplegados parecería sugerir otra cosa. Distinta. Porque se trata, entre otros, de modernos sistemas de defensa anti-aérea. Y los islamistas simplemente no tienen aviones.

Se supone entonces que el objetivo central ruso podría -como hemos dicho- ser proteger a al-Assad. Incluso contra una posible incursión aérea desde el exterior. De la aviación turca o de la norteamericana, cuyos cazas operan desde la base aérea turca en Incirlik. O de la aviación militar francesa, que se apresta a intervenir más activamente contra el Estado Islámico en apoyo de las fuerzas que lo combaten en el suelo. O de otros miembros de la coalición que, desde el aire, también operan contra los islamistas, como es el caso de Australia o el de Gran Bretaña.

La trascendente decisión rusa puede tener efectos cruciales de naturaleza geopolítica. Porque, por ejemplo, podría prolongar la guerra civil siria, al fortalecer a las fuerzas de al-Assad, que estaban muy debilitadas. Pese a que está claro que sin perjuicio del acuerdo de 2011 que presuntamente lo privara de armas químicas, al-Assad ha seguido utilizando criminalmente gas mostaza.

O, alternativamente, podría también apuntar a procurar una solución de partición, aceptando que hoy no es fácil reconstituir completamente la dañada integridad territorial de Siria. Una división que podría incluir la escisión de una franja costera en el occidente sirio que quedaría en manos de los “alawitas” (shiitas) de al-Assad que -por lo demás- la habitan. Y otros pedazos, uno de los cuales podría ser gobernado por los kurdos, para preocupación de Turquía que, con su importante población kurda doméstica, teme que ello genere nuevamente impulsos secesionistas kurdos en su propia casa.

Para los norteamericanos, que han evitado a toda costa empantanarse en el conflicto sirio, el despliegue ruso los ha obligado a coordinar sus acciones con Rusia, para por lo menos evitar accidentes. Pero la alternativa de procurar maximizar la eficiencia de las acciones militares de ambas naciones parecería ser un eventual próximo paso.

Para el segregado Vladimir Putin aparece ahora una nueva oportunidad de tratar de salir del aislamiento en que él y su país quedaran luego de la ilegal anexión, por la fuerza, de Crimea y Sebastopol y de sus permanentes acciones militares encubiertas, pero ciertamente desestabilizadoras, en Ucrania. Así como de sus constantes provocaciones militares aéreas ocurridas en todo el ámbito del Báltico. Que podría derivar en poder, finalmente, reunirse con su par norteamericano, Barack Obama, con quien lo cierto es que no ha tenido nunca una relación fluida, sino fría.

Una reunión entre ambos jefes de Estado podría ocurrir pronto, desde que ellos caminarán en los próximos días los corredores de las Naciones Unidas en oportunidad del nuevo período de su Asamblea General, como lo harán también casi todos los gobernantes y Jefes de Estado del mundo. Una reunión en ese ámbito particular es factible y relativamente fácil de generar.

Putin, por lo demás, aparentemente planea usar el podio de la organización internacional para, desde allí, instar fuertemente al mundo a actuar -sin más demoras y decisivamente- contra el Estado Islámico, deteniendo la marcha de su preocupante expansión y derrotándolo.

Lo que tiene enorme importancia, en momentos en los que existe la sensación de que el Estado islámico no sólo no ha sido vencido, sino que está ganando algunas batallas importantes y creciendo significativamente como peligro -real e inminente- para la paz y seguridad internacionales. Alimentado por los importantes ingresos derivados de su actual control de todos los yacimientos de hidrocarburos que existen en suelo sirio. Por esto la enorme ola de desesperados migrantes que en las últimas semanas se ha precipitado conmovedoramente sobre la Vieja Europa.

Putin seguramente supone que éste puede ser una suerte de “merecido dividendo” que debería poder cobrar después de su decisiva cooperación respecto del acuerdo de la comunidad internacional con Irán sobre el peligroso programa nuclear de los persas.

La decisión rusa ha tonificado a Bashar al-Assad y a sus fuerzas, evitando lo que ciertamente lucía como un inminente derrumbe. Y demuestra que, pese a su debilidad económica, Rusia es capaz de actuar por su cuenta en el escenario del mundo, como muy pocos países. Hasta en conflictos peligrosos, cuando sus intereses están en juego. Más allá de su mala experiencia en Afganistán, que en su momento precipitara la desaparición de la entonces Unión Soviética.

La repentina aparición rusa en Siria ha modificado la relación de fuerzas hasta ahora existente en el conflicto que azota a ese país. Es un audaz movimiento geopolítico de peso, que la región y el mundo observan. Y que ya ha obligado precipitadamente a los Estados Unidos a tratar de coordinar sus propias acciones militares en suelo sirio con las de Rusia. Una maniobra inesperada por Occidente que hasta podría abrir la puerta para que las acciones militares, que estén en marcha contra el Estado Islámico de pronto fueran más robustas, eficaces y convincentes. Como posible cambio de rumbo, es sustantivo. Su impacto podría entonces ser fundamental no sólo para encontrar una solución que evite que la guerra civil siria se prolongue indefinidamente, sino para que el Estado Islámico deje de ser un descontrolado foco de violencia inhumana.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Presencia militar iraní en una frontera sensible:

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 17/2/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1769022-presencia-militar-irani-en-una-frontera-sensible

 

La relativa tranquilidad que hasta no hace mucho reinaba en derredor de las estratégicas Alturas del Golán se ha transformado de pronto en un ambiente de ansiedad. Ocurre que últimamente la presencia militar iraní en el distrito sirio de Quneitra -aledaño a las Alturas del Golán- ha estado creciendo notoriamente.

