El optimismo y entusiasmo de Cambiemos taparon la ficción K

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 21/5/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/05/21/el-optimismo-y-entusiasmo-de-cambiemos-taparon-la-ficcion-k/?fbclid=IwAR3EORouYZ6kFODiYLi4FIHNnIgtWV0Mxw-HdUaS7N7C6rdSNId5usx_OlM

 

Algún día, alguien, va a tener que ponerse a hacer las reformas de fondo o la Argentina va a terminar como la Rebelión de Atlas de Ayn Rand

Al poco tiempo de asumir Cambiemos, publiqué una nota haciendo lo que no hacía el Gobierno, describí la herencia recibida del kirchnerismo. En ese momento di un ejemplo que luego se viralizó y fue utilizado por funcionarios, obviamente sin nombrarme, no vaya a ser cosa que fueran a nombrar a un liberal: “supongamos que una familia vende su casa, el auto, toma todos sus ahorros, deja de trabajar y se va a Europa. Se aloja en los mejores hoteles, come en los mejores restaurantes, alquila los autos más caros y disfruta hasta que se le acaba el dinero. Cuando vuelve a Argentina esa familia no tiene donde vivir, ni trabajo, ni ahorro para mantenerse”.

Si alguien les preguntara: ¿cuándo estaban mejor, cuando estaban en Europa o ahora que habían vuelto? Obvio que la respuesta iba a ser cuando estaba en Europa, el tema era que ese nivel de vida era insostenible. Una ficción.

Sin duda que Cambiemos hizo un pésimo diagnóstico de la herencia que recibía del kirchnerismo. Subvaluaron la herencia que recibían y sobrevaloraron la imagen de Macri para atraer inversiones. Es más, volvieron de Europa y en vez de poner a trabajar (hacer las reformas) se endeudaron. Pero lo cierto es que quienes se ilusionan con una vuelta a Europa a pasarla bien con un eventual regreso del kirchnerismo, como di en el ejemplo, se equivocan de punta a punta.

En primer lugar, el kirchnerismo recibió un gasto público consolidado de 29% del PBI y lo dejó en 46%. Lo aumentó en 17 puntos porcentuales, escondiendo la desocupación en el empleo público, duplicando la cantidad de jubilados incorporando a los 3 millones de jubilados otros 3,5 millones que nunca habían aportado, regalando planes sociales en cantidades industriales y manteniendo artificialmente bajas las tarifas de los servicios públicos destruyendo el sistema energético, las rutas, los puertos y la infraestructura en general. Entre 2006, que comenzaron a subsidiarse las tarifas de los servicios públicos, y 2015, el kirchnerismo gastó la friolera de USD 161.318 millones en subsidios económicos.

Como puede verse en el gráfico, el kirchnerismo gastaba USD 2.866 millones en 2006 y entregó un gasto en subsidios económicos de USD 26.656 millones, lo multiplicaron por 9; y Cambiemos pagó el costo político de tener que reducirlos. Algo que todos los economistas no k decíamos que había que hacer. En términos de PBI, llegaron a gastar casi 5 puntos en subsidios económicos.

El gasto público voló y la recaudación también aumentó fenomenalmente. La presión tributaria consolidada pasó del 26,2% del PBI en 2002 al 39,4% en 2015. El kirchnerismo recibió una recaudación de USD 16.182 millones anuales y terminó recaudando USD 166.150 millones, casi USD 150.000 millones más que con lo que empezó. Un plan Marshall entero a valores actuales.

A pesar de todo, el recorrido fiscal consolidado que tuvo fue desastroso. De tener un superávit fiscal consolidado de 3,54% del PBI pasó a dejar un déficit de 7,24% del PBI. Un recorrido de caída de casi 11 puntos del PBI.

Es decir, el kirchnerismo dejó una situación tan grave como la de 2001 pero sin pagar los intereses de la deuda pública. Realmente un desastre de administración de la cosa pública a pesar de haber tenido un precio de la soja promedio en los 12 años k de USD 371 la tonelada contra un promedio que tuvo De la Rúa de U$S 179, aunque Cristina Fernández de Kirchner disfrutó de un precio promedio de la soja de USD 484 en su primer mandato y de USD 467 en el segundo mandato.

Con lo que cobraban por retenciones y el aumento de ganancias por no ajustar por inflación las utilidades y los mínimos no imponibles, igual tuvieron un horrible recorrido fiscal. Tampoco le fue mejor en materia de inflación.

A pesar de haber mantenido planchado el tipo de cambio y con tarifas de servicios públicos congeladas, más los controles de precios, Néstor Kirchner empezó con una inflación del 3,5% anual y Cristina Fernández de Kirchner dejó una inflación del 27,8% (desde 2007 tomo el IPC Congreso). El kirchnerismo multiplicó por 8 la inflación manteniendo tarifas artificialmente bajas al estilo Ber Gelbard y pisando el tipo de cambio. Aclaremos que Cambiemos la duplicó pero corrigiendo las tarifas de los servicios públicos.

En términos de actividad económica, a pesar de tener un fuerte viento de cola, el kirchnerismo no logró un gran crecimiento de la economía. Es más, durante todo el segundo mandato de Cristina Fernández la economía estuvo prácticamente estancada ya que creció solo el 1,5%, lo que significa un aumento del 0,37% anual a pesar de los buenos precios de la soja.

En definitiva, la gestión económica del kirchnerismo fue horrible y Cambiemos manejó la herencia espantosamente y encima no contó lo que había recibido. No obstante, si alguien cree que con el kirchnerismo vuelve a Europa a estar de fiesta, se equivoca. En ese momento financiaron el populismo con el stock de capital acumulado en los 90, con el viento a favor del exterior, confiscando nuestros ahorros en las AFJP, cerrando las exportaciones de carne y consumiéndonos 12 millones de cabezas del stock ganadero, cerrando tambos y dilapidando las reservas.

