El desafío es ampliar la frontera de producción para crecer sin inflación

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/12/2019 en: https://www.infobae.com/economia/2019/12/10/el-desafio-es-ampliar-la-frontera-de-produccion-para-crecer-sin-inflacion/?fbclid=IwAR3da_qNW6X1lbr1zqFsoLz1JeJcUhyT7taFPx1w38Dd1BOuXypDApuHZ5w

 

El ministro de Economía entrante, Martín Guzmán, recibió un estado de situación del ministro saliente, Hernán Lacunza

El ministro de Economía entrante, Martín Guzmán, recibió un estado de situación del ministro saliente, Hernán Lacunza

Una vez más estamos en un proceso de recesión con inflación como muchas veces vivimos en Argentina. La receta que en forma insistente el nuevo gobierno ha manifestado que tiene en mente es aumentar el consumo interno poniéndole plata en el bolsillo a la gente para que incremente su demanda y lleve a más actividad económica.

Obviamente, se parte del supuesto de que la economía está operando por debajo del nivel de su capacidad de producción, lo que podemos denominar debajo de la frontera de producción y, por lo tanto, queda margen para ampliar la oferta de bienes y servicios sin necesidad de hacer inversiones. Como las empresas pueden responder con mayor oferta de bienes ante la mayor demanda, la emisión monetaria que se haga no tendría impacto inflacionario o éste sería marginal.

En caso de lograrse ese objetivo, que la oferta responda con mayor producción, habría que ver, en primer lugar, cuánto dinero hay que emitir para poder ponerle plata en el bolsillo a la gente sin que se produzca una disparada inflacionaria y cómo se hace luego para incrementar la capacidad de producción.

Es decir, una vez llegado al límite de producción posible, ¿cómo se consiguen nuevas inversiones que amplíen la capacidad de incrementar la oferta de bienes y servicios para absorber a los desocupados y a los jóvenes que se incorporan al mercado laboral anualmente?

Para graficar el problema supongamos que Robinson Crusoe está en la isla y está dispuesto a trabajar 8 horas por día. Si tomamos el gráfico 1 podemos suponer que si trabaja 8 horas por día, puede treparse a un árbol y conseguir 30 cocos por día y si las 8 horas las dedica únicamente a pescar, consigue 10 peces por día.

Supongamos que si trabaja 4 horas pescando consigue la cantidad de peces P1, y si las otras 4 horas las dedica a bajar cocos del cocotero obtiene la cantidad C1 cocos. Cualquier combinación que haga utilizando las 8 horas de trabajo le dan diferentes combinaciones de producción de cocos y peces a lo largo de la curva.

Pero si Crusoe trabaja menos de 8 horas está por debajo de su frontera de producción, digamos en el punto C*. Este es el supuesto del que parece partir el nuevo gobierno respecto a poner dinero en el bolsillo a la gente: emisión sin que haya impacto inflacionario. La idea es que la economía argentina está trabajando en el punto C* y su capacidad de producción es la curva del gráfico previo, por lo tanto, si se incrementan los sueldos, las jubilaciones y los planes sociales, crecerá la demanda y como la economía está operando por debajo de su potencial puede responder con más oferta moviéndose hacia algún punto a lo largo de la frontera de producción sin necesidad de aumentar los precios.

Considerando la fuerte caída en el nivel de actividad, es posible algún rebote dada la profundidad de la caída anterior.

No obstante, eso no asegura que no se mantenga el sendero alcista de los precios al consumidor por: 1) la historia inflacionaria que hace que la gente huya del peso rápidamente y 2) hay que ver qué nivel de expansión monetaria se necesita para mover el amperímetro del consumo.

Pero aun logrando el objetivo de reactivar la economía en forma transitoria, el desafío no es pasar del punto C* a algún punto a lo largo de la frontera de producción, sino ampliar la frontera de producción que es lo que permite elevar el nivel de vida de la población en forma permanente.

El gráfico anterior muestra que trabajando la misma cantidad de horas, Robinson Crusoe puede obtener mayor cantidad de peces, de 10 a 15 si se dedica exclusivamente a la pesca, o pasar de 30 a 40 cocos si sólo destina su tiempo a bajarlos del árbol.

¿Cómo logra mover su frontera de producción Crusoe? Con inversiones. Construye una red para pescar y fabrica una escalera para subirse al cocotero lo cual le da mayor productividad. Con la misma cantidad de horas de trabajo consigue producir más de los dos productos. Eso es lo que incrementa el nivel de vida realmente.

