¿Por qué el populismo es tan popular en América Latina?

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 8/8/14 en http://politicasypublicas.com/por-que-el-populismo-es-tan-popular-en-america-latina

1.- en general.

¿Por qué las propuestas demagógicas e intervencionistas, con grados diversos de autoritarismos, son en general aceptadas por la gran mayoría de la población?

Es una pregunta que choca con el habitual racionalismo de ciertos liberales (1), que presupone que explicando racionalmente las bondades del libre mercado y el gobierno limitado, debería bastar para su aceptación. Si ello no es así, es que aún no hemos encontrado la forma de “explicarlo y-o comunicarlo bien y adecuadamente”.
Sin embargo, la naturaleza humana no es racional “de ese modo”. , en su obra “Psicología de las masas y análisis del yo” (2), nos explica algo sobre la naturaleza humana que los liberales clásicos deberíamos incorporar más a nuestros análisis políticos. La evolución de la psiquis no es tan fácil. La ambivalencia sobre la figura paterna puede generar, a veces, una identificación y una regresión infantil a la figura del padre (como un proceso inconsciente para evitar “el asesinato del padre”). Estas personas con esta regresión quedan perfectamente preparadas para una alienación y masificación con el “jefe de la horda”, expresión muy significativa utilizada por Freud. O sea que en el psiquismo de muchos adultos existe una bomba de tiempo: un proceso de regresión por medio de la identificación con la figura paterna que se proyecta en el líder autoritario. Por eso las personas masificadas se sienten “hermanadas” en el amor al líder, y son propensas por ello a procesos de igualación que los identifique precisamente como los hermanos ante el padre. Esta es una explicación de los fenómenos de masas que explica muy bien los procesos de autoritarismos políticos, y la mala noticia es que estas personas no están precisamente preparadas para ejercer el juicio crítico contra el dictadorzuelo que ha capturado la debilidad de ese yo que padece una profunda regresión hacia sus etapas más infantiles.

Vìctor Frankl, otro psicólogo y psiquíatra vienés, fundador de la “logoterapia”, da una explicación complementaria, en mi opinión (3). Frankl sostiene que la principal neurosis que afecta al ser humano es la “neurosis noógena”, esto es, la neurosis fruto de la angustia por perder el sentido de la existencia. Al ser humano le es difícil preguntarse verdaderamente por el sentido de su vida; habitualmente, para huir de esa difícil pregunta, se aliena, esto es, toma el sentido prestado de otra existencia, “convirtiéndose en el otro”, “siendo el otro”. Una de esas posibles alienaciones es precisamente seguir los mandatos de otro, y encontrar en el plan y en las órdenes de un sistema autoritario el sentido de la vida que no habíamos podido encontrar por nosotros mismos. El dictador autoritario, para Frankl, también vive en una peligrosa alienación, porque sólo encuentra el sentido de su vida en ese espacio de poder. “Amo y esclavo” para usar la famosa dialéctica, se retroalimentan en una vida sin sentido, anestesiada por esa relación enferma que a los dos los hace olvidar radicalmente de su propio yo. En ese sentido, quien ha encontrado el sentido de su propia vida ha encontrado también el sentido de su libertad individual, y es muy poco propenso, o casi nada, a los cantos de sirena de los sistemas autoritarios.
En ese sentido, si la Ilustración es madurez, como decía Kant (4), la madurez es precisamente un psiquismo adulto, sin el padecimiento de estas dos clases de alienaciones, un psiquismo que pueda reflexionar sobre el sentido de la vida y encontrar en sí mismo el camino de su existencia. Pero, oh, mala noticia para los liberales, no es esa la situación del común de las personas, que más que vivir su propia existencia, son vividos, esto es, se dejan llevar por un sin fin de alienaciones diversas sin la más mínima conciencia existencial de ello. Esto es un grave problema para los liberales clásicos, y también para los liberales del s. XIX de orientación más positivistas que creyeron encontrar en la escolaridad estatal obligatoria un remedio para la ignorancia y el camino hacia un ciudadano “maduro” e ilustrado que no se deje llevar por caudillos autoritarios (5).

