EL ESTADO ES EL VECINO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Debe subrayarse con el mayor énfasis posible que cuando se dice que el Estado debe hacer tal o cual cosa son los miembros de la comunidad los que siempre y en toda circunstancia financian compulsivamente lo dicho con el fruto de sus respectivos trabajos. El elenco gobernante nunca pone nada de su peculio, más bien en no pocas oportunidades se lleva recursos públicos como si fueran de su pertenencia.

 

Hay una enorme hipocresía en todo esto, se parlotea como si el aparato estatal fuera un ente independiente y misterioso que genera recursos propios cuando en verdad todo lo que tiene lo ha succionado previamente de los bolsillos de la gente. Entonces, es más preciso, en lugar de insistir que el Estado debe financiar tal o cual cosa, decir que la gente debe hacerlo recurriendo a la fuerza para que lo lleve a cabo.

 

En la visión convencional desde Sidney y Locke hasta Robert Nozick, el monopolio de la fuerza que denominamos gobierno está circunscripto a la protección de los derechos de todos y lo demás no le incumbe ya que no debe jugar a un falso paternalismo. En lugar de declamar que el gobierno debe dedicarse a sacar recursos de la gente para entregárselos a otros (y frecuentemente quedarse con algunas diferencias), debería publicarse una lista voluntaria con los nombres de quienes consideran que hay que recaudar fondos y aportarlos directamente. No es pertinente recurrir a la tercera persona del plural para endosar el tema a otros sino utilizar la primera persona del singular y proceder en consecuencia y si quien propone el asunto no dispone de recursos suficientes que se ocupe de recabarlos.

 

Despegados de la referida visión convencional, ahora resulta que el aparato estatal debe inmiscuirse en todos los recovecos de la vida privada y administrar las haciendas ajenas como les venga en gana dando lugar a que mayorías circunstanciales se apoderen sin más de los bienes pertenecientes a las minorías con lo que la democracia degenera en mera cleptocracia.

 

Ahora como nunca antes los gobernantes sedientos de mayores ingresos se ponen de acuerdo entre ellos para dar caza a los patrimonios de la gente que pretende defender el resultado de sus denodados y legítimos esfuerzos a través de investigar cuentas bancarias e intentar eliminar el efectivo al efecto de martirizar a los gobernados. Todo por la creciente voracidad fiscal que incurre en procedimientos salvajes que en siglos no se han adoptado ni siquiera los sátrapas más extremos.

 

Y no se trata de los dineros malhabidos para lo cual muchos gobernantes constituyen un lamentable ejemplo de malversaciones, puesto que los fondos producto de quienes han atentado contra el derecho de otros deben ser castigados con todo el rigor necesario por la Justicia, en cambio, como queda dicho, se trata de dar caza al fruto del trabajo ajeno en base al llamado principio de nacionalidad en materia fiscal y otras manifestaciones de voracidad ilimitada que no contemplan que el principio de territorialidad es lo que corresponde y con la menor presión tributaria para cumplir con las funciones específicas de un gobierno republicano. Por su parte, los funcionarios de bancos privados operan según las omnicomprensivas disposiciones de la banca central con lo que esos funcionarios terminan siendo de facto empleados públicos en abierto contraste con lo que tradicionalmente ocurría con la banca privada. Hoy hasta puede esperarse que los llamados bancos privados bajen la persiana para que el sistema se quede con los depósitos de sus clientes tal como ha ocurrido en varios lares.

 

Todo esto no es en modo alguno hoy para proteger los derechos de la gente sino para conculcarlos en el contexto de una máquina infernal de gasto estatal, impuestos astronómicos y deuda pública sideral. Un Leviatán que todo lo atropella a su paso. Es imperioso reaccionar contra esta operación pinzas contra las libertades individuales antes de que la antiutopía orwellinana cierre su círculo fatal.

 

En otros términos, resulta que la gente debe proteger sus patrimonios de los constantes manotazos de los gobiernos en lugar de sentirse cubiertos en sus haciendas por la entidad que teóricamente se ha establecido para garantizar los derechos de los gobernados. Nos hemos retrotraído a la época de los faraones. El poder político en lugar de estar estrictamente limitado en sus funciones para garantizar Justicia y seguridad (lo cual en general no hace), ha avanzado en terrenos y jurisdicciones impropias de una sociedad abierta con lo que se ha arrogado facultades ilimitadas para entrometerse en las vidas y las propiedades de quienes en verdad se han convertido en súbditos, al tiempo que abandonan aquellas funciones primordiales.

 

Se torna insoportable una sociedad que se constituye como un inmenso círculo donde todos tienen metidas las manos en los bolsillos del prójimo a través de los permanentes subsidios cruzados que disponen los gobiernos.

