La guerra comercial desaceleró el crecimiento del mundo

Por Emilio Cárdenas. Publicado el /10/19 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/columnistas/la-guerra-comercial-desacelero-crecimiento-del-mundo-nid2300068

 

El Fondo Monetario Internacional acaba de advertir a sus Estados Miembros que el crecimiento económico del mundo será este año el menor desde la crisis financiera del 2008/9. Al hacerlo, calificó a la situación económica del mundo de “precaria”, lo que atribuyó sustancialmente a que la “guerra comercial” entre los EE.UU. y China ha afectado la confianza de los inversores en todo el mundo, destacando que los flujos comerciales internacionales están hoy estancados y que los bancos centrales hacen esfuerzos para estimular el crecimiento en sus respectivas economías.

Al formular ese pronóstico, bastante negativo, solicitó a las dos naciones que están enfrentadas en la mencionada “guerra comercial” que cesen sus hostilidades, de modo de restablecer la confianza en sus actores económicos.

Para el FMI la economía del mundo crecerá tan sólo el 3% este año. Esto es un 0,3% menos que lo que se preveía hace tan sólo seis meses.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Fue profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

El ideal de soberanía y nuestra relación con el mundo.

Por Guillermo Luis Covernton. Publicado el 7/10/19 en: https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_exportar_n__171

 

La concepción del ámbito de autonomía de los gobernantes actúa como un lastre que impide el crecimiento y afecta fuertemente nuestra credibilidad como nación moderna.

 

La historia de la Argentina es muy rica en términos de su lucha por la libertad y por sus intentos de establecer un sistema jurídico que le permita expresar la autonomía de la voluntad de sus ciudadanos.

Pero si bien, en este primer aspecto, en su lucha por la libertad, ha podido exhibir éxitos notables y ha conquistado un lugar merecido en el consenso de las naciones, no se puede decir lo mismo de su accionar político e institucional, tendiente a establecer bases sólidas para que la autonomía de la voluntad de sus ciudadanos y sus intereses últimos se expresen y puedan ser defendidos eficazmente. En estos momento de gran virulencia electoralista es muy frecuente ver que la discusión cotidiana se enfoca en lo que debería hacer el presidente Macri. Para luego pasar a intentar delimitar lo que podría hacer el gobernante actual. Y para, luego, pasar a discutir qué es lo que apenas lograría cambiar un eventual gobierno alternativo de los candidatos Fernandez – Fernandez.

Y el problema sobre el que queremos reflexionar es que no parece que se alcance a ver que lo que está en juego no es el ejercicio de la autonomía de la voluntad de un gobernante, o de un equipo de gobierno alternativo. Sino que, en esencia lo que estamos discutiendo es la posibilidad de poder asumir un lugar en el consenso de las naciones que nos convierta en un país previsible, con objetivos claros, con políticas de largo plazo, creíbles, posibles y en las cuales exista un compromiso de sustentabilidad en el tiempo.

La concepción de Sarmiento de que la soberanía, lejos de residir en el gobernante, debe residir en el ciudadano, nos hace reflexionar sobre la necesidad de un accionar político en el que sean nuestros conciudadanos los que construyan, determinen y diseñen, con su accionar cívico, las líneas de política a implementar desde el gobierno. [i]

Debemos abandonar cuanto antes esta idea tan generalizada y mesiánica de que el camino para salir del pantano en que se encuentra hoy la Argentina, va a ser delineado por la mente preclara de un líder con capacidad innata de estadista, que tomará todas las decisiones acertadas que sean necesarias. Mientras el resto de los gobernados lo mira perplejo desde una tribuna. Especialmente, porque no estamos buscando líderes nuevos y que surgen de un consenso, entre quienes no han tenido actuación política en los últimos años. Sino que se pretende intentar alternativas diferentes, con los mismos protagonistas.

Pero, además, porque esto es una quimera. Un capricho adolescente. Una falta total de realismo político. Porque el problema no es Macri. Ni son Fernández y Fernández. Ni lo es el Fondo Monetario Internacional. Ni la política expansiva de China en Sudamérica. El problema es que, para que un gobernante pueda tomar las decisiones que las distintas facciones en pugna pretenden que asuma, haría falta renunciar a nuestras instituciones democráticas, a nuestros principios individuales y dinamitar todos los derechos individuales consagrados por nuestra carta magna. Lo cual es un inaceptable salto al vacío.

El único camino verdadero es sencillamente, resignarnos a aceptar que deberemos convertirnos en un país normal. En donde los contratos se respeten, la propiedad sea inviolable, las confiscaciones estén al margen del derecho argentino y la más absoluta libertad de comercio, asociación e inversión sea el verdadero motor del crecimiento.

El problema no es el precio del dólar. Claramente, no es mantener un tipo de cambio estable. Ni el alto nivel de las tasas de interés. Ni las “dificultades” que plantean las autoridades económicas para mantener los flujos de comercio exterior. Ni la escasez de capital para desarrollar las espectaculares posibilidades de crecimiento que tienen nuestras exportaciones.

El problema es que los desequilibrios que impone a la actividad privada la irresponsabilidad fiscal de los sucesivos gobiernos, desde los últimos 80 años, como mínimo, derivan en una emisión desmesurada de dinero, en primera instancia y luego de deuda pública, al agotarse esta primera posibilidad. Esto devalúa nuestra moneda y confisca los ahorros del público. Dispara a niveles exorbitantes las tasas de interés. Absorbe en su totalidad la masa de fondos prestables, que al ir a financiar al estado asfixia a la actividad privada. Que pierde competitividad internacional al no poder bajar costos al ritmo de los países competidores, ya que no iguala las tasas de inversión, ni mucho menos las tasas de capitalización para tener eficiencia productiva y economías de escala. Esto impide que la producción de bienes y servicios crezca como el crecimiento vegetativo de nuestra población lo requiere. Y una baja productividad deriva en salarios reales estancados desde hacen décadas. Asimismo, tasas de interés deliberadamente intervenidas por el gobierno, que más que reflejar la preferencia temporal de los ahorristas, apenas intentan anticipar expectativas inflacionarias, hacen imposible el cálculo económico de calidad que permitiría diseñar e implementar proyectos de inversión complejos, que demandan mucho tiempo, pero que son precisamente los que incrementan la productividad y las economías de escala.

