ESCASEZ: POR FIN ME LA SAQUÉ DE ENCIMA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 26/3/17 en:  http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/03/escasez-por-fin-me-la-saque-de-encima.html

 

En el tiempo de vida de un alumno, algunas o casi todas las materias son algo a través de lo cual hay que pasar. Un mal, algo espantoso, que no queda más remedio pero…………. Pasará. Finalmente no veremos más ese tema, nos olvidaremos de su insoportable profesor, dejaremos tirados los apuntes por los pasillos, venderemos los libros, en fin, como decía una gran pensadora argentina, te vas, te vas y te vas. Esto dice mucho de la falsedad del “aprendizaje” en el sistema educativo formal pero de eso HOY no voy a hablar.

Yendo del tiempo de vida de un alumno al tiempo de vida de la humanidad, la escasez corre igual destino. Grandes pensadores, como Karl Polanyi o Marx, han denunciado a la escasez como un estadio del capitalismo, pasado el cual, nos liberaremos de la alienación del trabajo y volveremos, cual paraíso resucitado, a poner nombres a los animalitos mientras Dios baja a conversar con nosotros al atardecer.

De manera comprensible, ambos autores citan a Aristóteles. El cual no se destacó precisamente por saber algo de economía, a pesar de que hablaba de ella o algo parecido (como casi todos hoy, entre paréntesis). El varón, terrateniente y ciudadano de una Atenas autárquica y esclavista, no tenía que preocuparse de cómo llegar a fin de mes. Y sí, así cualquiera.

La escasez siguió totalmente presente en la historia de la humanidad pero ignorada y negada como las bacterias hasta 1870. Curiosamente, en 1871 nace –NO sin antecedentes- la Escuela Austríaca y, oh malos capitalistas, recuerdan a todo el mundo que porque hay escasez hay precios, propiedad, y que el mercado es la compensación de la inevitable escasez mediante la mayor coordinación de conocimiento disperso en el mercado (Hayek 1936, Mises 1949, Kirzner 1973).

Por supuesto, hubo quienes no quisieron saber nada con esta “defensa ideológica de los intereses del capital”. Desde toooooooooooooooooodos los marxistas habidos y por haber –no, Gabriel, Marx no es eso, no entendés nada- pasando por los keynesianos, los corporativistas y hasta los neoclásicos que parten de un modelo donde no hay escasez, todos se encargaron de negarla de algún modo, de sacarla por la puerta, aunque siempre entra por la ventana como desocupación, crisis cíclicas, faltantes, hambrunas, pobreza, etc. Ah, pero qué tonto soy, cierto que todo eso es el capitalismo. Me olvidaba.

Pero últimamente la negación de la escasez ha tenido un curioso revival tecnológico. Comenzó con páginas webs de aficionados que mostraban al replicador de Viaje a las Estrellas como la superabundancia total y la solución de todos los problemas. Pero ahora muchos entusiasmados con la robótica, las neurociencias y al transhumanismo, nos dicen que en pocos años los robots trabajarán por nosotros y que, otra vez, la escasez será cosa del pasado, excepto que, por supuesto, los pérfidos capitalistas se apropien del paraíso, con lo cual el tema de la riqueza seguirá siendo, como en casi todos los paradigmas, una cuestión de distribución pero no de producción de riqueza.

Es impresionante la enorme esperanza depositada en los robots. Yo no soy tan optimista, será que no me anda el koynor J. Pero desde Cherry 2000, pasando por Inteligencia Artificial y llegando a Her, la cosa es que los robots serán capaces de amar. Los que no entendemos nada decimos que no, que ello implica la presencia de un yo espiritual irreductible a la materia –que ridículo neocartesianismo- y los que aún estamos en el oscurantismo medieval pensamos que uno de los grandes errores de Antony Kenny fue no haber endendido la demostración de Santo Tomás sobre la subsistencia de la forma sustancial humana después de la muerte.

Pero ahora hay algo más. Ahora, como decíamos antes, los robots nos salvarán de la escasez.

Los economistas austríacos (o sea, como diría Mises, los economistas) preguntan de dónde saldrá el capital y el trabajo necesarios para producir los robots, pero parece que también resulta que los robots se producirán a sí mismos.

Lo que se olvida habitualmente es que la escasez es un tema fenomenológico. Esto es, la cuestión es la naturaleza física ante el mundo de vida del cual nos enseñó Husserl. El mundo de la vida humano, esto es, la cultura y su historia, son lo que implica que la naturaleza física sea irremisiblemente insuficiente ante “lo humano”. Porque las necesidades humanas no son ni naturales ni artificiales. Son, sencillamente, manifestaciones de lo simbólico que nace de esa inteligencia humana irreductible a un plato de neuronas o de silicio. El arco, la flecha, la lanza, los adornos, son arte-factos del un mundo de la vida, igual que las naves espaciales y las computadoras son artefactos de otro mundo de la vida. Todo en ese sentido es “arti-ficial” en tanto simbólico de lo que una cultura considera necesario. En todo caso habrá virtudes morales –como la frugalidad, la austeridad- ante las cuales determinados consumos no se consideran éticamente adecuados, pero la comida, el vestido y la reproducción, en lo humano, están humanizados y para ello requieren de instrumentos culturales que re-significan a lo simbólico, mediante ritos y tradiciones para los cuales la naturaleza solamente física es totalmente insuficiente.

