El coronavirus y los inmensos beneficios del comercio exterior

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 18/4/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/04/18/el-coronavirus-y-los-inmensos-beneficios-del-comercio-exterior/

 

Más abajo me refiero al cierre transitorio de fronteras debido a la pandemia que abarca a todos los países del globo en cuanto al tránsito de personas y a dificultades en el comercio, pero antes hago varios puntos que estimo cruciales para cuando se abran plenamente las posibilidades de la cooperación social libre y voluntaria. Esto puede aparecer extemporáneo pero no lo es, está necesariamente situado en el presente al efecto de abrir el paraguas frente a aquellos que pretendan prolongar la penuria de diversos aspectos de la cerrazón bajo los pretextos que precisamente a continuación refutamos.

Lo primero es destacar que el comercio que atraviesa fronteras no se diferencia del comercio dentro de un país puesto que los ríos, las montañas, los océanos y las delimitaciones políticas no modifican los nexos causales y las consiguientes ventajas recíprocas de los intercambios libres y voluntarios entre partes.

En segundo lugar es relevante subrayar que desde la perspectiva liberal la única razón por la que el mundo se divide en naciones es para evitar los enormes peligros de la concentración de poder que surgiría de un gobierno universal. A su vez, los regímenes republicanos subdividen y fraccionan el poder político en provincias y, a su vez, en municipalidades.

Entonces, el tomarse en serio las fronteras constituye un desatino sobre la base de “proteccionismos” que en verdad desprotegen a los locales que combaten los “desvalores” de lo extranjero y en definitiva fabrican “culturas” alambradas que retrotraen a lo más primitivo y retrógrado de la humanidad.

Los nacionalismos, los patrioterismos y las xenofobias son patrimonio de una soldadesca embrutecida que se alimenta con los alaridos de la selva en abierta contradicción con el espíritu cosmopolita del liberal.

Pseudoempresarios aliados con el poder de turno pretenden sacar partida de sus mercados cautivos y otras prebendas con lo que explotan miserablemente a sus congéneres con argumentos retorcidos como los de “la industria incipiente”. Esta postura sostiene que necesitan el establecimiento de aranceles y tarifas para defenderse de la producción extranjera hasta que puedan acumular la suficiente experiencia para competir. Esta falacia pasa por alto el hecho de que prácticamente todas las evoluciones de nuevos negocios arrojan pérdidas en los primeros períodos para luego más que compensarse en los siguientes. Pero esta situación en modo alguno justifica que se endose coactivamente el referido costo sobre las espaldas de los consumidores cuando lo deberían absorber quienes pretenden un negocio. Si no disponen de los recursos necesarios, deben encontrar socios capitalistas para financiarse y si nadie acepta la propuesta es debido a que lo sugerido es un cuento chino (lo cual es habitual en estos casos). También es posible que la evaluación esté bien hecha pero como aparecen otros negocios más atractivos y como los recursos son escasos y no puede llevarse a cabo todos simultáneamente, el negocio de marras debe esperar su turno según sean las prioridades prevalentes.

Abrir las fronteras al comercio exterior de par en par se traduce en menores erogaciones por unidad de producto, lo cual a su turno significa liberar recursos humanos y materiales para atender otras necesidades. A su vez, el empresario deseoso de lograr nuevos arbitrajes está interesado en capacitar para las nuevas faenas que no resultaban posibles antes pues estaban esterilizadas en otras áreas. La liberación de aranceles produce el mismo efecto que el descubrimiento de una nueva tecnología que permite incrementar la productividad.

En este contexto, no cabe alegar derechos adquiridos debido a que los comerciantes se adaptaron a una legislación anterior basada en la cerrazón aduanera. Salvando las distancias, los fabricantes de cámaras de gas en el régimen asesino de los nazis no pudieron ampararse en derechos adquiridos para continuar son sus tareas asesinas. En ningún caso puede escudarse en derechos adquiridos cuando lo que se lleva a cabo es contrario al derecho, en el caso que analizamos es contra el fruto del trabajo ajeno.

Es tragicómico que a esta altura de la historia, ya pasados los traumas mercantilistas, se insista en que el objetivo de un país es exportar mucho y mantener en brete las importaciones. Esto en el terreno personal nadie lo aceptaría puesto que todos saben que el costo radica en verse obligados a vender bienes o servicios para poder comprar y que lo ideal para cada uno sería comprar y comprar permanentemente sin verse compelidos a vender. Lo mismo ocurre con un grupo de personas que denominamos país: lo ideal sería importar permanentemente sin tener que exportar, pero esto significaría que el resto del mundo nos estaría regalando todo todo el tiempo y esto desafortunadamente no se acepta.

La balanza comercial no es lo trascendente, lo relevante es la balanza de pagos que incluye los movimientos de capital que equilibran la ecuación. Otra vez, del mismo modo que sucede en el ámbito de lo personal, nuestros ingresos son iguales a nuestros egresos más/menos nuestro balance neto de efectivo. Entonces, el objeto del comercio exterior es la importación, la exportación es el costo que se debe incurrir para lograr el objetivo.

Si un país es absolutamente inepto para exportar no debe preocuparse por las importaciones puesto que igual que con nosotros el que no vende no puede comprar, con la diferencia que en el primer caso el asunto se pone de relieve a través del mercado cambiario que hace posible o en su caso imposibilita la importación. De más está decir que si se establecen marañas arancelarias, controles de cambio y se incurre en deuda externa las señales aludidas estarán bloqueadas para expresarse o lo hacen de modo deficiente, con todos los desajustes que ello significa.

En realidad la captación de inversiones extranjeras y el estímulo al ahorro interno se deben a marcos institucionales previsibles y respetuosos de los derechos individuales. En la medida que esto no tiene lugar, tampoco se logran aquellos propósitos. Más aun el capital no tiene patria, se dirige donde el binomio seguridad-rentabilidad sea óptimo. Es un despropósito referirse a la “fuga de capitales” como si al abandonar cierta jurisdicción territorial se estuviera cometiendo un crimen cuando en verdad se está ejerciendo el derecho de propiedad en casos en que resulta muy apropiado puesto que es una manera de salvar el fruto del trabajo de las garras del Leviatán.

