UN MILAGRO EN LA IGLESIA CATÓLICA

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 6/12/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/12/06/un-milagro-en-la-iglesia-catolica/

 

Tal vez esté de más subrayar que todo lo que consigno en esta nota periodística es de mi entera responsabilidad y, como en todos los casos en que escribo, no compromete la opinión de ninguna de las personas que menciono.

Después de batallar durante décadas con las ideas atrabiliarias por parte de algunos representantes de la Iglesia sobre temas económico-sociales al efecto de refutar propuestas estatistas que hunden a la gente en la pobreza, ahora aparece un Papa que enfatiza aquellas ideas contraproducentes. Es cierto que no son pocos los preocupados con estas propuestas empobrecedoras, tanto sacerdotes como laicos, pero henos aquí que ahora se publica un libro del Padre Martín Rhonheimer -suizo que vive en Viena, pertenece al Opus Dei, de familia judía, doctor en filosofía, profesor en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma y presidente del Instituto Austríaco de Economía y Filosofía Social- titulado Libertad económica, capitalismo y ética cristianaEnsayos sobre economía de mercado y pensamiento cristiano (Madrid, Unión Editorial, 2017, editado por Mario Silar).

Resume la tesis de toda esta obra en el primer párrafo del primer capítulo donde se lee que “Es un hecho histórico que el sistema económico capitalista, tal y como se ha desarrollado en Europa desde la industrialización, ha significado para las masas –por primera vez en la historia de la humanidad– la liberación del hambre y de la miseria, es más, la ´democratización´ del bienestar”.

El libro me lo adelantó mi distinguido ex alumno de una maestría en economía -Gustavo Hasperué- un filósofo de fuste quien  me dio una sorpresa sumamente agradable en vista de tantos sacerdotes que insisten en políticas desacertadas que naturalmente tienen connotaciones éticas de envergadura.

Reitero parcialmente lo que he escrito antes  al efecto de aclarar lo dicho.  A raíz de la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”, consigné que el Papa Francisco lamentablemente vuelve a insistir con sus ideas estatistas y contrarias a la sociedad abierta reflejada en los mercados libres. Sin duda esto tiene una clara dimensión moral puesto que la tradición del liberalismo clásico y sus continuadores modernos se basan en el respeto recíproco y la asignación de los derechos de propiedad como sustento moral de sus propuestas filosóficas, jurídicas y económicas. De allí es que el primer libro de Adam Smith, ya en 1759, se tituló The Theory of Moral Sentiments, preocupación mantenida por los más destacados exponentes de esa noble tradición.

El aspecto medular del documento (que comentaremos brevemente puesto que el espacio no nos permite abarcar todos los aspectos) se encuentra en el segundo capitulo. No dudo de las mejores intenciones del Papa, pero lo relevante son los resultados de medidas aconsejadas. Para darnos una idea del espíritu que prima en la referida Exhortación, se hace necesario comenzar con una cita algo extensa para que el lector compruebe lo dicho en palabras del texto oficial.

“Así como el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir ‘no a una economía de la exclusión y la inequidad’. Esa economía mata. […] Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del ‘derrame’, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera”.

En verdad, las reflexiones del Papa resultan sorprendentes debido a las inexactitudes que contienen. En primer lugar y antes que nada, debe precisarse que el mundo está muy lejos de vivir sistemas de competencia y mercados abiertos sino que en menor o mayor medida ha adoptado las recetas del estatismo más extremo en cuyo contexto el Leviatán es cada vez más adiposo y cada vez atropella con mayor vehemencia los derechos de las personas a través de múltiples regulaciones absurdas, gastos y deudas públicas colosales, impuestos insoportables e interferencias gubernamentales cada vez más agresivas, todo lo cual no es siquiera mencionado por el Papa en su documento.

Sin embargo, la emprende contra la competencia y los mercados libres que dice “matan” como consecuencia de la supervivencia de los más aptos, sin percatarse que no pocos de las que hoy acumulan las mayores riquezas, en gran medida no son los empresarios más eficientes para atender las demandas de su prójimo sino profesionales del lobby que, aliados al poder político, explotan miserablemente a los más necesitados. También omite decir que la desocupación es una consecuencia inevitable de legislaciones que demagógicamente pretenden salarios superiores a los que las tasas de capitalización permiten como si se pudiera hacer ricos por decreto. Tasas que desafortunadamente son combatidas por las políticas gubernamentales que prevalecen. Dichas tasas constituyen la única causa de la elevación en el nivel de vida de la gente, si no somos racistas y nos damos cuenta que las causas no residen en el clima imperante ni en los recursos naturales. El “derrame” es una mala caricatura del antedicho proceso.