Todas estas calamidades nos impiden comprometernos en políticas de crecimiento sostenido de nuestras exportaciones, que nos permitirían desarrollar los mercados externos que resultan imprescindibles para explotar nuestras ventajas competitivas.

Lejos de eso, la inestabilidad de nuestros flujos de comercio exterior hace imposible mantener un mercado cambiario que refleje las tendencias del comercio con el mundo y que, al mantenerse estable, nos permita encarar las necesarias inversiones que movilicen el crecimiento.

Gobiernos acorralados, que pretendan solucionar estos problemas, que como hemos descripto son estructurales, mediante controles cambiarios, reglamentación que traben nuestra vinculación comercial con el mundo y asimismo pretendan seguir manteniendo ficticiamente la cotización de una moneda doméstica devaluada, solo aceleraran el camino de la decadencia.

Y como hemos descripto al inicio, se llevarán por delante a todo nuestro sistema institucional, violentando las garantías constitucionales, lo cual alterará el funcionamiento de las instituciones republicanas y solo puede mantenerse sin solucionar los problemas de fondo, si se llega al apocalipsis de derribar el sistema democrático, como ya hemos visto que se ha hecho en otros países de la región. Sumiendo a los ciudadanos en una larga noche, atados al yugo de la tiranía.

Por todo esto, urge que los dirigentes asuman una realidad que no implica aceptar una pérdida de la soberanía. Sino, por el contrario, reconocer  que no son más que meros administradores de las decisiones y de la voluntad de los ciudadanos. Que son los verdaderos soberanos. Y que, en el ejercicio de esos actos de administración, deben velar por las instituciones y por el mantenimiento de las reglas de juego que hacen a la convivencia civilizada, en las naciones modernas y libres.

 

[i] DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811–1888)  Por Héctor Félix Bravo. Recuperado el 26/9/19 de http://www.ibe.unesco.org/sites/default/files/sarmientos.PDF

 

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad. Fue Profesor Titular de Proceso Económico en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, (UFM). Fue secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Fue director académico de la Fundación Bases. Es empresario y consultor.  Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

El mito de la “Restricción Externa”

Por Iván Carrino. Publicado el 25/7/19 en: https://www.ivancarrino.com/el-mito-de-la-restriccion-externa/

 

El problema histórico de Argentina no es la falta de dólares, sino sus gobiernos adictos al gasto y la demagogia.

En junio del año pasado se firmó el primer acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, que facilitaba al gobierno argentino USD 50.000 millones para hacer frente a los pagos de deuda.

En aquel momento, fuimos invitados con Delfina Rossi a analizar las causas y las consecuencias probables de dicha decisión.

Si uno mira el video del intercambio, mi punto fue el siguiente: Argentina tiene un problema que es el déficit fiscal del gobierno. Ese déficit se financiaba con deuda y, dado que la confianza de los inversores se perdió, la posibilidad de financiamiento se redujo marcadamente, desencadenando una crisis que llevó al gobierno al FMI.

A mi argumento, la economista del “Frente de Todes” respondió que el problema de fondo de Argentina no era el déficit fiscal, sino “del frente externo”. Es decir, que el problema es la “falta de dólares” o la famosa “restricción externa”.

Citando textualmente:

El financiamiento para el gobierno se soluciona emitiendo pesos. Porque los docentes y los empleados públicos cobran pesos, no cobran dólares. Necesitamos los dólares porque hay deuda en dólares, porque tenemos un déficit energético y porque financiamos un déficit en la balanza de cuenta corriente que se triplicó en los últimos tres años. De ahí es de donde viene la deuda, no para pagarles a los docentes.

A continuación, clarificamos un poco el argumento e intentamos explicar sus falencias fundamentales.

La Restricción Externa

Quien aclaró más el tema de la falta de dólares fue recientemente el periodista de Página 12 Claudio Scaletta, en una nota que abordaba el papelón de Kicillof en Polémica en el Bar.

Es que lo que ocurrió ahí fue la consecuencia natural de escuchar este tipo de ideas. En definitiva, si como dice Delfina Rossi, el gasto del gobierno en pesos puede financiarse con emisión monetaria: ¿para qué tomarse la molestia de cobrar impuestos? Emitamos todo y listo.

Scaletta responde a eso diciendo que la creación de dinero por parte del estado “aumenta la demanda y la producción”, pero que se enfrenta con una restricción cuando el aumento de la demanda es para bienes “que no se producen internamente”. Es decir, que “el aumento de la demanda expande la producción hasta que aparece la restricción externa”

En la misma línea argumenta Alfredo Zaiat, otro pope del diario izquierdista. Zaiat sostiene que la restricción externa, entendida como la falta de disponibilidad de divisas, fue clave histórica de Argentina, ya que marcó siempre sus ciclos de auge y recesión.

Según se puede desprender de lo expuesto por Zaiat, esos ciclos tienen al menos tres fases: la primera, una gran expansión de la producción. La segunda, un déficit de la balanza comercial por aumento de las importaciones, necesarias para seguir produciendo. La tercera, una crisis generada por la devaluación de la moneda (señal de restricción externa).

Refutación empírica

Enfrentados a este planteo, queda al menos una duda grande por responder: ¿cómo hacen otros países para tener déficits comerciales por años y décadas y no por ello caer en crisis periódicas?

Si se miran los datos de la cuenta corriente en Estados Unidos y Australia, podemos ver que por décadas han tenido déficit sin que ello les impidiera crecer, devaluara sus monedas o destruyera sus salarios reales.

Como se observa en el gráfico, si bien los resultados externos de Estados Unidos y Australia han sido relativamente volátiles, es de destacar que casi siempre han mostrado signos negativos.

Es decir, Estados Unidos y Australia siempre están endeudándose con el exterior, pero sin mayores “restricciones externas”. O sea, para estos países parecería siempre haber financiamiento disponible. Y es aquí donde el asunto queda expuesto como un gran mito.