Por lo tanto la escasez, como la insuficiencia de lo físico ante las demandas inter-subjetivas de lo humano, no es una etapa de la historia, no es una defensa del capitalismo: es una condición de la humanidad, como lo histórico, lo artístico, lo político, lo sexual, etc. Creer que va a desaparecer porque haya robots es como pensar que la política va a desaparecer porque haya robots.

¿Y qué sucedería si los robots se hicieran a sí mismos –cosa dudosa, pero manejémosla como hipótesis de trabajo- y nos cayeran encima como rayos de sol en una fría mañana de invierno? ¿No serían bienes “libres” a nuestra disposición que nos librarían de “producir”? Bueno, esa era la Atenas con la que soñaba Aristóteles. Ahora la cosa es más humana porque no habría esclavos sino robots. Pero cuidado, porque si es verdad los que piensan que los robots tendrán autoconciencia, entonces ellos se rebelarán de su esclavitud –como ya sucede en algunos capítulos de Viaje a las Estrellas con los androides y los hologramas con autoconciencia-. Y, entonces, Skynet está cerca. Entonces claro que no habrá escasez, porque ya no habrá humanidad.

Pero los dinosaurios que no entendemos nada seguimos pensando que seguirá habiendo escasez y que los robots son sólo un cambio tecnológico más que, como todos, implicarán como mucho una re-ubicación friccional del factor trabajo no-específico.

Es curioso esto de los robots. De alguna manera, ante tanto post-modernismo, es como un revival del ideal iluminista de progreso ilimitado. La esperanza no está en lo trascendente, sino en un futuro inmanente a lo humano donde los robots serán el paraíso. No como Terminator, sino como Star Trek. Pero sea una o la otra, son todas inmanentistas: en una, todo mal, en otra, todo bien, pero el junco que piensa, de Pascal, ha desaparecido. Pero no. El yo de la interioridad agustinista, la forma sustancial subsistente de Santo Tomás, el yo pienso cartesiano, la intersubjetividad husserliana, el mundo 3 de Popper, no han sido refutados, ni por los filósofos ni por los robots. Y no es un tema empíricamente falsable, porque cuando en el siglo 25 la cosa siga igual, los entusiastas de los robots nos dirán que “ya veremos en el s. 30”. La pura verdad es que en el s. 30, si llegamos, todo lo humano será igual. Habrá escasez, habrá política, habrá neurosis, y las esperanzas inmanentes serán la misma ilusión que hoy. Lo que sí puede pasar es que no lleguemos. De lo cual ni siquiera Gort, otro robot, nos podrá salvar.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Corea: un caso de derechos de propiedad

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 14/2/17 en: http://www.rionegro.com.ar/portada/opinion/corea-un-caso-de-derechos-de-propiedad-EI2219116

 

Aún en la actualidad persiste una confusión en torno de los derechos de propiedad, confusión que se observa no sólo en el hombre común, sino en algunos economistas profesionales, y alcanza a los siguientes interrogantes: ¿qué son?; ¿para qué sirven?, y ¿qué efectos provocan en la economía los derechos mencionados?

Excede al presente artículo, no obstante, escudriñar en las causas del desconcierto, sólo se trata de señalar que durante gran parte de la historia de la economía moderna se prestó muy poca atención a la importancia de los derechos de propiedad, lo que ha generado costos de enorme cuantía para las personas en los más diversos escenarios.

Corea: un caso de derechos de propiedad

La importancia de que haya derechos de propiedad bien definidos y fuertemente protegidos otorga a los individuos el derecho exclusivo a usar sus recursos como ellos deseen. Como dice O’Driscoll: “El dominio sobre lo propio hace que los usuarios de la propiedad tomen plena conciencia de todos los costos y beneficios de emplear sus recursos de una determinada manera. El proceso de ponderar estos costos y beneficios produce lo que los economistas denominan ‘resultados eficientes’, los cuales luego se manifiestan en estándares de vida más elevados para todos.” La prosperidad y los derechos de propiedad son, según el autor, conceptos absolutamente inescindibles.

