Trump y el gasto social

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 8/9/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/trump-y-el-gasto-social-2/

 

Leí hace un tiempo en El País este titular: “Trump dispara el gasto militar y apuesta por el muro a costa de los programas sociales”. La propaganda y los prejuicios contra Trump son mayores que bajo ningún otro presidente americano, salvo Reagan, también caracterizado en su día como el gran enemigo de la paz mundial, cuando resultó que fue el gran enemigo del mayor enemigo de la paz y la libertad en el mundo: el comunismo.

Un prejuicio notable, que recoge El País, es el de considerarlo un desalmado hostil a los inmigrantes. Estuve recientemente en Melilla, y tuve la oportunidad de recorrer su valla. Pensé entonces que los que se ponen estupendos contra Trump y su muro podrían darse una vuelta por Melilla, y repetir desde la valla sus discursos tan progresistas. Resulta, en efecto, hipócrita despellejar a Trump y acto seguido asegurar que España es diferente, y que aquí sí debemos regular la inmigración. En fin.

En 1989, cuando cayó el Muro de Berlín, el gasto militar representaba el 26,5 % del gasto total. Después bajó considerablemente. Y Trump propone subirlo un poco, pero incluso con esa subida alcanzará el 15,6 % el año próximo, es decir, habrá caído prácticamente once puntos porcentuales en tres décadas.

Y, ¿qué decir del gasto social, supuestamente escuálido, y que el pérfido Trump quiere desmantelar? Pues que dos de cada tres dólares del gasto federal son gasto social. Lo que el presidente americano quiere hacer, como subrayó el Wall Street Journal, no es reducir el gasto social sino bajar impuestos y eliminar parte de las trabas burocráticas que padecen los empresarios y los trabajadores norteamericanos —no son tantas como aquí, pero son muchas y contrastan con la imagen de país liberal que habitualmente se propaga.

El gasto social en Estados Unidos —Medicare, Medicaid y la Seguridad Social— representaba en 1989 el 47,7 % del gasto total, y el año próximo, con los supuestos recortes salvaje de Donald Trump, llegará al…69,2 %.

En otras palabras, es todo un camelo: Trump subirá el déficit, con lo que planteará una vez más, igual que Reagan y otros, un problema si la economía no crece lo suficiente. Pero ese déficit, y el gasto público, no se explican por la defensa, ni por el muro, sino por el gasto social.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Trump y el gasto social

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 14/5/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/trump-y-el-gasto-social/

 

Leí hace un tiempo en El País este titular: “Trump dispara el gasto militar y apuesta por el muro a costa de los programas sociales”. Convengamos que aquí hay destreza retórica para subrayar la perversión del personaje. Es evidentemente un matón, un hombre agresivo y belicista; además, es un xenófobo, porque pretende construir un muro, nada menos, con objeto de impedir la inmigración ilegal; y, por fin, quiere reducir el gasto “social”, es decir, el gasto que el Estado realiza con dinero que extrae a la fuerza de la sociedad. Vamos, que es lo peor de lo peor.

La propaganda y los prejuicios contra Trump son mayores que bajo ningún otro presidente americano de los últimos tiempos, salvo Reagan, también caracterizado en su día como el gran enemigo de la paz mundial, cuando resultó que fue el gran enemigo del mayor enemigo de la paz y la libertad en el mundo: el comunismo.

Un prejuicio notable, que recoge El País, es el de considerarlo un desalmado enemigo de los inmigrantes. Estuve recientemente en Melilla, y tuve la oportunidad de recorrer su conocida valla. Pensé entonces que todos los que en España se ponen estupendos contra Trump y su muro podrían darse una vuelta por Melilla, y repetir desde la valla sus discursos tan progresistas. Resulta, en efecto, sumamente hipócrita despellejar a Trump y acto seguido asegurar que España es diferente, y que aquí sí debemos regular la inmigración. En fin.

En cuanto al gasto, la manipulación también es destacable. Empecemos por el gasto militar. En 1989, cuando cayó el Muro de Berlín —no es casual la hostilidad de la izquierda hacia Thatcher, Reagan y Juan Pablo II—, ese capítulo representaba el 26,5 % del gasto total. Después bajó considerablemente. Es cierto que Trump propone subirlo, pero incluso con esa subida alcanzará el 15,6 % el año próximo, es decir, habrá caído prácticamente once puntos porcentuales en tres décadas.

Y ¿qué decir del famoso y benévolo gasto social, tan escuálido en Estados Unidos, y que el pérfido Trump quiere desmantelar? Pues que dos de cada tres dólares del gasto federal son gasto social. Lo que el presidente americano quiere hacer, como subrayó el Wall Street Journal, no es reducir el gasto social sino bajar impuestos y eliminar parte de las trabas burocráticas que padecen los empresarios y los trabajadores norteamericanos —no son tantas como aquí, pero desde luego son muchas y contrastan con la imagen de país liberal que habitualmente se propaga.

El gasto social en Estados Unidos —Medicare, Medicaid y la Seguridad Social— representaba en 1989 el 47,7 % del gasto total, y el año próximo, con los supuestos recortes salvaje de Donald Trump, llegará al…69,2 %.

