Lecciones argentinas para la Unión Europea:

Por Adrián Ravier: Publicado el 16/2/15 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2015/02/16/lecciones-argentinas-para-la-union-europea/

 

Existen semejanzas entre la salida de Argentina de la Convertibilidad respecto de la posible salida de algunos países de la Unión Europea del Euro, así como también entre el rol que supo jugar Domingo Cavallo y el lugar que ocupa hoy mismo Angela Merkel al frente de la Unión Europea.

Argentina consiguió con la Convertibilidad la estabilidad monetaria que se la había negado durante muchas décadas, pero hacia el final del milenio las dificultades emergieron con fuerza, tanto por causas exógenas al modelo, como la crisis asiática de 1997, el default ruso de 1998 y la devaluación brasileña de 1999, como también por causas endógenas, como el continuo desequilibrio fiscal y la acumulación de deudas para financiarlo.

El gobierno de Fernando De La Rúa asumió en 1999 con el objetivo de sostener el “uno a uno”, pero no supo o no quiso avanzar en los necesarios ajustes fiscales que le habrían permitido mantenerlo. Domingo Cavallo, su ministro de Economía en la etapa más compleja de su corta administración, jamás creyó en las bondades de la Convertibilidad que él mismo había ayudado a crear, y en lugar de apuntar a equilibrar las cuentas públicas, apuntó a un gradual abandono del modelo, lo que profundizó la crisis con una fuga de capitales creciente que dejó a la Convertibilidad sin las reservas necesarias para sostenerla. Con un desempleo real (incluyendo sub-empleo) que rondaba el 30 % de la población económicamente activa, y luego de tres años de estancamiento (había comenzado en el tercer trimestre de 1998), Argentina eligió el peor camino, una fuerte devaluación de la moneda que obligó a romper contratos en masa, a pesificar depósitos y a agravar todos los indicadores de la economía real.

Los países miembros de la Unión Europea también supieron beneficiarse de la unión comercial y el Euro para solucionar dificultades macroeconómicas previas, como los sucesivos períodos inflacionarios en distintos países, pero hoy el bloque presenta similares dificultades a las entonces argentinas en el plano de la generación de empleo y también en las carencias para encontrar una fase de crecimiento económico sostenido, lo que ya lleva varios años. Es cierto que el Estado de Bienestar permite paliar la situación quizás por algún tiempo más que el modelo argentino, pero si los problemas en la generación de empleo persisten, las dificultades por  mantenerse dentro de la Unión Europea serán crecientes.

Grecia acaba de elegir a su nuevo Presidente,  quien promueve mantenerse dentro de la Unión Europea a cambio de una fuerte quita de capital en su deuda pública. La Unión Europea rechazó la medida, y los mercados tiemblan por las consecuencias que puede sufrir la región ante una salida de Grecia del bloque comunitario.

Lo cierto es que la Unión Europea también ha evadido los necesarios ajustes fiscales que le permiten a la región mantenerse dentro de la Unión Europea y del Euro. Ni Grecia, ni España, ni el resto de los PIIGS avanzaron lo suficiente en el ajuste fiscal. Al igual que el FMI con la Argentina, Angela Merkel exige ajustes a estos países a cambio de seguir ofreciendo deuda para evitar el peor desenlace. El acceso a la nueva deuda que toman los PIIGS es precisamente la causa que evita alcanzar el equilibrio presupuestario. Los problemas persisten y la economía acumula cada vez más desequilibrios.

Bajo este contexto, los sucesivos desequilibrios necesariamente desenvocarán en la salida de Grecia y los PIIGS de la Unión Europea, quizás hacia una integración comercial más restringida, aunque nadie puede negar el efecto contagio que estos mercados “débiles” pueden ocasionar sobre los mercados más “fuertes”. Después de todo, la deuda impaga que surgiría de la salida de los PIIGS de la Unión Europea, es deuda que debilitaría a las economías más fuertes del bloque, incluyendo a Alemania.

