Inesperado portazo en Medio Oriente

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 3/1/19 en: https://www.lanacion.com.ar/2207520-inesperado-portazo-medio-oriente

 

Contra la opinión de algunos de sus principales asesores y de modo sorpresivo, el impetuoso presidente norteamericano Donald Trump anunció el retiro del contingente militar de los Estados Unidos del territorio sirio, donde estaba desplegado. Esa decisión impacta en favor del cuestionado presidente sirio, Bachar Al-Assad, de Rusia, y de Irán en lo que tiene que ver con la guerra civil siria. En cambio, perjudica a las fuerzas kurdas
que hasta ahora han luchado, codo a codo y exitosamente, junto a los soldados norteamericanos. Para Al-Assad se trata de un nuevo paso en dirección a su supervivencia política que, pese a todo, no puede aún considerarse asegurada.
Seguramente sus fuerzas y las de sus aliados -ocupando el vacío- suplantarán la presencia militar norteamericana en el noreste de Siria, sin demasiada pérdida de tiempo.

El presidente Trump explicó su decisión en lo que considera el triunfo ya alcanzado contra las fuerzas del Estado Islámico que en algún momento controlaron una porción del territorio sirio.
Mientras tanto, las Naciones Unidas parecen haber fracasado en sus esfuerzos por iniciar -y mantener- negociaciones de paz entre todas las partes del conflicto sirio. Lo sucedido debilita notoriamente la influencia norteamericana en Medio Oriente y pareciera evidenciar que las decisiones del presidente norteamericano se basan más en su propia visión de los hechos que en los de sus asesores en materia de política exterior.
Mas prudente que el presidente norteamericano, el presidente Erdogan, de Turquía, no ha aprovechado aún la oportunidad para lanzar un esperado ataque en el Kurdistán, en procura de debilitar a las fuerzas kurdas que presuntamente apoyan la búsqueda de independencia de la población kurda que reside en Turquía. Los kurdos -que están en la mira de Erdogan- han estado perdiendo influencia en los últimos meses, de modo que la decisión norteamericana de retirarse del suelo sirio, seguramente impactará
adversamente en su limitado peso geopolítico, desde que supone la pérdida de su hasta ahora aliado militar más poderoso: los Estados Unidos.
La decisión norteamericana genera desconcierto entre los aliados de los EEUU. Pese a ello, Francia reaccionó rápidamente señalando su decisión de permanecer en suelo sirio.

