¿Viene nueva Argentina o solo el verano?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 10/12/19 en: https://www.ambito.com/economia/economia-argentina/viene-nueva-argentina-o-solo-el-verano-n5070293

 

Uno de los mayores riesgos para el nuevo gobierno es la suba impositiva a la clase media, además del campo y las retenciones. Y el cepo, que podría sumar tensiones, sobre todo si no afloja la inflación y se dispara la brecha con el blue creando todo tipo de problemas en la vida diaria y la cadena productiva.

Por cierto, no olvidemos que el modo que tiene el Estado de quitarle recursos a los ciudadanos, al mercado, no es solo la carga impositiva sino también la inflación -el exceso de emisión en tiempo real para cubrir gastos- y el endeudamiento que conlleva tasas exageradas.

Si no hay cambios, y aunque la inflación rebajó el salario real, parte de los trabajadores que en 2019 no pagaron Ganancias, el año próximo sí lo harán y los que estuvieron alcanzados pagarán más, según MR Consultores que toma como base un nivel de aumento salarial para 2020 similar al de 2019. Por este impuesto, el oficialismo perdió las elecciones legislativas de 2013 mientras el líder camionero se embanderaba bajo la consigna “el salario no es ganancia”.

Un supuesto acuerdo sobre precios y salarios que permita reactivar el consumo no parará a la inflación, en todo caso al IPC, y la suba de planes sociales, salarios y jubilaciones mínimas podrían traer una efímera distensión, que probablemente no alcance ni para pasar el verano. Y, por cierto, no queda claro quién va a pagar la cuenta.

Los impuestos, por el contrario, deberían bajarse. Y la generación de divisas como pretende Economía, se da de bruces con el cepo -el dólar abaratado- y la suba de las retenciones.

El ministro intentaría llegar al superávit fiscal primario y, de ese modo estabilizar la deuda. Según Eco Go, partirá de un rojo del 0,9 % del PBI que es de 3,9% si se suma el pago de intereses. El año que viene el Gobierno afrontaría vencimientos por unos u$s30.000 M con el sector privado. En 2021, u$s12.000 M y en 2022 y 2023, u$s32.000 M cada año ya que habría que empezar a devolverle al multiestatal FMI.

De aquí que es clave “reperfilar”, convencer a los acreedores de aceptar que no se les pague ni capital ni intereses en 2020-2021. No es descabellado pensar que el autodenominado comité de acreedores formado por un grupo de fondos -Greylock Capital, BlackRock, T. Rowe Price, etc.- que trabaja junto a bancos como BNP Paribas y el Citi, acepten que no se les pague durante dos o tres años y no estaría mal en tanto sea voluntario para los privados, el mercado.

Del total de la deuda externa de u$s270.000 M, unos u$s60.000 M corresponden a organismos multi estatales y u$s45.000 M al FMI que, irresponsablemente, no solo financió un plan económico a todas luces inviable, sino que, contra su carta orgánica, remitió a la Argentina alrededor del 50% de sus montos prestables, de modo que bien podría esperar y, por qué no, incluso aceptar una quita importante.

Por cierto, esto se da en momentos en que todo indica que las tasas a nivel global se estabilizarán para luego empezar a subir. Más de diez años de “lucha contra la crisis”, han llevado las tasas de interés a mínimos históricos e incluso negativas, después de más de 750 recortes desde 2008, lo que está deformando los mercados.

Al mismo tiempo, los principales bancos centrales están comprando bonos nuevamente, lo que se conoce como “flexibilización cuantitativa”, y sabiendo que después de la compra de más de $12 B de activos financieros no se alteró la inflación.

Se pronostica que la Fed mantendrá estable la tasa en su reunión del 11 de diciembre y, un día después, el BC Europeo podría decidir permanecer en espera, mientras que el Banco de Japón haría lo mismo el 19 de diciembre.

Hacia el futuro, los operadores apuestan por subas de menos de 1 punto porcentual en los rendimientos a 10 años, mientras que JPMorgan ve la tasa de interés global promedio en 2% a fines de 2020.

Y ahora a los bancos centrales les ha surgido una nueva “amenaza” con las nuevas “monedas” privadas. “La efectividad del banco central ahora se ve desafiada por el aumento de la moneda cibernética privada”, según el jefe de asesores de la Comisión Reguladora de Banca y Seguros de China. “Esto cambiará el juego”.

En fin, en cualquier caso, el “reperfilamiento” no es la solución de fondo, sino que el país deje de ser un gastador y deudor serial.

Por cierto, no se ve más la reja que encerraba a la Casa Rosada, y ojalá no se quede solo en un símbolo, sino que realmente sea el comienzo de una era de más libertades personales.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Tensiones del sector petrolero

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 12/9/15 en: http://www.rionegro.com.ar/diario/tensiones-del-sector-petrolero-7924746-9539-nota.aspx

 

Los precios globales del petróleo han caído más de la mitad desde octubre del año pasado. En particular, el descenso sostenido que se observa desde fines de junio tocó fondo durante las primeras operaciones del 23 de agosto. El precio del crudo WTI (West Texas Intermediate) cayó un 5,7% y alcanzó un nuevo mínimo poscrisis financiera subprime de tan solo 38,13 dólares. Luego, el barril de petróleo comenzó a ajustar al alza, aunque sujeto a un comportamiento sumamente versátil. La cotización al momento de escribir este artículo rondaba los 46,05 dólares por unidad.