Llama la atención que el Papa se refiere a la compasión del modo en que lo hace, puesto que, precisamente, aquella contradicción en términos denominada “Estado Benefactor”es lo que no solo ha arruinado especialmente a los más necesitados y provocado la consecuente y creciente exclusión, sino que se ha degradado la noción de caridad que, como es sabido, remite a la entrega voluntaria de recursos propios y no el recurrir a la tercera persona del plural para echar mano compulsivamente al fruto del trabajo ajeno.

Los valores y principios de una sociedad abierta no matan, lo que aniquila es el estatismo vigente desde hace ya mucho tiempo. Es importante citar el Mandamiento de “no matar”, pero debe también recordarse los que se refieren a “no robar” y “no codiciar los bienes ajenos”. En este sentido, estimo de una peligrosidad inusual el consejo papal basado en una cita de San Juan Crisóstomo cuando escribe el Papa: “animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: ‘No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos’ ” (tengamos presente las riquezas del Vaticano).

Debe precisarse, por un lado, que en una sociedad libre la desigualdad de rentas y patrimonios es inexorable consecuencia de las compras y abstenciones de comprar que lleva a cabo la gente en los supermercados y equivalentes en la medida que considere la satisface el empresario en cuestión. El comerciante que acierta obtiene beneficios y el que yerra incurre en quebrantos. Por otra parte, las desigualdades fruto del privilegio significan un asalto al fruto del trabajo ajeno por parte de ladrones de guante blanco a través de bailouts y otros fraudes que destrozan las vidas de quienes no tienen poder de lobby.

También es pertinente apuntar la importancia de la igualdad ante la ley anclada en la Justicia del “dar a cada uno lo suyo” y tener en cuenta que la igualdad es ante la ley, no mediante ella a través de la guillotina horizontal.

En esta línea argumental, es de gran importancia tener presente consideraciones bíblicas sobre pobreza y riqueza material para constatar el significado de estos términos en el contexto de los valores morales que deben primar sobre toda otra consideración, en concordancia con los dos Mandamientos antes mencionados que hacen referencia a la trascendencia de la propiedad privada, lo cual es del todo armónico con los postulados de una sociedad abierta. Así, en Deuteronomio (viii-18) “acuérdate que Yahveh tu Dios, es quien te da fuerza para que te proveas de riqueza”. En 1 Timoteo (v-8) “si alguno no provee para los que son suyos, y especialmente para los que son miembros de su casa, ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe”. En Mateo (v-3) “bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos” fustigando al que anteponga lo material al amor a Dios (amor a la Perfección), en otras palabras al que “no es rico a los ojos de Dios” (Lucas xii-21), lo cual aclara la Enciclopedia de la Biblia (con la dirección técnica de R. P. Sebastián Bartina y R. P. Alejandro Díaz Macho bajo la supervisión del Arzobispo de Barcelona):   “la clara fórmula de Mateo -bienaventurados los pobres de espíritu- da a entender que ricos o pobres, lo que han de hacer es despojarse interiormente de toda riqueza” (tomo vi, págs. 240/241). En Proverbios (11-18) “quien confía en su riqueza, ese caerá”. En Salmos (62-11) “a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón”. Este es también el sentido de la parábola del joven rico (Marcos x, 24-25) ya que “nadie puede servir a dos señores” (Mateo vi-24).

En este cuadro de situación es de interés tener presente lo estipulado por la Comisión Teológica Internacional de la Santa Sede que consignó el 30 de junio de 1977 en su Declaración sobre la promoción humana y la salvación cristiana que “el teólogo no está habilitado para resolver con sus propias luces los debates fundamentales en materia social […] Las teorías sociológicas se reducen de hecho a simples conjeturas y no es raro que contengan elementos ideológicos, explícitos o implícitos, fundados sobre presupuestos filosóficos discutibles o sobre una errónea concepción antropológica. Tal es el caso, por ejemplo, de una notable parte de los análisis inspirados por el marxismo y leninismo […] Si se recurre a análisis de este género, ellos no adquieren suplemento alguno de certeza por el hecho de que una teología los inserte en la trama de sus enunciados”.