Pese a la explicación norteamericana, hay quienes sostienen que el Estado Islámico no ha sido aún definitivamente derrotado en Siria, sino que en todo caso ha sido obligado a migrar hacia una estrategia de dispersión de sus fuerzas y no confrontación directa.
Ante lo sucedido, cabe recordar que el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, ha anunciado en varias oportunidades el retiro de sus fuerzas militares del territorio sirio, lo que sin embargo no ha ocurrido.
El presidente Trump ha venido sosteniendo la necesidad de terminar con la presencia militar norteamericana en suelo sirio. Por eso lo sucedido es sorpresivo por intempestivo, pero nadie puede sostener que no hubo aviso previo.
La salida militar norteamericana de Siria ya ha comenzado y podría demorar un mes en completarse. En rigor, ha coincidido con la rendición de las fuerzas del Estado Islámico ante las milicias kurdas en la ciudad de Hajin, la última ciudad de mediano porte que estaba en manos de los mencionados fanáticos islámicos, emplazada en la frontera con Irak, en el valle del Río Éufrates.
Hablamos de un contingente militar norteamericano que, numéricamente, es relativamente pequeño. De unos 2.000 hombres de elite, armados hasta los dientes, cuya presencia estuvo apoyada por los misiles norteamericanos lanzados desde el aire o desde buques de guerra en el Mediterráneo.
Para algunos, el retiro norteamericano es precipitado y podría impedir que la derrota del Estado Islámico sea definitiva, lo que es preocupante. Hay también quienes se aventuran a predecir que la salida militar  norteamericana de Siria podría tener efectos parecidos al retiro de las fuerzas militares norteamericanas de Irak, decidido también
precipitadamente por el ex presidente Barak Obama, en el 2011. Quienes así piensan sostienen que la presencia militar norteamericana en Siria cumplía un rol más amplio que el de derrotar al Estado Islámico. Ese rol, de “estabilización” de Siria, no se ha agotado y el vacío dejado por las fuerzas norteamericanas será ocupado por los contingentes militares de algunos otros actores, como Rusia o Irán. Lo que acelerará la pérdida de influencia norteamericana en el conflicto sirio.
Hay hasta quien sostiene que la decisión del presidente Trump es una suerte de “regalo” a la Federación Rusa. El temor es que suceda en Siria lo que ocurrió en Irak en el 2011, esto es una deriva en dirección al caos.
El retiro de las fuerzas norteamericanas no desactivará los esfuerzos de los más de 20.000 combatientes de distintos orígenes que aún se enfrentan en el territorio sirio. Es entonces previsible que tenga algunas consecuencias colaterales preocupantes, como la de facilitar el reclutamiento de combatientes islámicos y la de fortalecer la todavía débil posición de Al-Assad, que de pronto ha dejado de lucir necesariamente como un
desahuciado. El gran peligro es que Irán controle el territorio que ha estado en manos de las fuerzas norteamericanas, incluyendo los ricos yacimientos petroleros en Deir alZour.
Además, el retiro norteamericano, al aumentar la influencia de la presencia militar rusa, permitiría a Moscú tener una influencia regional mayor hasta el 2021, fecha en la que está previsto que Al-Assad procure su reelección. A todo lo que se agrega que la ausencia norteamericana también podría alimentar las tensiones entre Turquía y Rusia, que se hicieron evidentes el pasado mes de septiembre, en las acciones militares en derredor de
la ciudad de Idlib.
Por todo lo antedicho, hay también quienes se aventuran a predecir que, como ocurriera en el conflicto en Irak del que los norteamericanos se retiraron en el 2011 para luego tener que regresar forzadamente en el 2014, el retiro militar norteamericano podría no resultar definitivo también en el caso de Siria. Los EEUU tienen, todavía hoy, más de 5.000 hombres desplegados en Irak, operación que les cuesta unos 14 millones de
dólares diarios y que ciertamente no está exenta de riesgos.
Por último, la decisión de retirarse militarmente de Siria tomada por los EEUU podría asimismo debilitar la influencia relativa de las Naciones Unidas en lo que hasta ahora ha sido una búsqueda infructuosa de paz. Particularmente si Rusia mantiene su fuerte presencia en Siria y lo que luce como un apoyo incondicional a Al-Assad.
Desde el Congreso norteamericano la reacción de algunos legisladores de los dos partidos políticos fue la de manifestar incomodidad y sorpresa por lo abrupto del cambio de posición del presidente norteamericano. Esa decisión luce, en cambio, coherente con la ya adoptada por Donald Trump hace algunas semanas, en el sentido de cortar la ayuda financiera norteamericana destinada a la reconstrucción de las ciudades e infraestructura siria que ahora puede tenerse como un “pre-anuncio” de la decisión de retirarse militarmente.
Para concluir, parecería que un nuevo capítulo se ha abierto en el conflicto armado sirio, respecto del cual la administración del presidente Trump ha decidido alejarse. Lo preocupante es que el cambio de rumbo fue inesperado y que no es fácil predecir cuáles serán sus consecuencias inmediatas, incluyendo respecto de Israel, en el que todavía es el conflicto armado más peligroso de Medio Oriente. A lo que se suma el haber provocado la renuncia del respetado Secretario de Defensa, James Mattis, el hombre sensato que proyectaba una suerte de garantía de prudencia en el andar externo de la administración del presidente Trump. Ella es una pérdida lamentable. También la de Brett McGurk, el enviado especial para el tema del Estado Islámico.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

Un sistema perverso no se arregla con un buen management

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 11/12/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/12/11/un-sistema-perverso-no-se-arregla-con-un-buen-management/?fbclid=IwAR2RvoFZjzI69D4Gd_2M-C6kBN6akOL_DGfInlLVI4dL21X6ZJlgh-0Afv8

 

El Gobierno cayó en el error de dejar que sectores de la sociedad le reclamen al Estado que le quite a otro el fruto de su trabajo para que se lo dé al que no le pertenece. Al cumplirse 3 años desde que Cambiemos llegó al Gobierno, queda claro que su política económica no obtiene el mínimo de logros para conseguir el aprobado

En general, en los primeros 3 años de Gobierno, Mauricio Macri no ha podido dominar la economía, ni aun tomando el criterio que pidió para que evalúen su gestión: “cuánto disminuyó la tasa de pobreza”, ya que dudo seriamente que en un año le vaya a dar positivo el resultado.

El grave error de Cambiemos, y del Presidente en particular, fue creer que un sistema intrínsecamente ineficiente (el populismo) puede ser transformado en eficiente con un buen management. Mauricio Macri y sus principales colaboradores despreciaron la macro y creyeron que podían gestionar la herencia recibida.

Ese fue el error más grosero que cometieron porque a los problemas heredados le agregaron otros como el arbitraje tasa versus dólar, primero con las Lebac y ahora con las Leliq, que constituyen un polvorín en el que no puede haber la más mínima chispa.

Pero más grave aún, al considerar que no hacía falta un plan económico porque pensaron que podían administrar el desastre recibido, mostraron no comprender cómo funciona el proceso económico. El hecho de que muchos de ellos provengan del mundo empresarial no los hace conocedores del funcionamiento de la economía y su estrecha relación con la calidad institucional.

