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Desmitificando al liberalismo

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 4/1/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/01/04/desmitificando-al-liberalismo/

 

La mala imagen del liberalismo descansa en una serie de mitos. Aquí algunos de ellos

Hubo una época en la que Argentina sabía estar entre las naciones con mayores ingresos del mundo. Fue la época del liberalismo y la apertura comercial en Argentina. Con la llegada del peronismo, la Argentina giró 180 grados, se volvió un país alejado de los principios del libre mercado, donde la política de sustitución de importaciones es más importante que el comercio internacional. Actualmente Argentina ya no se encuentra entre las naciones de mayores ingresos del mundo y posee índices de pobreza cercanos al 30 por ciento. Es un país asociado a la corrupción, las expropiaciones y las recurrentes crisis económicas.

No obstante la mala imagen que el liberalismo posee en Argentina, en los últimos tiempos esta doctrina ha ganado presencia en el debate público y en los medios. En especial a través de los economistas liberales, que no se cansan de insistir una y otra vez con los beneficios del libre comercio. La mala imagen del liberalismo descansa en una serie de mitos. Aquí algunos de ellos.

El liberalismo no es pro empresa, es pro igualdad ante la ley.

El liberalismo no es una doctrina que busque beneficiar a un sector a expensas de otro. Si hay un sector sobre el cual Adam Smith ya alertaba tener cuidado, era justamente el empresarial. Es una doctrina que busca respetar la igualdad ante la ley. No sólo para trabajadores y empresarios, fundamentalmente también para el Estado. No hay lugar para la extorsión para mafias, ni para sindicatos, ni para funcionarios públicos.

Podría decirse que si hay un sector social al cual el liberalismo beneficia, es al trabajador. En los países con economías más libres del mundo el factor trabajo recibe un porcentaje del ingreso total mayor al factor capital. Mientras que en las economías menos libres, esta relación tiende a invertirse.

El liberalismo no es anti Estado, es pro límites al abuso de poder. Hay varias corrientes de liberalismo, por ejemplo, el liberalismo clásico, el anarco-capitalismo, el minarquismo, etcétera. El término “libertario” abarca a todas esas corrientes. Salvo el anarco-capitalismo, el liberalismo no busca eliminar al Estado. Lo que el liberalismo requiere son maneras eficientes de contener los abusos de poder estatal. Es un error conceptual pensar en el libertarismo como un indicador de pureza liberal. Mayor rechazo al Estado no implica necesariamente ser más liberal, es simplemente ser más anti Estado o quizás más anarquista.

Posiblemente los tres economistas liberales con mayor reconocimiento del siglo XX sean Ludwig von Mises, Friedrich A. Hayek y Milton Friedman (Karl R. Popper y Robert Nozick en el área de la filosofía). Ninguno de los tres era anarco-capitalista, los tres fueron liberales clásicos que consideraban al Estado necesario, en términos de liberalismo clásico, para tener una economía libre y estable.

El liberalismo no es despreocupado de las necesidades sociales, busca justamente ayudar a los más necesitados.

El liberalismo no es una doctrina fría a la que no le importa la suerte de los más necesitados. Por el contrario, considera que una economía libre es el sistema económico con más posibilidades de reducir la pobreza. De hecho, la historia muestra que los grandes procesos de reducción de pobreza se dan a la par de mayores libertades económicas. Quien crea que al liberalismo no le importan los pobres o los necesitados puede darse una vuelta por los textos de autores como Mises, Hayek, Friedman, Adam Smith, etcétera.

Hoy día se habla menos de pobreza y más de desigualdad del ingreso. Esto se debe, justamente, a la fuerte reducción en pobreza que se ha observado en las últimas décadas. La distribución del ingreso es un problema distinto al de pobreza. Y como sugiere Angus Deaton, nobel en Economía por sus estudios en este tema, el problema no es la distribución del ingreso en sí sino qué tan justo es el proceso por el cual se distribuye el ingreso. Al buscar la igualdad ante la ley en lugar de beneficios sectoriales, el liberalismo desea un sistema social más justo.