En resumen, la obra del R.P. Dr. Rhonheimer -inherente a la filosofía moral cristiana de respeto recíproco- curiosamente hoy constituye una especie de milagro formidable en el seno de la Iglesia católica debido a lo que viene ocurriendo, es de esperar que su nuevo libro sea leído por un público numeroso y atento.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

MÁS ALLÁ DE LO CONTINGENTE. ENTREVISTA A ALEJANDRO CHAFUEN UNA NUEVA APROXIMACIÓN CIENTÍFICA Y UNA ANTROPOLOGÍA ROBUSTA PARA ANALIZAR EL FLORECIMIENTO HUMANO

Realizada en Roma el 22/1/14. Publicada en : http://www.institutoacton.com.ar/comentarios/190com180214-a.pdf

 

El Dr. Alejandro Chafuen es el Presidente de la Fundación Atlas, una organización
no gubernamental. La organización promueve “un mundo libre, próspero y pacífico donde
el gobierno limitado defienda el Estado de derecho, la propiedad privada y el libre
mercado”.
El Dr. Chafuen habló con ZENIT acerca del impacto de la de la Doctrina Social
Iglesia sobre las políticas económicas.
Pregunta: En la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, el Papa Francisco
subraya los riesgos de un nominalismo vacío que conduce a la atracción por el nihilismo.
La respuesta a esto parece basarse en el realismo práctico y un compromiso serio –más
allá de reduccionismos ideológicos– al servicio de la humanidad. ¿Cómo podemos leer
esta afirmación y qué significa para nosotros?
Dr. Chafuen: Como “trabajador” en el ámbito de las ideas, los think tanks y la
academia, creo que el Papa nos ofrece una valiosa advertencia: necesitamos ser mejores
en conectar ideas con realidades. El Papa señala ejemplos de esta desconexión: “los
purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, los nominalismos declaracionistas, los
proyectos más formales que reales, los fundamentalismos ahistóricos, los eticismos sin
bondad, los intelectualismos sin sabiduría” (nº 231).
Tomemos por ejemplo “los purismos angélicos”. No hay aquí nada en contra de los
ángeles y la pureza, sino la aceptación de seres humanos de carne y hueso luchando por
vivir la pureza. Los hombres no son perfectos ángeles. Los santos han luchado en esta
área. La Iglesia, en calidad de Maestra, no puede debilitar la verdad, pero como “Madre”
acepta y ama a las personas que caen pero luchan. Los santos que han sido canonizados también han sufrido caídas. Sin embargo, es su lucha heroica (y la Gracia recibida) lo que
los ha elevado a un plano superior. San Josemaría Escrivá de Balaguer quiso escribir un
libro sobre “Los defectos de los santos”, para así apoyar el deseo de la santidad en un
suelo real y no en un ideal imposible de alcanzar que se termina convirtiendo en algo
vacío, lo que conduce a un “nominalismo declaracionista”.
En cuanto a la política y la economía, las áreas en las que tengo algo más de
conocimiento, conviene aclarar que no existen sistemas económicos perfectos. Resulta
fácil encontrar “fundamentalismos ahistóricos” en muchas culturas. Esconder información
comprometedora de los héroes nacionales, la selección de los hechos históricos que
convienen para así justificar nuestra propia ideología resulta una práctica común. El Papa afirma que “la realidad es más importante que la idea”, y tiene razón, no obstante las
ideas son esenciales para comprender la realidad.
El Papa afirma: “Hay políticos —e incluso dirigentes religiosos— que se preguntan
por qué el pueblo no los comprende y no los sigue, si sus propuestas son tan lógicas y
claras. Posiblemente sea porque se instalaron en el reino de la pura idea y redujeron la política o la fe a la retórica” (nº 232). Muchos defensores de ideologías exponen teorías que están en contra de los requisitos básicos de una buena teoría (en este tema me gusta
particularmente un texto de Christensen & Raynor), no explican qué causa un resultado,
simplemente se limitan a describir atributos asociados empíricamente con ese resultado,
seleccionando las estadísticas que se acomodan a las conclusiones que previamente
tienen sobre la materia. Una parte afirma que “los ricos son cada vez más ricos y los
pobres cada vez más pobres” y la otra que “cuanto más libre es una economía mayor
riqueza podrán generar las personas”. Las dos afirmaciones pueden ser verdaderas,
dependiendo de las circunstancias. Una buena teoría económica y política es contingente
respecto de las circunstancias. Además, como explican Christenson & Raynor, las buenas
teorías responden a la pregunta: “¿Qué pasa cuando las teoría fracasa en explicar la
realidad?” Tanto la derecha como la izquierda tienden a ignorar este principio. Muchos
socialistas afirman que el socialismo no ha fracasado, el problema eran los líderes
corruptos que violaron los principios del socialismo. Algunos en la derecha, por su parte,
