La política exterior de Vladimir Putin en Medio Oriente

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 3/3/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1875839-la-politica-exterior-de-vladimir-putin-en-medio-ambiente

 

Es cierto, la economía rusa está en mal estado. Ello es consecuencia de la fuerte caída de los precios internacionales del petróleo crudo y del gas natural. La gente en Rusia está tensa, nerviosa, preocupada. No obstante, al menos por el momento, ello no parece haber debilitado a Vladimir Putin, cuya popularidad y liderazgo continúan intactos.

Ocurre que el líder ruso ha capitalizado con éxito los resultados de su política exterior, particularmente en Crimea y Sebastopol; pero también en Medio Oriente, utilizándola para encender -y alimentar- el nacionalismo en una nación que aún siente nostalgia por la pérdida de la preeminencia que tuviera en tiempos de la Unión Soviética.

En Medio Oriente, Rusia ha demostrado que sus fuerzas armadas, contra lo que algunos suponían, están en un gran nivel de preparación y condiciones operativas y que su armamento está lejos de ser obsoleto, como otros sostenían.

Sus aviones militares realizan más operaciones en un día (hasta 96) que las de la coalición internacional liderada por los norteamericanos en todo un mes. Lo hacen, además, con eficiencia. Sus misiles de larga distancia, disparados desde el Mar Caspio, esto es desde más de mil kilómetros de distancia, dan en los blancos con precisión y cumplen las funciones tácticas para los que se los utilizó. Sus defensas antiaéreas, con tecnología de punta, disuaden a los demás de volar en su cercanía o ignorarlas. Están instaladas en Latakia. Como en Crimea y Kaliningrado, generando respeto.

Hasta Israel las evalúa con sumo cuidado, pensando en la pesadilla operativa -y estratégica- que supondría que ellas (llamadas S-400 o Triumph) cayeran en manos de Irán o de sus aliados, afectando negativamente la primacía aérea israelí. Lo que ya no es imposible para un Irán que, liberado de las sanciones económicas que lo afectaran, nada en efectivo. A lo que se agrega que Rusia está además usando otros equipos electrónicos eficazmente, con los que virtualmente neutraliza a los radares y satélites norteamericanos.

Putin ha desplegado una estrategia audaz, cuya tenaz implementación luce impecable. Ilegal quizás, pero efectiva. Su presencia militar en Siria ha sido determinante para la supervivencia del régimen de los Assad, también apoyado por Irán, que ahora opera contra los insurgentes, en lo que puede ser un momento “bisagra” en la guerra civil siria. Por ello, de asediado y debilitado, el gobierno sirio ha pasado a presionar a los insurgentes.

Lo cierto es que desde que la presencia militar rusa en Siria se materializara, la guerra civil de ese país parece haber cambiado de rumbo. Lo que lucía como un inevitable final amargo para el clan Assad, se ha transformado ahora en una situación de equilibrio. La permanencia en el poder de un régimen que no ha vacilado en usar armas químicas contra su propio pueblo en lo que supone un crimen de guerra de magnitud inaceptable para la comunidad internacional ya no luce imposible.

El cambio de rumbo es tan grande que hasta las conversaciones de paz que tuvieron lugar en Ginebra bajo el patrocinio de la ONU y con el beneplácito norteamericano, debieron suspenderse cuando la aviación rusa abriera paso a las fuerzas de Assad que avanzan en procura de reconquistar Alepo, la segunda ciudad siria que ha estado por largo rato en manos de los insurgentes, en lo que podría ser una victoria significativa, capaz de alterar el rumbo del conflicto.

La ciudad vieja de Alepo, una joya medioeval de valor incalculable, ha sido dañada severamente por los bombardeos e incendios. Hasta el minarete de la Gran Mezquita ha sido derrumbado. Para el patrimonio cultural del mundo, una pérdida irreparable. Una más en la devastada Siria.