Sobre el tema institucional cometieron otro error, creer que porque Macri se sentara en el sillón de Rivadavia y Cristina Fernández de Kirchner se fuera derrotada, iban a llover las inversiones. Otro grosero error de apreciación.

Sin duda Argentina tiene mucha mejor imagen hoy ante el mundo, pero no por eso alguien va a venir a hundir una inversión con esta carga tributaria, esta legislación laboral y este nivel de gasto público alto e ineficiente.

Nuevamente, sobre el nivel de gasto público parecen no haberse preocupado demasiado y creyeron que el gradualismo iba a llevar a un crecimiento sostenido de la economía que, combinado con un gasto público congelado en términos reales, iba a termina licuando su peso sobre el PBI. El problema es que nunca dijeron por qué iba a crecer la economía. Pensaron en la magia de Mauricio Macri como presidente, de otra forma no se explica lo que hicieron.

Un espejo donde mirarse

Es más, no le dieron mucha importancia al gasto público/PBI si, como creyeron, en Europa el peso del Estado sobre la economía es similar y tienen un buen nivel de vida. Basta con ver lo que está ocurriendo en Francia en estos días para advertir que Europa, o buena parte de ella, está agobiada por el Estado de bienestar que aquí quieren copiar.

Si uno observa la evolución de la tasa de crecimiento del PBI por habitante en los últimos 56 años de las naciones que integran la Unión Europea puede ver una clara tendencia decreciente. De crecer a un ritmo en la banda del 4/6 por ciento anual, terminaron en el rango del 0/2 por ciento de aumento del PBI por habitante.

Como puede observarse en los gráficos previos, la UE y Francia, actualmente con serios conflictos en las calles, tienen un dibujo similar de tendencia hacia el estancamiento y menor tasa de aumento del PBI por habitante, por lo tanto, no es el mejor ejemplo a tomar para decir que en Argentina el problema no es el nivel de gasto público sino su calidad y que hay que administrarlo bien como en Europa.

En Argentina tenemos los dos problemas y Cambiemos creyó que podía solucionarlo con una buena gestión de un gasto público gigantesco, que impide todo crecimiento económico porque espanta las inversiones y eso lleva a que nunca se dé la licuación del gasto sobre el PBI por crecimiento de éste.

Pero, si de instituciones se trata, no es solo que el Gobierno no esté copado por una banda de delincuentes y corruptos. La calidad de las instituciones tiene que ver con que el Estado puede transformarse en ladrón para robarle el fruto del trabajo a quienes todos los días se esfuerzan por producir para repartirlo entre quienes viven a costa del trabajo ajeno.

El ABC de la equidad tributaria

Como dice el genial Fréderic Bastiat en su ensayo La Ley, refiriéndose a cómo la ley fue pervertida, “el gobierno ha puesto la fuerza colectiva al servicio de quienes quieran explotar, sin riesgo y sin escrúpulos, la persona, la libertad o la propiedad ajenas; ha convertido la expoliación, para protegerla, en derecho y la legítima defensa en crimen, para castigarla”.

Este ensayo, que fue escrito en 1850 tiene total vigencia en la Argentina actual cuando uno ve a los piqueteros “exigir” planes sociales y al Gobierno negociar con ellos. El Estado no tiene ningún derecho a negociar con nadie el fruto del trabajo ajeno.

¿Qué es lo que ocurre en este caso? En vez de que los piqueteros vengan a robarnos directamente, lo mandan al Estado a robarnos en nombre de la solidaridad social. Y el robado, que somos los expoliados impositivamente, pasamos a ser delincuentes si queremos defendernos de la expoliación impositiva, cuando no somos tildados de insensibles sociales. En definitiva, el orden jurídico es dado vuelta y el Estado, que tiene el monopolio de la fuerza para defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas, utiliza ese monopolio de la fuerza para quitarle al que produce y dárselo al que no produce.

Bajo estas condiciones, se va desestimulando la inversión, la economía genera cada vez menos riqueza y la inseguridad jurídica es la regla que impera porque el Estado, en cualquier momento, puede recurrir a la expoliación impositiva o a la confiscación directa para financiar a los grupos que mayor presión hacen para quedarse con el fruto del trabajo ajeno.

Bajo este sistema, en que los diferentes sectores de la sociedad van a reclamarle que el Estado le quite a otro el fruto de su trabajo para que se lo dé al que no le pertenece, es un sistema perverso. Es un sistema que está basado en el robo de la riqueza y no en la generación de riqueza. Por eso decía desde el inicio, que Cambiemos cometió el grosero error de creer que un sistema perverso como este podía funcionar si tenía un buen management.

Ningún sistema económico basado en el robo legalizado, como lo llama Bastiat, puede funcionar con un buen management. Por definición está destinado al fracaso. Cambiemos no entendió la relación entre economía y calidad institucional.

