Argentina: Una muestra más de que el gasto público no genera progreso

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 29/2/16 en: http://es.panampost.com/carlos-salguero/2016/02/29/argentina-una-muestra-mas-de-que-el-gasto-publico-no-genera-progreso/

 

Aunque a priori impopulares, es imperativo que el presidente Macri tome las medidas necesarias para la futura creación de riqueza, sin estancarse en el keynesianismo

 

Murray N. Rothbard escribió en America’s Great Depression que sostener posiciones inestables pospone la liquidación y agrava la inseguridad del sistema. La mirada de este autor, sin embargo, un ícono del pensamiento libertario, en nada coincide con la política económica implementada por el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, quien ha sido adoctrinado en los estándares del intervencionismo.

He aquí las aguas que dividen el pensamiento económico en Argentina de hoy: por un lado, los economistas que se oponen a seguir incrementando el gasto público y proponen un shock de ajuste fiscal; por el otro, los seguidores de John Maynard Keynes (en sus múltiples vertientes), la principal autoridad de la corriente intervencionista durante el siglo XX, quienes recomiendan, de hecho, persistir en el déficit público como una vía para salir de la crisis (aunque ello implique una reducción gradual de los desequilibrios), justamente, incurriendo en las mismas recetas que introdujeron el problema.

Bajo el presente contexto, un incremento del gasto público —en términos absolutos— no produce ningún efecto expansivo de relevancia en el nivel de renta de equilibrio, sino, simplemente, una subida del tipo de interés. Dada la baja correlación entre la demanda de dinero y el tipo de interés, la curva de equilibrio en el mercado de dinero, a corto plazo, expresa un comportamiento inelástico y solo existe un nivel de renta en el que hay equilibrio en dicho mercado.

El aumento de los tipos de interés, a su vez, reduce el gasto agregado y, por lo tanto, amortigua los efectos pretendidamente expansivos de la política fiscal. Incluso, en ocasiones, los anula totalmente. Además de atenuar los efectos expansivos de la política fiscal, las variaciones de los tipos de interés producen efectos adicionales, porque la composición de la demanda agregada, entre el gasto de consumo y el de inversión, depende de ellos.

El crecimiento de los tipos de interés desalienta la demanda agregada al reducir la inversión; en este punto, existe la influyente opinión de expertos de que no debería utilizarse la política fiscal como instrumento para influir en la demanda, porque el incremento del gasto público se lleva a cabo a costa de la inversión privada.

Los hechos dan cuenta de que el incremento del gasto público provocó únicamente aumentos del tipo de interés durante la administración kirchnerista, especialmente en la última etapa, donde un muy abultado déficit tuvo lugar a costa de la fuerte reducción de inversión privada (la tasa de capitalización de la economía y la legislación vigente hicieron que el sector privado en lugar de absorber mano de obra se comportara como expulsor del factor trabajo).

Asimismo, desde la administración central se buscó compensar la contracción del sector privado mediante políticas de mayor gasto público. La producción permaneció inalterable, pero el gasto público más elevado implicó necesariamente una disminución del sector privado. En rigor de verdad, el efecto denominado “desplazamiento” o la reducción del gasto privado (concretamente de inversión) asociado al incremento de los tipos de interés fue originado en el gasto público asfixiante. En este caso, una política fiscal expansiva —tal como lo ilustra el caso clásico— produjo, por consiguiente, un efecto desplazamiento pleno o completo.

Según el informe N° 350 del Instituto Argentino de Análisis Fiscal, Iaraf, “el hecho que el gasto público nacional crezca impulsado fundamentalmente por erogaciones de alta rigidez impone un piso en la evolución del peso relativo del gasto público nacional, lo que constituye a futuro una restricción de política económica”. Todo lo cual ha llevado a que la participación del Gobierno, en el consolidado nacional, prácticamente se duplicara durante la última década.

A largo plazo, sin embargo, todo bien de capital se consume, incluso aquellos que no suelen calificarse de perecederos. Circunstancia que opera ya sea por el desgaste provocado en los procesos productivos o porque algún acontecimiento lo priva de interés económico. Por lo tanto, no es cierto que el capital per se genere beneficio. Es fruto necesario de una acción deliberada y puede malograrse si los cálculos en los que se fundamente carecen de pericia, virtud o adecuadas estimaciones de las condiciones futuras.

Frente a tamaño desafío, el presidente Macri no debe vacilar y tomar las medidas necesarias, aunque a priori impopulares, para la futura creación de riqueza. Solo las medidas que incentiven el ahorro, el primer paso obligado para cualquier alargamiento del período de producción, conducirán hacia un mayor bienestar material, ya que preserva los stocks necesarios para subsistencia ulterior, y constituye la condición sine qua non para cualquier posterior progreso.