Una política especialmente dañina es el establecimiento de aranceles en forma de serrucho, es decir, la imposición de gravámenes aduaneros en forma despareja, lo cual conduce a cuellos de botella insalvables entre los insumos y el producto final con lo que se cierran muchas fábricas.

Es cierto que vivimos en un mundo en gran medida cerrado al comercio, pero un país que se basa en el librecambio comerciará con todos aquellos que lo permiten. La cerrazón -el suicidio de otros- no es argumento para extender esa política empobrecedora a los locales. Resultan graciosas algunas pretendidas argumentaciones: se dice que como el país A ha cerrado sus fronteras al comercio con el país B, este “en represalia” cierra también sus fronteras a la entrada de productos provenientes del país A. Pero esto significa lisa y llanamente que el país B se ha perjudicado doblemente, primero por los aranceles del país A impuestos a los productos del país B y luego empeora la calidad de sus compras puesto que sus habitantes se ven obligados a comprar más caro o de peor calidad (o las dos cosas a la vez) de otros proveedores.

Por último, mencionamos que es habitual que se esgrima el argumento del “dumping” para sugerir la imposición de aranceles lo cual significa venta bajo el costo que los comerciantes que lo alegan generalmente no se toman el trabajo de analizar los libros contables que quien supuestamente incurre en dumping y lo usa como escudo para protegerse de la competencia más efectiva. Cuando se vende bajo el costo y el precio de mercado es más alto, la competencia compra al precio subvaluado y vende al de mercado con la diferencia a su favor. El único dumping negativo y peligroso es el que llevan a cabo los aparatos estatales puesto que lo hacen con recursos coactivamente detraídos de terceros. Y si el dumping –venta bajo el costo- se realiza porque el mercado no absorbe precios más altos, simplemente habrá quebrantos como indicador al empresario que mejore su performance o cambie de rubro.

En definitiva, la autarquía indefectiblemente empobrece sea estableciendo aduanas interiores en un país o aduanas en las fronteras. Siempre el agente aduanero controla porque se fundamenta en el postulado inaudito que el ingresar productos más baratos y de mejor calidad empeora el nivel de vida de los locales o, de lo contrario, se invita al cohecho.

No se trata de ampulosas declamaciones entre gobernantes en elegantes (y costosas) recepciones supuestamente “abriendo mercados”, se trata de derribar barreras aduaneras y abrir las puertas para la mayor competitividad disminuyendo el peso del Leviatán reduciendo el gasto público al eliminar funciones para poder aliviar las cargas fiscales y la pesada deuda.

Debido a la desafortunada pandemia que abarca a nuestro planeta han debido suspenderse transacciones comerciales y dificultarse otras, menores producciones y escaso traslado de personas, lo cual deberá revertirse ni bien pase el peligro que nos amenaza a todos. Debemos estar atentos a los deseos perversos de megalómanos que pretendan prolongar las penurias de la cerrazón en diversos andariveles para satisfacer sus ansias de control a vidas y haciendas ajenas.

Tal vez, para mirar el lado que pueda extraerse de positivo de estos encierros pueda mencionarse que da la oportunidad de consultar con mayor atención libros y ensayos que nos ayuden a meditar sobre las bases morales de una sociedad abierta al tiempo que ofrecen la oportunidad de estrechar lazos familiares y profundizar conversaciones sobre temas relevantes que a todos nos atañen (en otros casos tal vez quedan sin efecto vínculos familiares cuando sus integrantes perciben que no era lo que esperaban una vez que pudieron intercambiar sin interrupciones). También es posible que la intensificación de la gimnasia de comunicarnos vía digital en esta situación extrema permita en el futuro reemplazar algunas actividades presenciales por las remotas lo cual modificará el panorama productivo para bien al simplificar estructuras innecesarias.

Por otra parte y por último, es menester destacar muy especialmente la urgente necesidad de eliminar toda la parafernalia estatista que no ha hecho más que empeorar la maldición del coronavirus en los casos en que se han impuesto absurdos controles de precios y otros embates gubernamentales a la producción de bienes y servicios que han colocado tremendos palos en la rueda que naturalmente generaron faltantes y desajustes de diversa magnitud y gravedad. En esos casos desafortunados no se ha comprendido que cuanto más delicada es la situación por la que se atraviesa, mayor es la razón de contar con precios libres tanto en el comercio interior como en el exterior para no afectar a la población, muy especialmente a la más vulnerable y por tanto desprotegida. En esta misma línea argumental en medio de la pandemia “para reactivar la economía” muchas bancas centrales han optado por incrementar la base monetaria, lo cual inexorablemente acentúa los descalabros ya que al contraerse la actividad la expansión monetaria incrementa los desajustes (independientemente de lo que ocurra con la producción secundaria de dinero) aunque, igual que con la drogas alucinógenas, en un primer momento produce sensación de confort hasta que vienen los efectos devastadores.

En el campo monetario es del caso introducir una nota al pie y es que en la situación argentina hay temor que en medio de la pandemia de marras se vuelvan a repetir las emisiones de las llamadas “cuasi-monedas” (desde luego muy distantes de la propuesta del premio Nobel en economía F. A. Hayek en cuanto competencia de monedas sin curso forzoso), pero no creo darles una sorpresa a los lectores si digo que desde hace décadas resulta que ya tenemos una lamentable cuasi-moneda que nos devora: el peso argentino que demás está decir no cumple con la función de depósito de valor y se está deslizando a la categoría de cuasi-nada.