Pero este diagnóstico sobre los problemas de la naturaleza humana, la alienación y el autoritarismo, no están hechos para América Latina en particular. Un norteamericano o un suizo no tienen nada en especial, genética y psíquicamente, por lo cual no caer en los procesos de alienación descriptos. Entonces, ¿qué hay de particular en América Latina?
2.- El autoritarismo latinoamericano.

En otra oportunidad (6) he desarrollado una hipótesis de por qué son más visibles en América Latina estos procesos de alienación psíquica con el líder (obsérvese que no dije “más frecuentes”). La cuestión es el marco institucional, y ello es lo que en América Latina estuvo debilitado desde su origen. Las instituciones liberales clásicas son precisamente usos y costumbres jurídicas y políticas que retardan o hacen más difícil los procesos de alienación descriptos (aún así, observemos el camino creciente de los EEUU hacia el autoritarismo, igual que la Europa de la post-guerra).

Pero mientras que en los EEUU podríamos hablar de una vuelta a dichas instituciones, América Latina nunca las tuvo. Lo que hubo es un enfrentamiento entre dos fuerzas culturales opuestas.

¿Cuáles fueron esas dos fuerzas culturales? Como ya dije en otra oportunidad, América Latina se basó en la estructura monárquica de origen español, donde la estructura era jerárquica del Rey a los Virreyes. A ello sumemos los diversos caudillos locales que se movían con un sistema de privilegios con el Virrey de turno, más una tradición cultural de unión entre el catolicismo y la corona española, ante lo cual la “sana laicidad del estado”, defendida hoy por todo el Vaticano II y Benedicto XVI (7), brillaba por su ausencia.

Los intentos del liberalismo no fueron, por ende, en América Latina, una evolución del Estado de Derecho como describe Hayek (8). No hubo evolución, sino revolución. Los que querían cambiar el sistema se basaron más en la tradición iluminista francesa, fuertemente antireligiosa, que se imponía habitualmente por la fuerza, de la mano de un militar con pensadores civiles que importaban los códigos napoleónicos y estructuras republicanas más bien continentales imponiendo un proceso de secularización también por la fuerza. Esto, como conjetura general.

América Latina nació por ende en ese drama cultural, con esas dos fuerzas enfrentadas. Excepto Alberdi, no hubo en América Latina (AL) ese “limited goverment” de origen anglosajón y evolutivo defendido por Hayek. El resultado fue, por ende, un liberalismo más bien constructivista, en términos de Hayek, contra un tradicionalismo donde tampoco existían las libertades individuales (esencial diferencia con tradicionalismos como los de Edmund Burke). Por ende, AL es una tierra de revoluciones y de autoritarismos contrapuestos. Los golpes cívico-militares antirreligiosos, muchos de los cuales acompañaron los movimientos de emancipación de la corona española, no pudieron borrar los usos y costumbres culturales anteriores; más bien los retro-alimentaban porque dependían también del grupo de “hombres fuertes” que imponían la revolución. Claro, por un tiempo, como por ejemplo en , la cosa pareció funcionar, porque los códigos civiles y penales estructurados sobre la base de los derechos de vida, libertad y propiedad estabilizaron por un tiempo la anarquía anterior. Pero luego de un tiempo los horizontes autoritarios ocultos se hacen manifiestos, como un conflicto inconsciente tapado por una fuerte negación.

Argentina no podría ser un mejor y dramático ejemplo. Primero, la revolución contra la corona, iluminista-racionalista. Luego, la revolución contra la revolución racionalista: el Perón nacionalista mussoliniano de los años 40. Luego, la revolución de izquierda contra el “imperialismo norteamericano”, la nueva corona de la cual había que liberarse: la guerrilla de los años 70. Años 70 de los cuales no hemos salido (9), sino que estamos en ellos cada vez más.

Todas las instituciones de AL, por ende, son débiles, porque nunca florecieron en medio de esas fuerzas autoritarias antagónicas, y los intentos del s. XIX de trasplantar una Constitución liberal en ese terreno fracasaron obviamente. Siempre dependemos del “hombre fuerte”, llámese Uribe o Chávez. En ese sentido el “populismo” en AL tiene esa base que lo retroalimenta. No es que sus habitantes son más propensos a los procesos de masificación y alienación, sino que no tienen incorporados, en términos psicoanalíticos, “la ley del padre”, siendo esa ley usos y costumbres institucionales fuertemente arraigados. Según Freud quien no incorpora la ley del padre es perverso o psicótico. Bien, eso es AL: una perversión política, fruto de su debilidad institucional.

