¿Qué es un aumento de precios abusivo?

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 26/6/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/06/26/que-es-un-aumento-de-precios-abusivo/

 

Una vez más se recurre al discurso de confrontación con las empresas

El flamante ministro de Producción, Dante Sica, acaba de advertir que se va a sancionar a las empresas que tengan comportamientos abusivos con respecto a los precios y que habilitarán un call center para recibir denuncias por incrementos de precios.

Si hay algo que ha destruido la economía Argentina, sumergiéndola en una larga decadencia, es el discurso por el cual la economía es un juego de suma cero en el cual si uno gana es porque el otro pierde.

En 83 años de existencia del BCRA se destruyeron 5 signos monetarios, tuvimos una inflación promedio anual del 52% y ante semejante destrozo monetario, fruto de los permanentes desequilibrios fiscales, siempre se apela al mismo discurso de los grupos concentrados, los abusos en las remarcaciones y frases por el estilo.

El rol de todo gobierno, generalmente olvidado

Como veremos enseguida, es un grosero error económico hablar aumentos abusivos de precios, pero antes es importante resaltar que la función de un gobierno es contribuir a la paz social y no generar enfrentamientos entre los diferentes sectores de la sociedad.

Es más, un gobierno no debe desinformar o des-educar a la población inventando enemigos imaginarios para no mostrar la realidad. Lo que corresponde es que diga que la causa de los aumentos de precios está en la emisión monetaria que lleva a cabo el BCRA para financiar el déficit fiscal y que ese déficit existe porque la recaudación no alcanza para cubrir el gasto público.

Y que el gasto público es alto porque el Estado está sobredimensionado en personal, se mantiene sin límites de tiempo a gente que vive de los llamados planes “sociales” y un sistema jubilatorio que está colapsado por la irresponsabilidad del gobierno anterior de haber incluido 3,5 millones de personas sin que hubiesen realizados aportes a lo largo de su vida.

Abusos de gasto público y de impuestos

Insisto, lo que hay que meterse en la cabeza, es que los países comienzan cambios profundos modificando los valores que imperan en la sociedad que son los que van a definir las instituciones que regirán la vida de los habitantes, es decir las reglas de juego sobre las que se construirá el progreso económico. Si no cambiamos el discurso de confrontación que nos viene destruyendo hace 70 años, no veo posible terminar con la decadencia e iniciar un proceso de crecimiento de largo plazo.

Yendo a las declaraciones del ministro de Producción Dante Sica sobre los abusos en los precios, primero habría que definir qué es aumentar abusivamente los precios. ¿Cuál es el parámetro que utilizan para definir si algo es abusivo o no? Es más, antes de hablar de abuso en la suba de precios, habría que hablar de los abusivos impuestos que el Estado aplica a los contribuyentes.

Y también habría que hablar de la abusiva expansión monetaria que lleva a cabo el BCRA. De acuerdo al último informe monetario diario al momento de redactar estas líneas, se observa que la base monetaria creció el 32,9% anual y los agregados monetarios el 35%, me refiero a M1, M2, etc. ¿Aumentos de precios abusivos o expansión monetaria desenfrenada?

Hablar de abuso en los aumentos de precios cuando lo que ocurre es que se abusa de la maquinita de imprimir billetes y la moneda se deprecia, es tener un mal diagnóstico del problema económico o bien desinformar a la población llevándolo a un enfrentamiento estéril.

El rol del mercado en una economía sana

Si alguien aumenta los precios, pero hay disciplina monetaria, lo que ocurrirá es que bajará la cantidad de unidades vendidas. Tendrá menos ventas al no convalidarse los aumentos de precios con expansión monetaria.

Además, con la inestabilidad económica que tenemos en la Argentina, la ausencia de moneda y la inseguridad jurídica, ¿quién puede establecer cuál es la tasa de rentabilidad que hay que pedirle a una inversión que se hunde en el país? ¿O me van a decir que el riesgo de hundir una inversión en la Argentina es igual que hacerlo en Holanda, Australia o Irlanda?

Por otro lado, no son los costos de producción los que determinan los precios, sino que son los precios que la gente está dispuesta a pagar por cada producto, los que determinan los costos de producción en que puede incurrir una empresa. Simple teoría subjetiva del valor que es la que regula las decisiones de realizar intercambios. Solo compro un producto si lo valoro más que los pesos que entrego. Si le doy menos valor, no hago el intercambio, y si le otorgo el mismo valor, tampoco porque estoy en un punto de indiferencia.

