Menger y los bienes económicos

Por Gabriel Boragina Publicado el 8/7/18 en: http://www.accionhumana.com/2018/07/menger-y-los-bienes-economicos.html

 

“Así pues, la economía humana y la propiedad tienen un mismo y común origen económico, ya que ambos se fundamentan, en definitiva, en el hecho de que la cantidad disponible de algunos bienes es inferior a la necesidad humana. Por consiguiente, la propiedad, al igual que la economía humana, no es una invención caprichosa, sino más bien la única solución práctica posible del problema con que nos enfrenta la naturaleza misma de las cosas, es decir, la antes mencionada defectuosa relación entre necesidad y masa de bienes disponibles en el ámbito de los bienes económicos.”[1]

En otras palabras, nos dice Menger que la economía y la propiedad nacen en forma simultánea de un único fenómeno causal: el de la escasez de bienes. Notemos que dice “algunos bienes”, dado que los bienes libres también satisfacen necesidades, pero estos últimos no interesan al estudio de la economía; solo los bienes escasos esto es los bienes económicos son relevantes a nuestra ciencia. En abierto desafío a las teorías socialistas que expresan lo contrario, el genial Menger nos explica que la economía y la propiedad que aparecen al unísono no son fruto de capricho humano. Por el contrario, economía y propiedad aparecen como la única y exclusiva solución viable para paliar la realidad de la escasez de bienes en relación a la necesidad que existe de ellos. Va de suyo que, si las necesidades fueran inferiores a la cantidad existente de bienes desatinadas a satisfacerlas, ni la economía ni la propiedad hubieran sido necesarias, ergo, ni siquiera hubieran aparecido.

“Por esto mismo, es también imposible eliminar la institución de la propiedad sin eliminar al mismo tiempo las causas que llevan forzosamente a ella, es decir, sin multiplicar al mismo tiempo las cantidades disponibles de todos los bienes económicos hasta tal punto que pueda quedar realmente cubierta la necesidad de todos los miembros de la sociedad o sin disminuir hasta tal extremo les necesidades de los hombres que los bienes de que de hecho disponen basten para cubrir aquellas necesidades.

Si no se consigue un equilibrio de este tipo entre necesidad y masa disponible, un nuevo orden social podrá conseguir, sin duda, que sean otras personas —en vez de las actuales— las que pueden utilizar las cantidades disponibles de bienes económicos para la satisfacción de sus necesidades, pero nada ni nadie podrá impedir que siga habiendo personas cuyas necesidades de bienes económicos no son cubiertas, o lo son incompletamente, y frente a cuyas siempre posibles acciones violentas tendrán que ser defendidos los nuevos propietarios. La propiedad, en el sentido mencionado, es, pues, inseparable de la economía en su forma social y todos los planes de reforma social sólo pueden tender, si quieren ser razonables, a una distribución adecuada de los bienes económicos, no a la supresión de la institución de la propiedad.”[2]

Reafirmando que la propiedad surge de la escasez de bienes suficientes para satisfacer las necesidades humanas, Menger contesta a quienes postulan la abolición de la propiedad explicándoles que la única manera de lograrlo es multiplicando la totalidad de los bienes existentes en tal extensión que permita cubrir perfectamente todas las necesidades humanas. Alude –recordemos- a bienes económicos como sinónimo de bienes escasos. La otra manera por la cual podría llegarse a la supresión de la propiedad sería operando en forma inversa, es decir reduciendo todas las necesidades de todas las personas hasta un punto tal que solamente queden las necesidades que puedan ser cubiertas con la cantidad total de los bienes existentes hasta ese momento. Exclusivamente en estos dos casos, o sea, logrando estos objetivos, la propiedad podría llegar a desaparecer. Va de suyo la imposibilidad fáctica de ambas hipótesis, pese a que no han faltado experimentos en la historia económica en los que se haya intentado tanto un extremo como el otro, y en donde los fracasos en dicho sentido no han dejado de ser recurrentes.

