No se puede aumentar la solidaridad creando más impuestos

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  http://www.accionhumana.com/2020/01/no-se-puede-aumentar-la-solidaridad.html

 

Un nuevo adefesio jurídico viene a sumarse a la larga lista de leyes que se han hecho merecedoras de aquel calificativo. Se trata ahora de la ley que lleva por numero 27541 más conocida con el nombre de ley de solidaridad social instada por el nuevo gobierno peronista que -al menos formalmente- encabeza Alberto Fernández.

La misma no es más que una ley fiscal, una de las tantas, inspirada en la popular falacia por la cual “los ricos deben pagar más impuestos que los pobres”, dogma tan antiguo como errado. La ley persigue la redistribución de lo recaudado entre los más desfavorecidos económicamente. Suponiendo que ese fuera el destino real del producido del impuesto, tanto como en los casos de los ensayos legislativos de décadas anteriores en procura del mismo objetivo, la situación de los jubilados y otros distintos beneficiaros enunciados en esta ley no mejorará, sino que empeorará.

No es mi intención hacer un análisis técnico-legal de la norma, lo que -de momento- no nos interesa. Si, en cambio, realizar un repaso de los efectos de los impuestos sobre la economía y -en particular- sobre los más necesitados (que serían los supuestos “beneficiarios” finales de los mismos).

Es sabido que la carga fiscal de la Argentina es una de las más altas del mundo antes de esta nueva ley.

Muchos son los que se sorprenden que, con impuestos tan altos el país tenga, también, elevados índices de pobreza. La gente razona de la manera siguiente: a mayores impuestos (I) + redistribución (R) = + igualdad = menos pobreza.

Sin embargo, el resultado de la ecuación es el inverso (+ I + R = + igualdad = + pobreza).

Los impuestos siempre crean más pobreza, no menos. Dedicamos una obra al tema donde explicamos detalladamente la mecánica de esta generación de pobreza creada por los impuestos.

El secreto no es nuevo, sino que fue develado por Arthur Laffer autor de la célebre curva de Laffer que volvemos a presentar a continuación:

El grafico habla por sí mismo y no necesita mayores explicaciones, pero sintéticamente muestra como la tasa de recaudación aumenta hasta un punto (E) en el cual a medida que la tasa se hace más alta la recaudación se va retrayendo desde el punto E (también llamado “óptimo fiscal”) hacia los puntos C y A.

Suponiendo que el ingreso del sujeto imponible fuera de 100.000 en el punto 0 si la tasa de imposición fuera del 100 % la recaudación volvería a ser cero tal como lo era cuando se partió del punto inicial 0.

El cuadro ilustrativo de abajo muestra lo que se llama el “Efecto Laffer” donde (a fines de simplificar) se toma una tasa fija (no progresiva) de imposición.

A modo de ejemplo:

INGRESO TASA IMPUESTO SALDO RECAUDADO
100000,0 20 20000,0 80000 20000
80000,0 20 16000,0 64000 36000
64000,0 20 12800,0 51200 48800
51200,0 20 10240,0 40960 59040
40960,0 20 8192,0 32768 67232
32768,0 20 6553,6 26214 73786
26214,4 20 5242,9 20972 79028
20971,5 20 4194,3 16777 83223
16777,2 20 3355,4 13422 86578
13421,8 20 2684,4 10737 89263
10737,4 20 2147,5 8590 91410
8589,9 20 1718,0 6872 93128
6871,9 20 1374,4 5498 94502

Si bien la recaudación crece lo hace cada vez menos hasta un punto en que -si se sigue la progresión- será igual a cero, y a partir de allí dará un valor negativo.

Si la tasa fuera progresiva y no constante el resultado sería más acusado todavía.

Al mismo tiempo, nuestra tabla nos muestra el acelerado consumo de capital fruto del impuesto.

Adicionalmente, no hay que perder de vista el incentivo negativo que implicará el declive de la producción en la misma ratio de la tasa de imposición para el próximo ejercicio fiscal.

A pesar de esto -que es casi más de puro sentido común que de economía- los gobiernos insisten en generar más impuestos y/o aumentar las alícuotas de los ya existentes.

El “Efecto Laffer” es el mismo si donde pusimos INGRESO colocamos la palabra “capital”, “ganancias”, “renta”, etc. las que -a estos fines- resultan ser sinónimos.

Cualquier impuesto consume capital/ingresos/rentas/ganancias etc. Lo hará, de una forma o de otra, más visiblemente o menos, más rápido o más lento, pero lo hará, y dado que la pobreza se reduce con más capital, etc. y no con menos los impuestos originan pobreza siempre. Màs tarde o màs temprano.

Hay que tener presente la máxima del sabio Ludwig von Mises, por la cual cada centavo que gasta el gobierno es un centavo menos que gasta la gente, lo que significa que, mientras el gobierno se enriquece la gente se empobrece.

Y lo más importante: se alteran (y se contrarían) las preferencias relativas de la población que hubiera dado un destino diferente a sus recursos si continuaran en su poder y no se los hubiera confiscado el gobierno, porque hay que aclarar, además, que el impuesto es siempre una confiscación por mucho que los juristas y otros profesores, académicos, políticos, periodistas, analistas, etc., sostengan a rajatabla lo contrario.

Todo impuesto es confiscatorio siempre, porque es eso: un impuesto. Es algo forzoso que se detrae contra la voluntad de quien se ve despojado del fruto de su esfuerzo y trabajo. Y que, además, no cuenta con contraprestación alguna, o no con la deseada por el sujeto confiscado.

