DEL TERROR AL CAPITALISMO AL TERRORISMO:

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 3/8/14 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2014/08/del-terror-al-capitalismo-al-terrorismo.html

 

(Escrito en Agosto de 2005 para Eseade de Buenos Aires).

Ciertos últimos acontecimientos, que son de dominio pùblico, han mostrado otra vez, de modo cruel y lamentable, a la violencia como mensaje. La condena hacia ese tipo de metodología no se ha hecho esperar. Sin embargo, muchas de esas condenas comparten con los terroristas un peculiar terror: el terror al capitalismo, a la economía de mercado, a la sociedad libre y abierta, como el antiguo “horror al vacío” de la física antigua. Muchos, en efecto, condenan la violencia pero consideran que los terroristas se están defendiendo, de un mal modo, de algo que también es malo. Algo que según ellos implica más muertes que las bombas, muertes que son producto de la pobreza y el subdesarrollo. ¿Y quién es este peculiar asesino que mata por inanición? Según algunos, el capitalismo. Pero, ¿es así? Sencillamente, no. Una vez más, de modo incansable, hay que afirmar que no. Es todo lo contrario. Y hay que insistir con ello porque Marx ha triunfado como creencia cultural: el capitalismo es, según muchos, la causa de la pobreza. Pero es precisamente al revés. El aumento de los bienes de capital, en una economía de mercado, tiene como efecto el aumento de la demanda de trabajo, con el consiguiente aumento del salario real en términos relativos. Hay efectivamente, en el mundo, muchos focos indignantes de pobreza y de miseria, pero ello es debido a la falta de capital y no a su abundancia. Los que producen la pobreza son los Castro, los Chavez, y también, en no menor medida, el Fondo Monetario, el Banco Mundial, financistas internacionales del intervencionismo. Es también causa de la pobreza la ONU, con todos sus proyectos intervencionistas que aumentan las burocracias de los gobiernos, y todas las medidas intervencionistas de tipo monetario, fiscal, migratorias y redistributivas de los países supuestamentecapitalistas. No es el capitalismo la causa del subdesarrollo de los pueblos islámicos: es su falta de garantías institucionales a la propiedad y a la sociedad abierta, problema que no les afecta con exclusividad: casi toda Latinoamérica, con los mencionados “héroes” a la cabeza, padece del mismo subdesarrollo cultural y consiguientemente material.   Mientras se siga viendo al capitalismo como el asesino, y a los terroristas como una “mala reacción” contra una “real injusticia”, seguiremos, no sólo desenfocando el tema, sino además, produciendo más pobreza y fomentando la violencia a la cual le damos un “casi si”. El capitalismo no tiene nada que ver con los imperialismos, ni con bancos internacionales, ni con tratados internacionales, ni con nada que venga desde los gobiernos. No es el mercado el que ha planificado las relaciones de poder de ciertos gobiernos con los pueblos del Islam. El mercado no planifica, no invade, no coacciona, excepto que, claro, desde el marxismo, como situación cultural, se vea al libre comercio como una invasión. El mercado tiene que ver con el orden espontáneo de empresarios, comerciantes, vendedores y compradores que al encontrarse intercambian su cultura, produciendo con ello una auténtica convivencia entre razas, religiones y tradiciones. Ver a eso como “violencia” es producir más violencia.

 

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

El libre comercio

Por Gabriel Boragina: Publicado  el 10/9/13 en: http://www.accionhumana.com/

En economía es frecuente que –en las aulas y en los libros, revistas, conferencias, etc.- el comercio se “divida” en dos partes: nacional e internacional. Otras veces, los economistas también hablan de comercio interior y exterior como equivalentes a las anteriores expresiones. Estas clasificaciones, que quizás pudieran tener alguna utilidad didáctica a los fines puramente académicos, normalmente han dado a entender a muchos no iniciados en economía –e incluso aun a tantos otros si iniciados- que podría existir alguna diferencia esencial entre una y otra “clase” de comercio. Sin embargo, creer cosa semejante será un gravísimo error, yerro que lamentablemente resulta bastante generalizado.

Comentando un trabajo del Dr. A. Benegas Lynch (h), E. García Gaspar dice:

“El punto de partida del autor es hacer ver que no hay diferencias entre el comercio internacional y el comercio interno de un país cualquiera. La existencia de accidentes geográficos como ríos o fronteras no cambia la naturaleza del comercio. Este es un tema lleno de falacias que son ideas heredadas del mercantilismo del siglo 16 y que en la actualidad han sido calificadas de proteccionistas, pero mantienen esa misma y absurda idea de acumular dinero sin sentido, logrando sólo la reducción del nivel de vida de la población. Por principio de cuentas debe verse que el comercio internacional no se realiza entre Argentina y Francia, por ejemplo, sino entre un argentino y un francés. La posición geográfica de ambos no causa un cambio en la esencia de sus acciones de compra y venta y es igual a lo que dos franceses compran y venden entre sí, dentro de su país, o dos argentinos.”[1]

En efecto, el intercambio, en su naturaleza, es el mismo, se verifique en el lugar en que se verifique y medie la distancia física que medie, sin importar si se tratan de fronteras o de cualquier otra especie de aparente obstáculo. Y por sobre todas las cosas que, como bien recalca el Dr. Benegas Lynch (h), cualquier intercambio -es más, todo intercambio- siempre se lleva a cabo entre seres humanos, sin importar su nacionalidad ni ubicación.