Revertir la historia

La imprevisibilidad en las reglas de juego de la Argentina ha hecho que la frontera de producción se moviera en el sentido del gráfico precedente. La tasa de inversión es insuficiente para cubrir la amortización del capital existente e incrementar la capacidad de producción. Por esa razón aumenta la pobreza, la desocupación y somos un país en decadencia.

Por eso el desafío del nuevo gobierno no es limitarse a moverse del punto C* hasta algún punto de la frontera de producción del gráfico 1. El desafío es crear las condiciones institucionales (seguridad jurídica, respeto por los derechos de propiedad, gasto público que no aplaste al sector privado, no espantar el ahorro de los argentinos al exterior, un sistema tributario pagable, una legislación laboral que estimula a la contratación de personal, etc.) para moverse en el sentido del gráfico 2 y frenar la caída en el stock de capital del gráfico siguiente.

En síntesis, el gobierno podrá ofrecerle a su población mejores condiciones de vida el día que deje de reactivar la economía vía emisión monetaria y apueste a ampliar la frontera de producción atrayendo inversiones. Y eso se consigue con reformas estructurales combinadas con seguridad jurídica.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Argentina creíble

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 14/5/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/argentina-creible/

 

Con el nuevo Gobierno de Mauricio Macri, la Argentina ha crecido, se ha abierto al mundo, y ha ganado respetabilidad y credibilidad, entre otras cosas por la comparación con el deplorable kirchnerismo. Hoy esa valiosa credibilidad se ve amenazada.

Macri no afrontó todo el desastre que heredó, sino solo parte. Dejó de mentir en la inflación y ajustó las tarifas de los servicios públicos más a su coste real, superando así otra mentira de la demagogia kirchnerista. Pero no se atrevió a reducir apreciablemente el gasto público, que sus antecesores habían expandido, creando una tupida red clientelar de simpatizantes y también de militantes radicalizados, dispuestos a sabotajes de toda suerte.

A la decisión crucial de no bajar el gasto público la acompañaron otras medidas de gran peligro potencial, como la subida de impuestos y de la deuda pública, la expansión monetaria, y la represión del tipo de cambio como herramienta antiinflacionaria. No ha sido la primera vez que tal estrategia es adoptada con tal de no bajar el gasto, y siempre ha abocado tarde o temprano a estallidos y crisis de inflación, deuda o balanza de pagos.

El macrismo insistió —como suelen hacer los gobiernos temerosos de plantear las reformas necesarias— en que no podía hacer más, y defendió el “gradualismo”, definiéndolo como lo mejor para el país, cuando en realidad es lo mejor para un Gobierno que no puede, no quiere o no sabe coger el toro por los cuernos. Los economistas liberales argentinos señalaron los problemas de insostenibilidad de la estrategia de Macri, sólo para recibir la habitual respuesta que combina arrogancia, indiferencia o desdén. Pero la razón ha terminado del lado liberal, y la crisis ha llegado.

La oposición peronista despotrica ahora contra el gobierno de Macri, acusándolo de “venderse al FMI”, lo que no deja de ser doblemente paradójico. Primero, porque, como recordó el economista argentino Roberto Cachanosky, los gobiernos peronistas han sido los que más acuerdos han firmado con el supuestamente perverso FMI, institución que, según dice esta semana el Economist, “tiene tanto miedo a Argentina como la Argentina al FMI”. Pero, en segundo lugar, el recurso al FMI es, como siempre, un truco para no bajar el gasto público, que es lo que los gobiernos se ven forzados a hacer si nadie les presta a tasas que no sean estratosféricas: para eso fue inventado el FMI, para facilitarles las cosas a los Estados. Para guardar las apariencias, pide ajustes que siempre se traducen en más impuestos —y algunos lo siguen llamando “liberal” cuando no lo ha sido nunca.

La clave, por supuesto, es si esto será suficiente dada la precaria situación de la Argentina, con una elevada inflación y con un alto porcentaje de su deuda denominada en divisas. La credibilidad del país está en juego. Otra vez.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

WP: The Upper Turning Point in the Austrian Business Cycle Theory

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 22/3/18 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/03/22/wp-the-upper-turning-point-in-the-austrian-business-cycle-theory/

 

Roger Garrison describe a la teoría austriaca del ciclo económico (ABCT) como una teoría de auge insostenible, en lugar de ser una teoría que explique (en detalle) la caída o crisis económica. Para mantener el efecto sobre producción y empleo, la autoridad monetaria debe incrementar el ritmo de expansión, lo cual es un camino insostenible.