Cuando voy al mercado a comprar, por ejemplo, un kilo de manzanas es porque estoy dispuesto a intercambiar el dinero de mi propiedad en X cantidad por un kilo de manzanas.

Si el verdulero en cuestión me obliga a recibir -a cambio de esa cantidad- un kilo de mandarinas no estoy recibiendo la contraprestación que subjetivamente he decidido de mi preferencia (podría ser quizás alérgico a las mandarinas, además) con lo cual estoy siendo confiscado si no tengo alternativa. Con los impuestos sucede algo similar o peor aún, ya que a cambio de mi dinero (al llenar la planilla del tributo o al pagar el impuesto en alguna otra operación) no recibo nada, ni perceptible, ni concreto a cambio. Por eso es que sostengo enfáticamente que todo impuesto constituye sin más una confiscación por “liviana” o disimulada que sea.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Otra vez, viviendo de la emergencia impositiva

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 4/9/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/09/04/otra-vez-viviendo-de-la-emergencia-impositiva/

 

Francamente es preocupante que al Gobierno le haya llevado todo un fin de semana para estudiar cómo enfrentar la crisis cambiaria y terminar anunciando un aumento de impuestos junto con un nuevo organigrama de Ministerios, que dudo genere grandes ahorros

No queda claro en qué se ahorrarán 0,4 puntos del PBI en 2019 entre gastos corrientes, remuneraciones y gastos operativos. Estamos hablando $73.680 millones de acuerdo al PBI que dieron a conocer para 2019.

De todas maneras, de los 2,6 puntos del PBI que van a bajar el déficit fiscal, el 65% se explica por aumentos de impuestos (los nuevos derechos de exportación de monto fijo y por postergar por un año el aumento del mínimo no imponible) y otros 0,5% de ahorros en subsidios económicos que en rigor es trasladarle al sector privado la baja del gasto público vía mayores tarifas. Lo que antes se pagaba con impuestos ahora se pagará en las facturas de los servicios públicos.

Ahora bien, algo que uno no puede entender es que gente que viene del mundo empresarial siga con la costumbre de aplicar impuestos de emergencia, porque se trata de una situación que luego se convierte en permanente en la Argentina.

De emergencia a permanencia

1) Impuesto a las Ganancias comenzó como transitorio en 1932 con el nombre de Impuesto a los Réditos. Se tornó vitalicio: “llevamos 86 años en emergencia”.

2) IVA en  1995, por el Efecto Tequila la alícuota tuvo un aumento de emergencia del 18% al 21% por 8 meses, desde abril a diciembre de ese año. Lleva 23 años de emergencia.

3) Impuesto al cheque se estableció en 2001 como transitorio hasta diciembre de 2002. Acumula 17 años de emergencia.

4) Retenciones a las exportaciones resurgieron en 2002 como una emergencia y ya llevamos 16 años de vigencia.

5) Ahora nos informan un impuesto de monto fijo a las
exportaciones de $3 a $4 por dólar, dependiendo del producto, con lo cual
nuevamente estamos en emergencia.

Explicaciones falaces

Con el argumento que no se puede tocar el gasto público porque estalla el país, o se viene la conflictividad social y otras justificaciones por  el estilo, la realidad es que seguimos teniendo un gasto público que ahoga el crecimiento económico.

Por eso es errado el razonamiento que con el crecimiento económico el gasto público va a terminar licuándose sobre el PBI. La realidad es que el PBI no puede crecer en forma sostenida mientras no haya inversiones y no habrá inversiones con esta carga impositiva confiscatoria, la que a su vez es consecuencia del nivel de gasto público.

Tampoco es cierto que el 2017 veníamos creciendo bien en forma genuina. Buena parte de ese aumento de la actividad agregada estuvo sustentado en obra pública financiada con deuda externa que se terminó cuando se cortó el financiamiento externo.

Se puede entender que a menos de un año de las PASO ya no quede demasiado margen para aplicar un plan económico consistente, aunque habrá que ver si las medidas anunciadas alcanzan para llegar sin desbordes a agosto del año que viene.

Pérdida de oportunidades

Ahora, si bien queda escaso margen para aplicar medidas estructurales de cara a las elecciones, también es cierto que se desperdiciaron dos grandes oportunidades en el pasado: 1) el 10 de diciembre de 2015, y 2) luego de las elecciones de medio término en 2017.

Esto hace dudar de la verdadera vocación de cambios estructurales que puede haber en el Gobierno. Porque si no hay convicción que el problema no es solamente el déficit fiscal, sino fundamentalmente el nivel de gasto público, nunca van a avanzar en el sentido de bajar el gasto para reducir el déficit fiscal.

Cuando Cambiemos asumió el Gobierno, seguramente sabía que el nivel de gasto público que heredaba del kirchnerismo se traducía en una feroz carga impositiva que, junto con la inseguridad jurídica y el cepo cambiario, impedían toda posibilidad de crecer. Los desafíos que tenía por delante eran gigantescos y nadie pedía solucionar todo lo heredado en cuatro años de mandato, pero sí cambiar el rumbo.

El cambio de rumbo no consistía solamente en eliminar el cepo cambiario, implicaba comenzar a cambiar los valores que imperan en nuestra sociedad que son los que establecen la calidad de nuestras instituciones, es decir las normas, leyes, códigos y costumbres que regulan las relaciones entre los particulares entre sí y los particulares con el Estado.