Si Cambiemos logra ganar un segundo mandato y quiere tomar revancha de estos tres años de malos resultados económicos, va a tener que entender mejor cómo funciona la economía y su estrecha relación con la calidad institucional. Gerenciar “eficientemente” un sistema perverso no es el camino para terminar con 70 años de decadencia.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE  

Reunión G-20 en Buenos Aires: burocracia a pleno y los niños siguen desnutridos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 19/9/18 en: https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article219747495.html

 

Si hay una reunión incoherente es la del G-20. Integrado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido, Rusia, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea, representa el 85 por ciento del producto bruto, dos tercios de la población y el 75 por ciento del comercio mundial.

Es el principal foro para “la cooperación económica, financiera y política y busca generar políticas públicas que los resuelvan”, o sea, ver cómo los Estados interfieren al mercado dejándolo con menos libertad, imponiéndole regulaciones coactivas cuando el mercado es solo cooperación pacífica y voluntaria entre las personas.

Dado que este año la presidencia recae en el presidente argentino Mauricio Macri, la próxima Cumbre del G-20 se realizará Buenos Aires —primera vez en Sudamérica— entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre. Angela Merkel, Donald Trump, Vladimir Putin, Xi Jinping, Emmanuel Macron, Theresa May y Shinzo Abe serán algunos de los mandatarios presentes. Pero previamente, se realizarán “solo” unas 50 reuniones —que comenzaron en diciembre de 2017— entre equipos técnicos y ministros en 11 ciudades del país.

Además, fueron invitados Chile y Holanda, y España que es invitada permanente, y otros países representando bloques como Caricom (Jamaica), Asean (Singapur), Nepad (Senegal) y la Unión Africana (Ruanda). También estarán presentes el Banco Mundial, el FMI, la OCDE, el BID, el CAF, la OMC, la ONU, el FSB, la OIT y todas las siglas imaginables hasta agotar el abecedario de burócratas.

Si le parece poco, se desarrollan reuniones del B-20 (empresarios), el C-20 (ONGs), el L-20 (sindicalistas), el S-20 (científicos), el T-20 (think tanks), el W-20 (mujeres), y el Y20 (jóvenes). En total viajarán más de 3,000 personas.

El Gobierno gastará al menos $120 millones a lo que hay que sumarle los siderales viáticos de todos estos viajeros, más el sueldo de todos estos burócratas, en un país donde la pobreza ronda el 30 por ciento de la población y crece. Uno de los gastos más fuertes será en elementos como balas de goma y gases lacrimógenos: para reprimir Macri tiene dinero.

El más irónico de los temas a discutir será el de “Un futuro alimentario sostenible”. Hasta el oficialista Programa Mundial de Alimentos de la ONU reconoce que, “uno de los mitos más comunes… es que no hay suficientes alimentos en el mundo… los hay. El hambre… es una cuestión de acceso”. O sea, si hay hambre y desnutrición es porque la comida no llega a los más pobres debido a regulaciones e impuestos estatales que complican la distribución.

Por caso, los impuestos —como para solventar estas Cumbres— son una de las principales causas de pobreza desde que —aunque las cargas fiscales estén dirigidas a los más ricos— cuanto más alta es la capacidad económica de una persona con más fuerza los deriva hacia abajo: por ejemplo, algunos empresarios los pagan subiendo precios o bajando salarios.

Pero, además, se prohibirá el desarrollo normal de actividades y trabajo. Más allá de innumerables cierres de calles, los aeropuertos de Buenos Aires (Aeroparque, Palomar, San Fernando, Morón y 25 km a la redonda) estarán cerrados durante tres días y sólo recibirán oficiales. Hasta el Aeropuerto Internacional de Ezeiza se verá afectado.

Y el 30 de noviembre será feriado —en la ciudad de Buenos Aires— para “garantizar la logística” de la Cumbre.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

G 20: burocracia a pleno, los niños desnutridos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 19/9/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/09/19/g-20-burocracia-a-pleno-los-ninos-desnutridos/

 

Si hay una reunión incoherente es la del G 20. Integrado por Alemania, Canadá, EE.UU., Francia, Italia, Japón, Reino Unido, Rusia, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea, representa el 85% del producto bruto, dos tercios de la población  y el 75% del comercio mundial.

Es el principal foro para “la cooperación económica, financiera y política y busca generar políticas públicas que los resuelvan”, o sea, ver cómo los Estados interfieren al mercado dejándolo con menos libertad, imponiéndole regulaciones coactivas cuando el mercado es solo cooperación pacífica y voluntaria entre las personas.

