¿Quiénes fueron los Chicago Boys?

Por Iván Carrino. Publicado el 10/1/18 en: https://www.ivancarrino.com/quienes-fueron-los-chicago-boys/

 

El grupo que sacó a Chile de la decadencia económica y busca reproducir la experiencia en Brasil.

Brasil está cambiando.

Tras escándalos de corrupción, dos años de recesión económica y un descreimiento generalizado sobre la clase política, Jair Bolsonaro fue elegido presidente.

Uno podría criticar y diferenciarse en muchas cuestiones con las expresiones de este particular personaje de la política brasileña. Sin embargo, en lo que tiene que ver con la política económica, parecería que Bolsonaro está corriéndose del medio y dejando actuar a “los que saben”.

¿Y quiénes son los que saben? Para empezar, su Ministro de Economía, Paulo Guedes.

Hace pocos días, la agencia Reuters sostenía:

“El nuevo ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, trabajó en Chile hace 40 años tras obtener su doctorado en la Universidad de Chicago, lo que le procuró un asiento en primera fila en el tratamiento de choque económico que aplicó el dictador Augusto Pinochet.”

El economista Roberto Cachanosky también se refirió recientemente a los cambios en Brasil:

“La reducción del gasto público, la simplificación tributaria, la reforma previsional, la reforma laboral, un amplio plan de privatizaciones, etc. van a ser claves para darle competitividad a la economía brasileña. Pero una de las claves del plan económico que intenta implementar Bolsonaro es mucho más desafiante que los anteriores ya que busca imitar el modelo chileno y abrir la economía para incorporarse al mundo.”

¿De dónde vienen estas ideas? ¿Qué efectos podrían tener?

La revolución capitalista chilena

Por su pasado en la Universidad de Chicago, al nuevo mandamás de la política económica brasileña se lo asocia con el grupo de académicos chilenos que, en tiempos de Pinochet, asesoraron al gobierno sobre cómo conducir la política económica.

Pero la historia de los “Chicago Boys”, como se conoció a este nutrido grupo de economistas, se remonta, en realidad, a mucho antes del Golpe de Estado de Pinochet en 1973.

Es que durante el año 1956 se labró un acuerdo de cooperación entre la Universidad de Chicago, uno de los más prestigiosos centros de estudios de economía del mundo, y la Universidad Católica de Chile.

Dicho acuerdo implicaba que los egresados de “La Católica” podían ir becados a Chicago a obtener sus doctorados en economía.

El convenio fue aprovechado por una veintena de profesionales, entre quienes estaban Sergio de Castro, Rolf Lüders (ambos Ministros de Economía durante el gobierno de facto de Pinochet) o Ernesto Fontaine, todos los cuales volvieron a la Universidad Católica a dictar clases tras obtener sus PhD.

El golpe de estado de 1973 se dio en medio de una verdadera debacle económica,  con la economía en recesión y una inflación que promedió el 600%. En dicho contexto, y con elevada escasez producto de los controles de precios, el salario real descendió un 38%.

Cuadro 1. Principales variables económicas de Chile (1970-73)

1970 1971 1972 1973
Crecimiento del PBI 3,6% 8,0% -0,1% -4,3%
Inflación Anual 36,1% 22,1% 260,5% 605,1%
Tasa de Desempleo 5,7% 3,8% 3,1% 4,8%
Crecimiento anual del salario real 8,5% 22,8% -11,3% -38,6%

Fuente: Soto, Ángel – The Founding Fathers of Chile’s Capitalist Revolution.

Cuando los militares llegaron al poder se preguntaron qué iban a hacer con la economía.

De acuerdo con Ángel Soto, historiador chileno, “Pinochet optó por un modelo de desarrollo liberal defendido por un grupo de jóvenes economistas graduados de prominentes universidades de los Estados Unidos”.

Para Soto, no solo los graduados de Chicago, sino también José Piñera (Ministro de Trabajo) y Hernán Büchi (Ministro de Economía 1985-1989), egresados de Harvard y la Universidad de Columbia, fueron los “padres fundadores de la Revolución Capitalista” de Chile.

Reformas

Ahora bien, ¿en qué consistió dicha revolución?

Principalmente, en un conjunto de reformas económicas que podrían agruparse en cinco grandes áreas.

—> Para generar crecimiento económico: se redujo drásticamente el rol del estado en la economía, se eliminaron controles de precios, se redujeron el gasto fiscal y los impuestos, se liberaron mercados y se privatizaron muchas empresas estatales.

