El socialismo igualitario

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 24/4/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/el-socialismo-igualitario/

 

Hace tiempo nos ocupamos aquí de Looking Backward, la novela que el socialista estadounidense Edward Bellamy publicó en 1888 para describir el mundo paradisíaco que podía lograr el socialismo, eliminando la propiedad privada (cf. https://bit.ly/2Jb3SZU y https://bit.ly/2F09CmY). Ahora veremos su secuela, Equality, publicada en 1897.

Bellamy fantasea con que el fin del capitalismo “eleva a todos hacia arriba a un gran nivel de vida y de felicidad, de bienestar material y de dignidad moral”. El mismo bulo de Marx, que en la Crítica del Programa de Gotha auguró que con el socialismo correrían “a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva”, cuando en verdad el comunismo produjo miseria y hambre, siempre.

El autor no emplea las palabras socialismo o comunismo sino “Revolución” e “igualdad”, que imagina iba a ser su resultado con el estallido que, según anticipó correctamente, tendría lugar a comienzos del siglo XX.

Como iban a decir los socialistas siempre, y mintiendo siempre, Bellamy fantasea con que la revolución se debería a la miseria y la desigualdad, nada menos que en EE UU, que vivía entonces una gran prosperidad, atrayendo a trabajadores de todo el mundo. Los camelos progresistas se suceden uno tras otro, como que los ricos monopolizan el poder, e impiden a los demás progresar, es decir, justo lo contrario de lo que podría ver él mismo con sus propios ojos. No había libertad, que según él es una conquista sólo posible cuando se liquida la propiedad privada y todo está en manos del Estado.

Mientras que en el socialismo se alcanza el bienestar porque se suprime el dinero, en el capitalismo reina la desigualdad y la miseria. Llega a decir que el trabajo asalariado era “más abyecto que la esclavitud”, porque al menos el esclavo mantenía la mente libre. Esta basura refleja otra característica del socialismo: su desprecio hacia los trabajadores que pretende representar y defender.

La falacia de la suma cero está presente en todo el libro: los ricos causan la pobreza. Como siempre en todo el socialismo, hay un profundo odio a la herencia, a que los trabajadores puedan esforzarse para legar algo a sus hijos; nadie debe legar nada, el Estado ya se ocupa de nuestro bienestar. Algunas fantasías de su imaginado socialismo son muy reveladoras: las joyas han sido suprimidas…salvo en los edificios públicos.

Y hay un insistente mensaje según el cual el socialismo libera a la mujer oprimida por el macho capitalista, precisamente lo contrario de lo que hizo el socialismo real. Se verán más más falacias, pero dejemos constancia aquí que repite la fábula de lo malo que es el mercado, e insiste en que el socialismo que imagina se impuso por el empobrecimiento de los estadounidenses entre 1860 y 1890, precisamente cuando el salario real de los norteamericanos ¡se duplicó!

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Los dos Néstor:

Por Sergio Sinay: Publicado en: http://www.sergiosinay.com/Reflexion.aspx?id=2510

 

Se anuncia para estos días la presencia de Thomas Piketty en Buenos Aires.  Piketty es el economista de moda, de esos a los que se cita aun sin saber muy bien de qué hablan. Bueno, en su best-seller “El capitalismo en el siglo XXI”, Piketty dice que cuando las ganancias del capital son mayores que el crecimiento de la economía, se amplía la brecha entre los que tienen y los que no tienen. Ese proceso de desigualdad fue constante en los últimos tres siglos pero pegó un salto cuántico desde la década de los 70 del siglo XX en adelante, al punto que hoy el 1% de la población mundial posee el 99% de las riquezas. Desde hace varias generaciones, dice Piketty, los ricos nacen ricos, nunca trabajan, no producen y se dedican a hacer crecer financieramente el capital heredado. Para el resto de la población habrá cada vez menos trabajo y menos riqueza a repartir y esto acabará, según pronostica el economista, en una rebelión democrática o violenta que será el principio del fin del capitalismo.
Mientras se anunciaba el desembarco de Thomas Piketty, en el Chaco (provincia cuya pobreza extrema el actual e incomprensible jefe de gabinete Jorge Capitanich pretende ocultar con su lenguaje cantinflesco) moría Néstor, un chico de 7 años perteneciente a la comunidad Qom. Pesaba 7 kilos y murió de hambre. Mientras Néstor agonizaba, los corruptos en el gobierno, ajenos a todas las tragedias y a las miserias que ellos mismos desatan, seguían engordando, enriqueciéndose y planeando cómo garantizar su propia impunidad una vez que terminen con el saqueo. Que Néstor perteneciera a la comunidad Qom es aleatorio. Néstor era en primer lugar un ser humano y no merecía esa muerte. Lo menos que merecía era una vida. Y Néstor era argentino. Un argentino que compartió su suerte con tantos otros, en Chaco y en todo el país. En su corta vida, Néstor no tomó leche, no tuvo juguetes, existió en la indigencia, sólo sufrió.
Mientras este Néstor moría, se informaba que el gobierno pagó un millón de pesos por la estatua de otro Néstor. Uno que murió hace cuatro años y que pudo, antes de eso, enriquecerse sin tener que explicar cómo, que pudo comprar dos millones de dólares en un día sin rendir cuentas, que dispuso de una provincia como si fuera una herencia y luego hizo lo mismo con un país entero, desentendiéndose de los valores y las instituciones republicanas. Ninguno de estos Néstor conoció al otro. El primer Néstor no pudo desarrollar conciencia como para tener noción del mundo y de los otros. Al segundo Néstor el primero no le importaba, no se enteró de su existencia ni de la de miles como ese chico, estaba dedicado al rendimiento de un capital (el Estado) del que planeaba disponer por mucho tiempo, una eternidad.  Mucho más tiempo, claro está, que la corta vida del Néstor Qom.

Estos dos Néstor argentinos explican de manera brutal y pragmática la teoría de Piketty. Y muestran, de modo que duele e indigna al mismo tiempo, la terrible, injusta e impune realidad que existe incluso debajo de la teoría mejor desarrollada. No estaría de más que Piketty se lleve de aquí el caso de los dos Néstor para explicar en el mundo de qué habla su libro.

 

Sergio Sinay es periodista y escritor, columnista de los diarios La Nación y Perfil. Se ha enfocado en temas relacionados con los vínculos humanos y con la ética y la moral. Entre sus libros se cuentan “La falta de respeto”, “¿Para qué trabajamos?”, “El apagón moral”, “La sociedad de los hijos huérfanos”, “En busca de la libertad” y “La masculinidad tóxica”. Es docente de cursos de extensión en ESEADE.