Angela Merkel es a la Unión Europea lo que Domingo Cavallo y el FMI fueron a la Argentina. Si no fortalece su posición de ajuste fiscal y rechaza seguir financiando los desequilibrios fiscales de los países más débiles del bloque, sólo generará un daño mayor sobre la región, pudiendo quizás postegar el peor desenlace, pero alcanzando inevitablemente el fin de la Unión. La medida desesperada de la Unión Europea de avanzar en los Quantitative Easing impulsados por el Banco Central Europeo son un paso más en el mismo sentido. Nunca se promueve corregir los desequilibrios, sino tan solo postergar el desenlace creando otros nuevos.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Proyecto de país a largo plazo vs. Cambio de modelo.

Por Adrián Ravier: Publicado el 27/9/14 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/09/27/proyecto-de-pais-a-largo-plazo-vs-cambio-de-modelo/#more-7291

 

Los empresarios piden a la clase política que se comprometa a un plan de largo plazo. La Presidente pide a los ciudadanos que no dejen que se pierda lo que se construyó en estos años. Numerosos académicos afirman que el problema de la Argentina son los vaivenes políticos, los cambios de modelo. Mi impresión es que un proyecto de largo plazo, si va por el rumbo equivocado, no debe sostenerse. Las reglas de juego claras y sostenibles en el tiempo son necesarias, pero no suficientes para un proyecto de país exitoso.

Pensemos en la Cuba que construyó Fidel Castro. Lleva décadas sosteniéndose, pero los ciudadanos de la isla están condenados a un nivel de vida muy pobre en relación con los stándards internacionales o de sus países vecinos.

Un mejor ejemplo lo constituye Chile. La dictadura militar aplicó una serie de reformas de mercado que la concertación socialista mantuvo, que Piñera apenas profundizó y que Bachelet ahora cuestiona, pero enmarcada bajo reglas constitucionales que difícilmente nos permitan ver un gran cambio. Vemos allí un modelo adecuado que ha permitido sostener tasas de crecimiento elevadas, con caída de la pobreza y generación de empleo, basadas en ahorro y su consecuente formación de capital.

Estados Unidos y los países de la Unión Europea también ofrecen un ejemplo de sostenimiento de un modelo de largo plazo. En este caso, abrazando el Estado de Bienestar. La situación se convirtió en crítica a partir de la crisis del 2008, pero los gobiernos avanzan en reformas muy graduales, bajo partidos políticos conservadores que no creen en cambios rutilantes. Mientras esos modelos no completen la corrección, mantendrán dificultades para alcanzar un crecimiento acelerado con generación de empleo.

Argentina equivocó el rumbo desde 2003. Los errores no fueron visibles durante la “década ganada”, porque se aprovechó en este tiempo una coyuntura favorable y unos 30.000 millones de dólares que se supo ahorrar durante la gestión privada del sistema de pensiones, pero la acumulación de planes sociales elevaron el gasto público consolidado más de lo que la Argentina puede sostener genuinamente.

No veo posible, necesario, ni viable sostener este modelo, aunque también habrá que tomar consciencia de que los planes impulsados ofrecen “derechos adquiridos” que difícilmente se puedan abandonar si atendemos a la situación política.

Debemos evitar repetir el error del radicalismo en los años 1980, que basado en buenas intenciones pero en un equivocado diagnóstico macroeconómico, produjo una inflación acelerada y creciente que terminó en hiperinflación.

Debemos evitar también repetir el error del menemismo en los años 1990, que basado en las mismas buenas intenciones pero en otro equivocado diagnóstico macroeconómico, duplicó la deuda pública externa en dólares en sólo 10 años, dejando una pesada carga para sus sucesores.

