El futuro inmediato

Por Gabriel Boragina. Publicado en:

 

Quedan pocas dudas que el futuro inmediato en materia política y económica sería bastante diferente de ganar una de las dos fuerzas mayoritarias en pugna, por un lado, el peronismo (representado por la secta denominada ahora “Frente de Todos” (FdT) y, por el otro, Juntos por el Cambio (JxC). Para decir esto no nos basamos tanto en los discursos de campaña, los que en precisión poco nos dicen de lo que realmente hará en el gobierno el partido que se alce con el poder, sino más bien los antecedentes de ambas facciones partidarias que ya ejercieron el poder,
Nunca nos parecieron profundas las críticas que se le han hecho al gobierno, y no digo por parte de la oposición sino de los medios e incluso las de analistas que merecen nuestro respeto. Una de esas críticas, sobre las cuales se ha insistido desde distintos sectores, dice que la mala gestión de Cambiemos residió preponderantemente en no haber explicado a la gente claramente cuál era la “herencia” recibida del anterior. No obstante, fueron muchas las ocasiones en las que -al menos- el presidente Macri lo hizo luego de asumir la primera magistratura, y suponiendo que no se hubiera expuesto después de obtener el poder, seguir sosteniendo esa falacia importa tanto como subestimar al votante de Cambiemos, porque si en la anterior elección nacional la gente votó por Macri y no por el candidato del -entonces- oficialismo era porque el electorado tenía bien en claro que la gestión del anterior gobierno fue lo suficientemente mala como para votar por algo distinto a lo que había, y de esa conclusión salieron los votos en favor de Cambiemos. Pretender que después de asumido el poder Cambiemos declarara a sus electores que lo habían elegido cuál era la situación del país al momento de la elección, importaba tanto como tener que manifestar al votante de Cambiemos porque había votado a Cambiemos, cosa que el elector ya sabía (si no, no hubiera votado a Cambiemos). Es decir, quienes sostienen como un error que el gobierno no hubiera revelado a la gente (post elecciones) la situación del país al momento de la elección que le diera el triunfo, implica tanto como creer que la gente que elige a quien en definitiva resulta ganador no sabe porque lo vota o porque lo votó, lo que significa tanto como conjeturar que es estúpida.
Otra crítica fútil me parece la que se le hace al “gradualismo” del gobierno. Aquí hay un fenomenal mal entendido a mi modo de ver. Con la palabra gradualismo, en rigor, no se dice mucho más que se procede o se va a proceder a realizar un cambio de manera pausada o por fases espaciadas en el tiempo. Pero esto no tiene en sí mismo ningún significado si en realidad no se sabe explícita o implícitamente hacia donde se piensa o se desea dirigir ese cambio gradual (o gradualista).
La lectura que se hace de esto último es bastante diferente cuando la hace un liberal a la que le da un antiliberal o no-liberal. Todo parece que indicar que muchos liberales han entendido que cuando el gobierno hablaba de gradualismo se refería a dirigirse hacia una economía liberal o de mercado. Yo siempre he insistido que el presidente Macri es un desarrollista no un liberal, y cuando el habla de gradualismo lo hace no refiriéndose al camino a seguir hacia una economía liberal o de mercado, sino hacia otro tipo de economía más afín con su desarrollismo. O sea, gradualismo hacia una economía desarrollista (sobre lo que nos hemos explayado en otras ocasiones). Y al momento actual consideramos que esta sigue siendo la idea y proyecto del presidente Macri. Quizás los liberales tengamos cierta arrogancia en pensar que todo político debería (por el mero hecho de llegar al poder) de insertarse en nuestras ideas y dirigirse en forma automática del modo en que los liberales estamos convencidos que debe actuarse y, asimismo, casi de forma mecánica, que cuando el presidente hablaba de gradualismo se estaba refiriendo a ir hacia una economía de mercado o liberal. Pero -yo al menos- nunca creí que el presidente hablara de eso y que fuera su intención. El aludía y sigue haciéndolo de salir de una economía de tipo populista y recorrer el camino del gradualismo hacia otra economía de carácter desarrollista (cosa que hizo en su gestión enfocada en la obra pública y de infraestructura industrial). Opiné y sigo opinando que a este gradualismo apunta el presidente, y no como muchos liberales creen que la meta que él tiene es una economía de libre mercado absoluta. Nada más lejos de la realidad.
Otra cuestión en la que no coincidimos con muchos analistas es en que el gobierno no tuviera un plan económico. Creemos que siempre lo tuvo como gobierno desarrollista, ya que el desarrollismo implica un proyecto económico. Esto tiene conexión con lo que dijimos al comienzo cuando manifestamos cual fue la razón por la que el electorado eligió a Macri presidente. Si no subestimamos a la gente tenemos que concluir que fue escogido porque quienes lo hicieron sabían o presumían que el nuevo gobierno llevaría a cabo una política económica diferente a la del gobierno que se descartaba. Seria infravalorar al elector del nuevo gobierno insistir en que estaba eligiendo lo mismo en materia económica a de lo que se pretendía salir o, más absurdo, algo peor. Por lo demás, una cosa es no anunciar un plan económico y otra diferente es tenerlo y llevarlo a la practica en hechos concretos. La política de obras públicas y de infraestructura encarada por el actual gobierno responde claramente a un plan económico, sólo que, de tipo desarrollista, no liberal. Claro que, como liberal, hubiera preferido que Macri tuviera un plan económico liberal, pero no se le puede pedir a un desarrollista que haga cosas de liberales. Y eso es lo que -me parece- muchos liberales no terminan de comprender.
Ahora bien, ante la alternativa electoral próxima, se enfrentan dos modelos emparentados en algunas cuestiones menores, pero con diferencias cruciales en cuanto a sus respectivos esquemas: por un lado, el desarrollismo de Cambiemos (o ahora JxC) y por el otro, el populismo extremo del peronismo (nunca consideré pertinente diferenciar por sus distintas etiquetas tanto al anterior “Frente para la Victoria” como ahora e este “nuevo” “Frente de Todos” de lo que son en esencia : peronismo puro, con todo lo negativo que este último término implica y resume).
Y aunque son cosas diferentes desarrollismo y liberalismo, mi opción electoral ha de ser por aquella a la que más se acerque a la liberal y, por muy lejos que el desarrollismo este del liberalismo no me cabe duda que la distancia que separa al liberalismo del populismo es todavía muchísimo mayor, y esa distancia es insalvable, y si bien hay una alternativa liberal en la oferta electiva también es cierto que no tiene ninguna chance de arrimar los votos mínimos para acceder a un ballotage, lo que me lleva -en esta hora decisiva donde están en juego las libertades individuales, la propiedad y aun la vida de los argentinos- a optar (al menos electoralmente aunque no en el terreno de la pura economía) por el actual gobierno, que se perfila -al momento- como la única candidatura capaz de rivalizar con el monstruo populista y dirigista que siempre fue y sigue siendo el peronismo (K o no K).

