Un buen primer paso

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 23/10/13 en: http://www.lanacion.com.ar/1631447-un-buen-primer-paso

Las reuniones realizadas en Ginebra la semana pasada con relación al programa nuclear iraní parecen haber sido una suerte de buen primer paso en el recorrido que será necesario para consensuar una solución adecuada respecto de la grave preocupación de la comunidad internacional sobre el programa nuclear iraní en marcha. Más concretamente, sobre su capítulo de enriquecimiento de uranio.

En un gesto, que debe entenderse como una expresión de cordialidad, el nuevo canciller de Irán, Mohammad Javad Zarif, abrió los dos días de conversaciones con una presentación de una hora, realizada en inglés (en lugar del farsi, como sucediera siempre en el pasado) utilizando un power point para explicar mejor el contenido de la propuesta inicial de compromiso que Irán ha puesto sobre la mesa.

Los seis países de la comunidad internacional que son sus interlocutores en esta particular cuestión (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, más Alemania, denominados: “P5+1”) confirmaron que la propuesta iraní fue realizada en una atmósfera distinta a las anteriores. Positiva y franca. Y con contenido sustancial.

Los iraníes insisten, probablemente para consumo interno, en que su propuesta está basada en el edicto del Ayatollah Ali Khamenei, por el cual se prohíbe la producción y el uso de armas atómicas. Y han titulado a su propuesta, muy sugestivamente, como: “Un final para una crisis innecesaria y el comienzo de horizontes frescos”.

En esencia, se trata de analizar la actual capacidad iraní de refinar uranio, que ha crecido mucho desde que existen unas mil centrífugas modernas que refinan en la ciudad de Natanz y, aparentemente, algunos miles adicionales (con centrífugas algo menos modernas) que lo hacen en instalaciones subterráneas a las que se conoce como la planta de Fordo, emplazadas en las inmediaciones de la ciudad sagrada de Qum.

Hasta ahora, Irán habría acumulado unos 185 kilogramos de uranio enriquecido al 20% de pureza (aquel que supone poder rápidamente enriquecer uranio a niveles de más del 90% de pureza, con los que se genera el peligroso uranio enriquecido apto para producir armas nucleares). En general, se supone que, para estar en condiciones de poseer una bomba nuclear, se necesitan unos 240 kilogramos de uranio enriquecido al 20%. Irán está entonces muy cerca de ello. Para mediados del año próximo podría ya haber alcanzado los 250 kilogramos. El uranio enriquecido, cabe recordar, puede utilizarse tanto con fines pacíficos como para usos militares.

Preocupa asimismo la construcción de un reactor de agua pesada en Arak, a unos trescientos kilómetros al sur de Teherán, que podría producir plutonio, que es otro posible camino para las armas atómicas. También la negativa de permitir inspeccionar nuevamente la base militar de Parchin, al sur de Teherán, donde se sospecha que Irán habría producido detonadores para armas nucleares.

Pese a que existe una total reserva sobre los detalles concretos de la propuesta iraní, ha trascendido que ella supone aceptar límites verificables tanto a la producción como a la pureza del enriquecimiento, aunque contra el reconocimiento explícito del derecho iraní a enriquecer uranio.

En contrapartida, Irán estaría solicitando el rápido levantamiento de las sanciones económicas que han deteriorado enormemente su economía al ponerla efectivamente fuera del sistema financiero internacional, lo que ha reducido a la mitad su capacidad de exportar petróleo, alimentado además una inflación galopante y generado una altísima tasa de desempleo, con el consiguiente descontento popular.

El acuerdo entre las dos partes podría alcanzarse, aparentemente, en un calendario de seis meses con una “hoja de ruta” que permitiría verificar -con la necesaria transparencia- los avances que, paso a paso, se vayan logrando.

Es evidente que la conducta pasada de Irán a lo largo de una desgastante década, caracterizada por las dilaciones, los engaños y la falta de sinceridad, no ayuda para nada. Por esto, los Estados Unidos están estudiando un auxilio financiero que, en lugar de levantar las sanciones, se edifique sobre la liberación progresiva de los billones de dólares que ya han sido congelados a los iraníes. Mientras tanto, lo cierto es que el Congreso norteamericano sigue adelante con lo que sería una nueva “vuelta de torniquete” a las sanciones existentes, que supondría nada menos que reducir a cero las exportaciones iraníes de crudo. Convencido, por cierto, de que ellas -por efectivas- son las que, concretamente, han finalmente obligado a Irán a negociar.

Las conversaciones se reanudarán el 7 y 8 de noviembre próximo, siempre en la ciudad de Ginebra. Mientras tanto, los técnicos de ambas partes trabajan aceleradamente sobre todos los detalles y acciones que requiere poner en operatividad la propuesta formulada.

Una reunión lateral adicional, entre el vicecanciller iraní, Abbas Araghchi, y la negociadora norteamericana, Wendy Sherman, sugiere que existe una clara disposición para trabajar con apertura y con buen ritmo para materializar un acuerdo.

Aun cuando falta mucho para edificar una solución que resulte eficiente y satisfactoria para todos, lo cierto es que, esta vez, el ambiente de la negociación es muy distinto. Del lado iraní, la cordialidad de la administración del presidente Hassan Rohani ha reemplazado a la arrogante -y hasta desagradable- prepotencia que, en cambio, caracterizara a la del ex presidente Ahmadinejad. En general, lo que lucía como una actitud de suma desconfianza y rigidez tiene ahora perfiles de alguna flexibilidad y buena disposición para avanzar sin demoras. Por ello la esperanza empieza a estar, de pronto, respaldada por los hechos. No es poco.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Un nuevo escenario en Irán

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 17/6/13 en http://www.lanacion.com.ar/1592759-un-nuevo-escenario-en-iran

En la inusual teocracia iraní, las elecciones presidenciales son ciertamente absolutamente distintas de las de las democracias. Por lo general, todo lo que ocurre en torno a ellas está siempre cuidadosamente planeado y hasta coreografiado. Aunque, no por ello, como veremos, necesariamente exento de sorpresas.

En primer lugar, los candidatos sólo pueden competir si ellos son, previamente, autorizados a hacerlo por el Consejo de los Guardianes, un organismo cercano al líder supremo de Irán, el Ayatollah Ali Khameni, compuesto por doce teólogos y juristas, que tiene por misión la de vetar a todos quienes el organismo suponga carecen de la conducta y de la ortodoxia de principios que se requieren para que ningún candidato pueda resultar una amenaza de cambio sustantivo, ni represente peligro serio alguno para el futuro de la teocracia.

 El triunfador, Hassan Rohani, tiene 64 años. Es clérigo. Pertenece a los más altos estamentos de la teocracia. Es, además, el preferido de la juventud, de las mujeres y de la clase media urbana, grupos todos con una notoria sed de cambio

Por ello en la reciente elección presidencial iraní tan sólo ocho de los varios centenares de candidatos que en su momento se presentaron fueron aprobados.

Entre los descalificados estuvieron nada menos que el propio candidato o delfín del presidente saliente Mahmoud Ahmadinejad y el ex presidente Akbar Hashemi Rafsanjani , de 78 años, uno de los políticos más poderosos de Irán, que además tiene una fortuna personal realmente incalculable.

En segundo lugar, porque las campañas electorales iraníes son inusualmente cortas. De apenas dos semanas, en rigor. Lo que hace que las diferencias en los discursos con frecuencia se diluyan.

Y, finalmente, porque desde 2009 -cuando se declarara fraudulentamente reelecto al presidente Ahmadinejad- en momentos en los que sus rivales, los reformistas (también llamados los “verdes”) habían ganado las elecciones, lo cierto es que nadie está demasiado seguro de que el veredicto de las urnas será finalmente respetado por el poder religioso.

 En la represión de 2009, recordemos, hubo cien muertos y, desde entonces, el candidato presidencial de los reformistas, Mir-Hossein Moussavi, ha estado detenido, con arresto domiciliario. Aislado totalmente, como castigo a su infructuoso desafío.

Esta vez, pese a que se esperaba que buena parte de los 50 millones de iraníes autorizados a votar no lo hicieran, lo cierto es que la concurrencia de electores fue muy alta. Del orden del 80%. Como si, a último momento y pese a todo, muchos hubieran decidido ejercer sus derechos políticos. A la manera de ratificación de su individualidad. Y de defensa del margen de libertad que aún poseen, lo que, en sí mismo, parece haber conferido alguna legitimidad a la amañada consulta electoral.

Lo sucedido es consecuencia de algo inesperado que ocurrió apenas tres días antes de los comicios. En lo que fuera un excelente movimiento táctico que aparentemente descolocó a los candidatos fundamentalistas, los moderados y reformistas decidieran unificarse y volcar todo su apoyo al único religioso entre todos los candidatos. A Hassan Rohani. Para ello, hasta el otro candidato de perfil también moderado, Mohammad-Reza Aref, renunció repentinamente a su candidatura, dando un paso al costado y permitiendo la unificación de los votos opositores, que resultó clave para el triunfo de Rohani.