presentan sus argumentos de modo similar, si señalas a un capitalista que busca los
favores o los privilegios del poder político, afirman: “no es un verdadero capitalista”. Respecto de la economía, por ejemplo, el Papa ha tenido la experiencia de la
realidad argentina. La buena ciencia social debe concentrarse no en lo aparente, en “lo
que se ve”, como decía el economista católico Frederic Bastiat (1801-1850), sino en lo
que no se ve. Y es en este ámbito de explicaciones donde resulta difícil alcanzar el deseo
del Papa Francisco de trabajar para que se logre reemplazar el nominalismo formalista
por una “objetividad armoniosa”. Hoy en día existe una objetividad armoniosa de que, en contra de las apariencias, la tierra gira alrededor del sol. En la medida en que la realidad económica y política es interpretada de modos muy contrapuestos, incluso entre académicos laureados con el premio Nobel en una misma disciplina, como sucede en la economía, esta armonía va a ser muy difícil de lograr.
Pregunta: La Doctrina Social de la Iglesia es un instrumento muy poderoso para
analizar los problemas económicos desde una perspectiva ética, sin ignorar el marco
personal y antropológico que subyacente en toda decisión política. ¿A qué desafíos se
enfrenta actualmente la DSI en un contexto de cambio epocal a nivel geopolítico, cultural
y social?
Dr. Chafuen: El mayor desafío que enfrenta la Doctrina Social de la Iglesia es la
presencia predominante de concepciones erróneas acerca de la persona humana.
Algunos consideran a los seres humanos como una colección de sustancias químicas,
otros, como meros individuos, dejando a un lado el plano de la realidad espiritual. La
Iglesia, y todos los que somos ministros por el bautismo, debemos ser maestros
referentes en cuanto a la verdad y la riqueza de lo que significa ser humano. Aprender a
comunicar esto con acciones y palabras es otro desafío mayúsculo. El Papa Francisco,
con su nuevo estilo, casi apareciendo como mundano, especialmente si se lo compara
con su predecesor, ha sorprendido al mundo.
Las dos instituciones básicas de una sociedad libre, la propiedad privada y la familia,
que tienen un lugar importante en la doctrina social, están también bajo ataque. El
crecimiento del poder geopolítico de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), donde
algunas estructuras capitalistas coexisten con altos niveles de corrupción, está
suponiendo un desafío para la noción de Estado de derecho e imperio de la ley (rule of law). Esto, a su vez, alimenta la idea de que el beneficio a toda costa es lo único que
cuenta, independientemente de los costos humanos.
El crecimiento del tamaño del gobierno, que en la mayoría de los países es tres
veces más grande que hace un siglo, es otro desafío de envergadura. El Estado ha
crecido como un proveedor de servicios y el llamado “Estado de bienestar”, especialmente
en algunos países de Europa, ha debilitado el sentido de responsabilidad y solidaridad. El
modelo del buen samaritano ha sido reemplazado por el modelo de los buenos burócratas
y tecnócratas.
Otro desafío lo constituye el agresivo ataque contra la familia y el esfuerzo de los
gobiernos por redefinir las instituciones sociales. Las familias han sido los mejores
ministerios de bienestar. Los niños que son criados la mayor parte de su vida con el
mismo padre y madre tienen mejores pronósticos en cuanto a florecimiento humano. Esto
es una realidad contundente que la dictadura del relativismo intenta esconder. En la
medida en que los seres humanos tienen necesidades sociales, si las familias siguen
siendo destruidas, cabe pensar que será el Estado el que ocupe ese lugar.
Existe además un desafío ad intra, bien expresado en la Gaudium et spes (nº 36)
que deplora “ciertas actitudes que, por no comprender bien el sentido de la legítima
autonomía de la ciencia, se han dado algunas veces entre los propios cristianos; actitudes
que, seguidas de agrias polémicas, indujeron a muchos a establecer una oposición entre
la ciencia y la fe”. Creer que la Doctrina Social de la Iglesia pueda estar enseñando una
doctrina económica falsa puede terminar poniendo en tela de juicio la credibilidad de su
doctrina no sólo en temas económicos sino también en otras áreas donde la Iglesia tiene
más conocimiento y autoridad. La DSI necesita estar actualizada e incorporar todos los
avances reconocidos en las ciencias “exactas” y en las ciencias sociales.
Pregunta: Usted es el autor de un famoso libro Economía y ética: Raíces cristianas
de la economía de libre mercado. ¿En qué medida pueden los autores de la segunda
escolástica ayudarnos a encontrar mejores soluciones para una sociedad libre y
floreciente, a la luz del bien común, la ley natural y la dignidad humana?