Dado que este año la presidencia recae en el presidente argentino, Macri, la próxima Cumbre del G-20 se realizará Buenos Aires -primera vez en Sudamérica- entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre. Merkel, Trump, Putin, Xi Jinping, Macron, May y Shinzo Abe serán algunos de los mandatarios presentes. Pero previamente, se realizarán “solo” unas 50 reuniones -que comenzaron en diciembre de 2017- entre equipos técnicos y ministros en 11 ciudades del país.

Además, fueron invitados Chile y Holanda y España que es invitada permanente, y otros países representando bloques como Caricom (Jamaica), Asean (Singapur), Nepad (Senegal) y la Unión Africana (Ruanda). También estarán presentes el Banco Mundial, el FMI, la OCDE, el BID, el CAF, la OMC, la ONU, el FSB, la OIT y todas las siglas imaginables hasta agotar el abecedario de burócratas.

Si le parece poco, se desarrollan reuniones del B-20 (empresarios), el C-20 (ONGs), el L-20 (sindicalistas), el S-20 (científicos), el T-20 (think tanks), el W-20 (mujeres), y el Y20 (jóvenes). En total viajarán más de tres mil personas.

El Gobierno gastará al menos US$ 120 millones a lo que hay que sumarle los siderales viáticos de todos estos viajeros, más el sueldo de todos estos burócratas, en un país donde la pobreza ronda el 30% de la población y crece. Uno de los gastos más fuertes será en elementos como balas de goma y gases lacrimógenos: para reprimir Macri tiene dinero.

El más irónico de los temas a discutir será el de “Un futuro alimentario sostenible”. Hasta el oficialista Programa Mundial de Alimentos de la ONU reconoce que “Uno de los mitos más comunes… es que no hay suficientes alimentos en el mundo… los hay. El hambre… es una cuestión de acceso.” O sea, si hay hambre y desnutrición es porque la comida no llega a los más pobres debido a regulaciones e impuestos estatales que complican la distribución.

Por caso, los impuestos -como para solventar estas Cumbres- son una de las principales causas de pobreza desde que -aunque las cargas fiscales estén dirigidas a los más ricos- cuanto más alta es la capacidad económica de una persona con más fuerza los deriva hacia abajo: por ejemplo, algunos empresarios los pagan subiendo precios o bajando salarios.

Pero, además, se prohibirá el desarrollo normal de actividades y trabajo. Más allá de innumerables cierres de calles, los aeropuertos de Buenos Aires (Aeroparque, Palomar, San Fernando, Morón y 25 km a la redonda) estarán cerrados durante tres días y sólo recibirán oficiales. Hasta el Aeropuerto Internacional de Ezeiza se verá afectado. Y el 30 de noviembre será feriado -en la Ciudad de Buenos Aires- para “garantizar la logística” de la Cumbre.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

DEL GUARDAPOLVO BLANCO A LA LEY DE EDUCACIÓN SEXUAL OBLIGATORIA.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 9/9/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/09/del-guardapolvo-blanco-la-ley-de.html

 

El problema NO es la educación sexual, sino que el estado imponga coactivamente una única educación sexual, so pena de criminalizar su no cumplimiento.

Pero en general a los argentinos les cuesta hacer esa distinción.

Porque la Argentina, junto con Francia, Italia, México y Uruguay, es uno de los cinco países que a fines del siglo XIX fueron un modelo de la intervención estatal en la educación con la intención de formar al ciudadano.

El modelo es la famosa educación formal estatal positivista, derivada del Iluminismo, cuando los estados, con la intención de “educar al ciudadano” asumieron la función de educar en las ciencias y en las letras, no en lo religioso, para que el ciudadano pudiera ser ese ser humano maduro con que el Kant soñaba, y el verdadero protagonista de las repúblicas secularizadas. Las escuelas sarmientinas fueron eso. Muy comprensibles, como todas ellas, en la época.

La educación privada existente tenía que “adscribirse al sistema oficial”, de algún modo.

El sistema no funcionó, claro. Un hombre educado no votará nunca a un tirano, decía Sarmiento. Pero en 1945, la única provincia argentina donde Perón NO ganó, fue Corrientes, donde el índice de analfabetismo era MAYOR.

Algo, evidentemente, no funcionaba en ese ingenuo racionalismo pedagógico.

Pero ingenuo al fin. Finalmente, era un socratismo moral pasado por el Iluminismo del s. XVIII. La escuela pública enseñará a los niños ciencia, matemáticas, letras, y con eso serán buenos ciudadanos. No lo fueron. Pero el contenido era ingenuo. Des-ideologizado. Leer y escribir, algo de Literatura, algo de ciencias, algo de Historia argentina, no mucho más.

Una primera advertencia fue el fascismo de Perón. El famoso dictadorzuelo usó el sistema educativo estatal para imponer la santa doctrina peronista y Miguel Cané fue sustituido por la gran escritora Eva Perón y su obra clásica de Literatura, La razón de mi vida. Algunos, entonces, se dieron cuenta. ¡Uy! ¿El santo sistema sarmientino utilizado para eso? ¡Qué horror!