Se encuentra arraigado en la opinión pública que las economías más libres poseen una peor distribución del ingreso. Este no es el caso. El porcentaje del ingreso nacional que recibe el 10% de la población con mayores ingresos es independiente del grado de libertad económica. La diferencia es que en países como la Argentina del kirchnerismo o la Venezuela bolivariana los ricos son aquellos que se benefician a través del Estado. Mientras que en países con economías libres, los ricos son aquellos que sirven al consumidor. Empresarios como Bill Gates, Jeff Bezos o Steve Jobs se encuentran en países con economías libres, no con economías reprimidas como la de Argentina.

El liberalismo no es partidario, es constitucional. Al liberalismo le preocupan las normas que deben gobernar a una sociedad, es decir, su Constitución. El liberalismo no es un movimiento o un partido político, es una concepción constitucional o fundacional. Consiste en pensar cómo limitar al rey o al Estado, indistintamente de quién sea el gobierno de turno. Pedir que el liberalismo “arme un partido y gane las elecciones” es simplemente confundir cómo se debe administrar al Estado (partidos políticos) con cuál debe ser el papel del Estado (liberalismo como filosofía política).

El liberalismo es fundamentalmente democrático y republicano. Sugerir que el liberalismo es pro dictadura porque algún funcionario supuestamente liberal se ha identificado como tal no hace sombra la constante oposición al autoritarismo del liberalismo. Por ejemplo, a diferencia de los mitos que rondan por sectores de izquierda, ni Friedman ni Hayek apoyaron ni contribuyeron con la dictadura chilena. Por el contrario, en ambos casos dejaron cuestionamientos inequívocos a la dictadura.

La época de oro de Argentina coincide con su época liberal. Argentina tiene la posibilidad de volver a discutir estas ideas y dar inicio a un cambio en serio y de fondo. Para ello es necesario discutir las ideas del liberalismo, en lugar de perderse en mitos y versiones caricaturescas.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

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El inevitable final de los populismos

Por Eduardo Filgueira Lima.  Publicado el 27/1/14 en http://www.cepoliticosysociales-efl.blogspot.com.ar/2014/01/el-inevitable-final-de-los-populismos.html