El famoso “remarcan por las dudas”, no es otra cosa que una forma que tiene el productor para defender su capital de trabajo. El productor (sea comerciante o fabricante) sabe que luego de vender tiene que reponer insumos o la mercadería que vendió. Como desconoce cuál será el costo de reposición dada la depreciación de la moneda producida por el BCRA, cuando tenga que volver a comprar mercaderías o insumos corre el riesgo de que los pesos recibidos no le alcancen para pagarlos y se termine consumiendo su capital de trabajo.

El consumidor compara bien los precios antes de comprar (NA)

El consumidor compara bien los precios antes de comprar (NA)

Unidad de cuenta y reserva de valor

El otro argumento es que las empresas remarcan productos que no tienen insumos importados. En primer lugar es una simple afirmación sin comprobación empírica. ¿Qué datos o serie histórica hay que demuestren tal comportamiento? Y, en todo caso, si así ocurriera la explicación sería que la gente adoptó el dólar como moneda. ¿O alguien va a negar que el argentino usa el dólar como su verdadera moneda?

Afirmar que se van a aplicar sanciones a quienes “abusen” con los aumentos de precios implica generar incertidumbre jurídica. Cómo decía antes, ¿cuál va a ser la vara para mediar el “abuso”? Por otro lado, no es el Poder Ejecutivo el que declara culpable e inocente a una empresa, sino el Poder Judicial. Al menos así funciona una República. El Ejecutivo no puede ser juez y parte. Y, ¿cuál sería la ley que se estaría violando para decir que hay aumentos abusivos? ¿En qué lugar de dicha ley dice cuándo un aumento es abusivo?

Más que estar controlando supuestos abusos de aumentos de precios, mecanismo que fue adoptado a la largo de 4.000 años en la historia de la humanidad (Robert L. Schusttinger – Eamonn F. Butler), con sus reiterados fracasos para frenar la inflación, y nuestra última y patética versión fue aplicada por Guillermo Moreno, el nefasto secretario de comercio de la era kirchnerista,me parece que lo mejor que puede hacer el Gobierno en bien de los consumidores, es equilibrar sus cuentas, bajando el gasto público, teniendo disciplina monetaria, reestructurando el Estado y aplicando un sistema tributario pagable por el contribuyente.

Si logra esos objetivos, conseguirá evitar que se deprecie la moneda, la economía gane en competitividad y los salarios reales crezcan por esa mayor productividad de la economía.

Las amenazas dejémoslas para la antigua forma de hacer política económica, tratando de controlar los precios a los palazos. Es un sistema muy primitivo que ha dado acabadas muestras de no funcionar.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

“La inflación ya es el ajuste”

Por Belén Marty: Publicado el 14/2/16 en: http://cadenaba.com.ar/nota.php?Id=35366

 

Ayer fui a cenar a una parrilla porteña con mi prima de Suiza (hija de un argentino y una peruana) y cuando estábamos por terminar de comer se nos acerca el dueño para preguntarnos si estaba todo bien. Mi prima lo felicita por el lugar y por el ambiente (muy agradable por cierto) y le pregunta: “¿desde qué empezaste con el negocio, has tenido que aumentar los precios?”.

Y claro. Es muy difícil para un suizo entender de inflación cuando una gaseosa cuesta 1 franco suizo desde tiempos inmemoriales. A un ritmo de inflación de entre 3 y 4% mensual como la que estamos viviendo ahora la correcta pregunta hubiera sido: “¿has tenido que aumentar los precios este mes también?“.

Cuando Cristina Kirchner aseguró en Harvard que si el país hubiese estado teniendo una inflación del 25% anual, Argentina “estallaría por los aires”. Imagínense ustedes lo que estamos viviendo cuando las estimaciones más optimistas sostienen que este 2016 la inflación rondará el 29%.

¿Pero cómo hacen para vivir así?“, pregunta mi prima. Y yo me río. E improvisé una clase de economía de países populistas casi sin pestañar. Le muestro un billete de $100 y le digo que hoy el billete de más denominación vale algo así como unos 5 euros.