La única chance que le quedaría al kirchnerismo si quisiera reeditar la fiesta de consumo del período anterior, sería entrar en default para no para no tener que pagar la cuenta de los intereses de la deuda y hacer un plan Bonex para cancelar las Leliq. Pero insisto, si alguien piensa que con el kirchnerismo vuelve la fiesta de consumo, se equivoca.

Al igual que se equivoca quien piense que si gana Cambiemos van a solucionar los problemas económicos en base a optimismo y entusiasmo y olvidándose de la ciencia haciendo las reformas estructurales o creer que con Roberto Lavagna podrá recuperarse la economía con más consumo interno en un país donde hay solo 44 millones de habitantes, con un tercio de pobres y el resto con el agua en la nariz.

Esto se resuelve haciendo las reformas estructurales para atraer inversiones y va a llevar mucho tiempo. La herencia k nunca se resolvió y Cambiemos solo apeló a endeudarse para financiar la herencia k.

Algún día, alguien, va a tener que ponerse a hacer las reformas de fondo o la Argentina va a terminar como la Rebelión de Atlas de Ayn Rand.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky 

A meses de las elecciones, el gradualismo le pasa la factura de la improvisación al Gobierno

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 16/4/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/04/16/a-meses-de-las-elecciones-el-gradualismo-le-pasa-la-factura-de-la-improvisacion-al-gobierno/

 

Desde un inicio el gobierno de Macri se negó a presentar un plan económico que marcara un claro rumbo a seguir de manera de generar expectativas en la población, para luego avanzar en las reformas que requería la herencia recibida

El Tesoro emite títulos para afrontar el déficit fiscal y vende divisas para pagar la deuda

El Tesoro emite títulos para afrontar el déficit fiscal y vende divisas para pagar la deuda

El error inicial del Gobierno no solo consistió en no contar la herencia recibida, sino que lo más grave es que creyó que medidas aisladas podían solucionar un problema económico de la magnitud que dejaba Cristina Fernández de Kirchner. Se largó sin un plan, a poner parches a un bote que hacía agua por todos lados.

Nunca creyó que había que bajar el gasto público como paso indispensable para poder crecer. Imaginó que las inversiones iban a llover solo porque Mauricio Macri se sentaba en el sillón de Rivadavia, por lo tanto, esas inversiones iban a generar crecimiento y el gasto se iba a licuar sobre el PBI por arte de magia. Solo tomando medidas aisladas todos los días “íbamos a estar un poquito mejor”. El gradualismo en medidas y en sentirse mejor.

La realidad que enfrentamos debería ser suficiente evidencia para que, si Mauricio Macri o alguien de Cambiemos lograra renovar el mandato, deberían aprender de estos 4 años desperdiciados que nos ponen en una situación política crítica, ya que el desgaste de los errores económicos cometidos le pavimentan el camino a Cristina Fernández de Kirchner para su vuelta. No es por mérito de ella que tiene chances de volver, sino por la insistencia de Cambiemos de mantenerse en el error.

Esta mezcla de no querer enfrentar el problema del gasto junto con la continuidad de las políticas de revolear la plata del contribuyente en planes sociales, nos ha dejado en una situación económica en la que a la herencia del kirchnerismo se le suma la herencia de Cambiemos.

¿Por qué se está atravesando semejante proceso recesivo? ¿Bajó el gasto público como sostienen algunos miembros de Cambiemos?

El gasto del Sector Público Nacional incluidos los intereses de la deuda pública y excluidos los gastos de las provincias y de los municipios, bajó de 26,5% del PBI en 2015, que dejó el kirchnerismo, a 23,7% en 2018, una reducción de 2,8 puntos del PBI. Aquí no se incluye el gasto cuasifiscal del BCRA que creció en 1,6 puntos del PBI entre 2015 y 2018.

De manera que, en principio, el Gobierno podría mostrar estos números como un logro de su gestión y taparle la boca a todos los que decimos que hay que bajar el gasto público. Sin embargo, vale la pena preguntarse: ¿dónde bajó el gasto público el gobierno nacional entre 2015 y 2018?

Para responder al interrogante, basta con ver el gráfico previo. El gasto en subsidios económicos para mantener artificialmente bajas las tarifas de los servicios públicos (energía, transporte público, gas, agua potable, etc.) bajó de 4,25% del PBI que dejó el kirchnerismo a 2,16% del PBI con Cambiemos.

Es decir, de los 2,8 puntos del PBI que se redujo el gasto público en la era Cambiemos, 2,1 puntos porcentuales se explica por menores subsidios económicos, es decir aumento de tarifas de los servicios públicos a familias y empresas.

Sin duda que esa medida había que tomarla porque nadie tiene que sentirse con derecho a que otro le subsidie la luz, el gas, el boleto de colectivo, etc., de manera que esa reducción de gasto no tiene objeción y correspondía hacerla.

El punto es que lo que hizo el Gobierno fue cambiar la forma de financiar ese gasto. Con el kirchnerismo se recurría a la emisión monetaria o más impuestos, con Cambiemos se financia, como corresponde, en la boleta de luz, pero no se redujo el impuesto inflacionario ni la carga tributaria sobre el sector privado que se aplicaba para financiar ese gasto, por lo tanto la gente siente en el bolsillo el peso de las nuevas tarifas de luz y la misma carga tributaria que venía soportando de antes.

Si se combina el peso sobre el sector privado por el aumento de las tarifas de los servicios públicos, con la misma carga tributaria y tasas de interés que se dispararon al infinito, todo el costo del ajuste cae sobre el sector privado mientras que el sector público se mantiene al margen de toda reducción, tanto el sector público nacional como los provinciales y los municipales.

El resultado no es otro que una economía que está estancada desde 2011 pero con una fenomenal caída en 2018, esto quiere decir que cada vez hay menos riqueza para repartir pero el gobierno sigue gastando en planes sociales como si ese gasto fuera una bondad de la política económica.

