La agenda del nuevo feminismo

Por José Benegas. Pubicado el 21/10/16 en: https://www.patreon.com/posts/la-agenda-del-7055237

 

La agenda de división, manipulación, culpa y violencia del nuevo feminismo, lleva a las mujeres distraídas a reconducir todas sus frustraciones hacia los varones como un fantasma. Es un lavado de cerebro en el que la explicación conspirativa reemplaza a las causas y a las responsabilidades, convirtiéndolas a ellas en un instrumento de poder, en carne de cañón, y a los varones en objeto permanente de escarnio y en ovejas. Por eso es bastante acercado el término feminazismo, claramente los nazis hacían esto con los pequeños cerebritos a los que volcaban hacia el antisemitismo, como un medio de explicar y canalizar su pequeñez y el cúmulo de sus frustraciones. Algo que fue sencillo en un país postrado desde todo punto de vista.

En todo esto las mujeres golpeadas y abusadas son un mero instrumento y sus problemas pasan al quincuagésimo plano.

Está lleno de abusos típicos masculinos a las mujeres y de abusos típicos de las mujeres a los varones también, eso no permite a nadie con cerebro aplicarle a cada hombre y a cada mujer, el conjunto de “culpas” ni típicas ni no típicas.. Es fácil inventar que hay una guerra, porque justamente los dos sexos necesariamente se relacionan y necesariamente hay conflictos mientras se intentan mutuamente establecer roles como en cualquier relación. Pero en este caso esto que se resuelve a nivel de cada vínculo, se lleva a una guerra política colectiva para un proyecto revolucionario en danza con el fin terminar con el capitalismo por la vía de la disolución y la “ovejización”, el disciplinamiento del individuo tras una moral impuesta violentamente con los resortes del estado. Donde hay ovejas, hay pastores. Ese es el rol que quieren asumir.

Es importante entender que los conflictos están porque EN PRIMER LUGAR hay interés de un sexo por el otro. Acá se quieren poner en primer plano los conflictos que son un apéndice de la relación de mutua necesidad.

Una forma de caer en la trampa es reaccionar con el mismo tipo de colectivismo, porque eso establece una pelea en los términos que esta gente perversa quiere, que es una generalización y colectivización. No son las mujeres las que practican esta metodología, sino unas mujeres con sus propios intereses, que intentan usar a todas las mujeres.

Es el mismo proceso que llevaron a cabo respecto a la relación laboral, una alianza indispensable entre gente que crea salarios porque inventa un negocio y gente que no puede crear negocios pero tiene voluntad para trabajar. Convirtieron con la intervención estatal esa relación en una contienda permanente, llevando a dogma que toda relación laboral es de abuso.

Tanto fue el daño que hoy casi nadie puede ver el vinculo laboral en términos reales, sino que lo hace a los ojos marxistas de una lucha de clases que nunca existió como tal porque en primer lugar en el capitalismo no hay clases. En segundo lugar porque hablamos de las rispideces que surgen en algo que antes que nada es de mutuo beneficio, no de bandos, sino de socios. No es casual que a ambas agendas la sostenga la misma gente, es que se trata de un proyecto abusivo de poder en el que estas imbecilidades son instrumentos.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

Macri y Arruabarrena en la misma trampa

Por Gustavo Lazzari. Publicado el 16/2/16 en: http://opinion.infobae.com/gustavo-lazzari/2016/02/16/macri-y-arruabarrena-en-la-misma-trampa/

 

En estos tiempos las similitudes entre Boca y la Argentina son llamativas. Okey, hay distancias, pero análogamente están en situaciones parecidas. Y sus gestores están cometiendo el mismo error. En el caso de Rodolfo Arruabarrena, el director técnico de Boca Juniors, está gestionando una crisis futbolística pensando en la gente, en los dirigentes, en los jugadores y posiblemente en los representantes. No está pensando en cómo tomar las posibles decisiones impopulares que sean necesarias. ¿Colgar a Agustín Orión?, ¿al Cata Díaz?, ¿a Fernando Gago?, ¿bajarle los humitos a Carlos Tévez mandándolo a banco para que vea que también es mortal? U otras decisiones fuertes.

Arruabarrena está respetando a esa vaca sagrada llamada hincha que paga su entrada, que sufre el trabajo de la semana, que necesita descargar sus frustraciones y otros credos religiosos que nos impusieron durante años. Humo en estado puro y de la más alta toxicidad.

