Alberto Fernández quiere hacer magia monetaria con las criptomonedas, pese a que no son dinero


Por Roberto Cachanosky. Publicado el 18/8/2021 en: http://economiaparatodos.net/alberto-fernandez-quiere-hacer-magia-monetaria-con-las-criptomonedas-pese-a-que-no-son-dinero/

El Presidente afirmó que habría que analizar la utilización de esos activos para poder frenar la inflación

Días atrás, el presidente Alberto Fernández afirmó que habría que analizar la utilización de una criptomoneda dado que tiene la ventaja de poder frenar la inflación.

Si bien mostró cautela sobre las criptomonedas porque no todos conocen cómo funcionan, el presidente dejó en evidencia que no termina de comprender el problema monetario, aunque uno podría intuir que al decir que una criptomoneda podría frenar la inflación estaría reconociendo que la inflación es un problema monetario.

En primer lugar. lo que se conoce como criptomonedas no son monedas desde el punto de vista estrictamente económico. Para que algo sea moneda tiene que cumplir como dos requisitos básicos: 1) ser una mercadería cualquiera que es ampliamente aceptada como medio de intercambio y 2) ser reserva de valor. De la segunda condición, reserva de valor, se desprende la tercera condición que es ser unidad de cuenta.

Dicho en otros términos, ser unidad de cuenta es permitir hacer cálculo económico a lo largo del tiempo. ¿Qué significa hacer cálculo económico? Estimar ingresos, egresos y rentabilidades futuras porque la unidad de medida es constante.

La volatilidad en la cotización de las monedas no permite hacer cálculo económico. Es como si el metro un día tuviese 100 centímetros, otro día 50 centímetros y otro día 200 centímetros. No permitiría medir nada en metros porque el metro cambiaría todo el tiempo de tamaño. Las criptomonedas son como el metro que cambian todo el tiempo de tamaño.

Tampoco las criptomonedas cumplen con el requisito de ser aceptadas ampliamente como medio de intercambio. No son tantos las transacciones que hoy en día se realizan en criptomonedas. Es más, salvo algún caso excepcional, no se ven productos cuyos precios de venta se expresen en las mal llamadas criptomonedas.

En todo caso pueden aceptarse criptomonedas como forma de pago, pero el precio está puesto en las monedas de amplia aceptación, no hay casi precios en bitcoins o cualquier otra mal llamada criptomoneda.

Si las criptomonedas no son ampliamente aceptadas como medio de intercambio y no son reserva de valor, no son moneda. ¿Qué son, entonces? Activos financieros de altísima volatilidad en el precio por bruscos cambios en la demanda.

En efecto, si bien el bitcoin es el más conocido, actualmente existen 8.500 criptomonedas, las más conocidos tienen una oferta monetaria casi permanente, es decir, la emisión de bitcoins y otras criptomonedas no varía todo el tiempo, por lo tanto, por definición, las fuertes fluctuaciones en su cotización con otras monedas fiat responde solo a la demanda. Basta con que Elon Musk largue un tuit apoyando o rechazando el bitcoin para que el bitcoin suba y baje como una montaña rusa.

De manera que lo que se conoce como criptomonedas, no son moneda, son activos de altísima volatilidad en su cotización y que es demandado por alguna razón subjetiva del comprador que, como en todas las otras transacciones, se desconoce.

De todo lo anterior se desprende que comete un grosero error conceptual el presidente Alberto Fernández cuando dice que la adopción de una criptomoneda, que no es moneda, podría ayudar a frenar la inflación.

El primer error es considerar moneda a algo que no es moneda y el segundo error es que la causa de la inflación es la expansión monetaria que genera el BCRA o el aumento espontáneo de la mercadería que se utilice como moneda.

Por ejemplo, en la segunda mitad del siglo XV y en la primera mitad del siglo XVI, España tuvo una inflación en los precios medidos en oro como consecuencia del oro que se llevaba desde América. El descubrimiento de oro en el nuevo continente y su traslado a España, generó un fenomenal incremento en los precios. El oro se depreció frente al resto de los bienes por la mayor oferta de oro produciendo un efecto inflacionario.