3. ¿Hay alguna solución?

A simple vista, no. Los liberales que más han bebido en el libertarianismo de Rothbard se colocan habitualmente en una posición anti-sistema. No les queda sino la revolución, lo cual, si mi hipótesis es correcta, retro-alimenta el problema. Lo otro que les queda (que nos queda) es el exilio.

Una perspectiva más hayekiana, más evolutiva, es integrarse a los partidos políticos tradicionales tratando de llevar ciertas ideas a ciertos líderes que, aunque claramente no liberales, sin embargo estén en una clara posición anti-chávez y más propensos a aliarse con Chile o Brasil. Esos líderes tienen más apoyo popular y, ubicados en el poder, al menos darán más tiempo y oportunidad para un mayor progreso institucional (hasta llegar a una reforma constitucional liberal clásica). Ello es lo único realista y posible en ese momento y al menos podría frenar (o hubiera podido frenar) dramas como los Kirchner y otros peligrosísimos dictadorzuelos pro-marxistas.

Por supuesto lo que propongo es totalmente falible. Si me dan otra solución mejor, excelente. Pero les ruego que me disculpen un lugar común. La violencia sólo engendra violencia. Las sociedades, los sistemas, evolucionan o colapsan, pero no cambian por la fuerza. Mientras tanto, yo no sólo respeto el exilio en quien pueda hacerlo, sino que a veces lo exhorto. Sólo que en la situación mundial actual, queda otra pregunta: ¿hacia dónde?
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Notas:

1) Mises, L. von: Human Action, chapter XXXVII, point 3.
2) Freud, S.: Obras Completas, Editorial El Ateneo, Libro 3, p. 2563.
3) Frankl, V.: Ante el vacío existencial, Herder, Barcelona, 1986.
4) Kant, I.: Qué es la Ilustración, Terramar Ediciones, La Plata, 2005.
5) Zanotti, Luis J.: Etapas históricas de la política educativa, Eudeba, Buenos Aires, 1971; on line in http://www.luiszanotti.com.ar
6) Zanotti, G.: “Cómo ser liberal en América Latina y no morir en el intento”, en http://www.cadal.org/documentos/documento_31.pdf
7) On Benedicto XVI and these issues, see Zanotti, G.: “León XIII, Benedicto XVI y los EEUU”, en http://www.institutoacton.com.ar/articulos/gzanotti/artzanotti36.doc
8) Hayek, F. A. von: Los fundamentos de la libertad; Unión Editorial, Madrid, 1978, cap. XI.
9) We have already said it in “Sobre la “vuelta” a los 70”, en Fundación Atlas, el 5-9-2003. Reproducido en Infobae el 24-9-2003.

Texto de la ponencia presentada en la Mont Pelerin Society el Martes 19 de Abril de 2011.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Sobre el “buen” gobierno

Por Gabriel Boragina. Publicado el 29/6/14 en: http://www.accionhumana.com/2014/06/sobre-el-buen-gobierno.html

 

Las polémicas políticas siempre suelen girar en torno al tema de si el gobierno X es un “buen” o un “mal” gobierno, y –generalmente- los criterios clasificatorios se establecen mediante mecanismos comparativos tomando como referencia gobiernos anteriores.

La concepción popular –según hemos hecho notar en otras ocasiones- se inclina por considerar “buen gobierno” a aquel del cual un mayor número de personas recibe más beneficios materiales. Este, puede decirse, es el criterio más extendido –al menos en Latinoamérica- y sobre el que se sustentan –entre otros- los populismos de la región.