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Hoy no vivimos nada diferente a las crisis de los últimos 44 años

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 20/8/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/08/20/hoy-no-vivimos-nada-diferente-a-las-crisis-de-los-ultimos-44-anos/

 

El resultado de las PASO mostró que la fórmula Fernández-Kirchner tiene más chances de ganar en la primera vuelta en octubre que Juntos por el Cambio dar vuelta el resultado adverso, llegar a un ballotage y ganarlo ahí

 

Es evidente la desconfianza que genera en los inversores la formula FF. Si habiendo ganado las PASO con 15 puntos de diferencia, al otro día se dispara el dólar, cae la Bolsa y se estalla el Índice de Riesgo País, todos activos líquidos de los que se puede salir en el día, es de imaginar que si nadie quiere tener activos líquidos por si gana la fórmula FF, menos habrá gente que quiera hundir una inversión en una fábrica de mayonesa, contratando personal, lidiando con el complejo sistema impositivo argentino, las locuras sindicales y la ausencia de una moneda.

Es decir, si con Mauricio Macri no se produjo la lluvia de inversiones, la sequía de inversiones continuará con los FF de ganar la presidencia a partir  del 10 de diciembre en octubre.

De manera que el primer problema a la vista es que hoy ninguno de los dos partidos o alianzas políticas con mayores chances de ganar la elección generan confianza. Los FF por su trayectoria de 12 años de incumplimiento con los compromisos internacionales y sus políticas populistas y Cambiemos por su gradualismo que fue inmovilismo que lo llevó a esta crisis económica justo en la puerta de las elecciones.

La pregunta es: ¿qué grados de libertad tiene cada uno para enfrentar la larga decadencia argentina? El gobierno de Macri, de aquí a las elecciones y, en caso de ganarlas, ¿qué hará luego? Y el kirchnerismo, ¿qué grados de libertad tendrá para enfrentar la economía si gana las elecciones?.

Grados libertad para el presente y para el futuro

Mi visión es que Macri tiene que lograr revertir la crisis cambiaria antes que se traduzca en una crisis financiera. En este tema ya queda claro que la tasa de interés dejó de ser un instrumento para frenar transitoriamente la corrida. A casi un año del lanzamiento de las Leliq en reemplazo de las Lebacs, pagan la misma tasa que al inicio y no consiguen dominar el mercado de cambios o, dicho con más precisión, la desconfianza en el peso.

Ahí no tiene muchas chances, a mi juicio. O logran un acuerdo con EE.UU. para recibir un apoyo del Tesoro que le permita al Banco Central cancelar  las Leliq de un cachetazo, para hacer bajar el dólar y la tasa de interés, o usa las reservas para amortiguar la corrida.

Cuando digo un acuerdo con EE.UU. estoy pensando en el apoyo que Bill Clinton le brindó a México cuando se produjo el Efecto Tequila, entre 1994 y 95. Recordemos que el Congreso había rechazado el apoyo a México, pero el departamento del Tesoro encontró la forma de ayudarlo con una paquete de USD 20.000 millones de aquél momento vía el Fondo de Estabilización de Divisas, más otro por USD 30.000 millones del FMI, del Bank for International Settlement y un swap de Canadá.

Obviamente, ahora a la Argentina ya no le queda más margen para mayor apoye del FMI, así que la única opción que quedaría es buscar el respaldo del Tesoro norteamericano para rescatar las Leliq del Banco Central y establecer una especie de convertibilidad de hecho para desactivar la corrida cambiaria. Hoy las reservas de libre disponibilidad se acercan bastante para cubrir la base monetaria, falta desarmar de un golpe las Leliq.

El Banco Central tiene reservas en divisas para cancelar de golpe las Leliq (Manuel Cortina)
El Banco Central tiene reservas en divisas para cancelar de golpe las Leliq (Manuel Cortina)

Si no se recibe ese apoyo del Tesoro de los EEUU, están las reservas y cambiar las Letras intransferibles que tiene el BCRA que le entregó el Tesoro argentino a cambio de las reservas en la era K, por un bono largo como un instrumento para quitar liquidez del mercado. No es gran cosa, pero es lo que hay. En este caso, no bajaría la tasa de interés pero al menos se desarmaría el misil que son las Letras de Liquidez por ya remuneran una tasa cercana a 75% anual a 7 días.

Es necesario presentar un plan económico de largo plazo

De nada sirve anunciar medidas para apagar el incendio si al mismo tiempo no se anuncia un plan económico de largo plazo a ser aplicado en caso de ganar las elecciones Cambiemos. Muchos podrán decir que ahora no hay tiempo, pero insisto con mi argumento: las campañas políticas son para anunciar los planes económicos de los gobiernos, no solo para apagar incendios y tratar de flotar para llegar a octubre o diciembre.

¿O acaso creen que pueden ganar las elecciones abrazando a la gente en el conurbano? Esa gente va a seguir votando al peronismo, lo que tiene que lograr Cambiemos es recuperar el apoyo de la clase media, esa a la que esquilmó con impuestos para sostener a piqueteros y ñoquis. Y la forma de recuperarla es, en primer lugar siendo más agresivo con la suba del mínimo no imponible de Ganancias y más agresivo en la baja del gasto público en el revoleo de planes sociales junto con el dominio de la corrida cambiaria.

¿Los márgenes de acción de Alberto Fernández en caso de ganar las elecciones? Recibe un gasto público consolidado de 46% del PBI; una presión impositiva consolidada del 42% del PBI; un peso que hace décadas dejó de ser moneda; sin ahorro interno para financiar el déficit fiscal; sin acceso al crédito externo y con vencimientos de deuda pública que solo podrá refinanciar con el apoyo del FMI, pero para eso tendrá que cumplir con una estricta disciplina fiscal y reforma laboral. Pregunta, ¿le aprobarán Pino Solanas, Recalde y los diputados de La Cámpora esas medidas y reformas?

Vuelvo al punto de partida, ninguno de las dos alianzas políticas generan hoy confianza en los inversores, sean financieros o aquellos que tienen que hundir inversiones en Argentina.