A pesar de los dichos del presidente Obama, los días de los Assad, gracias a Rusia e Irán no parecen hoy estar “contados”. Las fuerzas insurgentes, muy divididas, cuentan con unos 36.000 combatientes de otros países, de los cuales unos 6.600 provienen de Occidente, pero su futuro está comprometido. Los rusos, de hecho, como hemos dicho, cambiaron la marcha de la guerra civil.

Para hacer todo más complicado y peligroso, particularmente para Turquía, su rival histórico, Rusia ahora apoya abiertamente a los kurdos en Siria, cuyas fuerzas se han lucido -como ninguna otra, hasta ahora- en la lucha en tierra contra el Estado Islámico. Sin embargo, la aviación turca los ataca desde el aire, con reiteración y eficacia relativa. Lo hace en procura de evitar que controlen el norte de Siria -en la región de Agaz- y, con ello, alimenten el separatismo de la importante población kurda en la propia Turquía.

La rivalidad histórica entre rusos y turcos está claramente en un nuevo punto de desencuentro. Y una chispa o un error podrían provocar una hoguera de dimensiones imprevisibles. En paralelo, Rusia ha vuelto a aproximarse al gobierno de Egipto con el que alguna vez tuviera una intimidad importante. Todo esto sucede frente a los ojos de los norteamericanos, de andar notoriamente vacilante en Medio Oriente.

Rusia sabe lo que quiere, tiene fuerza y está empleándola abiertamente. Arriesga y actúa con decisión. Lo que rinde frutos, alterando el equilibrio de poderes en la región. En apenas cuatro meses.

Todo esto ocurre mientras Irán (pese a sus desmentidos) también interviene militarmente en la guerra civil siria. Pese a todo, por el momento al menos, Rusia no se ocupa prioritariamente del Estado Islámico.

Las monarquías “sunnis”, en cambio, se limitan a actuar (con suerte variada) en el conflicto yemení, conteniendo allí a los aliados de Irán: los “Houthis”. Pero no están activas en Siria donde -más allá de las amenazas- sólo aportan dinero y armamentos a los insurgentes.

Occidente, por lo demás, no enfrenta a Rusia. Se resigna a verla actuar. Y, sin opciones, la deja hacer. Por momentos coopera con ella, cuando los intereses coinciden. Pero no la contiene. Quizás porque no puede hacerlo sin generar un escenario en el que las tensiones de pronto adquirirían otro orden y magnitud.

Luego de que el Consejo de Seguridad de la ONU lo aprobara, Siria vive un momento de paz: el de un cese el fuego que deberá durar por lo menos dos semanas y abrir un espacio para reanudar las conversaciones de paz, en Ginebra. Para la desgarrada población civil, un alivio momentáneo y una nueva esperanza de paz.

El proyecto de resolución aprobado unánimemente por el Consejo fue redactado sólo por Rusia y los EE.UU. Como en tiempos de la Guerra Fría.

Por ahora, el cese el fuego se respeta sustancialmente. Pese a algunas violaciones, más bien menores. No incluye al fundamentalismo del Estado Islámico y Al-Nosra, conflicto que parece ser conducido por otro andarivel.

En el terreno, el equilibrio de fuerzas entre el régimen de los Assad y los insurgentes se ha restablecido. Gracias a la acción rusa. Esto supone que hay ahora un marco adecuado para que las negociaciones de paz puedan avanzar. Ocurre que, nuevamente, hoy nadie tiene certeza de poder triunfar en una de las guerras civiles más crueles de la historia reciente.