Hemos comenzado un nuevo año con primer mes en el que nuestro país ha sido sacudido por una serie de acontecimientos políticos y económicos que eran predecibles desde fines del 2013.
Nuestros colaboradores y otros artículos incluidos en nuestras páginas – así como diversos medios del país y el exterior – nos advertían de las difíciles circunstancias a las que nos acercábamos y que en este Enero se han plasmado en hechos que obligaron al gobierno a tomar medidas desesperadas para evitar caer en una crisis que parece ya inevitable.
Por un lado – y seguramente solo una estrategia – la Sra. Presidente se mantuvo 40 días “ausente” de toda exposición pública, (desde el último 10 de Diciembre de 2013), aún a sabiendas de la difícil pendiente por la que las políticas populistas “K” nos han conducido. Solo pretendió el pasado 22 de Enero recuperar algo de su liderazgo desdibujado, en una exposición de 40 minutos, anunciando un plan de “subsidios para que los jóvenes de entre 18 y 24 años – los conocidos “ni-ni” – puedan estudiar.
El Plan PROGRESAR desnuda el estrepitoso fracaso de las políticas “inclusivas” – de educación y laborales – que han llevado adelante los 10 años de gobiernos “K” y repite viejas recetas y vicios de la política (la crisis educativa argentina requiere soluciones más comprometidas y de fondo en las políticas públicas que un simple subsidio), por otra parte insuficiente, por lo que debe suponerse solo discursivo.
Pero en su discurso eludió todos los demás problemas que nos aquejan como si no fueran de su responsabilidad,.. ni de su conocimiento. Solo el Jefe de Gabinete y/o el Ministro de Economía, que han dado sobradas muestras de su ineptitud intentan anunciar medidas de coyuntura.
Que la Sra. Presidente desconoce los temas económicos no debe quedarnos ninguna duda,.. pero un presidente no tiene porqué saberlo todo. De hecho solo se deben reconocer las propias limitaciones y saber rodearse de un equipo idóneo que pueda acercarle las soluciones más adecuadas. De otra forma con  cada medida que se toma, cada vez nos acercamos más al precipicio.
Y lo anterior no tiene la intención de desestabilizar, recrear el pánico o tener alguna idea conspirativa. Ya el común de la gente sufre en carne propia y día a día las consecuencias en su bolsillo, de lo que las políticas económicas populistas producen.
Porque este gobierno a la par de cercenar las libertades, cada vez que las cosas no le salen como espera, inventa enemigos de la justa causa que se supone defiende, como una gesta revolucionaria y son esos supuestos enemigos los gestores de su fracaso.
Por eso se debe luchar contra ellos, se los debe denostar, agredir, coaccionar,.. etc. y esto hizo la Sra. Presidente en su último discurso, lo que es a su vez una muestra más y el reconocimiento implícito del fracaso, la imposibilidad de cambiar aunque sea los modos y la declinación inevitable del mentado “modelo”.
Los problemas no son nuevos. Los argentinos sabemos ya de reiterados fracasos de las políticas de este tipo,.. porque de una u otra manera el procedimiento es siempre el mismo:
     Ø  Los políticos para acceder al poder necesitan votos y para ello deben prometer y convencer o efectuar alianzas – como la “transversalidad” – que les permitan llegar.
     Ø  Luego en el gobierno se encuentran ante dos disyuntivas: o generan políticas de crecimiento y desarrollo a “largo plazo” (lo que requiere enormes esfuerzos de capitalización) cuyos resultados tal vez no vean y sean tardíos a sus fines personales, o se preocupan más por el “corto plazo” intentando tapar con parches circunstanciales, las perspectivas de desarrollo mediante subsidios a sus socios y a los más postergados.
     Ø  Finalmente siempre optan por esta última opción que es la que más rédito les genera, aunque signifique un impedimento al desarrollo: una merma en la producción (es decir: que no se produce tanto como potencialmente se podría) y un incremento progresivo del gasto público.
     Ø  El estado – colonizado progresivamente por los gobernantes y sus adláteres – crece de manera gigantesca y para alimentarse recurre a las variadas fuentes de recursos de los que dispone: los impuestos (hasta que ahogan a la actividad productiva) – nuestro país es uno de los que hoy tiene mayor carga impositiva – o las expropiaciones y confiscaciones de empresas (AFJP, AA, YPF, etc.), venta de servicios, y finalmente la grotesca emisión monetaria que erosiona el valor de la moneda.
     Ø  Pero por otra parte necesita mantener el equilibrio fiscal que obviamente se sustenta en gastar lo justo y recaudar lo necesario,.. a la larga los gobiernos populistas terminan en invertir la ecuación y gastan más de lo que deben: la cuestión es generar una falsa sensación de bienestar,.. beneficia bien a los socios, mal a la gran  mayoría,.. y el déficit generado lo pagamos todos.
      Ø  El pensamiento “mercantilista” (de los Siglos XVI, XVII y XVIII), tiene gran predicamento entre los políticos y la población en general. Tanto como las teorías de Singer-Prebich  y el consabido “vivir con lo nuestro” y sustituir importaciones. Es más fácil pensar lo que esas teorías suponen, que comprender que hoy no es posible generar riqueza y producir sin importar. Esto es decir que: para exportar más necesitamos importar más. El cepo a las importaciones impone restricciones severas a la generación de bienes por nuestra parte.
     Ø  Finalmente la política monetaria: el BC se convierte en un financiador imprescindible de un estado elefantiásico e ineficiente mediante la emisión monetaria. Sin excluir las “otras cajas” a las que el gobierno echará mano sin miramientos hasta agotarlas. Este mecanismo de exceso en la emisión monetaria (más allá de la demanda de dinero), así como el mal manejo del crédito (que induce de manera implícita un incremento de la masa monetaria), son los factores que generan una inflación incremental.
      Ø  Todos percibimos la pérdida de nuestro poder adquisitivo y tratamos de refugiar nuestros activos en una moneda “dura”. Los argentinos ya conocemos el “camino del dólar”.