Por otra parte, con base en la evidencia se señalan las consecuencias económicas del déficit de derechos de propiedad (o inadecuado sistema de asignación): pobreza y escasez para cubrir las necesidades vitales. Aunque también debe señalarse que a la luz de los ejemplos, en las ciencias de acción del hombre, no son los hechos los que proveen causalidad, sino la cadena de razonamientos que subyacen detrás de la observación empírica.

La historia de los habitantes de la península de Corea es muy rica, muy antigua y de la más cruda actualidad. Las evidencias arqueológicas y lingüísticas sugieren desde el período Neolítico un origen común, sin embargo, hoy se encuentran divididos en dos países con marcos de derechos de propiedad confrontados. Y los resultados, consecuentemente, dan cuenta de la trascendencia de los marcos regulatorios de cada uno. Tras la Segunda Guerra Mundial −y del posterior enfrentamiento político, social y militar denominado la Guerra Fría (entre el llamado bloque Occidental liderado por Estados Unidos y el bloque del Este liderado por la Unión Soviética)− en el año 1948 se produjo la división de Corea. Un hecho histórico que llevó a la fragmentación de la península en dos Estados soberanos, Corea del Norte y Corea del Sur, cuya frontera física se estableció en el paralelo 38º por un acuerdo rubricado entre los respectivos bloques.

Corea del Norte, oficialmente denominada República Popular Democrática de Corea, está sujeta a un férreo control institucional, ya que el Estado controla todo lo relativo a los ciudadanos y ni siquiera para los turistas es fácil visitar la región. El sistema comunista ha provocado hambrunas en sus habitantes e índices de pobreza que se sitúan por debajo del puesto 130 del mundo. Corea del Sur, en cambio, es una República basada en una democracia representativa, con un sistema económico basado en el capitalismo. Su resurgimiento desde la Guerra de Corea la ha encumbrado a la potencia número 13 del mundo, según el Banco Mundial. Similares resultados podrían encontrarse en la Alemania de posguerra y sus diferencias, que fueron derrumbadas junto al muro en el año 1989.

En síntesis, el verdadero desarrollo económico de los países no puede explicarse por la presencia o ausencia de recursos naturales. Los recursos no son ni necesarios ni suficientes para el desarrollo. El desarrollo ha ocurrido en circunstancias inhóspitas, y también ha habido falta de desarrollo en países ricos en recursos naturales. Tampoco es imprescindible un sistema político administrativo. Si lo que en verdad nos preguntásemos fuera ¿por qué prosperan las naciones?, deberíamos evitar recomendar políticas que socaven la propiedad privada. De lo contrario, Corea habrá sido una lección mal aprendida.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

 

 

Grandes éxitos capitalistas de Fidel Castro

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 30/11/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/grandes-exitos-capitalistas-de-fidel-castro/

 

Nos puede doler mucho a los amigos de la libertad, pero Fidel Castro fue un político de éxito en el mundo capitalista.

Dentro de los países en los que gobernaron, los comunistas dieron rienda suelta a una de sus dos características fundamentales: la violencia. Ningún sistema político asesinó a tantos trabajadores. Los comunistas acabaron con ellos a tiros, los sepultaron en terribles campos de concentración, y los mataron de hambre: las más mortíferas hambrunas padecidas nunca por el hombre fueron producidas por los comunistas, y fueron consecuencia de sus políticas anticapitalistas, a partir de las que aplicó Lenin hace casi un siglo.

Fuera de los países a los que sometieron dictatorialmente, los comunistas aplicaron sobre todo su otra característica fundamental: la mentira. Y con éxito. Hablando de campos de concentración, pruebe usted a recordar alguna película que haya visto sobre los campos de concentración comunistas, sobre las matanzas comunistas, sobre el hambre que provocaron los comunistas. Casi ninguna ¿verdad? Pues si eso no es un éxito, que venga Marx y lo vea.

El ex juez Baltasar Garzón es un héroe de los derechos humanos, es decir, del camelo conforme al cual se llama defender los derechos humanos a perseguir a Pinochet y a no haberle tosido jamás a Fidel Castro. Las dos cosas juntas definen los derechos humanos, y expresan el espectacular éxito de los comunistas en sus mentiras. Si le gusta a usted la literatura, le bastará con recordar que a Borges le negaron el Premio Nobel porque apoyó a Pinochet. Pero después se lo dieron a García Márquez, que respaldó la dictadura cubana hasta su muerte. A casi todo el mundo le pareció lógico y normal. Y así siguiendo…

O empezando, porque el éxito de Fidel Castro empezó antes de su entrada en La Habana el 1 de enero de 1959. Recuerdo de niño haber visto elogiosos reportajes en la revista Life sobre unos barbudos cubanos. En efecto, nadie hizo más por los criminales comunistas de Cuba que la prensa del país capitalista por excelencia, Estados Unidos, desde que Herbert Lionel Matthews, reportero y editorialista del New York Times, entrevistó a Castro en Sierra Maestra en 1957. El periodista, que fue crucial para convertir a Castro en un atractivo rebelde, insistió siempre que Castro no era comunista, y que lo único que en realidad quería era derrocar a Fulgencio Batista para celebrar…unas elecciones libres. En el lugar donde lo entrevistó, hay un monumento erigido por la dictadura en su recuerdo. Son comunistas, pero saben reconocer a sus amigos.