Si el cese el fuego se mantiene, se abre la posibilidad de reducir la violencia que azota a Siria, que ya ha provocado más de 300.000 muertos, más de un millón de heridos y la crisis de refugiados más intensa desde la Segunda Guerra Mundial que está haciendo temblar a las instituciones y valores centrales de la Unión Europea. De lo contrario, la situación en Siria podría empeorar enormemente.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Vaca Muerta y la enfermedad holandesa

Por Adrián Ravier: Publicado el 22/7/14 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2014/07/22/vaca-muerta-y-la-enfermedad-holandesa/

 

Tras una corta experiencia como profesor visitante en una universidad de Caracas, tuve la oportunidad de reflexionar acerca del problema que puede representar Vaca Muerta para Argentina en el mediano plazo. Y es que Venezuela ofrece sus lecciones. Con una cantidad de petróleo que a este ritmo de explotación podría durar 200 años, el gobierno de Venezuela no entiende de escasez, extiende el populismo a su máxima expresión y deja a su pueblo sin productos básicos como papel higiénico, con una completa dependencia de la importación, arruinando completamente a su propia industria.

Los montes que rodean Caracas hoy ofrecen una nueva geografía que hace algunos años era desconocida. Se trata de millones de personas que han construido villas en las inmediaciones de la capital hambrientos del populismo que Maduro les extiende periódicamente. Ya no hay fábricas que empleen a estas personas, como sí lo hubo en la década del 70, cuando la economía venezolana estaba entre las 20 más ricas del mundo. El pueblo advirtió que bajo este modelo se lo condena a la miseria, lo que ya engrosa las encuestas que miden un 60 % de rechazo a la gestión de Maduro, que estaría considerando no completar su mandato hasta 2019 (Sondeo de Datanálisis, publicado en El Universal).

Argentina podría seguir un camino similar si no se toman medidas urgentes en relación con la formación petrolífera Vaca Muerta, situada en las provincias de Neuquén, Río Negro y Mendoza, y que presenta una estimación de reservas de 22.500 millones de barriles equivalentes de petróleo. Tras la nacionalización estos recursos han quedado en manos del gobierno de turno, aunque está claro que para disfrutarlos primero habrá que generar millonarias inversiones en su explotación. Que Argentina se convierta en un país petrolero no es la bendición que muchos pregonan si atendemos a la experiencia internacional.

Los países árabes, por ejemplo, carecen de una industria propia y tienen enorme dependencia de las divisas que genera el petróleo para la importación, lo que ha motivado emprendimientos de obras faraónicas para que en el futuro la industria del turismo juegue un rol importante en estas naciones.

En Europa, podrá recordarse la experiencia de Holanda en la década de 1960, que le valió el nombre de “enfermedad holandesa”, tras el descubrimiento de grandes yacimientos de gas natural en Slochteren, cerca del Mar del Norte. Como resultado del enorme ingreso de divisas que generó la explotación de este yacimiento, el florín, la moneda holandesa, se apreció perjudicando la competitividad de las exportaciones no petroleras del país.

En América Latina, no quedan dudas que la “enfermedad holandesa” infectó la economía venezolana, cuya industria fue desapareciendo gradualmente durante las últimas cuatro décadas.

Un país que enfrentó notablemente esta “enfermedad holandesa” es Noruega, que paradójicamente es citado como ejemplo de socialismo del siglo XXI. Lejos de la tentación populista y del asistencialismo, Noruega logró independizar los recursos petrolíferos de la garras del Estado y de su industria. Las reglas de administración son claras: todo la renta petrolera se nuclea allí. El 96% de las ganancias e intereses se reinvierte fuera del país (para que no puedan ser utilizados políticamente) y el 4% se puede girar al Tesoro para financiar gasto público. A nivel global, los 810.000 millones en activos financieros se distribuyen: 60% en acciones de empresas, 35 a 40% en bonos y hasta un 5% en inmuebles.

No está de más decir que Noruega está entre las 30 economías más libres del mundo (según el Índice de Libertad Económica que elabora la Heritage Foundation y el Wall Street Journal desde 1995), y que ofrece uno de los 10 entornos más propicios para la generación de negocios (según el Índice Doing Business del Banco Mundial), gozando de mercados libres y competitivos, gracias a escasísimas regulaciones sobre la economía local y también en relación con las empresas multinacionales.