Con todo, no es novedad que, desde tiempos inmemoriales, se han levantado todo tipo de barreras e impedimentos para obstruir tales transacciones, bajo la impronta de las teorías llamadas proteccionistas, y que dieran origen a célebres disputas que, a su turno, generaron el debate conocido como Proteccionismo Vs. Libre Comercio (o librecambio).

 

El abandono del libre comercio, del respeto a la ley y de la moneda sana en países como la Argentina, trajo consecuencias funestas:

“La negativa del Fondo Monetario Internacional de rescatar a la Argentina fue la aceptación de que era imprescindible encontrar un nuevo procedimiento para hacer frente a las crisis de deuda soberana, las cuales están íntimamente ligadas a las crisis bancarias y monetarias. Para contenerlas y prevenirlas se requiere que los gobiernos sigan políticas transparentes pro mercado que no puedan ser anuladas con facilidad. Es necesario que haya un compromiso a largo plazo con el libre comercio, el imperio de la ley y la moneda sana: de no ser así, los inversores globales llevarán sus capitales a otra parte. Al no pagar su deuda y devaluar su moneda, el gobierno argentino destruyó la confianza que había establecido y aumentó los costos de atraer futuros fondos de inversión.”[2]

 

Por supuesto, como indica el autor anteriormente citado, el libre comercio es condición necesaria pero no suficiente para asegurar el progreso y disminuir la pobreza en cualquier país del mundo, y -con más razón- en los subdesarrollados como es la Argentina. La fórmula infalible para atraer inversiones consiste en contar con un marco legal que garantice el irrestricto respeto de los contratos y de la palabra empeñada mediante ellos, lo que, a su turno, requiere de instituciones jurídicas sólidas que protejan y respalden los derechos de propiedad de todos y cada uno de los habitantes del país.

Por otra parte, resulta otra verdad evidente que: “…el libre comercio es el motor clave, tanto del crecimiento económico como de la estabilidad.”[3]

La supremacía del libre comercio por sobre el proteccionismo ha sido evidenciada por muchos autores, sobre todo por sus efectos benéficos para aliviar e incluso reducir la pobreza a niveles mínimos:

“La verdad evidente es que el liberalismo clásico, bajo el cual floreció el libre comercio, ha sido la estrategia económica más exitosa en la historia mundial. Puso fin a las hambrunas europeas en el siglo XIX, que hasta ese momento eran consideradas el destino inevitable de la humanidad. Tendemos a olvidar que, por ejemplo, durante el siglo XVIII en Francia hubo nueve hambrunas que mataron a más del 5 por ciento de la población. Cuando vemos hambrunas en la actualidad, sólo las encontramos en dictaduras que no son capitalistas, ni liberales, ni de libre mercado, como Corea del Norte. La era del libre comercio en el siglo XIX hizo posible la riqueza para todos por primera vez en la historia humana. Que el libre mercado sea fuente de riqueza es una verdad incuestionable hoy en día. La evidencia empírica lo confirma.”[4]

El libre comercio es vital a los pueblos para su felicidad.


[1] Eduardo García Gaspar en Ideas en Economía, Política, Cultura-Parte I: Economía. Contrapeso. Info 2007, pág. 51. (Comentario al trabajo de Alberto Benegas Lynch (h), “Relaciones Internacionales”, en el libro Lecturas de Economía Política. Volumen II, Unión Editorial, Madrid, 1987, ISBN 84-7209-198-8, editado por Jesús Huerta de Soto, pp 9 – 20.)

[2] James A. Dorn. Crisis financieras internacionales.- ¿Qué rol le corresponde al gobierno?- Introducción. Pág. 11 y 12- Daniel Artana y James A. Dorn (Compiladores). Cato Institute y Fundación de investigaciones Económicas Latinoamericana. (FIEL)

[3] John B. Taylor “Aumentar el crecimiento económico y la estabilidad en los mercados emergentes”. Capítulo 13,  pág. 164. En Daniel Artana y James A. Dorn (Compiladores). Crisis financieras internacionales. ¿Qué rol le corresponde al gobierno?-. Cato Institute y Fundación de investigaciones Económicas Latinoamericana. (FIEL)

[4] Otto Graf Lambsdorff “Libertad: El Mejor Remedio contra la Pobreza”. Fundación Friedrich Naumann (FFN)

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. 