—> Para incrementar el comercio internacional: se eliminaron las barreras no arancelarias para las importaciones y los aranceles fueron reduciéndose unilateral y gradualmente desde 1975 en adelante.

—> Los mercados de capitales se liberaron y se dotó de independencia al Banco Central para reducir la inflación. La reducción de la inflación no fue inmediata. Solo después de 1990 se consiguió una inflación baja y estable.

—> Los mercados laborales también se liberaron, eliminando barreras a la entrada en la mayoría de los empleos, restricciones al despido y restringiendo la intervención del gobierno en las negociaciones entre patrones y empleados.

—> El sistema jubilatorio, previamente de reparto, se privatizó por completo en 1981, migrando hacia un esquema de capitalización individual que incrementó significativamente el ahorro del país.

Los resultados de estas reformas económicas, que se mantuvieron casi sin modificaciones durante el período democrático que inició en el año 1990, fueron impresionantes.

A partir del año 1984, Chile comenzó un período  de crecimiento casi ininterrumpido. De los últimos 34 años, solo en dos el PBI tuvo variaciones negativas (-0,4% en 1999 y -1,6% en 2009).

El desempleo ha ido bajando sistemáticamente. En 1983 alcanzó el 21%, pero fue reduciéndose hasta el 7,7% en 1990. Hoy está en 6,9%, una tasa envidiable para muchos países, incluidos Argentina y Brasil.

La inflación, como decíamos, tardó en bajar, pero a partir de la Ley 18.840 de 1989, que consagró la independencia del Banco Central y la prohibición de emitir para financiar déficits fiscales, la tasa de inflación se redujo de manera sostenida y permanente.

¿Puede replicarse el modelo?

Chile es hoy en día un modelo de reformas económicas pro-crecimiento con inclusión social. Al mismo tiempo que su PBI per cápita pasó de USD 7.000 a USD 23.000 (en paridad de poder de compra, entre 1984 y 2018), la pobreza cayó desde el 50% hasta los alrededores del 10%.

Gran parte de este éxito se lo debe Chile a las enseñanzas y propuestas de esos intelectuales, los “Chicos de Chicago”, quienes a pesar de haber formado parte de un gobierno militar, liberaron la economía chilena y su potencial de crecimiento.

Es una incógnita si dicho modelo podrá ser exactamente replicado en otras latitudes. También si los períodos presidenciales y las sanas restricciones de la democracia no son un obstáculo para avanzar en estos cambios.

Sin embargo, lo cierto por ahora es que un presidente democráticamente elegido parece querer tomar este camino.

Será interesante explorar qué pueda pasar. Pero en la medida que las reformas puedan abrirse paso, los resultados serán positivos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Cuando las reformas económicas se justifican por su ‘eficiencia’ y no por la libertad y los derechos

Por Martín Krause. Publicada el 8/8/16 en: http://bazar.ufm.edu/cuando-las-reformas-economicas-se-justifican-por-su-eficiencia-y-no-por-la-libertad-y-los-derechos/

 

Siempre he admirado, o al menos respetado, algunas de las reformas que realizaron en Chile y permitieron a ese país años de progreso. Reformas que, si bien comenzaron en épocas de un gobierno militar, fueron sostenidas y ampliadas en los gobiernos democráticos siguientes. Pero siempre pensé también, que esas reformas tenían bases débiles, en el fondo porque se sostenían en un análisis utilitarista acerca de su ‘eficiencia’ y nunca en una visión más general basada en la libertad de elección y los derechos individuales.

Ahora que se reabre el debate sobre las pensiones, encuentro este artículo de Francisco Belmar, de la Fundación para el Progreso de ese país, con una opinión similar, que comparto: http://fppchile.org/es/el-fracaso-ideologico-de-jose-pinera/

EL FRACASO IDEOLÓGICO DE JOSÉ PIÑERA

Causó furor —para bien o para mal— la reaparición de José Piñera en el debate público chileno. Esta llegada estuvo acompañada de una especie de campaña publicitaria, puesto que él mismo reconoció que jamás se ha ido de Chile. Aun así, se publicitó como un regreso, una especie de repatriación del creador del sistema de AFP. Una imagen que el mismo Juan Manuel Astorga intentó contraponer a la de Hernán Büchi viajando a Suiza.

