La violencia solo se soluciona con más paz

Por Alejandro Tagliavini. Publicado en: https://alejandrotagliavini.com/2019/03/20/la-violencia-solo-se-soluciona-con-mas-paz/

 

Por tomar un ejemplo, cito a Jorge Galindo que escribió que “si el Estado no tiene el monopolio de la violencia, alguien lo tendrá…”, y sería el caos. Quizás, pero no olvidemos que la violencia induce, por el principio de acción y reacción, más violencia.

O, como decía el filósofo Franz Oppenheimer, “El Estado… es una institución forzada por un grupo victorioso sobre un grupo derrotado, con el propósito de regular… la explotación económica de los vencidos”.

Es decir, sea o no inevitable el Estado -el monopolio de la violencia- debemos tener claro que la paz se conseguirá en la medida en que disminuyamos la violencia y no -incoherentemente- aumentándola, reprimiendo más.

Los países con menos libertad -ver el índice que elabora The Heritage Foundation-, los más reprimidos por los Estados, son los más violentos. Países como Japón o Suiza, que gozan de mayor libertad, tienen bajos índices de delitos.

Por el contrario, Latinoamérica -donde los países tienen poca libertad- es la región con mayores índices de violencia urbana. Según el Consejo Ciudadano para la Seguridad y la Justicia Penal de México en 2018 solo tres ciudades sudafricanas, cuatro estadounidenses y la capital de Jamaica entran en el top dominado por Venezuela (6), Brasil (14), y, sobre todo, México (15) donde están cinco de las seis primeras.

De modo que no es con “la consolidación estatal, que permitiría reducir la violencia urbana… a volúmenes manejables” como dice Galindo sino al revés, que el Estado deje en libertad a sus ciudadanos.

“Las economías ilegales en general, y el narcotráfico en particular, constituyen el principal motor” de los delitos, continúa Galindo. Precisamente, por ello Portugal es uno de los países que ha conseguido bajar rápida y sustancialmente el nivel del crimen, porque legalizó las drogas -aunque sean muy dañinas- desarmando estas “economías ilegales”.

Por cierto, la guerra contra las drogas, como toda violencia, suele utilizarse arbitrariamente. Por caso, el presidente Duterte decidió que Filipnas abandone la Corte Penal Internacional porque no quiere que investigue su lucha contra el narco que avanza a un ritmo de mil muertos al mes.

El Estado tiene que disminuir toda imposición coactiva incluyendo leyes laborales, como la de salario mínimo que provoca desocupación ya que los empresarios no pueden contratar a los que ganarían menos. Y debe bajar impuestos, porque son la principal fuente de pobreza ya que los ricos los derivan subiendo precios o bajando salarios. Y los desocupados y pobres son caldo de cultivo para el delito.

Pero, además, en estas leyes coactivas nace la corrupción ya que los prohibidos de ciertas acciones se sienten inclinados a sobornar a los funcionarios que deciden la aplicación de las normas.

México batió sus propios récords de homicidios en 2017 y 2018, superando a Brasil y Colombia. “Hay dos grandes factores”, dice Santiago Rodríguez. La guerra contra las drogas y la búsqueda de nuevos mercados ilegales, como el robo de combustible de la corrupta empresa estatal Pemex que tiene el monopolio garantizado por la coacción estatal que prohíbe competencia.

Además, los Gobiernos deben evitar los malos ejemplos. El príncipe heredero de Arabia Saudita es recibido con “honores” por muchos mandatarios cuando según la CIA es el instigador del homicidio de Khashoggi.

 

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

¿Queremos realmente vencer al terrorismo?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 15/1/17 en: http://www.panamaamerica.com.pa/opinion/queremos-realmente-vencer-al-terrorismo-1056419

 

Y finalmente, Occidente debe dejar de apoyar a la tiranía saudí, sin dudas el mayor promotor global del fanatismo islámico, a la vez que desoír la islamofobia original de Trump -y de sus principales asesores, como el general Flynn-, que identificó al islam con el terrorismo y anunció el cierre de las fronteras, aunque después se moderó.

