Deaton, el Iluminismo y la salud: primero se beneficiaron los que podían pagar, luego llegó a todos

Por Martín Krause. Publicado el 23/12/15 en: http://bazar.ufm.edu/deaton-el-iluminismo-y-la-salud-primero-se-beneficiaron-los-que-podian-pagar-luego-llego-a-todos/

 

Angus Deaton, el ultimo premio Nobel en Economía, comenta sobre el impacto de las ideas en el progreso y la calidad de vida en su libro “The Great Escape”. EN el gráfico siguiente pueden verse las estimaciones de expectativa de vida de la población general en Inglaterra desde mediados del siglo XVI a mediados del siglo XIX. Hay bruscas fluctuaciones ocasionadas por plagas, viruela, peste bubónica, gripe, pero no parece haber una tendencia definida. Sí la hay en los puntos redondos que reflejan la expectativa de vida de la aristocracia. Lo que muestra es que éstos no tenían mejores expectativas de vida que la población general hasta un cierto punto en que se abre una gran brecha. ¿Qué ocurrió? EN sus palabras

Deaton

“No sabemos con seguridad porqué se abrió la brecha, pero hay muchas buenas suposiciones. Fue la época del Iluminismo Inglés, reseñado por el historiador Roy Porter como el momento en que la gente dejó de preguntarse ‘¿cómo puedo salvarme?’; una pregunta que había traído algo menos que caos en al siglo anterior, incluyendo una guerra civil, y pasó a preguntarse ¿cómo puedo ser feliz?’ La gente comenzó a buscar el logro personal, más que la virtud por la obediencia a la iglesia y a cumplir con los deberes apropiados para su lugar en la sociedad’. Se podía ahora perseguir la felicidad utilizando a la razón para desafiar la forma tradicional de hacer las cosas, y encontrando formas de mejorar la propia vida, incluyendo las posesiones materiales y la salud. Immanuel Kant definió al Iluminismo con la frase ‘Anímate a saber! Ten el coraje de utilizar tu propio entendimiento!. Durante el Iluminismo, la gente se arriesgó a desafiar el dogma aceptado y fueron más dispuestos a experimentar nuevas técnicas para hacer las cosas. Una de las formas en que la gente comenzó a utilizar su propio entendimiento fue en la medicina y en la lucha contra las enfermedades, probando nuevos tratamientos. Muchas de estas innovaciones –en esta temprana era de la globalización- llegaron desde otros países. Las nuevas medicinas y tratamientos eran, a menudo, difíciles de obtener y caros por lo que, al principio, pocos los podían pagar.

“No hay forma de cuantificar los efectos de estas innovaciones en la mortalidad, y algunas incluso son controversiales. Sin embargo, hay una fuerte presunción de que estas innovaciones –todas el resultado de mejor conocimiento científico, y resultado de la nueva apertura a la prueba y el error- fueron responsables de una mejor salud para los nobles y la familia real hacia fines del siglo XVII. AL principio, como eran caras y no muy apreciadas, se reducían a aquellos que eran ricos o bien informados, por lo que surgieron nuevas desigualdades en la salud. Pero esas desigualdades también guiaron a las mejoras generales que estaban por llegar, a medida que las medicinas y los métodos se abarataban, y llevaron a nuevas innovaciones relacionadas que pudieron ahora cubrir a toda la población, como la vacuna contra la viruela luego de 1799 o el movimiento sanitario para limpiar las ciudades.”

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Funcionarios universitarios, ¿ética o ideología?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 10/12/15 en: http://esblog.panampost.com/editor/2015/12/10/funcionarios-universitarios-etica-o-ideologia/

 

El comportamiento del kirchnerismo hacia las universidades ha sido como el del resto de las estructuras sociales: Dar recursos esperando el retorno en forma de apoyo

Durante el siglo posterior a la aparición de Una Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones, de Adam Smith, el progreso económico se aceleró hasta niveles nunca antes vistos en la historia de la humanidad.

El desarrollo tecnológico, la economía, la vida de las personas e incluso la política del mundo occidental produjeron cambios profundos y permanentes en términos de calidad. Los estándares de vida se situaron en umbrales mucho más altos: la educación se extendió a toda la sociedad y se incrementó en grande la expectativa de vida.

En la actualidad, se sabe que es el lucro −a nivel social− lo que actúa como elemento orientador y produce efectos de acuerdo con lo que es económicamente más rentable. Sin embargo, con cierta lentitud y en forma gradual fue advirtiéndose que el proceso de mercado permitió disponer del conocimiento personal para alcanzar sus propios objetivos. Solo así se hizo posible incrementar de manera sostenida mejores condiciones para todos los ciudadanos.