Por supuesto que debido al consumo de capital por la reducción abrupta en la producción, los salarios e ingresos en términos reales serán menores lo cual se revertirá en la medida en que se abran los mercados y se hagan reformas laborales para permitir el empleo. En otro plano, nuevamente subrayamos que el delicadísimo balance costo-beneficio en el contexto del conronavirus debe tomarse en cuenta principalmente en base a los conocedores de la infección que nos acecha puesto que tiene prelación las estimaciones sobre cadáveres acumulados, en cuya situación no parecen muy relevantes las cotizaciones de Wall Street por más que, como también hemos consignado antes, la retracción en la producción por la inactividad fruto de los aislamientos puede conducir a muertes por hambre. Nada más peligroso que los arrogantes que opinan sin conocimiento de causa.

En resumen y para volver a nuestro tema central, deben comprenderse las enormes ventajas del comercio que es otro modo de aludir a la cooperación social entre las personas lo cual, como queda dicho, no cambia por el hecho de encontrarse sus respectivos moradores circunstancialmente en distintos países.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El problema son los infiernos, no los paraísos

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 25/9/19 en: https://www.ambito.com/el-problema-son-los-infiernos-no-los-paraisos-n5056435?fbclid=IwAR2tVeaOZPw6IfYoH-bkDIQvTRq7Ucj_vGMkWO404oFkRwGOepfnVDptBRI

 

El problema son los infiernos, no los paraísos

La lógica y el sentido común cada vez más escasos en el mundo, y en Argentina, quizás más. Siempre fue el infierno lo temible, pero ahora los políticos nos dicen que los paraísos deben ser combatidos, se diría que nos conducen al averno y, por tanto, necesitan que creamos que es bueno.

La “fuga” de capitales -FAE- fue récord en agosto, particularmente luego del “reperfilamiento”, superando los u$s5400 M esperados del FMI que probablemente no lleguen todavía, y también la salida de depósitos en dólares a lo que hay que sumar más de u$s4.000 M por repatriaciones extranjeras. Ya se fugó el 97,8%, según Hernán Herrera del CEPA, de lo que prestó el FMI que se dedica a financiar gastadores seriales y bicicletas. Y los bancos “bloquearon” préstamos en divisas: desde las PASO al 18 de septiembre, según el BCRA, el stock de préstamos en dólares a los privados se redujo 13,7% y las prefinanciaciones cayeron 15%.

Para colmo, quienes ingenuamente le creyeron a Macri y blanquearon su dinero -u$s116.000 M- perdieron hasta el 70% en dólares, aquellos que pesificaron -el 77% fue a cuentas e inversiones- y les subieron la alícuota de Bienes Personales -que hoy se paga a partir de apenas u$s20.000- del inicial 0,25% al 0,75%, y podría aumentar.

Y Alberto Fernández podría “gravar severamente a los poderosos”. Suena a “cliché” político. Los poderosos, los ricos, siempre tienen más vías para escapar de la voracidad fiscal. Las empresas, por caso, suben precios, bajan salarios y/o dejan de invertir demandando menos mano de obra. Así, la carga recae sobre los pobres -de hecho, es la principal causa de pobreza- y devolverles, por asistencialismo, es irrisorio ya que, después de pasar por la burocracia -sino corrupción- poco les llega.

Si se busca que no se dispare el déficit, probablemente se termine reestructurando la deuda -canje con quita, luce inevitable- estirando los vencimientos de capital más allá de 2025 y reduciendo el peso de intereses en los próximos años, ahorrándose unos u$s20.000 M anuales.

Además, según el CIPPEC, para equilibrar la balanza de pagos hasta 2023 y crecer un 3% anual, es necesario un aumento de las exportaciones de u$s25.000 M, un crecimiento del 9% anual partiendo de u$s84.000 M estimados para 2019. Y para ello es imprescindible lo contrario: bajar la presión fiscal para que los precios sean competitivos y las inversiones rentables.

Casi todos quieren revertir el blanqueo, lo que no es fácil, más allá de viajar a Uruguay. Existen mecanismos sofisticados y legales no accesibles para la clase media, como conseguir una Visa de residente en EE.UU. invirtiendo u$s500.000 -900.000 desde noviembre- o la misma cantidad en euros para Europa, Portugal. Para algunos la Transparencia Fiscal Internacional adoptada por más de 106 países hace prácticamente imposible mover activos sin declarar, pero la realidad los desmiente.

Aunque no puede conocerse con precisión, porque se esconde, según el interesado FMI -como toda burocracia multiestatal que vive de los impuestos- los fondos en paraísos fiscales llegan al 8% del PBI mundial, u$s 7 B y, según Boston Consulting Group, crecieron un 5% anual entre 2012 y 2017, más que el PBI global, a pesar de los “esfuerzos” -algo hipócritas- para combatirlos de los gobiernos que “pierden” u$s 1,1 B anuales en su recaudación. La corrupción debe solucionarse desde la raíz, en su origen. Hecha la aclaración, los paraísos fiscales son lugares adonde las personas escapan de la voracidad fiscal depredadora. Y, por cierto, a mayor presión fiscal más desigualdad, ya que los ricos se escapan más y es mayor la evasión. El 0,1% más rico de Rusia tiene el 12,5% de la riqueza del país de la cual el 60% está offshore, mientras que el 0,1% más rico de EE.UU. tiene el 7,8% de la riqueza total del país, y solo el 6,5% está offshore.

Según Tax Justice Network, “jurisdicciones del Reino Unido y algunos países de la OCDE” lideran el ranking de paraísos fiscalesSin olvidar a EE.UU., quizás el mayor paraíso fiscal de la historia, y Hong Kong dependiente de China. Al mismo tiempo, Luxemburgo, gracias a sus leyes, alberga tanta inversión extranjera directa como EE.UU. A nivel global, las inversiones “fantasma” suman u$s15 B anuales, superando al PBI chino.