La inflación no es el aumento indiscriminado de precios como le gente la define en general. La inflación es la pérdida del valor de la moneda, que se traduce en que para conseguir la misma cantidad de bienes cada vez es necesaria mayor cantidad de dinero. La inflación es el impuesto más perverso pues deteriora los salarios, genera desconfianza e incertidumbre y sus efectos – si bien los pagamos todos – los pagan en mayor medida quienes se encuentran en peores condiciones.
La paradoja es que lo anterior quiere decir que: las políticas que instaura el gobierno terminan por perjudicar más a quienes dice querer “incluir”.
Y este ciclo de una u otra forma es generado por las políticas de gobierno que – por intervencionistas – desnaturalizan las reglas del mercado el que termina por imponerle “sus” límites a la política, de una manera dolorosa para quienes inadvertidos han depositado siempre renovadas esperanzas en el gobierno de turno.
Se trata de gobiernos que se aferran a una visión anacrónica y limitada de la política. Que ideológicamente siguen atados a falsos nacionalismos colectivistas, a pensar de manera simplista las variables económicas, a identificar enemigos internos y externos cuando las posiciones son distintas, a creer que el trasfondo de nuestros males está en el mercado y en el aprovechamiento de sus beneficios por parte de (lo que llaman) la oligarquía y los imperialismos.
Así como sus métodos nos conducen a aislarnos cada vez más del mundo, con sus graves consecuencias, intervenir cada vez más en la economía y en la vida política: silenciando voces críticas,.. promoviendo una justicia adicta, (aunque sea alquilada), sin  mencionar la corrupción que tiñe todos los actos y se convierte en una constante.
Todo lo anterior desmerece a la política y deja a los ciudadanos a merced de caprichosas decisiones, sumiéndolos en la desconfianza y la desesperanza.
Los problemas que heredamos son demasiados y no finalizan hoy, ni en el escueto listado que he hecho. Todavía faltan por encarar muchos problemas para los que el gobierno parece tener “recetas hechas”, aunque el rumbo errático parece demostrar lo contrario:
Ø  El control de la inflación que se estima mayor al 30%
Ø  Las deudas de las provincias en un contexto de Nación federal con un medio centralizado de manejo de los recursos (el 75% queda en el gobierno central), lo que le permite someter y disciplinar gobernadores, que ya sienten el peso de su gasto (y deudas que alcanzan los u$s 1.720 millones)
Ø  Un acuerdo de precios que será insostenible (los argentinos tenemos suficiente experiencia de los fracasos a los que estas medidas conducen), sino se logra estabilizar el precio del dólar, cuya inevitable consecuencia es el desabastecimiento.
Ø  El precio del dólar del que no se conoce su próxima evolución, las especulaciones son muchas y que lo anunciado – una limitación del cepo a la compra como reserva de valor – pienso que tendrá poco efecto sobre su demanda, en particular por las limitaciones que impondrá la AFIP.
Ø  Las reservas del BCRA, que en picada se han desplomado hasta perforar la barrera de los u$s 30.000 millones, con lo que se supone una marcada disminución en su potencialidad para influir en el mercado del dólar, así como para pagar con reservas las deudas pendientes.
Ø  Las dificultades que – dados nuestros antecedentes y la desconfianza que hemos generado – tendremos para acceder al mercado internacional de capitales, necesarios para lograr inversiones productivas en el país.
Ø  La inevitable puja salarial que se avecina: ¿podrán convencer a los asalariados que deben moderar sus reclamos y absorber mayor parte aún del deterioro que la inflación produjo en sus salarios?,.. ¿Se desconoce acaso que el 30% de la población vive en condiciones de pobreza y que el salario para sostener una canasta básica supera hoy los $ 6.000 por mes?
Ø  La crisis energética que nos insume importaciones por valor de u$s 14.000 millones para este año, si se quiere mantener la actividad industrial y la provisión regular de servicios.
Se trata de solo unos pocos de los problemas que debemos enfrentar y todo ello sin ingresar en las consecuencias sociales como el deterioro de la calidad educativa, de la salud y de muchas otras políticas públicas.
Probablemente el deterioro social e institucional sea el problema más grave y que nos llevará muchos años reconstruir.
En el año 2010 la Sra. Presidente dijo: ”…quienes quieran especular con otra devaluación y hacer extraordinarias ganancias con ello, deberán esperar otro gobierno,..” Y también agregó ya en 2011: “… nuestro gobierno jamás recurrirá a un ajuste para equilibrar,…”
En realidad la Sra. Presidente se anticipaba a lo que hoy estamos viviendo: la hora del ajuste.
Tal vez intuía el derrotero inevitable de sus políticas y de la impericia de sus funcionarios. Tal vez, como la mayoría de las veces – y como casi todos nuestros gobernantes – prefirió inclinarse por políticas cortoplacistas que hacen más a sus intereses políticos personales que a la promoción de un país desarrollado.
De cualquier manera que sea, hoy deben contenerse las variables que nos conducen al descalabro y en particular el gasto público, pero en cualquier caso no se tratará de “sintonía fina”,.. sino lisa y llanamente de un ajuste que unos pagarán más que otros, pero que nos afectará a todos.
El problema radica en analizar “cuáles son las variables que el gobierno prefiere” ajustar y cuales menos: ¿serán los salarios,.. o los subsidios a las empresas,.. o emitirá más aún,…o….?
Sin dudas estamos atados a sus “preferencias”, que se declaman progresistas pero si se mantienen en el mismo derrotero seguramente nos sumirán cada vez más en el estancamiento y el deterioro de nuestra sociedad.
La década “K” ha generado incertidumbre, impuesto un promocionado “modelo”, perseguido a sus detractores y críticos, colonizado el estado como botín de guerra y emitido dinero sin respaldo para financiarse.
Además aunque los funcionarios leen la situación – y la sociedad se los ha dicho en las últimas elecciones – se enredan en un diagnóstico errado: ¿Por qué habríamos de pensar que “sus preferencias” serán las acertadas para generar un país mejor?
Nosotros debemos hacerlo según nuestras propias convicciones y sabemos que del intercambio surgirán nuevas propuestas y oportunidades, por ello los invito a continuar el trabajo pendiente en este nuevo año 2014.