Mi impresión es que a Alberto Fernández le va a costar más trabajo generar confianza considerando los 12 años de kirchnerismo y la lista de legisladores que presenta, que a Macri que viene con 4 años de fracasos económicos pero podría llegar a hacer un mea culpa de lo hecho hasta ahora y reorientar su gobierno hacia una economía de reformas estructurales con un plan económico que genere un shock de confianza por su integración al mundo.

No hay que confundirse, la crisis cambiaria actual es el resultado de la falta de confianza en el peso, que a su vez es resultado de la prostitución monetaria fruto del continuo desborde del gasto público.

Tuvimos la misma crisis en 1975 con el Rodrigazo; en 1981 con el fin de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz y su gradualismo; en 1985 con la gestión de Bernardo Grinspun que terminó en el Plan Austral, el cual a su vez terminó en varios australitos hasta el Plan Primavera que desembocó en la hiperinflación. Luego vino el plan BB que terminó en el plan Bonex en diciembre de 1989, para finalizar en la convertibilidad fija con el dólar en marzo de 1991.

El no ajuste del gasto público que propuso Ricardo López Murphy en marzo de 2001, boicoteado por los eternos “ahora no se puede”, derivó en el corralito, la crisis institucional y el default de fines de 2001, más el desastre que hizo Eduardo Duhalde al salir de la convertibilidad generando una llamarada inflacionaria, confiscación de ahorros y un fenomenal salto de la pobreza.

Y luego el kirchnerismo que terminó tapando la crisis económica destruyendo el Indec para no conocer la pobreza, la inflación, el nivel de actividad, etc., con un cepo cambiario y casi cero reservas.

En síntesis, no estamos viviendo nada a lo que vivimos en los últimos 44 años. Crisis fiscales que derivan en crisis de confianza y corridas hacia el dólar. Repasemos qué se hizo en las crisis anteriores y vamos a entender la gran incertidumbre actual.

Que nadie se crea que ganando el kirchnerismo se podrá salir mágicamente de las crisis recurrentes o que ganando Mauricio Macri la reelección va a pasar lo mismo. Esto no es una cuestión de personas o partidos políticos, es una cuestión de grosero populismo que periódicamente estalla por falta de financiamiento y que ninguno está dispuesto a decir, con todas las letras, que hay que terminar con la cultura de la dádiva y volver a la cultura del trabajo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky 

La sustitución de importaciones llevó a más pobreza

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 2/4/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/04/02/la-sustitucion-de-importaciones-llevo-a-mas-pobreza/?fbclid=IwAR3_8X_ietd_-3s3EtNliyPe9arc63anvOOph63Uv-LuszywVGz445vrJN4

 

El dato de la alta proporción de la población con ingresos inferiores al valor de la canasta básica total que informó el Indec, reveló el fracaso, no ya del gradualismo de este Gobierno, sino de una política económica que desde hace décadas arrastra a la Argentina a la decadencia

 

Los chicos en la pobreza pierden oportunidades que luego les resulta muy difícil obtener (Getty)

Los chicos en la pobreza pierden oportunidades que luego les resulta muy difícil obtener (Getty)

Uno de las más nefastas políticas que nos condujo a la pobreza y a la decadencia fue el habernos aislados del mundo, comprando el modelo de sustitución de importaciones y la historieta del deterioro de los términos del intercambio.

Frente a esta pobreza que ya es estructural, la mayoría de la dirigencia política habla de crecer sin bajar el gasto público, es decir el mismo argumento de Cambiemos: esperan una lluvia de inversiones solo porque cambia el gobierno.

Si bien hay múltiples factores que explican nuestra larga decadencia, es muy evidente el inicio de la misma con el cierre de la economía, con las políticas populistas que apuntaron a redistribuir y con al estatismo. Es decir, nos cerramos al mundo y eso generó desestímulos para invertir y mejorar la relación precio y calidad de los productos .

Sintonía entre la baja del PBI y de las exportaciones por habitante

¿Para qué esforzarse en invertir, innovar y mejorar la productividad si las empresas tenían y tienen un mercado cautivo al cual venderle productos de mala calidad a precios altos?

Las empresas tienen rentas extraordinarias gracias a que el Estado les elimina buena parte de la competencia externa y deja al consumidor a merced del productor local.

La relación entre la caída en el ingreso per cápita y el cierre de la economía puede verse claramente en los siguientes 2 gráficos.Cacha abril (1)El primer gráfico muestra que entre fines del siglo XIX y mediados del siglo XX Argentina tuvo un ingreso por habitante que se ubicó entre los 10 primeros países del mundo. Es decir, la Argentina se mantuvo durante décadas entre los 10 países con más alto ingreso medio de su población en el mundo. Incluso en 1895 y 1896 ocupó el primer lugar.

¿Cuándo comienza a producirse la caída? El gráfico muestra que el quiebre fue a mediados de la década del 40, justo cuando se consolida el cierre de la economía, el estatismo, las políticas populistas de redistribución del ingreso y la aparición de la nefasta inflación .Cacha abril (2)Entre 1900 y mediados del siglo XX las exportaciones argentinas representaron entre 2% y  3% del total mundial. Es a partir de mediados del siglo XX cuando se pierde rápidamente participación en el comercio mundial al punto que actualmente solo representan 0,3% del total.

Si se observa cuándo se produce la pérdida de posiciones en el PBI per cápita en el ranking mundial es casi en el mismo momento en que la Argentina pierde participación en el total de exportaciones mundiales.

El dato no es menor, porque si la Argentina hubiera mantenido la participación en el comercio mundial como es el caso, por ejemplo de Canadá o Australia, actualmente tendría que estar exportando USD 572.000 millones, es decir, USD 510.000 millones más en el último año. ¿Cuántos puestos de trabajo, riqueza y nivel de vida se perdieron por exportar USD 510.000 millones menos que el nivel actual?

Cacha abril (3)A modo de ejemplo podemos ver el caso de Australia que actualmente exporta el 1,3% de las exportaciones mundiales y en el pasado tuvo una participación entre el 1,5 y el 2 por ciento en promedio. Con Canadá ocurre algo parecido, a principios del siglo XX exportaba el 2,5% del total mundial y actualmente tiene el mismo nivel.

Quienes deliran con la idea de impulsar la actividad económica con el consumo interno no advierten que con 44 millones de habitantes, donde un tercio de la población es pobre y el resto tiene un bajo ingreso por habitante, es imposible imaginar una fuerte corriente inversora.