Es que si uno se deja llevar por el argumento tal como se expone, parece que los países crecen de manera virtuosa hasta que “el frente externo” (es decir, los acreedores internacionales) se encapricha y decide dejar de financiar, condenándolos a un ajuste inevitable del consumo y la producción.

La realidad, sin embargo, no es esta.

Crecimiento sostenible vs. Insostenible

Como los datos de arriba permiten intuir, hay que diferenciar entre un crecimiento sostenible y uno insostenible.

En Australia y Estados Unidos, los capitales del mundo se desesperan por ingresar y financiar el consumo y la producción. Dado que son dos países que tienen seguridad jurídica, baja inflación y orden fiscal, la expectativa es que el crecimiento económico sea el necesario para que las deudas se paguen.

Pero distinto es cuando las necesidades de financiamiento son principalmente del gobierno. Es que aquí encontramos dos casos de crecimiento que son absolutamente insostenibles y que necesariamente llevan a que “escaseen los dólares”.

El primero es de la financiación monetaria del déficit fiscal. Si el gobierno quiere estimular la producción emitiendo carradas de dinero, tal como explicó David Hume en 1749, la abundancia de moneda hará que los precios locales suban en relación con los internacionales, generando una fuerte necesidad de importar y un fuerte desincentivo a la exportación.

Este proceso tiene un final inevitable. O bien llega un momento en que no hay más reservas, o bien la moneda se deprecia fuertemente, restableciendo el equilibrio. En ambos casos hay una crisis, pero no por “restricción externa”, sino por la irresponsabilidad monetaria del gobierno.

La segunda posibilidad es que el gobierno financie su déficit con endeudamiento externo. Si hace eso todo marchará bien en la medida que los acreedores tengan confianza en su capacidad de pago. Ahora como el estado generalmente gasta con baja productividad, si todo el financiamiento externo va a sus erogaciones, es probable que en algún momento las dudas empiecen a aparecer.

Cuando eso ocurre, de nuevo surgirá una crisis externa, pero no por “capricho” de los inversores o volatilidades propias del esquema, sino porque el gobierno nuevamente se comportó de manera irresponsable.

Para concluir, la restricción externa es un mito. Todo en economía es escaso, y por eso hay un precio para pagar por él. Los dólares también lo son, pero en la medida que el gobierno permita al sector privado crecer sin inflación, déficit fiscal e inseguridad jurídica, siempre habrá divisas para financiar el crecimiento.

El problema histórico de Argentina no es la falta de dólares, sino la sistemática irresponsabilidad de gobiernos adictos al gasto público y la demagogia.

PD: Si te interesa este tema, te recomiendo que veas este buen videodebate entre los economistas Martín Kalos y Federico González Rouco.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

¿Se recuperará la actividad económica en lo que resta de 2019?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 7/3/19 en:  https://puntodevistaeconomico.files.wordpress.com/2019/03/informe-no-001-actividad-econc3b3mica-2019-01-.pdf

 

Responder a la pregunta del título de esta nota nos obliga a repasar la dinámica de la actividad económica argentina, por lo menos desde 2011, cuando la economía empezó a expandirse en años impares y a contraerse en años pares de acuerdo al ciclo político.
Gráfico No. 1: Estancamiento económico


Fuente: Elaboración propia con datos de INDEC y Consultora de Orlando Ferreres.

Al respecto, el gráfico No. 1 muestra tanto en el Estimador Mensual de Actividad Económica que mide el INDEC, como en el Indicador General de Actividad que mide la consultora privada de Orlando Ferreres el estancamiento de este período que comprende el último gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y también al gobierno de Cambiemos.
La actividad de 2018 no pudo romper con esa dinámica, y si lo hace en 2019 será para mostrar dos años consecutivos de actividad negativa.
Por otro lado, la pregunta en cuestión, debe llevarnos a analizar primeramente los fundamentos de la dinámica de cada uno de los cuatro trimestres de 2018, pues podríamos experimentar en 2019, una dinámica exactamente opuesta a aquella.
La recesión de 2018

La actividad económica en 2018 cayó un 2,6 %, pero su composición puede resumirse en cuatro trimestres caracterizados por fundamentos bien diferenciados: arrastre en el trimestre I; sequía en el trimestre II; crisis cambiaria en el trimestre III; contracción monetaria en el trimestre IV.
Profundicemos un poco.
Luego de un 2017 donde la economía se recuperó con una suba del 2,9 %, el primer trimestre de 2018 experimentó un arrastre que se sintetizó en un crecimiento del 3,9 %. Nótese que el PIB de marzo 2018 es el pico de ingresos de una larga serie, si bien numerosos analistas daban cuenta de numerosos desequilibrios a los que había que atender. Mientras los  ortodoxos
señalaban la imperiosa necesidad de atender esos desequilibrios en forma urgente, el gobierno prefirió buscar una solución gradual, la que por supuesto, tenía sus riesgos.
Gráfico No. 2: Cuatro trimestres bien diferenciados en el EMAE 2018

En el segundo trimestre, de hecho, sobrevinieron esos riesgos. La sequía impactó negativamente sobre la actividad y la recaudación fiscal; la suba de tasas de parte de la Reserva Federal encareció el crédito que Argentina necesitó justamente para cubrir sus necesidades financieras agravadas por la sequía; y el gobierno decidió ir a buscar al Fondo Monetario Internacional las divisas que precisamente se vio imposibilitado de obtener por las cosechas, además de encarecidas por las tasas. En este contexto, el nuevo impuesto a la renta financiera hizo el resto.
En el tercer trimestre se sumó al escenario de la política económica este jugador de peso, el Fondo Monetario Internacional. En ese momento Argentina experimentaba un déficit en cuenta corriente récord. El FMI le dijo al gobierno que podía asistirlo, pero que no era una buena idea
prestar divisas a un país que las gastaba en turismo en Miami, Brasil y Uruguay, y que usaba a Chile como un shopping. Es que la cotización del dólar estaba demasiado baja. Sugirió que el gobierno deje de intervenir en el mercado cambiario, y tras un primer salto, en un país con el historial inflacionario que tiene la Argentina, la demanda por activos en pesos se contrajo, las Lebacs dejaron de renovarse, la demanda por el dólar explotó y el tipo de cambio saltó por encima de los $40. El resto es conocido. Devaluación, pass-through, inflación, baja en el salario real, menor consumo, menos actividad, recesión. Las Leliqs son un problema presente y futuro, pero fue el instrumento que la autoridad monetaria encontró para evitar problemas mayores, como una hiperinflación.
La crisis cambiaria llevó a una lógica renuncia al Presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger. Lo sustituyó Guido Sandleris, una persona que cambió la política monetaria y que permitirá en 2019 mostrar un descenso en la tasa de inflación, pero a costa de profundizar la recesión.
Precisamente el trimestre IV tiene como principal fundamento esta contracción monetaria, sumada a los efectos de la crisis cambiaria que continuarán, al menos, hasta el primer trimestre de 2019. Sandleris se propuso, en acuerdo con las recomendaciones del FMI, mantener
constante la base monetaria desde octubre 2018 hasta junio de 2019.