Sin quizás llegar a los extremos en los que han caído los regímenes populistas sudamericanos, incluso hasta en los EEUU la idea de un gobierno benefactor ilimitado parece haber encontrado cabida en los últimos tiempos. Sin embargo, ha de dejarse constancia que no siempre fue así, y decididamente no lo fue en la etapa fundadora del país del norte, donde la idea prevaleciente era la opuesta, la del gobierno limitado:

“Esta concepción del gobierno limitado y del derecho a la sublevación se encuentra inserto en el Acta de la Independencia estadounidense de la que vale la pena reproducir la parte pertinente debido a que, a partir del 4 de julio de 1776, se inicia el experimento que es considerado el que más se ha acercado al ideal de liberalismo, aunque no se haya podido mantener al gobierno dentro de la esfera de poderes limitados a la protección de los derechos, y aunque la extralimitación no haya conducido al ejercicio del derecho a la sublevación. Y aunque las extralimitaciones hayan sido, sin duda, mucho mayores que el aumento de los impuestos al té, establecidos por Jorge III, especialmente si consideramos casos como el de los dos gobiernos más populares de este siglo en Estados Unidos: el de F. D. Roosevelt y el de Kennedy. En el acta de la independencia se lee que “Cuando cualquier forma de gobierno se convierte en destructiva para este fin [la protección de derechos], es el derecho del pueblo de alterarlo o abolirlo e instituir un nuevo gobierno sobre la base de aquellos principios y formas de organización de los poderes a los efectos de proteger su seguridad y felicidad. La prudencia dictará que los gobiernos establecidos durante largo tiempo no sean cambiados por motivos transitorios; la experiencia demuestra que la humanidad está más dispuesta a sufrir aquellos males que son soportables en lugar de recurrir a su derecho de abolir el gobierno. Pero cuando se trata de la reincidencia en los abusos y usurpaciones que tienden al objetivo de reducirlos bajo el poder del despotismo absoluto, es su derecho, es su obligación, de deponer ese gobierno y proveer de nuevos guardianes para la seguridad futura”.”[1]

A la luz de las recientes experiencias políticas mundiales y sobre todo –insistimos- americanas (tanto en el Norte como en el Sur), el pensamiento expuesto anteriormente en la cita, parece haberse revertido casi por completo. Da la impresión como que se ha operado un cambio cultural, por el cual se ve al gobierno como un medio para la violación de los derechos ajenos en salvaguarda de los propios, y es cuando los gobiernos ya no pueden cumplir con este propósito deseado por sus gobernados, cuando comienzan a colapsar y se busca entonces su reemplazo por otros, para que viole los derechos de unos en beneficio de los anteriores, pero esta vez en un sentido contrario al del depuesto o reemplazado por vías democráticas. Por lo menos, esta es -a no dudarlo- la filosofía que inspira a los populismos latinoamericanos. Se ha dejado mayoritariamente de pensar en la protección de los derechos de las personas como un objetivo alcanzable para todos, para pasar a creerse que -en un juego de suma cero- sólo es posible proteger los derechos de unos sacrificando los derechos de los demás, y en función de este propósito se pone en manos del gobierno operar en consecuencia.

Como bien ha enseñado la Escuela de la Public Choice, encabezada por James Buchanan y Gordon Tullock, los políticos participan de la misma idea expuesta en último término, y toda su actuación pública apunta, si bien bajo formas diversas y poses altruistas, a beneficiarse a si mismos en desmedro de sus electores.

Sobre los peligros que todo esto representa, ya nos había alertado prematuramente Hayek, cuando nos advirtió:

“Sólo podemos contar con un acuerdo voluntario para guiar la acción del Estado cuando ésta se limita a las esferas en que el acuerdo existe. Pero no sólo cuando el Estado emprende una acción directa en campos donde no existe tal acuerdo es cuando se ve obligado a suprimir la libertad individual. Por desgracia, no podemos extender indefinidamente la esfera de la acción común y mantener, sin embargo, la libertad de cada individuo en su propia esfera. Cuando el sector comunal, en el que el Estado domina todos los medios, llega a sobrepasar una cierta proporción de la totalidad, los efectos de sus acciones dominan el sistema entero. Si el Estado domina directamente el uso de una gran parte de los recursos disponibles, los efectos de sus decisiones sobre el resto del sistema económico se hacen tan grandes, que indirectamente lo domina casi todo. Donde, como aconteció, por ejemplo, en Alemania ya desde 1928, las autoridades centrales y locales dominan directamente el uso de más de la mitad de la renta nacional (según una estimación oficial alemana de entonces, el 53 por 100), dominan indirectamente casi la vida económica entera de la nación. Apenas hay entonces un fin individual que para su logro no dependa de la acción del Estado, y la «escala social de valores» que guía la acción del Estado tiene que abarcar prácticamente todos los fines individuales.”[2]

Lamentablemente, muchos pueblos, en el curso de la historia, han alentado este crecimiento descomunal de los gobiernos a limites que luego se tornaron prácticamente inmanejables.

