EE.UU. sorprende a Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 29/12/16 en: 

 

En el complejo escenario de Medio Oriente , la guerra civil siria y sus atrocidades parecían haber relegado al conflicto entre Israel y los palestinos a un segundo plano. Ocurrió que, pese a que Israel ha mantenido ya tres guerras contra Siria y protagonizado numerosos incidentes fronterizos con duelos de artillería y combates aéreos, lo cierto es que hasta ahora se había mantenido al margen de ese conflicto.

Hablamos de una guerra civil siria que, en esencia, es una confrontación facciosa entre distintas visiones del Islam, en la que la intervención militar directa de la Federación Rusa e Irán han permitido la supervivencia del autoritario régimen de Bashar al-Assad. Muy pocos creyeron, al comienzo del conflicto, que esto podía ser posible. Pero hoy es una realidad.

De alguna manera Israel logró hacerse casi “invisible” con relación a Siria. Consciente, sin embargo, de que los potenciales triunfadores en la guerra civil podían ser países, como Irán, u organizaciones, como la libanesa “Hezbollah”, hostiles hacia Israel. Es lo que efectivamente ha sucedido, generando una difícil nueva realidad geopolítica alrededor de Israel. Quizás más peligrosa que nunca.

Mientras el conflicto armado en el país vecino se desarrollaba, Israel pudo recomponer su relación bilateral con Turquía y mantuvo intactas sus relaciones con Jordania. Además, se acercó discretamente al gobierno militar que hoy -tras la etapa que llevara brevemente a la Hermandad Musulmana al poder en el país de las pirámides- conduce a Egipto.

En las fronteras inmediatas de Israel, “Hezbollah” -directamente involucrado en la guerra civil siria- creció muy fuertemente en influencia y, desgraciadamente, también en capacidad militar y, en cambio, “Hamas”, más bien disminuida, mantuvo su agresividad, aunque sin intervenir abiertamente en ella.

Pero de pronto la quietud aparente en la que flotaba el conflicto no resuelto entre Israel y los palestinos se alteró dramáticamente. En apariencia, inesperadamente.

En la que fuera -en su origen- una iniciativa de la representación egipcia, un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad generó una enorme sorpresa.

Porque -escrito por los palestinos- ordenaba a Israel detener -inmediata y completamente- la construcción de asentamientos en Cisjordania y en Jerusalén-este. Y los declaraba, expresamente, como ilegales bajo el derecho internacional, definiéndolos como un obstáculo serio para poder avanzar en una solución negociada del conflicto entre ambas partes estructurada bajo la noción de “los dos Estados”. Advertía, de paso, que no se reconocerán cambios a la situación en materia de integridad territorial distintos de la realidad existente al 4 de junio de 1967.

Sin perder un minuto, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu , ante lo que sucedía, solicitó a la administración de Barack Obama “vetar” el proyecto, en caso de que el mismo siguiera adelante. Además, se comunicó con el presidente electo norteamericano, Donald Trump , y le encomendó específicamente la misión de pedir a Egipto que postergara la discusión y votación del proyecto en el Consejo de Seguridad. Lo que Trump obtuvo a través de una conversación telefónica con el general Abdelfatah al-Sisi, hoy presidente constitucional de Egipto, con el que Trump tiene una buena relación personal.

No obstante, otros cuatro miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: Malasia, Nueva Zelanda, Senegal y Venezuela, de pronto hicieron suyo el proyecto de resolución y, descongelándolo, lograron impulsarlo y ponerlo a votación, casi sin demoras.

Y allí vino la enorme sorpresa: los EE.UU., que siempre fueron críticos respecto de los asentamientos en cuestión, pudieron ciertamente vetarlo una vez más, como ya lo habían hecho en el pasado con proyectos similares. Pero esta vez fue distinto. No lo hicieron. Prefirieron abstenerse. El resultado de esta actitud fue que la resolución sobre los asentamientos en Cisjordania y Jerusalén-este se aprobó rápidamente, por 14 votos contra 0 y una abstención, la de los EE.UU..

Estamos frente a un hecho histórico. Por primera vez el organismo de las Naciones Unidas, responsable principal de las cuestiones de paz y seguridad internacionales, intervino específicamente -con todo su peso- en el conflicto entre Israel y los palestinos. Con definiciones categóricas que de pronto hasta podrían derivar en sanciones contra Israel, si la construcción de asentamientos en Cisjordania y Jerusalén-este no se interrumpe.

De este modo, los EE.UU. modificaron abruptamente la que fuera hasta ahora su tradicional postura. Esto es, la de proteger siempre con su veto a Israel en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas e impulsar, en cambio, la resolución del tema abierto entre Israel y los palestinos exclusivamente a través de negociaciones directas entre las dos partes.

Lo hicieron en lo que implica un fuerte cambio de rumbo, desairando abiertamente a Donald Trump, quien ya había solicitado a Barack Obama el “veto” de la resolución votada, a la que caracterizara de “extremadamente injusta, respecto de Israel”.

Lo cierto es que la norma emanada del Consejo de Seguridad es una realidad, con todos los efectos consiguientes. Benjamin Netanyahu la calificó de “vergonzosa” y advirtió, sin rodeos, que Israel no le reconocerá validez. En su entorno, alguno hasta sugiere que todo lo sucedido en esta cuestión ha sido, en realidad, una maniobra urdida por la administración de Barack Obama.

Ante lo sucedido, parece oportuno recordar que cerca de 600.000 israelíes viven hoy en asentamientos del tipo de los que se mencionan en la resolución adoptada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. No es, para nada, un tema menor.

La resolución comentada, del 23 de diciembre pasado, lleva el número 2334 y refleja la que ha sido -por años- la posición prevaleciente en la comunidad internacional sobre los asentamientos. Define a los asentamientos como una violación “flagrante” del derecho internacional y sostiene que ellos carecen de validez legal. Llama también a que se eviten los actos de violencia contra los civiles y las provocaciones, incluyendo el terrorismo. Convoca, asimismo, a reanudar, sin demoras, las negociaciones para poder completar un acuerdo de paz final entre las partes, estructurado sobre la idea de “los dos Estados”.