Es evidente el porqué del interés de los políticos en que se paguen impuestos. Roberto Cachanosky, en TV con la presencia de la diputada Victoria Donda, dijo que el presupuesto de la cámara de diputados es de €150 M y así cada diputado “cuesta € 49.000” al mes, el doble que en España. Y cada senador “cuesta €171.000” mensuales contra 17.500 de uno español.

Según Reverso esto es “engañoso” porque no todos los gastos van a los parlamentarios. Cachanosky luego aclaró que ese costo no era el sueldo bruto. Para Reverso, el sueldo anual de un diputado argentino es de €53.743 brutos, y el de uno español de 68.642 (sin complementos y movilidad), y los senadores locales perciben un salario anual de €61.419 contra 68.621 (sin complementos y movilidad) de los españoles. Así queda reafirmado el espíritu de lo que dijo Cachanosky, ya que en Argentina -34% de pobreza y PBI p/cápita de €10.500 en 2018- deberían cobrar menos del tercio de lo que cobran en España -6,9% de pobreza y PBI p/c de €25700, 2018- y, aun así, el pueblo español se queja por estos sueldos exagerados.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Portugal: el mito de ajustar aumentando el gasto público

Por Aldo Abram: Publicado el 24/7/19 en: https://www.ambito.com/portugal-el-mito-ajustar-aumentando-el-gasto-publico-n5038756

 

Aníbal Cavaco Silva.

Aníbal Cavaco Silva.
Muchos economistas y políticos de la oposición dan a Portugal como ejemplo de lo que Argentina debe hacer para salir de la crisis actual. En 2011, luego de haberse desbordado con el gasto público y acumulando una enorme deuda estatal, Portugal entró en crisis. El mito es que se hizo sin “ajuste” y sin el FMI; lo cual no es cierto. El Fondo fue parte de la, así llamada, “Troika” (incluidos el Banco Central Europeo y la Comisión Europea) con la que llegaron a un acuerdo para obtener financiamiento por €78.000 millones (alrededor de u$s88.000 millones).

Cabe aclarar que la necesidad de ajuste en un país se produce por haber hecho previamente las cosas mal (en este caso, un excesivo gasto y deuda pública) y perdido la credibilidad. Eso genera una fuerte fuga de capitales contrayendo el financiamiento de la demanda interna. Para resolver este problema de confianza hay que “ajustar” el exceso de gasto; ya que un país, como una persona o negocio, no puede gastar más de lo que tiene. Entonces, sólo queda decidir quién será el que reduzca sus erogaciones.

Por ejemplo, desde 2018, en Argentina tenemos una fuga de ahorro de locales y extranjeros que no quieren seguir financiando un disparatado gasto público; lo cual ha provocado una contracción de la demanda interna y del nivel de actividad. A fines de ese año, con la sanción del Presupuesto 2019, la dirigencia política decidió que el ajuste lo haga mayormente el sector privado productivo, que es el que genera la riqueza para pagar los gastos propios y los del Estado, y no el sector público que fue el que se excedió en sus erogaciones. Un absurdo de que es la razón de la enorme pérdida de bienestar y empleo.

En Portugal, el Gobierno de Cavaco Silva bajó los sueldos de los empleados públicos en hasta 23%, congelándolos después, y en hasta 15% los del sector privado. La nómina de trabajadores estatales se redujo cerca de un 20%. Aumentaron las horas de trabajo, en 5 horas a 40, y, también, la edad de jubilación. Además, subieron impuestos como el IVA, pasó de 21% a 23%, aunque luego redujeron drásticamente “Ganancias” para los que invirtieran en el país. Aumentaron las tarifas de servicios públicos y comenzaron un proceso de privatizaciones. Así, redujeron el gasto público respecto del PBI desde 51,8% en 2010 a 44,8% en 2016. El déficit fiscal bajó de 11,2% del PBI en 2010 a 2% en 2016, por debajo de la meta acordada; y, en 2018, a 0,5%. En tanto, la deuda pública pasó desde un 96% del PBI en 2010 a un máximo en 2014 de 130% para bajar a 121% en 2018.

Además, en 2013 se hizo una gran reforma laboral para facilitar la contratación de empleados por parte del sector privado, lo que logró bajar la elevada tasa de desocupación. Pasó de 17,4% en enero de 2013 a 10,1% a fines de 2016 y a 6,6% a fin de 2018. Se redujeron las indemnizaciones por despido de 30 a 20 días por cada año de trabajo, facilitando éstos en casos de “falta de adaptación” del empleado o “extinción del puesto de trabajo”, se eliminó el mínimo de 3 meses por despido, se redujo la cantidad remunerada por las horas extras y se implementaron 150 horas extras a disposición del empleador sin remunerar para que las pueda utilizar en cualquier época del año, se escindió el subsidio por desempleo y se suprimieron los tres días de vacaciones que les daban a los empleados de recompensa por no haber faltado nunca. El resultado fue que tras tres años de caída del PBI de cerca de un 7%, la economía empezó a reactivarse en 2013 y terminó incrementándose casi un 10% hasta 2018.

De esta experiencia la Argentina tiene para aprender. Desde 2011, por no resolver el problema del exceso del gasto público, su nivel de actividad no solamente no crece, sino que está pasando por un profundo ajuste. Hay que hacer una drástica reforma del Estado para que deje de servirle a la política y les sea útil a los argentinos, además de hacerlo pagable. Se puede hacer sin dejar sin ingreso a nadie, usando la Ley de Empleo Público, se deja en disponibilidad (es decir, mandando a su casa con sueldo) a quienes se queden sin un cargo, capacitándolos y transfiriéndolos al sector privado con subsidios a quienes lo tomen. Esto permitirá un ahorro creciente para el Estado.