Luego, claro, todos creyeron por un tiempo que “the end” y los “buenos” libros de lectura volvieron a las aulas.

Pero nadie, en este país estatista, advirtió el problema: la educación pública deja las herramientas legales a libre disposición para que sean usadas coactivamente para lo que fuere.

Ayer fue Miguel Cané, luego Eva Perón, ahora la ideología del género y cómo masturbarte bien. No importa que mañana el libro de lectura sea Mises me mima. El asunto es el mismo: diversos funcionarios, con formas de pensar diferentes, unas más ingenuas, otras más ideológicas, otras más horrorosas, utilizarán siempre las herramientas legales del sistema para imponer coactivamente sus ideas.

En la Argentina, por ende, nunca hubo libertad de enseñanza. La que hubo, si se puede llamar así, fue un empate, un compromiso, logrado por muchos católicos, para que pueda haber colegios “no estatales”, adscriptos al sistema, y en ese sentido estatales, claro, donde se tenía que seguir todo el plan estatal “más” religión. Y de 1955 al 60 lograron que hubiera universidades privadas que, por supuesto, son vigiladas, hoy más que nunca, totalmente por el soviet estatal. Y para colmo protestaban porque no tenían subsidio….

Pero libertad de enseñanza, esto es, que los institutos privados tengan derecho, como corresponde, a sus propios planes y programas de estudio, ah no, eso es “de los liberales”, malos, sucios y feos. La gente buena no dice esas cosas.

Fue inútil, por ende, que nosotros, la gente mala, advirtiera siempre contra la bomba de tiempo, ineficiente en acto, corrupta moralmente en potencia, que es la educación estatal. AHORA algunos se dan cuenta. AHORA algunos (muy pocos), aquellos que pueden comprender que el delicado tema sexual debe ser tratado por los padres con sus hijos, AHORA, reaccionan. Pero, gente, ya es tarde. Si en Argentina se hubiera respetado siempre la libertad de enseñanza, el Lobby LGBT, totalitario de pura cepa, hubiera tenido más dificultades.  Macri y su gente, en esto (y en muchas otras cosas), siguen estando gravemente equivocados, pero la ley, gente, es del 2006, cuando todo estaban muy entretenidos en las demagogias estatistas variadas de Néstor Kirchner.

Tarde, gente, tarde. Igual que con el gasto público. Los liberales –que en la década del 50 eran sólo dos o tres, exactamente- siempre lo dijimos. Pero es inútil. Somos los malos.

Los buenos, los que quieren que el estado cumpla con el “derecho a la educación”, han triunfado. Antes fue el derecho a ser educado en ciencias. Luego, en La razón de mi vida. Ahora, en la ideología de género. Mañana, mejor no digo más, para no dar malas ideas.

Y no sólo es la Argentina. Es todo el mundo.

Mientras tanto, lo único que queda es desobedecer la ley, y aprender a escuchar a los feos, sucios y malos. 

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Sin límites para el absurdo

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 25/7/18 en: https://www.rionegro.com.ar/columnistas/sin-limites-para-el-absurdo-DD5454489

 

La civilización, tanto en sus orígenes como en la actualidad, depende de aquello que se conoce como las instituciones humanas. Precisamente, tales instituciones proveen del orden en el cual la cooperación permite a las personas desarrollar sus capacidades y perseguir aquellos fines que juzguen prioritarios.

Como lo entiende Hayek, la esencia del proceso social se basa estrictamente en la información o conocimiento “de carácter personal, práctico, subjetivo, disperso” que cada ser humano descubre en un devenir que no se detiene jamás.

En ese sentido, el esfuerzo, ingenio y sensibilidad innata del hombre para buscar y alcanzar nuevos fines constituye el leitmotiv del proceso, el cual, por propia naturaleza, ajusta y coordina los comportamientos contradictorios que en él se llevan a cabo. El proceso de ensayo y error que así resulta está guiado por las instituciones que moldean las formas en que la gente interactúa. Se da por descontado que los agentes tienen limitaciones cognitivas.

Frente a ello, por contraste, la utilización sistemática de la coacción por la vía de las políticas públicas se focaliza sobre las implicancias lógicas de la optimización, entendida como resultado y no simplemente como intención.

Se supone que los gobiernos establecen un gran programa abarcativo del conjunto de acciones óptimas de las personas, entre todas las alternativas posibles, en base a un conocimiento preciso de las consecuencias esperables de sus decisiones. El equilibrio se concibe no como un punto de atracción de un proceso, sino como un estado en el que los planes de alguna forma se han vuelto coherentes entre sí.