En rigor, el hincha no es más que un asistente (muchas veces ignorante) sin derecho a formar o parar un equipo. No tiene tal derecho. No es cierto que su opinión es sagrada. Debe ser respetada, como todo, por supuesto, pero no tiene derecho a que su injuria sea una verdad religiosa ni su escupitajo un decreto. Es más, el gestor ni debería escuchar el aplauso o la reprimenda. Es nada más que un espectador. Si le gusta, que pague la entrada y si no, que mire en televisión programas de cocina los domingos a la tarde. Pagar la entrada, comprar el abono a un palco o una platea no dan títulos de nobleza. No convierten la pasión en razón, ni dan derecho a veto a nada.

En la gestión pública de la Argentina actual, sucede algo parecido, obviamente salvando las distancias. El Gobierno de Mauricio Macri parece gobernando para los focus groups y las encuestas, lo que limita las soluciones reales que se deben llevar a cabo.

La Argentina tiene, desde hace décadas, un Estado gigante, inútil y parasitario. No puede desde cortar el pasto en una autopista hasta ofrecer los más mínimos servicios públicos. Funciona mediocremente entre 15 y 25 grados. Fuera de ese rango, todo es un caos. Podríamos enumerar más de un indicador por cada función pública (seguridad, salud, educación) para graficar el grado de deterioro irreversible.  Ni es eficiente para los trámites absurdos que impone. Que nos hayamos acostumbrado y que hayamos “bajado la vara” es otro asunto. Que nos guste es otro aún peor.

El Estado no da más. La estructura fiscal es inviable y en cada rincón del gasto público hay desidia, corrupción y una inutilidad alarmante.

No son las personas. Agradeceré no entorpecer el razonamiento con comentarios sentimentales. La cuestión no es de los empleados públicos en cuanto a personas. Es el sistema. Un sistema que inutiliza al más talentoso. A Bill Gates en la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) se le colgaría el sistema. Un Estado colapsado, lleno de funciones, sin responsabilidad. Partido liquidado.

Esto lo saben todos los actores políticos y económicos. Pero nadie se anima ni siquiera a plantearlo por temor a la gente. Los riesgos de la impopularidad. “Las elecciones son en dos años”. Políticos tribuneros.

Al igual que el Vasco Arruabarrena, Macri también está enfrascado en no atacar las soluciones de fondo. No es culpa de Macri, ni del macrismo, ni de Cambiemos. Si me corrés, hasta Cristina, en su delirio, cayó en la misma trampa. La sociedad tiene los patos desordenados. Por eso las encuestas no sirven para nada. La sociedad quiere fiestas y no pagarlas. Detesta al Estado, pero desea fervientemente un puestito para robar y salvarse.

El ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay, fue clarísimo: “Si pretendemos bajar la inflación en dos meses, tendríamos que hacer un ajuste inaceptable”. El Gobierno optó por la vía gradual. Hacer de a poco para que la gente no se dé cuenta. Y cuando se da cuenta, salir con disparates como los siempre populares y nacionales controles de precios o sistemas de información. Todo encuestado previamente. Ahora maquillados por la web (Nota aparte: Muchas veces me pregunto si los que inventaron internet, pensaron alguna vez las boludeces que hacen los Gobiernos con tan maravilloso invento. La AFIP a la cabeza).

Para ayudar a Macri y también, quizás, al Vasquito Arruabarrena tenemos que tratar, desde la sociedad civil, de acomodar los patitos. Tenemos que sembrar ideas que nos permitan asignar las prioridades públicas correctas (el fútbol gratis no puede ser más importante que la calidad educativa, por ejemplo). Tenemos, por sobre todo, que tratar de revalorizar palabras tales como respeto, propiedad, libertad, individualidad, paz.

En mi opinión personal, éste debe ser el rol del liberalismo en la Argentina. Los tan vilipendiados ateneos liberales tienen un rol importantísimo. Sembrar ideas correctas en la sociedad, a través del debate, la razón, el ejemplo y el diálogo. Para que los gestores de la cosa pública puedan aplicar las soluciones que el enfermo necesita y no lo que los parientes del enfermo quieren escuchar. Por suerte, por ahora, solamente por ahora, todavía existen médicos que operan conforme a la biología y no hacen una encuesta en el hall del hospital.

Respetar la democracia es una cosa. Incuestionable. Que dos más dos sea cuatro también es incuestionable.

Pasarán muchos años para que un Gobierno pueda racionalizar el Estado. Quizás tantos como los que necesita un director técnico para tomar decisiones racionales frente a una tribuna humíferamente emocional.

 

 

Gustavo Lazzari es Licenciado en Economía, (UCA), Fue Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, y fue investigador del Proyecto de Políticas Públicas de ESEADE entre 1991-92, y profesor de Principios de Economía de 1993 a 1998 y en 2002. Es empresario.