El aumento generalizado de precios (consecuencia de la inflación) se da por una creciente desvalorización del peso. No es que las cosas cuesten más todos los meses, sino que el precio del peso bajó. Nadie lo quiere. No lo atesoramos sino que buscamos deshacernos de él con la compra de bienes y servicios.

El Banco Central imprime billetes idénticos a los que ya están en circulación y que tienen exactamente el mismo poder de compra para financiar un 8% de déficit fiscal. El problema es que los nuevos billetes son físicamente iguales a los que ya están circulando entonces la gente no puede discriminarlos y los termina aceptando. Y como sucede siempre, a demanda estable, si aumenta el número de un bien (en este caso el peso), baja su precio. No hay que tener un doctorado en economía para entenderlo.

Además, como siempre, los que reciben estos nuevos billetes son los que están más cerca del poder (sindicatos, empresas contratistas) y pueden comprar productos o servicios antes de que aumenten de precios. Es un dinero que no recibieron de manera honesta ni de ahorros sino que cayó del cielo (o de la máquina de imprimir billetes).

El economista liberal Javier Milei lo explicó en su ultimo artículo en el cual citó a Milton Friedman: “Puede que los empresarios sean voraces, los sindicatos ambiciosos, los consumidores despilfarradores, los jeques árabes hagan subir el precio del petróleo y las condiciones meteorológicas a menudo sean malas. Todo esto puede conducir a aumentos de precios de bienes individuales, pero no puede llevar a un incremento general de los precios de los productos. Pueden provocar una suba temporal de la tasa de inflación, pero no pueden ser la causa de una inflación continua por una razón muy simple: ninguno de estos aparentes culpables posee la máquina de imprimir estos trozos de papel que llevamos en nuestros bolsillos”.

Por tanto, los dueños de restaurantes (por ejemplo) o el resto de los comerciantes tiene que enfrentar todos los meses la gran pregunta: ¿subo los precios? Y si los subo, ¿a cuánto? Antes, cuando el precio de los productos los ponía Guillermo Moreno o Augusto Costa, las excusas de los comerciantes eran válidas y como tenían las manos atadas, justificaban el desabastecimiento, la mala calidad de los productos, la reducción de los tamaños, en las arbitrarias decisiones de la política pública nacional. Pero ahora, que tienen libertad deberán decidir qué día del mes aumentan los precios y cuánto.

El dueño del restauran le aseguró a mi prima que sabe que si su proveedor de confianza con el que trabaja hace 15 años aumenta los precios de la carne es “porque no le queda otra”.

Una de las consecuencias de la inflación es la destrucción de los precios relativos. Como nadie sabe cuánto cuestan realmente las cosas, nadie sabe si lo que está pagando por cierto bien o servicio es caro o es barato. Ciertos bienes aumentan antes de precio, los comerciantes no pueden saber ni especular el comprotamiento real de la demanda. Ir a comer a un restorán de servilletas de tela termina costando lo mismo que comer en un bodegón de barrio.

La inflación le complica la vida a la gente. En primer lugar, le licúa el sueldo a todos los trabajadores (en especial a aquellos más alejados del poder politico que reciben más tarde los pesos falsificados por la máquina de imprimir), modifica los comportamientos de la gente (¿a dónde fueron a parar todas las monedas?), desestabiliza la estructura de precios interviniendo el mercado y embarrando la cancha, e impide u obstaculiza los planes a largo plazo (¿quién va a invertir en un contexto tan incierto?).

Mi prima se escandalizó. “Esto no es normal”, me dijo seriamente. “Ustedes estan todos locos”. Mientras Macri decidió tomar un plan gradualista para evitar el ajuste y evitar asi terminar con la inflacion este año, mi prima me mira y me dice “pero si la inflación ya es el ajuste”. Y entendió todo.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

Entre la ficción y el terror:

Por Gabriela Pousa: Publicado el 10/9/14 en: http://www.perspectivaspoliticas.info/entre-la-ficcion-y-el-terror/

 

Aunque parezca mentira, Página 12 me ayudó esta mañana a encontrar la síntesis exacta de lo que viene. Y es que en la segunda parte de una entrevista realizada a Julian Assange, este sostiene que “para que una autoridad controle no hace falta que haga nada, sólo hace falta que genere una sensación de miedo, porque las personas toman decisiones basadas en sus percepciones antes que en la realidad”

Nadie puede negar que la Presidente juega, en estos días, con herramientas clave que infunden temor y preocupación no sólo en sectores productivos sino en la sociedad en su conjunto. La ley de Abastecimiento, la metodología de cierta parte de la Gendarmería, las exhortaciones hacia lo que puede pasar cuando el año termina, etc., no son sino un modo de dominar a través de la génesis de miedo.