La resolución, sin embargo, tiene sus problemas. Serios. Primero, es en realidad un paso en dirección a internacionalizar el conflicto, algo que no necesariamente es positivo y puede complicarlo en extremo. Segundo, parecería definir, sin excepciones, a todas las construcciones hechas en Jerusalén-este como asentamientos, incluyendo aquellas realizadas en el propio “barrio judío” de la Ciudad Vieja, lo que naturalmente es difícil de aceptar para cualquier gobierno de Israel. Y obviamente no menciona otros temas que son absolutamente fundamentales para poder avanzar en dirección a la paz, como es nada menos que la necesidad de que todos los involucrados reconozcan expresamente al Estado de Israel como tal, lo que hoy no sucede desde que algunos niegan a Israel el derecho mismo a existir.

Es imposible no pensar que el fuerte cambio de rumbo de la administración de Barack Obama, insólitamente realizado a último momento, no tenga algo que ver con la pésima relación personal que existiera -y existe- entre el presidente Obama y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. Lo sucedido puede entonces ser -directa o indirectamente- reflejo de esa desafortunada circunstancia.

Las cosas seguramente van a cambiar con el acceso de la nueva administración norteamericana, aquella que pronto encabezará Donald Trump. Pero la resolución 2234 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es una realidad. Para algunos, no ayudará, sino que hará aún más compleja la solución de un tema muy demorado, el del acuerdo final de paz entre israelíes y palestinos, respecto del cual puede ser cierto aquello de que el paso del tiempo no siempre ayuda. Donald Trump anunció que el próximo embajador de los Estados Unidos ante Israel será David M. Friedman, que rechaza públicamente la alternativa defendida por John Kerry, esto es la idea de “los dos Estados”.

Cabe apuntar que la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU no fue adoptada bajo el Capítulo VII de la Carta, sino bajo el Capítulo VI. Por ello no es directamente obligatoria. No obstante tiene mucho peso como recomendación y mensaje. Por esto, para Benjamin Netanyahu luce como una lamentable humillación.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El esperado levantamiento de las sanciones económicas a Irán

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 22/1/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1863666-el-esperado-levantamiento-de-las-sanciones-economicas-a-iran

 

Ocurrió el sábado pasado, cuando los iraníes estaban llegando a sus ocupaciones, en el primer día de su semana laboral. Pese a la trascendencia de la noticia, no hubo, en Irán, una explosión de alegría. Ni manifestaciones de celebración. Tampoco en Occidente. Como si todos hubieran apostado a la inevitabilidad de lo sucedido.

Las sanciones impuestas a Irán por su peligroso y -por un buen rato-clandestino programa nuclear , quedaron sin efecto conforme a lo convenido, tan pronto la Agencia Internacional de Energía Atómica certificó que Irán había cumplido con los compromisos asumidos en su acuerdo nuclear con el llamado “5+1”. Esto es con los cinco Miembros Permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, más Alemania.

Lo que supuso nada menos que: 1. Haber enviado a Rusia el 98% de sus inventarios de uranio enriquecido, o sea unas 11 toneladas, reteniendo apenas unos 300 kilogramos, lo que es insuficiente para construir una bomba nuclear; 2. Haber desmantelado unas 12.000 centrífugas que se utilizaban para enriquecer uranio; y 3. Haber destruido, mediante su relleno con cemento, el reactor nuclear iraní emplazado en Arak, con el que se generaba plutonio.

El levantamiento de las sanciones sucedió en el llamado “día de la implementación”. Como estaba previsto. Las restricciones impuestas comenzaron a caer, en una suerte de efecto “dominó”. Aunque con algunas excepciones, como veremos, lo cierto es que Irán de alguna manera ha “reingresado” al mundo.

El país persa podrá ahora vender petróleo crudo y recibirá, progresiva y rápidamente, unos 50 billones de dólares. El saldo de las sumas embargadas en instituciones financieras occidentales y que eran, en general, producto de ventas de hidrocarburos iraníes realizadas en el pasado.

Con ello Irán recompondrá sus niveles de reservas y podrá comenzar a modernizar una infraestructura pública obsoleta, incluyendo la necesaria para aumentar su actual producción de hidrocarburos y poner al día sus instalaciones de transporte. Pero también podrá eventualmente continuar con su exportación de terrorismo, actividad repudiable que lo coloca en una lista de países desestabilizadores y belicosos de la que Irán debería tratar de salir. La extendida guerra sectaria en la que Irán, a la cabeza de los “shiitas”, está envuelto contra los “sunnis”, profundizada en las últimas semanas por la ruptura de relaciones diplomáticas con las monarquías de los países árabes del Golfo, será un obstáculo para desandar el camino de la violencia que Irán ha abrazado, por décadas.

Cabe, sin embargo, advertir que los Estados Unidos mantendrán en vigencia las sanciones dispuestas contra Irán sea por la exportación de terrorismo, que se remontan a 1984; sea por sus abiertas violaciones a los derechos humanos de sus ciudadanos; o sea por su intervención en las guerras civiles de Yemen y Siria y por sus violaciones a las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas referidas a su programa misilístico. Estas últimas acaban de ser ampliadas.

El comercio de Irán con la Unión Europea y Turquía presumiblemente se pondrá en marcha bastante antes que el intercambio con las empresas privadas norteamericanas. Con pocas excepciones, como las de la compra de “pistacho” y alfombras iranés y la venta de medicamentos, repuestos de aviones y equipos y elementos del sector de la salud. Cabe recordar que el ex presidente iraní, Akbar Rafsanjani, buscado por el atentado contra la AMIA , es un magnate con enormes ingresos que, entre otras cosas, derivan de la venta de “pistacho”, del que es uno de los mayores productores de Irán.

Como consecuencia del levantamiento de las sanciones, el sistema financiero iraní podrá volver a operar con el sistema internacional, incluyendo el uso del mecanismo llamado “Swift”, del que había sido excluido.