Este modelo que aplicó Argentina a partir de 2003, acumuló planes sociales expandiendo el gasto público, nuevamente, a niveles insostenibles. Si no se asume este diagnóstico, las buenas intenciones de quienes promueven sostener todos los planes e impulsar nuevos, sólo culminarán en escenarios semejantes a los de 1989 y 2001.

Mantener un modelo en el largo plazo es necesario, pero no es suficiente. Si intentamos sostener un modelo inconsistente, éste  puede explotar por los aires, junto con un daño social innecesario.

La clase política debe buscar un modelo económico genuino, sin desequilibrios fiscales, monetarios y cambiarios como los que tiene hoy la Argentina. Déficit fiscal, inflación y atraso cambiario son problemas que este gobierno no resolverá y que quedarán como tareas pendientes para el gobierno que llegue al poder hacia fines del 2015. Ahora el debate que se debe abrir es acerca de la transición hacia un nuevo modelo.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

 

Análisis de la evolución del dólar blue

Por Adrián Ravier. Publicado el 18/3/13 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2013/03/18/analisis-de-la-evolucion-del-dolar-blue/

 El dólar blue escaló bastante en el verano, y si bien el gobierno intervino para detenerlo, la perspectiva es que la suba seguirá. El análisis que en esta nota realizamos tiene dos planos, uno coyuntural o de corto plazo y otro de fondo o de largo plazo.

En el primero de ellos diremos que la causa de esta escalada se encuentra en la mayor demanda de dólares que los turistas necesitaron para salir del país. Dado que los dólares no se consiguen en el mercado oficial, deben recurrir al paralelo, y pagan el precio que sea por la divisa.

Esto justificó la suba continua de enero, que si bien se detuvo al comienzo de febrero -e incluso bajó-, retomó la suba unos días más tarde. Se dijo que en marzo la suba se detenía, pero la suba sigue firme, al menos en esta primera quincena, y ya alcanzó el valor de 8.05 pesos por dólar. Este análisis que recién resumimos no debe ser nuevo para el lector. Abunda en todos los medios y es el análisis sobre el cual consultores y gobierno están sacando conclusiones.

Pero este es precisamente el mayor error. Lo que debe preocupar al gobierno y a todos los argentinos, no es la escalada de corto plazo, coyuntural, de estos meses veraniegos. Lo que debe preocuparnos son las razones de fondo por las cuales la divisa que abunda en el mundo, escasea en nuestro país. Y hay tres factores, al menos, que mencionar: 1) El excesivo gasto público: una economía sana requiere financiar su nivel de gasto con impuestos. Cuando el gobierno debe imprimir moneda o tomar deuda para equilibrar las cuentas, la ciencia económica muestra que se sufren las consecuencias. La hiperinflación de los años 1980, o el hiperendeudamiento de los años 1990 son lecciones que debemos recordar; 2) La inflación: El incremento de la base monetaria en torno al 40 % que justamente permite equilibrar hoy ingresos y gastos, tiene un impacto inflacionario cercano al 30 % anual. En la medida que el impuesto inflacionario no se detenga, los argentinos no tienen más remedio que huir hacia la divisa; 3) La falta de inversión. Las tasa de crecimiento anual promedio en torno al 7 y 8 % que la economía argentina experimentó durante los últimos años es historia.

Recuperada la economía de la depresión de 2002, el desafío es atraer ahorro e inversión para expandir la frontera de posibilidades de la producción y sostener el crecimiento. El aislamiento internacional de la economía argentina no sólo ahuyenta el flujo de dólares que podría resolver el problema del dólar y la inflación, sino que además atenta contra el crecimiento económico y la generación de empleo.

El gobierno tiene una fuerte dependencia de las retenciones a las exportaciones para hacerse de divisas, conformar reservas, y poder así sostener la cotización. Una mala cosecha o una caída del precio de los commodities presionaría fuertemente sobre el dólar oficial, sobre el dólar blue y sobre la inflación. Si no se atienden los problemas de fondo, la escalada del dólar no tendrá límites.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.