El liberal uruguayo

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 14/1/17 en  en El País de Montevideo. Edición impresa.

 

Cada tanto tiempo aparecen en muy diversos lugares personas que dejan una huella profunda en las mentes de sus congéneres. Es como dice en la Biblia -Isaías (1:9)- cuando alude a “un reducto minúsculo” que será la esperanza para mantener valores y principios que las mayorías circunstanciales suelen rechazar. El coraje moral de pocas personas permite mantener viva la llama.

En el caso que ahora nos ocupa, el de una extraordinaria personalidad: Ramón Díaz, se destaca nítidamente en la historia uruguaya reciente quien acaba de morir, ha dedicado parte importante de su vida a mostrar las ventajas de la sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana). Un gran liberal que trascendió en mucho las fronteras de su país.

Fue presidente de la internacional asociación liberal Mont Pelerin Society fundada en la segunda posguerra por el premio Nobel en economía Fredrich Hayek, secundado por eminentes economistas y cientistas sociales como Milton Friedman, Ludwig von Mises, Leonard Read, Wilhelm Röpke y Frank Knight.

Personalmente lo conocí en una de las reuniones de esa asociación de la que fui miembro del Consejo Directivo. Me invitó varias veces a dictar clases en la Universidad Católica de Uruguay donde mantenía una cátedra regular de economía, período en el cual escribió su obra cumbre sobre la historia económica uruguaya que ha servido como uno de los textos más valiosos del recorrido económico del país hermano. Me honró al sugerir mi nombre para integrar la Academia Nacional de Economía del Uruguay que presidió y de la que soy miembro correspondiente.

Cuando murió mi padre se publicó un libro en su homenaje al que Ramón fue invitado a contribuir. Su emotivo trabajo se tituló “Un pionero de la libertad” en referencia al homenajeado donde lo abre afirmando que Adam Smith inició el debate sistematizado sobre la trascendencia del mercado libre a contracorriente del denominado “mercantilismo” que hoy podemos denominar populismo o simplemente estatismo que contienen todas las falacias que seguimos desafortunadamente discutiendo hoy.

Nuestro mundo sigue empecinado en gastos públicos astronómicos en el contexto de reclamos por “Estados presentes” como si no se percatara de que el Estado es el vecino que financia todo ya que ningún gobernante pone de su peculio (más bien se suele llevar recursos a sus arcas personales que pertenecen al erario público). A esto se agrega un colosal endeudamiento estatal que compromete futuras generaciones que no han participado en el proceso electoral para seleccionar al gobierno que contrajo la deuda. Como si esto fuera poco, la presión tributaria se torna insoportable en vista de la manía gubernamental de entrometerse en los más mínimos recovecos de la vida privada en lugar de concentrarse en la Justicia y la seguridad que son las áreas que generalmente no atiende. Y solo para mencionar algunos desvíos, los aparatos estatales imponen restricciones al comercio exterior como si fuera una gracia obligar a los locales a comprar más caro y de peor calidad bajo presión de pseudoempresarios que pretenden mercados cautivos a expensas de su prójimo. En otros términos, después de más de trescientos años desde Adam Smith y con argumentos muy reforzados desde entonces, resulta que retornamos al mercantilismo del siglo XVII que hoy opera bajo el rótulo del nacionalismo, el socialismo o el Estado Benefactor (esto último una contradicción en los términos puesto que la fuerza no puede hacer beneficencia).

Vivimos la era de los megalómanos que con una arrogancia superlativa imponen lo que debe hacer cada cual con su vida y el fruto de su trabajo. Miran con desconfianza la coordinación del mercado abierto y se entrometen con lo que generan escasez y desperdicio de capital lo cual se traduce en una inexorable reducción de salarios puesto que estos dependen de las tasas de capitalización. Se encaprichan por la llamada “redistribución de ingresos” situación que necesariamente significa que se contradicen las indicaciones que los consumidores llevan a cabo en el supermercado y afines. Como se ha dicho “la primera regla de la economía es que los bienes no son sobreabundantes y la primera regla de la política es desconocer la primera regla de la economía”.

Cuando fui rector de la institución de posgrado Eseade (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas) el primer profesor invitado fue Ramón Díaz, quien pronunció su conferencia inaugural sobre los daños que produjo la Cepal en América Latina al insistir en políticas estatistas especialmente en cuanto al sector externo, pero no solo respecto a la manipulación cambiaria y arancelaria sino también en cuanto a la multiplicación de empresas estatales que están siempre fuera del mercado.

Recuerdo la emoción que todos sentimos con esa presentación inicial en una casa de estudios que recién comenzaba sus maestrías. A raíz de una de las preguntas de uno de los alumnos que se interesó por conocer la diferencia entra el liberalismo político y el económico, Ramón explicó con claridad meridiana el tema. Señaló que el liberalismo es inescindible y que el así llamado “liberalismo político” alude al continente, es decir, a la libertad de expresión del pensamiento, al Estado de Derecho, a la división e independencia de los poderes y equivalentes, mientras que el “liberalismo económico” se dirige a la libertad de los mercados, a saber, que cada uno pueda usar y disponer de lo propio sin que se lesionen derechos de terceros. A continuación Ramón preguntó a la audiencia para que sirve el continente (la libertad política) si no es para proteger el contenido (las acciones diarias de la gente para disponer de su propiedad).