 

Resulta trascendental comprender que es un peligroso espejismo el sostener que puede atacarse impositivamente la inversión sin que eso afecte el nivel de vida de los más necesitados. Hay una conexión directa entre uno y otro plano de ingresos. Los salarios en términos reales dependen exclusivamente de las tasas de capitalización , es decir, de la inversión per capita. No es para nada el resultado de algún voluntarismo propuesto por un decreto gubernamental ni por el deseo de tal o cual empleador, todo lo cual resulta del todo irrelevante a los efectos del referido salario.

Cuando aumentan las tasas de capitalización se incrementa la productividad con lo que el mercado laboral está obligado a subir salarios si se quiere mantener el trabajo manual e intelectual en operaciones. Esta es la diferencia central entre países que progresan y países que se estancan o retroceden: maximizar el ahorro interno y el externo para lo cual se requiere contar con marcos institucionales que respeten el derecho de cada cual.

 

En la media en que se establezcan impuestos que gravan la capacidad contributiva de modo directo como los impuestos a las ganancias, a los bienes personales, a la trasmisión gratuita de bienes y similares se está amputando el volumen de inversiones con lo cual se está, simultáneamente, reduciendo salarios en términos reales. Paradójicamente, esta política nefasta se ejecuta en nombre de los pobres cuando, precisamente, se los está esquilmando.

 

Empeora la situación cuando los aparatos estatales se empeñan en redistribuir ingresos, esto es, volver a distribuir por la fuerza lo que se realizó previamente de modo voluntario en el supermercado y afines. La política redistribucionista intensifica el derroche de capital puesto que inexorablemente se dirige a campos distintos de los que se hubieran asignado si los arreglos contractuales se hubieran respetado.

 

A este cuadro de situación se agrega la manía de la guadaña que apunta al igualitarismo que aniquila todos los incentivos para contribuir al mejoramiento de las estructuras de capital y se exterminan las ventajas de la división del trabajo y la consecuente cooperación social. En lugar de aprovechar la bendición de que cada persona es diferente con lo cual se saca partida recíproca de diversos talentos y conocimientos, se pretende uniformar en la miseria, proyecto que de llevarse a cabo convierte hasta la simple conversación en un aburrimiento colosal.

 

En general no se comprende el significado del mercado y se lo asimila a una cosa lejana a la vida de las personas en lugar de percatarse que todos somos el mercado puesto que se trata ni más ni menos de las millones de transacciones que diariamente tienen lugar desde que nos levantamos a la mañana hasta que nos acostamos a la noche (y durante la noche puesto que la cama, las sábanas y las frazadas han sido objeto de transacciones, para no decir nada del propio domicilio sea fruto de un contrato de alquiler o de compra-venta). Por eso, cuando se alude peyorativamente al “fundamentalismo de mercado” no se percibe que es lo mismo que hablar del “fundamentalismo de lo que la gente desea”.

 

Probablemente nada haya más peligroso y contraproducente que las llamadas “conquistas sociales” que apuntan (por lo menos en la articulación de discursos en campañas electorales) a mejorar los ingresos de la gente por una simple resolución gubernamental. Si esto fuera posible, sin duda que habría que lanzar un jugoso decreto para hacernos a todos multimillonarios y no andarse con timideces. Lamentablemente las cosas no son de esta manera y los aumentos por decreto barren del mercado laboral a los que más necesitan el empleo. No hay coartadas posibles,  como queda dicho, la inversión es lo que permite elevar salarios.

 

Y no se trata de alegar sobre la “desigualdad en el poder de contratación” puesto que lo abultada o lo debilitada de las respectivas cuentas corrientes no cambian el resultado de los ingresos percibidos ya que, nuevamente reiteramos, se debe a las tasas de capitalización. No se trata tampoco de “estimular el consumo” ya que no puede consumirse lo que no se produjo y la mayor producción proviene en gran escala de abstenerse de consumir para ahorrar e invertir. No es posible poner el carro delante de los caballos. No se puede comenzar por el final.

 

No se diga tampoco que el Estado debe proceder en esta o aquella situación para demostrar “solidaridad”, lo cual es un verdadero insulto a la inteligencia ya que la muy encomiable actitud solidaria se sustenta en actos voluntarios realizados con recursos propios. El que le arranca la billetera a un vecino para entregársela a un menesteroso no ha llevado a cabo un acto caritativo sino que ha perpetrado un atraco.