Los incidentes armados -y con explosivos- comenzaron a intensificarse allí en marzo de 2014, cuando milicianos de Hezbollah hicieron explotar una bomba en la frontera. Y, poco después, atacaron e hirieron a cuatro soldados israelíes, en esa misma zona.

En octubre pasado, los atentados se reiteraron. Y el 15 de enero de este año, el Secretario General de Hezbollah: Hassan Nasrallah, del riñón iraní, amenazó -pública y abiertamente- con la continuación de esos incidentes.

El régimen del clan Assad -cuya supervivencia hoy depende de Teherán- nada puede (ni presumiblemente quiere) hacer para cambiar el tenso estado de cosas en el Golán.

Si Irán consolidara su presencia en esa zona, la posibilidad de que de pronto se abriera un nuevo polo de apoyo e infiltración terrorista en la frontera sería importante. A lo que cabe sumar, según advierte Ely Karmon desde las columnas del “Times” de Israel, la amenaza de que, también allí, se instalen cientos de misiles que, en este caso contrabandeados desde Jordania, apunten a Israel. Lo que sería grave.

El régimen del clan Assad -cuya supervivencia hoy depende de Teherán- nada puede (ni presumiblemente quiere) hacer para cambiar el tenso estado de cosas en el Golán.

El ataque israelí del 18 de enero pasado -que ultimara a seis militares iraníes y a seis comandantes de Hezbollah- parece haber sensibilizado aún más el frágil estado de cosas en la zona aledaña al Golán. Además, la jerarquía militar de los fallecidos en ese episodio y la cercanía de las elecciones israelíes agregaron dramatismo a las cosas. Y motivaron la represalia del 28 de enero pasado, acaecida en la disputada zona de las Granjas de Shebaa, cuando Hezbollah disparara un misil antitanque Kornet contra una columna militar israelí, dejando como saldo dos muertos y siete heridos entre quienes integraban ese contingente.

Tras ese último ataque, Hassan Nasrallah amenazó públicamente con poner en marcha nuevas represalias violentas en el exterior, aludiendo expresamente al cruento atentado que, en 1992, hiciera añicos la Embajada de Israel en la ciudad de Buenos Aires. Lo que, por todo lo que significa, no debe pasar inadvertido.

Porque Irán y Hezbollah son, en rigor, responsables de un largo listado de atentados contra representaciones diplomáticas israelíes en el exterior. En Baku, Bangkok, y Nueva Delhi. Así como en Kenia y Nigeria. Y hasta en Lima, Perú, el año pasado.

A lo que naturalmente se suma ahora la sospechosa “retirada” -hace muy pocos días- de un diplomático iraní que prestaba servicios en la ciudad de Montevideo y habría sido “invitado” por las autoridades uruguayas a dejar el país de los orientales cuando se advirtió su presencia en la cercanía de la representación diplomática israelí en Montevideo.

La novedad a destacar es que Irán está operando activamente en la propia frontera israelí y es ya una amenaza directa para Israel. Lo que supone un cambio cualitativo en el conflicto de Medio Oriente a tener en cuenta.

Naturalmente, sin olvidar otros tipos de atentados terroristas. Como el acontecido del aeropuerto de Burgas, en Bulgaria. Y el similar que fuera felizmente frustrado en al aeropuerto de Larnaca, en Chipre.

La novedad a destacar es que Irán está operando activamente en la propia frontera israelí y es ya una amenaza directa para Israel. Lo que supone un cambio cualitativo en elconflicto de Medio Oriente a tener en cuenta.

Entre otras cosas, porque la reciente dramática toma de Yemen por parte de los llamados “Houtis” -que responden a Irán- debe tomarse como una nueva alerta acerca de la intensidad -y decisión- con las que las autoridades iraníes prosiguen incansablemente su camino estratégico, en busca de transformarse en la potencia regional más importante, en un mundo, como el musulmán, que sumergido en un conflicto faccioso que ya se ha extendido enormemente..

Lo que ocurre ahora en las cercanías de las Alturas del Golán sugiere además que, para Irán, las fronteras entre Siria y el Líbano podrían pronto ser redefinidas. De hecho, probablemente.

Por esto sus fuerzas están ya operando en Quneitra, de la mano de las de Hezbollah y del régimen “alawita” de los Assad. Frente a ellas combaten los rebeldes sirios, liderados por Bashar al-Zoubi (un ex oficial del ejército sirio apoyado por los Estados Unidos y Jordania), que en las últimas semanas parecen haber estado cediendo terreno y posiciones. Sin olvidar a los grupos afiliados aAl-Qaeda (con la denominación de “Jabhat Al-Nusra”) que también tienen presencia en la vecindad del Golán.

Sin que, por el momento al menos, se haya detectado la presencia de contingentes del Estado Islámico , lo que podría volatilizar aún más a esa particular región, hoy transformada en un capítulo más del auténtico caos -de enorme peligrosidad- en que se ha transformado buena parte de Medio Oriente. Que más aún, es una Caja de Pandora más, de la que no puede sacarse la vista, ni por un sólo instante...

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.