No nos salvó el Estado

Por Iván Carrino. Publicado el 4/4/21 en : https://www.lanacion.com.ar/economia/no-nos-salvo-el-estado-nid04042021/

A fines de marzo de 2020 el Gobierno publicó por primera vez el decreto de Aislamiento social preventivo y obligatorio. La cuarentena era un hecho y el “quedate en casa” era el eslogan con el cual se iban a salvar las vidas de aquellos a quienes iba a atacar el Covid-19.

La medida no estuvo al margen de una tendencia global. El mundo parecía convencido de que el rol del Estado era tomar medidas drásticas para enfrentar lo que, a todas luces, era una circunstancia excepcional. En la Argentina otro lema fue “te salva el Estado”, como si las extremas regulaciones dictadas por el Gobierno fueran el único camino posible. Un año después queda claro que pasó todo lo contrario. El Gobierno no solo no pudo evitar una tasa de casi 1000 muertes por millón de habitantes, sino que hundió a la economía en un nivel que no conoce antecedentes.

Algunos se preguntan si el colapso económico no fue resultado de la propia pandemia que, al generar miedo en la gente, deprimió el consumo y la producción. Obviamente, algo de esto sí ocurre, pero, de acuerdo al análisis de Barro, Ursúa y Weng (The Coronavirus And The Great Influenza Pandemic, 2020), en el primer año de la Gripe Española los muertos representaron el 1,42% de la población mundial, generando una caída del PBI per cápita para el país típico de 4,2%. En 2020 el Covid-19 se cobró la vida del 0,026% de las personas. Siguiendo el análisis anterior, esto debería generar una caída del PBI per cápita de 0,1%. No obstante, en la Argentina la caída alcanzará 11%, mientras que será de 11,6%, 9,3%, 5,0% y 3,4% en España, Italia, Reino Unido, Brasil y Estados Unidos, respectivamente.

¿Una pandemia 98% menos mortal da lugar a una crisis económica más del doble de grave? Lo que explica la diferencia es la cuarentena. Las medidas de “quedarse en casa” pudieron haber reducido (en algún porcentaje y por un tiempo) el número de infecciones, pero al mismo tiempo generaron un cataclismo económico jamás visto.

En este contexto, el dilema nunca fue “la vida contra la economía”, sino el Gobierno eligiendo intentar preservar la salud de algunos a costa de hundir la economía (y la forma de ganarse la vida) de otros.

Según los datos del Indec, la actividad económica se redujo un espectacular 9,9% en 2020, pero sectores como “hoteles y restaurantes” u “otras actividades de servicios” cayeron 48,5% y 37,5% en cada caso. A mayor dureza de las restricciones, peor performance económica.

La Cámara de Turismo sostuvo que, en el empleo formal, el sector más afectado fue el hotelero, que redujo su plantilla en un 19,5% en 2020. Si extrapolamos esa cifra a los 1,8 millones de empleos que el turismo genera, llegamos a que son 351.000 los nuevos desocupados en ese sector. Esto es compatible con el dato del segundo trimestre de 2020, que mostraba que 4 millones de personas habían dejado de trabajar por las restricciones.

Otro sector muy dañado es el de la educación. Dada la brecha tecnológica entre ricos y pobres, la cuarentena resultó, en la práctica, el fin de las clases para los sectores vulnerables. Se estima que solo el 37,5% de quienes pertenecen a los segmentos menos favorecidos acceden a internet, mientras que el índice es de 99% en las familias más ricas. ¿Cómo dar educación “desde casa” al 70% de chicos que no pueden conectarse a un aula virtual?

Un último dato revela lo errado de la decisión oficial de aislamiento: según el Banco Mundial, la pobreza extrema a nivel global subirá por primera vez en 20 años. Esto implica que entre 88 y 115 millones de personas pasarán a vivir con menos de US$1,9 por día.

El economista austríaco Ludwig von Mises sostuvo que un gobierno no puede hacer a un hombre más rico, pero sí lo puede hacer más pobre. La respuesta oficial a la pandemia es prueba de ello. El Estado no salvó a nadie, pero sí hundió a montones. Y el daño ocasionado podría perdurar por mucho tiempo.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Urgente llamado humanitario

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 4/11/20 en: https://alejandrotagliavini.com/2020/11/04/urgente-llamado-humanitario/

 La ajustada elección, contra todas las encuestas y una fuerte campaña mediática anti Trump, evidencia dos temas. Primero, los medios están alejados de la gente, y deberán hacer cambios o van a perecer frente a las personas y sus aficiones a las redes sociales. Segundo, muchas personas, sino la mayoría silenciosa, no quieren las cuarentenas y demás represiones al derecho humano de la libertad. Y el mundo deberá entenderlo o arriesgarse a lamentables protestas, cada vez más violentas, en todo el mundo.

             McQuillan y Koehler dicen que Biden va al socialismo. Apoyaría el Green New Deal -una toma de control estatal camuflada sobre el cambio climático-, un sistema bancario administrado por la Reserva Federal y el Servicio Postal con control sobre el dinero, y ampliaría el muy deficiente Medicare. Todo financiado con más impuestos que siempre pagan los pobres, porque los ricos los esquivan aumentando precios o bajando salarios.

             No sé si tienen razón. Para empezar, los políticos no cumplen su palabra. Y tampoco creo que Trump sea un adalid de la libertad, no lo votaría. Pero el problema global más grave hoy son las cuarentenas y demás represiones estatales y Trump las terminaría. Y todo por un virus que causó la muerte de menos del 0,02% de la población global cuando la gripe española, por caso, mató al 2,4%.

                 Argumentar que el virus podría desarrollarse exponencialmente es ciencia ficción frente a una catástrofe real, no supuesta, provocada por estas cuarentenas de la que, por razones de espacio, solo veremos la desnutrición.   

                 El libre mercado no es el que la derecha conservadora dice: la libertad para las grandes corporaciones. Todo lo contrario, es ausencia de coerción -violencia, policial- estatal que favorece a los poderosos, de modo que las personas comunes puedan trabajar e interactuar en paz. Y de aquí la eficacia del mercado porque, mientras el Estado se impone violentamente, las personas cooperan logrando la eficiencia dado que, al ser voluntarias las interacciones se realizan solo cuando ambas partes ganan, obtienen lo que prefieren.

                   Así, como muestra Suecia, las sociedades en libertad resuelven las epidemias con eficacia cuando la violencia del Estado llega al punto de que, la policía del Reino Unido, advirtió que es un “deber cívico” delatar a los vecinos que violan las restricciones. Me recuerda a los delatores de judíos ante la Gestapo.

                    Por las restricciones, según la OIT se perdieron 305 millones de empleos. Los agricultores se ven afectados por bloqueos que limitan el acceso a sus tierras, plantar o cosechar o acceder a los mercados y vender productos o comprar insumos. Ya 1,5 millones de neoyorquinos, en la ciudad más cosmopolita del globo, dependen del reparto de alimentos. Pero más grave es lo que cuenta Oxfam, organización en todo caso de izquierdas: 12.000 personas por día morirían de hambre por las cuarentenas, aunque Oxfam y la ONU son bastante incoherentes y lo atribuyen “a la pandemia y a las restricciones de los gobiernos”.

                    Seamos claros: quienes no trabajan es porque el gobierno lo impide. Según la ONU, el número de personas en crisis nivel de hambre se elevará a 270 millones a fin de año, 82% más que en 2019. Y esto en un planeta en el que sobran alimentos, dice Oxfam.

                     Y por esto hago un sincero llamado humanitario: terminar de manera total y definitiva con toda represión estatal.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini