Gradualismo… al socialismo

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 25/6/17 en: https://alejandrotagliavini.com/2017/06/30/gradualismo-al-socialismo/

 

Así como alentó el rumor de que se ascendería a emergente, faltando mucho, el gobierno enarbola un crecimiento dudoso. Así nos ve el mundo: las inversiones no llegan -salvo para bicicletear-, allí está la clasificación del MSCI y el riesgo país (EMBI +) está en 434 pb, y sube en tanto, Evo Morales, consiguió 189 y baja. La palabra de moda es “gradualismo” -la principal crítica al gobierno- cuando el problema es que va a contramano. Gradualista -fiel a su cultura milenaria- es China, cuyo PIB per cápita llegó a crecer más de 14% anual.

Veamos el crecimiento según el Indec. El PIB del primer trimestre 2017 habría subido 0,3% interanual. El aumento demográfico anual esta entre 1,3 y 1,8%, de donde el PIB per cápita -el mejoramiento personal- habría caído más de 1%. Dice que terminó la recesión al haberse sumado tres trimestres consecutivos con crecimiento respecto del anterior: 0,1%; 0,7% y 1,1%. Descontado el aumento poblacional, 0,4% trimestral, la progresión del PIB per cápita sería -0,3%; 0,3% y 0,7%.

Y veremos cómo sigue. El Indec, acaba de informar que el EMAE desaceleró su crecimiento en abril (0,6% contra 1,5% en marzo) y, por múltiples razones, contra todos los pronósticos, creo que seguirá cayendo hasta tornarse negativo.

De paso, mientras para el Indec la industria creció 2,7% interanual en mayo después de 15 meses, Ferreres -que esperaba una caída del PIB del 0,3% en el primer trimestre- dice que “en mayo, la industria creció 3,9%… tercer mes consecutivo positivo”. Mientras que para FIEL la industria creció 4,3% en mayo luego de tres caídas consecutivas. ¿Quién acierta?

El mejor argumento entre quienes dicen que el país crecerá, es tomar a la construcción -artificialmente apalancada desde el Estado- y aplicar el modelo auto regresivo. Pero esto supondría un crecimiento del Estado -y las empresas amigas- en detrimento del mercado: así, el de Macri, es el camino “capitalista” al socialismo. De hecho, según el gobierno, en abril el empleo creció solo 0,1%, gracias a 13.000 puestos nuevos en el Estado mientras caen en el sector privado.

En cualquier caso, por la ley de marginalidad, es imposible el crecimiento genuino si crece la pobreza, el desempleo y el delito. Dice la Real Academia que pueblo (Del lat. popŭlus.) es un “Conjunto de personas de un lugar…”, y eso es el mercado: personas normales trabajando y cooperando voluntariamente y atendiendo, primero, las necesidades primarias.

Por el contrario, según el profesor Peter Klein, las grandes firmas avasallantes surgen en mercados interferidos por los gobiernos, porque tienen gran capacidad de lobby y logran leyes que las benefician. Terminemos recordando que destacados profesores de Moral y Teología en la Salamanca del siglo XVI, desarrollaron la teoría del mercado y era un estudio del comportamiento moral (natural) del hombre común y sus relaciones pacíficas y voluntarias en pos del desarrollo social.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Fr. LUIS S. FERRO, O.P., UN REGALO DE DIOS.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 11/9/16 en http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/09/fr-luis-s-ferro-op-un-regalo-de-dios.html

 

Entre los muchos regalos que Dios me ha dado, comenzando por El mismo, están también algunas de sus más asombrosas creaciones. Entre ellas se destaca Fr. Luis S. Ferro.

Por supuesto, Dios comenzó a hacer todo como corresponde cuando El quiere algo. Lo primero que hizo fue una “premoción física”, cuando, a mis 18 años, incapaz yo de distinguir a un dominico de un marciano, incapaz de distinguir al ente de la película homónima, vi el programa de filosofía de la UNSTA Buenos Aires y me dije: “TENGO que estudiar esto o reviento”.