 

En resumen, en lugar de embarcarse los gobiernos en reducir el astronómico gasto público, de abrogar regulaciones que asfixian a la gente, de eliminar y simplificar la maraña impositiva y reducir la presión tributaria y clausurar la posibilidad de la deuda pública externa al efecto de no comprometer patrimonios de futuras generaciones que no han participado en la elección del gobierno que contrajo la deuda y solo contraer la deuda pública interna indispensable, en lugar de todo ello decimos, los gobiernos se alían para exprimir a los gobernados de todas las maneras posibles, mientras los distintos tipos de corrupciones gubernamentales están a la orden del día ya que constituye una corrupción alarmante el mero hecho de la extralimitación del poder puesto que “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

El fascismo no es solo de los k:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 19/9/15 en: http://economiaparatodos.net/el-fascismo-no-es-solo-de-los-k/

 

Hablar sin conocer los derechos propios también es defender a los que abusan del poder

El viernes pasado comenté en Twitter y Facebook que había llegado una multa por el auto que manejan mis hijas. La multa es en el partido de San Isidro, por exceso de velocidad. Según la multa el auto circulaba a 66 kms. por hora cuando el límite es de 60 kms. por hora en ese lugar.

Mi tuit y mi comentario en Facebook fue que no correspondía esa multa porque la ley contempla una tolerancia del 10%, tanto cuando se violan las velocidades mínimas y las máximas.

No es la multa trucha que llegó a mi casa lo que más me sorprendió de esta historia que estoy contando. En todo caso estoy acostumbrado al estado ladrón. Fueron los comentarios desubicados y totalmente equivocados de la gente los que me sorprendieron. Diría que hasta en un momento los leía con curiosidad sociológica porque demostraban un falso fundamentalismo de defender la ley sin conocerla y las posiciones fascistas que adoptaban.

La típica respuesta a mi comentario era que si la velocidad máxima era 60 kms. por hora y pasaron a 66 kms. era infracción y punto. Este grado de ignorancia es espantoso. No estoy hablando de los k, estoy hablando de gente que uno cree que tiene educación y cierto grado de formación.

La ley nacional de tránsito establece en el artículo 33 inciso n) lo siguiente:  La violación de los límites de velocidad máxima y mínima establecidos en esta ley, con un margen de tolerancia de hasta un DIEZ POR CIENTO (10%). El exceso de velocidad es una falta grave según la ley, pero contempla un 10% de tolerancia porque el pie del ser humano no es perfecto. Aquí dejo el link a la ley: http://goo.gl/q3hsh1 . La ley no dice que el 10% de tolerancia significa que deja de ser falta grave para pasar a ser falta leve como alguno quería convencerme. Solo dice que no es falta si se mantiene dentro del límite del 10% y el mismo municipio de San Isidro reconoce que la diferencia está en el límite del 10%, por lo tanto no hay infracción alguna.

Algunos llegaban a acusarme de querer buscar una ventaja para no pagar por decir lo que establece la ley, cuando en realidad todos sabemos que los municipios usan estos trucos para recaudar.

Personalmente viajo mucho al interior y cuando tenía que ir a lugares donde no hay vuelos usaba mi auto. Tuve que dejar de usarlo porque siempre llegaba alguna multa por exceso de velocidad, sobre todo en las zonas urbanas, que es cuando más me cuido de no excederme de velocidad.

Pero, además, los que opinaban sin pensar previamente, tampoco saben que esas foto multas que llegan a su casa son ilegales porque la ley establece que cuando el radar detecta un exceso de velocidad, algunos metros más adelante el vehículo tiene que ser detenido por personal autorizado e informarle al conductor de la infracción.

Aquí les dejo el dictamen de la Subgerencia de Asuntos Jurídicos de la Dirección Nacional de Vialidadhttp://goo.gl/zVsySI . En la pregunta 4 podrán ver que la respuesta es muy clara: “Una vez que el radar toma la fotomulta, el artículo 70 inciso 3 de la Ley Nacional N° 24.449, establece que la autoridad debe Identificarse a pocos metros de cometida la infracción, ante el presunto infractor, indicándole la dependencia a la que pertenece. La notificación de la infracción por circular a velocidades no permitidas, deberá realizarse en forma “personal” y sobre la misma carretera, deteniendo al vehículo fuera de la calzada, en un punto próximo al del control de velocidad”

Con estos simples elementos que cualquiera puede tener solo tomándose  el trabajo de buscarlos y consultar con algún abogado si la interpretación es correcta, basta para advertir el grado de fascismo que vi en las respuestas de mucha gente que, haciéndose la fundamentalista del respeto a la ley, solo estaba apoyando a los municipios, como el de San Isidro, que viola la ley para recaudar más dinero. Es decir, no solo opinaban sin conocer sus propios derechos, sino que, lo que es más grave, apoyan a los que infringen la ley,  es decir, los municipios.

Incluso es hasta una cuestión de lógica elemental comprender lo de la tolerancia en los excesos de velocidad porque, como decía antes, el pie del ser humano no es una computadora. Por ejemplo, en la AU Illia mano hacia el norte, hay un radar justo en una bajada que hace la autopista. Como un tobogán en que el auto toma algo más de velocidad. Ahí embocan a mucha gente porque el pie no funciona como funciona la velocidad de crucero de los autos de alta gama. O sea, ni siquiera hace falta aclarar lo de la tolerancia, porque la lógica más elemental dice que tiene que haberla y la ley misma la contempla.