Despedimos al amigo que, fuera de sus dotes profesionales, fue una excelente persona. Ha sido un privilegio conocerlo y aprender de su notable versación.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

David Ricardo, el ‘valor-trabajo’, y las ganancias en el equilibrio: afuera quedó el emprendedor

Por Martín Krause. Publicada el 4/4/16 en: http://bazar.ufm.edu/david-ricardo-el-valor-trabajo-y-las-ganancias-en-el-equilibrio-afuera-quedo-el-emprendedor/

 

En el Capítulo IV de su libro “Principios de Política Económica y Tributación”, David Ricardo comienza señalando al trabajo como fuente del valor de los bienes y la cantidad comparativa de trabajo como el fundamento de su precio: http://www.econlib.org/library/Ricardo/ricP2.html

Pero luego centra su análisis en el mecanismo de inversión de capital que se produce en el mercado, asignándolo a aquellas ramas de los negocios donde se obtengan mayores ganancias y desatando un proceso que lleva, al final, en el equilibrio, a iguales tasas de ganancias. El proceso de mercado que analiza explica correctamente este camino pero más adelante veremos que destruye la teoría del “valor trabajo”, al menos como la continuara más tarde Karl Marx. Dice Ricardo:

David Ricardo

“Supongamos que todos los bienes tienen su precio natural y que, por lo tanto, las ganancias del capital en todos esos empleos obtienen exactamente la misma tasa, o se diferencias tan sólo, en lo que la estimación de las partes creen es alguna ventaja real o aparente. Supongamos ahora que un cambio de moda incrementa la demanda de sedas y disminuye la de lanas; su precio natural, la cantidad de trabajo necesaria para su producción, permanecerá inalterado, pero el precio de mercado de la seda aumentará, y el de la lana caerá; y por lo tanto las ganancias del productor de sedas será mayores, mientras que las del productor de lanas serán menores. No solamente las ganancias, también los salarios de los trabajadores se verán afectados en esos empleos. Esta mayor demanda de sedas sería, sin embargo, rápidamente atendida, por la transferencia de capital y mano de obra de la manufactura de lanas hacia la de sedas; cuando los precios de mercado de las sedas y las lanas volverían a aproximarse a sus precios naturales, y los respectivos productores de esos bienes obtendrían las ganancias usuales.”

Por supuesto que esta idea de un mecanismo de auto-ajuste que responde a cambios en las preferencias de los consumidores había sido presentada ya por Adam Smith en su famosa metáfora de la “mano invisible”.

Pero tal vez como Ricardo parte en ese ejemplo del equilibrio para analizar un cambio, haya dado a entender que ese equilibrio alguna vez se alcanza, y esto llevó a la economía a desarrollar modelos de equilibrio y prestar menos atención al proceso allí explicado.

Como la economía se encuentra en permanente cambio y movimiento, ese punto final nunca llega a alcanzarse, por lo que, en realidad, es necesario estudiar el ‘proceso de mercado’, que apunta siempre en esa dirección pero que debe ajustarse en forma permanente. Este análisis llegaría después, tal vez un siglo más tarde. El motor de esos cambios es el emprendedor, el que, motivado por las oportunidades que se presentan “sacude” al mercado con sus innovaciones, siempre motivado por esa ganancia que promete llegar allí primero.

Por eso la figura del emprendedor quedó relegada en el análisis económico, donde todos los ajustes en el mercado parecían suceder automáticamente. En ese sentido, si se interpretaba la idea de “mano invisible” como una adaptación que simplemente “sucede”, dejaba entonces de explicar lo más importante.

Ya en el siglo XX los economistas austriacos (entre ellos Schumpeter), Frank Knight y otros, desarrollarían el análisis de ese proceso de mercado en forma más completa.

Por último, en la misma presentación de Ricardo se encuentran las raíces de la fundamental crítica de Böhm-Bawerk a la teoría del valor trabajo: si el valor proviene del trabajo, y de él, agregaría Marx, se extrae la plusvalía, en el equilibrio, donde todas las actividades generan una tasa de ganancias similar, ¿no deberían todas tener la misma cantidad de trabajo? Y esto, obviamente, no es así.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

 

ENTREVISTA A JUAN CARLOS CACHANOSKY

Entrevista realizada en 2009 por Adrián O. Ravier. Publicada en: http://www.unioneditorial.es/images/stories/pdfs/151231_cachanosky.pdf

 

Juan Carlos Cachanosky obtuvo el título de Ph. D. en Economía del International College, en California, EE.UU., bajo la dirección de Hans Sennholz, y la Licenciatura en Economía en la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Es co-fundador de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE) en Rosario,  Argentina; y, en coordinación con Carol Morgan, fundó la Cía. Corporate Training, con el objetivo de organizar cursos de postgrado presenciales en la web en todo el mundo. Fue decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín y, durante el período comprendido de 1999 a 2005, fue director del Centro Henry Hazlitt (CHH), que pertenece a la misma casa de estudios. También fue Director del Departamento de Investigaciones de ESEADE y la UCA de Rosario, además de publicar decenas de artículos en revistas científicas especializadas. En 2011 Unión Editorial publicará su libro Ensayos de Teoría Económica, en el que compila una selección de sus ensayos más importantes.

AR: ¿Cómo fue su primer contacto con las ideas de la Escuela Austriaca?

Cachanosky: El primer contacto con la Escuela Austriaca fue a los 17 años leyendo la revista Newsweek, que publicaba una columna de Henry Hazlitt. En el colegio el profesor de contabilidad me había hecho keynesiano. Pero Hazlitt empezó a sacudir las estanterías. A través de Hazlitt conocí los nombres de Mises y Hayek y de la Foundation for Economic Education. Escribí una carta (en esa época) a Leonard Read, que me contestó muy amablemente invitándome a ir a FEE y me dio el teléfono de Alberto Benegas Lynch (padre). Benegas Lynch me prestó varios libros de los austriacos, ya que a fines de los 70 no era tan fácil conseguirlos. A partir de allí fui leyendo más y más austriacos. En la UCA conocí a Alejandro Chafuen e hicimos equipo. El Contra Almirante Sánchez Sañudo abría en esa época la Escuela de Educación Económica, a la cual me incorporé, y asistía a todas las conferencias que organizaba.