A diferencia de Portugal, que lo pagó con un altísimo desempleo, hay que hacer urgentemente una reforma laboral para incentivar al sector privado a generar empleo; pero yendo al modelo chileno y no con el modelo portugués. En las últimas décadas, el actual arcaico régimen ha desprotegido a más del 50% de los trabajadores argentinos dejándolos sin empleo o con uno informal o con puesto en el sector público y planes asistenciales que son seguros de desocupación disfrazados. Una injusticia que no se puede seguir defendiendo ni manteniendo si queremos generar oportunidades de trabajo y de progreso para todos los argentinos.

Decidamos si seguir escuchando cantos de sirena que nos llevan de crisis en crisis o comenzamos a encarar cuanto antes las reformas estructurales pendientes. No hay más opciones.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

¿Bajamos las tasas o compramos dólares?

Por Aldo Abram: Publicado el 18/1/19 en: https://www.ambito.com/bajamos-las-tasas-o-compramos-dolares-n5011167

 

El tipo de cambio perforó el piso inferior de la banda cambiaria y gatilló la discusión sobre qué debía hacer el Banco Central (BCRA): ¿Comprar dólares o bajar la tasa de interés de las Leliq?

¿Bajamos las tasas o compramos dólares?

Y el tipo de cambio perforó el piso inferior de la banda cambiaria y gatilló la discusión sobre qué debía hacer el Banco Central (BCRA): ¿Comprar dólares o bajar la tasa de interés de las Leliq? Pero esto último no es una opción consistente con la actual política monetaria.

Para que dicho costo de financiamiento caiga más de lo que permita el aumento del crédito doméstico, el BCRA debería cancelar dicha deuda emitiendo pesos; lo cual implicaría el riesgo de quebrar el techo prefijado de cantidad de moneda. Esto quebraría la promesa que hizo creíble la actual estrategia monetaria y generaría una nueva fuga de capitales, restando crédito e incrementando fuertemente las tasas; así que el tiro saldría por la culata.

Al contrario, la baja del costo de colocar las Leliq desde que se lanzó dicho programa demuestra que es la tranquilidad monetaria y la credibilidad de la estrategia del BCRA la que permite aumentar el crédito local. Por lo tanto y como mucho, ante la baja del tipo de cambio convendría que el BCRA use al máximo posible la capacidad de emisión que le permite el techo fijado, cancelando deuda remunerada. De paso, no sólo aportaría algo más de crédito al mercado, sino que acumularía algo menos de capitalización de intereses.

Es cierto que sería bueno que las tasas bajen más rápido; por eso hay que resolver los otros problemas que hacen que el costo del financiamiento sea alto. La reducción del déficit total del sector público nacional, provincias y municipal que absorbe buena parte del crédito disponible; pero, sobre todo, la incertidumbre sobre si alguna vez se resolverá el exceso de Estado, verdadero problema que da origen a dicho rojo en las cuentas.

Esto permitiría descartar un default en el mediano plazo que es lo que hace poco atractivo ahorrar en la Argentina y, por ende, aumentar el financiamiento local. Lamentablemente, nuestra irresponsable dirigencia política no ha dado señales claras en ese sentido y, mientras sea así, habrá que acostumbrarse a que el crédito sea caro y escaso para el sector privado.

Por lo tanto, lo que tiene que hacer el BCRA cada vez que el tipo de cambio perfore el piso de la banda inferior es comprar divisas, como ha estado haciéndolo. Es ese ingreso de capitales que lleva el dólar al piso el que genera un aumento del financiamiento interno y la baja de su costo.

Además, parece una buena estrategia que el BCRA no haya usado todo el potencial de compra de divisas que tenía, hasta u$s 50 millones por días; ya que eso dejaría más pesos en el mercado que en el futuro podrían sumarse a una potencial corrida y que, lamentablemente, dada la política monetaria comprometida solamente podrían ser retirados cuando toquen el techo, que está casi 30% arriba del piso.

Dado lo anterior, es importante analizar algunos trascendidos en los medios indican que se estaría tratando de renegociar con el FMI la posibilidad de comprar mayores montos de dólares para sostener el piso del tipo de cambio.

Si fuera cierto, es importante que también se negocie la posibilidad de usar todo lo comprado por este motivo para defender el techo de la banda, ofreciéndolo todo, más los u$s 150 millones de ese día, en el momento en que el dólar llegue a ese límite. Esto permitirá tener un mayor poder de fuego para sacar los pesos excedentes, aprovechando que será a más del 29% de lo que fue necesario emitir para comprarlos. En esta suma deberían incluirse los u$s 1.100 millones que “excepcionalmente” le compró al Tesoro a fines de 2018.

Cabe tener en cuenta que, si para mediados de año no son confiables las chances del actual gobierno de ser reelecto, es posible que empecemos a observar una creciente fuga de capitales.

Esto significa que se estará cayendo la demanda de pesos, que es el activo argentino con más riesgo. Por lo tanto, el tipo de cambio tenderá a subir y en pocas semanas habrá llegado al techo, con un porcentaje de alza que podría superar el 25%.

Obviamente, a esa altura habrá gran temor y el compromiso del BCRA es sacar pesos por hasta u$s 150 millones por día; lo que luce claramente insuficiente para quitar todo lo que en ese momento la gente no querrá tener.

Por lo tanto, volverá a caer su valor, a aumentar el tipo de cambio, mermando aún más la preferencia por tener moneda local y depreciándola y, nuevamente, impulsando el valor local del dólar. Esto es claramente un círculo vicioso que históricamente ha llevado a crisis cambiarias.

El gran error es pensar que, con las comentadas ventas de divisas, la política monetaria sea contractiva; lo cual es cierto cuando el problema es de exceso de oferta de pesos y no de debacle de su demanda. Por eso, es importante poder tener una herramienta más contundente para frenar la corrida en el techo; que podría ser la posibilidad de vender con grandes ganancias todos los dólares adquiridos para defender el piso y los adquiridos “excepcionalmente” al Tesoro, que ya comentamos anteriormente.