Dirá usted: es una excepción, porque la prensa siempre apoya el pensamiento crítico y la libertad. Piénselo mejor. Recuerde el tratamiento relativamente dulce que el comunismo suele recibir en los medios capitalistas. Y recuerde a Walter Duranty, que, junto con otros periodistas más famosos, en particular John Reed, brindaron un retrato idílico de los salvajes comunistas rusos de 1917. A ver: ¿en qué periódico trabajaba Duranty? ¿En qué periódico escribió unos reportajes repugnantes donde negó la hambruna generalizada que habían provocado los comunistas, siendo galardonado nada menos que con el Premio Pulitzer? Pues sí, claro que sí: en el New York Times.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Conclusiones sobre las Migraciones: son parte de la competencia institucional, buscan calidad

Por Martín Krause. Publicada el 28/7/16 en: http://bazar.ufm.edu/conclusiones-sobre-las-migraciones-son-parte-de-la-competencia-institucional-buscan-calidad/

 

Como parte del Índice de Calidad Institucional 2016, que prepare con la Fundación Libertad y Progreso, presentamos un informe sobre un tema de suma actualidad mundial: las migraciones. Una breve consideración primero y luego una evaluación de los temas que se debaten:

Refugiados

La primera conclusión es sencilla, y hasta obvia: refugiados e inmigrantes buscan dejar atrás aquellos países o jurisdicciones donde la mala calidad institucional da como resultado violencia, terror, hambrunas o pobreza; y pretenden alcanzar aquellos de mejor calidad institucional donde ésta permite la existencia de más y mejores oportunidades de progreso.

En definitiva es la verificación de una vieja ley de la economía: los recursos se trasladan en busca de sus usos más valiosos, y ese movimiento seguirá presente en tanto existan esas diferencias y hasta que desparezcan. Por supuesto, las cambiantes condiciones mantienen ese proceso en permanente movimiento, pero en el fondo con esa tendencia. En este caso, los seres humanos somos ese “recurso” productivo que se mueve buscando esas mejores condiciones. Si bien el estricto análisis económico focaliza su análisis en las diferencias de ingresos monetarios como el motor de esos movimientos, lo cierto es que tomamos nuestras decisiones en razón de una muy diversa variedad de motivos que nos impulsan a actuar para mejorar la situación en las que nos encontramos. Todas ellas, económicas o económicas, sea la búsqueda de mayores ingresos, de mejores oportunidades futuras, de paz y tranquilidad, de posibilidades educativas, de libertad religiosa, de mejor clima, de mayor sociabilidad, tienden a presentarse como más accesibles en los países que nuestro análisis muestra como de mayor calidad institucional.

Es que ésta es la que permite que estas condiciones existan. Por supuesto que hay algunas que son ajenas a la calidad institucional, tal el clima, por ejemplo; otras que a veces están más presentes en países de menor calidad institucional, tal como la sociabilidad; pero en términos generales la voluntad que manifiestan los migrantes para alcanzar estos países es la mejor señal de lo que están buscando.

Aunque muy lentamente, se produce a nivel global un proceso de competencia entre las distintas jurisdicciones de la que la salida y entrada de migrantes es un efecto y un indicador. La calidad institucional es un elemento fundamental en esa competencia y pone presión sobre los países, porque aquellos con buena calidad atraen recursos y los de peor calidad los expulsan, como a los migrantes. Parece haber una tendencia de largo plazo hacia una mejora de esa calidad institucional, aunque muchos eventos presentes o de un pasado cercano generan ciertas dudas y, sin dudas, retrocesos. Un proceso que parece impulsado por esa competencia. En el pasado, esa competencia tenía un contenido básicamente militar; con la llegada del capitalismo y la globalización es esencialmente comercial y económica. Aunque, como vemos, la primera no ha dejado de estar presente: los refugiados son el resultado de la competencia militar; los migrantes de la económica.

Cerrar las puertas a ambos limita esa competencia, arriesga reemplazar la competencia económica por la militar. Por cierto, el proceso no está exento de costos, pero podemos razonablemente esperar que continúe ejerciendo presión para lograr una mejora institucional en los países donde hoy no existe y mejoren así las oportunidades de progreso para sus habitantes.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

El hombre y la naturaleza.

