¿La mejor o peor década de la historia? Para La Nación así es, Matt Riddley asegura que es todo lo contrario

Por Martín Krause. Publicado el 2/1/20 en: https://bazar.ufm.edu/la-mejor-peor-decada-la-historia-la-nacion-asi-matt-riddley-asegura-lo-contrario/

 

Se han puesto de moda las distopías, que buscan reflejar mundos dramáticos hacia los cuales estaríamos caminando impulsados por el crecimiento económico a toda costa. El ambiente quedaría en el camino y los recursos se agotarían, las cosas van de mal en peor.

Un buen ejemplo de esto es la reciente publicación en la revista del diario La Nación, ahora muy «políticamente correcta», donde se plantea:

Como nunca antes, somos conscientes de la necesidad imperiosa de proteger nuestro hábitat. Pero como nunca antes, lo estamos dañando. ¿Qué debemos hacer ya para cambiar el destino de la Tierra? «Los dinosaurios también pensaban que les quedaba tiempo», aseguran

https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/cinco-temas-urgentes-salvar-planeta-nid2318889

No parece ser así, al menos para Matt Riddley, autor de “El Optimista Racional”, quien en una columna plantea que ésta ha sido la mejor década de la historia:

 

“Que nadie te diga que la segunda década del siglo XXI ha sido un mal momento. Estamos viviendo la mayor mejora en los estándares de vida humana en la historia. La pobreza extrema ha caído por debajo del 10 por ciento de la población mundial por primera vez. Era el 60 por ciento cuando nací. La desigualdad global se ha desplomado a medida que África y Asia experimentan un crecimiento económico más rápido que Europa y América del Norte; la mortalidad infantil ha caído a niveles bajos récord; la hambruna prácticamente se extinguió; la malaria, la polio y las enfermedades del corazón están en declive.

 

Poco de esto fue noticia, porque las buenas noticias no son noticias. Pero lo he estado observando de cerca. Desde que escribí The Rational Optimist en 2010, me he enfrentado a preguntas de «qué pasa con …»: ¿qué pasa con la gran recesión, la crisis del euro, Siria, Ucrania, Donald Trump? ¿Cómo puedo decir que las cosas están mejorando, dado todo eso? La respuesta es: porque las cosas malas suceden mientras el mundo aún mejora. Sin embargo, mejora, y lo ha hecho en el transcurso de esta década a un ritmo que me ha sorprendido incluso a los ojos estrellados.”

Parece que estamos utilizando menos recursos, no más, pese al notable crecimiento económico de las últimas décadas:

Los teléfonos móviles tienen el poder de cómputo de las computadoras del tamaño de una habitación de la década de 1970. Yo uso el mío en lugar de una cámara, radio, antorcha, brújula, mapa, calendario, reloj, reproductor de CD, periódico y paquete de tarjetas. Las bombillas LED consumen aproximadamente un cuarto de electricidad que las bombillas incandescentes para la misma luz. Los edificios modernos generalmente contienen menos acero y más se recicla. Las oficinas aún no tienen papel, pero usan mucho menos papel.

 

La nota completa: https://www.spectator.co.uk/2019/12/weve-just-had-the-best-decade-in-human-history-seriously/

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause

Corea del Norte somos todos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 13/5/17 en: http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/Corea-Norte_0_2709929024.html

 

La guerra y las constantes amenazas desde EEUU fueron la excusa para que la tiranía se armara

 

A pesar de tener 1.300 años de historia común y la misma etnia, Corea del Sur, que cobija a más de 50 millones de habitantes y un PIB per cápita de $us 33.000 al año, es la tercera economía de Asia; mientras que la de Corea del Norte es la última, con un PIB per cápita anual de $us 1.800. Durante los 90, una hambruna mató a 2 millones de norcoreanos; en tanto que, según Amnistía Internacional, murieron más de 400.000 en sus prisiones durante los últimos 30 años, y así, quedaron unos 24 millones de habitantes en Corea del Norte.

Para imponer esta tiranía, comandada por Kim Jong-un, el “Brillante Camarada”, Norcorea tiene el cuarto Ejército más numeroso del mundo (más de 1 millón de soldados) que consume el 33% del PIB. El lavado de cerebro es fenomenal. “No es una dictadura. Nadie nos impone amar al gran líder… es nuestro padre”, afirma Kang Jong Sim; y no puedo evitar recordar a los “padres” de la patria de más de un gobierno occidental. Sin internet, ni prensa libre, los norcoreanos viven adoctrinados desde los dos años y ajenos a la realidad.

¿Pero solo Kim Jong-un es el culpable? Si no lo rodearan personas “leales” que han armado una red de poder, si nadie lo obedeciera, no existiría el régimen norcoreano. Pero las “complicidades”, de un modo u otro, se extienden a todo el mundo. Es que los seres humanos estamos interrelacionados de modo que todos, en alguna medida y de algún modo, somos responsables de todo. Para empezar, recordemos que la península fue dividida en 1945 por el paralelo 38, entre los gobiernos de Estados Unidos y de la URSS. Luego, la guerra y las constantes amenazas desde Washington fueron la excusa para que la tiranía se armara.

Pasada la hambruna de los 90, el Norte encaró algunas liberalizaciones, pero vino Bush e impuso sanciones, impidiendo que algunas reformas fueran efectivas. “Nosotros… tenemos los brazos abiertos a la inversión extranjera… pero Estados Unidos la impide”, afirma un funcionario. La reforma constitucional de 1998 introdujo el concepto de economía privada y, muy lentamente, las cosas mejoran. Según Lee Jung-chul, del Instituto Samsung, Seúl y Beijing prefieren que la tiranía se abra paulatinamente porque temen una avalancha de refugiados.

Se ha liberalizado un poco la agricultura, permitiendo cooperativas en las cuales hasta la tierra es privada. Cuenta Javier Espinosa, enviado del diario El Mundo, que yendo por carretera hasta Hamhung (la segunda urbe de Corea del Norte) se ve una sucesión interminable de plantíos; incluso las laderas muy escarpadas, en los espacios más mínimos de tierra ubicados junto a las viviendas, muestran lo tenaz que puede ser la iniciativa privada —acicateada por el lucro— para servir a las personas y, en este caso, paliar el hambre.

En Hamhung, que se abrió al turismo en 2010, rige un nuevo sistema de salarios que permite a los directivos de las empresas dictar la remuneración de los trabajadores, y algunos pagan, según cualificación y rendimiento, entre 70 y 120 dólares mensuales. La medida, junto al permiso de comercializar excedentes tanto en las empresas estatales como en las cooperativas agrícolas, ha alentado enormemente la productividad.

En fin, una guerra no solo sería costosísima para todo el mundo, sino que además podría tener consecuencias inimaginables. Por el contrario, es necesario terminar con toda coacción, con todas las sanciones, a fin de lograr que Corea de Norte se integre al mundo; aunque sea lentamente, siempre será menos dañino.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.