 

[1] Alberto Benegas Lynch (h) Hacia el Autogobierno. Una crítica al poder político. Emecé. Pág. 42-43

[2] Friedrich A. von Hayek, Camino de servidumbre. Alianza Editorial. España. pág. 92-93

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. 

ALARMA EN CHILE

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Mauricio Rojas, primero exiliado en Suecia, luego radicado en España y ahora vuelto a Chile, su país natal, explica desde la institución liberal de la que  integramos el Consejo Académico los dos junto a otros amigos, dirigida por el gran Axel Kaiser y acompañada por Ángel Soto y otros destacados profesionales y financiada generosamente por empresarios de la talla de Nicolás Ibañez. Nos advierte Rojas que la candidata favorita en las encuestas para las próximas elecciones, Michelle Bachelet, promete revertir lo que estimamos bueno en Chile y “está dando un peligroso giro chavista”, naturalmente “con fuertes ribetes populistas” y propone incrementar enormemente los impuestos para repartir en los mal llamados “derechos sociales”. Respecto de posibles vallas institucionales, el actual asesor de Bachelet, Fernando Atria, manifestó que “el problema constitucional chileno es algo que tendrá que resolverse por las buenas o por las malas”. Otras voces también han informado sobre estos signos que se presentan en el horizonte, tales como las también autorizadas voces de Luis Larraín, Carlos Cáceres, Hernán Büchi  y algunos profesionales del equipo del actual presidente a pesar de algunas políticas erradas de esa misma gestión tal como personalmente he consignado en otras columnas.

En las elecciones primarias que tuvieron lugar el 30 del pasado mes de junio, Bachelet obtuvo el 75% de apoyo y triplicó al oficialismo. Si los antedichos pronósticos tenebrosos se concretaran, no habrá más ejemplo de sensatez y cordura en América latina, ni se podrá seguir con el latiguillo de que aun un gobierno de izquierda sigue los lineamientos básicos del mercado libre y el poder con facultades limitadas, ya que esto podría extenderse al incendio en Brasil por aquello de “menos circo y más pan”, a las últimas ambigüedades graves del jefe de estado peruano y las expresiones del uruguayo que afirma que “se necesitan más Chávez”. Por supuesto que todo es una cuestión de grado y hay diferencias entre uno y otro régimen debido al funcionamiento de la oposición y las instituciones vigentes, pero de todos modos se hace necesario redoblar esfuerzos educativos y culturales al efecto de defenderse de posibles avalanchas y no caer en lo que viene ocurriendo en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Argentina para no mencionar las aberraciones cubanas.

Simultáneamente a las faenas que estimulen debates abiertos de ideas para mostrar los fundamentos de una sociedad abierta, se hace necesario reiterar reflexiones sobre refuerzos institucionales para no correr riesgos mientras las antedichas labores tienen lugar al efecto de que no se venga la estantería abajo de modo prematuro. En esta materia no es pertinente quedarse de brazos cruzados y esperar milagros. Como bien ha dicho Einstein “no pueden esperarse efectos distintos insistiendo en las mismas causas”.

Ningún liberal sostiene que se ha llegado a un punto final para maniatar al Leviatán (ni en ningún otro aspecto puesto que estamos siempre inmersos en un proceso evolutivo en el que las corroboraciones son provisorias abiertas a posibles refutaciones). El lema de la Royal Society de Londres ilustra a las mil maravillas el punto: nullius in verba (no hay palabras finales).

Como he recordado en otras oportunidades, el premio Nobel Friedrich Hayek ha dicho en las primeras doce líneas del primer tomo de su Derecho, legislación y libertad que los esfuerzos de los liberales realizados hasta el presente para contener los desbordes de los aparatos estatales “han sido un completo fracaso”, por lo que en le tercer tomo de la mismo obra sugiera medidas para limitar al Poder Legislativo. Por su parte, Bruno Leoni en La libertad y la ley sugiere lo propio para el Poder Judicial, todo debido a que la democracia ha mutado en cleptocracia. Es decir, en lugar de que las mayorías respeten los derechos de las minorías tal como lo han enseñado los Giovanni Sartori de todas las épocas, han surgido dictadores electos que roban propiedades, libertades y sueños de quienes están supuestos de proteger.