Parece tonta la pregunta, pero no lo es. Ciertamente, los fabricantes y traficantes de armas se benefician enormemente con los conflictos armados y, entonces, los alientan. Sé que enojo a mis amigos de derecha, pero lo cierto es que, por lugares como el Pentágono, se pasean “importantes señores” azuzando a los “halcones” para que aumenten el uso y el gasto en armas… y, generalmente, no son negocios limpios. No llama la atención, pues, que las armas de los mismos fabricantes aparezcan en bandos opuestos, como la guerra en Siria, donde la confusión es tan grande que nadie sabe si Occidente apoya o ataca a su presidente. El sitio de Alepo lleva dos años y medio y más de 250 mil sirios han sido víctimas de las milicias afines al régimen de Al Asad como los milicianos chiíes iraquíes, los partisanos del Hizbulá libanés, los comandos iraníes y la aviación rusa que luchan contra los yihadistas.

El asesinato del embajador ruso en Turquía no fue obstáculo para que ministros de Rusia, Irán y Turquía -países que apoyan a distintos bandos- se reunieran en Moscú “en busca de una salida diplomática a la guerra siria”, o sea, que se repartirán el botín entre ellos.

Pero dejemos estos crudos intereses y veamos si realmente cada uno de nosotros quiere terminar con el terrorismo que no es un hecho aislado, porque nada está aislado en el mundo, sino que todos los seres humanos nos interrelacionamos de modo que somos responsables, aunque sea de modo muy indirecto y aunque nuestra responsabilidad sea infinitésima.

En primer lugar, el terrorismo no busca el triunfo militar frontal sino, precisamente, infundir temor y, entonces, reinar. De modo que lo primero que debemos hacer es no temerles y no responderles con violencia. Así tiene razón la canciller Ángela Merkel, que pidió, tras el atentado en el mercadillo navideño de Berlín, que el miedo no paralice a los alemanes.

Recordemos que, en 2011, en Oslo, un individuo disfrazado de policía primero puso una bomba y luego fue hasta un campamento juvenil del Partido Laborista y abrió fuego a mansalva matando alrededor de 70 personas. El primer ministro reaccionó diciendo que esperaba que su país fuera aún más abierto y tolerante, demostrando que no tienen miedo, ya que es la violencia la que no es legítima. Desde entonces, Noruega, donde los escasos agentes de policía no portan armas, no ha sufrido ningún incidente.

En segundo lugar, tenemos que dejar de crear las condiciones. La marginalidad -alimentada por la guerra contra las drogas iniciada por EE.UU.-, la desocupación instalada por los gobiernos con leyes como el salario mínimo -que impide que trabajen los que ganarían menos- y la pobreza creada a partir de impuestos expoliadores son excelente caldo de cultivo para formar terroristas.

Y finalmente, Occidente debe dejar de apoyar a la tiranía saudí, sin dudas el mayor promotor global del fanatismo islámico, a la vez que desoír la islamofobia original de Trump -y de sus principales asesores, como el general Flynn-, que identificó al islam con el terrorismo y anunció el cierre de las fronteras, aunque después se moderó.

Al terrorismo solo se lo vence con libertad y paz; las armas, que son siempre opresoras y liberticidas, lo potenciarán. Por tanto, es una exigencia humana el terminar con todas las guerras, incluida la guerra “contra el terrorismo” e incluida también la muy atroz guerra “contra las drogas”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Aquí está el 2017

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 7/1/17 en: http://www.mil21.es/noticia/561/opinion/aqui-esta-el-2017.HTML

 

La geopolítica global promete cambiar este año. El Papa tuvo cierta sintonía con Barack Obama, Angela Merkel y Xi Jinping. Entretanto, agazapado en el Kremlin, Vladimir Putin esperaba ansioso el triunfo de Donald Trump. Con este telón de fondo, EE.UU. y Cuba reanudaron relaciones, Colombia inició un acuerdo de paz con los guerrilleros e Irán congeló su programa nuclear.

Pero ahora Trump con Putin prometen ir por un camino distinto. En general, los ciudadanos occidentales han cedido espacios de libertad atemorizados -por los propios políticos- ante la avanzada de los fundamentalistas, lo que Obama minimizó y el tándem Trump-Putin parece querer alentar, promoviendo la violencia global. Lo lograrán, quizás, en el corto plazo, pero es inevitable que tarde o temprano la violencia decrezca sencillamente porque es destructiva.

 

Por cierto, Merkel,que va camino de convertirse en la líder de las libertades individuales a nivel global, intentará obtener su cuarto mandato y Jinping tratará de atenuar los ataques nacionalistas provenientes dela Casa Blanca. A Putin ya lo conocemos, intentará aliarse con Trump, con la intención de recortar la influencia de China y minimizar a la Unión Europea.