AR: ¿Cómo era Alberto Benegas Lynch (padre)? Hoy sabemos que hizo mucho para instalar estas ideas en la Argentina.

Cachanosky: Alberto Benegas Lynch (padre) fue el que trajo las ideas de la Escuela Austriaca a Argentina. Él estuvo como diplomático en la Embajada Argentina en USA y allí conoció a Henry Hazlitt, Mises y entró en contacto con FEE. Sobre todas las cosas ABL era un hombre de principios incondicionales. Esto implica alguien que puede cambiar de ideas pero no por conveniencia política u oportunismos. Transmitía mucho entusiasmo y ayudaba mucho a la gente a través del Centro de Estudios sobre la Libertad. El Centro publicaba la revista Ideas Sobre la Libertad con artículos de autores con ideas liberales. Gracias a ABL la Escuela Austriaca se difundió en Argentina. También trajo a Ludwig von Mises a dar 6 conferencias en la UBA.

AR: ¿Cómo llegó a ESEADE y cómo fueron aquellos primeros años en esa institución?

Cachanosky: En mayo de 1978 Alberto Benegas Lynch (h) me invitó a incorporarme al Departamento de Investigaciones de la Sociedad Rural Argentina. Él ya estaba en proceso del lanzamiento de ESEADE, que inició el primer máster privado en Argentina en agosto de 1978. Alberto me invitó también a incorporarme parttime al Departamento de Investigaciones de ESEADE junto con Alejandro Chafuen. Luego se fueron incorporando otros investigadores, Gabriel Zanotti, Fredy Thomsen, Alfredo Irigoin, Eduardo Zimmermann, Ricardo Rojas, Enrique Aguilar. El objetivo era investigar con mucha libertad de acción los temas sobre que enseñábamos en las clases. La incorporación de Ezequiel Gallo dio al departamento un vuelco fundamental con una serie de seminarios internos y jornadas. La revista Libertas se convirtió en un símbolo de ESEADE y las investigaciones se publicaban allí. Libertas le dio mucha fama a ESEADE en toda Latinoamérica, en los círculos liberales.

AR: ¿Y por aquellos años también desarrolló su doctorado junto a Hans Sennholz? Cachanosky: A mediados de 1980 fui a ver a Hans Sennholz en Grove City. Comencé con el doctorado a principios de 1981. A fines de abril hice la defensa y en octubre de 1983 me dieron el título. Al principio Sennholz estuvo muy duro para aceptarme, pero cuando le propuse el tema del uso de las matemáticas en economía accedió inmediatamente. Cuando terminé la defensa me dijo que este era un tema sobre el que Mises le había pedido que escribiera pero que, como no había tenido tiempo, se sentía en falta con su maestro. Cuando le propuse el tema entonces sintió que era una manera de cumplir con su promesa a Mises.

AR: ¿Podría sintetizar las ideas centrales de esta tesis doctoral?

Cachanosky: La idea central de la tesis es mostrar que el uso de la matemática en economía nació con el objetivo de hacer a esta ciencia más rigurosa, pero terminó siendo exactamente al revés. El uso de la matemática no solo llevó a teorías que no logran explicar la realidad, sino que además son inconsistentes y contradictorias dentro del mismo modelo independientemente de que puedan o no explicar el mundo. El uso de la matemática en economía ha producido mala teoría.

AR: Hayek decía que este error nos dejó con generaciones perdidas de economistas. ¿Diría que no hay nada de valor en los economistas que han seguido una tradición diferente a la de la Escuela Austriaca?

Cachanosky: Coincido con Hayek en lo de las generaciones perdidas. Creo que el siglo XX fue el «siglo negro» de la ciencia económica por el protagonismo que tomaron teorías alejadas de la realidad y por lo tanto sin poder explicativo del mundo. De todas maneras creo que hay economistas que no se ajustan necesariamente el pensamiento de la Escuela Austriaca que han influido y contribuido mucho al avance de la teoría económica. Entre ellos Edwin Canan, Jacques Rueff, Frank Knight, Jacob Viner, Benjamin Anderson, Joseph Schumpeter, Milton Friedman y James Buchanan.

AR: Friedman es uno de los autores más criticados por la Escuela Austriaca. ¿Qué aspectos positivos encuentra en este autor?

Cachanosky: Friedman fue criticado por algunos economistas de la Escuela Austriaca por su enfoque metodológico fundamentalmente y por su defensa de un sistema monetario centralizado. En cuanto a «política» económica no veo mayores diferencias entre austriacos y Milton Friedman. Me parece que Friedman hizo excelentes aportes para mostrar que la inflación es un fenómeno solamente monetario, que no puede haber inflación sin expansión monetaria. También fue muy claro en cuanto a los efectos negativos de la intervención del estado en la economía. Inclusive en el terreno monetario hacia el final se volvió un poco más hacia el pensamiento hayekiano. En el fondo algunos austriacos que defienden el regreso al patrón oro también son intervencionistas. Es el mercado el que finalmente debe decidir qué moneda quiere.

AR: Publicó varios ensayos académicos en Libertas. Uno de los más importantes es aquel sobre la crisis del 30. Allí se presenta crítico del trabajo de Friedman y Schwartz. ¿Podría resumir las ideas centrales de aquel trabajo?