El gráfico previo muestra que el gasto en políticas de ingresos (AUH, pensiones no contributivas, políticas de empleo del Ministerio de Trabajo, etc.) aumentó en casi 5 puntos del PBI entre 2004 y 2018; y también refleja que Cambiemos no bajó el gasto en este rubro, y sin embargo hay más pobres.

No se puede tomar toda la serie porque el kirchnerismo desarmó las estadísticas del Indec para no “estigmatizar” a los pobres, pero de acuerdo a datos de la UCA, el kirchnerismo dejó una pobreza del 29% de la población  y en la última medición del Indec dio 32%, es decir, a pesar que se mantuvo los programas de políticas de ingresos, la pobreza no cede.

Y no cede porque el sector privado sigue siendo aplastado por el sector público nacional, provincial y municipal con su enorme burocracia, empleo público y “planes sociales”. La Argentina no crece porque no hay inversiones en un país con una carga tributaria que se mantiene entre las más altas del mundo.

El costo de no haber tenido un plan económico consistente

En definitiva, lo que estamos viendo es que hay que pagar el costo de no haber tenido un plan económico consistente que generara un shock de confianza y avanzar con las reformas que se requerían.

Haber recurrido al endeudamiento para financiar gastos corrientes esperando la lluvia de inversiones hoy pasa la factura a meses de las elecciones y tienen que salir a inventar la pólvora para tratar de mover algo la economía y disimular la huida del dinero que impacta en los precios.

Los anuncios esperados seguramente serán parches y aspirinas para llegar a las elecciones. Una verdadera lástima que el presidente a Mauricio Macri haya comprado el humo que le vendieron con el gradualismo que era una forma de no hacer nada y seguir con un Estado sobredimensionado y planes sociales, esperando que haciendo lo mismo que venimos haciendo durante décadas de un resultado diferente.

Lo más patético es que se llega a las elecciones con medidas que probablemente sean más populismo para evitar que venga el populismo k.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

A la herencia K se le agrega ahora la herencia Cambiemos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 12/2/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/02/12/a-la-herencia-k-se-le-agrega-ahora-la-herencia-cambiemos/

 

El Gobierno ha desperdiciado 3 años y monedas con la historia del gradualismo

Ahora, en su último año de Gobierno de CambIemos, aparece de nuevo el fantasma de que el kirchnerismo pueda tener la posibilidad de acceder al poder. Sería imperdonable que luego del esfuerzo que tanta gente hizo para frenar a esa asociación ilícita que llegó al Ejecutivo, vació la Argentina a puro latrocinio, produciendo uno de los saqueos más grandes de su historia, esa legión de delincuentes tenga alguna chance de volver a revolear bolsos con euros gracias al inmovilismo del gobierno y, por sobre todas las cosas, por no haber denunciado en su momento la terrible herencia recibida.

Lo cierto es que si en octubre se produce la polarización esperada entre Cambiemos y el kirchnerismo y el primero retiene el poder, tendrá que lidiar de nuevo con la herencia recibida y con la propia herencia, ya que en estos 4 años habrán agregado otros problemas a los ya heredados por el kircherismo como es el caso de la deuda pública para financiar el déficit fiscal por el gasto público que no se animaron a bajar.

El desafío que la Argentina tiene por delante para entrar en serio en una senda de crecimiento sostenido es de una magnitud insospechada que no se resuelve con retoques en el tipo de cambio, en la tasa de interés o haciendo artilugios financieros ni aplicando aspirinetas al tema fiscal.

Los 163 impuestos nacionales, provinciales y municipales que detectó el IARAF implican un aumento sobre los 96 impuestos nacionales, provinciales y municipales que ya había detectado Antonio Margariti en 2015, si mal no recuerdo.

Pero esa maraña de impuestos se explica por el fenomenal aumento del gasto público consolidado a partir de la llegada del kirchnerismo al gobierno en 2003.

Como puede verse en el gráfico, el gasto público consolidado pasó de un promedio del 31,5% sobre el PBI en la década del 90, cuando ya el gasto público era alto, a un máximo de 47,1% en 2016. O sea que el gasto consolidado aumentó 15,6 puntos porcentuales del PBI. Para ponerlo de otra forma, si quisiéramos volver a los niveles de gasto público consolidado respecto al PBI de los 90, habría que bajar el gasto consolidado unos USD 77.000 millones o, si se prefiere, habría que reducir un 34% el gasto público consolidado actual.

Si eso no se quiere hacer, entonces habrá que soportar una carga tributaria consolidada que pasó del 23% del PBI en 2003 al 41,7% del PBI en 2018 y que tampoco alcanza para evitar el déficit fiscal.

Como consecuencia del aumento del gasto público, la carga tributaria casi se duplicó desde el inicio del kirchnerismo a la actualidad, haciendo estragos en el endeudamiento público, disparando el peso de los intereses de la deuda sobre la recaudación impositiva y afectando el nivel de empleo privado.

Deterioro de la economía real

La recesión de 2018 comienza en abril de ese año. Si tomamos la cantidad de puestos de trabajo del sector privado en blanco en marzo de 2018 y los comparamos con los de noviembre del mismo año vemos una caída de 158.000 puestos sin considerar a los autónomos ni a los monotributistas. En cambio, en el mismo período, el empleo público consolidado (nación, provincias y municipios) aumentó en 43.900 puestos. Todos estos datos son de la Secretaría de Trabajo.

Tomando todo el período de Cambiemos, el empleo privado en relación de dependencia cayó en 102.000 puestos de trabajo y el empleo público consolidado creció en 58.800 puestos de trabajo. Es muy clara la evidencia que es el sector privado el que está sufriendo los efectos del ajuste, mientras los tres niveles de gobierno tiemblan ante la posibilidad de reducir un solo puesto de trabajo en el Estado.