Es decir, terminar con la cultura de la dádiva y reimplantar la cultura del trabajo. Sin embargo, desde que asumieron en 2015, varios funcionarios de Cambiemos viven compitiendo con el kirchnerismo para ver quién otorgó más planes sociales.

El presidente Mauricio Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza

El presidente Mauricio Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza

Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza. En todo caso sería mejor medir el éxito de su gestión por la menor cantidad de planes sociales que tiene que otorgar el Gobierno porque eso va a significar que las familias pueden mantenerse gracias al fruto de su trabajo y no del trabajo ajeno.

¿Qué tipo de sociedad competitiva puede construirse, considerando los cambios tecnológicos que vemos que llegan como un tsunami, si hay generaciones que viven viendo como sus padres no trabajan y viven del plan social? Ese es el primer gran cambio cultural que tiene que impulsar Cambiemos para poder iniciar una senda de crecimiento basada en las inversiones para poder incrementar la productividad y bajar la pobreza. Todo eso no se logra con más impuestazos.

Es probable que con el aumento del tipo de cambio mejoren las exportaciones y se produzca cierto grado de sustitución de importaciones, pero como en tantas otras oportunidades, las exportaciones no mejorarán por mayor competitividad, sino por esconder, transitoriamente, las ineficiencias estructurales detrás de un tipo de cambio más alto. Esto lo hemos visto en infinidad de oportunidades, hasta que se licua el tipo de cambio real y volvemos a los problemas del sector externo.

Insisto, si las medidas anunciadas son para llegar a las elecciones de 2019 sin estallidos económicos, se entiende aunque habremos perdido 4 años más de nuestras vidas en financiar un Estado ineficiente.

Ahora, si creen que se construye una política económica de largo plazo con este nivel de gasto público, esta carga tributaria y esta cultura de la dádiva, seguimos en el mismo problema que nos hizo entrar en esta larga senda de decadencia populista que ya lleva, por lo menos, 70 años. Mientras tanto, seguimos aumentando nuestra emergencia impositiva.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Con esta carga impositiva es imposible que la economía crezca

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 30/7/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/07/31/con-el-nivel-de-cargos-impositivos-es-imposible-que-la-economia-crezca/

 

Finalmente la realidad dijo basta y la implementación de una reforma del Estado para bajar el gasto público se impuso por las circunstancias

 

No es la primera vez que ocurre algo así en nuestro país. Gobiernos que se niegan a ordenar las cuentas públicas en su momento, recurren a todas las piruetas financieras, monetarias y cambiarias que uno puede imaginar hasta que, finalmente, se acaba la magia de las piruetas y la realidad impone hacer a las apuradas lo que podría haberse hecho en forma ordenada desde un principio, con el agravante de haber acumulado más problemas de los heredados por el costo que generaron esas piruetas financieras. Ahora me refiero a desarmar la bomba de las Lebac.

Pero, como es de rigor, ni aun ante la gravedad extrema de las condiciones económicas y el porrazo contra la realidad que se dan los que se niegan a bajar el gasto público llamándolo ajuste salvaje, aceptan lo que está delante de sus narices y empiezan con una nueva historia. Resulta que ahora aparece la nueva corriente de “pensamiento” que dice que el déficit fiscal se resuelve con crecimiento y no bajando el gasto público. Hay que crecer, aunque no explican cómo se hace para crecer, y con ese mayor crecimiento se recauda más impuestos y se cierra la brecha fiscal.

En rigor no están diciendo nada diferente a lo que sostuvo Cambiemos desde el inicio. No había que bajar el gasto público, sino que había que congelarlo en términos reales, es decir, el gasto tenía que crecer al mismo ritmo que la inflación.

Al mismo tiempo, el crecimiento de la economía permitiría generar más ingresos fiscales y la brecha fiscal se iba a ir cerrando. El gradualismo iba a generar un mágico crecimiento que resolvería el problema fiscal, sin comprender que el problema de la Argentina es, entre otros, el nivel y la calidad del gasto público.

Límite a la capacidad de pago de los contribuyentes

Pero volviendo a la nueva “genialidad” de no bajar el gasto sino que hay que crecer para recaudar más, es bueno recordarles a esos magos de la economía que ya no hay más margen para recaudar. Es más, con esta carga tributaria es impensable crecer en forma sostenida, como ha quedado demostrado. Basta un año con pocas lluvias y entramos en un problema económico fenomenal.

El gráfico muestra la evolución de la recaudación impositiva en dólares, tomando el tipo de cambio promedio de cada año. Como puede verse entre 2003, cuando llegó el kirchnerismo al poder, y 2017, cuando el estado recauda USD 129.270 millones más que en 2003. Para tener idea de la magnitud de cuántos recursos más recibió el Estado de los bolsillos de los contribuyentes podemos compararlo con el Plan Marshall que fue implementado por Estados Unidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial para ayudar tanto a aliados como a los países vencidos.

El Plan Marshall comenzó a funcionar en 1948 durante 4 años y era por un monto de USD 13.000 millones de aquella época. A valores actuales son unos USD 130.000 millones. Es decir, entre 2003 y 2017 la Argentina incrementó la recaudación por el equivalente a todo el Plan Marshall, aclarando que en total fueron 18 los países europeos que se vieron beneficiados con el Plan Marshall para reconstruir sus economías.