Cachanosky: La idea central del artículo sobre la Crisis del 30 es que las distintas políticas monetarias, cambiaras, de comercio internacional, etc., provocaron durante la década de 1920 una mala asignación de los recursos productivos. Una mala asignación de los recursos productivos implica que tarde o temprano una gran cantidad de inversiones van a enfrentar un problema de flujo de caja y, por lo tanto, entran en crisis. Los créditos otorgados por los bancos no se pueden recuperar en su totalidad, las acciones de las empresas que asignaron mal los recursos caen y se genera un problema de liquidez para las empresas y el sistema financiero. La «consecuencia» de todo esto es destrucción de capital que hace subir la tasa de interés y se contrae el crédito. El consumo y la inversión caen como «consecuencia» de las previas malas inversiones. Por el contrario Keynes y Friedman sostienen que la caída del consumo y de la oferta monetaria es la «causa» del problema. Estos dos economistas ven como causa lo que los Mises y Hayek ven como consecuencia. AR: ¿Y en qué se distingue aquella depresión de la actual crisis global? Cachanosky: Fuera de los datos de lugar y circunstancia es lo mismo. En la Gran Depresión la Fed había reducido la tasa de interés en el mercado con el objeto de impulsar las exportaciones de USA y ayudar a Inglaterra a recuperar la paridad de preguerra. En la actual crisis la Fed redujo las tasas para impulsar el mercado inmobiliario. Los bancos centrales y los economistas keynesianos no parecen comprender que la política monetaria no puede bajar la tasa de interés y mantenerla baja indefinidamente. Las tasas siempre «rebotan» para ajustarse a la tasa de interés natural, el mayor riesgo y las expectativas de devaluación. Cuando las tasas suben entonces la crisis sale a la luz. El pro – blema es cómo los gobiernos reaccionan frente a la crisis, dejan que el mercado se sanee o intervienen para sanearlo. En el segundo caso, que fue el de la Gran Depresión, los problemas se multiplican, las crisis se profundizan y se alargan en el tiempo porque los gobiernos insisten en mantener vivas inversiones que destruyen capital mediante subsidios, créditos baratos, protecciones varias, etc. Las inversiones improductivas no las mantiene el gobierno en sí mismo, sino la población. El gobierno solo toma de un sector productivo para darle a sectores no productivos. Una diferencia importante entre esta crisis y la Gran Depresión es que en los 30 los países cerraron sus economías. El comercio internacional se derrumbó y esto fue fatal para el saneamiento de la economía. Por ahora esto no está ocurriendo con la actual crisis. Pero sí se notan medidas que no ayudan a solucionar el problema.

AR: ¿Qué reflexión le merece que la Fed esté expandiendo la base monetaria para evitar un proceso de deflación?

Cachanosky: La expansión de la base monetaria por parte de la Fed es lo que ayuda a generar peores expectativas acerca del futuro, porque semejante expansión monetaria lleva a pensar que el problema es muy grave. Mantener empresas deficitarias estatizándolas o subsidiándolas posterga el problema y pasa la carga al resto de la población. Siempre alguien mantiene la existencia de empresas en déficit. La pregunta es ¿van a ser los dueños o el resto de la población? Si la empresa es reconvertible entonces tiene que haber alguien dispuesto a invertir en el proyecto. De lo contrario es que el mercado no cree. Cuando el Estado sale a rescatar estas empresas está manteniendo en el tiempo la destrucción de capital. Por el momento esta expansión monetaria está siendo atesorada por los bancos por la incertidumbre existente. La gran pregunta es qué va a ocurrir con esos fondos cuando las expectativas negativas se reviertan. ¿Va la Fed a reducir la base monetaria o ese dinero saldrá al mercado provocando una fuerte depreciación del dólar?

AR: ¿Y qué propone entonces la Escuela Austriaca para paliar esta difícil situación?

Cachanosky: La crisis se debe a un aumento importante de las inversiones erróneas debido a una disminución artificial de la tasa de interés por parte del banco central. Las malas inversiones destruyen capital, cualquier empresario que haya cometido un error sabe muy bien esto. La manera de solucionar el problema es liquidar las malas inversiones. Pretender mantener estas malas inversiones con expansión monetaria prolonga la destrucción de capital. Esta solución keynesiana no arregla el problema, sino que lo posterga y lo empeora. La mejor solución es que el mercado reasigne los recursos productivos. La recesión es, en realidad, el remedio al problema

AR: Además de los errores de la Fed, ¿qué otros factores contribuyen a la decadencia de Estados Unidos?

Cachanosky: Uno de los problemas más complicados en economía es el epistemológico, por el cual se suele confundir las causas de los acontecimientos. Una vez desatada la Crisis del 30 por la mala inversión previa, las erróneas interpretaciones de las causas llevaron a la adopción de políticas económicas que profundizaron la recesión. Entre las principales podemos citar: (a) el cierre de las fronteras al comercio internacional, (b) aumento de los impuestos, (c) aumento del gasto público, (d) fuerte regulaciones de las empresas a través de la NIRA y la AAA y (e) abandono de patrón oro y devaluación del dólar. El creciente intervencionismo quitó a las empresas flexibilidad para 305 adaptarse a las circunstancias profundizando de esta manera la crisis.

AR: A través de sus trabajos sobre crisis y ciclos económicos, el estudio sobre la crisis del treinta y sus consideraciones sobre la tasa de interés, uno podría afirmar que es un especialista en la macroeconomía austriaca. Sin embargo, hasta el momento no han hecho referencias a la «macroeconomía austriaca del capital», en la que Roger W. Garrison ha intentado formalizar en un gráfico la teoría austriaca del capital y de los ciclos económicos. ¿Qué opinión le merece aquel aporte sintetizado en su libro Tiempo y Dinero (2001)?