Por un lado el que pierde puestos de trabajo es el sector privado y, por otro lado, el único rubro en que el Gobierno bajó el gasto público fue en subsidios económicos que tienen como contrapartida el incremento de las tarifas de los servicios públicos.

Puesto de otra forma, como corresponde y apoyo, el gobierno fue eliminando los subsidios económicos, en particular los que mantenían artificialmente bajas las tarifas de los servicios públicos, y la gente empezó a pagar más por dichos servicios, pero al mismo tiempo, el Poder Ejecutivo no bajó otros gastos del Estado para aliviar la carga impositiva.

De manera que el sector privado paga lo que corresponde por los servicios públicos pero no tiene alivio de la presión impositiva porque tiene que seguir sosteniendo a piqueteros, infinidad de planes sociales que Carolina Stanley decidió que son un derecho de los que reciben esos planes, sin aclarar de dónde surge ese derecho ni quién tiene la obligación de mantener a otro para que no trabaje y a legiones de empleados públicos que son intocables. Como si en Argentina hubiese prerrogativas de sangre y de nacimiento.

Para que tengamos una idea, el gasto público corriente (incluidos los intereses de la deuda pública) disminuyeron 3,6 puntos del PBI en la era Cambiemos, pero 2 puntos de esos 3,6 se explican por menos subsidios económicos, que es lo mismo que decir mayores tarifas de los servicios públicos pero no baja de impuestos.

Además, el Gobierno bajó 3,6 puntos el gasto corriente pero aumentó el gasto en intereses en 1,6 puntos del PBI que pasaron de 2% en 2015 a 3,6% en 2018, incluyendo los interés intrasector público.

En síntesis, el Gobierno ahorró 2 puntos del PBI en gastos corrientes cobrando más tarifas, pero otros 1,6 puntos del PBI se le fueron en intereses de la deuda para financiar el gradualismo. Puro costo para el sector privado.

Expectativas sin fundamentos 

Desde el Gobierno dicen que a medida que la economía crezca, se va a poder bajar el gasto público, y la oposición, que habla sin mirar los números, se espanta del ajuste salvaje y dice que esto se resuelve con crecimiento. Me permito advertir que ambos deliran. La Argentina no puede crecer con este gasto público ni carga tributaria. Así que decir que esto se resuelve bajando el gasto público y dejando de mentir con que la salida es el crecimiento sin que se baje el gasto previamente.

¿Cómo se resuelve este problema? ¿Cómo se rompe este círculo vicioso por el cual el Gobierno dice que no se puede bajar el gasto hasta que no haya inversiones y sabemos que no hará inversiones con esta carga impositiva? Lamentablemente, Cambiemos no sólo desperdició la oportunidad de contar la herencia recibida, sino que además se endeudó para no cambiarla. Se endeudó para pagar los sueldos en vez de endeudarse para financiar la reforma del estado. Si antes uno podía pensar en bajar los impuestos para atraer inversiones a un ritmo mayor al que se bajaba el gasto público y financiar el déficit hasta que hubiese equilibrio con endeudamiento, ahora ese instrumento no lo veo.

De manera que, desafortunadamente, el mayor ritmo de ajuste tendrá que venir por el lado del gasto público para poder reducir la carga tributaria y atraer inversiones para crecer. Una combinación de baja del gasto público, con reducción de impuestos y reforma laboral podría romper el círculo vicioso en el que estamos metido. Dicho de otra forma, el famoso gradualismo dejó una herencia más pesada que la que se recibió y tendrá costos políticos que pagar más altos que si se hubiese aplicado una política de shock desde el inicio contando la herencia recibida.

Las 3 bases para el mejor ajuste

¿Dónde bajar el gasto? En los programas sociales (ya he explicado varias veces cómo hacerlo), en las jubilaciones de aquellos que nunca aportaron al sistema y Cristina Fernández de Kirchner agregó terminando de quebrar a un sistema de reparto inviable, y en el empleo público.

Esto debería ser acompañado por el ajuste por inflación de los balances en una primera etapa y luego la reducción de las tasas impositivas. Tal vez habría que pensar en pasar de un Impuesto a las Ganancias a un flat tax. Considerando que la salida más rápida para crecer está en las exportaciones, la reducción de derechos de exportación hay que retomarla en forma inmediata.

Ronald Reagan y Margaret Tatcher consolidaron su liderazgo cuando pagaron el costo político de enfrentar a la mafia de los sindicatos. Reagan con los controladores aéreos y Tatcher con los mineros. Mostrada la convicción de avanzar en las reformas, la confianza renace y las inversiones pueden llegar.

En síntesis, para lograr romper el círculo vicioso de decadencia en el que estamos sumergido hace falta un plan económico consistente, ejecutado por personas de trayectoria y prestigio y una fuerte y clara convicción del presidente de pagar el costo político que haya que pagar para llevar adelante ese plan.

En ese contexto no hay lugar para funcionarios que sigan difundiendo la demagogia diciendo que quienes reciben un plan social no tienen que agradecer nada porque es su derecho a vivir del trabajo ajeno, ni tampoco hay para los especialistas en roscas políticas que pueden servir para ganar una elección pero luego no sirven para sacar al país de la decadencia, al contrario, lo terminan hundiendo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE 

La mitad más uno de los asalariados están registrados en el Estado

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 13/11/18 en: https://www.infobae.com/economia/2018/11/13/la-mitad-mas-uno-de-los-asalariados-estan-registrados-en-el-estado/

 

Sigue la lucha política por gastar la plata del contribuyente. El Gobierno tuvo que ceder ante la presión de las provincias para poder aprobar el Presupuesto en el Senado, aceptando un aumento del gasto de $24.000 millones

A las gobernaciones siempre le falta un peso, si no lo obtienen de la Nación suben el Inmobiliario o Ingresos Brutos (Télam)

No extraña esta exigencia provincial porque, como lo he señalado en otras oportunidades, la democracia ha degenerado en una competencia populista. El que ofrece aumentar la cultura de la dádiva y redistribuir la escasa riqueza que se produce en Argentina, puede quedarse con la mayor cantidad de votos.