El que más apoyo recibió del total del monto el Plan Marshall fue Gran Bretaña, con el 26% del total, el segundo fue Francia con el 18% y el tercero fue Alemania, en ese momento Occidental, con el 11% del total. De manera que, dicho sea de paso, cuando se dice que Alemania se recuperó gracias al Plan Marshall, no es cierto.

Gran Bretaña recibió más del doble que Alemania y la que despegó económicamente fue Alemania, mientras Inglaterra entraba en una senda de estancamiento con las ideas intervencionistas que imperaban en el Laboralismo, que fue el que ganó la elecciones luego de la guerra derrotando a Churchill.

La realidad es que Alemania recibió USD 1.430 millones de ese momento, unos USD 14.300 millones actuales. Así que si comparamos los USD 129.000 millones más que recauda el gobierno argentino, con lo que recibió Alemania para reconstruirse luego de la guerra, mejoró sus ingresos en un monto que equivale a 9 Planes Marshall de los que recibió Alemania.

Uno logró sacar a su país de debajo de los escombros y las ruinas y el Kirchnerismo, recaudando casi USD 142.000 millones más, algo así como 10 planes Marshall de los que recibió Alemania, dejó a la Argentina sin energía, con las rutas destruidas, con 12 millones de cabezas de ganado menos, en default, con cepo cambiario y el listado sigue.

Una pesada herencia, equivalente a una catástrofe económica

El kirchnerismo fue una catástrofe económica e institucional para Argentina y esa catástrofe requería de un tratamiento de shock como el que aplicó Ludwig Erhard en Alemania implementando una economía de mercado que, dicho sea de paso, no era del agrado de los gobiernos de los países aliados, que en esos momentos estaban mayormente dominados por las ideas intervencionistas y keynesianas.

Pero si el dato de la evolución de la recaudación en dólares no conforma a algún lector, podemos ver cómo evolucionó la recaudación tributaria consolidada en términos de PBI, es decir incluyendo los impuestos nacionales, provinciales y municipales, entre la década del 90 y el último año del kirchnerismo tenemos que aumentó unos 13 puntos del PBI. Y si tomamos el 2017 respecto a los 90, cuando ya la carga tributaria era elevada, tenemos, aproximadamente, 10 puntos más del PBI que se quedan la nación, las provincias y los municipios de los ingresos que generan los contribuyentes.

Quienes afirman que el problema no es el gasto público sino la recaudación vía un mayor crecimiento económico, o no pagan impuestos o no logran conectar la carga tributaria con el crecimiento económico. ¿Quién puede invertir en un país donde el impuesto a las ganancias a las empresas es del 35%, pero como no se pueden ajustar los balances por inflación la carga efectiva supera el 40%? ¿O todavía no se enteraron de que el crecimiento viene de la mano de la inversión y nadie invierte para ser expoliado impositivamente?

Pero veamos un dato más. Cómo evolucionó la recaudación tributaria de los impuestos nacionales entre 2003 y 2017 a pesos de 2017 utilizando IPC para indexar.

En pesos de 2017 los ingresos tributarios nacionales (IVA, Ganancias, Combustibles, Aportes y Contribuciones, al cheque, etc.) se multiplicaron por 2,5 o aumentaron el 150% en términos reales. Una verdadera masacre tributaria.

De manera que, mientras no se baje el gasto público y la carga tributaria, además de implementar una reforma laboral y otras cuestiones más, es impensable que la economía crezca.

Una mochila que inmoviliza

El sector privado tiene encima a un luchador de sumo que es el Estado y lo mantiene inmovilizado con su peso. Es imposible imaginar una economía creciendo con el actual peso del Estado sobre el sector privado.

Con la feroz carga tributaria que hoy soporta el sector privado, es impensable que el déficit fiscal vaya a solucionarse con crecimiento. Afirmar que tenemos un problema de recaudación raya en el delirio y más delirante es creer que el sector informal puede pasarse al sector formal con esta carga tributaria.

Este nuevo discurso que empieza a aparecer diciendo que el problema fiscal se resuelve con crecimiento es típico de los que quieren seguir con un gigantesco e ineficiente gasto público.

Que expliquen cómo piensan crecer con esta carga impositiva. Con estas tasas de interés que son fruto del endeudamiento del sector público para financiar el déficit fiscal y con esta tasa de inflación que es consecuencia del déficit fiscal. No pueden explicar semejante disparate. Es el discurso típico del demagogo, del que habla sin saber o del necio que niega la realidad.

Asumamos la realidad, el problema fiscal, de la inflación y de las altas tasas de interés se resuelve reformando el Estado para bajar el gasto y con menor presión impositiva. El desafío es grande, no tengo ninguna duda, pero lo otro es un delirio mayúsculo que nos puede llevar a otras crisis económicas de las que ya conocemos.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Con voluntarismo esto no se arregla

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 23/10/16 en: http://economiaparatodos.net/con-voluntarismo-esto-no-se-arregla/

 

Cuando un gobierno tiene que pedirles a los empresarios que inviertan, es porque algo mal está haciendo.

La semana pasada el presidente Macri, dirigiéndose a un amplio grupo de empresarios, les dijo que ellos tienen que arriesgar e invertir porque hay un tercio de la población que la está pasando muy mal. Textualmente les pidió “que se rompan el traste” para que la economía empiece a crecer porque hay que empezar a crecer y “rápido”.