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Profesor Universitario.

Saqueos: desidia política

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 19/12/13 en:  http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2013/12/19/saqueos-desidia-politica/

 

Desidia política, en el peor de los sentidos, es lo que describe a la dirigencia política Argentina en su conjunto a la luz de sus actos y omisiones en los últimos días. Sin que se interprete como una generalización de todos los funcionarios públicos, el oficialismo y la oposición han dejado mucho que desear y ambos grupos han contribuido a llegar al punto de tener medio país en anarquía con importantes daños económicos y materiales e inentendibles muertes innecesarias. ¿Cómo se describe un país con altos índices de pobreza, inflación con un piso del 25% anual y estado de anarquía en medio territorio nacional? ¿Qué dice de un país donde el jefe de Gabinete dice no haber enviado fuerzas de seguridad porque no le sonó el teléfono y sigue en funciones como si nada hubiese pasado? ¿Cómo se llegó a esto? Si bienes un tema muy complejo, hay tres puntos que creo no deben pasar por desapercibidos: (1) el económico, (2) el político y (3) el cultural.

En lo que respecta al problema económico, una década de consumo de stock de capital, ya con varios años de alta inflación y un asistencialismo fuera de control no hacen más que acumular tensiones que pueden estallar en modos y momentos inesperados. No es fácil saber cuál va a ser la gota que rebalse el vaso. La inflación no es sólo un impuesto, es un impuesto que recae con mayor incidencia sobre los más necesitados. Son las clases medias y altas las que tienen mayor facilidad de acceso a distintas alternativas para cubrirse de la inflación. Los sectores más golpeados, sin embargo, ven desaparecer sus posibilidades de movilidad social frente a sus ojos. La década ganada produjo la ilusión de crecimiento a tasas chinas a base de consumo de stock de capital en lugar de a base de inversiones de largo plazo. Los trenes chocan, las rutas están rotas, la telefonía fija está comenzando a funcionar mejor que la móvil, faltante de energía, son síntomas claros de consumo de stock de capital. El kirchnerismo hipotecó el futuro a expensas de financiar una fiesta de corto plazo y parte importante de la sociedad confundió la fiesta con genuino progreso económico.