Seguidamente, apunta Menger que de no poderse obtener ninguno de los dos objetivos antes esbozados, lo único que le queda a quien aspira a suprimir la propiedad es a despojar a los actuales propietarios de sus bienes económicos para entregárselos a lo no propietarios, con lo cual quienes pasarán a satisfacer todas sus necesidades serán los nuevos propietarios, en tanto los anteriores expoliados propietarios pasarán a padecer de las mismas necesidades que antes sufrían los ahora nuevos “propietarios”. Como sabemos, esto es lo que en la práctica ha hecho siempre el socialismo: un simple pasaje de términos, en lo que Alberto Benegas Lynch (h) ha resumido en la acertadísima fórmula: “quitar a unos de lo que les pertenece para darles a otros lo que no les pertenece”, es decir, la fórmula en la que se sintetiza la llamada “justicia social”. Finalmente, en este párrafo, Menger llama la atención sobre la posible violencia que producirá tal tipo de despojo, lo que nuevamente hemos visto verificado en la práctica, en todos los regímenes socialistas habidos y existentes a hoy.

“En las dos secciones precedentes hemos considerado la naturaleza y el origen de la economía humana y hemos defendido la opinión de que la diferencia entre los bienes económicos y no económicos se fundamenta, en definitiva y en el más exacto sentido de la palabra, en la diferente relación existente entre la necesidad y la cantidad disponible de dichos bienes.”[3]

Menger remarca una y otra vez la característica de escasez que distingue a los bienes económicos de los no económicos, si bien lo hace –al decir de F. A. v. Hayek- sin emplear (entendemos que en el original en alemán) la palabra escasez (en la traducción española si, aparece a menudo esta palabra, seguramente por obra del traductor, como ya hemos apuntado más arriba). En la cita precedente se refiere a la escasez cuando alude a “la diferente relación existente entre la necesidad y la cantidad disponible de dichos bienes.”[4]. Los “bienes no económicos” –como recordaremos- también se designan como “bienes libres” en la jerga económica.

[1] Carl Menger. Principios de economía política. Introducción de F. A. v. Hayek. Ediciones Orbis. Hyspamerica. pág. 69

[2] Menger Carl. Principios…ob. cit. pág. 69

[3] Menger Carl. Principios…ob. cit. pág. 71

[4] Menger Carl. Principios…ob. cit. Pág. 71

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Menger: bienes económicos y propiedad.

Por Gabriel Boragina. Publicado el 25/10/14 en: http://www.accionhumana.com/2014/10/menger-bienes-economicos-y-propiedad.html

 

“No es tarea fácil imaginarse hoy que Menger haya sido el primer autor que basó la distinción entre bienes libres y bienes económicos en el concepto de la escasez. Como él mismo dice (Ver Capítulo II, nota 7), todos los autores alemanes que ya habían utilizado estos conceptos con anterioridad —y muy concretamente Harmann— intentaron explicar la diferencia por la presencia o ausencia de costes, en el sentido de esfuerzos, mientras que la literatura inglesa ni siquiera conocía esta expresión. Es un hecho muy característico que en la obra de Menger no figure ni una sola vez la sencilla palabra de “escasez”, aunque fundamentó todo su análisis en esta idea. “Cantidad insuficiente” o “relación económica de las cantidades” son las equivalencias más exactas y aproximadas —aunque ciertamente mucho más pesadas— utilizadas en sus escritos.”[1]

Antes de Menger, no era desconocida la expresión bienes económicos y libres, como dice la cita. Pero la diferencia se radicaba en lo que llamaríamos la “teoría del valor-costo” (o “costo-valor”), que -a su vez- se hacía afincar en la del “valor-trabajo” o también conocida como “teoría laboral del valor”. Para aquellos autores, un “bien económico” merecía recibir dicho nombre siempre y cuando se hubiera demandado incurrir en costos para obtenerlo, caso contrario no alcanzaría dársele ese nombre, y -en su lugar- denominarlos como bienes no económicos, o más sencillamente, bienes libres. Es recién con Menger que esta apreciación cambia de enfoque, haciéndola recaer nuestro autor, ya no en el concepto de “costo” sino en el de escasez. Respecto a la observación de F. A. v. Hayek en cuanto a que Menger en su obra no emplearía “ni una sola vez” la palabra “escasez”, hemos de hacer notar que, con toda seguridad, ha de estarse refiriendo al original alemán de tales escritos, habida cuenta que en la traducción española, en la que nos hemos basado para las consideraciones que seguirán, la palabra escasez aparece en un sinfín de lugares, probablemente –a estar a lo que F. A. v. Hayek ha advertido- por obra del traductor a este último idioma, y en busca de una mejor comprensión y síntesis de esas fórmulas “mucho más pesadas” empleadas por Menger. Pasemos ahora directamente al análisis de las elaboraciones que Menger ha hecho sobre el concepto de “bienes económicos”.