Pero que sucede, se pregunta Jeffrey Hummel, si la expansión monetaria es constante en lugar de creciente. Debe, eventualmente, la economía caer en una crisis o es una situación estable (aunque no optima). O incluso, es posible que la economía se acomode a la expansión monetaria y este sea el nuevo “equilibrio”? De acuerdo al ABCT, debe toda expansión monetaria culminar en crisis?

Este es el problema que junto a Anthony J. Evans y Robert Thorpe nos preguntamos en este último paper.

Abstract

This paper studies a scenario – one of the six problems with Austrian Business Cycle theory raised by Hummel (1979) – that the ABCT literature has paid little attention. Will a constant rate of credit expansion necessarily lead to a boom-bust cycle? We conclude that this scenario has two potential outcomes, (1) a change in money demand brings the economy back towards equilibrium or (2) the economy will shift to sub-optimal but still sustainable path. We identify capital heterogeneity effects and the Ricardo effect as distinctly Austrian explanations for an upper turning point, even in a fiat money regime.

Download from SSRN.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

En defensa de los supermercados

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 8/8/17 en: https://www.cronista.com/columnistas/En-defensa-de-los-supermercados-20170808-0005.html

 

En un mercado libre no parece que tuviera mucho sentido manifestarse en defensa de un sector puesto que lo relevante son los sectores que prefiere el consumidor con sus compras y abstenciones de comprar que son las votaciones que diariamente lleva a cabo cada cual.

Con este sistema de votaciones cotidianas se establecen las cambiantes posiciones patrimoniales. En un sistema abierto y competitivo para mejorar se debe atender las necesidades del prójimo. Cuanto mejor la atención a los demás, mejores los resultados. Quienes no dan en la tecla de las demandas de otros incurren en quebrantos.

Dicho esto cual es la razón de mostrarse a favor de un sector, en nuestro caso es porque no pocos dirigentes la cargan injustamente contra los supermercados. Dicen que cobran precios demasiado altos, lo cual demuestran no tener idea en que consisten los precios que son señales que surgen de valoraciones subjetivas cruzadas.

Cada comerciante intenta cobrar el precio más alto que puede, lo cual no quiere decir el precio que quiera, de lo contrario el que vende pollos lo haría a diez millones de dólares cada uno con lo que la demanda será cero.

Se dice que los supermercados con intermediarios inútiles que solo recargan los precios para obtener márgenes operativos injustificados. Pero si el comentarista opina esto puede competir instalando otro supermercado cobrando precios más bajos y si no cuenta con recursos puede vender su idea brillante a otros socios. Si nadie lo hace en el mercado es porque lo que está ocurriendo es lo mejor dadas las circunstancias imperantes. Y si considera que son intermediarios innecesarios pueden operar directamente (a menos que hayan leyes que obliguen a la intermediación en cuyo caso de lo que se trata es de abrogar esa legislación).

Es alarmante y sumamente peligroso que políticos de experiencia y dirigentes empresarios de fuste lleguen a decir que los supermercados estafan a la gente. Son propuestas que si no son del agrado de los consumidores están libres de adquirir lo que necesiten en otros lados. Cuando esos mismos opinadores ofrecen sus servicios para lo que solicitan tales o cuales honorarios, no consideran que estafan a nadie puesto que si el cliente no acepta la oferta simplemente se consultará otro profesional.

Los críticos de los supermercados deben más bien mirar en otras direcciones para detectar las causas de precios altos: las distorsiones en los precios relativos producto de déficit fiscales alarmantes, de gastos públicos astronómicos que deben financiarse con impuestos que aplastan cualquier negocio, deudas estatales crecientes que se requieren para financiar los antedichos gastos y expansión monetaria aun alta. Y en lo que respecta al sector privado deben mirarse al ombligo muchos de los llamados empresarios que se alían con el poder político para sacar tajada con artilugios varios, siempre en desmedro de los gobernados.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Argentina: La falacia del impacto de las Lebac sobre la inflación y el nivel de actividad

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 6/12/16 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2016/12/la-falacia-del-impacto-de-las-lebac-sobre-la-inflaci%C3%B3n-y-el-nivel-de-actividad.html

 

El presidente del BCRA dijo que llama la atención la escasa importancia que se le da a la relación entre la expansión monetaria y la inflación: “En 2015, la tasa de expansión monetaria había llegado al 50%. Nosotros la bajamos a 20%…”. O sea, si bajó la expansión monetaria y se aplicó una política -de tasas altísimas y emisión de Lebacs- “anti inflacionaria” el aumento del IPC debería haber sido menor y, sin embargo, creció desde el 27% en 2015 al 40% en 2016.