Cuando el precio de largo plazo de un activo no concuerda con el precio spot o de contado, se perciben nuevas oportunidades de arbitraje para los inversionistas. En ese contexto, Warren Buffett, director de Berkshire Hathaway, acumuló recientemente 58 millones de acciones de la refinería de petróleo Phillips 66, de Houston, valoradas en alrededor de 4.500 millones de dólares. De este modo, la jugada de Buffet, en opinión de Cliff Gallant (director de Nomura, un banco de inversión global de Asia con origen en Japón), explica que Berkshire ha hecho un movimiento claro de confianza hacia la industria del petróleo. Según las previsiones de uno de los inversores más importantes del mundo, a largo plazo la demanda de petróleo volverá a crecer.

Con precios deprimidos, el sufrimiento de los petroleros parece ser el único lugar en Estados Unidos, donde hay nostalgia por los más oscuros días de la crisis financiera. Pues, la última gran crisis fue también el comienzo de la mayor bonanza petrolera en la historia de Estados Unidos.

La producción del país del Norte, que disminuyó constantemente desde de 1986 hasta caer por debajo de los cuatro millones de barriles/día en septiembre del 2008, se recuperó y alcanzó los 9,5 millones de barriles que se producen en la actualidad. El recorte de producción de la OPEP hacia el año de la crisis inmobiliaria –a un promedio de 28,5 millones de barriles diarios– puso un piso a los precios y a partir de entonces estados como Dakota del Norte, Texas y Oklahoma –el corazón de la revolución petrolera de Estados Unidos– disfrutaron de las tasas de desempleo más bajas del país.

El crudo cayó a 32 dólares el barril en diciembre del 2008, pero no se quedó allí por mucho tiempo. Los datos del sector mostraron un comportamiento cíclico en forma de V y en mayo del año siguiente el barril comenzó a comercializarse de nuevo por encima de los 65 dólares. En la actualidad no son pocos los analistas que, animados por una recomposición similar a la de los episodios descritos, dan por hecho un repunte de precios durante el 2015.

Este año, sin embargo, miles de trabajadores petroleros norteamericanos han sido despedidos a pesar de que la producción ha alcanzado máximos históricos. La OPEP, por su parte, bombea 32,3 millones de barriles al día para defender su cuota de mercado y dejar a sus competidores de Estados Unidos, de mayor costo, con graves problemas de solvencia. Este es el caso, por ejemplo, de York Oil & Gas, de Houston, que –según se informó en el programa de noticias Market Makers de Bloomberg– necesita retornar al rango de los 90 dólares para equilibrar sus finanzas, un precio muy lejano al que hoy se comercializa el crudo.

Los últimos seis años significaron un marcado aumento en la práctica de la fractura hidráulica o fracking en Estados Unidos, una forma nueva e innovadora de extraer hidrocarburos de formaciones rocosas bajo tierra. La tentación de afirmar que el desarrollo de la fractura hidráulica, así como los puestos de trabajo que ha creado, es una prueba más del mercado libre de trabajo parece contrastar con el comportamiento del sector y burbuja del petróleo, que no se habría materializado sin la intervención de la Reserva Federal y sus tipos de interés artificialmente bajos, instituidos desde la crisis financiera subprime. De hecho, un gran porcentaje de la creación de empleo poscrisis ha estado vinculado con la industria del fracking.

La exploración y extracción de petróleo a través de la fractura hidráulica es una actividad altamente intensiva en capital. Si se tiene en cuenta que la vida útil de un pozo de petróleo típico es de sólo dos años, su mantenimiento resulta sumamente costoso. Es decir, si no fuera por la política de tasa de interés cero (ZIRP) y las rondas de flexibilización cuantitativa (QE) de la Reserva Federal, varias empresas advenedizas no estarían en condiciones de permanecer operativas. La sobreproducción no fue inducida por los fundamentos del mercado, una demanda que guía y absorbe el incremento de la oferta, sino por señales falsas destinadas a contrastar proyectos de inversión frente a tasas de retorno artificialmente deprimidas.

Los empresarios, confiados de ver la energía como un sector indispensable, comenzaron a dirigir sus recursos allí y no advirtieron razones para creer que los precios del petróleo podrían colapsar. Ahora, empresarios y expertos tratan de descubrir cuál es el precio de equilibrio del petróleo, porque a medida que ese tipo de cambio cae también lo hace la garantía que basa grandes sumas de deuda bancaria, puesto que, como se sabe, al tratarse de un mercado de deuda con calificaciones crediticias muy bajas se ofrecen tasas de interés más elevadas que el estándar de grado de inversión, con el fin de compensar el mayor riesgo de impago.