Pese a todo, lo cierto es que la reconciliación de Irán con los Estados Unidos no existe, al menos por el momento. Todo es desconfianza recíproca. No es imposible que el odio de los clérigos iraníes contra Israel, cuya existencia rechazan de plano, incluya al país del norte y tenga mucho que ver con la tirantez subsistente.

En las próximas semanas, en señal de “brazos abiertos”, el ministro alemán de relaciones exteriores y el presidente chino visitarán a Teherán. Y el presidente iraní, a su vez, visitará a Italia Y Francia.

Esto es un triunfo político para Barack Obama , quien puede sostener que ha logrado congelar, aunque por una década, la transformación de Irán en potencia nuclear. Hace siete años que Obama le pidió a Irán “abrir su puño amenazador”. Ahora ha podido afirmar ante su Congreso, en su discurso sobre “el Estado de la Unión”, que “el mundo ha evitado otra guerra”. Es así, por lo menos por un rato. Aunque haya muchos que sostengan que Irán incumplirá sus compromisos. Entre ellos, los gobiernos de Arabia Saudita e Israel.

Es posible que, en una década, los procesos para producir armas atómicas se hayan simplificado mucho, particularmente a través del llamado mecanismo digital de impresión 3-D, transformando en obsoletos a los senderos que transitara Irán, empeñado en ese esfuerzo.

Lo sucedido es también una oportuna victoria para el presidente iraní, el reformista Hassan Rouhani, cuya campaña electoral del 2013 estuvo basada en prometer mejorar el nivel de vida de sus conciudadanos, obteniendo el levantamiento de las sanciones económicas que asfixiaban a Irán y a su pueblo. Esto pesará en su favor en las elecciones parlamentarias que se acercan: las del 26 de febrero próximo.

En lo inmediato, Irán seguramente aumentará sus ventas de petróleo crudo, de las que hoy depende un tercio de los ingresos de su tesorería. Se estima que en medio millón de barriles diarios, en los próximos seis meses. Para luego procurar llegar a su nivel de producción tradicional, de 4 millones de barriles diarios. Irán hoy produce 1,2 millones de barriles diarios, por lo que necesita contar rápido con la inversión y la tecnología que este esfuerzo supone. Para Irán, la mano detrás de la caída de los precios internacionales de los hidrocarburos es saudita.

Lo que sucede con el precio internacional del crudo afecta a Irán adversamente. Los ingresos a obtener se han transformado en apenas la cuarta parte de lo que se esperaba en el 2012. El barril de crudo iraní está hoy cerca de los 25 dólares. Ese es el precio más bajo de los últimos 11 años.

Es importante advertir que Irán, además de una historia profunda y de una cultura milenaria, tiene una economía significativa. Y es dueño de la cuarta parte de las reservas mundiales de hidrocarburos. Con posibilidades interesantes, aún más allá del sector energético. Es la dieciochoava economía del mundo. Y el treceavo productor de automotores del globo, con una fabricación del orden de los 1,650.000 vehículos anuales. Con unos ochenta millones de habitantes, como Alemania o Turquía, tiene unos 4,5 millones de estudiantes universitarios y es el quinto país del mundo en producción de ingenieros.

No obstante, las llamadas “bonyads”, instituciones parecidas a nuestras fundaciones, nacidas en 1979, controlan nada menos que un tercio de su economía y están administradas por los clérigos y por sus militares, alimentando así a una auténtica “oligarquía” económica que es dueña del país. Ellas deberán, en más, adaptarse a lo que viene. Pero si no lo hacen, en procura de defender sus privilegios fiscales y subsidios, podrían ser un obstáculo y generar una lucha de intereses y poder, demorando la “normalización” de la teocracia iraní.

Horas antes del levantamiento de las sanciones, a pedido de Irán, en un intercambio de contenido humanitario, las dos partes liberaron a cinco ciudadanos norteamericanos que estaban presos en Irán y -en contrapartida- también a siete ciudadanos iraníes detenidos en los Estados Unidos por violar el régimen de sanciones contra Irán o proveer tecnología satelital a ese país.

Esencialmente, dependerá ahora de la conducta de Irán el aprovechar o no la oportunidad que se abre. Si sigue, como hasta ahora, financiando activamente al terrorismo de Hezbollah o Hamás, o empeñado en una lucha sectaria contra las monarquías del Golfo, sus actitudes pueden frustrar la posibilidad de reintegrarse -armoniosa y seriamente- al mundo, para crecer con él.

Es hora de reemplazar, con una generación lenta de confianza, la nube de dudas y desconfianza que hoy la envuelve. Para ello Irán debe dejar atrás el fanatismo de algunos de sus líderes. También debe dejar de lado la mala fe.

Al referirse a la caída de las sanciones, el Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, recordó que el éxito tenía que ver con “la convicción de que se deben agotar las vías de la diplomacia antes de recurrir a la guerra”. Y su colega iraní Mohammad Javad Zarif, a la manera de eco, acotó: “La diplomacia requiere paciencia, pero todo lo que sabemos es que ella es ciertamente preferible a sus alternativas”. Es efectivamente así.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Antoine Leiris para presidente

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado en: http://www.elheraldo.hn/opinion/columnas/902873-469/antoine-leiris-para-presidente

 

Increíble que personas como Bernard-Henri Lévy aseguren que “sin tropas en su terreno, tendremos más sangre en el nuestro”. Llama al homicidio desde la ignorancia.

Decía Paul Feyerabend que “los ciudadanos… van muy delante de sus políticos en su deseo de frenar la (violencia)… el sentido común suele ser superior a los ‘expertos’”.

Antoine Leiris, cuya esposa murió en el Bataclan, aseguró que no tendrán su odio ni el de su hijo de 17 meses porque “ustedes (los terroristas) lo están pidiendo” y responder “al odio con furia es caer en la misma ignorancia… me quieren asustado, que sacrifique mi libertad por seguridad… perdieron… Somos solo mi hijo y yo, pero más fuertes que todos los ejércitos del mundo”.