El Congreso de la Nación Argentina necesita iniciar un debate formal en forma inmediata para decidir de qué forma se van a utilizar estos yacimientos petrolíferos: ¿Privatización del subsuelo? ¿Gestión externa de las inversiones y de la renta obtenida? ¿Administración de la YPF nacionalizada sobre estos yacimientos? Afortunadamente, hay tiempo aun para debatir las oportunidades y riesgos de Vaca Muerta, sin la tentación inmediata de utilizar estos recursos en beneficio “político” propio.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

La Argentina, “socia estratégica” de Rusia

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 18/7/14 en: http://www.lanacion.com.ar/1709886-la-argentina-socia-estrategica-de-rusia

 

Después de la ilegal anexión de Crimea y Sebastopol por parte de la Federación Rusa, el presidente Vladimir Putin ha estado radiado por los países occidentales. Aislado, entonces. Más aún, dejado expresamente de lado por el G-7.

Además, su país ha sido recientemente objeto de nuevas sanciones económicas que se agregan a las que ya parecían haber hecho mella en el frío líder ruso. Ocurre que la economía rusa está empantanada, cerca realmente de la recesión, y que financieramente Rusia no es, para nada, inmune a las sanciones que se le han impuesto, que la lastiman. En especial, a la poderosa -y opaca- oligarquía empresaria que se mueve en torno al presidente Vladimir Putin.

Por esto Putin parece ahora haber cambiado de estrategia respecto de Ucrania. Por ello está siendo acusado por los separatistas ucranianos -recientemente desalojados militarmente de Slovyansk y virtualmente sitiados en Donetsk y Luhansk- de haberlos traicionado.

En los últimos días los discursos de Putin no han sido ni provocativos, ni pendencieros. Putin ahora habla -en cambio- de la necesidad de atender las urgencias humanitarias de Ucrania. Y de proteger las entregas de material militar avanzado, de origen ucraniano, del que las fuerzas armadas de Rusia, curiosamente, aún dependen.

Dejando de lado la agresividad que lo impulsara a apoderarse de Crimea y Sebastopol, Vladimir Putin ha estado desplegando una estrategia diferente. La de debilitar, todo lo posible, a Ucrania. Sin que se note demasiado.

Con esta política parece haber logrado que Ucrania se olvide de intentar pertenecer a la OTAN, por el riesgo de violencia que ese ingreso supondría. Mientras tanto, Putin apunta a que Ucrania tenga un gobierno efectivamente descentralizado, de modo de que los rusos que residen en el sudeste del país desde el fin de la Guerra Fría puedan defender mejor su propia identidad.

Putin sabe bien que el panorama político de Ucrania sigue siendo volátil y que, por estar económicamente quebrada, deberá llegar a un acuerdo con Rusia en materia de abastecimiento de gas natural, antes de que llegue el invierno, que allí es bien duro. Y que, en contrapartida, Rusia deberá asegurar que Crimea y Sebastopol obtengan el abastecimiento de electricidad, de agua y las provisiones que tradicionalmente llegan desde Ucrania.

Putin tiene, es cierto, todavía unos 40.000 soldados desplegados en la frontera con Ucrania. Sigue entonces con sus amenazas. Pero casi en silencio. Mientras tanto, en el plano económico, Rusia sufre una fuga de capitales de grandes proporciones. En los primeros seis meses de este año solamente, su fugaron al exterior nada menos que unos 75.000 millones de dólares.

Por todo esto, el tono de los mensajes de Putin ha cambiado. Pero no ha despejado la desconfianza que naturalmente Putin genera después de los inaceptables episodios de Crimea y Sebastopol.

Putin, que en el fondo es populista, sabe que su accionar en Crimea y Sebastopol tiene el apoyo de prácticamente el 80% de los rusos, encendidos en su nostálgico nacionalismo por el éxito -lleno de simbolismo- alcanzado por Putin. Pero sabe también que un 66% de sus connacionales no lo acompañará si ahora trata de extender la aventura militarista a otros puntos o regiones de Ucrania. Por esto, de la belicosidad abierta, Putin pasó a la estrategia de tratar de mantener débil al país vecino, de modo de poder presionarlo fácilmente en el futuro.