En lo que respecta al problema político, tanto el oficialismo como la oposición cargan pesadas responsabilidades. Ambos han faltado, a mi entender, a sus funciones y obligaciones de servidores públicos. Las transgresiones institucionales del oficialismo, demasiado numerosas para recordar, no hacen más que predicar con el ejemplo el robo, la expropiación y el desinterés hacia la propiedad del prójimo al presentarlas como aceptables actitudes Nac&Pop. Si el gobierno se da el lujo de ignorar los fallos de la Corte Suprema de Justicia (cuando le conviene), de expropiar de manera inconstitucional, de intimidar desde la cadena oficial y con personajes como Guillermo Moreno y la AFIP, ¿por qué ha de aplicar una moral distinta al ciudadano a pié? Para bien y también para mal, la autoridad moral del gobierno es guía de parte importante de la sociedad. Los saqueos fueron la moral del “vamos por todo” puesta en práctica. La doble moral del oficialismo debería avergonzar al kirchnerista más radicalizado. Mientras se dedican días de duelo por la muerte de un dictador anacrónico como Hugo ChávezCristina Kirchner decide bailar al compás de cumbias y cacerolas a la par que argentinos eran saqueados y morían de manera innecesaria. Si los muertos no le importan a la máxima autoridad del Poder Ejecutivo, ¿por qué ha de importarle al policía mal pago? De ninguna manera estoy diciendo que la actitud de las fuerzas de seguridad haya sido aceptable. Tal concepción es imposible de aceptar cuando en una república el contrato social consiste en entregar las armas a las fuerzas de seguridad para que nos protejan a cambio del pago de impuestos. Que tal cosa haya sucedido habla, justamente, de la ruptura institucional en la que se encuentra el país. Ni el kirchnerismo ni la oposición pueden, sin embargo, hacer ajena a ellos mismos las críticas bien levantadas contra la actitud de las fuerzas de seguridad. El poder político, tanto como las armas, pueden ser utilizadas para levantarse contra el pueblo.

Este kirchnerismo de doble moral y discurso adaptado a las conveniencias ha crecido a la sombra de una oposición que le permitió llegar a ser lo que es. Es cierto que en la medida que la oposición no es mayoría posee límites a los frenos institucionales que puede poner a un gobierno de inocultable sesgo autoritario, pero no es menos cierto que es la misma oposición que acompañó con su voto expropiaciones como las de las AFJP y Repsol-YPF entre otras iniciativas. Algunos opositores confesaron votar a favor de expropiaciones por lo que dice el corazón y no lo que indica la razón. ¿No es esto, acaso, un mensaje similar al de obediencia debida de Pichetto? Ya sea que el voto, a sabiendas erróneo, se hace por un corazón nacionalista o un corazón partidario, el daño institucional es ineludible. La oposición parece estar jugando la peligrosa apuesta de que el “vamos por todo” continúe hasta el 2015 con la esperanza de que el gobierno no tenga más remedio que hacerse cargo de los ajustes y costos políticos necesarios. El costo de esta apuesta política recae en el ciudadano, como si las muertes en saqueos y repetidos accidentes en trenes no fuesen lo suficientemente explícitos de quien paga la factura del juego político. No deja de ser, incluso, una apuesta que me cuesta entender. Los últimos días muestran que el gobierno prefiere dejar un país en llamas a hacerse cargo de sus propios errores. Mientras el gobierno de Cristina Kirchner bate récords de causales de juicio político, la oposición habla de dialogo con un gobierno que ofrece menos retorno que una pared de concreto. Ser políticamente correcto pero institucionalmente irresponsable no deja de ser signo de una clase política corrupta en sus principios institucionales. La oposición da la sensación de estar institucionalmente tan confundida como el oficialismo si cree que una elección da inmunidad institucional frente a los ciudadanos y sus pares.

Por último, pero no por ello menos importante, el factor cultural también ha jugado un rol central. Los saqueos no son nuevos, son parte de la cultura Argentina. ¿No es saqueo al pueblo una carga tributaria récord sin contraprestaciones? ¿No es saqueo acaso una inflación descontrolada por un gobierno que le falta a la verdad en la cara al ciudadano (incluido su votante) la negar el problema? ¿No es saqueo que el gobierno le de beneficios al pseudo-empresariado del país cargando así sobre las libertades y bolsillo del consumidor? Este saqueo institucional es manifestación de las preferencias políticas del votante medio, o al menos de una parte importante de la sociedad. La misma sociedad Argentina no deja de tener parte de responsabilidad al apropiar y cultivar una cultura de “vivir del otro.