Por Armando Ribas. Publicado el 24/4/16 en: http://prensarepublicana.com/hombre-la-naturaleza-armando-ribas/?mkt_hm=18&utm_source=email_marketing&utm_admin=74814&utm_medium=email&utm_campaign=Por_qu_la_

 

La tristeza que surge de las recientes noticias al respecto de las muertes y destrucciones causadas por los terremotos en Ecuador y Japón no pueden menos que hacerme recordar  lo ocurrido a causa del terremoto de Lisboa, ocurrido en 1755. En esa oportunidad dice la historia que Lisboa era una de las capitales más importantes de Europa, entre otras razones porque disponía de los recursos de Brasil, que era su colonia. Fue a partir de ese hecho lamentable ocurrido en Occidente que surgió una discusión ético-filosófica al respecto, entre dos figuras trascendentes de la historia filosófica occidental: François Marie de Aruet-Voltaire y Jean Jacques Rousseau. Voltaire, tomando en cuenta la muerte de numerosos niños en la Catedral de Lisboa se rebeló contra la naturaleza como causante de las desgracias del hombre. Rousseau por el contrario culpó al hombre como causante de la catástrofe por haber construido la Catedral. Y Voltaire dijo: ¿Qué culpa tenían los niños que estaban en la Catedral?

Esa discusión está presente en sus diferentes manifestaciones. Existe políticamente la tendencia a culpar al capitalismo por los daños que hace a la naturaleza y que repercuten sobre la sociedad, tal como es recalentamiento global. En estos tiempos Voltaire se habría preguntado ¿Qué culpa tiene el hombre de los dos terremotos y no olvidemos, tampoco el Tsunami reciente de Japón y el terrible terremoto de Haití? La discusión pertinaz presente implica el desconocimiento del sistema que por primera vez en la historia permitió la creación de riqueza. Pero me voy a permitir citar al respecto a un sofista griego que diría tiene la mayor vigencia hoy en día. Fue Protágoras quien dijo: “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son que son y de las que no son que no son”. Es decir de los aciertos y los errores.

No hay dudas de que a través de la historia los errores del hombre, le provocaron vivir en lo que se llama el estado de naturaleza. Y no precisamente porque la naturaleza fuese favorable, como pretendía Rousseau, sino por la ignorancia vigente respecto a las causas de los males que causara la naturaleza. En ese proceso de errores no puedo tampoco ignorar que el eje de los males causados por los hombres era la guerra y consecuentemente la descalificación ética del interés personal. Todavía Kant en pleno siglo XVIII, escribió en su “Idea Para Una Historia Universal”: “El hombre desea la concordia, pero la naturaleza, conociendo mejor qué es bueno para sus especies, desea la discordia”. Y Hegel siguiendo los pasos de Kant, por más que éste no lo reconociera, dijo: “La guerra es el momento ético de la sociedad”. Y llegó Marx, que está presente,  y planteó como alternativa a la guerra entre los estados, la lucha de clases.

En un reciente libro, “The Birth of Plenty” (El Nacimiento de la abundancia), William Bernstein muestra claramente cómo hasta hace sólo unos doscientos años el hombre vivía como vivía Jesucristo. Y en todo ese período el hombre sufría los males de la naturaleza tales como las epidemias, hambrunas, inundaciones. Por supuesto destaca la falta de libertad como causante de la pobreza y se refiere al hecho de que “en el período medieval la Iglesia tenía la clase de poder ideológico absoluto que podría haber sido envidiado por Stalin, Hitler o Pol Pot”. Y al respecto destaca otro hecho trascendente que ha sido la confusión al respecto que ha sido la teoría de Weber de creer que el protestantismo de Lutero y Calvino han sido los artífices de la libertad y en particular de la libertad religiosa. Así dice: “Martín Lutero usó la prensa de Gutenberg como ariete para derribar la autoridad de la Iglesia y la reemplazó con una igual odiosa tiranía”  y “En diecisiete años de guía de Calvino condenó a ochenta y nueve personas a la muerte por brujería”.

Considero importante las anteriores conclusiones a fin de lograr determinar cuáles fueron los factores que determinaron el progreso del mundo por primera vez en la historia, y por supuesto el origen de la libertad y que hoy está en juego en nombre de la igualdad. La libertad comenzó en Inglaterra con la Revolución Gloriosa de 1688. Y recordemos que el anglicanismo no era más que catolicismo con el rey de Inglaterra a la cabeza. Esa tendencia a la libertad incluida la religiosa se continuó en Estados Unidos con la Constitución de 1787. Y debo destacar que la libertad religiosa entre los protestantes en Estados Unidos surgió por las razones dadas por Adam Smith: “Habrá libertad religiosa cuando haya multiplicidad de sectas”. Y esa conclusión es importante tanto como considero que tampoco es la cultura la que determina la libertad sino el sistema ético político que determina los comportamientos. Y ese es el sistema que está en juego hoy incluso en Estados Unidos, por el candidato Republicano que ignora a los Founding Fathers.