Es obvio que Macri no les ordenó que invirtiesen, solo les pidió enfáticamente que lo hicieran, el problema es que los empresarios no invierten por amor o por benevolencia. Como dice Adam Smith en La Riqueza de las Naciones: “No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés&”. En otras palabras, el interés del carnicero, el cervecero y el panadero por ganarse el favor del consumidor los lleva a producir algo que la gente necesita. No nos regalan nada, sino que producen bienes a precios y calidades que son los que busca el consumidor.

Cuando un gobierno tiene que pedirles a los empresarios que inviertan, es porque algo mal está haciendo dado que el empresario no invierte porque se lo pida un gobierno sino porque les conviene invertir porque ven una oportunidad de ganancias.

En una economía competitiva, el empresario busca permanentemente satisfacer la demanda insatisfecha del consumidor. Es más, el empresario busca obtener rentas extraordinarias, que son rentas que superan la tasa de rentabilidad promedio de la economía. El primero que descubre una demanda insatisfecha e invierte es el que mayor demanda recibe porque el resto de los empresarios todavía no invirtió en el sector y, por lo tanto, el primero se lleva el grueso de la demanda.

A medida que otros empresarios van descubriendo esa renta extraordinaria, en una economía sin restricciones al ingreso de nuevos competidores, van invirtiendo en el sector. Al invertir en el sector aumenta la oferta del bien en cuestión, bajan los precios y la tasa de rentabilidad del sector tiende a igualarse con relación al resto de los otros sectores de la economía. Una economía eficiente es un proceso dinámico y que requiere de la suficiente libertad de acción para que los empresarios desarrollen su capacidad de innovación.

Es en ese proceso de inversión para obtener rentas extraordinarias que se van creando nuevos puestos de trabajo, aumenta la demanda laboral, suben los salarios y, por lo tanto, disminuyen la pobreza y la desocupación. Además, una economía que recibe una fuerte corriente inversora, incrementa la oferta de bienes, cuyos precios tienden a bajar y es por esa razón que los salarios tienden a subir. El incremento del salario real se da cuando con el mismo salario nominal la persona puede acceder a una mayor cantidad de bienes y servicios y eso se logra con estabilidad monetaria y con aumento de la oferta de bienes que proviene de la competencia (una economía abierta) y de las inversiones.

Claro que en este proceso de inversiones, el empresario tiene que poder hacer cálculo económico, es decir, estimar la tasa de rentabilidad que puede obtener de su inversión. Y recalco la palabra estimar porque en un mercado libre no hay certeza sobre el éxito de la inversión. Solo en los corruptos mercados regulados por el estado es que al empresario se le asegura una rentabilidad restringiendo la competencia y dejando al consumidor a merced del empresario. Ejemplo Lázaro con la obra pública.

Ahora bien, al hacer el cálculo económico, el empresario necesita tener una unidad de cuenta. Para eso necesita una moneda que tenga la característica de servir como medio de intercambio y reserva de valor. Si cumple con la función de reserva de valor, entonces sirve para hacer cálculo económico. Como el peso no es reserva de valor, no sirve como unidad de cuenta, por lo tanto, no se puede hacer cálculo económico, estimar una probable rentabilidad de una inversión y la misma queda postergada hasta que se pueda hacer una estimación razonable. Es decir, hasta que haya estabilidad de precios.

El segundo obstáculo que existe hoy para invertir es la carga impositiva. Si el estado va a seguir repartiendo el fruto del trabajo ajeno, es muy difícil que el director de una empresa logre convencer a los accionistas que inviertan porque tiene que decirles que si ellos invierten, asumen el riesgo empresarial de ganar o perder, y que si ganan, entonces el estado se queda con buena parte de las utilidades para “redistribuirlas” a terceros, ¿quién va a invertir en esas condiciones?

En tercer lugar, la legislación laboral debe inducir a las empresas a contratar personal, no a evitarlo. La legislación laboral argentina protege a los que están dentro del mercado laboral y dejan a la intemperie a los que están fuera del mercado laboral. La legislación laboral condena a la miseria a los que no tienen trabajo. Por lo tanto, el empresario va a evitar contratar personal o bien intentará reemplazar lo más que pueda mano de obra por máquinas. Una máquina no hace huelgas, ni se convierte en delegado sindical o alguno de esas supuestas conquistas sociales.

En definitiva, luce a puro voluntarismo el encendido discurso de Macri llamando a la inversión para terminar con la pobreza. Me parece que Macri está siendo muy mal asesorado en el campo de la economía y peor guiado en las medidas que hay que adoptar.

Este destrozo económico que dejó el populismo progresista k no puede ser resuelto con más progresismo de buenos modales. Argentina requiere de un cambio en las reglas de juego. No digo que de un día para otro se logre la prosperidad, pero podrán hacerse mil discursos. Podrán realizarse mil apelaciones a invertir. Pero si no se crean las condiciones institucionales para atraer inversiones, difícilmente pueda terminarse con la pobreza.

No está aquí el qué. Lo que está en discusión es el cómo. Y en el cómo, por ahora, se insiste con la medicina populista progresista k. Porque no nos engañemos, el haber eliminado los controles y medidas más absurdas del kirchnerismo no significa haber terminado por completo con el estado sobredimensionado y expoliador que en los últimos 70 años destruyó la economía argentina y sumergió a la población en un grado de pobreza que nunca pensamos llegar a ver en nuestro país.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

¡Invierta en Argentina, ganará poca plata!