Dr. Chafuen: El mérito del libro Economía y ética (última edición Raíces Cristianas
de la Economía de Libre Mercado, Fundación Progreso-Instituto ResPublica, Santiago,
Chile, 2013) se debe en realidad a la lucidez de la segunda escolástica, investigadores en el tránsito de la edad media a la edad moderna que llevaron la indagación racional,
iluminada por la fe, al máximo nivel que pudieron. Existen once ediciones del libro,
publicado en varios idiomas. La primera vez que me sumergí en la lectura de los escritos
económicos de los autores de la segunda escolástica, en la Pontificia Universidad
Católica Argentina, yo era un individualista extremo. Mi visión de la persona humana se enriqueció enormemente gracias a la lectura de docenas de libros de filosofía moral, filosofía del derecho, teología, y manuales de confesores. Mi aspiración era escribir un libro sobre cada uno de los temas económicos y sociales que abordaban estos moralistas y que aparecen en capítulos de mi libro.
Estos autores me enseñaron que una economía libre, en el contexto de un marco
jurídico respetuoso de la dignidad humana, era completamente consistente con la doctrina y el amor cristianos. También aprendí que estos teólogos ejercieron una gran influencia en el desarrollo de la economía de una sociedad libre en áreas tan diversas como la propiedad privada, el libre comercio, la moneda y muchas otras. Solamente sus enseñanzas sobre el interés parecían ir un tanto a contrapelo de la libertad.
Los escritos de los teólogos de la segunda escolástica ejercieron fuerte influencia
sobre los grandes economistas escoceses y europeos, quienes vendrían a generar el
clima intelectual que propició el gran salto en el desarrollo económico que se produjo
hacia fines del siglo XIX. A comienzos de ese siglo, en Occidente había un elevado grado de consenso en lo que se refiere a la persona humana. La persona humana era
concebida como una criatura de Dios, social, espiritual, racional, libre e individual. Cuando hacia fines del siglo XIX y principios del XX la persona humana empezó a ser vista como un mero individuo, un número, una cosa (a fact), se produjo la expansión del colectivismo.
En un juego de números, los muchos ganan. Es por esto por lo que hemos podido ver el crecimiento de un colectivismo cruel en el siglo XX. Necesitamos nuevos escolásticos que lleven la mejor ciencia económica y la mejor ciencia social a las aulas, al púlpito, a las empresas y a las instituciones de la sociedad civil. Al permanecer leales a la verdad de lo que es la persona humana y lo que es el saber científico sólido, sus enseñanzas deberían conducir al florecimiento de la sociedad. Los católicos necesitan abocarse más a la tarea de convertirse en los mejores profesionales, académicos, científicos, y hombres de negocios; y en impregnar la cultura con una antropología rigurosa y con una actitud de apertura genuina hacia el prójimo. Sin embargo, para convertir todo esto en una realidad, necesitaremos enfrentar y superar los desafíos mencionados en las preguntas anteriores.