Parece idealista Leiris, pero es realista. Irreal es desconocer que la ciencia afirma que la violencia solo agrava las cosas y que la paz se logra con más paz.

Dice Ron Paul, excandidato presidencial en Estados Unidos, que los atentados en París provocaron sobre reacción, después de todo solo en accidentes de tráfico en Francia mueren 2,000 al año, y declaraciones en el sentido de repetir errores.

Para Peter van Buren, la repetición enfermiza de los errores empeorará las cosas.

Estados Unidos inició hace catorce años la “guerra contra el terrorismo” y, sin embargo, “el terrorismo evoluciona y lleva a cabo ataques más ambiciosos”, dice el primer ministro británico.

Así, la idea del presidente francés de que está en guerra contra el Estado Islámico (EI) solo traerá más violencia.

Cuando los terroristas dicen que conquistarán Francia, saben que no será por vía de un triunfo militar frontal sino porque enervarán a Occidente para que se violente y autodestruya… con ayuda de los políticos que con esto ganan poder al coartar las libertades en “aras de la seguridad” y aumentan sus dineros.

El gobierno de François Hollande ha dicho que aumentará el gasto en seguridad.

El terrorismo se excusa en la religión, pero es desmentido por la mayoría de los musulmanes, incluidos Hamas, Yihad Islámica y Hezbollah. Más bien tiene que ver con la marginalidad provocada por regímenes tiránicos que gobiernan en Arabia, como el saudí, que financia las mezquitas occidentales, y dentro de la misma Europa.

Los Estados occidentales, cuando trabajo abunda, millones de viviendas, escuelas, carreteras, etc., por hacer, crean desocupación imponiendo, vía el monopolio de la violencia, leyes laborales, como el salario mínimo que deja fuera del mercado a los que ganarían menos.

Es hora de terminar con la marginalidad llevando más paz, más libertad, menos coacción estatal, a las personas.

Un 40.5% de detenidos en España desde 2013 por relaciones con el yihadismo nacieron en España, según el Real Instituto Elcano. Coincidiendo con EuroPol, que afirma que el terrorismo suele reclutar jóvenes marginados, incluso no musulmanes, David Rieff, especialista en terrorismo, asegura que los “jóvenes (inmigrantes y descendientes de inmigrantes) están enfadados y son susceptibles de caer en las redes del EI… Se sienten impotentes… Su única arma es la brutalidad”.

De los 30,000 soldados del EI, 15,000 provienen del exterior y es la organización terrorista más rica, con ingresos diarios de dos millones de dólares por el petróleo y gas que le compran sus “enemigos”, las extorsiones, el mercado negro de antigüedades y las donaciones que llegan mayormente desde los países opositores

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Posible nuevo amanecer en Gaza

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 6/8/14 en: http://www.lanacion.com.ar/1715980-posible-nuevo-amanecer-en-gaza

 

La sensación es de algún alivio. Las armas han callado en la Franja de Gaza. Por 72 horas, al menos. Ya no vuelan los misiles hacia Israel. Ni se oye el fragor de sus cañones. Hay una tregua. Frágil, pero allí está.

En las últimas horas habían aparecido las primeras señales de que los combates y acciones militares podrían quizás haber entrado en una lenta fase final. Ocurre que, desde el domingo pasado, Israel había comenzado ya a retirar buena parte de sus efectivos de las zonas pobladas de Gaza y a estacionarlos cerca de la frontera, aunque todavía dentro del territorio de Gaza. Con excepción de aquellas tropas que aún operaron activamente en las inmediaciones del paso fronterizo de Rafah, que fuera escenario de las últimas acciones militares. Hoy esos efectivos están ya en territorio israelí.

Las armas han callado en la Franja de Gaza. Por 72 horas, al menos

También Hamas -presumiblemente como consecuencia de los bombardeos israelíes- parecía haber disminuido un tanto la intensidad de sus disparos de misiles contra Israel. En los cinco primeros días del reciente estallido de violencia -esto es, desde el 8 al 13 de julio pasado- los disparos indiscriminados de misiles palestinos contra Israel alcanzaron un ritmo realmente aterrador: 300 misiles diarios. La magnitud de esos ataques había ido disminuyendo paulatinamente, hasta llegar a los 55 misiles que se dispararan durante el domingo pasado. Y a los 53 del lunes, el día previo a la tregua acordada.

Las cifras de bajas acumuladas en la reciente espiral de violencia son de horror: 1834 muertos palestinos (de los que bastante más de 1000 han sido civiles inocentes) y 9370 heridos. A los que hay que sumar las 64 muertes de soldados israelíes y los tres muertos israelíes, civiles inocentes.

Israel había, entonces, comenzado a cerrar unilateralmente su tercer enfrentamiento militar abierto en la Franja de Gaza contra los milicianos de Hamas. El final, si esto se consolida, podría ser parecido al que ocurriera a comienzos de 2009, en oportunidad del primer ciclo de combates entre ambas partes. De hecho. Sin que exista un cese el fuego explícito, convenido entre las partes. No obstante, ahora ha aparecido la oportunidad de consolidar la reciente interrupción de las hostilidades. Y de intentar construir una paz duradera.

Ahora ha aparecido la oportunidad de consolidar la reciente interrupción de las hostilidades. Y de intentar construir una paz duradera

Para Israel, el objetivo de inutilizar, destruir o, por lo menos, neutralizar la enorme red de 32 túneles construida por Hamas que penetraban en el territorio de Israel, parece haber sido sustancialmente alcanzado. No obstante, Hamas tiene aún un inventario importante de misiles no utilizados, estimado en unos 3000. Esa es una obvia amenaza para la paz. Lo que se evidencia con sólo recordar que, desde el 8 de julio pasado, desde el interior de Gaza se dispararon nada menos que unos 3300 misiles contra Israel. Indiscriminadamente. Lo que está expresamente prohibido por el derecho humanitario internacional.