jose-piñera-e1470665632383-820x400

Piñera llega en un momento complicado. Su llegada se debe también a eso: nuestra economía está lenta y no solo se puede culpar de eso al devenir de la economía internacional. Es conocida su oposición a las políticas del gobierno de Michelle Bachelet y es de esperar que tenga miedo de que el sistema que ayudó a crear caiga en el campo de influencia de la fiebre reformista (algunos dirían populista o revolucionaria) del gobierno. Esa amenaza ya se ha vuelto realidad, sobre todo porque los detractores del sistema han hecho un trabajo de relojería en términos ideológicos. Por lo mismo, la discusión hoy ya no está solo en el plano de las políticas públicas, sino eminentemente de la política. Esto también lo mencionó Astorga, y Piñera, como es esperable en nuestra derecha, lo negó rotundamente.

¿Cuál es el alcance de la aparición de Pepe Piñera? ¿Es útil? ¿Servirá para algo? ¿Logrará salvar la obra por la que se le conoce en todo el mundo? La verdad es que su panorama se ve bastante oscuro y el origen de esa oscuridad es, precisamente, cierta desidia intelectual y una tozudez política y discursiva tremenda. Esta porfía aporta, quién podría dudarlo, una polémica que eleva un debate público que se encuentra dominado por lo estratégico y políticamente correcto. Aun así, también aporta una pobreza argumental que más parece tapada de oídos que discusión racional.

Cuando los civiles del régimen de Pinochet lograron instalar una serie de reformas modernizadoras (entre ellas la capitalización individual), tuvieron que luchar con un poder militar que creía bastante en el poder del Estado. De ahí que, aunque la mayoría de las personas comenzaron a tener AFP para administrar sus ahorros, las Fuerzas Armadas continuaron con un sistema de reparto que les aseguraba buenas pensiones, pero que dilapidaban los recursos del fisco. Cuando la Concertación llegó al poder, quizás prudente al recordar los hechos de los años 60 y 70, se decidió a no tocar el sistema de las Fuerzas Armadas. Los economistas no hicieron nada, no dijeron nada y jamás se insistió en cuán relevante era traspasar a los uniformados al sistema privado. Fuera como fuera, era necesario mantener la igualdad de todos los ciudadanos. Bastó que el caso Andrade se hiciera público para hacer explotar la bomba. Ahora todos piden que se profundice un sistema que el mismo Andrade demostró que solo trae aparejado injusticia y corrupción.

Por eso José Piñera, creo, llegó atrasado. La encuesta Cadem lo demostró hace poco. Que un altísimo porcentaje de la población crea que los fondos de pensiones le pertenecen o a la AFP o al Estado solo nos dice que vivimos en un país que cree que no hay diferencia entre el sistema de reparto y el actual, excepto porque “la caja” sería privada. Lo que Piñera nunca entendió es que nuestra mentalidad sobre las pensiones está anclada en el antiguo sistema y que nunca se adaptó a las características y beneficios de uno de capitalización individual. El cosismo, esa enfermedad que tiene a la derecha con cáncer terminal en las universidades y en la política nacional, está desbaratando todas las reformas que ellos mismos llevaron a cabo. Su ingenuo pensamiento tecnocrático y despolitizador está llevando a término su época de influencia. Algún día tendrán que entender que las batallas no son solo por las políticas públicas, sino también por ideas y que los relatos alrededor de ellas —las ideologías— no son necesariamente sinónimos de totalitarismo y represión. Mal que mal, sus propias reformas fueron posibles gracias al contexto autoritario de la época.

Lo anterior es especialmente notorio cuando vemos el contexto en que las AFP aparecieron. Inicialmente, el modelo estaba pensado para personas que tenían trabajos estables y podían trabajar 40 años. El problema es que, al mismo tiempo, se trataba de instalar un discurso de flexibilidad laboral. En Chile nunca se pudo avanzar en esa línea, así que la adaptación surgió de forma espontánea. El mismo Estado fomentó la contratación a honorarios, muchas veces de forma irregular, para evitar los altos costos de los trabajadores. Los empleados, por su parte, comenzaron a trabajar en este contexto que les impedía cotizar de forma individual. ¿Cuándo se discutió esto? ¿Cómo se podía hacer converger el discurso de la capitalización individual con el de una flexibilidad informal creciente y con el del riesgo que implica el emprendimiento? La posibilidad de las lagunas jamás fue tema, pues siempre se les consideró fruto de la irresponsabilidad. Quienes idearon sistemas como el que tenemos actualmente, no consideraron fundamental crear relatos y discursos unificadores que los explicaran y dieran sentido. La mirada de Piñera, entonces, por correcta que sea, es sumamente esquemática.