Por supuesto que esa competencia populista consiste en insistir con mantener el empleo público en las provincias. De los 3.165.400 empleados públicos entre nación, provincias y municipios, el 70% está en los empleos públicos provinciales.

Como puede verse en el gráfico, el empleo público en las provincias entre 2003 y 2017 aumentó, en promedio, un 70%. Es importante resaltar que 2003 no es un piso bajo de comparación ya que los estados provinciales venían sobredimensionados hacía rato, al punto tal que en la década del 90 se hablaba de regionalizar el país para que no hubiese tantos parlamentos, ejecutivos y poderes judiciales.

De manera que el punto de comparación de 2003 es un punto alto y aun así tenemos un incremento del empleo público del 70% promedio.

Puesto en números absolutos, entre 2003 y 2017 el empleo público provincial creció en casi un millón de nuevos puestos en el Estado. Una forma de disimular el desempleo, porque en realidad no son puestos de trabajo. Son solo subsidios de desempleo escondidos como puestos de trabajo.

De los 24 distritos del país sólo 7 crecieron por debajo del promedio general, y en casos como Formosa, el empleo público no creció más, probablemente porque ya no quedaba mucha más gente para agregar al estado provincial.

¿Por qué tomo el 2003 como punto de referencia? Porque como decía antes, hace rato que el Estado está sobredimensionado, tanto a nivel nacional, provincial como municipal, pero el kirchnerismo llevó ese sobredimensionamiento a niveles insospechados.

Mercado laboral: el Estado suma, el privado resta 

¿Qué le podemos señalar a Cambiemos respecto al empleo? Que en su gestión, comparando agosto de 2018 con noviembre 2015 (último mes completo del gobierno kirchnerista) el empleo público aumentó en 52.000 puestos de trabajo, mientras que en el sector privado bajó en 49.300 posiciones.

Claro que el mayor incremento en el empleo público se dio en las provincias y no en la Nación, pero claramente Cambiemos nunca logró la lluvia de inversiones que permitiera reducir la desocupación creando puesto de trabajo en el sector privado para también reducir el empleo público.

En noviembre de 2015 los empleados públicos en relación a los empleados en relación de dependencia del sector privado, representaban el 49,7% y en agosto 2018 esa relación estaba en 50,9%, es decir, si bien en gran medida el exceso de empleo público es herencia recibida y responsabilidad de las provincias, Cambiemos no logró empezar a crear las condiciones necesarias para generar una lluvia de inversiones que fuese licuando el peso del Estado sobre el sector privado.

Más bien el resultado ha sido exactamente al revés de lo planeado por los ideólogos del gradualismo. El Estado no fue disminuyendo su peso sobre el sector privado, sino que lo fue aumentando considerando los incrementos de gasto público aprobados para 2019 y la suba de la ya asfixiante carga tributaria.

Pero volviendo al empleo público provincial, además de crecer en forma fenomenal entre 2003 y 2017, los incrementos de salarios fueron sustancialmente superiores a los de la inflación.

Si tomamos el dato sobre cómo evolucionó el salario promedio de los empleados públicos provinciales, podemos observar que tuvieron un aumento en términos reales que hace que sea atractivo ir a ocuparse en el Estado y rechazar cualquier propuesta de trabajo en el sector privado.

Como puede verse en el gráfico previo el salario promedio de las provincias y CABA creció muy por arriba de la inflación del período 2003-2017. En promedio, las provincias aumentaron el salario promedio de los empleados públicos un 2.584% entre 2003 y 2017 contra una inflación que estuvo en el 1.770%. La única provincia que estuvo por debajo de la tasa de inflación fue La Rioja.

Si se considera que aumentaron tanto la cantidad de empleados públicos provinciales como el salario real en estos 15 años, es obvio que la masa salarial que tiene que afrontar cada provincia ha crecido en forma fenomenal.

Esa mayor masa salarial, que consume lo que genera el sector privado cobrándole impuestos, ahoga al sector productivo y elimina chances de crecer.

Alta dependencia del Estado

Junto al aumento del empleo público provincial, dupliquemos la cantidad de jubilados y pensionados llevándolos de 3,3 millones a 6,8 millones de beneficiarios, multipliquemos por 4,5 los beneficiarios de pensiones no contributivas (pensiones truchas por invalidez, madres con más de 7 hijos, pensiones graciables, etc.), condimentémoslo con 3,9 millones de beneficiarios de AUH, por citar solo algunos ejemplos de gente que vive del trabajo de los pocos que producimos, y no hay bolsillo del contribuyente que aguante semejante despilfarro de recursos en nombre de la solidaridad social.

Dejemos algo en claro, los que menos le preocupa a la mayoría de la dirigencia política es ordenar la economía teniendo un presupuesto pagable por el contribuyente. La mayoría de la dirigencia política está en esta feroz competencia populista por exprimir al contribuyente a niveles de explotación de cuasi esclavitud.

La mayoría de la dirigencia política argentina está haciendo lo imposible por mantener el rumbo de decadencia de la Argentina manteniendo el gasto público en niveles infinanciables, pero quieren conformarnos con que ahora van al déficit primario cero.

Déficit primario cero con política impositiva saqueadora, no lleva a buen puerto. Lleva a otra crisis y más decadencia económica.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE   

 

El plan fue el no plan y fracasó

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 28/8/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/08/28/el-plan-fue-el-no-plan-y-fracaso/

 

Nicolás Dujovne, ministro de Hacienda (foto: Adrián Escandar)
Nicolás Dujovne, ministro de Hacienda (foto: Adrián Escandar)

Alguien le vendió al presidente Mauricio Macri el argumento que no hacía falta un plan económico. Que el plan económico era él, es decir, que con solo sentarse en el sillón de Rivadavia, con el kirchnerismo fuera del gobierno y removiendo algunos obstáculos como el cepo cambiario, iba a producirse una lluvia de inversiones que generarían un mágico efecto de crecimiento económico a pesar del monumental gasto público, la confiscatoria presión impositiva y la barrera a la contratación de empleados en blanco que es la legislación laboral.