En otras palabras, es todo un camelo: Trump subirá el déficit, con lo que planteará una vez más, igual que Reagan y otros, un problema si la economía no crece lo suficiente. Pero ese déficit, y el gasto público, no se explican por la defensa, ni por el muro, sino por el gasto social.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

El fin del patrón dólar

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 6/10/13 en:

http://www.eluniversal.com/opinion/131006/el-fin-del-patron-dolar

Los más optimistas dicen que pasarán décadas, los más pesimistas pocos años, en cualquier caso dos cosas son seguras, que el dólar como moneda patrón global “tiene los días contados” porque es la ley de la vida que todo lo que crece muere y que los políticos están yendo con prisa por “el camino correcto” para destruirlo. Recordemos que la libra esterlina ocupó su lugar durante 200 años hasta que la Segunda Guerra Mundial (SGM), dicen los mejores historiadores, selló su muerte: los costos y la destrucción, además del triunfo ideológico de la izquierda, ergo, el aumento del gasto estatal que trajo destruyeron a la economía inglesa y a la libra.

Dicho sea de paso, vista ahora en perspectiva, la SGM no alcanzó su objetivo de terminar con la tiranía, por el contrario fortaleció a la más poderosa de la historia, la soviética (luego desmontada sin violencia), que apoyó a guerrilleros hoy convertidos en gobernantes populistas por todo el mundo. La SGM significó el triunfo ideológico del marxismo y un nivel de destrucción en vidas humanas (60 millones, además de los 30 millones que asesinó Stalin) y material, un empobrecimiento global, que jamás hubiera logrado el tirano Hitler por su cuenta antes de caer como cayó pacíficamente la mucho más poderosa URSS.

Sucedió que, debido a que comenzó el año fiscal y el presupuesto no fue aprobado por el Congreso, el Gobierno se quedó sin fondos y se “cerró” lo que, en rigor, ya sucedió 17 veces en la historia solo que ahora la crisis económica es mucho más seria. Llama la atención que Obama, aunque se suspenderá el pago a los civiles en Defensa, aseguró por ley los fondos para las Fuerzas Armadas y subrayó que las tropas en todos los países se quedarán, con acuerdo entre demócratas y republicanos ya que nadie quiere ser culpado de que los militares (1.400.000 en servicio) no reciban su paga.

Esto viene al caso porque el militar total de EEUU llega casi al 20% del gasto del Gobierno Federal cuya deuda crece a razón de US$200 millones por hora y que, incluidos organismos y empresas descentralizadas, supera los US$20 billones. EEUU debe más que cualquier otro país en la historia, más que toda la Unión Europea junta. Considerando una tasa en torno al 4% anual, debería pagar solo de intereses casi un billón por año. Su gran “ventaja” es que puede imprimir dólares para pagar su deuda, y es lo que ha venido haciendo la Reserva Federal (Fed) a un ritmo de US$85 millones mensuales. Pero esto tiene un límite y la gran pregunta es ¿qué sucederá cuando se termine esta ventaja?

La trampa es que hoy Washington no puede dejar de imprimir porque no tiene con qué pagar la deuda, a menos que reduzca muy drásticamente los gastos, empezando por el militar (de casi US$2 billones anuales) o venda, privatice propiedades masivamente. Pero es muy improbable, vista la situación política, que algo de esto ocurra, con lo cual la caída del patrón dólar parece inevitable en un plazo no muy lejano, de hecho, hace un tiempo que hay movimientos lentos de países como China que, irónicamente, no desean acelerar demasiado los plazos precisamente porque tienen fuertes posiciones en divisas de EEUU y una devaluación del dólar (que ya cayó 10% desde junio 2010 gracias a la aceleradísima tasa de emisión de la Fed) conllevaría grandes pérdidas.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El desafío de Obama

Por Pablo Guido. Publicado el 8/11/12 en http://chh.ufm.edu/blogchh/

 El presidente Obama ganó su reelección el martes pasado. La sorpresa hubiera sido que ganara Romney. Sin embargo, esto no significa que la agenda que tiene que enfrentar Obama durante los próximos cuatro años haya cambiado en algo. El desafío fundamental del presidente es intentar torcer el rumbo fiscal que lleva el gobierno estadounidense. El fisco estadounidense se parece al Titanic en los momentos previos a chocar con el iceberg.

 Como claramente se muestra en este informe de Heritage Foundation el gasto público del gobierno federal (sin considerar los gastos estaduales y locales) creció un 50% en términos reales, mientras que los ingresos (siempre medido en dólares constantes) ha bajado levemente. ¿Resultado? Un enorme déficit fiscal que equivale a más del 8% del PIB. ¿Qué hacer? Si tenemos en cuenta que la carga tributaria ya es de por sí elevadísima entonces los políticos del país, tanto demócratas como republicanos, debería enfocarse en los gastos. De los 3,7 trillones de dólares de erogaciones se observa que donde están asignados más recursos es en Seguridad Social, defensa, Medicare y Medicaid. Es decir, pago de jubilaciones, gastos médicos y gastos militares. En estos tres rubros se gastan unos 2,4 trillones de dólares, lo que equivale al 65% del presupuesto federal. Obviamente que en el restante tercio del gasto también hay “tela para cortar” pero no hay solución fiscal en los EEUU sin reformas en el sistema de jubilaciones y salud. Y, también, en los gastos militares, por supuesto.

 El presidente Obama, en su primer discurso después de conocer al ganador de las elecciones, mencionó que su segundo mandato tendrá que enfocarse, entre otras cosas, en reducir el déficit fiscal. ¿Bajarán los gastos? ¿Intentarán subir impuestos? Veremos cómo republicanos y demócratas se enfrentan a la “bola de nieve” del crecimiento del gasto público y deuda de las últimas décadas para frenar lo que puede ser el principio de un proceso de decadencia relativa de la economía estadounidense. Son muchísimos los ejemplos en la historia de la humanidad de sociedades que se “fueron de pista” por no atender a una regla básica de responsabilidad fiscal: que no se puede gastar indefinidamente más de lo que ingresa a la tesorería pública.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.