En esta nota a vuelapluma volvemos a insistir con la propuesta de  Montesquieu que es aplicable al Poder Ejecutivo. En efecto, nada menos que en Del espíritu de la leyes, el autor mantiene en el segundo capítulo del Libro Primero que “El sufragio por sorteo está en la índole de la democracia”. A primera vista esto puede resultar fantasioso pero si se le da una segunda y atenta mirada se comprobará que los incentivos trabajarán en dirección a fortalecer las garantías a los derechos de las personas.

Si son correctas las consideraciones de pensadores como Douglass North, Ronald Coase y Harold Demsetz en cuanto al valor y la trascendencia de los incentivos, concluimos que el sistema del sorteo, dado que cualquiera puede ser candidato y seleccionado, la primera reacción será defender la vida y las haciendas de cada uno, lo cual se transporta a la limitación al poder que es, precisamente, lo que se necesita en lugar de consumir glándulas salivares y tiempo en relatar anécdotas irrelevantes sobre las personas de los candidatos y los partidos que ellos representan, partidos que se concentrarán en los postulantes al Congreso.

Karl Popper ha escrito en La sociedad abierta y sus enemigos que la pregunta de Platón respecto a quien ha de gobernar está mal formulada, puesto que de lo que se trata es de fortalecer instituciones “para que el gobierno haga el menor daño posible”.

En caso de que lo sugerido por Hayek, Leoni y Montesquieu no pareciera adecuado, deben proponerse otros caminos pero no es posible ni conveniente la inercia y la pereza mental por concebir nuevos límites al poder en vista de las alianzas y coaliciones que el sistema actual genera, no solo en los países mencionados sino también en Europa y en Estados Unidos. En este último caso a contramano de la preocupación consignada por Jefferson en 1782 en cuanto a que “Un despotismo electo no es el gobierno por el que luchamos”.

Invito a pensar y trabajar las neuronas en dirección a evitar los tremendos abusos y atropellos que se están sucediendo por parte de los “primeros mandatarios” que proceden como primeros mandantes. No se trata simplemente de alargar la cadena sino de cortarla para respetar la dignidad y la autonomía de cada uno en lugar de tratar a las personas como una masa amorfa susceptible de ser manipulada, regimentada y domesticada por gobiernos inescrupulosos y adiposos que atropellan todo a su paso.

Espero que estas noticias desagradables sirvan para que muchos distraídos se den cuenta que no pueden seguir haciendo arbitrajes como si nada ocurriera en su entorno con la esperanza de que otros sean los que le dediquen tiempo y recursos para enderezar entuertos y ellos ser  cómodos “free riders”. Todos a los que les interesa vivir civilizadamente deben contribuir a que se comprendan las ventajas de la libertad. No es posible mirar para otro lado y pretender que sean los vecinos los que calmen los incendios y creer que es una hazaña heroica el limitarse a votar cada tantos años y todavía pontificar sin ruborizarse sobre quien es el menos malo de los candidatos en un proceso siniestro de plano inclinado. Hay que arremangarse y trabajar en lo más difícil que se concreta en la gimnasia de lo que se encuentra de las cejas para arriba y no en la estúpida “militancia” que recuerda a obediencias ciegas y verticalismos impropios de la sociedad civil y otros pasatiempos inútiles…y en medio de esta apatía superlativa todavía hay quienes machacan con aquello de que “todos somos responsables” descalificando a los pocos que trabajan cotidianamente para curar malarias y encaminarse al respeto recíproco.