No era de esperar, entonces, que los cambios que acompañaron tan extraordinario crecimiento económico suscitaran profundas críticas y áspera oposición por parte de algunos sectores. Dando la espalda a los grandes avances intelectuales de Smith, una mirada sesgada, tendenciosa y elemental de la sociedad emergió de entre las sombras de las ciencias sociales y ha servido de fundamento de lo que se ha dado en llamar el ideario populista.

El populismo –término no registrado por la Real Academia Española− tiene ciertos rasgos característicos, tales como: oponerse a las élites (esgrime una presunta paternidad social hacia los más débiles, pero, en verdad, desde la élite se busca domeñarlos), el predominio de la emoción sobre la razón, la simplificación dicotómica, la corrupción, el liderazgo carismático, la imprevisibilidad económica, el oportunismo, la completa ausencia de una conducta moral y ética entre otras peculiaridades.

El primer rasgo del populismo surge a simple vista, busca extenderse e imponerse de modo absoluto. Las elecciones populares, que sirven de presentación a los futuros líderes populistas, se caracterizan por su marcado tono personalista. No se discuten ideas ni proyectos de país, el debate electoral se circunscribe casi con exclusividad a consignas o eslóganes que exaltan la figura del cabecilla, procuran simplificar la realidad política y manipular la historia. Solo se trata de un conjunto de frases tan altisonantes como carentes de contenido. Las campañas electorales no tardan en convertirse en un culto al candidato, y las estructuras políticas que habilitan legalmente la candidatura son simples medios para un fin: el acceso al poder.

El entorno cercano del líder, un compuesto de seguidores pusilánimes, destaca a un grupo de laderos (circunstanciales cómplices de sus tropelías). Entre ellos se ha de citar al conjunto del cual proviene el repertorio de las principales ideas en la Argentina de hoy, quizás el portavoz menos esperado: ¡la “intelectualidad”! Deliberadamente, el énfasis añadido esconde el sentido real, pues el fin es llamar la atención de quienes con su actitud apenas rozan el mote de “pseudointelectuales”.

No se propone ninguna insinuación sobre la deficiencia de rectitud de los intelectuales, la cual, en una mirada personal, se cree que es tan alta como lo permite el mercado de ideas. Porque es muy pequeño el número de los mal llamados intelectuales o, en rigor de verdad, pseudocientíficos (a los que se hace alusión en el presente artículo), que cambian de posición después de mojar un dedo y exponerlo al viento.

Aquí se distingue a un intelectual de alguien que se hace pasar por tal sin serlo. Se debe comprender que cuando las características de uno y otro se llevan al extremo, se puede distinguir mejor lo que define y separa a cada uno.

El intelectual, consciente de su ignorancia relativa, se motiva en la búsqueda de la verdad; en cambio, el pseudocientífico está seguro que ya la posee y su interés principal es la predicación, la propaganda y adoctrinamiento de los seguidores.

El intelectual estudia los puntos de vista opuestos, prescindiendo de juicios personales, y hace un esfuerzo consciente por no tergiversarlos; pero el “pseudointelectual” crea una caricatura tergiversada de las opiniones y doctrinas de las que difiere, para rebatirlas más fácilmente y mostrar  así su superioridad ante los demás. Unos defienden ideales; los otros, al mejor postor.

Con el fin de exaltar el rol del segundo grupo −los pseudocientíficos− el Estado nacional ha reducido el coste relativo de la educación superior para el estudiante individual, pero ha causado un fuerte incremento en el coste relativo para la sociedad. Análogamente, la inmensa armadura de políticas reguladoras ha generada un empleo público desmesurado y sin precedentes, creando nuevas universidades y nacionalizando otras, todas con el mismo fin.

En síntesis, los funcionarios políticos que dirigen las universidades o centros de educación superior son los verdaderos beneficiarios del rol económico del Gobierno (“Polémica por los sueldos de hasta AR$200.000 en la Universidad del Comahue”, Clarín.com 14/10/15).+

Los mismos funcionarios se han mostrado desdeñosos contra la economía competitiva y las dificultades experimentadas por aquellas actividades culturales que no se encuentran con la prueba del mercado, curiosamente la causa de su oposición: “el materialismo hostil frente a los valores éticos estimados por las clases intelectuales”. Aún cuando el crecimiento del Gobierno en relación con la actividad económica privada está condicionado a la productividad de la economía, el interés propio de esos funcionarios está en la expansión del gasto gubernamental.