Todos los serios problemas estructurales que viene arrastrando la economía argentina desde hace décadas y llevadas a un extremo insólito por el kirchnerismo, mágicamente iban a ser pulverizados por la presencia de Macri. La economía iba a crecer al 3% anual por alguna razón que nunca se supo cuál era, el gasto público congelado en términos reales iba a pesar cada vez menos sobre el PBI y el crecimiento iba a generar un ingreso tributario que se traduciría en una reducción del déficit fiscal.

Esa era toda la estrategia del Gobierno, sumado al menosprecio que tenía por presentar un plan económico consistente que generara confianza más allá de la que podía producir el cambio de gobierno.

Puesto en otras palabras, Mauricio Macri jugó el mismo juego que jugó Domingo Cavallo en 2001. Sobreestimar su imagen para cambiar las expectativas y el rumbo de la economía sin necesidad de grandes reformas estructurales.

Lo concreto es que el macrismo subestimó la fenomenal crisis que heredaba del kircherismo. Ese fue un grosero error tanto económico como político.

Eternos errores de comunicación, y algo más

1. El mayor error estuvo en nunca contar la herencia recibida. Mil argumentos se han dado desde el gobierno para justificar su falta de comunicación de la herencia recibida:

2. No fue que si contaban todo no conseguían fondos del exterior para financiar la transición; argumento muy infantil porque los economistas de aquí sabíamos la herencia que se recibía y en el exterior tenían la misma información que teníamos acá. La que no tenía idea de lo que se heredaba era el conjunto de la población no especializada en temas económicos. A esa había que informarle la herencia recibida.

3. Decían que se afrontaba el riesgo de tener una corrida cambiaria. Si este fuera el argumento, no previeron que la corrida la iban a tener un tiempo más adelante y les llegó justo este año, cuando es más difícil explicar porque hay que hacer un plan económico de mayor orden fiscal para frenar la corrida.

4. Encima de no querer armar un plan económico, de no querer tener un ministro de Economía fuerte con un plan al estilo tradicional y de no querer comunicar la herencia recibida, desarmaron una bomba, que era el cepo, pero armaron otras que fueron el de las Lebac y el de la deuda parar financiar el déficit fiscal.

5. Si creían que no hacía falta implementar reformas estructurales, el acceso al crédito externo los llevó a hacer la plancha en todo lo que tenía que ver con reformas estructurales. Eso hizo que agrandaran el problema porque ahora, en el medio de una corrida cambiaria hacia el dólar, tienen que desarmar la bomba de tiempo de las Lebac y encima mantener la tasa de interés en niveles insólitos, lo cual hace que sea un sueño imaginar alguna tasa de crecimiento en lo que resta del año.

La esperanza en la nueva cosecha

Si antes Macri desconfiaba de un ministro de Economía con trayectoria, ahora tiene que rezar para que el tiempo se porte bien con Argentina, porque otra cosecha mala en el año electoral puede ser bastante difícil de sobrellevar.

El gráfico previo muestra el peso de los intereses de la deuda sobre los ingresos tributario (sin considerar los aportes y contribuciones patronales) en los primeros 7 meses de los últimos tres años. Como puede verse, prácticamente duplicó su relevancia en muy poco tiempo.

Esto le deja menos margen de maniobra al Gobierno para financiar el gasto corriente. De acuerdo a los datos fiscales que viene ofreciendo el Gobierno, todo indica que la reducción del déficit fiscal primario queda neutralizado por el peso de los intereses de la deuda que hubo que tomar para financiar este gradualismo, que fue hacer la plancha durante dos años y medio esperando la lluvia de inversiones.

Si en el corazón de Cambiemos no había ningún espíritu por implementar reformas estructurales, el financiamiento externo los terminó de adormecer en el tema de la deuda. Durante todo el 2016 y el 2017 se durmieron tomando deuda. Así que ahora tenemos un problema estructural de alto e ineficiente gasto público, feroz carga tributaria, los intereses de la deuda que se comen la recaudación, la tasa de interés por las nubes, la economía en recesión y presiones sobre el mercado de cambios a un año de las PASO.

No me parece intelectualmente honesto por parte del Gobierno decir que la recesión es culpa, aunque sea en parte, del tema de los cuadernos. La realidad es que el tema de los cuadernos empezó el 1 de agosto de 2018 y la corrida cambiaria comenzó en marzo-abril, en tanto que la recesión se ve en la caída del Estimador Mensual de Actividad Económica del 0,6% en abril, siguió en mayo con 5,2% y en junio 6,7%. Los cuadernos no tienen nada que ver con la actual caída en el nivel de actividad, ni con Turquía o la suba de la tasa de interés en EE.UU.

El serio problema económico que tenemos hoy, es un 90% consecuencia directa del gradualismo y un 10% producto de la suba de la tasa de interés en Estados Unidos, salvo que quisieran que la tasa no subiera en EE.UU. para endeudarse eternamente.

A los que proponíamos el shock, es decir, anunciar un plan económico consistente y avanzar a mayor velocidad, nos tildaron de plateistas, libera lotes y demás descalificaciones porque, supuestamente no entendíamos de las limitaciones de estar en la cancha. Las restricciones políticas, sociales y demás argumentos. Si se hacía cualquier avance a mayor velocidad había una crisis social.

Pregunta: ¿qué tenemos ahora?

Fruto de la impericia en el manejo de la economía y de la estrategia política elegida, la gente está de malhumor, no solo el conurbano bonaerense sino también la clase media, la economía está en recesión y tienen que hacer malabarismos para dominar el mercado de cambios a pesar de la tasa de interés disparatada.