Las limitaciones que impone el mercado interno 

¿Quién puede imaginar grandes volúmenes de inversión para abastecer a solo 44 millones de personas, con un tercio en la pobreza? Y sin esas inversiones es impensable crear puestos de trabajo, mejorar la productividad de la economía y, en consecuencia, los salarios reales. De esto se desprende que la salida de Argentina no está en estimular el consumo interno como propone la mayoría de los políticos, sino que la salida es integrarse al mundo e incrementar las exportaciones en forma notable.

Actualmente, las exportaciones de Argentina representan el 11% de su PBI. Los países que lograron captar grandes inversiones, crear puestos de trabajo, mejorar los ingresos reales y salir de la pobreza lo hicieron integrándose al mundo.

Mientras las exportaciones Argentinas representan solo el 11% de su PBI, las exportaciones de Alemania son 47%, las de Chile 31%, Australia 29% e Irlanda el 120% de su PBI . Deliberadamente no di ejemplos del sudeste asiático para que no me vengan con que hacen dumping social o el verso del plato de arroz.

En 2017, siguiendo los datos del Banco Mundial, la Argentina exportó en bienes y servicios USD 71.000 millones, Chile USD 79.500 millones, Australia USD 315.000 millones, Canadá USD 511.000 millones e Irlanda USD 476.000 millones, por citar solo algunos casos.

El desarrollo del comercio exterior es clave para elevar el ingreso medio por habitante (Adrián Escandar)

El desarrollo del comercio exterior es clave para elevar el ingreso medio por habitante (Adrián Escandar)

Todos esos países hicieron extraordinarias reformas estructurales y se incorporaron al mundo. Vieron el mundo como una oportunidad, no como una amenaza como nuestros políticos ven al mundo.

Eso sí, buena parte de la dirigencia política quiere exportar más pero no quiere importar más, sin darse cuenta que todos esos países exportan e importan mucho más que Argentina acumulando mucho más volumen de comercio exterior.

Mientras en 2017 las importaciones de Argentina representaron el 14% del PBI, las de Chile fueron el 27%, Australia el 21%, Canadá el 33% e Irlanda el 88%. Todos exportan más e importan más. No se cierran al comercio mundial con el falso argumento que se pierden puestos de trabajo.

La Argentina, cerrada al mundo, no solo pierde puestos de trabajo, sino también aumenta la pobreza. En cambio los países que se integran al mundo exportan e importan mucho más en términos relativos, no tienen pobreza y captan grandes inversiones.

Si se acepta que la salida de Argentina es la exportación y no el estímulo artificial e insostenible del consumo interno, el proceso es muy claro. Primero tener un tipo de cambio alto en términos reales y a medida que se vayan haciendo las reformas estructurales que le den competitividad a la economía, capte inversiones, ese tipo de cambio real muy alto irá bajando a lo largo del tiempo.

En síntesis, la decadencia comienza a partir del momento que el país se cierra al mundo para sustituir importaciones; hacer populismo redistributivo y estatismo . Los gráficos previos son lo suficientemente elocuentes y muestran que justo cuando se lanza con todo el populismo y el aislamiento comercial, se perdió ingreso per cápita.

La salida es el comercio exterior basado en reformas estructurales y no en saltos cambiarios transitorios o esperando el viento de cola de los precios de las commodities.

Una de las claves para poder volver a ser un país fuertemente exportador es transformar el Mercosur en un tratado de libre comercio en lugar del proteccionismo ampliado que es el bloque comercial del sur.

En su momento se hizo, no veo razones, salvo la necedad de la dirigencia política argentina, para que no se pueda retomar la senda del progreso.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

A la herencia K se le agrega ahora la herencia Cambiemos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 12/2/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/02/12/a-la-herencia-k-se-le-agrega-ahora-la-herencia-cambiemos/

 

El Gobierno ha desperdiciado 3 años y monedas con la historia del gradualismo

Ahora, en su último año de Gobierno de CambIemos, aparece de nuevo el fantasma de que el kirchnerismo pueda tener la posibilidad de acceder al poder. Sería imperdonable que luego del esfuerzo que tanta gente hizo para frenar a esa asociación ilícita que llegó al Ejecutivo, vació la Argentina a puro latrocinio, produciendo uno de los saqueos más grandes de su historia, esa legión de delincuentes tenga alguna chance de volver a revolear bolsos con euros gracias al inmovilismo del gobierno y, por sobre todas las cosas, por no haber denunciado en su momento la terrible herencia recibida.

Lo cierto es que si en octubre se produce la polarización esperada entre Cambiemos y el kirchnerismo y el primero retiene el poder, tendrá que lidiar de nuevo con la herencia recibida y con la propia herencia, ya que en estos 4 años habrán agregado otros problemas a los ya heredados por el kircherismo como es el caso de la deuda pública para financiar el déficit fiscal por el gasto público que no se animaron a bajar.

El desafío que la Argentina tiene por delante para entrar en serio en una senda de crecimiento sostenido es de una magnitud insospechada que no se resuelve con retoques en el tipo de cambio, en la tasa de interés o haciendo artilugios financieros ni aplicando aspirinetas al tema fiscal.

Los 163 impuestos nacionales, provinciales y municipales que detectó el IARAF implican un aumento sobre los 96 impuestos nacionales, provinciales y municipales que ya había detectado Antonio Margariti en 2015, si mal no recuerdo.

Pero esa maraña de impuestos se explica por el fenomenal aumento del gasto público consolidado a partir de la llegada del kirchnerismo al gobierno en 2003.

Como puede verse en el gráfico, el gasto público consolidado pasó de un promedio del 31,5% sobre el PBI en la década del 90, cuando ya el gasto público era alto, a un máximo de 47,1% en 2016. O sea que el gasto consolidado aumentó 15,6 puntos porcentuales del PBI. Para ponerlo de otra forma, si quisiéramos volver a los niveles de gasto público consolidado respecto al PBI de los 90, habría que bajar el gasto consolidado unos USD 77.000 millones o, si se prefiere, habría que reducir un 34% el gasto público consolidado actual.

Si eso no se quiere hacer, entonces habrá que soportar una carga tributaria consolidada que pasó del 23% del PBI en 2003 al 41,7% del PBI en 2018 y que tampoco alcanza para evitar el déficit fiscal.

Como consecuencia del aumento del gasto público, la carga tributaria casi se duplicó desde el inicio del kirchnerismo a la actualidad, haciendo estragos en el endeudamiento público, disparando el peso de los intereses de la deuda sobre la recaudación impositiva y afectando el nivel de empleo privado.