Prueba de ello es el apoyo explícito recibido por Daniel Scioli por 28 rectores de universidades de cara al balotaje pasado 22 de noviembre. De igual tenor fue el comunicado que emitieron las autoridades de la Universidad Nacional de La Plata para votar en favor del candidato oficialista, entre ellos Fernando Tauber, ex rector y hoy vicerrector de la UNLP, “entendemos la necesidad de sostener políticas sociales, educativas y científicas inclusivas que han permitido la recuperación y jerarquización del sistema público de educación superior y de ciencia y tecnología, así como recuperar y consolidar el vínculo de la universidad con el Estado y la Sociedad”.+

Las elecciones en esta dirección son ciertamente tan variadas y arbitrarias como la selección de sistemas éticos (o abyectos). Tal vez nadie tiene derecho a despreciar esos sistemas, pero sí a expresar escepticismos sobre su coherencia y contenido, y, sobre todo, sobre los aspectos de la actual aceptación −a gran escala− de cualquier ideología semejante.+

Pues bien, los hechos ofrecen luz a la interpretación. En abril del año pasado, Cristina Fernández de Kirchner regresó a la UNLP y recibió el título de Doctora Honoris Causa de la mano de Tauber. Todo ello, en medio de una agitada controversia sobre el título de abogado de la presidente que, a pesar de grotescas tachaduras y enmiendas en datos sensibles, fue bendecido por el juez federal Norberto Mario Oyarbide, el mismo que sobreseyó al matrimonio presidencial en la causa de enriquecimiento ilícito.

Finalmente, frente a los abultados presupuestos que financian estructuras sin contrapesos institucionales, solo queda apelar a una palabra extrañamente ausente en las centenarias cadenas nacionales de la presidente, la ética (o el conjunto de normas con respecto a las relaciones con otras personas que custodian los beneficios generales), y a un argumento esencial de los intelectuales: su integridad.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), Profesor Titular e Investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

La preferencia temporal y el fin del sistema solar

Por Pablo Guido. Publicado el 4/6/13 en http://chh.ufm.edu/blogchh/2013/06/04/la-preferencia-temporal-y-el-fin-del-sistema-solar/

En las clases de economía uno de los temas que se analizan es la preferencia temporal y la tasa de interés. Muy sintéticamente: las personas tienen preferencias temporales, es decir, valoran el presente y el futuro de diferente manera. No es lo mismo comer hoy que posponer la comida para dentro de una semana. No valoramos en la misma magnitud o intensidad consumir un bien hoy que el mismo bien en el futuro ya que preferimos hacerlo lo antes posible. Entonces, dado que el valor de un bien hoy es mayor que el valor del mismo bien mañana la diferencia de valoraciones es la que expresa la llamada tasa de interés natural. Puesto en otros términos, si una persona está dispuesta a sacrificar el consumo de un bien en el presente y esperar para consumirla dentro de un año la “recompensa” por la espera debe ser positiva. Por ejemplo, una persona estaría dispuesta a posponer el consumo de un litro de agua hoy si mañana le ofrecieran un litro y medio. Esto significa que la tasa de interés natural seria para este individuo del 50%. Si a esta tasa natural le sumamos la variación de precios esperado y el riesgo empresarial obtenemos así la tasa de interés de mercado.

Otros ejemplos. Si de un momento para otro nos dijeran que nuestra expectativa de vida se incrementa unos, digamos, 50 años, nuestra preferencia temporal cambiaría radicalmente. Se generarían cambios en nuestro comportamiento: ahorraríamos una mayor cantidad de recursos y consumiríamos menos en el presente. Esto significaría que disminuye la preferencia temporal de bienes presentes y aumenta la preferencia temporal de bienes en el futuro. Si nos comunicaran que el mundo explotara en 24 horas nuestro comportamiento seria inverso, desapareciendo el ahorro y tratando de consumir la mayor cantidad de bienes en el presente.

Con las herramientas teóricas que expusimos en los párrafos anteriores podríamos analizar el siguiente caso real: un premio Nobel de Física acaba de calcular que nuestra estrella, el Sol, dejaría de funcionar en unos 5 mil millones de año. Sabemos que esto va a suceder en algún momento, lo que no sabemos es cuando. Bueno, supongamos que le creemos al científico: ¿cambiara a partir de mañana nuestra preferencia temporal?

 Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.