Para Hamas, alcanzar el objetivo del levantamiento del bloqueo que, por ocho años, es cierto, ha lastimado profundamente a la población de la Franja de Gaza sigue siendo prioritario. Lo cierto es que lograrlo no pasa por las acciones militares, sino por los andariveles de la diplomacia. Y es de esperar que esto se comprenda y que, cuando una oportunidad parece haber aparecido, no se desaproveche.

El gobierno de Egipto ha sido decisivo en el logro del cese el fuego provisorio. Apoyado por las Naciones Unidas y los Estados Unidos. Su gestión debe continuar. Porque el camino de la paz no admite el cansancio. Egipto merece ahora el reconocimiento y el apoyo que corresponde.

En Israel, el premier Benjamin Netanyahu cuenta con el abrumador respaldo de la población de su país. Que ha tomado plena conciencia del peligro que corre. Hablamos de nada menos que un 85% de esa población. Los pacifistas se han hecho oír, pero los sondeos confirman que su peso en la opinión pública israelí es débil.

Las defensas antimisilísticas israelíes han demostrado una vez más su tremenda eficacia, destruyendo en el aire a los misiles que podían caer en los centros poblados o sobre blancos estratégicos. Pero el tema de la “proporcionalidad” de la reacción militar israelí es -y será siempre- una cuestión harto difícil, donde las opiniones estarán divididas.

En otro andarivel, pero en el mismo vecindario, cabe destacar que una buena parte de los líderes árabes esta vez pareció no apoyar a Hamas. Sucede que su propio mundo está inmerso en la fragilidad de una peligrosísima confrontación facciosa -increíblemente violenta- que se ha extendido por el mundo árabe, dividiéndolo profundamente. La que tiene como protagonistas a los fundamentalismos, tanto “shiitas” como “sunnis”. Con acciones que, con frecuencia, evidencian un nivel de barbarie desesperante, absolutamente de espaldas a las normas del derecho humanitario internacional; esto es, a las leyes de la guerra.

Son pocos, felizmente, los que procuran que Gaza se convierta, de pronto, en una nueva Mosul. Sería una pesadilla. Multiplicando exponencialmente su fragilidad y acercándose así al abismo impredecible de la guerra religiosa. Adquiriendo, además, otro nivel de peligrosidad e irracionalidad. Con un marco de decapitaciones y circuncisión masiva de las mujeres. Con expulsión -o muerte- de quienes no comulgan con la versión del Islam que abrazan los “jihadistas”.

Por todo esto quizás, Egipto, Jordania, Arabia Saudita y los Emiratos han estado casi en silencio. Sin apoyar abiertamente a Hamas. A diferencia de Turquía y Qatar, que endosaron a ese movimiento.

El presidente de Egipto, el ex general Abdel Fattah al Sisi, mantuvo su cooperación con Israel respecto del bloqueo de Gaza, así como en la tarea de inutilización de la red de túneles de Hamas. Mientras luchaba, en paralelo, contra el “jihadismo islámico” en su propia tierra. Especialmente en el norte de Sinaí, al norte mismo de la Franja de Gaza. A lo que cabe agregar que su principal enemigo doméstico -al que ha calificado formalmente de organización terrorista- es la Hermandad Musulmana, organización islámica que tiene intimidad con Hamas.

No obstante, Egipto, como correspondía en esta emergencia al país “decano” de la diplomacia africana, ha ayudado a Hamas en el capítulo de la ayuda humanitaria. Y ha tenido éxito en poder concertar el reciente cese del fuego. Lo que debe ser apoyado.

Irán, alejado de Hamas desde que el movimiento se negara a cooperar -como lo hiciera Hezbollah- en la represión de la insurgencia siria, está sobreextendido en su apoyo -en Siria- al clan Assad y al gobierno de Irak, ambos invadidos por las bien entrenadas fuerzas “jihadistas sunnis” que, luego de tres años de guerra en Siria, han conformado ahora el califato al que se ha llamado: ISIS. Y siguen expandiéndolo. En los últimos días han avanzado mucho tanto sobre la zona kurda de Irak, como sobre el Líbano. Como si sus contingentes fueran imparables. Hablamos de un fenómeno de enorme peligrosidad, que acaba de infectar a Libia, donde las fuerzas fundamentalistas que se han apoderado de la ciudad de Benghazi, han proclamado -también allí- un califato.

La aislada Rusia, con su ilegal manotazo sobre Crimea y Sebastopol, ha dañado severamente al derecho internacional, infectando al escenario internacional de anomia. Lo que naturalmente no ayuda en temas como el de Gaza. Como, además, Rusia mantiene su propio conflicto armado interno contra los fundamentalistas islámicos, en Chechenia y Dagestán, no ha mostrado simpatía por la causa de Hamas. Y no ha asumido en Gaza rol protagónico alguno. A diferencia de lo sucedido en Siria.

Algo bastante parecido sucede con China, donde el conflicto similar que el país oriental mantiene con los “uighures” en el noroeste de su territorio, ha crecido fuertemente en intensidad a lo largo de las últimas semanas.

Jordania está también en tensión, con las fuerzas de ISIS en su frontera controlando la ciudad de Ar Rudba. Y con cientos de miles de ansiosos palestinos refugiados, desde hace décadas, en su interior. Por su parte, tanto Siria como el Líbano e Irak son ya presas de la guerra facciosa que divide -cada vez más- al islamismo.

Frente a todo esto, releyendo el discurso de Elie Wiesel cuando recibiera el Premio Nobel a la Paz, en 1986, uno encuentra palabras proféticas y certeras que, 28 años después, mantienen su actualidad. “El sufrimiento humano en cualquier parte aflige a los hombres y mujeres en todas partes. Esto se aplica también a los palestinos, respecto de cuya situación soy sensible, pero cuyos métodos deploro. Los deploro cuando conducen a la violencia. La violencia no es la respuesta. El terrorismo es la más peligrosa de las respuestas. Ellos están frustrados. Lo que es comprensible. Algo debe estar mal. Los refugiados y su miseria. Los chicos y sus miedos. Los desarraigados y su desesperanza. Algo debe hacerse respecto de esta situación. Tanto el pueblo judío como el pueblo palestino han perdido demasiados hijos e hijas y han derramado demasiada sangre. Esto debe terminar y todos los intentos porque termine deben ser alentados.”