Por último, cito a Carlos Alberto Montaner en relación con las actuales protestas callejeras en Chile: “Hay algo terriblemente autoritario e hipócrita en el comportamiento y las demandas de esos estudiantes chilenos. Lo terrible es que ellos, que esperan que otros les paguen sus estudios […], cuando terminan sus carreras suelen o intentan convertirse en profesionales económicamente exitosos. Para ellos el lucro sólo es malo cuando lo persigue el otro. Esto se llama cinismo”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

Pruebas de la esclavitud de baja intensidad

Por Pablo Guido. Publicado el 19/3/13 en http://chh.ufm.edu/blogchh/

 Hayek afirmaba que “…no es el modelo democrático en sí, sino su variante de tipo ilimitado, lo que, en mi opinión, puede llegar a resultar tan opresivo como cualquier otro gobierno arbitrario”. Es decir, la democracia podría, en función de los intereses de la mayoría, oprimir la libertad individual y los derechos de la minoría. De esta manera, para limitar los poderes del gobierno y proteger los derechos individuales surge el denominado Estado de Derecho el cual supone el imperio de la ley (normas generales, abstractas, conocidas y ciertas). Donde aquella está ausente las libertades de las personas se ven reducidas, no garantizadas, pisoteadas por aquellos que detentan el gobierno o aquellos a los cuales el gobierno les transfiere algún tipo de privilegio.

 En Argentina hace décadas que el Estado de Derecho brilla por su ausencia, en menor o mayor medida. Actualmente y desde hace ya una década que se ha profundizado este problema. Los siguientes son algunos extractos de la entrevista que le hicieron a un empresario argentino, presidente de la empresa Shell, en el cual aquel cuenta la persecución que ha sufrido en los últimos años:

 

“El rol de un dirigente está vinculado con cumplir con sus obligaciones, pero también con exigir que se respeten sus derechos”.

  • “Aquellos empresarios que aceptaron (la violación de sus derechos) no cumplieron con su rol; privilegiaron lo conveniente y no lo correcto…”
  • “Esa complacencia va a tener resultados que irán en contra del que la estuvo usufructuando”.
  • “Espero que lleguemos a tiempos brillantes en los que podamos hablar todos en voz alta, de decir lo que pensamos y no tengamos miedo”.

 Carlo Cipolla escribió La decadencia económica de los imperios, donde describe los casos del imperio romano, del imperio bizantino, del imperio español, entre otros. En el primer capítulo del libro Cipolla ensaya una teoría general de la decandencia y escribe: “Si el espíritu público decae y el espíritu de cooperación falta, cualquier programa de renovación tiene escasas posibilidades de éxito”. Palabras que pintan de cuerpo entero los problemas que hace tiempo y fundamentalmente hoy sufre la sociedad argentina para poder intentar romper con el statu quo que le pone barreras al surgimiento de un ámbito donde las libertades individuales se garanticen y el poder del gobierno esté limitado.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

 

¿Son los think tanks los amos del universo?

Por Alejandro A. Chafuén. Publicado el 16/1/13 en http://www.forbes.com/sites/realspin/2013/01/16/think-tanks-are-they-the-masters-of-the-universe/

Traducción al español: Matías E. Ruiz en: http://www.elojodigital.com/contenido/11690-son-los-think-tanks-los-amos-del-universo

¿Cómo contribuyen los think tanks a la producción de resultados que conducen a una mejor política pública? Trabajando durante tres décadas en este campo, he desarrollado un simple modelo basado en inputs complejos. Lo retornado por el sistema surge del resultado de cuatro factores: ideas, incentivos, liderazgo, y providencia o suerte.

Una publicación reciente de Daniel Stedman Jones (Los Amos del Universo: Hayek, Friedman y el Nacimiento de las Políticas Neoliberales, Masters of the Universe: Hayek, Friedman, and the Birth of Neoliberal Politics | Princeton University Press, 2012) bordea la totalidad de estos factores. Como Alejandro Chafuén, junto a Milton Friedmanfuente de ideas fundamentales, Stedman Jones se enfoca en cuatro figuras prominentes, Ludwig von Mises, Karl Popper y los laureados con el Nobel F.A. Hayek y Milton Friedman. La cita de Stedman Jones de un día 21 de abril de 1978 relativa a la aparición de Friedman en el programa de la BBC ‘The Money Programme’ describe el rol que él considera que estos desempeñan: “El rol de los pensadores, creo yo, coincide con mantener -primariamente- opciones abiertas, tener alternativas disponibles, de manera que, cuando la fuerza bruta de los eventos configuran un cambio inevitable, existe una alternativa disponible para modificarla”.