El Papa, seguirá influyendo en millones de personas porque su prestigio global sigue fuerte, según Forbes es la quinta persona más influyente del globo. “Es tiempo de que las armas callen definitivamente…” dijo durante la tradicional bendición ‘Urbi et Orbi’.

A ver: no se trata de evitar la violencia por razones ideológicas, no es de derecha o izquierda, tampoco una cuestión de valentía o cobardía. Por cierto, los cobardes son los violentos ya que es fácil apretar un gatillo frente a quién nos asusta antes que permanecer calmos y conducirse pacíficamente. Se trata de que la violencia, al ser contraria al orden natural -como ya la definían los filósofos griegos-jamás hará otra cosa que destruir, agravando los problemas.

En Reino Unido, Irlanda, Islandia, Noruega y Nueva Zelanda, y un puñado de naciones del Pacífico, los oficiales patrullan desarmados.Y los homicidios por armas de fuego no se multiplican, según encuestas citadas por la BBC.Ylos agentes están de acuerdo.Una encuesta de la Federación de Policía de Reino Unido concluyó que el 82% no deseaba estar armado, aunque la mitad reconoció haber estado “en grave peligro” en los últimos tres años.

Noruega es el cuarto país europeo cuyos policías no llevan armas a cuestas. En Nueva Zelanda, hubo un fuerte debate cuando dos agentes fueron asesinados. “La experiencia demuestra que hacer las armas de fuego más accesibles aumenta riesgos difíciles de controlar”, dijo el jefe de policía y así los agentes ordinarios neozelandeses siguen sin estar armados. “La protección que ofrece un arma de fuego… es más ilusoria que real” y en cambio distrae y es peligrosa, continuó el jefe.

En cambio, según el Uniform Crime Report del FBI, en 2013 la policía de EE.UU. cometió 461 “homicidios justificables” y la de Reino Unido ninguno. Pero, además, armar a la policía tiene un alto costo económico solventado con impuestos, creando más pobreza y desocupación, buen caldo de cultivo para el delito. Por cierto, hablando de caldo de cultivo, hay que terminar con la “guerra contra las drogas”, principal creador moderno de delitos. Es que reprimir las drogas -policialmente, violentamente- solo empeora las cosas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Francisco y el aborto

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 9/9/15 en: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/francisco-y-el-aborto/16356943

 

Al cierre del Sínodo Extraordinario de la Familia, el Papa afirmó que “esta es la Iglesia que no tiene miedo de comer y beber con las prostitutas y los publicanos. No se avergüenza del hermano caído, se siente implicada y casi obligada a levantarlo y animarlo a retomar el camino (…)”. ¿Es realista o son solo frases bonitas que se esperan de un sacerdote? Como no soy sacerdote, ni poeta, no me dedico a repetir frases que no tengan utilidad práctica, lo mío es el estudio del ser humano y su sociedad.

Castigar a una persona es propio de la soberbia humana. ¿Quién es “juez” para decidir qué estuvo mal y por qué? De hecho, la enorme mayoría de los “delitos” son inventados por los gobiernos. Por caso, como cuando con soberbia imponen aduanas -para “defender la industria nacional” y solo defienden a un grupo acomodado de industriales- crean al delito de “contrabando”. Y, así, inventan evasores al forzar el cobro de impuestos, narcos al imponer la “guerra contra las drogas”, y todos los delitos inducidos como quienes roban para poder drogarse.

Dice Santo Tomás (S.Th., I-II, q. 6, a. 5): “La violencia se opone directamente a lo voluntario como también a lo natural, (porque) lo violento emana de principio extrínseco”. Y su mejor comentarista, Etienne Gilson (‘El tomismo’, Segunda Parte, Capítulo VIII), asegura que para el Aquinate “lo natural y lo violento se excluyen recíprocamente”. Y aclara Aristóteles (‘La Gran Moral’, I, XIII): “Y así, siempre que fuera de los seres existe una causa que los obliga a ejecutar lo que contraría su naturaleza o su voluntad, se dice que hacen por fuerza lo que hacen. Hay violencia siempre que la causa que obliga a los seres a hacer lo que hacen es exterior a ellos”.

Créase o no -no es solo una frase bonita- el día en que comprendamos que la violencia solo sirve para destruir y nunca para ordenar o defender, desde que impide el desarrollo espontáneo de la naturaleza, no solo desaparecerán las guerras y los conflictos violentos sino el hambre y la miseria. Empezando por cada uno de nosotros que, a no dudarlo, esto no solo no nos dejará indefensos sino todo lo contrario por cuanto los métodos eficientes (“omnipotentes”) de defensa son los pacíficos.

