SOBRE LOS AUTOS DE LUJO, EL PAPA FRANCISCO Y OTRAS YERBAS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 14/7/13 en http://gzanotti.blogspot.com.ar/

Hace muchos, muchos años, observé una situación muy interesante (¿era interesante porque la observé o la observé porque era interesante? J). Bien, dejando eso de lado, vuelvo. Era en un tren hacia una localidad de la provincia de Buenos Aires, con los típicos asientos uno frente al otro. De un lado una familia, en el otro lado, otra. Uno de los innumerables vendedores ambulantes ofrece paquetes de caramelos. Una de las familias es muy, muy pobre, y los ojos del niño acarician con nostalgia esos caramelos que nunca verá. La otra familia parecía mejor económicamente, y compra el paquete de caramelos. Sin embargo el niño de la familia más pudiente mantenía los ojos hacia el suelo, mientras el otro niño mantenía sus ojos fijos en el famoso paquete de caramelos, su por ahora objeto de deseo.  La situación se mantuvo así hasta que me tuve que bajar.
 
Conjeturemos. ¿Era el niño “pudiente” un marxista creyente? ¿Creía realmente que su riqueza era la causa de la pobreza de la otra familia, y su mirada en el suelo implicaba que estaba planeando la revolución? La verdad, no creo. Era un niño de unos 7 u 8 años, no más.
 
¿A qué se debía, entonces, su actitud? Obviamente no sé. Pero siempre me quedé pensando si no había hecho, sin darse cuenta, un acto natural de empatía hacia la pobreza del otro niño, ante su tristeza, y por lo tanto no quiso ostentar su riqueza delante de él. ¿Why not? Estoy hablando de la empatía, no digo que el niño era Fray Martín de Porres. Cualquier que haya leído a Adam Smith lo entiende (entre paréntesis, pobre Smith. Para los marxistas, el infradotado de la mano invisible, para Rothbard, un marxista. Evidentemente los autores sutiles no son lectura para los absolutos ideológicos).
 
Digo todo esto a cuento del escándalo que he visto en Facebook (una fuente muy respetable para el Conicet J) en algunos liberales y libertarios sobre la prohibición de Francisco de usar autos de lujo en el Vaticano. Todos han pensado que Francisco es un marxista que piensa que los autos de lujo son la causa la pobreza. ¿Saben que me parece que no? Porque Francisco es católico. ¡Oh, me dirán, lindo descubrimiento, por un lado, y peor aún, por el otro!!! Si, lindo descubrimiento, porque me parece que es muy desconocido qué es ser católico. Si cualquier persona puede tener empatía hacia el pobre, el católico, por la parábola del buen Samaritano, la tiene más, y ante diversos tipos de pobreza. Y en ese sentido, la riqueza material puede tenerse, desde luego, y obvio que su adquisición no se debe a la plus valía, y obvio que luego se debe usar conforme a la conciencia cristiana y con desprendimiento espiritual, pero nada de ello obsta a que no deba ostentarse ante el otro. La austeridad, la humildad, ante todo tipo de riqueza, es una actitud que nada tiene que ver con Marx. Y me refiero a todo tipo de riqueza. Mi doctorado, mis libros publicados, etc., (que sin caridad son sólo un charco maloliente de soberbia), ¿acaso me paso todo el día ostentándolo ante los demás? Y, como ya dije una vez, no me voy a poner a aclarar todo como si el lenguaje humano fuera la mathesis universalis que pretendía Leibniz. Si alguien no sabe qué quiere decir “ostentar”, búsquelo en su interior (en su interior, no en un diccionario). Y que todo esto depende de la prudencia de la situación (que incluye lo histórico), ¿tengo que aclararlo?
 
Por ende, no creo que a Francisco le preocupe que el presidente de los EEUU llegue a la casa blanca en un auto de lujo pero, sobre todo, blindado hasta el espejito retrovisor, para lo cual no le sirve un Fiat 600. Pero Francisco se está dando cuenta de que el Vaticano no es un Estado como los demás (para mí habría que abolir el estado del Vaticano y dejar de identificarlo culturalmente con la Iglesia, pero ya me estoy acostumbrando al tiempo en el que vivo). Y que sus “funcionarios” (qué horror, esa palabra) deben hacer acciones simbólicas de empatía, de caridad, de desprendimiento, de austeridad. Yo personalmente me mato de la risa ante el solo pensamiento de que algo de ello tenga que ver con Marx, y espero que Francisco también.
 
Por lo demás, si alguno cree que me he sumado al conjunto masificado de aduladores, obsecuentes e hipócritas que nunca pisaron una Iglesia y que desde que asumió Francisco creen que son el catolicismo caminando, no me conoce.
 
Por lo demás, yo voy más allá de Francisco. Elimine, por favor, el Estado del Vaticano, un lastre histórico espantoso, y que toda la jerarquía de la Iglesia, comenzando por el Papa y siguiendo por cardenales, obispos y etc., viva en conventos y parroquias. Elimine el IOR y que todos pongan su platita, como cualquiera, en cualquier banco, y que económicamente todos se sostengan como puedan, como cualquiera. Verá entonces que no tendrá que hacer campaña contra los autos de lujo. Porque todos habrán sido vendidos para pagar las cuentas de la casa. And the story.
 

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.