Ni siquiera voy a mencionar el tema de la “herencia recibida” porque ya me da demasiada vergüenza ajena. Lo que realmente ocurrió es que las Lebcas no son anti inflacionarias. Si fuera cierto, los políticos podrían imprimir toda la moneda que quisieran total después la “estirilizan” con títulos públicos. Muy por el contrario, las Lebacs son inflacionarias. La inflación es un exceso de emisión (oferta) por sobre la demanda de moneda en tiempo real, es decir que se da instantáneamente apenas se lanzó al mercado el exceso, luego ya no hay manera de revertirla.

Las Lebacs, provocan un aumento artificial de la tasa de interés absorbiendo pesos (bajando la demanda de circulante) por encima de lo que el mercado haría. Es decir, contraen artificialmente la demanda provocando inflación al aumentar la brecha con la oferta. Eso sí, la mayoría de los analistas recomienda comprarlas porque le van a ganar al dólar en 2017. O sea, absorben capitales que podrían ir a la producción.

Por tanto, con ideas tan equivocadas no apostaría a la baja de la inflación como medida reactivante, según pregona el ministro de producción quién remarca que hay que sumarle un aumento del consumo como consecuencia de un poder adquisitivo mejorado por “los cambios en Ganancias y la reparación a los jubilados”. Ahora, ambas cosas están por verse y, en cualquier caso, será poco lo que se vea. A lo que habría que agregarle, dice el ministro, la obra pública y el campo. Y con todo esto “en 2017 creceremos 4%”. Cuesta evitar la risa.

Por cierto, pretenden bajar la inflación -que naturalmente no baja- a los sopapos y, entre las medidas que preparan para 2017, figura un decreto para que desde el próximo enero los comercios exhiban los precios al contado y los financiados, de los productos. Es que la cosa viene mal. La facturación en supermercados y shoppings se ubicó entre 13 y 23 puntos por debajo de la inflación entre enero y octubre de 2016, según el INDEC, mientras que en los electrodomésticos la diferencia hacia abajo fue del 25%. Y la tendencia continúa.

En cuanto a la obra pública, hay que decir que es recesiva desde que se realiza con recursos que coactivamente se retiran del mercado eficiente para ser utilizados por el Estado ineficiente. A ver, es así de simple -así de coherente- desde que el Estado no se maneja con criterios de eficiencia económica sino políticos es imposible que sus empresas sean eficientes.

Por eso cuando me dicen que Isela era una gran ejecutiva me causa mucha gracia: difícilmente una gran ejecutiva pueda desconocer que es imposible transformar en eficiente una empresa estatal que no tiene los incentivos naturales de una empresa (la competencia y la posibilidad de quebrar) y sí altísimos condicionamientos políticos. Un buen empresario, un ejecutivo serio, jamás intentaría hacer eficiente algo que de suyo es ineficiente.

Pero esta actividad tan negativa como es la obra pública es buena parte de la construcción que se lleva el 60% de la inversión en el país que llega solo al 16% del PIB -inferior a la de Brasil, Chile, Colombia, México y Perú- mientras que 11% va a la renovación de equipo de transporte de modo que sólo el 30% restante se dirigiría a bienes de capital que podrían sí impactar en el crecimiento real del país. Muy poco.

En cuanto al campo, la tímida eliminación de las retenciones -ya que a la soja representaba el 70% y el impuesto solo le bajó de 35 a 30%- aun cuando los costos aumentaron mucho, provocó que las ventas de máquinas agrícolas treparon 148% en el tercer trimestre respecto a 2015. Habrá récord en trigo y una cosecha de granos de 125 millones de toneladas, casi 13 millones más en volumen y US$2.800 millones extras en exportaciones, en tanto que se invirtieron US$58.000 millones en producir.