Por otro lado, una corrida cambiaria puede incentivar la salida de depósitos de los bancos y, en ese momento, los encajes no remunerados tienen que ser altos para facilitar su retiro sin riesgos de una crisis sistémica. Por eso, en un marco de aún alta inestabilidad económica como el actual, sería una irresponsabilidad bajar el porcentaje de recursos inmovilizados para que se incremente la porción de los depósitos que los bancos pueden prestar y, así, disminuir su costo. Es cierto que, además, esto bajaría la demanda del peso y, por ende, su valor; lo cual ayudaría a presionar al alza del tipo de cambio.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que las exigencias son un instrumento prudencial que tiene como objetivo garantizar la liquidez del sistema financiero ante una salida de imposiciones. Frente a una potencial corrida será difícil reponer esos puntos de efectivo mínimo que se redujeron antes; ya que los bancos estarán muy complicados tratando de mantener los depósitos y el financiamiento en medio de una fuga de capitales y, ojalá no suceda, una salida de ahorro bancario.

Para cerrar y dado lo incierto del escenario electoral, sería bueno que el BCRA dé señales de que va a ser más contundente a la hora de frenar la corrida cuando llegue al techo de la banda.

También sería prudente que el gobierno continúe con la actual política de mantener un stock de ahorros en moneda extranjera y, además, que trate de llegar al segundo semestre con el mayor monto posible guardado. Es muy probable que la renovación de deuda doméstica de corto plazo sea muy complicada en la medida que entremos en el período electoral.

Por ello, será mejor cuanto: a) menores sean los vencimientos que se acumulen en ese período; b) mayor sea el porcentaje de dichos pagos que sean en pesos; y c) más se coloque ahora que venza en 2020 dejando la posibilidad de usar esos recursos para pagar los vencimientos en moneda local de este año.

De esta forma, el gobierno podría estar vendiendo dólares cuando su demanda esté incrementándose; lo cual ayudará al BCRA a aliviar la presión cambiaria. Es muy importante que nadie subestime el grado que puede tener la incertidumbre electoral.

Fue un optimismo desmedido del gobierno que proyectaba un mundo eternamente líquido, un escenario que casi nadie preveía, lo que nos llevó a la crisis cambiaria de 2018. Si repetimos el mismo error, lo más probable es que terminemos en una nueva debacle económica.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

El valor del peso, ¿crónica de una muerte anunciada?

Por Aldo Abram: Publicado el 12/8/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2161332-el-valor-del-peso-cronica-de-una-muerte-anunciada

 

Muchos economistas y políticos argentinos no aprenden ni con las crisis. Nuevamente, están reclamando que el Banco Central (BCRA) baje la tasa de interés y deje que el dólar suba. Como el valor de este último lo fija la Reserva Federal de los Estados Unidos, lo que están pidiendo es que el BCRA emita mucho para que de esa forma aumente el crédito local y baje la tasa de interés. Como a esos pesos no los querrá nadie, perderán valor y, por ello, veremos que el tipo de cambio subirá. Porque es en el mencionado mercado donde se refleja inmediatamente la variación de cualquier moneda.

El gran problema es que, luego, con esos pesos que perdieron poder adquisitivo querremos comprar algo en el supermercado o pagarle al gasista, y en ambos casos nos pedirán más billetes, porque cada uno valdrá menos y lo que queremos adquirir mantiene su valor. La inflación es la pérdida de poder de compra de la moneda en que cobramos nuestros sueldos y ahorramos. Por eso, nos hace a todos más pobres y, en particular, afecta más a los más pobres que son los que menos pueden defenderse.

Tenemos que asumir que la Argentina tiene una moneda en la que nadie confía y eso no es casualidad. Desde 1970 a la fecha se le sacaron 13 ceros a la moneda. O sea, un peso de entonces equivale a $10.000.000 de millones de hoy. De hecho, el cepo cambiario es una muestra de esa desconfianza, ya que implicó tratar de obligar a los argentinos a demandar pesos.

Este gobierno tuvo una gran oportunidad de recuperar la credibilidad del Banco Central y de nuestra moneda. Cuando salió del cepo, la gente hizo una gran apuesta a favor, por lo que el tipo de cambio, lejos de subir por arriba del dólar “informal”, como la mayoría esperaba, tendió a bajar. Lamentablemente, desde inicios de 2016 el BCRA volvió a las andadas y priorizó licuar los problemas que genera el exceso de Estado y no la defensa de la moneda y la recuperación de la solvencia de una entidad a la que había recibido casi quebrada. Así es como se dedicó a emitir pesos y destruir su poder adquisitivo para financiar al gobierno y, además, para bajar la tasa de interés y aumentar el crédito. Es que el Estado (municipal, provincial y Nacional) absorbía gran parte del financiamiento local para cubrir su enorme exceso de gasto y lo que quedaba para prestar al sector privado era escaso y caro.

No es extraño que, con semejante bastardeo del peso, en cuatro ocasiones la gente decidiera dejar de demandarlo (corrida cambiaria) generando una fuerte baja de su valor.

La primera, en los primeros meses de 2016, que obligó al BCRA a corregir coyunturalmente el rumbo. Después, a partir de mayo de 2017 hubo una creciente corrida contra el peso y recién se frenó cuando el BCRA, asustado por el efecto del alza cambiaria sobre los votantes, decidió defender el valor del peso vendiendo dólares.

En el siguiente episodio, en diciembre de 2017, la violencia política y las dificultades que enfrentó el Gobierno para sancionar algunas reformas llevaron a una nueva caída de la demanda de pesos, a lo que el BCRA respondió dándole a la maquinita para bajar la tasa de interés generando una nueva caída del valor de nuestra moneda. ¿A alguien le puede extrañar que cuando se produjeron las primeras leves turbulencias internacionales nadie creyera en la capacidad y/o voluntad del Banco Central de defender el valor del peso? Era natural que se dejara de demandarlo, lo que terminó en una crisis cambiaria.