Deterioro de la economía real

La recesión de 2018 comienza en abril de ese año. Si tomamos la cantidad de puestos de trabajo del sector privado en blanco en marzo de 2018 y los comparamos con los de noviembre del mismo año vemos una caída de 158.000 puestos sin considerar a los autónomos ni a los monotributistas. En cambio, en el mismo período, el empleo público consolidado (nación, provincias y municipios) aumentó en 43.900 puestos. Todos estos datos son de la Secretaría de Trabajo.

Tomando todo el período de Cambiemos, el empleo privado en relación de dependencia cayó en 102.000 puestos de trabajo y el empleo público consolidado creció en 58.800 puestos de trabajo. Es muy clara la evidencia que es el sector privado el que está sufriendo los efectos del ajuste, mientras los tres niveles de gobierno tiemblan ante la posibilidad de reducir un solo puesto de trabajo en el Estado.

Por un lado el que pierde puestos de trabajo es el sector privado y, por otro lado, el único rubro en que el Gobierno bajó el gasto público fue en subsidios económicos que tienen como contrapartida el incremento de las tarifas de los servicios públicos.

Puesto de otra forma, como corresponde y apoyo, el gobierno fue eliminando los subsidios económicos, en particular los que mantenían artificialmente bajas las tarifas de los servicios públicos, y la gente empezó a pagar más por dichos servicios, pero al mismo tiempo, el Poder Ejecutivo no bajó otros gastos del Estado para aliviar la carga impositiva.

De manera que el sector privado paga lo que corresponde por los servicios públicos pero no tiene alivio de la presión impositiva porque tiene que seguir sosteniendo a piqueteros, infinidad de planes sociales que Carolina Stanley decidió que son un derecho de los que reciben esos planes, sin aclarar de dónde surge ese derecho ni quién tiene la obligación de mantener a otro para que no trabaje y a legiones de empleados públicos que son intocables. Como si en Argentina hubiese prerrogativas de sangre y de nacimiento.

Para que tengamos una idea, el gasto público corriente (incluidos los intereses de la deuda pública) disminuyeron 3,6 puntos del PBI en la era Cambiemos, pero 2 puntos de esos 3,6 se explican por menos subsidios económicos, que es lo mismo que decir mayores tarifas de los servicios públicos pero no baja de impuestos.

Además, el Gobierno bajó 3,6 puntos el gasto corriente pero aumentó el gasto en intereses en 1,6 puntos del PBI que pasaron de 2% en 2015 a 3,6% en 2018, incluyendo los interés intrasector público.

En síntesis, el Gobierno ahorró 2 puntos del PBI en gastos corrientes cobrando más tarifas, pero otros 1,6 puntos del PBI se le fueron en intereses de la deuda para financiar el gradualismo. Puro costo para el sector privado.

Expectativas sin fundamentos 

Desde el Gobierno dicen que a medida que la economía crezca, se va a poder bajar el gasto público, y la oposición, que habla sin mirar los números, se espanta del ajuste salvaje y dice que esto se resuelve con crecimiento. Me permito advertir que ambos deliran. La Argentina no puede crecer con este gasto público ni carga tributaria. Así que decir que esto se resuelve bajando el gasto público y dejando de mentir con que la salida es el crecimiento sin que se baje el gasto previamente.

¿Cómo se resuelve este problema? ¿Cómo se rompe este círculo vicioso por el cual el Gobierno dice que no se puede bajar el gasto hasta que no haya inversiones y sabemos que no hará inversiones con esta carga impositiva? Lamentablemente, Cambiemos no sólo desperdició la oportunidad de contar la herencia recibida, sino que además se endeudó para no cambiarla. Se endeudó para pagar los sueldos en vez de endeudarse para financiar la reforma del estado. Si antes uno podía pensar en bajar los impuestos para atraer inversiones a un ritmo mayor al que se bajaba el gasto público y financiar el déficit hasta que hubiese equilibrio con endeudamiento, ahora ese instrumento no lo veo.

De manera que, desafortunadamente, el mayor ritmo de ajuste tendrá que venir por el lado del gasto público para poder reducir la carga tributaria y atraer inversiones para crecer. Una combinación de baja del gasto público, con reducción de impuestos y reforma laboral podría romper el círculo vicioso en el que estamos metido. Dicho de otra forma, el famoso gradualismo dejó una herencia más pesada que la que se recibió y tendrá costos políticos que pagar más altos que si se hubiese aplicado una política de shock desde el inicio contando la herencia recibida.

Las 3 bases para el mejor ajuste

¿Dónde bajar el gasto? En los programas sociales (ya he explicado varias veces cómo hacerlo), en las jubilaciones de aquellos que nunca aportaron al sistema y Cristina Fernández de Kirchner agregó terminando de quebrar a un sistema de reparto inviable, y en el empleo público.

Esto debería ser acompañado por el ajuste por inflación de los balances en una primera etapa y luego la reducción de las tasas impositivas. Tal vez habría que pensar en pasar de un Impuesto a las Ganancias a un flat tax. Considerando que la salida más rápida para crecer está en las exportaciones, la reducción de derechos de exportación hay que retomarla en forma inmediata.

Ronald Reagan y Margaret Tatcher consolidaron su liderazgo cuando pagaron el costo político de enfrentar a la mafia de los sindicatos. Reagan con los controladores aéreos y Tatcher con los mineros. Mostrada la convicción de avanzar en las reformas, la confianza renace y las inversiones pueden llegar.

En síntesis, para lograr romper el círculo vicioso de decadencia en el que estamos sumergido hace falta un plan económico consistente, ejecutado por personas de trayectoria y prestigio y una fuerte y clara convicción del presidente de pagar el costo político que haya que pagar para llevar adelante ese plan.

En ese contexto no hay lugar para funcionarios que sigan difundiendo la demagogia diciendo que quienes reciben un plan social no tienen que agradecer nada porque es su derecho a vivir del trabajo ajeno, ni tampoco hay para los especialistas en roscas políticas que pueden servir para ganar una elección pero luego no sirven para sacar al país de la decadencia, al contrario, lo terminan hundiendo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE 

3 años de Macri: mala praxis y mala suerte

Por Iván Carrino. Publicado el 19/12/18 en: http://www.ivancarrino.com/3-anos-de-macri-mala-praxis-y-mala-suerte/

 

El pasado 10 de diciembre se cumplieron tres años desde que la coalición Cambiemos gobierna democráticamente el país.

Tras ganarle a Daniel Scioli en el ballotage y luego de varias idas y venidas por la ceremonia oficial de traspaso, el mandato de Mauricio  Macri comenzó  oficialmente en dicho mes de 2015.