Apenas eso sucediera, dos influyentes ex presidentes de Irán, Mohammad Khatami y Akbar Hashemi Rafsanjani, endosaron -abierta y públicamente- a Rohani, ungiéndolo así, claramente, en la única opción de la oposición moderada.

Cabe señalar que, en cambio, los candidatos fundamentalistas, divididos y enfrentados por sus ambiciones, no pudieron unificar a su grupo. Por esto, los tres principales candidatos conservadores compitieron unos contra otros, dividiendo a los votantes que prefieren esa visión dura, inflexible.

El ahora declarado triunfador, Hassan Rohani, tiene 64 años. Es, como hemos dicho, clérigo. Pertenece a los más altos estamentos de la teocracia. Es, además, el preferido de la juventud, de las mujeres y de la clase media urbana, grupos todos con una notoria sed de cambio.

Pragmático, Rohani ha prometido preparar y hacer sancionar una “Carta de Derechos Civiles”, particularmente en defensa de los derechos de las mujeres, así como mejorar la relación del país de los persas con el resto del mundo.

En política exterior promete flexibilidad y pragmatismo. Rohani es una suerte de experimentada paloma que ha demostrado ser capaz de volar y sobrevivir en un mar de halcones. Se lo considera un dirigente contemporizador, por oposición a un polarizador.

Por esto, no es imposible que procure que Irán pueda, paso a paso, salir de su actual actitud de aislamiento e intransigencia en el escenario internacional y consensuar soluciones para las cuestiones abiertas con la comunidad internacional.

Su elección, sin embargo, implica -al menos por el momento- la defunción del cuestionado acuerdo alcanzado por nuestras autoridades con Irán respecto del caso del atentado perpetrado contra la AMIA en el que se sospecha hubo participación tanto de Hezbollah, como de Irán. Pero, ausente en más Ahmadinejad, no se pueden descartar nuevas perspectivas respecto de nuestra región toda. Aunque lo cierto es la cercanía política del ex presidente Rafsanjani, uno de los imputados por el fiscal Alberto Nisman en la causa de la AMIA, con Rohani.

Por lo demás, la influencia política del duro y provocador presidente saliente, Mahmoud Ahmadinejad, va camino a diluirse. Quizás, rápidamente.

Además, Rohani procurará previsiblemente salir lo más pronto posible de la grave crisis económica que aflige al pueblo iraní, abiertamente descontento con tener que convivir con una inflación del 32,2% anual, con una tasa de desocupación de casi el 12% y un nivel de pobreza que hoy incluye al 40% de la población iraní. Lo que es consecuencia de la incapacidad de la gestión de Ahmadinejad y de las fuertes sanciones económicas dispuestas por los Estados Unidos y la Unión Europea que han generado que un país que hace unos pocos años exportaba unos 2 millones de barriles de crudo por día, hoy apenas exporte unos 900.000 barriles diarios; menos de la mitad, entonces. Con todas sus consecuencias.

Habrá que esperar a que el triunfo de Rohani en las urnas se consolide. Y a que se conozca la composición final del gabinete.

Pero, mucho cuidado, la teocracia iraní no necesariamente peligra. Ni está frente a reformas inminentes. Rohani es, claramente, un hombre de su riñón, que, no obstante, deberá adaptar de alguna manera no sólo su prédica, sino también su estilo y andar, a las exigencias de la mayoría de la gente, que ha insistido en exteriorizar su disconformidad.

Para la paz del mundo, incluyendo Medio Oriente, en principio, el triunfo de Rohani parece una buena noticia. Sin que nada, absolutamente nada, esté asegurado.

Pero del discurso agresivo, cabe presumir, Irán podría pasar a uno más componedor, cortés y hasta más razonable. Uno que quizás permita encontrar algunas soluciones para los delicados problemas -y muy serias preocupaciones- que tiene que ver con Irán y la paz y seguridad del mundo y que se han arrastrado por años, para preocupación de muchos.

Me refiero particularmente a aquellas que tienen que ver con el peligroso programa nuclear iraní, que debe tenerse como una gravísima y directa amenaza a la referida paz y seguridad internacionales. Y a la incansable exportación del odio y la violencia que lamentablemente ha caracterizado a los años de gestión de un Ahmadinejad que muy pronto dejará de estar en el escenario grande del mundo.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.