Nota: La traducción del artículo original “Beyond Contingency”, publicado por
Zenit, el 22 de enero de 2014 es de Mario Šilar del Instituto Acton Argentina/Centro

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

EL PAPA FRANCISCO Y LOS ECONOMISTAS

Por Alejandro A. Chafuén. Publicado el 8/12/13 en: http://www.elojodigital.com/contenido/12798-el-papa-francisco-y-los-economistas

 

Las recientes expresiones de orden económico emitidas por el Papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium representan un llamado a aplicar un sistema de “Tercera Posición” “Tercera Vía” diseñado y administrado por expertos. Eso es lo que implícitamente se desprende de su conclusión: “El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo.”
El Papa Francisco no llama a la socialización del sistema económico ni nos brinda como ejemplo a naciones totalitarias o populismos irresponsables. El expresa “éste no es un documento social”, y recomienda el “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia” como guía sustancial para el estudio y la reflexión sobre temas de economía. Sin embargo, como el Santo Padre no citó el punto 42 de la encíclica Centessimus Annus de Juan Pablo II, que legitima un sistema de libre empresa basado en el estado de derecho y el respeto de la dignidad humana y, dado que el lenguaje de esta exhortación a veces aparece como hostil hacia los mercados libres, numerosos economistas cristianos se han mostrado alarmados. Muchos se han preguntado si el Papa ha sido influenciado negativamente por la cultura peronista de la Argentina. El peronismo tiene, como uno de sus pilares, un sistema económico situado entre socialismo y capitalismo. Juan Domingo Perón fue un pionero de la “Tercera Posición”.
En Evangelii Gaudium, el Sumo Pontífice reafirma que “ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio en la interpretación de la realidad social o en la propuesta de soluciones para los problemas contemporáneos.” La jerarquía consulta con muchos economistas. Uno de ellos es el Premio Nobel Joseph Stiglitz, quien tiene gran influencia en el Vaticano; muchos le dan crédito por haber vestido a las propuestas de Tercera Posición con un ropaje académico.
Los escritos de Stiglitz han tenido impacto en otro argentino muy influyente en el Vaticano: Monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias. Stiglitz fue designado como miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, “hermana” menor de la Academia de Ciencias, en 2003, (Juán José Llach es miembro de la misma academia). Stiglitz ofició de presidente del Consejo de Consultores Económicos bajo el ex presidente estadounidense Bill ClintonJohn Allen, respetado observador del Vaticano, escribió en 2003 que Stiglitz “desde ese rol, ayudará a guiar las políticas del Vaticano en el terreno de los asuntos económicos”. Allen agregó que Stiglitz era el favorito de Sánchez Sorondo. Durante un programa patrocinado por el Acton Institute, tuve el privilegio de sentarme junto a Sánchez Sorondo, y me comentó que Stiglitz era, en efecto, su economista predilecto. John Allen iría aún más lejos, al afirmar: “Stiglitz interpreta que el equipo de Clinton cometió un error al aceptar que el gobierno debía mantenerse al margen de la política económica, permitiendo que el sector financiero dictase las reglas de juego. Por ende, es probable que Stiglitz le dé un mayor empuje a los lineamientos ya prefigurados con firmeza por Juan Pablo II, esto es, que las autoridades públicas deben intervenir en los asuntos económicos para garantizar que los beneficios de la globalización sirvan al bien común”.
La mayoría de las sentencias de alcance económico surgidas del Vaticano que perturban a los defensores y promotores del libre mercado se han visto precedidas de expresiones similares de parte de economistas notables. Esto es lo que sucede con la exhortación apostólica de Francisco. El párrafo que se ha ganado un mayor número de críticas entre los liberales es aquel que pone en duda  “las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo.” En inglés, la Exhortación usó el término “trickle-down”. Es difícil hallar economistas que sostengan que no existen excepciones para esta teoría. Es fácil encontrar altas tasas de crecimiento que coexisten con injusticia y falta de inclusión. La República Popular China y la India son buenos ejemplos en este sentido. Pero como señala un nuevo estudio del Fraser Institute, de reconocida reputación en el mundo liberal, hasta en Canadá existen aproximadamente 1.6 millones de personas que no puede cubrir sus necesidades básicas.
El uso de la expresión “trickle-down” -difícil de traducir y generalmente empleada para denigrar al libre mercado, dio lugar a muchas discusiones. Es probable que Evangelii Gaudium haya sido escrita originalmente en español. El Papa utilizó el término “derrame” que en inglés se traduce mejor bajo “spill-over” y resulta ser una palabra mucho menos politizada, pero que proviene de una traducción no tan buena de una de las versiones más populares en español del libro sobre la Riqueza de las Naciones de Adam Smith, supuesto padre de la economía liberal. En esta se tradujo la palabra extend (extender) como derrame. Adam Smith escribió que la gran multiplicación de la producción, que resulta de la división del trabajo “da lugar, en una sociedad bien gobernada, esa opulencia universal que se extiende [derrama] a los estratos más bajos de la población.” Smith jamás defendió la “autonomía absoluta del mercado”. Al remarcar la importancia de “una sociedad bien gobernada” daba prueba de no tener una confianza absoluta en las “fuerzas invisibles y la mano invisible del mercado.” 
Una letanía incompleta de otros lamentos en lo relacionado con admoniciones económicas del Papa incluyen: tener “una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante”; apoyarse en “el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano”; la existencia de “una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta”; y el “deterioro de las raíces culturales con la invasión de tendencias pertenecientes a otras culturas, económicamente desarrolladas pero éticamente debilitadas.”
Desde la publicación de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, los economistas católicos han estado aportando respuestas y análisis a cada uno de estos puntos. Yo enfatizaría los estudios empíricos que muestran que la libertad económica es el mejor antídoto para la corrupción. Aunque en tiempos de la presidencia de Carlos Saúl Menem parecía que Argentina era una excepción, con mediciones mostrando alta libertad económica y alta corrupción, pronto se volvió a la triste realidad, la menor libertad llevó a mucha más corrupción. También le haría recordar al Vaticano las contribuciones tan valiosas del desaparecido Wilhelm Roepke, que siempre enfatizó una “Economía Humana”, respetuosa de la libertad. Cada uno de nosotros ofrecerá distintos estudios y análisis.
La mejor contribución que los campeones de los mercados libres pueden efectuar es convertirse en economistas sobresalientes y convincentes, y captar la atención de los líderes más influyentes con la esperanza que estos incorporen sus verdades económicas a sus admoniciones morales. Un buen ejemplo a seguir es el de Gary Becker, Premio Nobel de la Universidad de Chicago, que ha sido miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias desde 1997, o del español José T. Raga, que es miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales. Al igual que Raga, la calidad de las investigaciones económicas de Becker y su respetuoso comportamiento en el Vaticano lo hicieron acreedor a esa posición. Los escritos de Premios Nobel procedentes de otras escuelas de pensamiento cercanas a la libre empresa, como ser F.A. Hayek y James Buchanan -de la Escuela Austríaca y las escuelas de Elección Pública, respectivamente- también merecen mayor atención de parte del Vaticano.
Juan Carlos de Pablo, uno de los mejores profesores en la Pontificia Universidad Católica (UCA) de Buenos Aires, -en donde he asistido y dado clases- les decía a sus alumnos que “si los economistas no saben de economía, ¿cómo pueden culpar a los obispos por sus conocimientos económicos insuficientes?”. El Papa Francisco ha reconocido la labor de los laicos en numerosas áreas, no solo en economía. Aquellos que profesamos la fe católica y estamos convencidos de la superioridad moral y económica del libremercado, tenemos el deber de acercarnos al Vaticano a través de un diálogo respetuoso y educado, única manera para que pueda resultar provechoso.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