Pero volviendo directamente a nuestra discusión original, no podemos menos que reconocer que Rousseau está presente respecto al recalentamiento global. Por supuesto mi conocimiento científico al respecto no me permite discutir cuáles son las causas del mismo. Mi planteo es que el mismo no se debe políticamente a la mala fe de los empresarios productores de petróleo o de gas. A partir de esa falacia ética continúa Rousseau a la cabeza de quienes creen o usan el criterio que es la propiedad privada la causante de la desigualdad entre ricos y pobres. Por supuesto Voltaire ha desaparecido estaríamos a punto de culpar al hombre por las atrocidades de los terremotos. Así se ignora políticamente que ha sido el hombre con el desarrollo del conocimiento, y la actitud y comportamiento empresarial, quien ha logrado supera en gran medida los daños causados por la naturaleza. Quizás el mejor ejemplo de esa realidad ha sido el avance de la medicina y de la invención de los productos que curan o evitan las enfermedades.

Todo este cuestionamiento ideológico es la amenaza que enfrenta el sistema ético político que cambió la historia de la humanidad y que se le llama descalificatoriamente capitalismo. En Argentina se ignora que fue el tercer país del mundo en imponerlo, y por ello a principios del siglo XX estaba entre los primeros países del mundo. Y no fue por la cultura ni por los bienes agrícolas. Cuando me dicen que ese éxito fue gracias a la pampa húmeda me permito decir que “Se humedeció en 1853 y se secó en 1945”. La conclusión anterior la considero trascendente pues ya deberíamos saber que no es la naturaleza ni la cultura la que determina que haya países pobres y países ricos. Ello depende del sistema que surge de una clase política consiente de las ideas en que se basa la creación de libertad y de riqueza y las pone en práctica. Y esas ideas como he repetido hasta el cansancio dependen de la conciencia respecto a la naturaleza humana y en función de ella limitar el poder político y respetar los derechos individuales a la vida, la libertad, la propiedad y el derecho a la búsqueda de la propia felicidad.

Genocidio armenio

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 24/4/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1787206-genocidio-armenio

 

Hoy se cumplen cien años del comienzo -en Estambul- de la terrible y larga serie de atentados y episodios perpetrados entre 1915 y 1923 que conformaron el genocidio de los armenios. El primero del siglo veinte.

Un millón y medio de armenios perdieron trágicamente la vida a través de ejecuciones masivas, marchas forzadas, asesinatos, torturas, deportaciones, hambrunas, así como el horror y la crueldad de los campos de concentración en los que muchos fueran internados. Esto sucedió cuando el Imperio Otomano estaba ya inmerso en su proceso de desintegración, durante y luego de la Primera Guerra Mundial.

No obstante, el gobierno turco aún niega que ese genocidio se hubiese perpetrado. En su visión, se trató tan sólo de crímenes no premeditados cometidos en tiempos de intensa violencia, en los que no solamente los armenios fueron víctimas del horror de los conflictos. Por ello las autoridades turcas reaccionan -destempladamente y hasta con furia- ante cualquiera que sostenga o se refiera simplemente a la existencia del lamentable genocidio. Ocultando así la verdad (que la historia, no obstante, comprueba) e imposibilitando además la reconciliación entre ambos pueblos, pese al largo tiempo que ha transcurrido desde que el genocidio efectivamente ocurriera.

Una de esas reacciones descontroladas de las autoridades turcas acaba de suceder luego de que el papa Francisco utilizara expresamente la palabra genocidio en su alocución en la emocionante ceremonia religiosa celebrada en San Pedro, hace dos domingos, para conmemorar a las víctimas de ese crimen abominable y acompañar a sus familiares. Airado, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, no sólo llamó a su embajador ante el Vaticano, sino que protestó -insidiosa y mendazmente- acusando al Papa de ser ciudadano de un país, la República Argentina, donde -siempre según el mencionado Erdogan- la diáspora armenia “controla los medios y los negocios”.

Con idéntica actitud, Erdogan se refirió, poco después, a la resolución que acaba de aprobar el Parlamento Europeo instando a Turquía a reconocer de una vez lo sucedido, señalando que cualquier cosa que digan los europeos “le entra por un oído y le sale por el otro”. Su primer ministro, Ahmet Davutoglu, lo acompañó destempladamente cuando, refiriéndose a la resolución del Parlamento Europeo, señaló con vehemencia que ella “refleja el racismo de Europa”. Mientras tanto, su país todavía parece aspirar a ingresar a la Unión Europea.