Pero supongamos que se estableciera una criptomoneda en Argentina, el gasto público no bajara y el déficit fiscal continuara existiendo. En ese caso el BCRA tendría que emitir su criptomoneda para financiar al tesoro al igual que hoy emite pesos. Prostituiría a la nueva criptomoneda de la misma forma que prostituyó al peso. Tal vez a mayor velocidad porque ya no habría que recurrir a las imprentas para fabricar billetes.

El problema inflacionario tiene que ver con un gasto público que es infinanciable por el sector privado vía impuestos y por lo tanto aparece el déficit fiscal que hoy se traduce en emisión de moneda.

No se ve la diferencia entre el papel moneda actual de curso forzoso y una criptomoneda que pueda ser emitida por el estado sin ningún tipo de restricciones. Y más si esta criptomoneda emitida por el Estado es de curso forzoso.

Cuando Hayek publicó Desnacionalización de la Moneda en 1976, libro que escribió haciendo un alto en la monumental obra que estaba redactando en ese momento y que originalmente fue publicada en tres tomos y se llamó Derecho, Legislación y Libertad, ya estaba pensando en la moneda privada. Es más, pensaba en la competencia de monedas privadas e imaginaba que el uso de esas monedas se iba a ir concentrando en unas pocas monedas. De manera que los adherentes a las criptomonedas no están descubriendo nada nuevo. Esos temas ya se conocen de la década del 70, con la diferencia que la propuesta de Hayek era de tener monedas en serio y no esto que se llaman monedas y no lo son. Incluso hasta se podría dejar funcionando el BCRA, quitarle el curso forzoso al peso, darle curso legal a cualquier moneda y si el BCRA no produce una moneda de buena calidad, muere solo el BCRA. No hace falta dinamitarlo para que desaparezca. En todo caso esa propuesta puede ser una expresión de improvisados en temas económicos que solo buscan llamar la atención, pero sin seriedad científica.

En definitiva, si hoy el peso no es confiable porque las instituciones jurídicas, políticas y económicas argentinas no pueden darle respaldo a la moneda fiat, ¿por qué una criptomoneda generaría confianza con las mismas deplorables instituciones jurídicas, políticas y económicas que tenemos?

Y, para finalizar, aun si Alberto Fernández comprendiera que el problema inflacionario es monetario, le faltaría dar un paso más, que es que el problema de fondo sigue siendo el nivel y la calidad del gasto público. Si se tiene equilibrio fiscal con un fenomenal e ineficiente gasto público, los problemas de competitividad seguirán vigentes y los salarios reales no lograrán recuperarse.

En economía no hay magia financiera, monetaria o de criptomonedas que pueda resolver los problemas estructurales.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

La pobreza cero se consigue con apertura económica

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 27/12/15 en: http://economiaparatodos.net/la-pobreza-cero-se-consigue-con-apertura-economica/

 

Es abriendo la economía que se fuerzan inversiones y se termina con la pobreza

Uno de los argumentos centrales del macrismo, argumento que comparto, es que una de las prioridades de su gestión consistirá en llegar a la pobreza cero, y que para lograr ese objetivo hace falta crear más puestos de trabajo atrayendo inversiones. Es decir, no solo estoy de acuerdo en el objetivo, también estoy de acuerdo en la secuencia.  No es posible terminar con la pobreza sin previamente atraer inversiones. Es imposible combatir la pobreza en un país en el que todos los puestos de trabajo los crea el estado porque, en rigor, no son puestos de trabajo, sino que son subsidios para sostener a gente que consume y no produce riqueza. Una forma de mentir estadísticamente sobre la verdadera desocupación.

Confieso que me llamó la atención la afirmación del presidente Macri y luego de alguno de sus funcionarios sosteniendo que si las empresas no bajaban los precios iban a abrir la economía. Es decir, un intento por frenar la inflación vía una mayor oferta de bienes importados. Una advertencia del gobierno a los productores locales para que no subieran los precios.

Es que la apertura de la economía no es un instrumento para frenar la inflación. Cada herramienta económica sirve para objetivos diferentes. Pretender frenar la inflación abriendo la economía es como querer clavar un clavo con un destornillador.

La inflación se domina teniendo disciplina fiscal para poder tener disciplina monetaria. En otras palabras, la inflación se domina eliminando o bajando el déficit fiscal para que el BCRA no tenga que emitir tanta moneda para cubrir el rojo del tesoro. Nada tiene que ver la apertura de la economía en ese proceso.