Todo ello ha llevado a que las instituciones sociales de varios países en el siglo veinte basaran sus economías en la idea de planificar una “justa” distribución; y algunos otros como el nuestro, Argentina, extendieron dichas prácticas a lo largo del siglo XXI.

Los resultados están a la vista. En los últimos 15 años, la participación del Estado en los niveles de gasto doméstico, como porcentaje del PBI (Producto Bruto Interno), pasó exactamente del 23 al 47% entre los años 2003 y 2018. En síntesis, más Estado y menos mercado: pobreza, marginalidad, indigencia.

Al mismo tiempo, otro importante indicador del proyecto Doing Business del Banco Mundial, 2017, muestra que Argentina se encuentra en el segundo lugar en cuanto a la más alta tasa tributaria total, con un porcentaje del 106 (solo por debajo de la Unión de las Comoras, un diminuto país insular, con población inferior al millón de habitantes, situado al oriente de África sobre el océano Índico), lo que evidencia la existencia de tasas confiscatorias y, lo que es peor, que dichos gravámenes resultan insuficientes para financiar el abultado exceso de gastos sobre los recursos impositivos.

Íntimamente ligado con el Estado Benefactor se encuentra el abuso del término social, que suprime substancialmente el significado del sustantivo al que se aplica. Es decir, social se atribuye a todo aquello que reduce o elimina las diferencias de rentas, pues, se presume que en orden a la “sensibilidad social”, “injusticia social”, “inestabilidad social”, etc., muchas personas jóvenes y sanas de distintas organizaciones sociales deben ser mantenidas, entre ellas organizaciones piqueteras. Como diría Armen Alchian, gobierno es socialismo por definición.

Bastará un ejemplo de candente actualidad para ilustrar el fenómeno.

El pasado sábado, 21 de julio, se reunió en Buenos Aires el G20, o Grupo de los 20, el principal foro internacional para la cooperación económica, financiera y política que aborda los grandes desafíos globales y busca generar soluciones. El organismo se compone de la Unión Europea y 19 países, entre ellos: Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica y Turquía. El conjunto de los miembros representa el 85% del producto bruto global, dos tercios de la población mundial y el 75% del comercio internacional.

El acontecimiento, ante los ojos del mundo, requirió de un despliegue de seguridad sin precedentes. La idea fue neutralizar las movilizaciones de varios centenares de personas, en las inmediaciones del encuentro de ministros de Finanzas del G20, en contra del acuerdo del país con el Fondo Monetario Internacional (FMI), al tiempo que reclamaban por un incremento en sus asignaciones.

No se trata de hacerse el distraído pues se sabe que nada es gratis, ni el montaje de extrema seguridad ni la asistencia de aquellos quienes, curiosamente, se alzaban contra quien venía a dar asistencia (circunstancial) a sus propios reclamos y a los ajetreados bolsillos del contribuyente. Enfáticamente se reclama más Estado y menos mercado, sin advertir que esa ecuación ya ha sido probada hasta el hartazgo. Ante tanto desconcierto es el momento de advertir incluso sobre los riesgos de lo que significa vivir en condiciones sin límites para el absurdo.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

La Argentina debe retomar la senda del liberalismo

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 30/7/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2157472-la-argentina-debe-retomar-la-senda-del-liberalismo

 

Se trata de crear una sociedad abierta, sin privilegios, en la que se produzca riqueza y los bienes se usen en forma eficiente

Se trata de crear una sociedad abierta, sin privilegios, en la que se produzca riqueza y los bienes se usen en forma eficiente

 

Al contrario de lo que desafortunadamente muchos sostienen, es de desear que nuestro país retome la senda del liberalismo iniciada por el padre de nuestra Constitución fundadora, Juan Bautista Alberdi. La aplicación de estas recetas nobles permitieron que la Argentina se ubicara entre las naciones más prósperas del planeta.

Desde la Constitución de 1853 hasta los golpes fascistas, primero del 30 y luego del 43, nuestros salarios e ingresos en términos reales de los peones rurales y de los obreros de la incipiente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España. Los inmigrantes a estas costas competían con los ámbitos atractivos estadounidenses. Las exportaciones se encontraban a la altura de las de Canadá y Australia. En el Centenario, miembros de la Academia de Francia comparaban los debates de esa entidad con los que tenían lugar en nuestro Parlamento dada la versación y elocuencia de sus integrantes.

Luego vino el derrumbe estatista, provocado por gastos públicos siderales, déficit fiscales monumentales, regulaciones asfixiantes, impuestos exorbitantes y deudas gubernamentales galopantes. Y las crisis se sucedieron sin solución de continuidad.

A pesar de este cuadro de situación lamentable hay quienes critican un liberalismo inexistente al que pretenden sustituir por el adefesio de un denominado “neoliberalismo” con el que ningún intelectual serio acepta identificarse. Bajo tamaña etiqueta fantasiosa, irrumpen en escena timoratos que aconsejan no prestar atención a las pocas voces liberales y machacan con la mediocridad del estatismo. El liberalismo es nada más y nada menos que el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros. Por su lado, todos formamos parte del mercado cuando en libertad llevamos a cabo nuestras transacciones diarias.