“respecto de la relación cuantitativa de los bienes, los hombres pretenden con su actividad previsora, encaminada a la satisfacción de sus necesidades, los siguientes fines

  1. Hacer una elección entre las necesidades más importantes, que satisfacen con las cantidades de bienes de que disponen, y aquellas otras que tienen que resignarse a dejar insatisfechas.
  2. Alcanzar con una cantidad parcial dada dentro de la relación cuantitativa de bienes, y mediante un empleo racional, el mayor éxito posible, o bien, un éxito determinado con la menor cantidad posible. Dicho con otras palabras, utilizar las cantidades de bienes de consumo directo y sobre todo las cantidades de medios de producción de que disponen de una manera objetiva y racional, para satisfacer sus necesidades del mejor modo posible.

A la actividad humana encaminada a la consecución de los mencionados fines la denominamos, considerada en su conjunto, economía. A los bienes que se hallan en la relación cuantitativa antes descrita, y que constituyen su objeto exclusivo, los llamamos bienes económicos, en contraposición a aquellos otros de los que los hombres no tienen ninguna necesidad para su actividad económica y ello debido a razones que, como veremos más adelante, se explican de lleno en virtud de la relación cuantitativa tomada en su sentido más estricto, como acabamos de indicar a propósito de los bienes económicos.”[2]

Encontramos aquí una manera verdaderamente magistral con la cual Menger llega a su definición de economía. Lo hace en forma descriptiva, mediante una conclusión final que contiene la esencia del concepto. Como se observa, todas sus nociones giran en torno a lo que Menger llama “la relación cuantitativa de los bienes”, es decir, y como F. A. v. Hayek apuntaba en su Introducción, la manera en que Menger aludía a lo que hoy expresaríamos bienes escasos. Esos son los “bienes de que disponen” los hombres. Esos bienes por sí mismos, carecen de significación alguna si no se los relaciona con “la satisfacción de sus necesidades”, pero no es esta última característica la que define a un bien económico, porque los bienes libres también satisfacen necesidades humanas. Sólo la efectiva disposición en una determinada cuantía es la que determina el carácter económico o no económico de un bien. Llega pues a su definición de economía a través de dos pasos:

Por el primero, considera, teniendo en cuenta cierta cantidad de bienes disponibles, la selección de necesidades que hacen los hombres para determinar cuáles de ellas merecen ser satisfechas con prioridad a las subsiguientes. Por el segundo, y esta vez desde el ángulo cuantitativo o -en otros términos- dada la escasez de esos mismos bienes, fijar el objetivo a cumplir con estos, que puede estar entre la atención del mayor éxito posible, o bien un éxito dado (se sobreentiende inferior al mayor posible) con la menor cuantía también posible de esos bienes, englobando en este último punto tanto los bienes de consumo como los de producción. Es a la actividad encaminada a obtener estos propósitos a lo que Menger llama economía. Y es a los bienes escasos a los que llama bienes económicos, destacando que son estos el objeto exclusivo de la economía, diferenciándolos de los bienes libres a los que alude con la expresión “aquellos otros de los que los hombres no tienen ninguna necesidad para su actividad económica”. Seguidamente, traza la indisoluble relación entre economía y propiedad:

“Así pues, la economía humana y la propiedad tienen un mismo y común origen económico, ya que ambos se fundamentan, en definitiva, en el hecho de que la cantidad disponible de algunos bienes es inferior a la necesidad humana. Por consiguiente, la propiedad, al igual que la economía humana, no es una invención caprichosa, sino más bien la única solución práctica posible del problema con que nos enfrenta la naturaleza misma de las cosas, es decir, la antes mencionada defectuosa relación entre necesidad y masa de bienes disponibles en el ámbito de los bienes económicos.”[3]

[1] Carl Menger. Principios de economía política. Introducción de F. A. v. Hayek. Ediciones Orbis. Hyspamerica. Tomo I. pág. 7

[2] Menger Carl. Principios…ob. cit.  pág. 67 tomo I

[3] Menger Carl. Principios…ob. cit.  pág. 69

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.