El centenario del genocidio de los armenios y su conmemoración están perturbando intensamente al nacionalista Erdogan y a su equipo de gobierno. Lo que es realmente sorprendente, porque hace apenas un año su posición sobre este tema era diferente. De corte más bien conciliatorio. A punto tal, que Erdogan no sólo fue el primer alto funcionario de su país que ofreciera condolencias a los descendientes de los armenios que murieran en los tiempos del genocidio -aunque sin reconocer su existencia- sino que, además, sostuvo que debería conformarse una comisión de expertos independientes que, luego de analizar lo realmente sucedido, se pronuncie acerca de sus alcances. Lo que parece haber caído en el olvido.

Para Erdogan, el tema tiene mucho que ver con una presunta defensa de la identidad de su pueblo. De allí sus esfuerzos de falsificación de la historia. Y su ahora cerrado retorno al “negacionismo”. Pero, en rigor, lo que está en juego es otra cosa. Diferente. Nada menos que aceptar la verdad. Advirtiendo que se la puede hacer padecer, pero nunca perecer. Por aquello de que no se puede tapar el sol con las manos. Lo cierto es que cuanto más se aferre Turquía al referido “negacionismo”, más se afectará su imagen, ante el mundo entero.

El lunes pasado llegó una mala noticia para el presidente Erdogan. Alemania anunció oficialmente que, cambiando de posición, reconocerá mediante una resolución parlamentaria, la existencia del genocidio de los armenios. Como ya lo ha hecho, entre otros, Francia. La resolución alemana mencionada incluirá a la tragedia de los armenios como uno de los ejemplos de genocidio en la historia del mundo. Tratándose de Alemania, el cambio de posición adquiere una relevancia muy particular.

Mientras tanto, en los colegios turcos se continúa desfigurando la historia y la publicidad oficial impulsa una narrativa alejada de la verdad. Por esto, apenas un 9% de los turcos creen que sus autoridades debieran reconocer lo sucedido y pedir las disculpas del caso por la inmensidad del crimen cometido -hace, es cierto, cien años- contra los armenios.

Para a transitar el camino de la reconciliación no hay otra alternativa que el reconocimiento honesto de lo sucedido. A través del mecanismo que fuere. Continuar negando caprichosamente que el genocidio de los armenios realmente ocurrió es un enorme error que se ha vuelto para los turcos una empresa insostenible e irracional. Absurda y hasta casi ridícula. Ocurre que, como bien dice el Papa, en las sociedades, como en las personas, cuando una herida está abierta, no hay que dejarla sangrar eternamente, sino tratar de curarla.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El anacronismo del socialismo y de la política de control de costos

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 3/12/13 en:

http://economiaparatodos.net/el-anacronismo-del-socialismo-y-de-la-politica-de-control-de-costos/

 

Los cambios en el equipo económico del Gobierno dieron aún más trascendencia mediática a las políticas e ideas de Kicillof. El nuevo ministro de economía se define así mismo como marxista y keynesiano. Tampoco ha guardado energía en criticar a las “teorías ortodoxas”, sea lo que sea que Kicillof entienda por ortodoxia económica. Si sus actos algo sugieren, es un corte marxista más que keynesiano. Confiscaciones como las hechas a Repsol-YPF y la política de controlar la economía a través de grandes planillas de costos tiene bastante más de marxista que de keynesiano. Es importante, sin embargo, distinguir entre el socialismo de inicios del siglo XX y el socialismo actual. El retroceso que el último ha visto frente a los argumentos en defensa de economías libres no es menor; al punto tal la política de Kicillof de controlar los precios es peligrosamente anacrónica.

 

En 1920 Ludwig von Mises publica un artículo crítico al socialismo que iniciaría un debate de varias decadas sobre la viabilidad de las economías centralmente controladas. Si bien es cierto que Mises no fue el único en realizar este argumento, fue su artículo el que sacudió la postura socialista. Por socialismo se entiende una comunidad donde, si bien los bienes de consumo pueden ser privados, no existe propiedad privada sobre los factores de producción. El argumento de Mises es simple pero certero: Ante ausencia de derechos de propiedad en los factores de producción no es posible realizar el cálculo económico de ganancias y pérdidas. Por supuesto, una sociedad pequeña como una familia o una pequeña tribu puede organizarse sin un sistema de precios, pero este ya no es el caso de las grandes sociedades sobre la que se centraba el debate del cálculo económico en el socialismo. La Unión Sovietica, por ejemplo, logró mantenerse a flote permitiendo operar a los mercados negros y observando los precios de otros países para realizar sus propias planificaciones. Es decir, lo pco que funcionó la Unión Soviética se lo debe al sistema al que tanto se oponían. En China comunista las hambrunas eran tan graves que, a pesar de serias pena de cárcel, grupos de agricultores decidieron no obstante firmar un acuerdo secreto por el cual iban a resguardar parte de la producción para ellos mismos en lugar de distribuirlo según los planes centrales. La donación al estado pasó a ser como un impuesto, quedando el resto para el propio productor. El acuerdo obligaba a la comunidad a hacerse cargo del cuidado de la familia de quien fuese capturado por el gobierno. El éxito del este experimento de mercado hizo que el gobierno Chino decidiese dejarlo expandirse en las sombras dando origen a la revolución en la economía China que todavía hoy sorprende a no pocos. El gobierno Chino encontró en este sistema incipiente de mercado una solución a las hambrunas que el planeamiento central no podía solucionar. Vale la pena resaltarlo, los problemas en la Unión Soviética y China comunista no era en al producción de bienes de lujo para unos pocos, era en al producción de bienes tan básicos y necesarios como alimentos.

