Irán, mientras esté sancionado, cierra las puertas del diálogo con EE.UU.

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 31/10/19 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/iran-mientras-este-sancionado-cierra-puertas-del-nid2302329

 

Los EE.UU. e Irán no dialogan. De esa manera, la relación bilateral entre ambas naciones permanece congelada y las peligrosas tensiones que existen entre ambos países no disminuyen, sino crecen, conformado el tema más peligroso de todos los que conforman la agenda de paz y seguridad internacionales.

Una reciente oportunidad para que sus dos líderes se encontraran no fue aprovechada. Me refiero a la apertura del nuevo período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. A ese evento anual concurrieron, como estaba previsto, los Jefes de Estado de ambos países en pugna.

Pero, pese a la declamada ambición del presidente norteamericano, que por su parte no excluye la posibilidad de un encuentro, la negativa del presidente Iraní, Hassan Rouhani, fue y sigue siendo terminante: mientras no se levanten las duras sanciones económicas norteamericanas, no hay posibilidad alguna de encuentros al más alto nivel. Ninguna.

De esa manera, los denodados y recientes esfuerzos del presidente francés, Emmanuel Macron, para que el encuentro se materializara terminaron en un lamentable fracaso. En un “portazo”, mas bien.

Las tensiones entre Irán y los EE.UU. aparentemente no disminuirán. Por ahora, al menos. El acuerdo de Irán con la comunidad internacional de 2015 sobre su peligroso programa nuclear parece estar cada vez más sin vigencia, ni vigor. “Ausente con presunción de fallecimiento”, dirían seguramente los juristas. Los EE.UU. se retiraron del mismo, con otro portazo, e Irán ahora lo está violando abiertamente.

Estamos frente a tensiones fuertes y sin posibilidades reales de entablar ningún diálogo directo entre los países que protagonizan la confrontación. Las actitudes amenazadoras de ambas partes continuarán previsiblemente aumentando las distancias que ya los separan. Como lo demuestran las recientes sanciones norteamericanas a varias empresas chinas que fueron acusadas de adquirir petróleo crudo iraní en violación directa y flagrante a las sanciones norteamericanas.

La paz y seguridad del mundo está hoy todavía muy lejos de poder ser considerada asegurada. Al menos en la zona del Golfo Pérsico, queda visto. Me viene a la cabeza aquello tan español contenido en el viejo dicho que reza: “por la calle del después, se llega a la plaza del nunca”.

Irán -cabe recordar- no acepta la existencia del Estado de Israel y alimenta constantemente el odio regional contra ese país y contra sus ciudadanos. Por ello se ha convertido en uno de los mayores exportadores de terrorismo del mundo y alimenta constantemente, directa o indirectamente, las rispideces regionales. Esto supone mantener a Israel siempre alerta contra posibles ataques y atentados violentos, de todo tipo, en su contra. Pergeñados en Teherán. Lo señalado está, desgraciadamente, en el corazón mismo de la belicosa “política exterior” persa. Es su vector esencial.

En los últimos tiempos, Irán ha estado utilizando activamente para ello al violento movimiento shiita libanés denominado “Hezbollah”, al que está ahora -según alerta Ely Karmon- suministrando tecnología y apoyo directo para fabricar misiles guiados -y su combustible- en el Líbano.

Esa fabricación se hace desde el año 2006, fundamentalmente en la ciudad de Beirut y en instalaciones emplazadas en el Valle de Beeka, de modo de usar a la resignada población civil libanesa a la manera de escudo para la aventura.

Israel lo sabe bien y ha asestado ya golpes aéreos muy precisos contra las instalaciones y equipos que operan en territorio libanés, habiendo sido suministrados por Irán.

Paradójicamente, al propio tiempo y pese al accionar morigerador del gobierno francés que encabeza Emmanuel Macron, Irán aparentemente rechaza acercarse a una mesa de negociaciones con el gobierno de Donald Trump, que en cambio está, en principio, abierto a conversar -cara a cara- con los clérigos iraníes, de modo de tratar de encontrar una fórmula para mantener una convivencia pacífica más o menos estable en la convulsionada región.

Francia -a la manera de incentivo- está proponiendo, entre otras cosas, suministrar a Irán una enorme línea de crédito, del orden de unos 15 billones de dólares, con garantía explícita en hidrocarburos, lo que no será nada fácil de materializar.