Con ese escenario como transfondo, Putin ha organizado su reciente gira diplomática por nuestra región. Ella ha incluido -brevemente- a nuestro país, al que -como consecuencia de una década de actitudes provocadoras y destempladas- pocos líderes del mundo occidental hoy visitan. El ruso sabe perfectamente que, entre nosotros, recoge aplausos.

Por eso, entre otras cosas, el apoyo de Putin al proyecto de Nuevo Banco de Desarrollo que se lanzó en la reunión de los Brics,en Fortaleza. Un ente financiero nuevo que aparece como desafío simbólico a la vetusta arquitectura financiera institucional del mundo. Para financiar proyectos de infraestructura con recursos del orden de los 100 billones de dólares; esto es con menos de la tercera parte de los recursos del FMI o de los del Banco Mundial. Y con un esquema financiero adicional, destinado a ayudar a sus miembros a afrontar eventuales crisis de balanza de pagos, que será de la misma magnitud, esto es de unos 100 billones de dólares, de los que China aportará 41 billones de dólares.

Pero, cuidado, los Brics están en evolución. Ya no idealizan, en conjunto, el rol del Estado en sus respectivas economías. Ni China, que crece al 7,6%. Ni ahora tampoco la India, que crece al 5% anual, pero que ha cambiado drásticamente de rumbo económico. Ni siquiera Rusia, que -con una economía sustancialmente abierta- crece anémicamente, a menos del 2% anual.

Esto es así aunque Brasil (que también crece poco, al 2% anual) y Sudáfrica (que, por su parte, crece al 2,5% anual) sigan todavía siendo bastante proclives a operar economías proteccionistas fuertemente conducidas por el Estado. No obstante, sus respectivas poco atractivas situaciones económicas sugieren que los cambios de rumbo están latentes también en sus dos horizontes.

El viaje reciente de Putin desde Cuba a la Argentina (cuya peculiar política exterior casi no ha recibido, como tal, comentarios a lo largo de una década por parte de los principales medios norteamericanos) ha sido objeto de cobertura en los Estados Unidos. Se destaca que estamos participando en el esfuerzo ruso por expandir su influencia en la región. Particularmente en el delicado capítulo de la cooperación nuclear, con fines pacíficos. Por esto Putin nos proclamó “socios estratégicos” de Rusia en la región. Como Cuba o Nicaragua.

A lo que se agrega que Rusia probablemente construirá en nuestro país una base para su sistema de observación por satélites (como lo está ya haciendo en la Nicaragua bolivariana de Daniel Ortega) y proveerá tecnología militar de distinto tipo a nuestras fuerzas armadas, incluyendo un paquete de equipos, aviones y helicópteros para las tareas que se realizan en la Antártida.

Respecto de nuestro país, cabe destacar la cita de los medios norteamericanos al comentario reiterado de nuestra Presidenta, cuando acusa sentenciosamente a Occidente de tener un “doble estándar”. Presuntamente porque aprobó el referendo de las Malvinas y rechazó, en cambio, el de Crimea. Sin decir, claro está, que obviamente también hay claro “doble estándar” por parte de Rusia, que (al revés de Occidente) rechazó el referendo en las Malvinas, pero ayudó a organizar y, desde luego bendijo, el referendo similar realizado en Crimea. Y en su propia política, al haber votado de una manera en el Consejo de Seguridad y adoptar, en cambio, otra actitud fuera de ese ámbito.

Dos graves incidentes demuestran la amenaza a la paz y seguridad internacionales que supone la crisis ruso-ucraniana.

Los medios de comunicación del país del norte destacaron la poco común “cena-cumbre” organizada por nuestra Presidenta en honor de su huésped: Vladimir Putin. A la que invitó a buena parte de la más alta “crema” bolivariana regional.