Gráfico No. 3: Base monetaria


Fuente: Banco Central de la República Argentina

Esta medida logró bajar la inflación mensual del 6,5 % en septiembre al 5,4 % en octubre, 3,2 % en noviembre, 2,8 % en diciembre y 2,9 % en enero. Habrá sobresaltos, porque el pass-through de la devaluación aun no se completó, y porque los tarifazos juegan un rol en la inflación de
algún mes puntual, pero la tendencia será a una baja en la inflación mensual hacia el 2 % mensual en el último trimestre del año. La contrapartida, sin embargo, y como ya se dijo, es una menor actividad, porque discontinuar la política monetaria expansiva también corta una cadena de pagos, que sólo puede contraer el consumo y las ventas minoristas.
La actividad económica en 2019
El 2019 debería mostrar una dinámica exactamente opuesta a la observada en 2018. Un trimestre I de arrastre con mayor recesión producto de la devaluación y la contracción monetaria; un trimestre II de mejores cosechas, donde el motor del campo permite recuperar algo de
actividad; un trimestre III donde ya la economía rebota tras la crisis cambiaria de un año atrás; y un trimestre IV que estará signado por el escenario electoral. Profundicemos.
El primer trimestre 2019 muestra las consecuencias del cambio de política monetaria comentado más arriba. Las tasas de actividad interanual, es decir comparadas con un año atrás, serán negativas en los tres datos mensuales, pues se compararán con el mejor trimestre del período bajo estudio. En este primer trimestre pienso que Argentina tocará fondo, tras lo cual empezaría
una suave recuperación.
El EMAE de enero aun no está disponible, pero el IGA ya fue publicado y muestra tres aspectos a destacar: 1) la caída en la actividad continúa con una baja del 5,9 %; 2) el indicador desestacionalizado ofrece, sin embargo, una suba del 0,2 % frente al mes anterior, lo que podría anticipar que se ha tocado fondo y que inicia una recuperación; 3) que el sector que liderará esa
recuperación es el campo, observándose una expansión en enero del 7,6 % frente a igual mes del año anterior.
Gráfico No. 4: Indice General de Actividad – Enero 2019

El segundo trimestre tiene como actor principal al campo. Una vez más. Las lluvias garantizan una buena cosecha que servirá de motor para empujar la demanda y mostrar mayor actividad.
En estos tres meses habrá un punto de inflexión donde por primera vez se observe un dato interanual positivo. No será necesariamente en abril, pero sí llegaría en mayo o junio 2019.
Es en el tercer trimestre donde iniciará el rebote de la devaluación de un año atrás, siendo requisito un dólar estable y tasas de inflación mensuales en baja, producto de una política monetaria consistente. El consumo debería empezar a recuperarse, lo mismo que las ventas minoristas, y a partir de allí la confianza del mercado en la economía argentina.
Riesgos que atentan contra este escenario optimista. Claro que la política también juega. El 2019 tiene elementos locales y externos, económicos y
políticos, que son impredecibles y que pueden atentar contra este escenario.
Quizás el mayor riesgo es que algún shock impacte en la cotización del dólar, y una vez que este pegue un primer salto, los argentinos ya no renueven sus plazos fijos, y entonces los bancos ya no podrán renovar las Leliqs, debiendo la autoridad monetaria monetizarlas, con su consecuente
crisis cambiaria e inflación, impactando lógicamente en la actividad y el empleo. Pero este escenario es poco probable, porque la autoridad monetaria parece tener entendimiento y herramientas para controlar la situación.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), de hecho, está proyectando en su informe de enero una baja en la inflación en 2019, 2020 y 2021, además de tasas de crecimiento en la actividad positivas para 2020 y 2021.
Gráfico No. 5: Expectativas de inflación para diciembre de cada año – IPC

Gráfico No. 6: Expectativas de crecimiento anual del PIB

En otros términos, si bien las metas fueron corregidas, el mercado aun confía que el gobierno electo este año, sea oficialismo u oposición “racional”, podrá ganar gradualmente la lucha contra la inflación, y recuperar la actividad.
El término “racional” se ha utilizado en los últimos meses y en forma deliberada para distinguir al justicialismo kirchnerista de otras opciones más pro-mercado. Resulta para el mercado un elemento de riesgo el posible retorno del kirchnerismo que impactaría negativamente en las
expectativas del mercado. Si las encuestas muestran un resultado electoral que deje a Cristina Fernández de Kirchner cerca de un tercer mandato, las dudas sobre su política económica y un posible default o renegociación de la deuda podría golpear al mercado y adelantar una crisis económica e institucional. Este, de hecho, es quizás un elemento de riesgo real que imprime volatilidad a los mercados, considerando que las encuestas parecen mostrar a Cristina Fernández de Kirchner en un ballotage contra el oficialismo con resultado incierto.
En el mismo frente político, que otro candidato mejore en las encuestas, como el ex Ministro Roberto Lavagna en el marco de un liderazgo de lo que hoy se denomina un justicialismo racional, podría ser bien recibido por el mercado, en la medida que su política económica no parece a grandes rasgos muy diferente de la actual.
En el frente local puede haber, por supuesto, otros elementos de riesgo como una mala cosecha, pero hasta el momento no se observan riesgos reales que el mercado deba descontar.
En el frente externo, un elemento de riesgo es una suba de tasas en Estados Unidos que también podría reducir la liquidez global y encarecer el costo de financiamiento que el gobierno argentino está tomando como transición hacia el ordenamiento de sus cuentas públicas. Pero este escenario también parece poco probable en la medida que el gobierno americano ha manifestado ciertos riesgos de recesión y la autoridad monetaria decidió suspender las subas  de tasas de interés en el corto plazo. Algunos analistas incluso se animan a proyectar un cambio de política hacia una corrección hacia abajo de las tasas de interés, que podría mejorar las condiciones macroeconómicas hacia nuestra región.
Por el lado de Brasil, la elección de Jair Bolsonaro como Presidente, y algunas de las reformas que ya propuso, generaron buenas expectativas en el mercado, lo que incrementa un potencial interés de inversores en el Mercosur.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Es director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.