Por Iván Carrino. Publicado el 18/4/15 en:  http://www.ivancarrino.com/invierta-en-argentina-ganara-poca-plata/

 

Nuestros dirigentes no paran de sorprender. Durante una de sus últimas apariciones públicas, esta vez en el lanzamiento de un modelo automotriz que comenzará a ser fabricado en el país, la presidente habló sobre la inversión y sorprendió a todos con una teoría que va a contramano del saber convencional.

En su discurso, afirmó:

Escucho hablar mucho en estos días de inversión y demanda, y que hay que reducir la demanda, que es reducir los salarios, para aumentar la inversión. No, señores. Para aumentar la inversión, hay que disminuir un cachito la rentabilidad, o traer alguna de la que se llevaron afuera.

Ahora bien, por un lado, habría que aclarar que “la que se llevaron afuera” ya no es tanta porque hace tres años que el cepo cambiario impide el giro de utilidades de las empresas al tiempo que restringe cualquier vía legal para sacar dólares del país. Esta realidad se verifica con datos que el propio Banco Central se encarga de divulgar. Desde 2007 hasta la imposición del control de capitales, las empresas giraron al exterior un promedio de USD 3.300 millones por año. Sin embargo, a partir de 2011, el promedio anual se desplomó un 70% a USD 968 millones, a causa de las restricciones.

Por otro lado, tenemos que detenernos en esta idea de que para aumentar la inversión no es necesario reducir el consumo (como lo haría cualquier persona o familia), sino ¡reducir las ganancias!

Imagínese un afiche de propaganda que usted mira en la vía pública. El afiche busca invitarlo a que veranee en un lugar determinado. Digamos, una playa en el caribe. Sin embargo, en lugar de mostrar una imagen de una pareja en la orilla de una playa inmensa en el medio de un día soleado y con agua cristalina, el aviso muestra una playa sucia, en medio de una lluvia torrencial y a la pareja abrigada hasta el cuello. A su vez, el cartel tiene un slogan: “Venga a veranear a nuestra playa, tendrá una semana fatal”. No hay que ser muy despierto para darse cuenta que pocos serán los interesados en vivir esa experiencia.

Lo mismo sucede con el concepto esgrimido por el gobierno. Lo que escapa a su razonamiento es que, al igual que quien está buscando destinos para disfrutar una semana de vacaciones, el mundo está lleno de inversores buscando oportunidades de invertir, y lleno, a su vez, de opciones que compiten para atraer ese ahorro y convertirlo en una inversión rentable.

En ese sentido, lo que buscan los inversores es precisamente aquellos proyectos de negocios donde puedan incrementar, duplicar y, por qué no, multiplicar sus ganancias con el correr del tiempo. Y eso no tiene nada de malo ya que, en el proceso, estarán beneficiando a todos aquellas personas que voluntariamente decidirán comprar el producto o servicio que este negocio ofrezca. Además, el nuevo negocio aumentará la demanda de trabajadores, incrementando el nivel de empleo o, en su defecto, los salarios reales.

En el caso de que la inversión sea “solamente” financiera, el beneficio también está allí, ya que los fondos se destinarán a financiar, en definitiva, un proyecto productivo que, de otra manera, no podría haberse comenzado.

Así, teniendo en cuenta lo que el inversor tiene en mente, los diferentes destinos posibles compiten constantemente para seducir y atraer esos capitales. En este marco, los países y jurisdicciones dentro de ellos se exigen al máximo por reducir los impuestos, ofrecer seguridad jurídica, permitir libertad en el flujo de capitales y en la compra venta de divisas. El objetivo es que cada posible inversor se sienta cómodo en el destino que elija y, además, seguro de que si su inversión es exitosa, podrá disfrutar plenamente de los beneficios derivados de ella.

Por último, una reflexión adicional: ¿no es razonable pensar en la frase de la presidenta totalmente al revés? ¿Qué empresa invertirá más en un país determinado: la que está generando beneficios, o la que no los está generando? El análisis es sencillo, si no hay ganancias, no hay nada que se pueda volver a invertir en el negocio, mientras que si las ganancias son grandes, o mejor aún, enormes, entonces es mucho mayor la cantidad de capital disponible para volver a invertir en el país.

Como se imaginará, si se considera lo que expusimos hasta acá, lo que debería hacer el gobierno es todo lo contrario a sugerir que para aumentar la inversión hay que reducir “un cachito” las ganancias. De hecho, para transformarse en un país rico, Argentina necesita una enorme cantidad de inversiones, y para atraerlas, el mensaje debe ser el opuesto: “venga a la Argentina, aquí maximizará sus ganancias”.

Por supuesto, el mensaje debe ser acompañado de hechos concretos, como sostener reglas de juego claras que respeten la propiedad privada, un marco de leyes flexibles y amigables con los capitales, un valor real del dólar y la eliminación de los controles de precios que reducen la rentabilidad de muchos sectores productivos del país, entre tantas otras reformas.

Todos estos temas los podremos ir analizando en otras notas más específicas sobre esos temas. Pero por lo pronto, hoy tenemos que quedarnos con esta idea: para incrementar la inversión y, por lo tanto, hacer que la producción y el bienestar crezcan, no hay que reducir las ganancias, sino tener la expectativa clara de que estas podrán incrementarse al máximo en el futuro. Y después de eso, por supuesto, hacer las cosas bien para que esta expectativa se vuelva una realidad.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Trabaja como Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y profesor asistente de Economía en la Universidad de Belgrano.