Cachanosky: La contribución de Roger Garrison me parece muy buena, pero no sé si se puede decir que sea una formalización de la teoría austriaca. Yo diría más bien que es un resumen visual de una teoría mucho más rica. El libro Tiempo y Dinero no me gustó mucho, no me parece que vaya al corazón del problema; me gusta más el resumen del Power Point porque permite dar clases ampliando a los alumnos la riqueza de los puntos de Mises y Hayek.

AR: ¿Son iguales las teorías del ciclo económico de Mises y Hayek?

Cachanosky: Me parece que Hayek puso más acento que Mises en los efectos de la distorsión de los precios relativos que produce la expansión monetaria. Mises enfatizó la reducción de la tasa de interés de mercado por debajo de la tasa de interés natural como causa de las crisis económicas. Hayek ha cambiado varias veces su punto de vista al menos marginalmente, pero en su Monetary Theory and the Trade Cycle [Teoría Monetaria y Ciclos Económicos] sostiene que son los bancos los que expanden y contraen el crédito provocando los ciclos económicos. Mises, por el contrario, sostiene que son los gobiernos los que generan este problema. Pero en los puntos esenciales ambos están de acuerdo sobre la teoría del ciclo económico.

AR: Friedman alguna vez dijo que la teoría austriaca del ciclo económico se contradice con la evidencia y que, a su juicio,  es falsa. ¿Por qué cree que esta teoría no es aceptada por el mainstream?

1 Milton Friedman, «The “Plucking Model” of Business Fluctuations Re visited», Economic Inquiry, abril de 1993, pp. 171-177 (p. 171).

Cachanosky: No sé dónde Friedman dijo eso pero no me sorprende. Los austriacos son mirados con ciertas dudas sobre su solidez científica por no usar modelos matemáticos. Recuerdo una cena de la Mont Pèlerin Society en Berlín en la que Friedman preguntó a unos economistas de la Escuela Austriaca cuál era la diferencia con los economistas monetaristas, y, si mal no recuerdo, fue Alberto Benegas Lynch (h) quien respondió que la diferencia era epistemológica, para gran sorpresa de Friedman. Lo cierto es que los modelos matemáticos han llevado a mala teoría económica, y por mala quiero decir que no es fértil para explicar el mundo y además que tiene contradicciones internas. El uso de modelos matemáticos no hace más rigurosa a la ciencia. Lo que sí es cierto es que «algunos» economistas austriacos han hecho, especialmente de Mises, una especie de dios. Cometen la falacia lógica de «autoridad» citando a Mises como si fuese palabra sagrada. Otros han mezclado ciencia con religión. Estos economistas no le hacen bien al prestigio de la escuela.

AR: Además de sus trabajos sobre teoría monetaria, uno en – cuentra en Libertas ensayos del campo empresarial. ¿Qué es el Value Based Management? (Libertas 30)

Cachanosky: El siglo XX fue una especie de época negra para la economía. La modelización matemática quitó a la economía el poder explicativo que tenían los clásicos. La microeconomía convencional es pura ciencia ficción en este sentido, Ni los consumidores ni las empresas toman decisiones como los textos de microeconomía enseñan. Value Based Management es un enfoque de administración muy alineado con el enfoque empresarial de la Escuela Austriaca. Para esta escuela el cálculo económico y la ganancia empresarial son esenciales para explicar el proceso del mercado. VBM   da respuesta a la manera de realizar este cálculo económico y la manera de estimar la ganancia empresarial, incluyendo riesgo e incertidumbre. La dispersión del conocimiento de Hayek ha sido mencionada por los autores de este enfoque empresarial. Como dijo Peter Drucker, con este enfoque la microeconomía volvió a tener sentido.

AR: ¿Y este enfoque es ampliamente aceptado por la Escuela Austriaca o todavía es algo novedoso?

Cachanosky: VBM quiere decir tomar decisiones para incrementar el valor de la empresa, y esto se conoce como Economic Value Added (EVA). En realidad el concepto viene de los economistas. Adam Smith llamaba ganancia extraordinaria a la que está por encima del promedio del mercado, Alfred Marshall la llamó Ganancia Económica y Ludwig von Mises ganancia empresarial. Si bien los economistas de la Escuela Austriaca sin duda aplican este concepto, VBM hace explícita la manera en que se debe calcular y generar incentivos dentro de la empresa. El cálculo del EVA es distinto al enfoque de los contadores. En este sentido Mises habla de los beneficios de la partida doble pero parece no haber detectado los problemas que tiene para la toma de decisiones y el cálculo de la ganancia empresarial.

AR: Otro trabajo importante en este campo es el de «las decisiones empresariales y las predicciones en economía» (Libertas 32). ¿Es posible predecir en economía? Cachanosky: Las predicciones en economía son juicios de valor; en palabras de Mises, «comprensión» o Verstehen. Si no se pudiese predecir nadie invertiría o no habría diferencia entre las inversiones y los juegos de azar. Las predicciones en economía requieren de supuestos acerca el futuro, y estos supuestos son subjetivos, por ejemplo: si se «supone» que un banco central va a incrementar la oferta monetaria se puede predecir que va a haber inflación «si el supuesto se cumple». Otro aspecto es tratar de medir cuándo y cuánto va a ser la inflación. El conocimiento de lugar y circunstancia, la experiencia y el «olfato» son muy útiles para estas predicciones subjetivas. Las herramientas estadísticas también son útiles para realizar estas predicciones subjetivas.

AR: Los austriacos han desarrollado algunas críticas al PIB y al sistema tradicional de cuentas nacionales. Pero, ¿tiene sentido desarrollar un sistema de cuentas nacionales que sea más consistente con las teorías austriacas?