Basta observar el ridículo operativo que se efectuó la semana pasada en la calle Florida para “encanutar” cuevas y arbolitos, para adivinar de qué trata la nueva película oficial. Ya no es simple ficción, hemos pasado al género del terror. Guillermo Moreno fue reemplazado por gendarmes que buscan sin encontrar un ápice. ¿O alguien avisó previamente?

Lo cierto es que este escenario de espanto paraliza. El miedo ha mantenido paralizada a la ciudadanía durante diez años y a Cristina le ha dado resultados. Cegada a ver consecuencias de sus actos, la mandataria cree que paralizando posibles reacciones sociales, puede continuar controlando todo. Pero todo está ya fuera de control: el dólar, el gasto público, los fondos buitre, las reservas, la inflación, el default, el déficit fiscal y hasta el vicepresidente de la Nación. En cualquier momento, Cristina se aviva y lo culpa de haberse robado los fondos de Santa Cruz. Estos socios así son…

Lo cierto es que la única motivación de la dirigencia es demostrar que tiene el control. La jefe de Estado no analiza ninguna solución a las demandas perentorias de la gente, por el contrario cada aparición suya aumenta la distancia entre sociedad y dirigencia.. La brecha nunca fue tan grande. Cada uno vive en su propia Argentina, tan disímiles ambas que compararlas es como si se comparase a Canadá con Zambia.

El argentino promedio no especula con el dólar, ni le importa si Kicillof tiene más poder que el titular del Banco Central, si hay autos en las concesionarias o si Randazzo anuncia un pasaporte capaz de ser tramitado por internet. Tampoco se desvela analizando si la policía que lo cuida o debería cuidarlo es federal o metropolitana.Salgamos del microclima porque de lo contrario la percepción de lo que ocurre distará considerablemente de la realidad así como el relato oficial dista de ella.

La confusión la provoca también Cristina cuando, en sus cadenas televisivas, insiste en decir que es la Presidente de los 40 millones de argentinos y argentinas. No es verdad. Puede serlo en teoría pero en la practica, la jefe de Estado sólo le habla a un puñado ínfimo de coterráneos.

Imaginen el interés de Salustriana en el impuesto a Netflix comentado recientemente por la mandataria. Imaginen a los habitantes del interior de Formosa escuchando la conveniencia de pagar holdouts de este lado de la frontera o mismo oír al ministro de Economía explicando la cuadratura del círculo. Es inútil, hay una Argentina que no puede ni quiere descifrar el enigma de unas oratorias tan absurdas como mezquinas.

Aquellos que cuentan el peso para llegar a fin de mes quieren saber cuándo le ofrecerán una mejor calidad de vida o cuándo, al menos, le facilitarán las herramientas para hacerlo. A aquel que viaja a las 6 de la mañana en el Sarmiento no le interesa cómo la Presidente anuncia trenes chinos, quiere verlos y comprobar si realmente se viaja más seguro y digno.

La vecina del conurbano bonaerense no busca que le saquen la estatua de Cristóbal Colón porque a la señora le gusta más la de Juana Azurduy. Busca sí, salir a la calle tranquila y no despedirse de la familia porque uno sabe que sale pero no si vuelve en Argentina.

Recuerdo la sentencia de Albert Camus: “A un país sé lo conoce por cómo muere su gente“. Y acá se están muriendo adolescentes por balas perdidas mientras están en el recreo de la escuela o en sus casas parados en la puerta. Y son apenas dos ejemplos de cientos. Pero de la inseguridad no habla Fernandez de Kirchner ni nadie del gobierno.

Pretender que se crea que una garita en la puerta de un colegio menguará el delito es como si un médico pretendiese que un enfermo de cáncer crea que va a sanarse con un par de aspirinas por día . Seguimos pues con la política furtiva de parches. El único objetivo del kirchnerismo es hallar culpables y erigirlos enemigos para luego presentarlos como responsables del caos que ellos mismos provocaron.