En las últimas horas, dos graves incidentes demuestran la amenaza a la paz y seguridad internacionales que supone la crisis ruso-ucraniana. El derribo criminal de un avión de pasajeros de Malaysian Airlinesque sobrevolaba la tensa zona de Donetsk, todavía bajo investigación. Y el de un avión ucraniano por un caza ruso, en un acto de intervención rusa “directa” en el conflicto. La zona del conflicto es -queda visto- como un polvorín. Basta una chispa para generar explosiones descontroladas.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Recursos que se agotan y no se agotan: Petróleo cada vez más barato

Por Martin Krause. Publicado el 11/4/14 en: 

 

Rectifico algo planteado ayer: hay recursos que se agotan. ¿Porqué algunos sí y otros no? Propongo aquí que se debe a la existencia de precios, y estos a su vez de la existencia de derechos de propiedad. Ya vimos esto en el post sobre los elefantes: http://bazar.ufm.edu/wp-admin/post.php?post=135&action=edit

Los elefantes corren peligro, las vacas no. Pronto veremos el caso del agua que, en gran medida, no tiene precio y, por lo tanto, no genera incentivos para consumir menos. Hoy, veremos un recurso que sí tiene precio.

La Nación trae un artículo del Wall Street Journal titulado “La revolución energética abre camino para un barril de petróleo a US$75”, por Gene Epstein. Confirman la idea planteada ayer, respecto a que los recursos no son “finitos” si tomamos en cuenta la creatividad e iniciativa empresarial del ser humano. Los recursos no se están agotando, cada vez hay más.

Transcribo algunos pasajes:

“A largo plazo, los precios globales del petróleo bajarán, tal vez en forma significativa. Nuevos y vastos hallazgos de crudo y gas natural alrededor del mundo auguran una reducción de los precios de los US$100 por barril actuales a US$75 por barril en los próximos cinco años.

“Los cambios en la demanda también intensificarán la presión sobre la supremacía del petróleo. Por primera vez en sus 150 años de historia, el motor a combustión puede funcionar en forma eficiente con distintos combustibles, entre ellos el gas natural. Conforme estos combustibles alternativos empiezan a ser adoptados, el consumo global de crudo crecerá en forma más lenta y luego se estabilizará.”

Gas esquisto

“Las proyecciones marcan un enorme contraste con el paradigma dominante en los últimos 40 años, que postulaba que, por un lado, las economías en desarrollo se expandirían, incrementando la demanda y, por el otro, la producción global y el suministro caerían. En los últimos cinco años, por el contrario, se han descubierto fuentes no convencionales de crudo por un total de más de 1 billón (millón de millones) de barriles, equivalentes a más de 30 años de suministro adicional. La mayoría es recuperable a US$75 o menos, y gran parte de este crudo está siendo explotado.”

El artículo comenta que el descenso del precio del petróleo pondría en problemas a Rusia, cuyas exportaciones de energía son el 70% de sus exportaciones totales.

“El descenso del precio del crudo pondría también bajo presión a Venezuela. “La economía y el presupuesto de Venezuela son todavía más dependientes de las exportaciones de petróleo que Rusia”, dice Jaffe. “El gobierno tomó préstamos de China por US$60.000 millones y ahora está recibiendo menos ingresos porque debe enviar a su acreedor una parte importante de sus exportaciones como pago de deuda. El gobierno venezolano tiene mucho menos efectivo que en la época de Chávez, cuando este disponía a la vez del dinero de los préstamos y de los pagos por el petróleo vendido a China”. Venezuela ha pagado con petróleo entre un cuarto y un tercio de los créditos otorgados por China.”

“Asimismo, con la abundancia de gas natural en países desde Australia y Sudáfrica hasta Brasil y Argentina, en los próximos cinco años podría desarrollarse algo parecido a un mercado global de gas natural licuado. Eso acabaría con el monopolio interno de los rusos y permitiría a los europeos comprar de otras fuentes.”