¿Para qué sirven los economistas?

Por Iván Carrino. Publicado el 26/1/18 en: https://www.ivancarrino.com/para-que-sirven-los-economistas/

 

Los errores de estimación no anulan la tarea de los profesionales.

Corría el mes de noviembre de 2008, cuando nada menos que la Reina Isabel II, de Inglaterra, visitó la prestigiosa London School of Economics.

Dos meses atrás, Lehman Brothers había declarado la bancarrota. La crisis subprime en Estados Unidos ya era un hecho y contagiaba a los mercados financieros y la economía real de todo el planeta.

Luego de escuchar la exposición del español Luis Garicano sobre los motivos del colapso, la Reina preguntó:

Si los economistas son tan inteligentes, ¿por qué ninguno previó lo que iba a suceder?

Casualmente, hoy por nuestras tierras surge una pregunta similar, que de un lado como del otro se usa para hacer indistintamente política o marketing.

Pronósticos fallidos

Si miramos las proyecciones de consenso de los economistas para la inflación en Argentina, observamos que en diciembre de 2017 esperaban un ritmo de 17% anual en diciembre de este año.

En términos de crecimiento económico, en diciembre de 2017 la mediana de los economistas consultados por el Banco Central proyectó un escenario de avance de 3,2% del PBI. Hoy se espera una caída de alrededor de 3%.

Con estos paupérrimos resultados en términos de predicciones económicas, algunos aprovechan para denunciar un complot de los economistas del “establishment” con el gobierno, para ir en contra de políticas “populares”.

Desde otro lado, se usan las predicciones fallidas para criticar la falta de “pericia técnica” de los economistas del mercado. Ahí la idea es gritar a los cuatro vientos que “todos los economistas son unos burros”, menos quien denuncia, claro, que seguramente afirmará que él vio venir la crisis.

Ahora aun cuando sea cierto que los pronósticos de consenso no anticiparon, con un año de anterioridad, la recesión con inflación de 2018, lo cierto es que no es difícil pronosticar una recesión en Argentina.

De los últimos 10 años, en 5 Argentina atravesó una recesión. O sea que si un gurú pronosticara todos los años una recesión, tendría 50% de chances de acertar.

Nada mal.

No es “Made in Argentina”

A raíz de lo anterior, uno podría pensar que los errores de pronósticos son propios de un país como Argentina, tanto porque tenemos profesionales menos formados, como porque los economistas “tienen contratos con el sector público”.

No obstante, esta percepción sería falsa.

Como vimos al inicio, también en el mundo existen errores de estimación y crisis no previstas.

Un trabajo del Fondo Monetario Internacional –supuestos expertos en predicción económica- respalda esta visión.

En dicho estudio, titulado “¿Cuán  bien pronostican los economistas las recesiones?” se prueba con datos que, sobre un total de 153 recesiones que ocurrieron entre el período 1992-2014, un año antes solamente en 5 casos ésta fue prevista por los analistas.

Repito, solo se previeron recesiones en 5 de 153 casos, una efectividad del 3,3%.

Cuadro 1. Recesiones previstas vs. Realidad.

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Fuente: Zidong An, João Tovar Jalles, y Prakash Loungani. How Well Do Economists Forecast Recessions?

De acuerdo con el estudio del FMI, los malos resultados no varían significativamente entre pronosticadores públicos y privados. Es decir, los economistas del mercado han sido tan malos como el FMI para anticiparse a las crisis.

Ahora bien, uno podría suponer que esto forma parte de un sesgo internacional a favor de los gobiernos porque los economistas buscan adueñarse de algún “contratito”.

Sin embargo, ese no es el caso. Es que las proyecciones no solo fallan al pronosticar recesiones, sino también auges económicos. De acuerdo con la investigación, incluso en el mes de diciembre del año del “boom”, los pronósticos para ese mismo año están en promedio 1,5 puntos porcentuales por debajo de la realidad.

En conclusión, no solo fallan nuestros economistas en predecir las crisis, sino también los más prestigiosos del mundo tanto para buenos como para malos períodos.

Es que tal vez no sea un tema de deshonestidad intelectual ni de un complot contra las “políticas para el pueblo”, sino simplemente que, como decía Niels Bohr, predecir es difícil, especialmente si se trata del futuro.

¿Para qué están?

Si los economistas, argentinos, extranjeros, público y privados, son tan malos para anticipar las crisis o los auges del año siguiente… ¿para qué sirven?

En primer lugar, como diría Peter J. Boettke, “la tarea principal del análisis económico es hacer inteligible el fenómeno económico, apoyándolo en los propósitos y planes de los individuos.”

Es decir, los economistas son mejores explicando por qué suceden los fenómenos económicos que anticipándose a ellos.

En segundo lugar, porque, si bien queda demostrado que no hay precisión en la predicción sobre crisis económicas, también es cierto que sobre 1153 casos en donde no hubo una recesión, ese escenario se predijo 1145 veces. Una efectividad notable.

Es que las predicciones de los economistas siempre son condicionales y “ceteris paribus”. Es decir, sostienen que “si ocurre X, entonces sucederá y”, siempre que todo lo demás permanezca sin cambios.

En la medida que aparecen cambios inesperados, naturalmente cambiará el escenario futuro.