Para los Estados Unidos, que, en cambio, mantienen una política dura, de constante “máxima presión” respecto de Irán, esa alternativa no es bienvenida, salvo como parte integral de un acuerdo bilateral que sea mucho más amplio y que esta vez incluya no sólo el peligroso programa nuclear iraní, sino también su atemorizador complemento misilístico.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Fue profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

Aumentan las tensiones y privaciones del pueblo iraní

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 23/8/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2164917-aumentan-tensiones-privaciones-del-pueblo-irani

 

Desde la revolución de 1979, a través de la cual los clérigos islámicos iraníes, cual poderosa oligarquía, convirtieron a su país en una peculiar “teocracia”, el nivel de vida de los iraníes ha disminuido ininterrumpidamente, en una suerte de “caída libre”.

Con la reciente reimposición de fuertes sanciones económicas por parte de la administración norteamericana, las privaciones cotidianas del pueblo iraní aumentarán. Las nuevas disposiciones norteamericanas apuntan -entre otras cosas- a restringir el comercio de automóviles y el de oro y otros metales preciosos que son, precisamente, los bienes utilizados por la gente en Irán para tratar de evitar que sus ingresos se evaporen como consecuencia de la inflación desbocada que hoy azota al país.

El valor de la moneda iraní, el rial, ha caído un 50% desde comienzos de este año. Esto ha contribuido a profundizar el descontento generalizado de la gente que achaca -con razón- a los clérigos un manejo ineficiente y, peor, corrupto, de la economía iraní. El referido descontento pareciera ser el más elevado desde 1979.

En el plano doméstico, los iraníes están -en líneas generales- políticamente divididos entre los “duros” y los “reformistas”. Los segundos postulan posiciones flexibles en materia de política exterior, que permitan interrumpir el constante deterioro de las condiciones de vida de su país, derivado de las sanciones económicas. Los “reformistas”, además, acusan de fraude a la clase clerical dominante, particularmente en materia cambiaria, donde los enriquecidos clérigos y sus protegidos con frecuencia acceden a tipos de cambio subsidiados respecto de los bienes importados.

El mal humor popular iraní crece aún más por la escasez de dos artículos esenciales de primera necesidad cuyo suministro se interrumpe con frecuencia: el agua potable y la energía eléctrica.

El desencanto popular iraní es especialmente grande entre las personas de menores ingresos, porque su reducido poder de compra y capacidad de consumo continúan achicándose. La queja que se escucha con más frecuencia es que, antes de 1979, los más pobres en Irán tenían dificultades para poder comprar carne, pero podían, no obstante, acceder al pan y al yogur. Hoy también el acceso al yogur es ya difícil para la población de menores ingresos. El pan -no obstante- es todavía accesible.

Como siempre, las sanciones económicas golpean con particular dureza al pueblo del país sancionado. Es cierto aquello de que la gente común no es responsable de la política exterior. No obstante, las sanciones se imponen con el propósito preciso de alimentar lo que está sucediendo en Irán. Esto es que la gente, cada vez más descontenta, atribuya sus penurias no a los rivales externos de su propio país, sino a la conducción política doméstica.

Por todo lo antes descripto, el plano de la política se ha complicado también. Enormemente. El líder supremo religioso iraní, el poderoso Ayatollah Ali Khamenei, acusa abiertamente al presidente Hassan Rouhani de haber cedido a la presión norteamericana y de gobernar ineficazmente, rodeado de corrupción. En particular, les recuerda a los iraníes que Rouhani prometió que -como contrapartida del acuerdo suscripto en 2015 con la comunidad internacional sobre el programa nuclear iraní- las penurias cotidianas de su pueblo habrían de disminuir sustancialmente, cosa que no sólo no ha ocurrido, sino que en rigor ha empeorado en función del aumento reciente de las sanciones norteamericanas a Irán.

La situación descripta ha transformado a la moneda iraní en extremadamente débil y volátil y parece haber frustrado las inversiones europeas en Irán que en algún momento se esperaban.

Para hacer las cosas más complejas, el líder religioso aludido rechazó de plano la posibilidad de mantener conversaciones diplomáticas con el gobierno de los Estados Unidos. Lo que supone dejar de lado la alternativa de la normalización, lo que no es una cuestión menor. Ni una actitud contemporizadora.

En paralelo, las fuerzas militares iraníes acaban de realizar unas enormes maniobras militares en el Golfo de Persia, donde exhibieron una nueva y amenazadora generación de misiles de corto alcance.

Un clima de fuerte hostilidad contra los Estados Unidos prevalece entonces en Irán y anticipa que la posibilidad de poner en marcha conversaciones bilaterales puede dilatarse en el tiempo y ser mucho más compleja de lo esperado.

La tensión entre los clérigos “duros” y los “reformistas” iraníes se ha vuelto de pronto más peligrosa con las exigencias clericales actuales de una rápida renuncia del presidente Rouhani. Pero lo cierto es que los “reformistas” parecen tener el apoyo mayoritario de la población urbana iraní y no estar dispuestos a ceder fácilmente a la presión liderada por el Ayatollah Khamenei.