Una sociedad que sospecha en lugar de admirar al empresario exitoso difícilmente disfrute de una cultura emprendedora. En su clásico “El Estado”, Frederic Bastiat decía que el “Estado es la gran entidad ficticia por la que todos buscan vivir a expensas uno del otro.” En Argentina se ha hecho de esto una máxima. ¿Cuántos Argentinos se creen con derecho a recibir por parte del estado fondos provenientes del prójimo? ¿No es esto usar la fuerza del estado para saquear la propiedad de terceros? Lamentablemente esta concepción es insostenible como filosofía de vida en sociedad y cuando los recursos escasean pasa a imperar la ley de la selva sobre el estado de derecho. La sociedad argentina se debe una seria mirada interna en su responsabilidad de demandar y fomentar populismo por parte de una dirigencia política dispuesta a proveerla, después de todo es el mismo ciudadano, no el político, quien debe afrontar el costo. Esto no debe entenderse como una excusa a la clase política cuyo deber es proteger las instituciones y no permitir que el voto de la mayoría sea herramienta de expropiación de la minoría. La desidia política de confundir democracia ilimitada con democracia limitada por los principios republicanos llevan un rol protagónico en los tristes eventos de días anteriores.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Chávez y Cristina, “uniendo” a América Latina

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 1/8/12 en http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/chavez-y-cristina-uniendo-a-america-latina-alejandro-a-tagliavini-columnista-el-tiempo_12083114-4

 México asegura que el decreto de la Casa Rosada, que en junio terminó con el acuerdo automotor, es ilegal y que no habrá conversaciones con Argentina si no se levanta la suspensión del régimen de intercambio bilateral de autos, sumando así un nuevo capítulo a las tensas relaciones. La actitud argentina se debe al miedo por el creciente déficit en el comercio de automóviles con México, que llegó a 832 millones de dólares en el 2011.

El modelo represivo argentino no podía tener otra consecuencia que la destrucción y, como todo ente depresivo, no encuentra otra solución que encerrarse sobre sí mismo, asilándose del exterior a pesar de su demagógico discurso a favor de la “unión latinoamericana”. Argentina es el país que más normas aplica para reprimir el comercio exterior, según el informe ‘Global Trade Alert’, del Centro de Investigación de Política Económica, sumando 168 medidas sólo desde el 2009. Los países más afectados por estas medidas fueron China, Brasil (otro “hermano” latinoamericano) y EE. UU., restricciones que afectan al 37 por ciento de los productos, porcentaje muy alto comparado con Alemania (2 por ciento) o EE. UU. (11 por ciento).

Tanta depresión, tanta cerrazón, tanto ánimo destructivo tiene consecuencias lógicas. Los latinoamericanos que más dinero enviaron a los paraísos fiscales entre 1970 y el 2010, según la Tax Justice Network (TJN), fueron Brasil (520.000 millones de dólares), México (417.000 millones), Venezuela (406.000 millones) y Argentina (399.000 millones). En proporción al tamaño de sus economías, Venezuela y Argentina son las primeras en la lista. Los fondos latinoamericanos en paraísos fiscales (2,058 billones de dólares) doblan su deuda externa (1,01 billones).

Dicho sea de paso, el dinero global en paraísos equivale al PIB combinado de EE. UU. y Japón (entre 21 y 32 billones de dólares), contando solo riqueza financiera, excluyendo activos como propiedades inmobiliarias. Según TJN, si esas sumas reportaran un rendimiento anual del 3 por ciento (que es bastante bajo) y se les aplicara un impuesto a los ingresos del 30 por ciento, se generarían entre 190.000 y 280.000 millones de dólares en ingresos fiscales anuales, casi el doble de la ayuda para el desarrollo aportada por los países de la Ocde.

En fin, son muchas las cosas que “unen” a los gobiernos de Argentina y Venezuela (además de su desesperación por aferrarse al poder como consecuencia de su estado depresivo). Entre las últimas, está su deseo de quedarse con toda la actividad energética posible. Chávez desaconsejó a la petrolera Repsol que realice su denuncia contra la Argentina, tras la expropiación del 51 por ciento de sus acciones, defendió la “recuperación” de YPF y aseguró que quiere que la petrolera participe en la explotación de hidrocarburos en su país.

Pero el presidente venezolano no solo alienta delitos como “expropiaciones” que no fueron, sino robos sin previo aviso, con uso de personal armado y sin compensación de ningún tipo, sino que es el principal aliado en América Latina de Irán, otro paria aislado del mundo civilizado. Así, ambos gobiernos intensificaron en los últimos años sus relaciones económicas y políticas.

Recientemente, el primero de cuatro petroleros gigantes destinados a Venezuela fue terminado por la compañía Sadra, relacionada con los Guardianes de la Revolución, la organización militar del fanático régimen islámico iraní. Chávez, que apoya el programa nuclear de Irán, asegura que juntos “destruirán el imperialismo”.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.