¿Cómo enfrentan este problema, ahora, a un año de las PASO?

Yo diría que tan geniales no estuvieron aquellos que creían que podían despreciar la necesidad de un equipo económico con experiencia y horas de vuelo en esta Argentina turbulenta (al menos no se hubiesen llevado por delante la tormenta de las Lebacs que era muy previsible y obvia) y también despreciar la necesidad de presentar un plan económico consistente.

Ahora queda por debatir si a un año de las PASO hay que jugarse a todo o nada anunciando un plan económico consistente con alto contenido de reformas de fondo o jugarse a todo o nada que el clima acompañe y que EE.UU. apoye en los momentos de mayor turbulencia del mercado de cambios. Muchas más opciones no veo por delante.

En nombre del pragamatismo dilapidaron dos grandes oportunidades: la primera el 10 de diciembre de 2015 cuando Mauricio Macri tenía todo el apoyo de la gente y en 2017 luego de ganar cómodamente las elecciones de medio término. Un lamentable desperdicio de tiempo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Cambios Institucionales: La demanda, la oferta, y la buena (o mala) suerte

Por Nicolás Cachanosky: Publicado el 13/8/18 en https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/08/13/cambios-institucionales-la-demanda-la-oferta-y-la-buena-o-mala-suerte/

 

En mi paso por Buenos Aires, tuve la suerte de poder presentar mis dos libros (aqui y aqui), Reflexiones Sobre la Economia Argentina y Monetary Equilibrium and Nominal Income Targeting. Ambos libros son de naturaleza distinta. El primero es sobre la reciente economía argentina. El segundo es sobre teoría y política monetaria.

No obstante estas diferencias, las preguntas en ambas presentaciones fueron muy similares, y lo fueron en torno a la actual situación argentina. Fue interesante ver que las preguntas bien se podrían haber hecho en los inicios del gobierno de Cambiemos. Parece ser que ya entrando al final del gobierno de Cambiemos no se observa mucho avance en las preocupaciones económicas del votante. Entre estas preguntas no estuvo ausente la discusión de cómo realizar un cambio de fondo en Argentina.

Los cambios institucionales los podemos entender como los que se originan por el lado de la demanda, y los que se originan por el lado de la oferta. Los cambios que surgen del lado de la demanda son aquellos exigidos por la opinión pública. Los cambios que surgen por el lado de la oferta son aquellos que surgen de la política. Para que esto suceda, es necesario que el gobierno esté formado por estadistas y no por seguidores de encuestas, por más títulos universitarios de prestigio que el equipo de gobierno tenga. “Hace falta un Churchill” es el ejemplo que se suele dar.

Cambiemos no se ha caracterizado por ser un gobierno de estadistas. Cambiemos también ha insistido con la restricción política para hacer cambios. Este es uno de los motivos por el cual varios sugeríamos al inicio del gobierno que Cambiemos no sea tibio en explicitar la herencia recibida. Podríamos imaginar funcionarios acompañados de un vocero de prensa (alguien que sepa comunicar) y que cada dos semanas se diese una conferencia de prensa, o una cadena nacional, donde se explicase en detalle lo que se va encontrando y cuál es el plan para solucionar y limpiar los problemas recibidos. Que esto dure todos los meses que haga falta. De este modo, el gobierno contribuye a generar la demanda de cambio que le permita llevar adelante reformas si la oferta impone restricciones. La estrategia del gobierno fue callar los problemas esperando el milagro de la lluvia de inversiones. La pregunta que no parece haber sido respondida de manera satisfactoria es por qué iban a venir las inversiones si esta fue la estrategia elegida. La duda que asoma es si puede Cambiemos a esta altura generar la demanda de cambio, o si ya no posee la credibilidad que se necesita para un proyecto de estas dimensiones.

Hay una tercera posibilidad de cambio institucional. Esta es una de las lecturas que hago del trabajo de Acemoglu y Robinson, Why Nations Fail?, que consiste en tener buena (o mala) suerte. Es posible que accidentes históricos tengan efectos profundos y de largo plazo (path dependency) en las economías de diversos países. Si Argentina no genera cambios institucionales desde la demanda o desde la oferta, entonces el país no está condenado al éxito como afirmaba Duhalde, está condenado a tener buena suerte.

Es por este motivo que varios que fuimos críticos del kirchnerismo también lo somos de Cambiemos. Es de una ingenuidad que roza la malicia sugirir que las críticas a Cambiemos están desinadas a complicar al gobierno para que vuelvan “los otros”. El motivo es justamente contribuir, lo poco que se puede, a generar un cambio en la demanda de cambio institucional, dado que el gobierno no muestra interés en tomar parte de este tipo de discusiones. Los problemas como las corridas cambiarias de los ultimos meses se evitan con buena política económica, no con expresiones de buena voluntad.

Estimo que si el gobierno hubiese explicado los problemas, muchos de los actuales críticos estarían defendiendo las soluciones propuestas. Pero si el gobierno niega o oculta la situacion dificultando un cambio institucional, entonces choca con la tarea del economista que consiste en explicar la situacion económica. Maquillar la realidad puede ser tarea del político, no del profesional de la economía.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Un análisis de las pasadas elecciones y de promisorias expectativas

Por Eduardo Filgueira Lima

 

Las elecciones del 22 de octubre permitieron ubicar a Cambiemos en un lugar preponderante del escenario político argentino, tal no se registraba desde hace muchos años por fuera de las fuerzas tradicionales.

En este particular caso la población es obvio que no votó masivamente por estar mayoritariamente satisfecha con la situación económica, ya que los “brotes verdes” -aunque la economía sigue creciendo desde hace seis meses- no han llegado a florecer.

Parece ser cierto que la ciudadanía no vota siempre por “el bolsillo” y es muy probable que en este caso lo haya hecho -en un exceso de simplificación- para dar por finalizado un ciclo por una parte y con un hálito de esperanza en un muy probable futuro promisorio por otra.