LA INMISERICORDE CRUELDAD DE LAS FRONTERAS NACIONALES

Por Gabriel J. Zanott. Publicado el 3/2/13 en http://www.gzanotti.blogspot.com.ar/

INSISTAMOS:

 “… la crisis internacional del 2008 ha implicado en los EEUU una casi estatización masiva del mercado de capitales, cuando es la propia Reserva Federal la que causó y causa las crisis (1), y han recrudecido en Latinoamérica, antes y después de la crisis, los llamados socialismos del s. XXI. Ante estas circunstancias, no sólo basta recordar la necesidad de las inversiones para la disminución de la pobreza, sino también las condiciones de libertad de entrada al mercado, sobre todo en un mundo supuestamente globalizado pero sin embargo cerrado. Hablamos de solidaridad internacional focalizando nuestra atención en organismos tales como Fondo Monetario y Banco Mundial, pero dichos organismos, al trabajar directamente con los gobiernos, son parte del problema. La cuestión es la libre entrada de personas y de capitales. Ello sí se corresponde coherentemente –aunque no decimos sea la única solución- con la sensibilidad cristiana al emigrante, al refugiado, a los terribles sufrimientos de millones y millones de personas que huyen desplazados por espantosas guerras, genocidios y condiciones infrahumanas de vida. La atención de esas personas, ¿no tiene que ver con la caridad social? Entonces hagamos propuestas posibles y realistas. No parece realista que proclamemos nuestra caridad para con el inmigrante y al mismo tiempo cerremos nuestras fronteras. Pero la libre entrada y salida de capitales y de personas no es una autoinmolación de la propia región. El libre comercio internacional no es un juego de suma cero o negativo, es un sistema donde cada persona, aportando libremente su trabajo al mercado, en igualdad ante la ley y sin los privilegios del estado asistencial, aumenta el nivel de vida de todos, porque toda acción en el mercado, en esas condiciones, es una inversión. Vengo de un país que es prácticamente un desierto de aproximadamente unos 3.700.000 km cuadrados. ¿No sería un acto de verdadera caridad que millones de seres sufrientes encuentren refugio en esa tierra? Pero no, permanece cerrada incluso para sus propios habitantes, porque la opinión pública de gobernantes y gobernados cree que la economía es como una torta fija de recursos que si aumenta para uno disminuye para otro. Pero ello no es así en un mercado abierto a la creatividad de las inversiones en igualdad ante la ley. Por ende, una magnífica oportunidad de conjugar la caridad con la escasez, el don con el mercado, sería decir: vengan, esta es su tierra con sólo pisarla y trabajar, sin privilegios, sin subsidios, en igualdad de condiciones con los demás. ¿No resuena en nuestros oídos que “…no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” [2]? Pues bien, ¿no sería una traslación, aunque opinable, de ese espíritu a nuestro orden social, abrir las fronteras en un libre mercado? Hago estas preguntas porque si hablamos de caridad, y la queremos aplicar al orden social, los laicos debemos ser críticos de las estructuras existentes y valientes en nuestras propuestas concretas, aunque conscientes, por supuesto, que nada de lo que propongamos se deriva directamente del depositum fidei. Pero sí, de nuestra sensibilidad cristiana. Millones y millones de seres humanos luchan por sobrevivir en condiciones infrahumanas en regiones destruidas por guerras y autoritarismos de diversas especies. Sabemos de ello pero parece que nada podemos hacer, excepto recurrir a complicados esquemas de ayuda internacional a través de organismos estatistas como los nombrados que parecen eximirnos de nuestra responsabilidad personal para caer en nuevas formas de racionalidad instrumental, mientras se siguen fomentando las ideas de estado-nación y odio al extranjero. Pero no, ya no debe haber extranjero. La mirada al otro en tanto otro, la mirada al otro desde el buen samaritano, implica que el otro es ante todo un ser humano que requiere nuestra mirada de igual a igual. “Para el cristiano –dice Edith Stein- no hay personas extrañas”(3). Pues bien, aunque la intensidad de la caridad de esas palabras no se pueda plasmar en las limitaciones de la ley humana(4), al menos sí podemos hacer que esta última borre las diferencias de fronteras y borre también las nuevas marginaciones y esclavitudes que producen un papel con el sello de “extranjero” colocado por la racionalidad instrumental de los estados-nación.”

(1) Ver la teoría austríaca del ciclo económico, fundamentalmente en Mises, L. von: The Theory of Money and Credit (1912), Liberty Fund, 1981, y La Acción Humana, (1949), Sopec, Madrid, 1968, caps. XX y XXXI.

(2) Ga 3, 28.
(3) Citado por Theresa a Matre Dei en su libro Edith Stein, En busca de Dios, Verbo Divino, Pamplona, 1994, p. 224.
(4) Nos referimos a estas palabras de Santo Tomás: “. . . la ley humana se establece para una multitud de hombres, en la cual la mayor parte no son hombres perfectos en la virtud. Y  así, la ley humana no prohíbe todos los vicios, de los que se abstiene un hombre virtuoso; sino sólo se prohíben los más graves, de los cuales es más posible abstenerse a la mayor parte de los hombres, especialmente aquellas cosas que son  para el  perjuicio de los demás, sin cuya prohibición la sociedad no se podría conservar como son los homicidios, hurtos, y otros vicios semejantes” (I-II, Q. 96, a. 2).

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.