En algunos casos, la estrategia les da resultados pero son resultados tan efímeros como los parches disfrazados de políticas de Estado. Estamos viviendo en un eterno status quo donde nada cambia en lo que al gobierno respecta. A esta altura, esa actitud autista del oficialismo no asombra pero si sigue asombrando la aceptación pasiva de la ciudadanía.

Qué “Relatos Salvajes” sea sólo una película es verdaderamente una casualidad en Argentina. La gente soporta pero la calle es ya una estación de servicios donde se expende nafta. Si el gobierno sigue jugando con fuego sabemos lo que nos depara. Tendrá que cambiar la gente para salir de este tren fantasma porque quien lo conduce no está dispuesta a modificar nada.

 

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

Axel Kicillof intentará ser el “Keynes argentino”

Por Adrián Ravier. Publicado el 20/11/13 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/11/20/axel-kicillof-intentara-ser-el-keynes-argentino/

La derrota en las elecciones legislativas, las diferencias surgidas en el equipo económico, el debilitamiento del oficialismo de cara a las elecciones de 2015 y una serie de problemas en el frente monetario y cambiario presionaron al gobierno para abrir una etapa de renovación dentro del gabinete nacional. Lo que se pretende con ello es atacar tanto los problemas en el frente político como aquellos del frente económico. En el primer caso, se intentará homogeneizar el discurso, fortalecer el modelo, recuperar credibilidad en el electorado y dar algunas señales positivas de cara a las elecciones de 2015; en el segundo caso, controlar la inflación, limitar la pérdida de reservas y menguar las presiones sobre el tipo de cambio.

Nótese que no mencioné que vayan a atacar el desequilibrio fiscal, ya que esto implicaría un “ajuste“, un cambio de modelo, que no creo que esté en la agenda del gobierno.

La reaparición de la Presidente tras su licencia por enfermedad vino acompañada precisamente de un anuncio que coloca a Jorge Capitanich como jefe de Gabinete y a Axel Kicillof como nuevo ministro de Economía. Será Capitanich el encargado de trabajar el frente político, buscando consensos y trabajando en construir una unidad de cara al futuro; mientras que Kicillof –y más aún con la reciente renuncia de Guillermo Moreno– deberá presentar propuestas concretas para paliar los problemas del frente económico, o concretamente en el frente monetario y cambiario.

Un fracaso de este último en alcanzar sus objetivos incrementará la sangría de reservas e intendentes, poniendo piedras en el camino del oficialismo en continuar el modelo en 2015, cualquiera sea el candidato elegido para la sucesión; pero al mismo tiempo, dos años más de inflación y pérdida de reservas limitarán las alternativas de política económica que el gobierno que suceda a Cristina Fernández de Kirchner desee implementar a partir de 2015. Resumiendo, si Kicillof fracasa, quizás ya sea tarde para evitar una nueva crisis económica con un plan alternativo posterior.

En otro artículo en este diario resumí mis breves contactos con el joven Kicillof, cuando era un académico, profesor e investigador de la Universidad Nacional de Buenos Aires. En aquellos tiempos Kicillof estudió en profundidad a los autores clásicos, en especial a Karl Marx, y más tarde, se doctoró en economía con un profundo estudio de losFundamentos de la teoría general de John Maynard Keynes. El pensamiento de Kicillof se encuentra entonces entre Marx y Keynes, con un debate interno que no le debe ser fácil de resolver. Piensa en los términos que aprendió de Marx -aspecto que se nota cuando habla-, pero modera su discurso a través de Keynes, a quien conoce de memoria. El socialismo para él sería deseable, aunque entiende que una transición a ese sistema es inviable en el mundo moderno. El advenimiento del socialismo será quizás una etapa más avanzada del capitalismo, pero no es algo que a él le preocupe acelerar desde su nuevo cargo. De ahí que pienso que su acercamiento a Keynes explicará mejor sus propuestas de política económica.