El clima enrarecido puede complicarse aún más en el próximo mes de noviembre, atento el anuncio de la administración norteamericana en el sentido que, a partir de ese mes, las sanciones económicas podrían incluir las exportaciones de hidrocarburos iraníes, lo que haría, para Irán, todo extremadamente difícil, desde que esas exportaciones en particular son la columna vertebral de los ingresos que alimentan al Tesoro iraní.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Nuevo capítulo en Irán

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 9/8/13 

El clérigo Hassan Rouhani, de 64 años, es el nuevo presidente de Irán . Al asumir, después de imponerse en primera vuelta en las elecciones del 14 de junio pasado, ratificó su perfil, más bien moderado. De alguna manera, ese es el estilo opuesto al de su predecesor, Mahmoud Ahmadinejad, el prepotente socio estratégico de Hugo Chávez que gobernara a Irán a lo largo de ocho años. Su accionar estuvo caracterizado siempre por una actitud y un discurso agresivo y, por momentos, hasta avasallante, sino insultante. Y por una profunda fobia anti-israelí, que derivó en amenazas y en ruidosos portazos a las posibilidades de la paz.

Mejorar la economía es la urgencia que reclama la gente. Y Rouhani lo admite y promete ordenarla. Lo que no será fácil, desde que lo que sucede es consecuencia directa de las sanciones económicas occidentales por el permanente incumplimiento iraní de las normas internacionales que debieran transparentar su peligroso programa nuclear.

La Cámara Baja del Congreso de los Estados Unidos acaba de profundizarlas, de modo de transformarlas, en los hechos, en un embargo total de las ventas de petróleo crudo iraní al exterior.

Sin divisas, Irán ha estructurado un “cepo cambiario” que no sólo lo aísla -aún más- del mundo sino que genera incómodas escaseces, siendo particularmente duro para la población que sufre privaciones graves en materia de alimentos y medicamentos. Hace pocos días, hasta la manteca había desaparecido de Irán. Además, hubo que prohibir las exportaciones de pistacho, para evitar que los precios domésticos de ese producto resultaran inalcanzables para una población adicta a consumirlo, particularmente en las fiestas y celebraciones. Ni siquiera hay recursos para que la selección nacional de fútbol pueda viajar al exterior.

 

Para peor, Rouhani acaba de confirmar al mundo que la inflación iraní, que está desbocada, es ya del 42% anual. La marcha de la economía es lenta y, en algunos capítulos, está casi detenida. Como si ello fuera poco, el gobierno iraní se atrasa en el pago de los salarios y demora la distribución del subsidio de trece dólares mensuales que paga a algo así como 60 millones de ciudadanos.

La consecuencia es natural: un ambiente de descontento, desconfianza y desazón. Más aún, de desesperanza en algunos y de irritación en otros. Por esto la necesidad de priorizar la mejora de un nivel de vida que se ha deteriorado enormemente y ayudar a la gente a escapar de la pobreza, que ha aumentado significativamente.

 

 
Un clérigo iraní ejerce su derecho al voto en las elecciones presidenciales iraníes en Teherán el pasado viernes 14 de junio. Foto: EFE 

Lo que, a su vez, supone salir del aislamiento y negociar con la comunidad internacional el levantamiento de, por lo menos, algunas de las sanciones (a las que Rouhani calificó de “brutales”) ofreciendo a cambio buena conducta en materia de desarrollo nuclear y seguridades de que los programas en curso se trasparenten y de que no derivarán en un Irán con fanatismo y armas nucleares.

Además supone tratar de encontrar una solución a la gravísima crisis siria, que ha comenzado a desangrar también a Irán, insinuándose como un conflicto cada vez más peligroso por sus características facciosas. Y -por cierto- dejar de exportar el terror, especialmente a través de Hezbollah.

Lo que debe hacerse no es poco. Ni es fácil. Por esto el líder supremo, el Ayatollah Ali Khamenei, acaba de hacer notar su escepticismo acerca de las posibilidades que Rouhani atribuye al diálogo. Pero no se ha negado al mismo. Presumiblemente porque advierte el profundo descontento de su pueblo.

En materia de política exterior los primeros comentarios de Rouhani acerca de Israel han sido por lo menos decepcionantes.

Es cierto, desde hace años los líderes iraníes se han referido despectivamente respecto de Israel, calificándola -en su retórica- de “tumor canceroso”. Que, además, según ellos, “debiera eliminarse de las páginas del tiempo”. Esto es bastante más que “negacionismo” histórico. Es una actitud belicosa. Es la justificación de la exportación constante del terror y la violencia a través de Hezbollah o de Hamas, o de sus propias organizaciones armadas. Es asimismo la excusa por los esfuerzos por sostener -a toda costa- al régimen de los Assad, en Siria. Y es, también, la última ratio del peligroso programa nuclear iraní, que ha seguido avanzando, cual profecía fatídica.