El libre mercado y la crítica del papa Francisco

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el /1/13 en: http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2013/12/02/el-libre-mercado-y-la-critica-del-papa-francisco/

Las críticas que el Papa Francisco hiciese al libre mercado en el Evangelii Gaudium (“La alegría del Evangelio”) han generado fuertes reacciones. No sólo en Argentina, su país de origen, sino en varios países alrededor del mundo. Un ejemplo es un reciente post de Gregory Mankiw (Harvard University) en su blog con breves pero interesantes reflexiones. Especial atención recibió el pasaje donde el documento critica la teoría del “derrame, que supone que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismo sacralizados del sistema económico imperante” (p. 44).

En primer lugar hay que reconocer que puede haber posibles matices semánticos que pueden llevar a imprecisas interpretaciones. Es decir, el Evangelii Gaudium no es un documento de carácter económico. No obstante, es claro el mensaje crítico hacia el libre mercado y presenta un difícil desafío sugerir que el documento no se refiere, en verdad, a una economía libre luego de argumentar “salvedades semánticas”. En segundo lugar, coincido con Mankiw que el “derrame” no es una teoría ni mucho menos un término técnico y que es una palabra de corte peyorativo utilizado por sectores de izquierda y grupos críticos de los mercados libres. Al utilizar esta palabra, el Papa incorpora un sesgo negativo hacia el término libre mercado en lugar de utilizar un término neutral. El desliz terminológico en temas económicos en el documento sugiere la necesidad de cierta cautela en las fuertes afirmaciones que el documento ofrece. Afirmaciones categóricas en un documento de esta trascendencia deberían estar mejor respaldadas en su articulación. Para ser un documento de tanta trascendencia, deja ver un cierto desinterés o impericia en la forma de tratar problemas económicos. Imagínese la opinión en un texto económico crítico de la Iglesia con un claro uso superficial del lenguaje propio de la disciplina criticada acompañado de calificativos como “confianza burda e ingenua”. Utilizar definiciones imprecisas puede llevar a observar problemas donde no los hay.

En segundo lugar, el efecto que el Evangelii Gaudium produjo en la opinión pública invita a repasar algunos indicadores generales de bienestar social y económico en países más y menos proclives al libre mercado. ¿Es cierto que el libre mercado deja desamparados y marginados a los menos pudientes? ¿Cuánto de verdad y cuánto de mito hay en las tan difundidas críticas al “capitalismo salvaje”? Lo que el Papa Francisco expresa es, en definitiva, reflejo de una idea generalizada, especialmente en varios sectores de Argentina.

Es fácil de obtener un panorama de la situación económica y social del libre mercado si dividimos los países en cuatro grupos de acuerdo a su libertad económica. Esto permite obtener un degradé de resultados y observar diferencias entre países más y menos libres. Es importante tener en cuenta que deben observarse los datos de todos los países, y no elegir, por ejemplo sólo un par (más detalles aquí). Esto permitiría que tanto un defensor como un crítico del libre mercado elijan un par de  países a su conveniencia. Es toda la muestra, no selecciones ad hoc, lo que hay que usar de referencia. Veamos, entonces, algunos datos económicos y sociales.

Los siguientes gráficos muestran el PBI per cápita (PPP) y el crecimiento promedio de 10 años para cuatro grupos de países de acuerdo a su libertad económica. Como se puede apreciar, en promedio, los países más libres no sólo son más ricos, sino que también crecen más rápido a largo plazo.