Una enorme expectativa asomaba en Argentina.

Recuerdo que un año después redacté un informe para mis clientes en donde me animé a ponerle una nota a la “Gestión M”. En su momento se había puesto de moda el tema,  porque el propio Macri se había calificado con un “8”.

La nota que yo le puse fue un 6, y el fundamento de la misma estuvo en tres aspectos positivos y algunos negativos

Por el lado de lo positivo había tres medidas concretas para destacar. La primera, la salida del cepo, que aún considero la mejor decisión de política económica de los últimos 10 años. La segunda, la eliminación de casi todas las retenciones a la exportación. La tercera, la designación, frente al Banco Central, de un economista comprometido con la baja de la inflación.

Ahora bien, si se habían tomado todas estas buenas medidas… ¿por qué un 6 solamente?

La respuesta es que muchos de los problemas heredados estaban muy lejos de resolverse, siendo el más fundamental el del agujero fiscal.

En su momento, escribíamos:

“El punto más flojo ha sido el poco compromiso con “la cuestión fiscal”. ¿A qué nos referimos con esto? A que el país atraviesa una crisis de gasto público infinanciable que implica el déficit fiscal más alto desde la época de la hiperinflación. El gobierno, para atender este problema, dijo que iría por el camino del gradualismo, pero en realidad ese gradualismo se transformó en un mayor déficit que el que ya teníamos.”

Paradójicamente, este punto flojo es el principal responsable de la crisis atravesamos en 2018. Es que producto de este agujero fiscal el gobierno tomó ingentes cantidades de deuda, lo que hizo a la economía mucho más vulnerable.

Finalmente, cuando se acabó la confianza, los capitales que llegaban para comprar bonos argentinos dejaron de hacerlo y se precipitó la crisis de balanza de pagos que llevó al peso a caer un 50% contra el dólar.

Hasta aquí la torpeza, inutilidad o incapacidad de la gestión Cambiemos.

ero eso no explica todo.

Mala suerte

Si se tratara solo de torpeza, el kirchnerismo (especialmente el de CFK y Kicillof) debería haber mostrado un desempeño largamente peor.

El gobierno de Cristina deterioró fabulosamente las cuentas públicas, empapeló el país con dinero del Banco Central, incumplió fallos internacionales, controló los precios de las empresas, restringió el comercio…

Obviamente, las consecuencias se notaron. La economía, durante los últimos 4 años de gestión K tuvo una performance paupérrima, con dos años recesivos y una inflación que –también- llegó al 40% anual.

Sin embargo, hubo algo que a CFK la ayudó para que las cosas no fueran incluso peores: el contexto internacional más favorable de las últimas décadas.

Y eso es algo que al gobierno actual le juega claramente en contra.

Veamos.

Durante casi la totalidad del mandato de CFK, la tasa de interés de la FED se mantuvo prácticamente en 0% (siendo negativa en términos reales). Además, en ese período la Reserva Federal norteamericana inyectó en el sistema nada menos que USD 4 billones (equivalentes a 8 PBI argentinos).

Hoy en día, la tasa de la Fed es de 2,2% y la autoridad monetaria yanqui ya lleva aspirados más de USD 500.000 millones desde noviembre de 2015. Todo al revés de cuando gobernaba CFK.

Por su parte, la tonelada de soja, que superó los USD 600 y promedió los USD 462 durante la segunda presidencia de CFK, tiene un precio promedio 23% más bajo en los años que lleva Macri en el poder.

Por si esto fuera poco, el Deutsche Bank comunicó recientemente que en 2018 el 89% de los activos en el mundo se encuentra en terreno negativo. Si tomamos el Índice de MSCI para las bolsas globales, encontramos que acumula una baja de 7,6% en dólares. Por su parte, el ETF de países emergentes cae 15%. En dólares, la bolsa argentina cae mucho más, pero no deja de ser parte de una tendencia generalizada.

Lo mismo pasa con el Riesgo País. Hasta el 12 de diciembre, el de Argentina fue el que más creció de la región. Pero no hay un solo país Latinoamericano en donde hayan mejorado las condiciones de crédito este año.

2018 va a mostrar la inflación más alta de los últimos 27 años y la caída del PBI más grande de los últimos 9.

Las responsabilidades recaen mayormente en la mala praxis del gobierno. Pero tampoco es para ignorar el cambio drástico de las condiciones financieras globales.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

El populismo nos lleva de crisis financiera en crisis financiera

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 15/8/18 en:  http://economiaparatodos.net/el-populismo-nos-lleva-de-crisis-financiera-en-crisis-financiera/

 

Cambiar Lebac por Leliq, Nobac y Letes no son reformas estructurales: tenemos ingenio para los nombres. pero somos poco imaginativos para hacer reformas estructurales

No debería sorprender la nueva corrida cambiaria a la que estamos asistiendo. Podrán echarle la culpa a Turquía, a la suba de la tasa de interés en Estados Unidos, a que baja el precio de la soja o a lo que se les ocurra, pero lo cierto es que el famoso gradualismo llevó a acumular un stock de LEBACs que superó a la misma base monetaria (pesos en circulación + encajes bancarios) y cada treinta días se produce el gran supermartes.

En el fondo, estamos asistiendo a un nuevo fin del financiamiento de un estado sobredimensionado. El mercado se cansó de financiar este déficit fiscal y la economía entró en crisis.

La realidad es que, como en otras oportunidades, el plan para rescatar las LEBACs no es otra cosa que una nueva ingeniería financiera para seguir tirando hasta las elecciones y luego se verá, pero lejos está de resolver el problema de fondo de la economía argentina. Insistimos con lo que venimos haciendo hace décadas. Ahora vamos a asistir a un cambio de bonos por otros bonos, pero sin arreglar el problema que llevó a acumular tanta deuda en LEBACs.

Veamos un poco la historia argentina para entender que nos pasa y que nos va a seguir pasando si no cambiamos en serio de política económica y calidad institucional.

Si uno observa qué pasó con la economía Argentina desde 1880, año en que se logró la consolidación nacional, podemos distinguir dos grandes períodos. Uno que tiene un crecimiento sostenido del ingreso per capita con algunos baches y otro en el que entramos en una crisis detrás de otra.