En cuanto al primer argumento es necesario decir que “cerrar un ciclo” significa también dejar atrás el modelo fuertemente estatista y revertir lo que en materia económica representaron las dificultades que finalmente se debieron remontar durante los dos primeros años del gobierno de Macri, y que no fueron suficientemente explicitadas como “herencia recibida”.

Ese mismo modelo no solo nos condujo a una anunciada crisis sino que significó el estancamiento durante los últimos cinco años de la actividad económica (ver. EMAE[1]), crecimiento sostenido del empleo público, enormes distorsiones en la balanza de pagos y sostenimiento de la “fiesta” con abultada emisión monetaria destinada a sostener el descontrolado gasto público (tal que siempre un modelo estatista requiere), con sus consecuencias inflacionarias finales,… mal disimuladas.

El hecho es que en este panorama el gobierno se encontró con una trampa, como hubiera significado tratar de salir del embrollo con fuertes medidas restrictivas sin una contraparte de inversiones y absorción por el desarrollo de una actividad privada que contuviera las necesidades de una gran parte de la población. Optó por el gradualismo.

Ahora luego de los resultados electorales obtenidos “la esperanza” se nos presenta como el objetivo fundamental a atender.

La economía como fue dicho parece sostener un crecimiento módico desde hace seis meses y ahora (Septiembre) con un 3,3% acumulativo mensual[2], lo que muy probablemente se hará sentir recién a mediados de 2018. También la inflación parece ir paulatinamente disminuyendo desde las impresionantes cifras que mantuvo y ocultó[3] el gobierno durante muchos años.

Pero es hora de las reformas. Por lo menos así fue anunciado casi de inmediato al resultado de las elecciones por el mismo Presidente Macri. El gobierno sabe que no puede sostener indefinidamente un gasto público que supera ya el 45% del PBI y menos sostenerlo con endeudamiento de manera indefinida o durante un tiempo prolongado.

La política fiscal debe superar la meta de alcanzar el equilibrio, porque la competitividad del sector privado requiere una disminución significativa de la carga impositiva que hoy se mantiene y resulta un ahogo a las posibilidades de generación de ahorro e inversiones como antesala de nuevos empleos y mejora de la competitividad. La meta debería ser la reducción del gasto público.

Una señal de alarma en este mismo sentido es el rojo de la balanza comercial que alcanza un acumulado en 2017 de u$s 3.428 millones (Ver Figura N°1)[4], Lo que se explica por la ausencia de un incremento sustancial de las exportaciones, frente a un importante incremento de los ingresos de bienes del exterior.

Obviamente una política cambiaria que sostiene altas tasas de interés “plancha” el dólar lo que tiene sus propias consecuencias en este mismo sentido, porque si bien facilita el ingreso de insumos para la producción agropecuaria e industrial a su vez encarece el costo en dólares de la producción nacional que no se hacen competitivos ni dentro (consumo interno), ni fuera (exportación) del país.

Obviamente las políticas fiscal y monetaria son imprescindibles para contener la inflación. Pero no son las únicas. También las tasas de interés deben posibilitar el crédito para acompañar la inversión y la producción requiere de una política cambiaria que permita competitividad a nuestros productos.

La reducción del déficit fiscal no debe ser una promesa, es el núcleo del problema: un programa fuertemente estatista requiere ser sostenido por un creciente gasto público.

Y el gasto público se mantiene (fundamentalmente) con impuestos, emisión monetaria y/o endeudamiento. Todos los cuales tienen finalmente sus nefastas consecuencias.

La hora de las reformas ha llegado y entre otras, merecen destacarse la fiscal, la previsional, la laboral y la tributaria, que por pertenecer al campo de “la política impositiva” quitan competitividad a la producción nacional que es el verdadero motor de la economía.

Cada uno tiene a su cargo importantes desafíos: el gobierno bajar el gasto público y aprender que su intervención en la economía puede ser (y habitualmente lo es) nociva. Y los empresarios saber que no se puede vivir de las prebendas del estado, que estamos insertos en un mundo que requiere practicidad, inversiones, innovación, agilidad, y producción competitiva. Y que hoy no es tiempo de monopolios y protecciones arancelarias porque atentan contra el país en su conjunto, aunque beneficien a unos pocos.

Las reformas serán difíciles porque con seguridad muchos -cómodos en su situación- pretenderán no cambiar y pondrán escollos a las mismas. Y además nuestra sociedad disfruta los bienes que el mercado le permite, pero luego es renuente a defender las ideas que lo promueven.

Por lo que no debemos pedir a Macri que haga lo que puede o no le dejan hacer. Porque el riesgo de una Argentina pendular, aunque parece hoy superado, siempre se encuentra a la puerta.

Finalmente una reflexión política: las mismas reformas necesarias (casi imprescindibles), tienen su contraparte en dos dimensiones. Por un lado no deberían ser por sí mismas un imponderable negativo al proyecto de un país que renace a un esperanzador nuevo ciclo. Y por otro -y por ese mismo motivo- el gobierno debe saber que tiene un tiempo limitado para iniciarlas, antes que se constituyan en un escollo para las próximas (demasiado próximas) elecciones.

[1] EMAE: Estimador mensual de la actividad económica. Publicado por INDEC base 2004 (Serie 2017) En: https://www.indec.gov.ar/nivel4_default.asp?id_tema_1=3&id_tema_2=9&id_tema_3=48

[2] Ver informe O. Ferreres y Asoc.

[3] Ver informe comparativo INDEC vs IPC Congreso http://data.lanacion.com.ar/dataviews/69218/ipc-indec-y-congreso/

[4] Figura N°1 En: http://www.ambito.com/895173-en-2017-la-argentina-acumula-el-peor-deficit-comercial-de-la-historia-economica “En 2017 la Argentina acumula el peor déficit comercial de la historia económica”

 

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, Doctor en Ciencias Políticas y Profesor Universitario.