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La principal objeción a estos datos es que el PBI per cápita (PPP) es un dato promedio que nada dice sobre la distribución del ingreso. Se da a entender que los países más ricos son más desiguales en su distribución del ingreso. El crecimiento del libre mercado es inocultable, pero sería un crecimiento inmoral. Una manera de ver si este es el caso es observando la participación sobre el ingreso que recibe, por ejemplo, el 10% más pobre de la población. Los siguientes gráficos muestran el ingreso del sector 10% más pobre y el ingreso per cápita (en USD) para este grupo. Como se puede apreciar, el 10% más pobre recibe, en promedio, el mismo porcentage del ingreso total en economías menos y más libres. Donde sí se ve una diferencia importante es en el monto de ingresos. Si usted se encuentre entre el 10% con menos ingresos, no importa si vive en uno de los países menos libres o en uno de los países más libres, su grupo recibirá alrededor del 2.6% del ingreso total. Ahora, si usted vive un país poco libre tendrá que vivir con 932USD anuales, mientras que si lo hace en un país libre tendrá un ingreso anual de 10.556USD. No es una dato menor.

image011image012Se podrá objetar que estos datos sólo observan el quintil con menos ingresos y que en verdad es más apropiado observar indicadores como elCoeficientes de Gini, que miden la distribución del ingreso de toda la población. Una distribución perfectamente equitativa da como resultado un Coeficiente de Gini de 0, y una distribución perfectamente inequitativa da como resultado un valor de 100. El siguiente gráfico muestra el Coeficiente de Gini para el 25% de países más (rojo) y menos (azul) libres. Como se puede apreciar, en promedio las economías más libres poseen una mejor distribución del ingreso de acuerdo a este indicador. El argumento que las economías libres sufren de mayor desigualdad del ingreso es un mito construido sobre el error de observar unos pocos países y no la totalidad de la muestra. Al seleccionar sólo unos países podemos, inconscientemente, elegir países que confirman nuestras ideologías o ideas previas. Esto no sucede al observar toda la muestra. La pregunta es, si usted sabe que va a ser pobre, ¿en qué tipo de país preferiría vivir, en unos de los libres o en uno de los no libres? El sector “pobre” en Estados Unidos, por ejemplo, posee ingresos por encima del 60% de la población mundial.

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Se podrá, a su vez, objetar que estos datos son una foto, no una película. Que, de hecho, los ricos se están volviendo más ricos y los pobres más pobres. El siguiente gráfico muestra el cambio en el ingreso medio de cada quintil de la población según su nivel de ingreso. Como se puede apreciar, es cierto que los ricos se están volviendo más ricos (excepto el quintil superior), pero no es menos cierto que los quintiles de menores ingresos ven, en promedio, aumentar sus ingresos a una velocidad mayor que los quintiles superiores. El gráfico muestra la diferencia de ingresos entre padres e hijos que pertenecen al mismo quintil.

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No sólo es un mito que los países más proclives al libre mercado posean una peor distribución del ingreso, sino que la pobreza ha disminuido, en lugar de haberse incrementado, en las últimas décadas. El siguiente gráfico muestra la disminución en la población que vive con menos de US$ 1 por día entre 1970 y el 2000. Durante estos 30 años la población con ingresos menores a US$ 1 por día se disminuyó a casi un tercio. Siendo las economías más libres les que generan más riqueza a mayor velocidad, es claro cuál es el grupo de países que produce este fenómeno y cuáles las economías que lo retrasan.

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Veamos algunos indicadores sociales y de medioambiente de interés. Los siguientes gráficos muestran (1) el trabajo infantil, (2) la contaminación ambiental y (3) el ritmo de deforestación. Nuevamente, se puede apreciar la persistencia de mitos sobre supuestos males del libre mercado. Los países más libres, en promedio, poseen menor trabajo infantil y menores niveles de contaminación. El tercer gráfico muestra que son los países menos libres los que, en promedio, producen deforestación mientras que los más libres, en promedio, están reforestando sus tierras.

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Unos breves comentarios finales. En primer lugar, estos resultados se mantienen si observamos, por ejemplo, las diferencias en los países más y menos libres pero acotando la muestra únicamente a países chicos. Es decir, estos datos no son resultado de un efecto de “países grandes” donde, justamente por ser un país grande, sus indicadores muestran mejores resultados. En segundo lugar, los mismos resultados también se observan si separamos entre los países más y menos libres dentro del 25% de países menos libres; la teoría de la explotación internacional tampoco se sostiene. Dentro de los países menos libres, los más libres tienen mejores indicadores económicos y sociales que los menos libres dentro del grupo de los menos libres.

Por último pero no por ello no menos importante, estos comentarios buscan desmitificar críticas al libre mercado que son opinión generalizada y trascienden al documento del Vaticano. Estos comentarios tampoco buscan cuestionar la autoridad espiritual y religiosa de las máximas autoridades de la Iglesia, pero sí evitar confundir autoridad espiritual o religiosa con autoridad económica.

Fuentes de los gráficos: (1) Economic Freedom of the World 2013 Annual Report (Fraser Institute), (2) presentación Free Our Economies de Anthony Davies (Duquesne University) disponible en su sitio web y (3) 2007 Index of Economic Freedom (Heritage Foundation).

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.