Sobre la ganancia empresarial, la plusvalía y la generación de valor

Por Martín Krause. Publicado el 3/6/14 en: http://bazar.ufm.edu/sobre-la-ganancia-empresarial-la-plusvalia-y-la-generacion-de-valor

 

Cuando vimos las teorías del valor los alumnos se preguntaban de dónde salen las ganancias de los capitalistas. Asumían que existe tal cosa como la “plusvalía” que el capitalista extrae del trabajador. ¿De dónde salen entonces las ganancias? Una nota de la sección Campo de La Nación, que no tiene este objetivo, por supuesto, no puede presentarlo mejor: http://www.lanacion.com.ar/1695850-la-nuez-tiene-su-aceite-el-emprendimiento-que-lo-hizo-possible

Aceites del desierto

La ganancia surge de la percepción empresarial, de quien ve un recurso que puede ser mejor aprovechado, que combinado con otros va a obtener un precio mayor, y se lanza a invertir, a asumir el riesgo de combinar todos esos factores en espera de que luego los consumidores estén dispuestos a comprar ese producto.

Tres funciones son necesarias en todo proceso productivo: la del emprendedor (el que ve la oportunidad donde los demás no la vemos); el del capitalista (el que invierte su dinero y asume el riesgo); la del manager (que combina adecuadamente los factores para que rindan eficientemente). Esas tres funciones pueden estar separadas o en la misma persona. Esa es la historia que nos cuenta el artículo:

“En 2007 Silvia y Domingo viajaron a La Rioja para el lanzamiento de un documental sobre la tradicional fiesta regional de la Chaya, rodada por la otra hija del matrimonio, Dolores, productora de cine. Luego de la función los Montaño conocieron por medio de su hija a un amigo de ella, también productor de la película. Y éste, a su vez, les presentó a su padre, Ricardo Márquez, nogalero e ingeniero agrónomo, quien los invitó a conocer su finca, en la provincia.

“Fuimos con la curiosidad profesional de conocer una finca nogalera. Y cuando llegamos vimos una montaña de unas tres toneladas de nueces y preguntamos por qué estaban allí”, contó Domingo Montaño en diálogo con LA NACION en su oficina de Canning, provincia de Buenos Aires.

El nogalero les dijo que no podía vender las nueces “por falta de precio”. Y cómo a él, le ocurría lo mismo a otros pequeños productores riojanos, de Catamarca y de Córdoba. Márquez les explicó que ellos pedían mínimamente entre 7 y 8 pesos el kilo, pero los compradores ofrecían sólo entre 3 y4 pesos, con lo cual preferían no vender.”

Esto es ver una oportunidad donde hasta el mismo dueño de las nueces no encuentra ningún valor. Otra cosa, ¿y todo el trabajo hasta el momento, no generó ningún valor, ninguna “plusvalía”? No, cero.

Aquí viene la visión empresarial:

“Entonces le pregunté por qué no elaboraban aceite”, dijo Montaño, que para aquella época ofreció 21 pesos por el kilo de nuez. Y la respuesta de Márquez fue que tenía conocimiento de que en Francia fabricaban aceite de nuez, “pero nada más”, contó el industrial.”

Y la inversión “capitalista”:

“Entonces Montaño llevó 300 kilos nueces a una fábrica que él conocía, en Tres Arroyos. “¡Y comprobamos que tras prensar las nueces, salía aceite!”, dijo.

Y así surgió la idea de ir a Francia, principal productor de aceite de nuez en el mundo para conocer el proceso productivo. “Fuimos en 2009 y vimos que el sistema es muy antiguo y discontinuo. No nos servía: necesitábamos un proceso industrial”.

Los Montaño decidieron volver al fabricante de Tres Arroyos, que les vendió una licencia alemana para fabricar prensas. Y aquí nació la gran innovación: desarrollar un sistema de prensado sin antecedentes en el país. “Hicimos construir la máquina, la pusimos a funcionar y comenzamos aprender a hacer aceite de nuez”, agregó.

Y la función de administración:

“En la actualidad la empresa produce entre 500 y 1000 litros de aceite de nuez por temporada.”

Y la generación de valor para otros: ahora hay empleos que antes no existían, ahora los productores de nueces venden lo que antes tiraban.

Ahora su trabajo tiene valor cuando antes no lo tenía.

Entonces la cadena va para el otro lado. Es porque los consumidores van a estar dispuestos a comprar y consumir aceite de nuez que un emprendedor decide asignar capital para desarrollar ese proyecto. Para ellos contrata los factores de producción necesarios, generando valor tanto sea para el trabajo como para las nueces que antes se tiraban.

Si el día de mañana, los consumidores deciden que no van a consumir aceite de nuez, todo volverá a la situación anterior. El empresario no habrá recuperado su inversión, esas nueces volverán a valer nada y lo mismo con el trabajo.

Probablemente no sea así:

“Tras esta incursión, Aceites del Desierto está encarando la producción de otros aceites, como el de almendra, sésamo, maní y oliva.