Por último, los economistas deberían servir para alertar a los políticos de las consecuencias no deseadas de sus acciones, como  que la emisión de dinero genera inflación, que los impuestos ahogan al sector privado, y que cerrarse el comercio internacional reduce la eficiencia del aparato productivo del país.

En este último caso, las predicciones también son difíciles de cuantificar, pero no por ello dejan de ser asombrosamente acertadas.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

El día que Sandleris conoció a Mises

Por Iván Carrino. Publicado el 20/12/18 en: http://www.ivancarrino.com/el-dia-que-sandleris-conocio-a-mises/

 

Una conversación entre el presidente del Banco Central y uno de los más notables economistas del Siglo XX.

Hace unos días, en una dimensión desconocida, el actual presidente del Banco Central, Guido Sandleris, se encontraba caminando por los pasillos de una enorme biblioteca. Tras andar unos minutos mirando libros y libros, se detuvo un segundo a mirar a lo lejos.

Allí estaba parado un señor muy elegante, de avanzada edad, que pensaba en voz alta y repetía lo siguiente:

Es necesario comprender que la política económica de los que se llaman progresistas no puede prescindir de la inflación. Nunca aceptarán una política de moneda sana, porque no pueden hacerla. Les es imposible abandonar su política de gasto público deficitario.

Como el tema de la inflación preocupa especialmente a nuestro funcionario, se acercó rápidamente al hombre, y cuando lo tuvo cerca, le dijo:

– ¿Ludwig? ¿Ludwig von Mises, es usted?

– Hola… Sí, él mismo, ¿quién es usted?

– ¡Pero, qué sorpresa! ¿cómo le va? Soy Guido Sandleris, economista de Argentina y actual presidente del Banco Central. Justo en este momento estamos en medio de un lío infernal. Tuvimos por 12 años un gobierno totalmente inflacionista… Después ganó Macri, un presidente que parecía más razonable, pero con la inflación nos fue pésimo… recibimos el país con 25% y este año apuntamos a cerrar con 47%… Es por eso que me designaron a mí.

– No me diga que usted es presidente del Banco Central de Argentina. Conozco ese maravilloso país. De hecho, lo visité en junio del año 1959. Ustedes hacía 4 años que habían salido del gobierno de Perón, que, por lo que me comenta, era bastante similar a lo que pasó en los últimos años. ¡Qué decepción, no cambian más!

– Sí, verdaderamente increíble Dr. Mises. Ahora la verdad que estamos preocupados con el tema de la inflación. Además, el dólar subió más de 100% este año, fue un momento de verdadera desesperación. Pero yo, junto con el Fondo Monetario Internacional, ideamos un plan para terminar con ella. Desde octubre que no emito un solo peso más. Nada, cero, ni una moneda.

– Ah pero mire usted, qué interesante. Escribí sobre ese tema en 1953, cuando en Estados Unidos publicaron mi trabajo “La teoría del Dinero y el Crédito”. Ahí agregué un epílogo, llamado “Reconstrucción Monetaria” donde prescribo qué deben hacer los países para retornar a una moneda sana.

– ¡No me diga! ¿Y qué decía ahí?

– Bueno, me enfoqué especialmente en países “pobres”, lo que quiere decir que sus ingresos medios son inferiores al promedio del ingreso de un norteamericano o un suizo, así que creo que aplica bastante al caso de Argentina.

– Sí, claro, a veces nos creemos suizos, pero la verdad es que no tenemos ni la mitad de su ingreso per cápita. Pero continúe por favor, ¿qué tengo que hacer para calmar al dólar?

– Bueno, allí lo que sostenía era que desde el punto de vista de la técnica monetaria, la estabilización del tipo de cambio de una moneda nacional, por monedas extranjeras menos infladas o por oro, es asunto sencillo. El paso preliminar consiste en abstenerse de cualquier incremento ulterior en el volumen del circulante doméstico. Este acto detendrá desde luego el alza en los tipos de cambio. Después de algunas oscilaciones aparecerá un tipo de cambio más bien estable…

– ¡No me diga! ¡Eso es fantástico! De hecho, nosotros establecimos una regla, que implica que, a partir de octubre de este año, mantenemos la base monetaria congelada al mismo nivel que tenía, en promedio, en septiembre. Y, por ahora, venimos cumpliéndola.

– Ah pero muy bien, ahora cuidado. Porque esta estabilidad no puede durar indefinidamente. En tanto que en el exterior continúa aumentando la producción de oro o la emisión de dólares, Argentina ahora poseerá una moneda cuya cantidad se encuentra rígidamente limitada. En estas condiciones, ya no puede prevalecer una plena correspondencia entre los movimientos de los precios de las mercancías en los mercados argentinos y los que ocurren en los mercados extranjeros. Si los precios en oro o en dólares van en ascenso, los precios expresados en pesos se quedarán atrás o inclusive bajarán. Esto significa que la paridad del poder adquisitivo está cambiando. Surgirá una tendencia al fortalecimiento del peso expresado en oro o en dólares.

– Si no lo interpreto mal, usted me está diciendo que tenga cuidado con el famoso “atraso cambiario”, ¿verdad?

– Bueno, esa fraseología moderna no la domino bien, pero creo que sí. Usted no puede castigar a los exportadores apreciando artificialmente la moneda.

– Ningún problema. Porque para eso tenemos las bandas cambiarias.

– ¿Y de qué se trata eso?

– Le explico: si el dólar llega al piso de la banda, que a partir de enero será de $ 37,12, nosotros vamos a comprar dólares hasta USD 50 millones  por día, para evitar que éste caiga demasiado. Eso cuidando siempre de no excedernos en la compra, porque tampoco queremos inundar de pesos la calle, usted entiende.

– Interesante, aunque no estoy tan seguro del esquema. Para mí, lo que hay que hacer una vez que el dólar se estabilice es tomar el tipo de cambio que hay en el mercado y fijar ahí una nueva paridad legal entre el peso y el dólar. La convertibilidad incondicional en dólares, a este tipo legal, de todo peso de papel y viceversa, ha de ser en lo sucesivo el principio fundamental.

– Pero Dr. Mises, eso ya lo probamos en los ’90 y no funcionó.