El clamor, entonces, debe hoy ser uno solo: el de mantener el cese total de la violencia. Y comenzar a edificar, sin pausas, una paz duradera. Sabiendo que la tarea es bien compleja y que debe ser abordada sin demoras. Y con absoluto realismo. Aunque, seguramente, edificarla lleve su tiempo.

Los misiles palestinos no deben seguir volando en procura de sembrar la muerte. Las reacciones militares israelíes, por inevitables que sean, llenan al mundo de congoja. Por esto, la Franja de Gaza (que hoy contiene a unos 260.000 desplazados) debería ser desmilitarizada, con un adecuado control internacional. Mientras, en paralelo, se comienza a trabajar sobre cómo levantar la manta de miseria que se ha extendido sobre su población, que lleva años de indescriptibles sufrimientos y frustraciones.

En el escenario actual, la acción de las Naciones Unidas (como aconteciera en los casos de Timor Oriental y Kosovo) podría ser central y el aporte y apoyo de todos para que ella se concrete resulta indispensable. Es hora de pasar de la retórica y los oportunismos a empujar las soluciones duraderas, incluyendo la acción humanitaria. Lo que supone apoyar, sin titubeos, a los actores capaces de impedir que la violencia vuelva, de pronto, a apoderarse de la Franja de Gaza..

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

ISRAEL NO DEBE SER BORRADO DEL PLANETA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 1/8/14 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/08/01/israel-no-debe-ser-borrado-del-planeta/

 

No, claro, dirán algunos. Pero parece que para muchos, así debe ser.

Decía el sabio D. Hume que tanto la propiedad como el poder político no se justifican del pasado hacia el presente. Si nos vamos para atrás, en ambos casos, nadie resistirá la prueba de un asesinato o un robo en el origen de los tiempos. Por lo tanto, en ambos casos, la legitimidad debe juzgarse en función de la utilidad social del “desde aquí para adelante”. Igual planteo hace J. Buchanan en su clásico “The LImits of Liberty”, de 1975.

Por lo tanto, no es cuestión de seguir debatiendo ad infinitum los orígenes históricos del Estado de Israel. Quien estas líneas escribe no es precisamente partidario de la “creación de Estados”, así que se podrán imaginar que el tema, in abstracto, no me entusiasma, y de la misma manera veo con pena las absurdas disputas territoriales entre todos los estados, cuando lo que todos deberían hacer es bajar los muros, eliminar visas, pasaportes, aduanas, establecer la plena y libre inmigración de capitales y de personas, ejerciendo todos los seres humanos la libertad de comercio y la libertad religiosa y olvidándose de la categoría de “extranjero”. (Ver http://gzanotti.blogspot.com.ar/2009/01/haz-el-comercio-y-no-la-guerra.html)

No es cuestión de debatir, tampoco, como si tuviera que ser debatido, la existencia misma de la guerra, o que no se debe matar a poblaciones civiles inocentes. ¿Eso es lo que está en discusión? ¿Alguno es tan dicotómico e ingenuo para pensar que de un lado están los buenos y del otro lado los malos, frotándose las manos cuando caen inocentes en el conflicto?

El asunto es que el Estado de Israel, el único estado democrático-constitucional en medio de un “mar” de autoritarismos, “ya está”, y las circunstancias que promovieron su creación, después de la masacre de Hitler a los judíos, son más que comprensibles aunque todo se podía debatir antes de 1948. Ahora, ya está, y la legitimidad, como dice Hume, es la legitimidad de ejercicio, del presente para adelante, garantizada por la democracia constitucional del sistema. Que los palestinos tienen también derecho a su propia nación, tampoco está en discusión. El asunto es que algunos hablan como si Israel tuviera que quedarse pasivo frente a los misiles que recibe, como si Hamas fueran niños que disparan flechas. ¿Qué pretenden realmente? ¿Qué Israel desaparezca?

Confiésenlo: sí. Israel pudo y puede haber cometido acciones de guerra indefendibles, pero ese no es el problema. Detrás de ello, utilizado como excusa, se encuentra lo simbólico, tan importante en política. Israel representa la civilización occidental, secularizada, sanamente laica, democrática, liberal, en medio de sociedades tribales –al decir de Hayek- que no entienden ni conciben la existencia misma de las libertades individuales como ontológicamente anteriores a cualquier sociedad. Israel también representa la existencia misma del enemigo más odiado, “el judío”, el chivo expiatorio por excelencia de todos los nacionalismos atávicos; el ser libre e independiente, activo, inteligente, científico, emprendedor, representante de lo que todo autoritario de pura cepa odia con toda la furia de su alma. Israel es la victoria contra el antisemitismo, y esa victoria no será aceptada nunca por muchos que hoy sólo dicen defender a niños inocentes pero serían los primeros en defender el edicto de Herodes contra los niños primogénitos.

Las sociedades liberales y democráticas no entran en guerra contra otras sociedades liberales y democráticas. No es ontológicamente necesario pero es una predicción de Kant que hasta ahora se ha cumplido. Saquen todos las obvias consecuencias.

 

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

El proceso de paz en Medio Oriente se detiene

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 29/4/14 en http://www.lanacion.com.ar/1685911-la-proceso-de-paz-en-medio-oriente-se-detiene

 

Los dos principales partidos políticos palestinos, Al Fatah y Hamas, anunciaron hace pocos días su reconciliación. Esto ocurre después de siete años de profundos desencuentros y, más aún, de enfrentamientos violentos entre ambos bandos. Para Palestina es una buena noticia.