La apertura de la economía sirve para hacer más eficiente la economía.  Con la apertura de la economía se logra forzar mayores inversiones para mejorar la calidad de los productos y bajar sus precios. En la medida que las empresas tengan que producir no solo para el mercado interno, sino también para exportar, aumentan los volúmenes de producción y bajan los costos fijos por unidad producida. Ejemplo, en una economía cerrada que produce solo para abastecer el mercado interno, el costo de la secretaria se divide por, digamos, 10.000 unidades producidas. En una economía abierta que apunta a exportar y produce 100.000 unidades, el sueldo de la secretaria se divide por esas 100.000 unidades. No hace falta ser Einstein para advertir que los costos fijos por unidad producida disminuyen y se hace más eficiente la empresa. Si uno traslada este criterio a toda la economía, mejora notablemente la productividad.

Además, para pasar de producir solo 10.000 unidades a 100.000 unidades, hacen falta inversiones y es así como se crean más puestos de trabajo, más demanda laboral y primero baja la desocupación y luego mejoran los salarios reales.

Es falso que primero haya que proteger a la industria nacional y luego abrir la economía para que compita. En la medida que un sector productivo sea protegido, no tendrá ningún interés para hacer inversiones y mejorar su productividad. Sabe que tiene un mercado cautivo al cual venderle productos de mala calidad y a precios más elevados. Cuando llega el momento de obligarlos a competir siempre saltan con el argumento de defender los puestos de trabajo, de protegerse de la invasión de productos importados y palabras que parecen reflejar más una guerra que una competencia económica.

Recuerdo que en los 90 tuve un fuerte debate por el famoso régimen automotriz que protegía a los productores nacionales. La restricción a las importaciones de autos era para todos los países pero el argumento para ponerle cupo a la cantidad de autos importados era que los coreanos hacían dumping social,  es decir, les pagaban poco a sus trabajadores. Los explotaban. La realidad es que, aun aceptando ese loco argumento, el cupo regía para los autos que se producían en cualquier país, con lo cual se suponía que los alemanes con el BMW, los suecos con el Saab, los italianos con el Alfa Romeo o los ingleses con el Rover, también hacían dumping social para destruir a los productores locales. Una versión modelo 90 del discurso k según el cual en Alemania hay más pobres que en Argentina.

Volviendo a las declaraciones de Macri y sus funcionarios del área, me parece que para frenar la inflación no hace falta hablar de la apertura de la economía como una amenaza hacia los empresarios. Solo hay que tener disciplina fiscal para lograr la disciplina monetaria que frene la inflación. Esa es la madre de todas las batallas contra la inflación. No la amenaza de abrir la economía.

Ahora bien, si el objetivo es ir a la pobreza cero, Argentina necesita grandes volúmenes de inversiones y esos grandes volúmenes no se consiguen para abastecer solo a un mercado interno de 40 millones de habitantes. La gran batalla contra la pobreza y la desocupación se gana con más puestos de trabajo para producir volúmenes de producción que apunten a abastecer al mundo. Para eso se necesita ser competitivo y ahí el estado tiene mucho para hacer.

El primer paso,  a mi juicio,  sería salir del MERCOSUR y establecer un arancel único para todos los productos. Digamos del 11 o 12 por ciento y hacer un cronograma de reducción anual de aranceles para forzar cada vez mayores grados de eficiencia.

Mientras tanto, el gobierno tendrá que eliminar las trabajas que le impiden a las empresas ser competitivas. Bajar el gasto público, la carga tributaria, eliminar la legislación laboral que encarece los costos de producción, generar una fuerte corriente inversora en infraestructura (trenes, rutas,  puertos, energía, etc.) para abaratar los costos de producción, eliminar trámites burocráticos y otras medidas por el estilo. Es decir, el estado debe dejar de ser un estorbo para el que produce y, como contrapartida, forzarlo a competir.

Si queremos cambiar en serio, Argentina tiene que generar un verdadero tsunami de inversiones para ir a la pobreza cero. Pero ese tsunami de inversiones se va a producir compitiendo con el mundo. No seguir mirándonos el ombligo y siempre poner un argumento para decir que no se puede competir.

Cambiar es hacer de la Argentina una gran exportador como lo fue a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. A diferencia de cambiar, Continuemos es seguir con este nefasto modelo de sustitución de importaciones.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.