Veamos el tema medular de los derechos de propiedad. Lo primero es entender que la preservación de la vida es una condición indispensable para subsistir. Es una verdad de Perogrullo, es una tautología. Para alimentar y desarrollar la vida en plenitud se hace necesario proteger lo que cada cual produce y lo que recibe legítimamente, es decir, el uso y la disposición de lo propio.

Como no vivimos en Jauja y no hay de todo para todos todo el tiempo, se hace necesario, por una parte, respetar el derecho de propiedad para evitar invasiones y usurpaciones y, por otra, para que los usos y disposiciones sean los más eficientes posibles. Esto último es así en una sociedad abierta, por definición ausente de privilegios, puesto que cada uno para progresar y mejorar su estado patrimonial inexorablemente debe atender las necesidades de su prójimo. En este contexto el que acierta en las demandas de sus congéneres obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos.

El que vende naturalmente lo hará al precio más alto que pueda, no el que quiera puesto que si excede lo que resulta posible la demanda decaerá o será nula. Del mismo modo, el que percibe una retribución por su trabajo intentará que sea la mayor posible. Esto último depende exclusivamente del volumen de inversiones que, a su turno, proceden de ahorros internos y externos al país en cuestión y no de la voluntad de las partes contratantes. Y este proceso tiene lugar allí donde los marcos institucionales son confiables y predecibles, no donde el derecho se confunde con el pseudoderecho, a saber, la facultad de asaltar el fruto del trabajo ajeno.

Cuando se producen quejas respecto a tal o cual precio de tal o cual producto o servicio no se contemplan dos aspectos cruciales. En primer lugar, el respeto a la propiedad, lo cual significa que el titular puede sugerir el precio que le venga en gana de lo que le pertenece, lo cual, como queda dicho, no quiere decir que logre concretar una venta. De lo que se trata en este contexto es de subrayar la libre disposición de lo propio y no dejarse atropellar por manifestaciones de quienes simplemente se quejan pero que son incapaces de producir lo que estiman es caro.

El mismo razonamiento debe aplicarse a las relaciones laborales. Quienes se emplean en no pocas ocasiones suponen que el lugar de trabajo les pertenece y actúan con la pretensión de disponer de lo que es de otros como si fueran los dueños del lugar, en lo que fuera una relación contractual mutuamente beneficiosa. Esto revela una tergiversación de valores, lo cual perjudica especialmente a los más necesitados. Derroches y ataques a la propiedad generan daños a todos pero sobre los más débiles la carga es más contundente y recae con mayor fuerza debido a la sensibilidad y repercusión en las franjas de ingresos bajos.

Por otra parte, como se ha señalado reiteradamente, a medida que las intromisiones de los aparatos estatales se intensifican se van deteriorando y desfigurando las únicas señales que tiene el mercado para operar. Esas señales indican dónde es más atractivo invertir y dónde no conviene hacerlo. Al fin y al cabo los precios no son más que transacciones de derechos de propiedad. Si se elimina la propiedad como reclaman los marxistas se derrumba el sistema de señales. En este sentido, como he ejemplificado otras veces, no se sabe si conviene construir caminos con oro o con asfalto cuando desaparecen las referidas señales. Y sin llegar a ese extremo, cuando los gobiernos intervienen en el sistema de precios se va deteriorando y desdibujando la contabilidad, la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general.

En buena parte del llamado mundo libre, hoy observamos legislaciones que van a contracorriente de lo dicho y, por ende, ponen palos en las ruedas a la productividad y, consecuentemente, al progreso de las personas que se encuentran atrapadas en un laberinto infame. Es interesante detenerse a repasar conceptos vertidos por Alberdi, quien escribió en 1854, en Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853: “La propiedad sin el uso ilimitado es un derecho nominal […] El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el Estado en nombre de la utilidad pública”.

Por eso es que también James Madison, el padre de la Constitución estadounidense (en la que se inspiró Alberdi junto a la Constitución de Cádiz de 1812), ha consignado en 1792 en “Property” (compilado en James Madison: Writings): “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo […] Este ha sido el fin del gobierno, solo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo”. La misma Justicia es inseparable de la propiedad ya que como bien reza la definición clásica de Ulpiano se trata de “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite a la propiedad de cada cual.

Mientras sigamos con la cantinela de la redistribución de ingresos no progresaremos puesto que la distribución cotidiana que todos hacemos de modo pacífico en el supermercado y afines contradice las antedichas asignaciones políticas que se llevan a cabo coactivamente. Recordemos una vez más a Alberdi en la obra ya citada: “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.