– Cuidado querido Guido, el problema nunca fue la convertibilidad, sino las políticas fiscales insostenibles de los gobiernos de Menem y De La Rúa.

– Profesor, no sabía que estaba tan empapado de la realidad local…

– El gobierno argentino sabe muy bien que todo lo que necesita hacer a fin de impedir que el peso se deprecie más es reducir los gastos en exceso de sus ingresos que financia mediante la inflación.

– Y claro, pero eso nunca ocurre. Aunque ahora estamos en camino, al menos acordamos eso con el FMI.

– Es muy importante conseguirel equilibrio, porque si no, las reformas monetarias se quedan en la nada. Verá: el actual estado poco satisfactorio de los asuntos monetarios constituye un resultado de la ideología social que han abrazado nuestros contemporáneos y de las políticas económicas que engendra esta ideología. La gente se queja de las consecuencias inevitables de la inflación, pero se oponen obstinadamente a cualquier intento para poner fin o para restringir los gastos deficitarios. La reforma que se propone en el sistema monetario y el retorno a condiciones monetarias sanas, presuponen un cambio radical en la filosofía económica. No puede ser cuestión del Banco Central solamente mientras que el despilfarro, la desacumulación del capital y la corrupción constituyan características sobresalientes de la forma como se manejan los asuntos públicos.

– No puedo hacer otra cosa que coincidir. Muchas gracias Luwdig von Mises por esta interesante charla. Me voy al Banco Central.

– De nada, ¡y mucho éxito!*

*La mayoría de los párrafos en donde “habla” Ludwig von Mises son transcripciones mínimamente adaptadas de su “Reconstrucción Monetaria”, publicado originalmente en 1953 en inglés, y publicado en español por la Revista Libertas N°39 de ESEADE. Puede leerse completo haciendo clic aquí. Las intervenciones de Sandleris son, claro, producto de mi imaginación, pero basada en hechos reales.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

EL CASO DE JUDAS EXTENDIDO

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

Tal vez la traición más denostada, conocida y escandalosa sea el caso de la llevada a cabo contra Jesús. Mateo relata que “Entonces uno de los doce, llamado Judas Iscariote fue donde los sumos sacerdotes y les dijo ´Qué me quereís dar y yo os lo entregaré?´ Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle”. Como es bien sabido, Jesús anticipó el hecho según consigna el mismo Mateo: “Al atardecer, se puso a la mesa con los doce. Y mientras comían dijo: ´Yo os aseguro que me entregará uno de vosotros´ ”.

 

Judas fue el traidor más famoso pero por cierto no el único y también debe destacarse la patraña más vergonzosa al imputar de traidor a Dreyfus por la tristemente célebre judeofobia denunciada por el gran Zola en ese caso y por tantos otros en muchas otras de esas infames y espantosas persecuciones.

 

Originalmente en la historia romana la traición se refería a conceptos militares de entrega al enemigo (perduellio) y en la historia inglesa y estadounidense también hay signos de lo mismo que en el primer caso aludía a la lealtad al rey. Así hubieron debates sobre el Treason Act de 1695 en Inglaterra y sobre la Sección 3 de la Constitución estadounidense junto a las reflexiones de Madison en el número 43 de los Papeles Federalistas y las medidas precautorias al efecto de evitar abusos contra las libertades individuales en nombre de la “traición a la patria”.

 

En cualquier caso, en este escrito apunto en otra dirección. Es común la traición, esto es la deslealtad a valores convenidos, la entrega al enemigo, el darle la espalda a lo acordado, pero hay otra forma de traición a la que me refiero en esta nota periodística, y es la traición a uno mismo que esta presente en toda traición pero ahora la circunscribo a lo interindividual, a no ser fiel a las propias convicciones. Igual que la traición en general, a veces se lleva a cabo de modo conciente como cuando se dice o hace algo que pretende desconocer lo que está bien y otras de modo inconciente. En el fuero interno ocurre lo mismo, muchas veces se procede de modo deliberado y conciente y otras sin detenerse a analizar lo que se piensa o lo que se hace.

 

Como queda dicho, en el caso de este escrito apunto a un aspecto clave de lo que hacemos con nosotros mismos independientemente de cómo procedemos con quienes nos rodean. Sabemos que para la convivencia civilizada es menester que exista el respeto recíproco, sin embargo hay quienes, por una parte, proceden de un modo que no conduce al referido respeto y, por otra, hay quienes sin participar activamente en esa dirección son pasivos frente a los desmanes. Actúan como observadores de hechos como si fueran ajenos a lo ocurrido y solo se quejan cuando directamente les faltan el respeto a ellos mismos, lo cual hace que resulte tarde para reaccionar puesto que se dejó que la falta de respeto a otros avanzara demasiado y se enquistara en las costumbres y se naturalizaran los atropellos.

 

La traición  a uno mismo es seguramente la peor de las traiciones pues es un abandono a la propia dignidad. La genealogía de lo digno proviene de merecer un trato lo cual aplicado al ser humano remite a su libre albedrío, a su libertad, consecuentemente a sus derechos. Entonces todas las actitudes tendientes a coartar o enmudecer las autonomías individuales son contrarias a la dignidad humana.

 

No pocos espíritus autoritarios la emprenden contra la dignidad en provecho propio y concientes de su atropello, pero otros reclaman medidas contra la dignidad sin saberlo pensando que están por el buen camino. Los primeros se traicionan  a sabiendas, los segundos lo hacen inconcientemente pero en todo caso se trata de traidores a la naturaleza humana, con lo que por añadidura se empobrecen no solo moralmente sino materialmente puesto que obstruyen y aplastan la energía creadora y destrozan los mecanismos de cooperación social al atacar el derecho de propiedad.

 

Pero en todo esto hay cortocircuitos que hay que tratar  de evitar. Por ejemplo, el tema del Fondo Monetario Internacional. Los liberales y las izquierdas coinciden en que es una institución nefasta. Los liberales se oponen a esa entidad, en primer lugar, porque se financia coactivamente con recursos detraídos de los contribuyentes de distintos países y, en segundo lugar, porque el FMI es para ofrecerles apoyos a gobiernos fallidos. En los momentos que están por renunciar o corregir sus desatinos en cuanto al estatismo rampante, resulta que llegan carradas de dólares con tasas de interés inferiores a las del mercado y con períodos de gracia extendidos.