Rouhani (ante una multitud convocada -y transportada- al efecto) sostuvo:”En nuestra región una herida ha permanecido abierta por años en el cuerpo del mundo islámico, a la sombra de la tierra santa de Palestina y de la querida Quds. Este día es, de hecho, un recordatorio de que el pueblo musulmán no olvidará sus derechos históricos y continuará oponiéndose a la agresión y a la tiranía”.

La festividad, recordemos, se celebra desde 1979, cuando fuera establecida por el propio Ayatollah Ruhollah Khomeini, el padre de la teocracia iraní. Tiene lugar el último viernes de Ramadán y evoca el reclamo musulmán sobre Jerusalén, la tercera ciudad santa para el Islam. Además de Meca y Medina.

En un escenario donde la hipérbole es una agotadora constante, sus palabras fueron reproducidas por los medios locales con diferencias importantes, desde que se cambiaron por: “El régimen sionista es una herida que debe ser removida”. No obstante, a lo largo del día ellas fueron rectificadas para terminar ajustándose mejor a la verdad.

Cuando el proceso de paz de Medio Oriente acaba de reiniciarse después de un paréntesis de más de tres años, los dichos de Rouhani (aunque apunten presumiblemente al consumo doméstico) son inoportunos. Y muestran que quien manda en Irán es -siempre y en definitiva- el Ayatollah Ali Khamenei. Los demás dirigentes simplemente se alinean con él. Rigurosamente.

Por esto la inmediata condena -a través de la Cancillería iraní- que siguió a la reanudación del proceso de paz en Medio Oriente, cuyo éxito (esto es, la paz duradera) supondría una dura derrota para Irán. De la que Rouhani parece haber tomado alguna temprana distancia al pronunciarse a favor de la paz en la región.

Como cabía esperar, la respuesta israelí a los dichos de Rouhani fue inmediata. Casi instantánea. Y punzante. El primer ministro Benjamin Netanyahu sostuvo que “la verdadera cara de Rouhani ha aparecido antes de lo esperado”. “Esto es lo que el hombre piensa y este es el plan del régimen iraní”. A lo que agregó el comentario adicional de que Irán tiene “un programa nuclear que es una amenaza para Israel, Medio Oriente, así como para la paz y seguridad del mundo entero” y que “no debe permitirse que un país que amenaza con la destrucción del Estado de Israel, tenga armas de destrucción masiva”.

Recordemos que, durante la campaña electoral de su país, Rouhani había asumido el rol de una “paloma”, repitiendo que su objetivo central en materia de política exterior es el de “disminuir las tensiones” en la región que fueran alimentadas -sin descanso- por su predecesor, Mahmoud Ahmadinejad.

Sus palabras comentadas tienen el efecto contrario. Aunque no sean demasiado sorprendentes en función de la historia de Rouhani, que es un clérigo del riñón del líder de la teocracia iraní, absolutamente alineado con el régimen religioso que tiene el poder en Irán, del cual forma parte. Un hombre del sistema. Por eso, ellas llaman a no hacerse demasiadas ilusiones de cambio y alimentan el escepticismo de algunos.

 

No obstante, existan posibilidades de que un hombre acostumbrado a navegar en un sistema político inusualmente tortuoso, pueda -de pronto- abrir un diálogo directo de “normalización” con la comunidad internacional y hasta con los Estados Unidos. Por algo Rouhani ha sido -durante 16 años- el secretario del Consejo Nacional de Seguridad de su país. Es un buen negociador y goza ciertamente de la confianza de su liderazgo, cuya cuota de perversidad conoce desde adentro.

Lo cierto es que las palabras de Rouhani, por inoportunas que fueren, suenan algo más moderadas que las declaraciones finales del presidente saliente, Mahmoud Ahmadinejad, quien -al despedirse, en medio de una caída brutal de popularidad, desde que se lo culpa del caos en el que su populismo ha dejado a la economía iraní- señaló que: “sobre nuestra región flota una tormenta devastadora, que ya sopla y que terminará con Israel, país que no tiene lugar en nuestra parte del mundo”.

Un nuevo capítulo en la historia de la relación de la teocracia iraní con el resto del mundo acaba de abrirse. Los primeros movimientos concretos de Rouhani sugerirán cuan distinto de los más recientes puede ser. En este sentido, la conformación de un gabinete con tecnócratas reformistas es toda una señal. Por lo demás, su apelación al diálogo -sincera o no- no debiera caer en saco roto.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.