La actual gestión del Central parece haber entendido que la prioridad debe ser estabilizar el valor de la moneda para frenar la escalada de los precios. Además, al no poder emitir lo que la gente no demanda, la tasa de interés alta termina reflejando la realidad de un mercado de crédito que se contrajo por la fuga de capitales y al que siguen exprimiendo los distintos niveles de Estado para cubrir sus enormes excesos de gasto.

Para resolver el problema hay que recuperar la credibilidad. De esa palabra viene “crédito”. Imposible que haya más confianza sin estabilidad monetaria. Lo otro que hay que hacer para ampliar el financiamiento interno es dar muestras contundentes de resolver la madre de todos los problemas, “el exceso de Estado”.

El Gobierno y la oposición deben entender que ya nadie “apostará por ver”, ya lo hicieron y perdieron. No basta con promesas. Todos deberían reclamar señales claras de austeridad a nuestros políticos. El gobierno nacional tiene cubiertas sus necesidades de recursos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por este año, pero no todas las de 2019. En tanto, la mayoría de las provincias y municipios que tienen excesos de gastos no podrán pagarlos si no vuelve el crédito. También el sector privado productivo lo necesita para recuperar la demanda interna y la producción.

El Banco Central no debe escuchar a los milagreros que pretenden “multiplicar los panes y los pesos” dándole a la maquinita y empobreciendo a todos los argentinos. Una próxima corrida contra el peso será muy difícil de frenar, pudiendo llevar a su repudio como moneda, como en 1989, y a su desaparición.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Vuela la fiebre de la inflación: ¿error de diagnóstico o mala praxis del BCRA?

Por Aldo Abram: Publicado el 6/6/18 en: http://www.ambito.com/923659-vuela-la-fiebre-de-la-inflacion-error-de-diagnostico-o-mala-praxis-del-bcra

 

Se está hablando sobre qué objetivos para el Banco Central (BCRA) se negociarán con el FMI; por lo que es bueno plantear este tema. No hay un gran margen de credibilidad para que haya que pedir un futuro waiver (perdón) por incumplimiento de lo acordado. Este año no sólo no lograremos la meta de inflación, ni siquiera la “recalibrada”, sino que ésta tampoco disminuirá respecto a 2017; ya que terminará bien por encima de 25%. El gran problema es que, como muchos economistas, los funcionarios del BCRA piensan que el precio del dinero es la tasa de interés. Esto es un error, ya que la tasa de interés es el precio del crédito. O sea lo que estoy dispuesto a pagar por adelantar gasto o a cobrar para demorarlo y cederle esa posibilidad a otro.

El precio del dinero o moneda se define en su propio mercado. En donde hay un productor, el BCRA, y la gente que lo demandan debido a que es útil como unidad de cuenta, medio de pago y reserva de valor. Un cheque, transferencia, una tarjeta de débito o crédito bancario es un medio de pago que compite con el dinero. Incluso, en Argentina, podemos sumar al dólar como sustituto del peso.

Por eso, lo relevante para definir cuál va a ser la inflación en un país es analizar la oferta de moneda, en nuestro caso de pesos por parte del BCRA, y cuál la demanda. Ésta la determina el atesoramiento de los ciudadanos, comerciantes, empresas, estado y bancos (incluidos los que guardan en el BCRA). Si se emite más moneda que lo que se demanda, perderá valor, como pasa con cualquier bien. El problema es que es nuestra unidad de medida para valuar todos los bienes, servicios y otras monedas; por lo que si el metro se achica todo se agranda respecto a él y eso es lo que llamamos inflación.

Por lo tanto, para determinar cuánto vale un peso hay que analizar su mercado y no el que compone con los restantes medios de pagos sustitutos con los que compite. A nadie que se ocurriría evaluar el precio de las naranjas estudiando el de los cítricos en general. Se enfocará en la oferta de naranjas y tendrá en cuenta que hay sustitutos, como las mandarinas, que influyen en su demanda. En el caso de la moneda, el resto de los medios de pagos sustitutos afectarán también la predisposición a atesorarla y definirá su demanda; pero no la oferta, que la determina la emisión del BCRA.

Obviamente, también puede bajar el valor del peso si por algún motivo se cae su demanda y el BCRA no reduce la cantidad de moneda en el mercado. Esto es lo que pasó entre mayo y agosto de 2017, diciembre 17 y enero 18 y en la reciente corrida contra nuestra moneda. Por supuesto, esta merma del valor del peso primero se refleja en el mercado cambiario, como sucede con cualquier divisa; pero con mayor o menor lapso de demora la observaremos en los bienes y más tarde en los servicios, por las características propias de dichos mercados. No tiene lógica pensar que no habrá “traslado” de esa pérdida de poder adquisitivo a precios; ya que eso implicaría que la gente está dispuesta a entregar algo que mantuvo su valor a cambio de lo que ahora vale menos, el peso. Aclaro que, en casos de fuertes fugas de capitales el hecho de que se genere una peor evolución económica y empobrecimiento relativo hace que los servicios también valgan menos; por lo que no reflejarán toda la caída del poder adquisitivo del peso. Esto es lo que viviremos los argentinos este año.

Cuando el BCRA fija una tasa de interés distinta a la de mercado, lo que hace es distorsionar las decisiones de ahorro e inversión en la economía y también afecta el mercado del peso. Por ejemplo, si el Estado tiene un enorme exceso de gasto sobre sus recursos y para pagarlo toma prestado una gran parte del financiamiento disponible en el país, la tasa de interés debería ser muy alta y el crédito muy escaso para el sector privado. Como estuvo sucediendo, en mayor o menor medida, desde principios de 2016 y hasta recientemente, el BCRA decidía que los rendimientos tenían que ser más bajos y emitía pesos para aumentar la oferta de financiamiento y llevar las tasas al porcentaje que deseaba. El problema es que la gente demanda crédito para gastar y no para atesorar; por lo que esa oferta de dinero hacía que su valor caiga y la inflación fuera más alta.