Gráfico 1

El gráfico 1 muestra la evolución del PBI per capita en dólares constantes de acuerdo a datos de Angus Maddison. ¿Qué se observa en el gráfico? Que aproximadamente hasta la década del 60 hubo una tendencia a la suba con ciertas bajas como en 1914 con cuando la Gran Guerra o en 1930 con la gran depresión. A comienzos de 1960 aproximadamente empezamos con los saltos que se ven en el recuadro. Períodos de auge artificiales que terminaban en grandes crisis.

Tomando los mismos datos de Angus Maddison vemos la evolución en determinados períodos en el siguiente cuadro

Cuadro 1

Desde 1880 hasta 1913, el año anterior a la Gran Guerra, el PBI per capita creció a un ritmo del 2,24% anual. Desde el fin de la guerra hasta la crisis del 30 el PBI creció al 1,92% anual. Pero a partir de 1930 dejamos los valores de la Constitución de 1853/60 y entramos en la era intervencionista, proteccionista y populista. Si uno toma desde 1934, fin de la depresión hasta 1955, el crecimiento del PBI per capita fue del 1,5% anual.

¿Cómo le fue a Perón? Si uno toma el período, punta a punta de 1946 a 1955, el PBI per capita aumentó al 1,5% anual, sin embargo, si uno se toma 1946-1951 años en que se acaba el financiamiento del populismo de Perón, vemos que el PBI per capita aumentó al 2% anual con el oro acumulado durante la guerra. Cuando se acabó el oro y entramos en crisis en 1942, el PBI per capita aumentó a un ritmo del 0,7% anual. En los dos primeros gobiernos de Perón, el PBI per capita aumentó como puede verse en el gráfico 2

Gráfico 2

El gráfico 2 muestra que el PBI per capita creció solo los dos primeros 2 años de los dos primeros períodos de Perón y luego cae, más aceleradamente en 1952, luego cambia algo su política económica y se recupera pero enseguida cayó su gobierno. Es decir, ni Perón pudo zafar de la falta de recursos para financiar el populismo y con el oro acumulado de la guerra no pudo igualar al crecimiento basado en las instituciones de la Constitución Nacional de 1853/60.

Onganía logra un crecimiento del 4,14% anual del PBI per capita pero termina en el cordobazo. El envión llega hasta 1975 con el rodrigazo. A partir de ahí tenemos una crisis detrás de otra. En el gráfico 1 puede verse el serrucho que es la evolución del PBI per capita en el cuadro  que marca la volatilidad, incluyendo el fin de la tablita cambiaria, la crisis del 82, el plan austral, el plan primavera, la hiperinflación, etc.

Entre 1946 y 2016 el PBI per capita aumentó a un ritmo del 1,2% anual contra el 2% anual tomando los 50 años que van desde 1880 hasta 1930 cuando se abandonan los principios económicos de la Constitución de 1853/60. Pero la diferencia está en que en los primeros 50 años, el crecimiento fue sostenido al margen de la Gran Guerra y la crisis del 30. En el segundo período las crisis generaron grandes cambios patrimoniales, violentos modificaciones en la distribución del ingreso y nos transformamos en defualteadores seriales, destruimos cinco signos monetarios y entramos en la era de las grandes inflaciones, megainflaciones e incluso hiperinflación.

¿Qué ocurrió? Muy sencillo, entramos en un creciente populismo en el que el estado gasta más de lo que ingresa. Transitoriamente puede haber una mejoría, pero todo termina en una nueva crisis cuando se acaba el financiamiento, con el agregado de un quiebre en la seguridad jurídica por defaults, confiscaciones de depósitos, cargas impositivas asfixiantes y controles de todo tipo.

Hoy asistimos a una nueva ingeniería financiera que trata de desarmar la bomba de las LEBACs, pero la realidad es que nada se ha dicho sobre qué va a hacer el gobierno con las causas que llevaron a armar esa bomba de las LEBACs, es decir el déficit fiscal. Hoy estamos pagando el costo de haber financiado el populismo heredado. El electoral año 2017 lo transitamos alegremente con obra pública y recuperación económica pero a costa de tomar deuda externa y completarla con gasto cuasifiscal en nombre del gradualismo. Ahora viene una flor de recesión en el segundo semestre, dependiendo el año que viene del clima y de la buena voluntad del FMI para ver cómo llegamos a las elecciones.

Estamos todos pendientes de la ingeniería financiera del BCRA, creyendo, nuevamente, que con esa ingeniería financiera y la ayuda del FMI se arreglan los problemas estructurales. Grosero error. Cambiar LEBACs por LELIQs, NOBACs y LETES no son reformas estructurales. Somos muy ingeniosos para inventar nombres de bonos, pero poco imaginativos a la hora de encarar las reformas estructurales.

En síntesis, no descarto que con este nuevo pase de magia financiero se calme transitoriamente el tipo de cambio, pero francamente es una meta muy poco ambiciosa y de corta duración, como todos los pases de magia que se hicieron en el pasado desde la década del 60 hasta nuestros días.

Mientras no cambiemos la matriz populista heredada del peronismo, que también adoptaron gobierno militares, radicales y Cambiemos, seguiremos tropezando una y otra vez con la misma piedra: la de la insolvencia fiscal.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Con esta carga impositiva es imposible que la economía crezca

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 30/7/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/07/31/con-el-nivel-de-cargos-impositivos-es-imposible-que-la-economia-crezca/

 

Finalmente la realidad dijo basta y la implementación de una reforma del Estado para bajar el gasto público se impuso por las circunstancias

 

No es la primera vez que ocurre algo así en nuestro país. Gobiernos que se niegan a ordenar las cuentas públicas en su momento, recurren a todas las piruetas financieras, monetarias y cambiarias que uno puede imaginar hasta que, finalmente, se acaba la magia de las piruetas y la realidad impone hacer a las apuradas lo que podría haberse hecho en forma ordenada desde un principio, con el agravante de haber acumulado más problemas de los heredados por el costo que generaron esas piruetas financieras. Ahora me refiero a desarmar la bomba de las Lebac.

Pero, como es de rigor, ni aun ante la gravedad extrema de las condiciones económicas y el porrazo contra la realidad que se dan los que se niegan a bajar el gasto público llamándolo ajuste salvaje, aceptan lo que está delante de sus narices y empiezan con una nueva historia. Resulta que ahora aparece la nueva corriente de “pensamiento” que dice que el déficit fiscal se resuelve con crecimiento y no bajando el gasto público. Hay que crecer, aunque no explican cómo se hace para crecer, y con ese mayor crecimiento se recauda más impuestos y se cierra la brecha fiscal.

En rigor no están diciendo nada diferente a lo que sostuvo Cambiemos desde el inicio. No había que bajar el gasto público, sino que había que congelarlo en términos reales, es decir, el gasto tenía que crecer al mismo ritmo que la inflación.