 

Uno de los tantos problemas de la obra de Marx y Engels es que no ofrece una descripción de cómo funcionaria la sociedad post-capitalista. El marximo es silencioso en uno de los puntos más importantes. Aquellos que se atrevían a hipotetizar sociedades socialistas eran denominados “utópicos.” Si bien los utópicos se atrevieron a pensar cómo funcionaría una sociedad socialista, obviaron el problema de la coordinación social a gran escala. Este fue le punto de critica de Mises, que no es otra cosa que una aplicación de la lección número uno del primer curso de economía: Buenas intenciones no garantizan buenos resultados. Las políticas públicas y económicas deben analizarse por sus resultados, no por sus intenciones. El argumento de Mises fue tan certero que el socialismo tuvo que modificar sus argumentos.

 

Luego de Mises, el socialismo ya no podía evitar referirse al problema económico, por lo que la estategia fue argumentar que el socialismo es posible si asumimos que tenemos información perfecta. Es de este debate de donde proviene el supuesto de información perfecta tan común en los manuales de economía aún hoy día. Este fue el argumento al que se enfrentó Hayek quien, con cierto sentido común, re-preguntó ¿información perfecta provista por quién exactamente..? Es decir, asumir información perfecta es asumir la solución del problema. Seguramente Kicillof no puede recurrir al supuesto de información perfecta para completar la gran planilla de costos de la economía Argentina. El problema, aclara Hayek, no es que la información este ahí afuera en el mercado esperando a ser capturada, sino que esa información surge del mismo proceso de mercado. Eliminar el mercado es eliminar también la información necesaria para la coordinación de mercado. Este es el dilema que presenta Mises y Hayek repite. Mirar los precios de otros países no sólo es hacer trampa al sistema que se dice defender, sino no preciso dado el diferente marco institucional. Cuando, por ejemplo, el equipo económico habla de regular las rentabilidades para que sean “normales” o “aceptables”, ¿se tiene en cuenta el reisgo agentino, es decir, el “riesgo Kicillof”? La rentabilidad de las empresas en Canadá o Suecia poco tienen que ver con las condiciones institucionales argentinas.

 

Si pensamos en el socialismo hoy día, la imagen es muy distinta a la del socialismo de la época de Mises y Hayek. Salvo excepciones, el socialismo se ha retirado a una posición donde se deja al mercado operar y se corrige de manera marginal al sistema “problemas” de distribución del ingreso; o el estado de bienestar ofrece servicios sociales como educación, pensiones y salud pública. Este es un socialismo muy distinto a la versión donde no se permite la propiedad privada de los factores de producción. El socialismo acepta que el mercado libre no es perfecto, y asume que los socialistas son los suficientemente inteligentes como para corregir los erroes. Los defensores del libre mercado tampoco creen que el mercado sea perfecto, pero son más humildes al momento de creerse con el conocimiento necesario para corregir imperfecciones inevitables del mundo en el que vivimos. En palabras de Hayek, el socialismo, si bien en notable retirada desde principios del siglo XX, aún sufre de pretención de un conocimento que no posee.

 

Al escuchar a Kicillof, y no pocos simpatizantes del gobierno, uno tiene la impresión de haber sido transportado por una máquina del tiempo unos cien años al pasado. El problema de anacronismo del equipo económico se transfiere a serios problemas de teoría económica. Uno de los puntos más delicados (y contraintuitivos) de principios económicos es que los costos no determinan los precios, sino que son los precios de bienes finales los que determinan los costos. Es por esto que la teoría del valor marginal es tan importante en economía. Si los costos determinasen los precios, entonces las empresas no tendrían pérdidas y no tendrían problemas cuando sus costos aumentan. Lo que el empresario debe hacer es estimar cual es la estructura de costos que puede afrontar dado los precios a los que espera poder vender su producto. Es la competencia entre empresarios la que en última instancai determina los precios de los factores de producción. Kicillof no sólo se equivoca al creer que puede controlar de manera centralizada la economía, se equivoca además al mirar los costos en lugar de los precios finales. En pocas palabras, la economía argentina está en manos de un equipo económico que entiende el proceso de mercado de manera inversa. Como en todo experimento histórico de control centralizado de la economía, el proyecto K de control de costos está determinado al fracaso.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.