Como buen historiador de las doctrinas económicas, Kicillof sabe que el pensamiento de un autor debe estudiarse bajo el contexto histórico en el cual vivió. Y es curioso que el contexto en el que Keynes construyó su pensamiento revolucionario sea tan similar al que hoy caracteriza a la economía mundial. En una entrevista desarrollada hace algunos meses, Kicillof explicaba que aquella gran depresión de los años 1930, junto con la crisis global actual, son las dos peores crisis de “la etapa capitalista”. Esto llevaba a Kicillof a rechazar la idea generalizada que tenemos otros economistas de que la Argentina se ha beneficiado en los últimos diez años de un contexto internacional favorable. Para Kicillof, sin embargo, no hubo, ni habrá vientos a favor, sino vientos en contra, que hundirían a la economía argentina, si no fuera por las exitosas políticas proteccionistas que se vienen aplicando. Lo cierto es que lo dicho por Kicillof ha sido engañoso, y si bien el mundo desarrollado muestra turbulencias, él sabe que es precisamente ese contexto el que empuja a la Reserva Federal americana y al Banco Central Europeo a inyectar liquidez y elevar el precio de los commodities -como el petróleo, el trigo y la soja-, lo que claramente beneficia a la región, y también a nuestro país.

Kicillof, sin embargo, comparte con Robert Skidelsky -uno de los máximos biógrafos de John Maynard Keynes- que éste es el momento del “retorno del maestro”. Justifica con ello una serie de medidas que corrijan el capitalismo, que lo regulen, ya que sin estas medidas, el mercado sólo puede conducirnos a sucesivas crisis capitalistas.

En su tesis doctoral muestra precisamente cómo la política anticíclica keynesiana debe enfrentar una situación como la de Estados Unidos, la Unión Europea, y aun la propia de Argentina, impulsando la demanda agregada con políticas monetarias y fiscales expansivas. Esto es, más gasto público –sin importar que sea deficitario- y más expansión del crédito con tasas de interés bajas e incluso negativas -en términos reales-, lo que impulsaría simultáneamente el consumo y la inversión. El mayor error que me imagino cometerá Kicillof, sin embargo, esdesatender el desequilibrio fiscal, fuente de todos los problemas argentinos de las últimas décadas, y fuente del problema real que tiene hoy la Argentina al explicar las causas de la inflación.

Imagino entonces que Kicillof tomará medidas que potencien el rol del Estado con un papel más activo que el que ya tenía, con más planes sociales redistributivos, y posiblemente -esperemos me equivoque- con nuevas expropiaciones que financien esos proyectos. Recordemos que en varias oportunidades Kicillof exclamó su deseo de “revertir el noventismo”, lo que abre una incógnita acerca de nuevas estatizaciones y un más amplio control del Estado.

Si algo tenían en común Marx y Keynes era su desconfianza en el mercado y el desprecio por la función empresarial. Kicillof dejaba ver en cada clase -y hoy se repite en sus discursos y entrevistas- ese odio a los dueños del capital. Mira con recelo los beneficios contables que las empresas logran acumular, porque no puede dejar de ver en ellas a la indebida apropiación de plusvalía por parte del capitalista, entendida como la expresión monetaria del valor que el trabajador asalariado crea por encima del salario que recibe. Esa injusticia social justifica -en su visión- la “acción” del gobierno expropiando o tomando medidas para limitar lo que para él es básicamente un robo.

Kicillof entiende el comercio como un juego de suma cero, donde lo que unos (los empresarios) ganan, es lo que otros (los asalariados o consumidores) pierden, lo que hace que tenga una enorme satisfacción en tomar medidas que reduzcan estos beneficios empresariales. Quizás no seguirá los modos de Moreno, abiertamente criticados por toda la sociedad, pero no me sorprendería que defina estrategias de inversión, o que prohíba el envío de utilidades de empresas extranjeras a sus casas matrices. Tampoco espero que permita las importaciones libres de insumos y bienes de consumo. Su discurso en el marco de la expropiación de Repsol-YPF precisamente iba en ese sentido. Él decía comprender la lógica capitalista de que una empresa tome las ganancias y las invierta donde mejores negocios encuentre, pero esto afectaba los intereses de la nación, y hubo que intervenir. Más bien, señaló que primero se le pidió a la empresa amablemente que cambie su operatoria. Luego se insistió en que reinviertan el capital en el país. Finalmente, ya hubo que actuar con la expropiación. Kicillof entiende entonces que el capital es de la Argentina y que debe responder a los intereses de la Argentina. El problema con Repsol-YPF, por un lado, fue que las propias regulaciones a la empresa le redujeron el margen de ganancia y eso implicó reducir las inversiones y reinvertir en el exterior. El problema con Kicillof, por el otro lado, es que tiene la “fatal arrogancia” de creer que él sabe definir concretamente cuáles son esos intereses colectivos, mucho mejor que los millones de planificadores empresarios que tenemos en el país. En pocas palabras, para Kicillof los fines colectivos están por encima de los fines individuales, y si hay que sacrificar a una serie de empresas o a un grupo de empresarios para ayudar al sostenimiento del modelo, no le temblará el pulso en hacerlo.