Dice la Teología –y tampoco esta es solo una frase bonita- que la omnipotencia de Dios se basa, precisamente, en su infinita misericordia: no es violento y por tanto nada destruye y arrima al culpable tan íntimamente que consigue convertirlo de inmediato, logrando así cualquier meta que se propone. Así, es lógico que Francisco haya dispuesto que, durante el Jubileo extraordinario de la Misericordia, los sacerdotes puedan absolver a quienes confiesen haber participado en un aborto –uno de los “pecados reservados a la sede apostólica”- aun con lo horrendo que es ya que impide a un indefenso su desarrollo natural como vida humana.

El corolario es que héroes no son generales homicidas en nombre de guerras “santas”, “libertadoras”, etc. sino personas como Ali, de 18 años, que entrevistado por la BBC cuenta que ha empujado la silla de ruedas de su abuela desde Afganistán para conseguir un futuro mejor en Europa. Empujando contra los políticos que armaron guerras, caos y destrucción en su país y que cierran las fronteras europeas perjudicando a todos como con las colas de hasta 25 kilómetros en la frontera austríaca con Hungría.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

UN EJEMPLO DE HONESTIDAD INTELECTUAL

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

David Theroux, el presidente del Independent Institute, me invitó a presenciar por la vía cibernética la conferencia en vivo de Ron Paul copatrocinada por esa entidad y pronunciada en el auditorio de la Universidad de California en East Bay el 9 de abril del corriente año.

 

Como es sabido, Ron Paul fue elegido por cuatro períodos consecutivos miembro del Congreso en Washington DC y en tres oportunidades fue candidato presidencial (una por el Partido Libertario y dos por el Partido Republicano). Es médico y autor de veinte libros sobre economía, educación y filosofía política, la mitad de ellos estuvieron en la lista de “best-sellers” durante varios meses en The New York Times. Actualmente conduce un programa de televisión y preside varias fundaciones.

 

Muchos son los temas que el orador abordó en la mencionada ocasión, pero para esta nota periodística selecciono algunos de lo que estimo fueron los puntos sobresalientes de su disertación. En primer lugar, se mostró alarmado por lo que dijo viene ocurriendo en la configuración social en su país. Señaló que en este sentido que la característica tradicional en Estados Unidos ha sido una amplísima franja de personas de ingresos medios y en las puntas los más exitosos y, por ende, muy prósperos por haber sabido satisfacer las necesidades de sus semejantes y en la otra los de menores ingresos con grandes aspiraciones y posibilidades de ascender en la escala social debido a su dedicación, esmero y cultura del trabajo.

 

Sin embargo, manifestó que lo que viene sucediendo es realmente alarmante: en una punta se destacan nítidamente los amigos del poder que se han enriquecido como consecuencia del privilegio otorgado por el aparato gubernamental de turno, la franja del medio, en gran medida se ha erosionado y el extremo más bajo se ha engrosado exponencialmente con pocas perspectivas de mejorar. Esto dijo se debe a las políticas intervencionistas de las últimas largas décadas que básicamente se tradujeron en subas extraordinarias de impuestos, incrementos impagables de la deuda pública, déficits fiscales esporádicos pero incompatibles con la prudencia financiera más elemental y regulaciones crecientes que recortan peligrosamente las libertades individuales, en un contexto de dependencia cada vez mayor del gobierno central y desmoronamiento del federalismo.

 

Ahora se publicó un libro de David Stockman en el que enfatiza lo dicho por Ron Paul en cuanto a los peligros de la modificación del cuadro social debido a los inmorales bailouts y equivalentes realizados con el fruto del trabajo de quienes no tienen poder de lobby. El libro se titula The Great Deformation. The Corruption of Capitalism in America. Es parecido a lo que señala Dinesh D´Souza en el también reciente libro titulado America: Imagine a World Without Her y a la colección de Thomas Sowell bajo el muy sugestivo título Desmantling America. Esta triada se ha traducido en un muy llamativo y gratificante éxito editorial en el mercado estadounidense.

 

En la referida exposición, Ron Paul subrayó que a los habitantes de su país se los perjudica dos veces todos los días: cuando se les cobra impuestos desmedidos y cuando se les da destino a esos ingresos tributarios dirigidos a recortar los espacios de libertad de cada uno, en cuyo contexto se detuvo a considerar numerosos ejemplos de lo que consideró un inaceptable desborde de las funciones del aparato de la fuerza incompatibles con los preceptos constitucionales.