Al mismo tiempo, el crecimiento de la economía permitiría generar más ingresos fiscales y la brecha fiscal se iba a ir cerrando. El gradualismo iba a generar un mágico crecimiento que resolvería el problema fiscal, sin comprender que el problema de la Argentina es, entre otros, el nivel y la calidad del gasto público.

Límite a la capacidad de pago de los contribuyentes

Pero volviendo a la nueva “genialidad” de no bajar el gasto sino que hay que crecer para recaudar más, es bueno recordarles a esos magos de la economía que ya no hay más margen para recaudar. Es más, con esta carga tributaria es impensable crecer en forma sostenida, como ha quedado demostrado. Basta un año con pocas lluvias y entramos en un problema económico fenomenal.

El gráfico muestra la evolución de la recaudación impositiva en dólares, tomando el tipo de cambio promedio de cada año. Como puede verse entre 2003, cuando llegó el kirchnerismo al poder, y 2017, cuando el estado recauda USD 129.270 millones más que en 2003. Para tener idea de la magnitud de cuántos recursos más recibió el Estado de los bolsillos de los contribuyentes podemos compararlo con el Plan Marshall que fue implementado por Estados Unidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial para ayudar tanto a aliados como a los países vencidos.

El Plan Marshall comenzó a funcionar en 1948 durante 4 años y era por un monto de USD 13.000 millones de aquella época. A valores actuales son unos USD 130.000 millones. Es decir, entre 2003 y 2017 la Argentina incrementó la recaudación por el equivalente a todo el Plan Marshall, aclarando que en total fueron 18 los países europeos que se vieron beneficiados con el Plan Marshall para reconstruir sus economías.

El que más apoyo recibió del total del monto el Plan Marshall fue Gran Bretaña, con el 26% del total, el segundo fue Francia con el 18% y el tercero fue Alemania, en ese momento Occidental, con el 11% del total. De manera que, dicho sea de paso, cuando se dice que Alemania se recuperó gracias al Plan Marshall, no es cierto.

Gran Bretaña recibió más del doble que Alemania y la que despegó económicamente fue Alemania, mientras Inglaterra entraba en una senda de estancamiento con las ideas intervencionistas que imperaban en el Laboralismo, que fue el que ganó la elecciones luego de la guerra derrotando a Churchill.

La realidad es que Alemania recibió USD 1.430 millones de ese momento, unos USD 14.300 millones actuales. Así que si comparamos los USD 129.000 millones más que recauda el gobierno argentino, con lo que recibió Alemania para reconstruirse luego de la guerra, mejoró sus ingresos en un monto que equivale a 9 Planes Marshall de los que recibió Alemania.

Uno logró sacar a su país de debajo de los escombros y las ruinas y el Kirchnerismo, recaudando casi USD 142.000 millones más, algo así como 10 planes Marshall de los que recibió Alemania, dejó a la Argentina sin energía, con las rutas destruidas, con 12 millones de cabezas de ganado menos, en default, con cepo cambiario y el listado sigue.

Una pesada herencia, equivalente a una catástrofe económica

El kirchnerismo fue una catástrofe económica e institucional para Argentina y esa catástrofe requería de un tratamiento de shock como el que aplicó Ludwig Erhard en Alemania implementando una economía de mercado que, dicho sea de paso, no era del agrado de los gobiernos de los países aliados, que en esos momentos estaban mayormente dominados por las ideas intervencionistas y keynesianas.

Pero si el dato de la evolución de la recaudación en dólares no conforma a algún lector, podemos ver cómo evolucionó la recaudación tributaria consolidada en términos de PBI, es decir incluyendo los impuestos nacionales, provinciales y municipales, entre la década del 90 y el último año del kirchnerismo tenemos que aumentó unos 13 puntos del PBI. Y si tomamos el 2017 respecto a los 90, cuando ya la carga tributaria era elevada, tenemos, aproximadamente, 10 puntos más del PBI que se quedan la nación, las provincias y los municipios de los ingresos que generan los contribuyentes.

Quienes afirman que el problema no es el gasto público sino la recaudación vía un mayor crecimiento económico, o no pagan impuestos o no logran conectar la carga tributaria con el crecimiento económico. ¿Quién puede invertir en un país donde el impuesto a las ganancias a las empresas es del 35%, pero como no se pueden ajustar los balances por inflación la carga efectiva supera el 40%? ¿O todavía no se enteraron de que el crecimiento viene de la mano de la inversión y nadie invierte para ser expoliado impositivamente?

Pero veamos un dato más. Cómo evolucionó la recaudación tributaria de los impuestos nacionales entre 2003 y 2017 a pesos de 2017 utilizando IPC para indexar.

En pesos de 2017 los ingresos tributarios nacionales (IVA, Ganancias, Combustibles, Aportes y Contribuciones, al cheque, etc.) se multiplicaron por 2,5 o aumentaron el 150% en términos reales. Una verdadera masacre tributaria.

De manera que, mientras no se baje el gasto público y la carga tributaria, además de implementar una reforma laboral y otras cuestiones más, es impensable que la economía crezca.

Una mochila que inmoviliza

El sector privado tiene encima a un luchador de sumo que es el Estado y lo mantiene inmovilizado con su peso. Es imposible imaginar una economía creciendo con el actual peso del Estado sobre el sector privado.

Con la feroz carga tributaria que hoy soporta el sector privado, es impensable que el déficit fiscal vaya a solucionarse con crecimiento. Afirmar que tenemos un problema de recaudación raya en el delirio y más delirante es creer que el sector informal puede pasarse al sector formal con esta carga tributaria.

Este nuevo discurso que empieza a aparecer diciendo que el problema fiscal se resuelve con crecimiento es típico de los que quieren seguir con un gigantesco e ineficiente gasto público.

Que expliquen cómo piensan crecer con esta carga impositiva. Con estas tasas de interés que son fruto del endeudamiento del sector público para financiar el déficit fiscal y con esta tasa de inflación que es consecuencia del déficit fiscal. No pueden explicar semejante disparate. Es el discurso típico del demagogo, del que habla sin saber o del necio que niega la realidad.

Asumamos la realidad, el problema fiscal, de la inflación y de las altas tasas de interés se resuelve reformando el Estado para bajar el gasto y con menor presión impositiva. El desafío es grande, no tengo ninguna duda, pero lo otro es un delirio mayúsculo que nos puede llevar a otras crisis económicas de las que ya conocemos.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.