El acuerdo alcanzado supone que, en un plazo de cinco semanas, se estructurará un gobierno de unidad para toda Palestina. El mismo estará conformado por tecnócratas y será presidido por el líder de la Organización para la Liberación de Palestina, Mahmoud Abbas, quien ha estado a cargo -hasta ahora- de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). A los 79 años, esta podría, de pronto, ser su última responsabilidad política de alguna importancia.

El principal mandato de la próxima administración, una vez que el Parlamento palestino apruebe lo convenido, será el de convocar a elecciones parlamentarias conjuntas. Tanto para Cisjordania como para Gaza. Lo que no ocurre desde el 2006. Las encuestas sugieren que Al Fatah cuenta con el 40% de intención de voto, mientras Hamás tan sólo con el 30%. Para la moderación, ésta es una expectativa positiva.

Las referidas elecciones palestinas deberán tener lugar en el plazo de seis meses. De esta manera, el cisma político que hoy imposibilitaba la acción conjunta de los palestinos comienza -aparentemente- a superarse. No obstante, los Estados Unidos se apresuraron a advertir, con razón, que no reconocerán al nuevo gobierno mientras éste no haya reconocido formalmente al Estado de Israel, renunciado a la violencia y suscripto los acuerdos que ya han sido firmados por la ANP. Nada de esto ha sido nunca aceptado por Hamas en el pasado.

La Franja de Gaza, recordemos, ha estado bajo control total del movimiento islámico Hamas (que tiene vinculaciones muy estrechas con la Hermandad Musulmana y con Irán) desde la expulsión violenta de Gaza de los líderes de la secular Al Fatah, ocurrida en 2007.

Hamas desde entonces no había reconocido siquiera la legitimidad de la administración de Abbas, instalada en la ciudad de Ramala, en Cisjordania. Hamas, por lo demás, sigue siendo considerado como una organización terrorista, tanto por los Estados Unidos como por la Unión Europea.

El acuerdo alcanzado entre los dos más importantes movimientos palestinos se inscribe en el marco de las conversaciones que se iniciaron en El Cairo y Doha, en 2012. Cabe recordar, sin embargo, que otros tres acuerdos similares suscriptos entre las mismas partes nunca se pudieron implementar. Por esto, habrá que esperar a ver cómo avanza efectivamente este nuevo intento de unificación de los palestinos.

Apenas dos horas después de conocido el acuerdo intrapalestino, Israel, como era de suponer, declaró suspendidas las negociaciones de paz con los palestinos que, es cierto, estaban desmoronándose -en rigor casi al borde del colapso- antes de que expirara el plazo de las negociaciones, el 29 de abril.

Para Netanyahu, lo sucedido evitó las dificultades que suponía que, en su heterogéneo gobierno de coalición, haya un partido (el Bayit Hayehudi) que no acepta más liberaciones de prisioneros palestinos y otro (el Yesh Atid) que amenaza con dejar el gobierno, si el plazo para las negociaciones de paz no se extiende más allá del 29 de abril.

A lo que cabe agregar que el ala derecha del propio partido de Netanyahu, el Likud, tampoco está demasiado cómodo con el proceso de paz. Esto pese a que el premier Netanyahu no acepta compartir con los palestinos jurisdicción sobre el este de la ciudad de Jerusalem, procura controlar militarmente el valle del Jordán en su integridad y ha permitido la construcción de asentamientos en Cisjordania a un ritmo que ha sido el más acelerado de los últimos años. Hoy hay en ellos unos 575.000 ciudadanos judíos. Y a que, además, Netanyahu aspira a que el reconocimiento palestino de Israel sea, en más, en su carácter de Estado judío, lo que tiene impacto en la compleja cuestión de los refugiados palestinos. Todos y cada uno de esos temas son, por cierto, particularmente sensibles para su contraparte.

Pese a que las señales no son claras, no es imposible que las negociaciones de paz se consideren ahora suspendidas, por oposición a cortadas. Pero para ello debería haber, al menos, declaraciones de las partes que, de alguna manera, respalden esa interpretación. Lo que aún no ha sucedido.

Se trata de preservar un espacio para defender un status quo mínimo, que sirva al menos de freno a una nueva escalada de violencia, incluyendo una posible intifada, lo que -en definitiva- dependerá de la conducta de las partes. Así como de no sepultar las posibilidades de volver a negociar, tan pronto como ello luzca factible. Esto es algo así como una decisión de seguir en contacto, pese a las enormes dificultades que, todavía hoy, no permiten soñar con alcanzar soluciones definitivas.

Lo cierto es que, para las negociaciones de paz en Medio Oriente, no hay Plan B distinto del que marcará, paso a paso, la realidad. Esa es, en rigor, la contingencia que todos enfrentarán simultáneamente.

De alguna manera, la situación que se avecina puede, quizás, hasta resultar de pronto algo parecida a lo que sucede en Chipre, donde los adversarios no se han reconocido entre sí completamente, pero han sido capaces de alcanzar -una y otra vez- acuerdos mínimos que han permitido convivir razonablemente y frenar cualquier regreso a la violencia.

Para el nuevo gobierno palestino habrá desafíos inmediatos bien concretos, que serán observados de cerca por todos. Como, por ejemplo, ¿quién controlará el paso de Rafah, que comunica a Gaza con Egipto? ¿Cómo lo hará? ¿Con qué grado de transparencia?

Hoy los “duros” sentados a ambos lados de la mesa de negociaciones no parecen estar dispuestos a flexibilizar sus posiciones. Muestran una actitud de cierta intransigencia, que tiene bastante que ver con el clima de fragilidad que se ha apoderado de la región toda. Donde Siria está sumida en una dura guerra civil que concentra la atención casi exclusiva de la Liga Árabe; el Líbano, cada vez más en estado de fragilidad; Egipto, de regreso a los militares, como si la “primavera árabe” no hubiera existido; Irán, negociando todavía con la comunidad Internacional como controlar su peligroso programa nuclear y poder levantar las sanciones económicas que han dañado severamente a su economía, y hasta Rusia en el inestable limbo que ella mismo ha provocado en torno a Ucrania.

