Breve reflexión sobre Uber, Pro, y Cambiemos

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 13/4/16 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2016/04/13/breve-reflexion-sobre-uber-pro-y-cambiemos/

 

En el día de ayer Uber dio inicio a sus actividades en Buenos Aires. Esto tomó de sorpresa no sólo a sus clientes, sino también al gobierno del Pro en Ciudad de Buenos Aires (CABA) y al sindicato de taxistas. La reacción del Pro en CABA se ha prestado más a confundir a la opinión pública que a ayudar a que las nuevas tecnologías y servicios hagan pie en un país que tanto necesita de nuevos emprendimientos. Si bien en este caso la empresa involucrada es Uber, esta no es la única que ofrece estos servicios a nivel mundial. Quizas Lyft sea la competencia más conocida. Pero hay distintas empresas similares en varios países alrededor del mundo. Mis comentarios van por igual para Uber como para cualquier otra empresa que ofrezca el mismo tipo de servicio.

La primera cuestión a aclarar es qué servicio presta y no presta Uber. Uber es un intermediario entre dos vecinos que no se conocen. Uno de ellos demanda un transporte, y el otro está dispuesto a ofrecer este servicio. Es como un banco que no presta sus ahorros, sino que conecta ahorristas con deudores y cobra un fee por ahorrarle a cada uno el costo de buscarse y encontrarse. Uber, en este sentido, no ofrece transporte ni los conductores son sus empleados. No se sigue que Uber deba adaptarse a la regulación de los taxis del mismo modo que el individuo que lleva a su vecino el lunes por la mañana a cambio de un pago deba adaptarse a la regulación de taxis. Lo que Uber hace es proveer información de dónde se encuentran estos vecinos. ¿Acaso, por ejemplo, los pools escolares son ilegales? ¿O sólo lo son si en lugar de coordinar telefónicamente los padres lo hacen a través de su teléfono vía una aplicación llamada Uber?

Si, en todo caso, fuese el caso que Uber es ilegal, esto no es motivo para impedir servicios como los de Uber, sino motivo para adaptar la regulación al Siglo XXI. El Pro en CABA parece tener una mentalidad que mira hacia el pasado en lugar de mirar hacia adelante. La mentalidad del Pro debería ser adaptar rápidamente la regulación al Siglo XXI, en lugar de intentar que el Siglo XXI encaje en una regulación ineficiente y obsoleta.

En segundo lugar, se argumenta que al tomar un auto a través de Uber no se tiene cobertura de seguro. Desconozco los detalles del servicio provisto en Buenos Aires. Pero a nivel global esto no es del todo correcto. Al menos en Estados Unidos el servicio ya incluye servicio de emergencia en caso de accidente tanto para pasajero como para conductor (ver aquí). No obstante, esta objeción erra al punto. El nivel de seguro que se contrata es una cuestión a arreglar entre la partes, no a definir por el gobierno. El seguro mínimo requerido para transitar libremente ya es una obligación al adquirir un automóvil. Cualquier seguro extra corre por cuenta de las partes. Todo aquel que se sienta inseguro en un auto que viene por Uber es libre de subirse a todos los taxis que desee.

Esto lleva a otra cuestión que se está pasando por alto. En el caso de Uber todos los detalles del viaje están registrados, incluyendo una calificación del pasajero al conductor y vice-versa. Esto es contrario al caso del taxi, donde los viajes son anónimos. De haber algún incidente, Uber tiene mayores incentivos a solucionarle el problema al ciente que el taxista, quien goza de una licencia monopólica, a solucionarle cualquier inconveniente al cliente. ¿Realmente usted cree que la compañía de taxi es necesariamente mejor que Uber en lo que respecta a cuidar y solucionarle inconvenientes al cliente?

Lo otro que queda registrado son los pagos. Dado que las transferencias son electrónicas, toda la operación comercial está en blanco. Los taxis, al menos en Argentina, ni siquiera aceptan pago con tarjeta de débito o crédito siendo todo en efectivo. Dudo que la industria del taxi reporte de la manera más precisa todos los ingresos percibidos.

En tercer lugar, el caso de Uber en Buenos Aires (como en casi todas las ciudades donde ha desembarcado) no deja de ofrecer un ángulo de public choice. Lo que se pone en riesgo es el monopolio de las licencias de taxi que, casualmente, son vendidas por CABA. El mismo nivel de oposición a nuevos servicios no se ha visto en videoclubs o canales de televisión ante el desembarco de Netflix o Amazon Prime. La diferencia es la falta de monopolio en este segundo mercado.

Hechas estas aclaraciones, sin embargo, lo que más sorprendió fue la agresiva reacción de CABA hacia los vecinos. El gobierno de la ciudad hizo saber que iba a multar y llevarse con grúa a los autos “de” Uber que sean identificados en la calle al mismo tiempo que los taxistas se dieron el lujo de cortar calle de la ciudad sin sufrir siquiera advertencia alguna. El mismo gobierno, que ya lleva 8 años administrando la ciudad ha subido los impuesto de manera repetida y ahora, ante la oportunidad que el vecino tenga un ingreso extra al salir del trabajo, lo trata de delincuente dando a entender que incluso podría estar cometiendo un ilícito penal.