Si esta tímida baja impositiva provocó esto, imaginen cuanto crecería el país con una baja importante de la presión fiscal y una fuerte desregulación de modo de liberar la capacidad creativa. Por ahora, es muy poco y no alcanza para reactivar realmente al país.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

¿Es judicializable las ventas a futuro del BCRA?

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 17/4/16 en: http://economiaparatodos.net/es-judicializable-las-ventas-a-futuro-del-bcra/

 

Esa operatoria en que el BCRA vendía muy barato el dólar futuro, comprometiendo la futura expansión monetaria, son indefendibles por los sospechados de corrupción

Algunos tienen dudas si la venta de dólares a futuro que hizo el BCRA durante los últimos meses de la gestión kirchnerista puede ser sometida a juicio o no. El argumento para sostener que esa venta de dólares no sería judicializable consiste en afirmar que la venta de divisas a futuro es parte de la política económica y, por lo tanto, las acciones de política económica no son temas que puedan someterse a juicio. Además, habría que demostrar que hubo intención de obtener una ganancia por parte de los funcionarios públicos que intervinieron en el manejo y la decisión de vender divisas a futuro. Un fraude fiscal.

¿Puede el BCRA vender dólares a futuro? La última Carta Orgánica del BCRA, que es una ley, lo autoriza pero no para que haga cualquier cosa, sino dentro de cierto marco regulatorio. Dice textualmente el artículo 18 inciso a) de la Carta Orgánica:

El Banco Central de la República Argentina podrá comprar y vender a precios de mercado, en operaciones de contado y a término, títulos públicos, divisas y otros activos financieros con fines de regulación monetaria, cambiaria, financiera y crediticia

Del párrafo anterior es importante resaltar que puede hacerlo pero a precios de mercado es decir que puede comprar o vender divisas a futuro de acuerdo a lo que uno entienda por precio de mercado. Y aquí, a mi juicio, hay un punto que es fundamental entender, por más que la ley lo autorice, el estado no tiene nada que hacer interviniendo en los mercados de futuro. Son mercados que se crearon para que operadores del sector privado cubran sus posiciones. Por ejemplo, imaginemos que un importador tiene que pagar mercadería importada a determinado precio en dólares dentro de, digamos, 3 meses. Los mercados de futuro sirven para que el importador compre a futuro esos dólares que le vende algún operador del mercado que está dispuesto a asumir el riesgo de la diferencia cambiaria. Como puede verse, las operaciones de futuro tienen un origen genuino. Alguien necesita cerrar cambio a futuro para no asumir el riesgo cambiario y otro está dispuesto a asumir ese riesgo cambiario.

La pregunta es, ¿qué tiene que hacer el estado en este mercado en el cual se hacen operatorias entre particulares? No es función del estado asegurarle el riesgo cambiario a nadie.

Como segundo punto es claro que un precio de mercado es el que se conforma de acuerdo a la oferta y la demanda sin intervención estatal. Cuando el estado interviene en un mercado es para establecer un precio máximo, y lo hace con el objetivo de fijar un precio por debajo del que está operando el mercado. Si el mercado está intercambiando una determinada mercadería a, digamos, $ 15, no tiene sentido que el estado ponga un precio máximo a $ 16 o $ 17. Solo tiene sentido un precio máximo si lo establece por debajo del precio de mercado, con lo cual ya deja de ser precio de mercado para pasar a ser un precio político.

La operatoria del BCRA con las fabulosas ventas a futuro ya tenían la distorsión del cepo cambiario y de la obligación de los exportadores e importadores, así como de todos aquellos que operaban en el mercado de cambios, de pasar por el BCRA y operar al precio político fijado por la entidad monetaria. De ahí surge que no había un precio de mercado libre, sino que había un precio arbitrario y político fijado por el BCRA. De manera que, a mi juicio, el BCRA tendría que haberse abstenido de operar en el mercado de futuro dado que sus propias regulaciones no permitían formar un precio de mercado. El único precio de mercado de futuro que servía como referencia era el de non-deliverable forward que operaba en Nueva York y cotizaba a $ 15 por dólar para marzo, mientras el BCRA vendía a marzo a algo menos de $ 11, más específicamente a $ 10,80. El gráfico 1 muestra la evolución histórica de los valores de futuros que se cotizaban muy por encima de los $ 10,80 en que operaba el BCRA.