Finalmente, si se tiene en cuenta la estrategia provisional de la Reserva Federal de elevar la tasa de interés de referencia, junto con la contracción de la demanda de petróleo conforme la reducción de las expectativas de crecimiento global, un aumento repentino de los costos de endeudamiento para las empresas podría ensombrecer en grande el panorama. En un mundo económicamente integrado es peligroso desestimar las consecuencias globales de la política monetaria. Y, una vez que sean sincerados los tipos de interés de equilibrio y el sector petrolero ajuste en términos marginales, los partidarios de una moneda sólida estarán en peligro de ser culpados por las consecuencias de otro error de juicio Fed.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), Profesor Titular e Investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

Argentina: un país “subprime”

Por Iván Carrino. Publicado el 20/8/15 en: https://igdigital.com/2015/08/argentina-un-pais-subprime/

 

El modelo económico impuesto por el kirchnerismo es como una mala inversión: puede perdurar en el tiempo gracias a condiciones excepcionales, pero, tarde o temprano, tienen que reconocerse los errores.

 

El año 2007 fue duro para los constructores en los Estados Unidos. Luego de alcanzar el récord histórico de 2,3 millones de casas que comenzaron a construirse en enero de 2006, la industria se derrumbó un 25,9% al año siguiente. De ahí en más, el declive no paró hasta bien entrado el 2009.

¿Qué pasó? Había estallado la burbuja de las hipotecas “subprime”, dando inicio a la crisis financiera internacional.

La crisis de las subprime fue el resultado de una generosa política estatal y una desmedida inyección de dinero por parte de la Reserva Federal.

El gobierno de los Estados Unidos había tomado medidas concretas para hacer que la propiedad de la vivienda fuera más accesible, induciendo a los bancos a prestar a ciudadanos de dudosa solvencia. Por el otro lado, la Reserva Federal (el banco central de los Estados Unidos) comenzó una agresiva política de reducción de las tasas de interés, lo que facilitó el acceso al crédito.

El resultado fue un desproporcionado crecimiento del sector inmobiliario, con precios y producción en alza, que estaba destinado a terminarse. Cuando la inflación comenzó a preocupar a la Fed, ésta comenzó a subir las tasas de interés, que pasaron del 1% en julio de 2004 a 5,3% en agosto de 2006.

El resultado fue un encarecimiento del crédito que hizo que muchos se vieran en la imposibilidad de pagar sus deudas. Previsiblemente, los deudores con menor solvencia, los subprime, fueron los primeros en entrar en default, dando lugar al efecto dominó que arrastró a toda la economía global.

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Hoy la economía del mundo vive una situación similar. La respuesta de la Fed a la crisis de las hipotecas fue la misma de siempre: reducir las tasas de interés, inyectar ingentes cantidades de dólares en la economía y buscar crear una nueva burbuja que le permita salir de la anterior.

El efecto de los sucesivos planes de “flexibilización cuantitativa” y reducción de las tasas de interés no fue muy marcado en el sector inmobiliario norteamericano. Sin embargo, como un “efecto mariposa”, sí se sintió en el resto del mundo.

La ultraliquidez proporcionada por la Fed redujo el costo del endeudamiento de todos los países del mundo y, al mismo tiempo, le dio un impulso al precio de las materias primas y a las monedas de países emergentes.

Si bien Argentina quedó aislada del mercado financiero global después del default de 2001, no dejó de verse beneficiada por el tsunami monetario de la Fed. Los términos de intercambio treparon un 40% desde 1998 y alcanzaron niveles máximos, al menos, desde 1980. Por su parte, la soja superó la barrera de los USD 600 a mediados de 2012.

Sin embargo, el generoso contexto internacional no podía durar para siempre. Así, la necesidad de una normalización en la política monetaria de la Fed llevó a la finalización de los programas de alivio cuantitativo y hoy se especula con que la Reserva Federal comience a subir las tasas, como máximo, en diciembre de este año.

Esto es particularmente importante para nuestra economía.

Es que, al igual que las hipotecas en Estados Unidos, nuestro país también es subprime. Con un déficit fiscal persistente hace 7 años, una inflación en niveles estratosféricos y un intervencionismo que busca regularlo todo, lo único que mantenía a flote al modelo económico era el viento de cola que llegaba de la mano del mundo.

Es claro que el cambio de la política monetaria estadounidense, por su efecto en la demanda y el precio de los commodities, afecta a toda la región, pero no es casualidad que los más afectados sean Venezuela, Brasil y Argentina.

Nuestro país necesita modificar el rumbo económico hace rato.No hay dudas de que no se puede alcanzar la prosperidad con inflación alta y persistente, controles de precios y sistemas cambiarios múltiples.

Así, el nuevo contexto internacional no hace más que ponerle más presión a esta necesidad.

Pero a no confundirse. El cambio del contexto no es la causa de nuestros males económicos. A lo sumo, será el golpe de gracia de un modelo que, en realidad, solo se mantuvo a flote gracias a condiciones internacionales que difícilmente se vuelvan a repetir.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.