 

Se detuvo a analizar el escandaloso programa de espionaje a ciudadanos pacíficos denunciados por quienes calificó como héroes por denunciar a quienes violaron de modo grotesco el espíritu y la letra de la Constitución estadounidense. En esta línea argumental subrayó que los rechazos mayores a esta política partieron de gobernantes de otros países al verificar que estaban siendo espiados pero poco se dijo de lo más bochornoso, como queda dicho, el ataque a la privacidad de los mandantes, es decir, los gobernados que de este modo se convierten meros súbitos.

 

Destacó la irresponsabilidad del gobierno al insistir en la frustrada e inconveniente guerra contra las drogas alucinógenas para usos no medicinales en el contexto de la fenomenal corrupción de políticos, policías, jueces y miembros de oficinas encargadas de combatir la producción, distribución y consumo de las drogas en cuestión (salvo la Guerra del Opio en China debido precisamente a los controles, desde 2000 AC no hubo problemas con las drogas hasta que Nixon impuso la prohibición en 1971 que, además, los márgenes operativos justifican al irrupción de las sintéticas). Se quejó de la impertinencia que los gobiernos consideraran vicios como crímenes y del encarcelamiento de personas que nunca lesionaron derechos de terceros así como también del crecimiento de la drogadicción debido al estímulo de márgenes operativos enormes resultado de la prohibición, todo lo cual mantuvo que se genera por las mismas causas a que condujo la llamada Ley Seca (ahora hay un push para liberar el consumo solamente lo cual favorece aun más a las mafias del narcotráfico).

 

Se extendió en la malsana tendencia al igualitarismo de ingresos y recalcó que se debe no solo a la ignorancia en temas económicos puesto que las diferencias dependen de las decisiones de los consumidores en el mercado libre cuando no hay privilegios ni empresarios prebendarios, sino también al resentimiento y la envidia que finalmente producen igualdad en la pobreza de la que principalmente escapan los burócratas y sus amigos.

 

Volvió sobre los resultados catastróficos de la política exterior estadounidense en cuanto a las intervenciones militares en otros países que han perjudicado gravemente las vidas de los soldados y sus familias, han desmembrado la economía local, han exterminado a inocentes y torturado y han creado una muy mala predisposición contra Estados Unidos debido a sus arbitrariedades difundidas con una propaganda digna de la Gestapo. En este capítulo manifestó que no deberíamos hacer a otros lo que no nos gusta que nos hagan a nosotros.

 

Se detuvo a analizar la política monetaria que apuntó nos conducirá tarde o temprano a otra crisis severa. Resaltó lo contraproducente de la Reserva Federal y sus nefastas decisiones, lo cual dijo es advertido cada vez por una mayor cantidad de economistas apoyados en una nutrida bibliografía y en investigaciones de envergadura.

 

Aludió a la importancia de trabajar en el terreno educativo al efecto de que se comprendan y acepten los valores y principios que son consubstanciales a la mejor tradición de Estados Unidos para obligar a los políticos a exponer un discurso muy distinto a la demagogia que se viene practicando hace ya muchas décadas.

 

Apuntó que la idea de la libertad es en realidad reciente en la muy larga historia de la humanidad, lo corriente era el despotismo. Dijo que solo hacen ochocientos años que comenzó una lucha abierta y sistemática a favor de la protección de los derechos individuales, pero, comentó que de un tiempo a esta parte se ha tendido a revertir esa dirección para aceptar nuevamente el autoritarismo. En este contexto puso en evidencia que en los momentos que corren hay mucha gente que se ha percatado de este serio problema y hacen esfuerzos muy fértiles para frenar la avalancha y volver a las fuentes de la libertad y no solo en Estados Unidos sino en muy diferentes países. Consignó que esto último constituye indudablemente una esperanza cierta y muy vigorosa para el futuro.

 

Lo mencionó a Leonard Read que en la década de los cuarenta comenzó la lucha intelectual de modo sistemático y metódico a favor de la libertad al crear la Foundation for Economic Education en New York, pero estaba muy solo. Hoy, en cambio, pasó revista a una larga serie de nuevas instituciones y cátedras que le dan sustento al optimismo del distinguido orador. En sentido opuesto, se explayó sobre las buenas intenciones de tantas personas que para salir de la pobreza aconsejan recetas dañinas para la gente y sus posibilidades de progreso, pero dijo que las intenciones nunca resuelven los problemas si no se ha entendido cual es el diagnóstico y su correspondiente tratamiento.