Gráfico 1

Ahora bien, determinado que el directorio del BCRA violó el artículo 18 inciso a) de la Carta Orgánica del BCRA y siendo que el Ministerio de Economía tenía un representante en el directorio del BCRA que habría aprobado esas operatorias, la conclusión que se sigue es que ni Cristina Fernández, entonces presidente de la nación, ni Kicillof ministro de economía, podían desconocer esa operatoria que generaba una pérdida patrimonial contra el fisco.

Esa operatoria en que el BCRA vendía muy barato el dólar futuro, comprometiendo la futura expansión monetaria, dado que las diferencias en los mercados de futuros se compensan, son indefendibles por los sospechados de corrupción. Si el precio de mercado era $ 15 y el Central vendió a $ 10, llegado el momento el Central tenía que pagar la diferencia de $ 5 entre el precio al que vendió y el que cotizaba realmente el tipo de cambio. Esa compensación, insisto, se paga con pesos y esos pesos hay que emitirlos con lo cual el BCRA, la presidente y el ministro de Economía estaban creando las condiciones de una emisión monetaria descontrolada a futuro para tener artificialmente bajo el tipo de cambio hasta las elecciones y así retener el poder político.

Mi punto es que no toda ganancia que pudieran buscar los imputados tiene que ser de carácter económico en el corto plazo, sino que puede ser la búsqueda de un beneficio político para retener el poder y continuar con esa suerte de asociación ilícita que fue el kirchnerismo, que usó el poder como un instrumento de generar fortunas personales de sus jerarcas a costa de la hacienda pública. Dicho de otra manera, las operaciones de futuro no pueden ser analizadas del resto de los escándalos de corrupción. Retener el poder para continuar con los casos de corrupción que hoy comprometen seriamente a las máximas autoridades del kirchnerismo era parte del beneficio que implicaba vender dólares a futuro a precio por debajo del mercado.

En síntesis, no sé si Bonadío está utilizando este línea de investigación, pero todo parece indicar que es perfectamente judicializable las ventas de dólares a futuro que llevó a cabo el gobierno kirchnerista.

Se sabe que un estallido cambiario comprometería seriamente las posibilidades electorales del kirchnerismo y la retención del poder para ocultar sus actos corruptos de gobierno.

Finalmente, sin que estallara el mercado de cambios, el kirchnersimo igual perdió las elecciones, el control del poder y, como ya es tradicional en Argentina, la investigación de los casos de corrupción suelen acelerarse cuando los corruptos pierden el poder.

¿Es judicializable, entonces, las ventas a futuro? A mi entender perfectamente. No fueron errores groseros de política económica. Todo indica que esas ventas fueron hechas deliberadamente por el gobierno de turno para cubrirse electoralmente y así cubrir sus sospechados casos de corrupción. Hicieron un desfalco contra la hacienda pública para retener el poder y continuar con la corrupción.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Economía: a su ritmo, el gobierno avanza

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 12/1/16 en: http://economiaparatodos.net/economia-a-su-ritmo-el-gobierno-avanza/

 

Con el intercambio de ideas que puede haber, el gobierno avanza en el tema clave del gasto público.

Gran parte de los economistas sabemos que la madre de todas las batallas para frenar la inflación consiste en bajar el gasto público. El déficit fiscal explica la totalidad de la expansión monetaria,  que no es menor, la cual impulsa el proceso inflacionario.

Frente al problema fiscal hay diferentes propuestas. Una consiste en recurrir al viejo mecanismo de licuar el gasto público vía un proceso inflacionario dejando intacta la ineficiente infraestructura del Estado. En efecto, si se licua el gasto público con una llamarada inflacionaria para que disminuya el peso de los salarios estatales en términos reales, la realidad es que el gasto baja en la nómina salarial pero sigue sobrando gente en el sector que entorpece el funcionamiento del sector privado. Digamos que la burocracia estatal tiene anticuerpos para defenderse de su reducción y tiende a inventarse tareas. Es decir, los burócratas se inventan funciones que no solo son innecesarias sino que, además, entorpecen al sector privado en su proceso de creación de riqueza. Por un lado hay menos riqueza de la que podría haber por el entorpecimiento estatal y, por otro lado, quienes entorpecen consumen pero no generan riqueza. La burocracia estatal se multiplica en defensa propia. Por eso, de existir plafón político, la mejor forma de solucionar el problema del gasto público es recurriendo a un presupuesto base cero, teniendo presente que las funciones del estado son defender el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad de las personas. El principio básico es que una vez definida la cantidad de recursos que se destinarán a cumplir estas tres funciones básicas del estado, ninguna otra función puede ser llevada a cabo por el estado afectando las tres primeras mencionadas. Ejemplo, si se quiere ver Fútbol Para Todos no puede hacerse a expensas de proteger el derecho a la vida, la propiedad y la libertad de las personas. La gente tendrá que pagar impuestos adicionales para financiar el Fútbol Para Todos sin afectar la calidad en todo lo que hace a defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas.