Incluso, en los inicios de la última corrida contra el peso se dio el absurdo de que la fuga de capitales achicaba el financiamiento interno presionando al alza de la tasa y el BCRA emitía moneda para que no subiera; lo que alimentaba la corrida cambiaria. O sea, a la caída de la demanda de pesos le sumaba mayor oferta haciendo que bajara su valor o alimentando las compras de sus propias reservas si intentaba que eso no alentara una mayor suba del tipo de cambio y de la inflación.

Estos ejemplos dejan claro que siempre que el BCRA emita más pesos de los que se demandan, su valor caerá y veremos inflación. No sólo cuando se financia al Estado quitándole poder adquisitivo a la moneda de todos los argentinos para transferirle esa capacidad de gasto al gobierno. También cuando, sin que en la economía haya una contrapartida en una mayor preferencia por tener moneda, se le “da a la maquinita” para aumentar el crédito y abaratar su costo o para incrementar las reservas internacionales. Además, la explicación anterior permite comprender por qué el BCRA no ha podido ni podrá cumplir con las metas de inflación e, incluso, este año ni siquiera logrará bajarla respecto de 2017.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

El déficit y la deuda se solucionan bajando el gasto público

Por Iván Carrino. Publicado el 27/10/16 en: http://www.ivancarrino.com/el-deficit-y-la-deuda-se-solucionan-bajando-el-gasto-publico/

 

En Argentina nadie quiere bajar el gasto público. Sin embargo, todos se quejan por las consecuencias que genera su elevado nivel.

La economía de las familias y las empresas tienen mucho para enseñarles a los gobiernos. Si en una familia los ingresos corrientes no dan para costear las vacaciones, el colegio de los chicos, el mantenimiento del auto y el pago del alquiler, ésta puede acudir a la tarjeta de crédito.

Sin embargo, si la diferencia entre ingresos y gastos no cambia, la deuda comenzará a ser un problema y la familia va a enfrentar una crisis.

Lo mismo le sucede a las empresas. Pueden pagar alquileres de oficinas lujosas, autos para los cargos ejecutivos, y hacer multimillonarias campañas de publicidad con cargo a deuda.

No obstante, si no llega un día en que los ingresos superan a los costos, la empresa se verá enfrentada a severas dificultades financieras.

Vistas de manera superficial, la familia y la empresa están enfrentadas al problema de la deuda. Ahora cuando uno mira la situación con mayor detenimiento, observa que lo que originó esa deuda fue el gasto, que superó a los ingresos. Y ahí es donde hay que trabajar para solucionar el problema.

Es por esto que las acciones de las compañías suelen subir cuando anuncian una baja de los costos operativos. Menos costos implican una mayor eficiencia productiva y, también, una mayor capacidad para cumplir con los acreedores.

A las familias les sucede lo mismo. A veces hay que hacer sacrificios.

En la economía Argentina pasa algo similar. Son numerosos los analistas de todos los sectores y colores políticos que advierten sobre el elevado ritmo de endeudamiento del gobierno nacional. El diario La Nación sostuvo recientemente que “El Gobierno volvió a emitir bonos y ya recurre al mercado una vez cada 6 días”. El total de deuda emitido en lo que va del año asciende a U$S 40.000 millones, el 16% del stock que el gobierno informó a diciembre de 2015.

Para Agustín D’Attellis, economista y reconocido defensor de las políticas económicas del gobierno kirchnerista, la deuda en dólares que contrae el gobierno tiene el objetivo de financiar la fuga de capitales y el giro de utilidades de las empresas en el exterior.

Esto no es cierto. En un mercado cambiario libre, cualquiera puede ahorrar en el extranjero o enviar las ganancias de su empresa a la casa matriz. Ahora esto podría pasar también con un gobierno que tuviera superávit fiscal y, por tanto, ninguna necesidad de endeudarse. La deuda del gobierno, entonces, nada tiene que ver con la compra de dólares por parte de los privados.

Ahora con lo que sí tiene que ver la deuda pública es con el déficit público. De la misma forma que la familia que está utilizando la tarjeta de crédito, o la empresa que acude al financiamiento en el mercado, lo que explica el endeudamiento del gobierno es el desequilibrio entre ingresos y gastos.

El año pasado, el déficit fiscal sin tener en cuenta las transferencias de ANSES y el BCRA fue de $ 370.000 millones (6,3% del PBI). Este año, a pesar del muy tímido intento de recortes en subsidios energéticos, el mismo se ubicará en torno a los $ 560.000 millones, un 7,1% del PBI.

Con este nivel de desajuste, se comprende de dónde viene la montaña de la deuda. La pregunta, entonces, es cómo solucionar esto.

Una respuesta que suelen dar los políticos es la de aumentar los impuestos “a los ricos”. El gobierno, de hecho, ya está planteando algo del estilo, porque enviará al congreso un proyecto para modificar las escalas del Impuesto a las Ganancias, incorporando una nueva del 40%. El problema es que este incremento de los impuestos “a los ricos” repercute en toda la economía, ya que reduce los incentivos al progreso y la mejora de la productividad.

Otra respuesta es que el crecimiento económico incrementará la recaudación. Esto es una posibilidad. En la medida que hay más producción, ventas y consumo, la recaudación tributaria sube, pero no sabemos a ciencia cierta si será suficiente para cubrir el gasto. Además, lo que debería hacer el gobierno es reducir aún más las tasas impositivas; no dejarlas como están y esperar embolsar más dinero del contribuyente.

La conclusión es clara: si no queremos subir los impuestos, y de hecho pensamos que lo mejor es bajaros, pero tampoco queremos volver a la emisión monetaria descontrolada que genera inflación, solo queda una forma de abordar el problema fiscal: reducir el gasto público.

Menos gasto público es menos déficit. Y menos déficit es menos inflación, menos deuda, y menos carga tributaria. Es hora de que los políticos escuchen el mensaje.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.