Cachanosky: En realidad la crítica a la metodología del PBI es bastante generalizada inclusive entre los economistas convencionales. Las «medidas» en ciencias sociales están muy lejos de ser tan precisas como en el caso de las ciencias naturales; de todas maneras es mejor tener una «idea» de cómo va la economía a no tener nada. Pero a mi gusto la mejor medida es un mercado de valores con una bolsa de comercio. Si el gobierno y el banco central no interfieren sobre la tasa de interés, el precio de las acciones es el mejor «termómetro» de las expectativas de los inversores. El precio de las acciones me parece mejor que el PIB.

AR: ¿Qué bibliografía recomendaría para profundizar un poco más esto?

Cachanosky: No sé si hay una bibliografía pero la lógica es que el precio de las acciones suben cuando el flujo de caja que generan superan todos los costos de oportunidad (costos operativos + impuestos + costo del capital), y esto es señal de que los empresarios están asignando bien los recursos productivos. Si la mayor parte de las acciones suben, entonces se puede concluir que la economía en general está asignando correctamente los recursos productivos. Obviamente hay que ver que los bancos centrales no estén generando una burbuja con expansión de la oferta monetaria.

AR: ¿Está trabajando en algún artículo o libro?

Cachanosky: Estoy trabajando con mucha lentitud en un tratado de economía que integre teoría de la empresa austriaca y finanzas con la macroeconomía. Cuando los austriacos hablan del «cálculo» económico no profundizan y creo que las finanzas pueden integrarse bien. Otros aspectos que me parecen interesantes son el comportamiento del consumidor con la psicológica y la neurociencia con el Verstehen de Mises. Tengo la esperanza de lograr un buen tratado que aporte algo nuevo.

AR: Durante mucho tiempo fue profesor de economía en UCEMA. ¿Cómo eran recibidas estas ideas por economistas acostumbrados a la economía matemática?

Cachanosky: Fui profesor de Dirección Estratégica en UCEMA. Dentro del curso veíamos algunos conceptos de economía, como qué es un mercado de competencia perfecta, y allí explicaba la contradicción matemática (aun aceptando los supuestos irreales del modelo). Realmente quedaban muy sorprendidos de que lo que habían aprendido en cursos anteriores estaba errado. Según me cuentan algunos amigos ahora los estudiantes de grado tienen que leer lo que parece que llaman «la tesis Cachanosky» sobre la inconsistencia del modelo de competencia perfecta. Creo que el enfoque de la Escuela Austriaca es muy contundente cuando se tiene la mente abierta.

AR: ¿Qué es la UFM? ¿Es posible construir algo parecido en la Argentina?

Cachanosky: La UFM (Universidad Francisco Marroquín) fue fundada por un grupo de empresarios en Guatemala liderados por Manuel Ayau. El principio de la UFM es «la enseñanza y difusión de los principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables». Nació en una simple casa con dos aulas en 1971. Todos los alumnos, cualquiera sea la carrera que siguen, son introducidos a los principios del libre mercado y el marco jurídico de una sociedad libre. En Argentina se fundó en 1978 la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE) con el mismo objetivo que UFM, pero lamentablemente fue perdiendo impulso con el tiempo. Se requiere de empresarios con mucha convicción en los principios de la libertad para mantener y sostener una universidad como la UFM. Le doy poca probabilidad a un proyecto de este tipo.

AR: ¿Cómo ve a la Escuela Austriaca hoy, en relación con lo que era hace 20 o 30 años?

Cachanosky: Me da la sensación de que cada vez tiene más adherentes jóvenes. No mucha más influencia, porque hace 20 o 30 años había algunos economistas con mucho peso como Mises, Hayek, Rueff, Röpke. En especial Mises ha dejado muchos discípulos importantes en Estados Unidos, que a su vez han generado sus propios discípulos en muchas partes del mundo. El efecto multiplicador de la teoría de la Escuela Austriaca es muy alto. Por el contrario el enfoque keynesiano ha retrocedido mucho, en especial hacia fines de la década de 1970, cuando las altas tasas de inflación dejaron al descubierto el problema de esta escuela.

AR: ¿Qué expectativas tiene del futuro de la Escuela Austriaca?

Cachanosky: Me da la sensación de que el mundo académi – co va ir creciendo y fortaleciéndose mucho. Creo que va a terminar siendo la teoría predominante. En el ámbito político es otra cosa, porque no creo que las políticas económicas dependan de ideas científicas, sino que dependen de intereses de grupos. Los políticos, empresarios y trabajadores se guían por intereses propios de corto plazo y estos son los que determinan las políticas vestidas de justificaciones teóricas.

AR: Muchas gracias por compartir estas reflexiones con nosotros.

 

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Buchanan se pregunta: ¿qué están haciendo los economistas? ¿Qué deberían estar haciendo?

Por Martín Krause. Publicado el 20/6/15 en: https://eseade.wordpress.com/2015/06/20/acaso-la-competencia-entre-jurisdicciones-protege-al-contribuyente-como-al-consumidor-en-el-mercado/

 

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico I de la Económicas en la Universidad de Buenos Aires, terminamos la materia con un tema central, planteado por James Buchanan: ¿Qué deberían hacer los economistas?

Buchanan

“Propongo examinar “el deambular de la mente de los hombres que ocupan el sillón de Adam Smith”, aquellos que tratan de mantenerse dentro del “estricto campo de la ciencia” y formulan las siguientes preguntas: ¿qué están haciendo los economistas? ¿qué “deberían” estar haciendo?