 

El autor es Doctor en Economía y máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

Prat Gay: los aciertos y errores de un neokeynesiano

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 10/2/16 en: http://www.rionegro.com.ar/diario/prat-gay-los-aciertos-y-errores-de-un-neokeynesiano-8066584-9539-nota.aspx

 

El ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, ha tenido un marcado protagonismo durante los primeros días de gobierno del presidente Mauricio Macri, sobre todo a través de su participación en la medida elaborada por el presidente del Banco Central: el fin del cepo cambiario, quizás el mayor aporte de este joven gobierno que enfrenta múltiples problemas heredados de la administración kirchnerista.

Asimismo, siempre bajo la dirección estratégica del presidente, debe reconocerse al ministro que se ha ganado la aprobación del mercado al tratar de solucionar una batalla legal supurante de los últimos 14 años (situación que transformó al país en un paria de los mercados financieros), la unificación de múltiples tipos de cambio (asociados a la política monetaria antedicha), el sinceramiento tarifario y la reducción de impuestos a la exportación (disminución de retenciones y la eliminación de los ROE), en un intento de proporcionar un marco más favorable al comercio.

Empero, en el plano fiscal, el déficit es el dilema más acuciante que se debe resolver en la actualidad, aunque las decisiones adoptadas por el titular de la cartera de Hacienda y Finanzas y las que han sido anunciadas hasta ahora, lejos de solucionar el problema, tienden a agravar el desequilibrio recibido de alrededor del 8% del PBI, unos cuatrocientos mil millones de pesos.

El enorme gasto público vigente se debe especialmente al salario de empleados públicos y alcanza la alarmante cifra de novecientos mil millones de pesos al año. Por su parte, el Estado también consume doscientos mil millones de pesos en bienes y servicios y otro tanto en obra pública, todo lo cual configura un monto de un billón trescientos mil millones de pesos, un 60% del gasto público consolidado a nivel nacional, según Espert. El gasto es tan grande que, a su lado, los subsidios a la energía, de ciento cincuenta mil millones, parecen no tener entidad, aunque son una clara expresión de ineficiencia asignativa.

Para Prat Gay, por su parte, el éxito de las políticas expansivas depende, además de las condiciones cambiarias y de los tipos de interés, de la elasticidad de los precios al déficit fiscal, del componente autónomo del gasto, de la magnitud del multiplicador y de las exportaciones netas. En el mismo sentido, Hacienda espera que el acceso a mejores condiciones de crédito (acuerdo con los holdouts) y la confianza generada en el contexto internacional hagan crecer la inversión en sus diferentes modalidades, factor clave a fin de que el modelo encuentre más espacio para expandirse en el nuevo contexto y genere un fuerte crecimiento en la economía.

Los neokeynesianos creen que es posible cambiar la estructura institucional de manera que un equilibrio preferible sea la alternativa elegida por las personas. El enfoque cambia la naturaleza de las cuestiones de política macroeconómica, dada una función de producción agregada, hacia la estructura institucional.

El descenso del riesgo país y el acceso a los mercados internacionales de crédito, sumados a la disciplina monetaria implementada por la autoridad en la materia (a fin de neutralizar la inflación), le permitirán al gobierno cambiar la estructura de financiamiento del sector público. Es decir, el déficit público dejará de ser soportado por la emisión monetaria para depender de las colocaciones de deuda soberana en un mundo sobreabundante de liquidez financiera. O, puesto en otros términos, se trasladarán gravámenes actuales hacia las generaciones futuras; curiosamente, un gran anhelo incumplido de la gestión de Axel Kicillof.

Parece no advertirse la gravedad del déficit público que, a lo lago de la historia y ahora, ha provocado siempre una enorme confusión y, con arreglo a las pruebas de campo, resultados pavorosos. El problema es exactamente el mismo para una persona que para un país: un individuo que gasta más de lo que gana y que se endeuda para cubrir la diferencia estará obligado a endeudarse más y más cada año porque los intereses de su deuda anterior seguirán aumentando.

Impera reducir el descubierto que ahoga al sector privado, pues el déficit global seguirá creciendo a medida que lo haga la deuda y los pagos de intereses se incrementarán en consecuencia. Será la única manera de controlar las funciones simultáneas asignadas al gobierno, monopolio estatal de emisión monetaria y las metas de la financiación pública, que no sólo han convertido el dinero en la causa central de las fluctuaciones económicas, sino que también han estimulado un crecimiento descomunal del gasto público.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), Profesor Titular e Investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.