En definitiva, después de leer tantos comentarios diciendo que el exceso de la velocidad máxima no tiene tolerancia y corresponde la multa y hay que ser “inflexibles”, advertí que no tenemos a los k solo por los planes sociales. La ignorancia de los que creen que saben y no saben nada, es el mayor peligro para nuestro sistema republicano, porque quedó claramente en evidencia el grado de fascismo que impera, incluso en aquellos que dicen combatir a los k.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

K o anti K: la resurrección de Hamlet en Argentina

Por Gabriela Pousa. Publicado el 26/11/12 en http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=4216

K o Anti K es la consigna. Pertenecer o no pertenecer. En este hábitat de fundamentalismo y porfía, los argentinos dirimen, más que una clasificación política, una concepción de vida.

 Aquello que unos odian, otros lo idolatran. Sólo hay vida en los extremos. Depende desde donde se lo mire, una letra de abecedario condena o redime. Es el ‘apartheid’ contemporáneo, un rayo en el ala de Dédalos.

 En ese contexto, la historia se reescribe antojadizamente. Es un imperativo: hay que definirse. No es tiempo para tibios. Surgen cada vez con más virulencia las proclamas y los slogan.

La campaña ya no es únicamente de los políticos. Partidarios de uno y otro lado ni siquiera discuten sus diferencias.

 Los argumentos caen en saco roto, y el atropello es en este momento, lo que alguna vez fuera el convencimiento.

El Hamlet contemporáneo insta a tomar cartas en el asunto. El que no juega es desterrado, pero nadie sabe del todo donde esta parado.

 La pasión ciega y agota las ideas. Sin certeza de que haya amores, hay sin embargo odios declarados.

El gorilismo dejó de ser una posición respecto a un líder o partido para ser un delirio acorde al que caracteriza al actual teatro político.

 La cordura no tiene cabida, la ideología se desdibuja. En igual plano se equiparan y comulgan conservadores, ortodoxos y comunistas.

 El kirchnerismo que ha sido desde el vamos ofensivo, hoy se agota en una defensa torpe de si mismo. En ese trance, el “gorila” se independiza del peronismo. Provenga de Marx o del más encumbrado liberalismo, se lo obliga a adoptar una categoría que identifica y catapulta a primera vista. Tampoco es fácil ser de los “buenos” en estos tiempos.

¿Cómo salir en defensa de “diez años de crecimiento” cuando se pone en evidencia el colapso energético? ¿Cómo justificar diez años creciendo a tasas chinas con los fondos buitre encima? ¿De qué manera aplaudir la distribución de riqueza con aumento en el índice de miseria? Tan patética resulta la lucha que, mientras escribo, está planteándose la disyuntiva: ¿el juez Griesa o los kirchneristas?

 Guste o no, el jurista americano ya ha sido embanderado, y la opinión que podamos tener frente a la deuda en cuestión, nos dirime entre patriotas o cipayos.

 De esa forma es como también el sindicalismo sale a pista con la opción Caló o Moyano, y hasta la desvencijada Unión Cívica del radicalismo se paraliza frente a un Alfonsín o Moreau.

En las entrañas del belicismo, se libra otra interna sin sentido: Néstor o Cristina. La trampa es poner como opción la otra cara de la misma moneda. Quien plantea una disidencia recibe a cambio una afrenta.

 Epítetos vulgares ocupan un porcentaje demasiado grande de los 140 caracteres aptos en las redes sociales. Insultos y agresiones en lugar de certezas y razones.

 En ese ámbito, pareciera que el 7D se libra una batalla decisiva. Absurdo planteo maniqueo: optar entre Clarín o el gobierno. No interesa que se coincida con algún punto de vista. La lógica no cuenta.

 Hay que fanatizarse: si no es Jorge Lanata es Víctor Hugo. Si no es la televisión pública es TN o canal 13, si no es Boca es River. Adiós Independiente, Racing o San Lorenzo. Ese es también el marco de las cuentas de Twitter y Facebook.

 En ellas, puede evitarse el nombre, negarse origen y religión, pero se recalca a priori la bandería como si ahí estuviese la trascendencia. Y quizás así sea. Ser o no ser… Hay que vender, esa es la consigna. Es el triunfo de la marca sobre el individuo.

 La causa aplasta el juicio crítico. Lo agota, lo asfixia, lo deja simplemente, sin salida. K o Anti K es la consigna. Pertenecer o no pertenecer. En este hábitat de fundamentalismo y porfía, los argentinos dirimen, más que una clasificación política, una concepción de vida. Y este es apenas el camino de ida… concepción de vida.

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.