Cuando propongo examinar con espíritu crítico que es lo que hacen los economistas estoy rechazando también, como ustedes podrán notar, la propuesta familiar de Jacob Viner, para quien “la economía es lo que hacen los economistas”, propuesta a la que Frank Knight dio una naturaleza totalmente circular al agregar que “los economistas son los que hacen economía”. Esta definición funcional de nuestra disciplina da por sentada la misma pregunta que deseo formular y, de ser posible, contestar aquí. Creo que los economistas deberían asumir su responsabilidad básica; deberían, al menos, tratar de conocer el tema que manejan.

Me gustaría que consideráramos ahora un principio casi olvidado, enunciado por Adam Smith. En el capítulo 2 de The Wealth of Nations, afirma que el principio que da lugar a la división del trabajo, del que provienen tantas ventajas, “no es originalmente el efecto de alguna sabiduría humana, que prevé y tiene por objeto esa opulencia general a la cual da lugar. Es la necesaria, aunque muy lenta y gradual, consecuencia de una cierta propensión de la naturaleza humana que no tiene en vista una utilidad tan extensiva; la propensión a permutar, trocar e intercambiar una cosa por otra”. Me parece sorprendente que la importancia y la significación de esta “propensión a permutar, trocar e intercambiar” haya sido pasada por alto en la mayoría de los trabajos exegéticos de la obra de Smith. Pero seguramente es aquí donde se halla su respuesta a lo que es la economía o la economía política.

Los economistas deberían concentrar su atención en una forma particular de actividad humana y en los diferentes ordenamientos institucionales que surgen como resultado de esta forma de actividad. El comportamiento del hombre en la relación de mercado que refleja su propensión a la permuta y al trueque y las múltiples variaciones de estructura que esta relación puede adoptar constituyen los temas apropiados de estudio para el economista. Al decir esto, formula, por supuesto, un juicio de valor que ustedes pueden apoyar o no. Pueden considerar este trabajo, si así lo desean, como un “ensayo persuasivo”.

El enfoque básico y elemental que sugiero coloca en el centro de la escena la “teoría de los mercados” y no la “teoría de la asignación de recursos”. Hago un alegato en favor de la adopción de una sofisticada “cataláctica”, un enfoque de nuestra disciplina que había sido introducido mucho antes por el arzobispo Whately y la escuela de Dublin, por H. D. Macleod, por el estadounidense Arthur Latham Perry, por Alfred Ammon y algunos otros.(1) No es mi objetivo en este trabajo, ni tampoco me compete, analizar las razones por las cuales estos hombres no pudieron convencer a sus colegas y sucesores. Lo que deseo hacer notar es que la idea que introdujeron y que no estuvo nunca totalmente ausente de la corriente principal de pensamiento(2) requiere, quizá, mayor énfasis ahora que en la época en la que ellos trabajaron.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

UN ENSAYO DE MILTON FRIEDMAN

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Uno de los trabajos interesantes e inspiradores de Friedman, esta vez en coautoría con su mujer Rose, se titula “La corriente en los asunto de los hombres” traducido y publicado en Libertas con la autorización de los autores y de Hoover Institution en la edición de la mencionada revista académica de octubre de 1989 (un mes antes del derrumbe del Muro de la Vergüenza en Berlin, aunque originalmente publicado en 1988 en la colección titulada Thinking About America por Hoover Institution Press). Como es un tema de permanente actualidad, es oportuno comentar los aspectos más salientes de este ensayo.

 

Los Friedman subrayan la importancia decisiva de las ideas en los procesos humanos y reiteran la verdad que encierra el título y el contenido del muy citado libro de Richard Weaver, Ideas Have Consequences. De ahí es que resultan tan necesarios los esfuerzos educativos respecto a la trasmisión de valores y principios compatibles con la sociedad abierta si quiere preservarse la libertad y el consiguiente respeto recíproco.

 

En este ensayo se destacan las corrientes de pensamiento que, al igual que las corrientes marinas, tardan en manifestarse pero una vez que lo hacen dejan su marca y allí se dice que este proceso clave no ha sido suficientemente tratado por historiadores y economistas. Escriben que “la hipótesis es la siguiente: un cambio importante en la política social y económica está precedida por un cambio en el clima de opinión intelectual” y señalan que una vez trabajada la idea en el terreno académico se traslada a otras instancias hasta que llega a los medios de comunicación y, por ende, al público en general. Pero para mantener esta tendencia debe alimentarse permanentemente la idea, de lo contrario será sustituida por lo que Albert V. Dicey denominó las contracorrientes que en general se deben a la desaparición de los protagonistas originales cuando los espacios respectivos quedan vacantes.

 

Friedman describe muy ajustadamente el punto al poner de manifiesto que para conjeturar lo que ocurrirá en un próximo tiempo no hay que mirar lo que sucede en la superficie sino bucear en la corriente que se está gestando en las profundidades, a saber, en el mundo académico. Apunta que “hacen falta independencia y coraje intelectuales para iniciar una contracorriente que domine la opinión”, lo cual nos recuerda el buen consejo de Arthur Koestler  citado por William Buckley, Jr en su God and Man at Yale. The Supertitions of Academic Freedom: “Uno debería escribir con vigor sobre aquello que uno estima verdadero o, de lo contrario, quedarse callado”. Los tibios no sirven, parafaseando a Mario Vargas Llosa “son figuras de superficie sin mayor trastienda”.

 

Los autores ilustran su tesis con tres correntadas que marcan las políticas de tiempos recientes y contemporáneos. Una primera que denomina del laissez-faire o de Adam Smith, una segunda que reconoce como de Estado Benefactor o  de los fabianos y una tercera que bautiza como de resurgimiento de los mercados libres o la corriente de Hayek.