Durante el primer año, en el cual aún no teníamos Metafísica, todo me resultaba fascinante pero oscuro.

Hasta principios de Marzo de 1980, cuando entró –a las 17,45, o 17,50, siempre antes- Fr. Luis Santiago Ferro, O.P.,  a la clase.

Ferro desplegaba sus libros –viejas, vividas, subrayadas y marcadas ediciones Marietti de la obra de Sto Tomás, toda en Latín- y sus papeles con notas y etc. Todo papelito impreso podía ser una nota de estudio en su reverso, que a su vez servía como marcador para los libros. A las 18 en punto comenzaba a hablar. Anunciaba el tema y comenzaba. Su palabra era precisa y calma como el autor que enseñaba, mientras iba desplegando los cuadros sinópticos de todo lo que decía, en Latín, en pizzarón negro y con tiza (yeso). La oscuridad fue desapareciendo. Todo comenzó a aclararse. Cuando vi la distinción esencia-esse, toda la materia se desplegó ante mí, y toda la teología natural se hizo una límpida cascada de lógicas consecuencias. Cuando vi el bonum, toda la ética se desplegó. Cuando vi la composición acto-potencia de la esencia de los entes corpóreos, toda la filosofía de la naturaleza se entendió. El Padre Ferro fue para mí toda la carrera. Todo lo demás fue un continuar, un despliegue, un detalle, una acotación, una subordinada del decir principal.

Y lo tuve tres años. Un año entero en Metafísica, otro entero en Teología natural, otro entero en Temas de Metafísica. Tres años. Tres años escuchándolo, aprendiendo Sto Tomás con él. Aún no termino de agradecer a Dios por eso. Marcó mi vida para siempre, mi comprensión de todo, mi concepción del mundo. Es que Ferro, como decían los frailes, imprime carácter (como los sacramentos). Sí: en mi vida de Fe, yo tuve Bautismo, Comunión, Confirmación, Confesiones, Matrimonio y Ferro.

No sé por qué algunos le tenían miedo. Yo lo amaba. Le preguntaba en clase con toda naturalidad, y sé que él me quería, incluso una vez se le escapó un “Fr. Gabriel” al contestarme, a lo que los reales frailes reaccionaron con un “nooooooooooooooo” :-). Cuando terminaba la clase lo perseguía por los pasillos, y casi siempre le decía “lo que usted quiso decir es esto, no”. A lo cual él contestaba habitualmente “si”, y ese quedaba conformando mi comprensión.

A los tres meses de cursar con él, más o menos, mi Fe se confirmó. Estaba yendo a comulgar. De repente todo encajó. Lo infinito, el bonum, el verum, el ipsum esse, y Cristo en la Cruz. Y me dije “ahora sé qué estoy haciendo aquí”. Por eso tenía que estudiar “esto”. Dios siempre sabe lo que hace.

Al terminar quinto año, le sugerí tímidamente ser su ayudante, pero él declinó con estilo japonés la sugerencia. Sólo cinco años después, misionando con él en Catamarca, él me dijo si quería ayudarlo en Temas de Metafísica. Yo no lo podía creer. ¿Qué había cambiado? Nunca lo sabré. El asunto es que a partir de allí comencé a ayudarlo en Metafísica también. El, con mentalidad militar, me llamaba, delante de otros, “Doctor Zanotti” y me ponía al mando de la tropa, cuyos soldados tenían que perdonarle esa debilidad para conmigo. Pero no tuvieron que preocuparse mucho tiempo. Cuando las fuerzas de Ferro comenzaron a declinar, yo podría haber quedado perfectamente a cargo de la materia. Pero no quise. Yo, que siempre cambiaba todos los planes, programas y etc., yo, que siempre armaba mis propias clases, esta vez no quise. No pude. No me atreví. No sé bien por qué. Hay allí un margen de misterio, pero no me atreví a ser su sucesor en la Unsta Buenos Aires. No quise cambiar nada de lo que él había hecho. Y como nunca pude repetir, dejé.