 

Las izquierdas se oponen porque estiman que se trata de una organización capitalista, pero como han señalado innumerables autores es una entidad que nada tiene que ver con el capitalismo y que habría que liquidar cuanto antes. Una concepción bastante retorcida, purulenta y absurda del significado del capitalismo. En verdad, el FMI en última instancia hace de apoyo logístico para mantener y alimentar a los antedichos gobiernos fallidos que son tales precisamente por adherir al estatismo (además de haber pasado por alto tremendas corrupciones como lo atestiguan países africanos y casos como el de Rusia y Turquía).

 

Todas las personas de buena fe quieren el bienestar de sus semejantes pero lo relevante consiste en centrar la atención en los medios idóneos para lograr ese cometido. No da lo mismo proceder en cualquier dirección. Se trata en primer lugar de contar con marcos institucionales civilizados al efecto de permitir la mayor dosis posible de ahorro interno y externo para que los salarios e ingresos en términos reales resulten lo más altos posibles. El rol del empresario es clave en este proceso: en un mercado libre está obligado a atender los reclamos de sus congéneres si desea prosperar y si no atiende satisfactoriamente a su prójimo incurre en quebrantos. Esto debe ser claramente separado de los prebendarios que se alían con el poder político para explotar a la gente a través de mercados cautivos.

 

En realidad el Judas moderno es el que traiciona los valores y principios de la moral y la responsabilidad individual para entregarse a las fauces del Leviatán que termina por crucificar la libertad. Antes he citado un pasaje de Aldous Huxley de su libro Ends and Means que estimo es la mejor descripción de lo que nos ocurre en el mundo de hoy: “En mayor o menor medida, entonces, todas las comunidades civilizadas del mundo moderno están constituidas por una cantidad reducida de gobernantes, corruptos por demasiado poder y por una cantidad grande de súbditos, corruptos por demasiada obediencia pasiva e irresponsable”.

 

Así es, por una parte la corrupción que significa el abuso del poder. A veces se circunscribe la corrupción al robo de dinero pero las corruptelas pueden ser de muy diversas maneras y tal vez la más ponzoñosa y generalizada sea precisamente el atropello a los derechos de otros de la entidad supuestamente encargada de proteger y garantizar esos derechos. En el otro caso a que apunta Huxley aparecen los timoratos que se dejan manosear de la manera más ofensiva.

 

En este sentido también lo he citado a Leonard Read que en su obra Government an Ideal Concept señala lo que a su juicio ha sido un error del comienzo al consignar que “nosotros en Estados Unidos nos equivocamos al recurrir a la expresión ´gobierno´ puesto que significa mandar y dirigir lo cual debemos hacer cada uno de nosotros con nosotros mismos pero no con el prójimo. Usar esta palabra es lo mismo que referirse al guardián de una fábrica como gerente general”. Exactamente eso, la idea original alude en verdad a una agencia de protección y no al gobernar, mandar o administrar las vidas y haciendas ajenas. Es en este contexto que Etienne de la Boétie ha escrito con razón que “Son, pues, los propios pueblos lo que se dejan, o mejor dicho, se hacen encadenar que con solo dejar de servir romperían sus cadenas”. Si nadie hace caso a los disparates gubernamentales el gobierno no se sostiene.

 

Ese es el sentido de la recomendación de Thomas Jefferson en su correspondencia a James Madison el 30 de enero de 1787 en el sentido de que “Sostengo que una pequeña rebelión aquí y allá es una buena cosa, tan necesario en el mundo político como lo son las tormentas en el físico” y agrega que un gobierno republicano “no debería desalentarlas demasiado. Es una medicina necesaria para la firme salud del gobierno” al efecto de mantenerlo en brete. Más aún, Jefferson, en la misma carta, afirma que una de las formas de la sociedad es “sin gobierno como entre los indios” lo cual dice que “no está claro en mi mente si esa condición no es la mejor”. Esto es para mostrar el espíritu presente en los Padres Fundadores, muy lejos de las bellaquerías del presente, un espíritu que hizo de los Estados Unidos la tierra de la libertad y el respeto recíproco. Lamentablemente de un tiempo a esta parte ese coloso del Norte ha terminado por copiar la adoración al aparato estatal y a subestimar el valor primordial de las autonomías individuales. Se han traicionado esos valores y, pero aun, muchos son los que piden con sus votos que los traicionen. Muchos se han convertido en animalitos que demandan un dueño.

 

El sentido de autoestima se ha perdido en gran medida. Y para los que miran la debacle pasivamente, hay que recordar lo apuntado por  José Ortega y Gasset  en La rebelión de las masas “Si usted quiere aprovecharse de las ventajas de la civilización, pero no se preocupa usted por sostener la civilización, se ha fastidiado usted. En un dos por tres se queda usted sin civilización. Un descuido y cuando mira usted en derredor todo se ha volatilizado”.

 

Es indispensable retomar en rumbo perdido y tener el coraje moral (en el hombre siempre es moral, pero dados los sucesos del momento vale el énfasis) y asumir la condición humana  y la propia responsabilidad y no traicionarse, humillarse y rebajarse al nivel de las bestias. No podemos convertirnos en Judas de nuestro propio ser por más cantos de sirenas gritadas por las mentes autoritarias para imponer sus nefastos designios.

 

En todos lados ha habido gente digna que da voces de alarma  e intenta contribuir a que se pongan las cosas en su lugar. En el caso argentino es del caso repasar con mucha atención los trabajos de Juan Bautista Alberdi, el autor intelectual de la Constitución liberal argentina de 1853, quien dicho sea al pasar siguió los consejos de autores dedicados a sentar las bases de la sociedad abierta como el filósofo moral y economista Adam Smith. Debemos cifrar las esperanzas en los que no aceptan ser dominados por los Judas de nuestra época que renuncian a los valores insustituibles del respeto recíproco.

 

Termino con un pasaje shakeaspeareano de Hamlet en su idioma original y que resulta de una contundencia didáctica notable: This above all, to thine own self be true.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.