Y la exportación es otro objetivo futuro. “Todos los años viajamos para conocer el mercado. Son potenciales compradores los Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Italia, Alemania”, concluyó Montaño.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

CUERVOS MAL PARIDOS

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Dejemos de entrada aclarado el rol fundamental del mundo de los negocios en cuyo ámbito se busca permanentemente operar en dirección a los deseos de la gente. Por supuesto que esta es la consecuencia, el motor es el deseo de obtener ganancias. Por ejemplo, si no fuera por los especuladores el precio de los granos se derrumbaría junto con la cosecha y no quedaría saldo para el resto del año. El retener en silos hace que el precio en cuestión se mantenga aproximadamente igual durante todo el ejercicio. El empresario se guía por el cuadro de resultados en sus balances: si acierta en el gusto de su prójimo obtiene beneficios y si yerra incurre en quebrantos. Técnicamente, el empresario conjetura que los costos de tal o cual bien o servicio están subvaluados en términos de los precios finales y, por tanto, irrumpe en el mercado al efecto de sacar partida del arbitraje correspondiente.

 

Al empresario debemos agradecer las comunicaciones aéreas, marítimas y terrestres, el alumbrado, la telefonía, la medicina, los alimentos, la energía, el cine, la televisión, la impresión de libros (y los eBooks), las computadoras, los muebles, la construcción y tantas otras cosas que se deben a los estímulos de mercado para su producción eficiente. Más aún, a veces los empresarios caen en la trampa de tener que incluir en sus filas áreas como las de “la función social de la empresa” para “devolver a la comunidad lo que le han sacado”, sin ver, como ha destacado el premio Nobel en economía Milton Friedman (“The Social Responsability of Business is to Increase its Profits”, New York Times Magazine, septiembre 13, 1970) que el rol social del empresario consiste en ganar dinero lo cual evidencia que ha sabido atender los requerimientos de los demás y ha mejorado salarios como consecuencia inexorable de las tasas de capitalización que él mismo genera. La envidia y el resentimiento han hecho estragos al atacar la productividad y el consiguiente éxito de comerciantes destacados, incluso se recurre a expresiones peyorativas y denigrantes como “los fondos buitre” para aludir a quienes compran títulos baratos y los venden caro como es el objetivo común a todo empresario que se precie de tal (con lo cual, en este caso, por ejemplo, ayuda al jubilado italiano que no puede esperar la cobranza de su acreencia).

 

Habiendo dicho todo esto, en esta nota me quiero referir a los cuervos mal paridos para aludir a un fenómeno totalmente distinto al señalado hasta aquí. Aludo al ejercicio de hombres de negocio que buscan arbitrajes en lugares consumidos por los atropellos del Leviatán sin interesarles en lo más mínimo contribuir a la modificación del clima de ideas que provoca la situación de miseria de sus habitantes. Como hemos dicho antes, nada tiene de malo el buscar oportunidades para obtener rédito monetario, al contrario de eso trata el rol empresarial, lo que señalo es el desprecio por las causas que permiten que la empresa subsista dando por sentado que serán otros los que en definitiva salvarán la situación lo cual permitirá que ese tipo de empresario no tenga que elucubrar sobre sus negocios en el medio del mar rodeado de tiburones puesto que ya no quedaría lugar habitable en tierra firme.

 

Y no es que el empresario deba necesariamente contribuir a tareas educativas en pos de la sociedad abierta (lo cual no sería mal al efecto de abrir cauce a sus propios negocios en otros ramos), en el caso comentado, no solo apuntamos su desprecio por los esfuerzos docentes, sino su reclamo tácito por situaciones horrendas para poder sacar partida en una actitud suicida sin solución de continuidad hasta que el derrumbe sea total. Estos son los cuervos mal paridos que comentan entre si deleitados las peripecias y desgracias de otros como “una oportunidad” de hacer negocios. No se trata de la función habitual y necesaria del empresario para satisfacer demandas ajenas sino que su prerrequisito es la malaria ajena (aunque como una consecuencia no buscada finalmente su acción eventualmente logre buenos resultados generales).

 

Días pasados accidentalmente escuché una conversación en la mesa de al lado en un restaurante donde los comensales comentaban con evidente gozo que las crisis profundas les abrían las puertas a jugosos beneficios, mientras “la gilada” se hundía en situaciones miserables. La generalización de esta gimnasia perversa corre el eje del debate hacia situaciones cada vez peores debido a la retracción de criterios juiciosos para defenderse de los embates de un estatismo grotesco que engulle a su paso todo lo que toca, mientras los cuervos mal paridos se entretienen irresponsablemente con el malestar ajeno en base a la ilusión que podrán seguir con sus planteos macabros para siempre sin percatarse que en definitiva están serruchando su propio piso.

 

Mientras, en lugares como en los suelos argentinos las izquierdas ganan las elecciones internas en todas las universidades del país (con un par de excepciones no muy relevantes) y la mayoría de los analistas políticos y colegas economistas se niegan a debatir temas de fondo para limitarse a describir la coyuntura manteniendo las mismas instituciones que generan los incendios recurrentes debido, precisamente, a que no se quiere mirar el foco del fuego. Esto, a diferencia de lo que hacen los socialismos que se ocupan del fondo de los problemas en una dirección contraria a la sociedad abierta, empuja la articulación del discurso político que tanto entusiasma a los cuervos mal paridos que ven oportunidades varias para lo crematístico del corto plazo.

 

Esta actitud combativa de las izquierdas en todos los frentes junto a las timoratas de otros, permite correr el eje del debate de tal modo que pone contra las cuerdas a los últimos con lo que cada vez más temas de la tradición de pensamiento liberal son “políticamente incorrectos”, como decimos, consecuencia de actitudes irresponsables que no tienen iniciativa alguna para ir al fondo de los problemas. Precisamente es por esto que, entre otros liberales de fuste, Hayek pone como ejemplo a los socialistas por su coraje y su perseverancia.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.