 

Finalmente, en el período de preguntas luego de la disertación tuvo la oportunidad de ampliar los fundamentos de sus sugerencias y agregar otros temas como el último punto que encaró sobre la llamada ayuda externa a países denominados subdesarrolados, lo cual criticó con vehemencia al mostrar los perjuicios de apoderarse de recursos coactivamente a través de organismos internacionales para entregarlos a gobiernos estatistas y, muchas veces, corruptos. Luego de lo cual obtuvo de la nutrida audiencia una larga ovación de pie.

 

Por nuestra parte observamos tal como lo habíamos hecho en otras oportunidades, que la honestidad intelectual de Ron Paul se destaca nítidamente en las épocas que corren: es un ejemplo de integridad y conducta frente a todos los cómplices de la decadencia y timoratos que les da pánico pronunciarse por algo “políticamente incorrecto”, incapaces de abrir cauce a ideas nobles.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

La guerra del averno

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 1/8/13 en http://www.eluniversal.com/opinion/130901/la-guerra-del-averno#.UiL-99X3Aik.facebook

Averno era el nombre, entre griegos y romanos, de un cráter cerca de Cumas, Campania. Según la mitología era la entrada al inframundo…  donde hoy está la “guerra contra las drogas”. Despiadada, inhumana y cruel como pocas, desde que comenzó con Nixon fueron encarceladas 40 millones de personas y solo en México desde 2006 murieron más de 60.000. Esta guerra es la consecuente represión al establecerse la prohibición que es solo un negocio de políticos y burócratas que, en realidad, pretenden el monopolio y permiten el tráfico a las mafias que los sobornan adecuadamente. De otro modo, sin estos sobornos, el tráfico “ilegal” sería imposible.

La disyuntiva es monopolio de los funcionarios o regulación natural a través del mercado o un sistema mixto como el aprobado por parte del Congreso uruguayo para regular el cultivo y la venta de marihuana siendo que su consumo ya es “legal”. Farmacias habilitadas por el gobierno la comercializarían y se permitirían hasta 40 gramos por mes por persona, límite que, seguramente, provocará tráfico de reventa ilegal. Según el presidente uruguayo: “la plata que gastamos para contrarrestarlo y los efectos que logramos…  es la empresa más desastrosa del mundo”: el costo de esta guerra, en EEUU, superaría los US$ 50.000 millones anuales, según estimaciones. Cifra astronómica que debería servir para paliar la marginalidad.

Además, ¿es lícito utilizar la violencia para evitar que alguien se suicide? No lo es, no es lícita la teoría del mal menor como claramente lo dejó establecido Juan Pablo II en su Encíclica “Veritatis Splendor”.Pero lo interesante del asunto es que no es lícito por la simple razón de que, para evitar cualquier acto negativo, lo más eficiente son los métodos no violentos como prevención, disuasión, etc. Por tanto: no es lícito utilizar el monopolio estatal de la violencia (su poder de policía) para evitar que las personas ingieran drogas altamente nocivas. Y, además, ¿son tan nocivas? Sin dudas, pero curiosamente otras que son “legales” están causando más daño.

La sobredosis de fármacos recetados causa más muertes que la heroína y la cocaína. La nicotina es una de las drogas adictivas de mayor uso y el hábito de fumar es responsable del 90% de los casos de cáncer de pulmón, y la inhalación pasiva del humo causa 50.000 muertes al año. Beber alcohol en exceso ocasiona 80.000 muertes anuales en EEUU. Las muertes atribuidas a sobredosis con medicinas recetadas para el dolor llegan a 15.000 por año, cifra que supera al número de personas que fallecen por sobredosis con heroína y cocaína, según el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades.

Otro argumento es que la guerra se trataría del derecho a la legítima defensa ya que los drogadictos serían personas muy peligrosas para la sociedad. En primer lugar, no está claro que sean de suyo peligrosos (salvo cuando consumen mezclas tóxicas debido a la mala calidad de lo ilegal), más parecen disminuidos físicos y mentales; en cambio sí es creíble que, una vez criminalizados por el Estado (en lugar de quedar visibles para ayudarlos), se conviertan en feroces delincuentes ante la imposibilidad de conseguir calmar su adicción por vías normales y a precios no monopólicos. Pero, de nuevo, aun en el caso de la legítima defensa los métodos moralmente aceptables son los pacíficos sencillamente porque son los eficientes.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.