 

Se consigna en este ensayo que “La primera corriente que analizaremos comienza en Escocia en el sigo xviii con la reacción contra el mercantilismo [una oleada anterior] expresada en los escritos de David Hume, en The Theory of Moral Sentiments de Smith (1759) y, sobre todo, en The Wealth of Nations, también de Adam Smith (1776). The Wealth of Nations se considera en forma unánime y con justicia como la piedra fundamental de la economía científica moderna. Su fueraza normativa y su influencia sobre el mundo intelectual revisten gran importancia para nuestro objetivo actual. Su rápida influencia sobre la comunidad intelectual reflejó, sin duda alguna, las semillas plantadas por Hume y otros -las contracorrientes intelectuales de la corriente mercantilista- así como también las primeras etapas de la Revolución Industrial. Del otro lado del Atlántico, el año 1776 también fue testigo de la proclamación de la Declaración de la Independencia, en varios aspectos el gemelo político de la economía de Smith. La obra de Smith fue rápida y generalmente aceptada por los Padres Fundadores”.

 

Y más adelante se lee que “No es fácil medir el papel que desempeña el gobierno en la economía. Una medida útil, aunque reconocida como imperfecta, es la relación del gasto público con el ingreso nacional. En el punto culminante del laissez-faire, el gasto gubernamental en tiempos de paz fue inferior al 10 por ciento del ingreso nacional, tanto en los Estados Unidos como en Gran Bretaña”.

 

Respecto a la segunda correntada, se apunta que “Este notable progreso no impidió que la corriente intelectual se apartara del individualismo y se volcara hacia el colectivismo […] El punto culminante, cuando el colectivismo comenzó a dominar la opinión intelectual, tuvo lugar algunas décadas más tarde. La fundación del la Sociedad Fabiana, dedicada al establecimiento gradual del socialismo por George Bernard Shaw, Sydney Webb y otros en 1883 es quizá la mejor fecha divisoria para Gran Bretaña. Una fecha comparable en el caso de los Estados Unidos es 1885, cuando la Asociación Norteamericana de Economía fue fundada por un grupo de economistas jóvenes que habían vuelto de estudiar en Alemania imbuidos de ideas socialistas que esperaban difundir a través de la asociación”.

 

Por último, la tercera corriente que describe la visión friedmaniana se identifica del siguiente modo: “Así como había ocurrido con la corriente anterior, el mundo de las ideas comenzó a cambiar su rumbo al mismo tiempo que en el mundo de la práctica, la corriente alcanzaba su punto máximo. Durante el predomino de las ideas socialistas habían existido contracorrientes puestas en práctica en Gran Bretaña por Lionel Robbins, Friedrich Hayek y algunos de sus colegas en la London School of Economics, en Austria por Ludwig von Mises y sus discípulos y en los Estados Unidos por Albert Jay Nock, H.L. Mencken y otros autors populares; Henry Simons, Frank Knight y Jacob Viner en la Universidad de Chicago y Gottfried Haberler y Joseph Schumpeter en Harvard, para mencionar solo algunos. El libro The Road to Serfdom de Hayek, un best-seller sorpresa en Gran Bretaña y en los Estados Unidos en 1944, fue probablemente la primera incursión real en el punto de vista intelectual dominante” y también Friedman se refiere a su Capitalism and Freedom y mucho más tarde Free to Chose. Además dice que en los inicios debe enfatizarse el rol decisivo que tuvo el establecimiento por Leonard Read de la Foundation for Economic Education (FEE) en 1946 con su muy difundida revista The Freeman.  

 

Este es un muy apretado resumen de un largo ensayo por Milton y Rose Friedman, es aconsejable leerlo completo al efecto de informarse de extensos pasajes en los que los autores de refieren a acontecimientos históricos de importancia que no caben en una nota periodística.

 

De cualquier manera, este estudio muestra una vez más la trascendencia de la educación como la vía para modificar la articulación de discursos políticos siempre atentos para sobrevivir por lo que están atentos de las medidas que reclama la opinión pública a su vez influida decisivamente por faenas educativas previas. Esto va para despejar la sandez de que “la teoría es irrelevante, lo importante es la práctica” sin percatarse, por un lado, que sin una adecuada teoría se anda a los tumbos y, por otro, que todo lo que hacemos y consideramos práctico es porque adoptamos una buena teoría forjada por otros en otros momentos. La jardinería, la agricultura, las computadoras, la alimentación, los medicamentos, todo es fruto de buenas teorías por eso el dictum de “nada es más práctico que una buena teoría”.

 

En la sección de las conclusiones, los Friedman advierten que “Para aquellos que creen en una sociedad libre y en un papel del gobierno apenas limitado, ésta [la mencionada tercera corriente] es una perspectiva optimista, sin bien no hay razón para la complacencia. Nada es inevitable en el curso de la historia […] La corriente impulsora en los asuntos de los hombres que se encuentra en la primera etapa aún puede ser abortada, abrumada por una corriente renovada de colectivismo”. En la misma línea argumental, es pertinente citar un pensamiento de Albert Schweitzer de su The Philosophy of Civilization: “Cada época vive en la conciencia de lo que han provisto los pensadores bajo cuya influencia se opera”.

 

En todo caso tenemos que estar atentos a la visión kafkiana de la sociedad que como muy bien explica Milan Kundera en la quinta parte de El arte de la novela, “En la historia moderna hay tendencias que producen lo kafkiano en la gran dimensión social: la concentración progresiva del poder que tiende a divinizarse, la burocratización de la actividad social que transforma todas las instituciones en laberintos sin fin, la consiguiente despersonalización del hombre”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.