“Los factores que están cambiando las reglas del juego por el lado de la oferta son los tres nuevos tipos de producción: petróleo de aguas profundas, de esquisto y de arenas bituminosas. Cada una de estas fuentes podría traducirse en más de 300.000 millones de barriles de crudo, para sumar más de 1 billón de barriles. Se trata de una incorporación enorme a las reservas que antes se estimaban en 1,5 billones de barriles.”

“La firma noruega Rystad Source estima que hay unos 317.000 millones de barriles de petróleo en aguas profundas, y que de ese total, unos 75.000 millones serían recuperables en las costas de Norteamérica. La actividad exploratoria en aguas profundas también está en marcha al este de África -donde se podrían aprovechar 63.000 millones de barriles- y en Asia-Pacífico -donde habría otros 32.000 millones.”

“El gobierno de EE.UU. estima que el crudo de esquisto, que se extrae principalmente a través de la fracturación hidráulica, representaría reservas equivalentes a 345.000 millones de barriles, de los cuales 58.000 millones serían recuperables en EE.UU.”

“Las arenas bituminosas, según un informe de BP, se encuentran sólo en Canadá, con 167.800 millones de barriles, y en Venezuela, 220.000 millones. Sin embargo, no está claro si esta producción será viable a US$75 el barril de crudo. Según Eric Lee, analista de Citigroup, una buena porción del billón extra de barriles podría ser recuperable a US$75 por barril o menos, debido a que los costos de producción de esquisto y en aguas profundas podrían seguir bajando.”

“Aunque Jaffe dice que un descenso de precios puede complicar la explotación de los yacimientos offshore de Brasil en los campos llamado pre sal (que están por debajo de la capa de sal del lecho marino), Lee señala que “Brasil tiene varios proyectos hasta 2020 con costos estimados por barril de entre US$40 y US$70″.

“El fuerte de Argentina, indica, está en los proyectos de esquisto de la cuenca neuquina, en el sur del país. “Hay un proceso de aprendizaje en marcha, y puede que allí haga falta nueva infraestructura, pero sus costos pueden estar también en el rango de los US$40 a US$80 por barril”, afirma. “La geología argentina ha ayudado a estos proyectos hasta ahora. La pregunta es cuándo se llevarán a cabo”.

“En un estudio con otros analistas, Morse, de Citigroup, calculó que hay un enorme potencial de ahorros si los camiones, autobuses, barcos y vehículos de pasajeros empiezan a usar gas natural en lugar de combustibles petroleros. El transporte representa casi la mitad del crudo que el mundo consume cada año, y sólo los camiones usan casi uno de cada nueve barriles que se consumen.”

“La historia de la humanidad”, dice Morse, “al menos desde la invención de la rueda, es una historia de energía cada vez más barata. La civilización moderna sería imposible sin energía barata. Creo que estamos entrando en otro período de energía más barata que debería durar 50 años o más”.

¿Y después qué? ¿Entonces sí comenzarían a acabarse los recursos? El tema es que aquello que llamamos “recursos” cambia con la innovación. ¿Cuáles serán recursos dentro de 50 años? Ya hay muchos emprendedores que están pensando en ello. Muchos fracasarán, algunos tendrán éxito, se están jugando su propio tiempo, esfuerzo y dinero, no el nuestro. Como no sabemos cuál va a ser el “recurso” dentro de 50 años, no hay que pensar en ninguna política pública que no sea la de remover las barreras para que todos estos experimentos empresariales puedan avanzar.

Anticipo una preocupación de los lectores. ¿Estas nuevas tecnologías serán más contaminantes? ¿Terminarán consumiendo o contaminando toda el agua del planeta? En este caso, no hay que empezar discutiendo la tecnología sino los derechos de propiedad: quien es el propietario del agua, o más bien, quien sería el mejor propietario para cuidarla (¿el estado nacional, Greenpeace, el gobierno local, los usuarios, las empresas de agua?)

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).