En lo que hace a liderazgo político, Stedman Jones se enfoca en Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Pocos amigos de la sociedad libre pueden evadirse de sus alternativas. Ellos son ampliamente reconocidos por sus contribuciones en el resultado tendientes a detener el camino hacia el socialismo. En lo que respecta a los incentivos, Stedman declama que la visión de libre empresa se ha vuelto predominante merced a la red transatlántica de think tanks, hombres de negocios, políticos, y periodistas. Esta red ha logrado cohesión a partir de los puntos de vista y el liderazgo de Hayek, Friedman, etcétera. Stedman Jones también brinda espacio importante para el trabajo Burocracia (Bureaucracy) de Hayek y la publicación de Popper La Sociedad Abierta y sus Enemigos (The Open Society and its Enemies). El menciona que esta red se ha visto beneficiada de la generosidad y el liderazgo compartido por hombres de negocios y sus fundaciones, incluyendo a Richard Mellon Scaife, The Earhart Foundation, Charles Koch, John M. Olin Foundation, y Liberty Fund.

A pesar de dedicar numerosas páginas a las bases intelectuales del neoliberalismo -que él define como la “ideología de libre mercado basada en libertad individual y gobierno limitado que ha conectado a la libertad humana con las acciones del actor racional y egoísta en el mercado competitivo”– Stedman refiere que “la suerte, el oportunismo y un conjunto de circunstancias emanadas de la contingencia jugaron el más crucial de los roles”. Pero, cuando la suerte, la circunstancia o la providencia crearon las condiciones, la red estaba lista: “desde la forma de una empresa con un carácter transatlántico genuino, la red se había vuelto, hacia los años ochenta, cada vez más internacional, de la mano de los esfuerzos de organizaciones tales como Atlas Foundation y Mont Pelerin Society. En lo personal, yo me convertí en miembro de Mont Pelerin Society en 1980, y en presidente de Atlas en 1991, de modo que puedo otorgar credibilidad al análisis realizado por Stedman Jones y saber valorarlo.

El extrajo las citas de la correspondencia intercambiada entre Hayek y Antony Fisher, en las que este último lleva a cabo un esfuerzo para convencer a Alejandro Chafuén, junto a HayekHayek de que los think tanks no eran el resultado surgido de la pura suerte: “Usted ha mencionado a la ‘suerte’!… No hay dudas de que la suerte es importante… ¿No hubo, acaso, intención de ambas partes y la consiguiente acción? [para fundar un think tank] ¿Cuánto es la suerte?”. Fisher fundó el Instituto de Asuntos Económicos (The Institute of Economic Affairs) en 1957, y Atlas en 1981.

Stedman incluye más citas y dedica aún más páginas a Von Mises, Hayek y Friedman que a Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Su larga exposición sobre los puntos de vista compartidos por estos sobresalientes economistas podría empujar a muchos a prestar atención a sus trabajos. Esto podría ayudar a equilibrar su análisis al respecto de de que crisis de 2008 fue resultado de mercados libres operando desenfrenadamente. El ‘club’ Hayek-Friedman declama que la crisis fue el resultado de intervencionismo previo.

El libro concluye que “la acción en políticas públicas fundada en la razón necesita regresar”. Para Stedman, esto implica el imperio de la burocracia iluminada. Aquellos cuyo trabajo condujo hacia el triúnfo temporario del neoliberalismo también creen en las políticas públicas con la razón como base fundamental. Pero se trata de una razón influenciada por su comprensión teórica y empírica relativa a la superioridad de reglas simples sobre la regulación detallada de la existencia de personas y empresas. Hayek escribió que “probablemente, nada le ha hecho tanto daño a la causa liberal como la insistencia obcecada de algunos liberales en ciertas reglas duras, por sobre el principio de laissez-faire”. El pareció tener en mente a aquellos quienes, ante cualquier problema de políticas públicas, básicamente responden: “Es culpa del gobierno; el mercado libre lo solucionará”.

El camino de regreso hacia la libre empresa, alejado del capitalismo estatal, requerirá de una nueva generación de líderes en los think tanks que vuelvan a dedicarse a la investigación seria y la promoción adecuada de soluciones públicas.

Alejandro A. Chafuén es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Es  graduado de ESEADE.