Si de verdad se quiere un país de emprendedores, será necesario pensar en el sistema de pensiones desde esa perspectiva. Querámoslo o no, lo que tenemos hoy está pensado más bien para el trabajador asalariado. He ahí el error de discurso, pues, en la sociedad del riesgo, emprender no necesariamente es sinónimo de éxito. No basta ahora con hablar de la perfectibilidad del sistema, sino que es necesario pensar bien en su actualización. Esto porque, hasta ahora, lo único que se ha visto es que se busca convertir a la sociedad chilena en una aún más pasiva, algo que cualquier liberal criticaría sin dudar.

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

ALARMA EN CHILE

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Mauricio Rojas, primero exiliado en Suecia, luego radicado en España y ahora vuelto a Chile, su país natal, explica desde la institución liberal de la que  integramos el Consejo Académico los dos junto a otros amigos, dirigida por el gran Axel Kaiser y acompañada por Ángel Soto y otros destacados profesionales y financiada generosamente por empresarios de la talla de Nicolás Ibañez. Nos advierte Rojas que la candidata favorita en las encuestas para las próximas elecciones, Michelle Bachelet, promete revertir lo que estimamos bueno en Chile y “está dando un peligroso giro chavista”, naturalmente “con fuertes ribetes populistas” y propone incrementar enormemente los impuestos para repartir en los mal llamados “derechos sociales”. Respecto de posibles vallas institucionales, el actual asesor de Bachelet, Fernando Atria, manifestó que “el problema constitucional chileno es algo que tendrá que resolverse por las buenas o por las malas”. Otras voces también han informado sobre estos signos que se presentan en el horizonte, tales como las también autorizadas voces de Luis Larraín, Carlos Cáceres, Hernán Büchi  y algunos profesionales del equipo del actual presidente a pesar de algunas políticas erradas de esa misma gestión tal como personalmente he consignado en otras columnas.

En las elecciones primarias que tuvieron lugar el 30 del pasado mes de junio, Bachelet obtuvo el 75% de apoyo y triplicó al oficialismo. Si los antedichos pronósticos tenebrosos se concretaran, no habrá más ejemplo de sensatez y cordura en América latina, ni se podrá seguir con el latiguillo de que aun un gobierno de izquierda sigue los lineamientos básicos del mercado libre y el poder con facultades limitadas, ya que esto podría extenderse al incendio en Brasil por aquello de “menos circo y más pan”, a las últimas ambigüedades graves del jefe de estado peruano y las expresiones del uruguayo que afirma que “se necesitan más Chávez”. Por supuesto que todo es una cuestión de grado y hay diferencias entre uno y otro régimen debido al funcionamiento de la oposición y las instituciones vigentes, pero de todos modos se hace necesario redoblar esfuerzos educativos y culturales al efecto de defenderse de posibles avalanchas y no caer en lo que viene ocurriendo en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Argentina para no mencionar las aberraciones cubanas.

Simultáneamente a las faenas que estimulen debates abiertos de ideas para mostrar los fundamentos de una sociedad abierta, se hace necesario reiterar reflexiones sobre refuerzos institucionales para no correr riesgos mientras las antedichas labores tienen lugar al efecto de que no se venga la estantería abajo de modo prematuro. En esta materia no es pertinente quedarse de brazos cruzados y esperar milagros. Como bien ha dicho Einstein “no pueden esperarse efectos distintos insistiendo en las mismas causas”.

Ningún liberal sostiene que se ha llegado a un punto final para maniatar al Leviatán (ni en ningún otro aspecto puesto que estamos siempre inmersos en un proceso evolutivo en el que las corroboraciones son provisorias abiertas a posibles refutaciones). El lema de la Royal Society de Londres ilustra a las mil maravillas el punto: nullius in verba (no hay palabras finales).