Ahora que los k salen a hacerse los sensibleros porque no les renuevan los contratos a los ñoquis militantes, creo que sería bueno que desde el gobierno se le explicara a la gente que esas medidas se toman para reducir la carga impositiva que paga la gente decente que trabaja y para no restarle recursos a las funciones fundamentales del estado.

Otra opción para bajar el gasto público consiste en hacer lo que está haciendo el gobierno actualmente. En términos nominales va reduciendo los ñoquis militantes, aunque no parece querer tocar  por ahora el stock de burocracia no militante heredada, anunciar el aumento de las tarifas de los servicios públicos para reducir el gasto y, de esta manera, disminuir el déficit fiscal y la inflación correspondiente.

El mayor enfoque sobre el gasto que veo, por ahora, es la mencionada remoción de ñoquis militantes y la eliminación de subsidios a la energía que en poco tiempo más implementará el gobierno, en el camino correcto.

En mi opinión también debería implementarse y anunciarse un plan de reducción de los llamados planes “sociales”. No veo que sea moralmente aceptable sostener una batería de los llamados planes “sociales” como si una parte de la sociedad tuviera el derecho eterno a ser mantenida por el resto de la sociedad que todos los días se levanta para buscar la forma de cómo ganarse la vida trabajando. En otras palabras, el populismo ha generado esta nefasta idea que unos tienen derecho a ser mantenidos por otros, pero el kirchnerismo lo llevó a su máxima expresión en la búsqueda de poder político.

Habría cuatro grandes rubros para bajar el gasto público: 1) el exceso de personal, por lo menos empezar con los ñoquis militantes que dejó el kirchnersimo, 2) reducir el gasto en subsidios económicos (energía,  transporte, etc.), 3) un programa de reducción de gastos “sociales” en el cual los mismos no tengan un tiempo ilimitado sino que sean muy acotados en el tiempo y 4) avanzara en el rubro corrupción en obras públicas, rubro sobre el que insiste mi amigo Dardo Gasparré y que Guillermo Dietrich parace haber comenzado interviniendo Vialidad en la Provincia de Santa Cruz.

Considerando que es inevitable bajar en forma urgente la carga tributaria que es, como dice Antonio Margariti, una lápida que sepulta la actividad privada, no veo viable apostar a que el crecimiento de la economía disminuya el peso del estado sobre el gasto público.

Algunos colegas consideran que adoptando ciertas medidas que hagan crecer al sector privado, el peso relativo del sector público se irá reduciendo hasta niveles tolerables. Tengo mis dudas al respecto, porque no veo posible el crecimiento con inflación. A su vez, la inflación es fruto de la emisión monetaria para financiar el déficit fiscal y todos sabemos que es indispensable para atraer inversiones, bajar la carga tributaria y la inflación. Esto obliga a bajar el gasto en términos reales en el plazo de unos pocos años. Por otro lado, aunque el crecimiento del sector privado pudiera licuar el peso del estado sobre él, la ineficiencia del sector público seguiría intacta. Sería como decir: como nos sobra la plata podemos despilfarrarla en burocracia innecesaria.

En síntesis, francamente no creo que haya mucho margen para bajar la inflación sin bajar la el gasto público. El kirchnerismo lo ha llevado a niveles tan insoportables y la carga tributaria a niveles tan asfixiantes que, me parece, no funcionaría la idea de apostar a un fuerte crecimiento de sector privado para licuar el peso del gasto público. Por el contrario, con este nivel de gasto público, lo más probable es que termine licuándose al sector privado y la cosa empeore.

No estoy diciendo que esto tiene que ser hecho mañana, pero presentar un plan de mediano y largo plazo de equilibrio fiscal es una pata que a mi entender habría que mostrar para generar confianza y empezar a mover el motor de la inversión.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.