Lo mismo se puede decir del tan mencionado desdoblamiento cambiario. Si debe encarecerse el turismo argentino en el exterior, no habrá problemas en hacerlo. Después de todo, que las divisas queden en el país respaldando el dinero local es una función social que está por encima de la libertad individual.

En los papeles Kicillof no puede más que profundizar el modelo. Sin embargo, hay que advertir que si bien cuenta con el respaldo de la Presidente para ejecutar políticas, el oficialismo hoy se encuentra debilitado. Recordemos que en la primera jornada post-nombramiento, el mercado respondió muy mal, con una fuerte baja en la Bolsa porteña. El oficialismo ha perdido mayoría en el Congreso y la sociedad está expectante de no sufrir una nueva crisis como aquella de 2001.

Kicillof será muy claro en sus próximos discursos, y empezará a delinear la política económica del gobierno para los próximos dos años. Pero la claridad que posee Kicillof al explicar sus ideas no evitará las consecuencias indeseadas de ellas.

Mi impresión es que la Presidente ha cometido quizás su mayor error en su “encandilamiento” con Kicillof. La expropiación a Repsol fue un error, pero la implementación de este proceso fue aun más grave que la propia expropiación. Hoy la Argentina aún debe resolver la disputa con la empresa, pero además debe gastar millones de dólares en la importación de gas y combustible que en otro contexto podía producirse en el país.

Cristina Fernández de Kirchner decidió desatender las expectativas del electorado y profundizar un modelo agotado. Todo lo dicho me lleva a confirmar lo mencionado al cierre de la nota anterior. Conjeturo que el desenlace de este modelo no será muy diferente del tan criticado noventismo.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

La justicia debe ponerse de pie

Por Enrique Edmundo Aguilar. Publicado el 15/5/13 en: http://www.elimparcial.es//la-justicia-debe-ponerse-de-pie-122948.html

 Después de dos largos y difíciles años, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal revocó la cuantiosa multa que el Secretario de Comercio, Guillermo Moreno, quizá el exponente más acabado de la arbitrariedad que caracteriza al gobierno de Cristina Kirchner, impusiera a una docena de consultoras privadas que difundieron sus respectivas estimaciones de inflación no coincidentes, por cierto, con los mentirosos guarismos oficiales.

Al imponer las citadas multas, con un fin intimidatorio y conculcando libertades y derechos básicos, Moreno se había amparado paradójicamente en el artículo 9 de la ley de lealtad comercial que prohíbe “la realización de cualquier clase de presentación, de publicidad o propaganda que mediante inexactitudes u ocultamientos puedan inducir error, engaño o confusión respecto de las características o propiedades, naturaleza, origen, calidad, pureza, mezcla, cantidad, uso, precio, condiciones de comercialización o técnicas de producción de bienes muebles, inmuebles o servicios”.

La decisión de la Cámara debe verse como un hecho auspicioso, sobre todo en momentos en que está en juego la independencia del poder judicial y la continuidad de nuestra forma republicana de gobierno consagrada en el artículo 1 de la Constitución Nacional. Sería deseable, por consiguiente, que el ejemplo cundiera y que así como esta Cámara, que se sabía cercana al gobierno, se animó a poner un límite otras tantos jueces hicieran lo propio en respuesta a la lluvia de amparos que se interpondrán no bien se promulgue la ley de reforma del Consejo de la Magistratura sancionada la semana pasada que, como hemos señalado en estas columnas, significa una verdadero tiro de gracia para lo que aun queda de seguridad jurídica en el país.

Minutos antes de escribir estas líneas había citado a un estudiante un párrafo de El Espíritu de las leyes donde Montesquieu afirma que, unido al poder legislativo, “el poder sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario”, y que, unido al ejecutivo, “el juez podría tener la fuerza de un opresor”. Una mención oportuna en un contexto de enorme preocupación para la Argentina precisamente por la mezcla de desmesura, atropello y corrupción estructural que venimos padeciendo y que, con el transcurso de los días, no parece sino agravarse.

 Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.