Nunca pensamos igual en todo. El era demasiado aristotélico. Yo no. Pero él lo sabía. Una vez alguien se lo señaló, y él dijo, refiriéndose a mi: “él siguió su camino”. Impresionante. El verdadero maestro sólo prepara al discípulo para seguir su propio camino. Y los verdaderos discípulos no fuerzan a su maestro a seguir los suyos.

Recuerdo que en el examen de Metafísica, me hizo la clásica pregunta. Qué fórmula era mi favorita para la distinciónesencia-esse. Yo le dije: “Deus, simul dans esse, producit id quod esse recipit” (1). Y él me preguntó con afecto: “Y Dios de dónde salió?”. No sé qué le contesté, pero me la perdonó. Ya se notaba entonces que mi esquema era una via resolutioniscompleta, sin via inventionis. Pero nunca le preocupó. NO me perdonó, en cambio, cuando en Teología natural me preguntó si podíamos conocer la esencia de Dios, y yo muy suelto de cuerpo le contesté: bueno, Dios es aquel cuya esencia es ser, luego, sí, podemos conocer su esencia. Su rostro se nubló. Luego de un pequeño forcejeo me señaló que eso era sólo por analogía. Me bajó dos puntos. Hoy estoy hecho un Pseudo-Dionisio total…

Pero yo conocía también al sacerdote, al dominico, al servicial, al humilde entre los humildes. Una vez le ordenaron algo, yo tuve la impertinencia de sugerirle que discutiera lo que el provincial le había ordenado. El me miró como Jesús a Pedro. No me dijo “aléjate de mi Satanás”, pero sí me dijo algo que lo define de cuerpo entero y de lo cual no me he olvidado nunca: “yo, ante todo, soy fraile”. De vuelta, por favor, démonos cuenta de lo que dijo: “yo, ante todo, soy fraile”. Desde entonces siempre me he referido a él como Fr. Luis S. Ferro. Era, sí, Fr.Pbro. Dr. Luis etc. Pero ante todo, fraile. Fraile dominico, fiel, leal, servicial, caritativo, docente, obediente, casto, pobre. Un modelo a seguir de vida dominica y de santidad.

Académicamente, su bajo perfil casi impide que sus aportes fueran conocidos. Finalmente la Orden y algunos discípulos laicos lograron que publicara sus dos obras fundamentales de Metafísica y Teología natural, los textos de Sto Tomás con los cuales todos estudiábamos, comentados por él. Muchos que se dedican a Sto. Tomás deberían estudiar en profundidad los aportes de Ferro en temas como trascendentales, predicación predicamental y trascendental, la separatio, la analogía. En los 80 estaba muy influido por Cornelio Fabro en el tema participación. Hacia el final de su vida académica estaba muy conmovido por la encíclica Fides et ratio y él mismo comenzó a dar a su metafísica un giro antropológico. Su enfermedad no le permitió continuar. Pero creo que mi travieso “Deus simil dans esse…” me permitió leer su libro nunca escrito.

 

El día que murió, sobre todo a la mañana, estuve sumergido en la nostalgia. Sólo mi padre y Francisco Leocata pueden igualar lo que su palabra significó para mí. Ahora debe estar hablando con su querido Santo Tomás. Ahora todo lo que escribió, igual que a Santo Tomás, le debe parecer nada. Pero, por favor, querido Ferro, intercede para que tus nadas sigan alimentando al resto de los mortales y, sobre todo, a los que tanto te amamos y bebimos del cáliz de tu docencia.

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(1) Lo dije de memoria, NO porque “hablara” en Latín. Una traducción sería “Dios, al mismo tiempo que da el ser, produce aquello que recibe el ser”.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.