Demasiados interrogantes acerca de cómo se podría avanzar con serenidad en un proceso de paz que debe nacer con un mínimo de fortaleza y no quedar sujeto, de inicio, a un entorno plagado de imprevisibilidad.

De cara a la realidad, los palestinos deberían actuar sin crear hechos consumados que puedan complicar una negociación que no ha podido avanzar desde 1993, como sería su posible accesión a la Corte Penal Internacional, con todo lo que ello podría significar. El anuncio de que pedirán el ingreso a 60 nuevos organismos internacionales debe ser seguido con atención, por sus posibles consecuencias. Israel, por su parte, debería ser firme y contemporizadora a la vez, lo que está lejos de ser simple. Pero la reciente decisión de suspender la construcción de nuevos asentamientos va, creemos, en la dirección correcta. Los Estados Unidos, por su parte, no deberían desentenderse de su complejo rol de facilitador activo de las negociaciones de paz. En esto, el activo Secretario de Estado, John Kerry, ha hecho esfuerzos denodados, que lamentablemente no han tenido éxito. Pero que deben obviamente reconocerse.

Se trata, en definitiva, de no apresurarse a romper puentes, pese a que la realidad sugiera que hoy están intransitables. Dicho de otra manera, el proceso de paz está nuevamente en terapia intensiva, pero la idea es ciertamente la de no desconectar los cables que aún lo mantienen con posibilidades de vida.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Irán, el más activo proliferador en Medio Oriente

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 4/2/13 en http://www.lanacion.com.ar/1551518-iran-el-mas-activo-proliferador-en-medio-oriente

Irán no sólo tiene las conocidas ambiciones de poder transformarse en una potencia militar nuclear, sino que -a través de su “Guardia Revolucionaria Islámica”- está activamente armando a distintos movimientos terroristas que operan en Medio Oriente.

En los últimos meses,entonces, no sólo ha negociado y suscripto el controvertido acuerdo con Argentina sobre el caso de la AMIA, sino que se ha transformado en el más importante proliferador-de toda suerte de armamentos- en esa frágil región del mundo.

Así lo acaba de confirmar el propio Secretario de Defensa de los Estados Unidos, el demócrata León Panetta, en una de sus recientes declaraciones a los medios de su país, cuando se apresta a dejar su cargo.

Irán está ahora exportando -irresponsablemente- los llamados “manpads”, o sea misiles que pueden ser disparados por una persona desde su hombro para derribar con ellos a cualquier tipo de aviones o helicópteros, incluyendo a los comerciales, esto es a los de pasajeros. Peligrosísimos, por cierto, especialmente si caen en manos de fanáticos.

El 23 de enero pasado, Yemen, con asistencia norteamericana, logró interceptar un cargamento de esos dantescos misiles que estaba siendo transportado por un buque de cargaque navegaba en aguas de ese país. Presumiblemente,en ese caso, las armas estaban destinadas al grupo yemení denominado “Houti”, de corte separatista, que opera en el norte de ese país y que ya ha mantenido duros enfrentamientos armados, tanto con las fuerzas del gobierno de su país, en San’a, como contra las bien equipadas fuerzas armadas de la vecina Arabia Saudita.

Incidente al que cabe agregar el reciente episodio protagonizado por la aviación israelí, que destruyó una columna de camiones que circulaba en pleno territorio sirio, que aparentemente transportaba un moderno sistema iraní de defensa anti-áerea(con misiles de fabricación rusa, los SA-17) que se estaba transfiriendo a Haezbollah, para ser instalado por esta organización financiada y sostenida por Irán en el sur del Líbano.

Siria negó que ese bombardeo hubiera existido y se limitó a denunciar el ataque por parte de aviones israelíes de una instalación “de investigación” instalada -sostuvo- en las afueras de Damasco, en Jamraya, que dio por destruida.

Ambas cosas habrían, aparentemente, existido. A lo que se suma la intensa vigilancia que impone la posibilidad de que todo o parte del armamento biológico y químico sirio pueda de pronto caer en manos de la milicia shiita de Hezbollah.

Recordemos que Israel y Siria están técnicamente en guerra, aunque hayan mantenido un casi constante cese del fuego a lo largo de los últimos años. Los milicianos de la Guardia Revolucionaria iraní están luchando en el interior de Siria, defendiendo al ahora tambaleante régimen alawita de los Assad..

Este ataque se suma, ciertamente, al realizado en 2007, también en territorio sirio, contra lo que se cree eran las instalaciones del programa nuclear sirio y al más reciente raid aéreo contra una fábrica militar sudanesa, emplazada cerca de Khartoum, que producía armas destinadas a los milicianos de Hamás.

Para combatir el terrorismo y la proliferación de armas peligrosas originadas en la implosión libia o las suministradas por Irán,destinadas todas a armar a los diferentes movimientos terroristasque operan en el norte de África, los Estados Unidos acaban de anunciar que establecerán una base de aviones no tripulados (drones) en Niger. Desde allí utilizarán esos aparatos para vigilar constantemente las actividades y desplazamientos de los aliados de Al Qaeda en la región, particularmente ahora que acaban de ser desalojados por las fuerzas armadas de Francia del norte de Mali, habiéndose refugiado (una vez más) en la zona -montañosa e inaccesible- que separa a Mali de Argelia, territorio que los milicianos jihadistasconocen como las palmas de sus manos.

Detrás de todo esto aparece, cada vez con mayor frecuencia,la sombra peligrosa de las organizaciones paramilitares de la teocracia fanática iraní, obviamente preocupada por las consecuencias de perder, de pronto, el control de la Siria conducida por el clan que lidera Bashar al-Assad, eventualidad que cada vez parece estar más cerca de transformarse en una realidad,lo que naturalmente golpearía estratégicamente a Irán.

Mientras tanto Irán-el país que sigue siendo el mayor exportador de terrorismo del mundo- ha asumido,además,la referida intensa actividad proliferadora que, por su intensidad creciente, preocupa, y mucho, a la comunidad internacional.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.