Como he recordado en otras oportunidades, el premio Nobel Friedrich Hayek ha dicho en las primeras doce líneas del primer tomo de su Derecho, legislación y libertad que los esfuerzos de los liberales realizados hasta el presente para contener los desbordes de los aparatos estatales “han sido un completo fracaso”, por lo que en le tercer tomo de la mismo obra sugiera medidas para limitar al Poder Legislativo. Por su parte, Bruno Leoni en La libertad y la ley sugiere lo propio para el Poder Judicial, todo debido a que la democracia ha mutado en cleptocracia. Es decir, en lugar de que las mayorías respeten los derechos de las minorías tal como lo han enseñado los Giovanni Sartori de todas las épocas, han surgido dictadores electos que roban propiedades, libertades y sueños de quienes están supuestos de proteger.

En esta nota a vuelapluma volvemos a insistir con la propuesta de  Montesquieu que es aplicable al Poder Ejecutivo. En efecto, nada menos que en Del espíritu de la leyes, el autor mantiene en el segundo capítulo del Libro Primero que “El sufragio por sorteo está en la índole de la democracia”. A primera vista esto puede resultar fantasioso pero si se le da una segunda y atenta mirada se comprobará que los incentivos trabajarán en dirección a fortalecer las garantías a los derechos de las personas.

Si son correctas las consideraciones de pensadores como Douglass North, Ronald Coase y Harold Demsetz en cuanto al valor y la trascendencia de los incentivos, concluimos que el sistema del sorteo, dado que cualquiera puede ser candidato y seleccionado, la primera reacción será defender la vida y las haciendas de cada uno, lo cual se transporta a la limitación al poder que es, precisamente, lo que se necesita en lugar de consumir glándulas salivares y tiempo en relatar anécdotas irrelevantes sobre las personas de los candidatos y los partidos que ellos representan, partidos que se concentrarán en los postulantes al Congreso.

Karl Popper ha escrito en La sociedad abierta y sus enemigos que la pregunta de Platón respecto a quien ha de gobernar está mal formulada, puesto que de lo que se trata es de fortalecer instituciones “para que el gobierno haga el menor daño posible”.

En caso de que lo sugerido por Hayek, Leoni y Montesquieu no pareciera adecuado, deben proponerse otros caminos pero no es posible ni conveniente la inercia y la pereza mental por concebir nuevos límites al poder en vista de las alianzas y coaliciones que el sistema actual genera, no solo en los países mencionados sino también en Europa y en Estados Unidos. En este último caso a contramano de la preocupación consignada por Jefferson en 1782 en cuanto a que “Un despotismo electo no es el gobierno por el que luchamos”.

Invito a pensar y trabajar las neuronas en dirección a evitar los tremendos abusos y atropellos que se están sucediendo por parte de los “primeros mandatarios” que proceden como primeros mandantes. No se trata simplemente de alargar la cadena sino de cortarla para respetar la dignidad y la autonomía de cada uno en lugar de tratar a las personas como una masa amorfa susceptible de ser manipulada, regimentada y domesticada por gobiernos inescrupulosos y adiposos que atropellan todo a su paso.

Espero que estas noticias desagradables sirvan para que muchos distraídos se den cuenta que no pueden seguir haciendo arbitrajes como si nada ocurriera en su entorno con la esperanza de que otros sean los que le dediquen tiempo y recursos para enderezar entuertos y ellos ser  cómodos “free riders”. Todos a los que les interesa vivir civilizadamente deben contribuir a que se comprendan las ventajas de la libertad. No es posible mirar para otro lado y pretender que sean los vecinos los que calmen los incendios y creer que es una hazaña heroica el limitarse a votar cada tantos años y todavía pontificar sin ruborizarse sobre quien es el menos malo de los candidatos en un proceso siniestro de plano inclinado. Hay que arremangarse y trabajar en lo más difícil que se concreta en la gimnasia de lo que se encuentra de las cejas para arriba y no en la estúpida “militancia” que recuerda a obediencias ciegas y verticalismos impropios de la sociedad civil y otros pasatiempos inútiles…y en medio de esta apatía superlativa todavía hay quienes machacan con aquello de que “todos somos responsables” descalificando a los pocos que trabajan cotidianamente para curar malarias y encaminarse al respeto recíproco.

Por último, cito a Carlos Alberto Montaner en relación con las actuales protestas callejeras en Chile: “Hay algo terriblemente autoritario e hipócrita en el comportamiento y las demandas de esos estudiantes chilenos. Lo terrible es que ellos, que esperan que otros les paguen sus estudios […], cuando terminan sus carreras suelen o intentan convertirse en profesionales económicamente exitosos. Para ellos el lucro sólo es malo cuando lo persigue el otro. Esto se llama cinismo”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.