El Pro, el mismo gobierno del eslogan “Si, se puede” y “Cambiemos”, se muestra muy lento para actualizar la regulación, el cual es su argumento de por qué Uber no puede operar, pero se muestra muy rápido si de lo que se trata es proteger a los taxistas de la competencia al punto tal de “amenazar” al votante. En este caso el Pro actúa en contra, no a favor, del progreso que tanto dice querer promover. Parece ser que el vecino (conductor o pasajero a través de Uber) es quien debe estar al servicio de gobierno del Pro, en lugar de ser el gobierno del Pro quien esta al servicio de facilitarle la vida al vecino. ¿Es esto lo que le Pro entiende por Estado Presente?

El caso Uber me parece representativo por otros dos motivos. En primer lugar, porque muestra más fielmente la mentalidad Pro que las decisiones de Cambiemos en el gobierno nacional. En el gobierno nacional, Cambiemos no ha tenido mucho margen al decidir políticas distintas a las grandes medidas que se han tomado: (1) salir del cepo cambiario, (2) eliminar las DJAI, (3) dar por finalizar el default con los holdouts, (4) revisar tarifas públicas. Cualquier gobierno, con mayores o menores diferencias, se hubiese encaminado a tomar las mismas decisiones. Por lo tanto estas medidas no son representativas de lo que Pro realmente piensa. El caso de Uber es distinto. En CABA el Pro sí tiene la posibilidad de modernizar (otra palabra que se repite en sus funcionarios) un servicio que usan los vecinos de manera diaria, pero hasta el momento ha actuado de manera opuesta.

En segundo lugar, y este es el punto que quiero marcar, el problema no es tanto el costo económico de tener o no Uber, sino que es una cuestión más de principios o mentalidad estatista que puramente económica. Si incluso Uber fuese una actividad ilegal Pro debería actualizar la legislación en lugar de ser un palo en la rueda al progreso. Que algo sea legal no quiere decir ni que sea correcto ni que sea ético. Al mismo tiempo que el Pro espera que lleguen inversiones toma actitudes que hacen lo contrario a invitar proyectos modernos a instalarse en Argentina. En Argentina hay una fuerte mentalidad según la cual toda actividad comercial debe estar regulada por el estado. Quizás no sea casualidad el retraso relativo Argentino de los últimos 80 años. Uber es sólo otro ejemplo de cómo el mundo avanza mientras Argentina se queda en el pasado, esta vez de mano del Pro. Las consecuencias son más importantes que el caso de Uber en sí. Cambiemos, que esta cargo del Poder Ejecutivo a nivel nacional con alta representación en el Poder Legislativo, ¿tendrá la misma mentalidad? El problema, insisto, no es tanto Uber en sí, sino la actitud y mentalidad de la nueva dirigencia política que se deja ver en este caso.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

DEBATE SOBRE LA REALIDAD.

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

El tema que aquí abordamos es de extrema importancia puesto que, entre otras cosas, si no hay realidad objetiva la idea de “la justicia” la impone quien tiene más fuerza sin mojón de referencia extramuros de la norma positiva. Como escribe Emanuel Sieyes en Ensayo sobre el privilegio, en ese caso, no habrá defensa contra el “ansia insaciable de dominación” financiada “por estúpidos ciudadanos que pagan tan caro para ser insultados” ya que “se ha establecido la existencia del legislador, no para conceder, sino para proteger nuestro derechos”.

 

Ahora resucita un debate en medios académicos sobre si la realidad tiene o no existencia ontológicamente independiente. Ya en otra oportunidad escribí sobre el relativismo para intentar la clarificación de que las cosas son independientemente de lo que opinamos que son (además de la conocida conclusión en cuanto a que la afirmación del relativismo hace que esa misma afirmación sea relativa). Una cosa es el esfuerzo por descubrir verdades que se traduce en que el conocimiento es provisorio sujeto a refutaciones y otra bien distinta es el relativismo (epistemológico, hermenéutico, cultural y ético tal como puse de manifiesto en el mencionado trabajo titulado “Las contradicciones del relativismo”). En esta ocasión enfatizo en el primer punto señalado sobre la realidad, en relación a lo cual debatimos hace unos días en una reunión de colegas.

 

En este sentido, se dice que lo que no es percibido no es real, es decir, la tesis originalmente expuesta por Berkeley. Pero eso habría que extenderlo al mismo sujeto que observa, esto es, que no existiría si no lo percibe otro y así sucesivamente lo cual no termina en la Primera Causa ya que, paradójicamente, no tendría existencia real si no es percibida por otro, situación que conduce a la inexistencia de todo (incluso de la afirmación del no-realismo).

 

Por otra parte, hay cosas que se estiman percibidas como, por ejemplo, los espejismos, las ilusiones y las estrellas que creemos observar cuyas luces navegan en el espacio pero que pueden haber dejado de existir hace tiempo.

 

Por el principio de no-contradicción, una proposición no pude corresponderse y no corresponderse simultáneamente con el objeto juzgado (como queda dicho, el relativista toma como verdad su relativismo). También cabe destacar que, sin duda, todo lo que entendemos es subjetivo en el sentido de que es el sujeto que entiende, pero cuando hacemos referencia a la objetividad o a la verdad aludimos a las cosas, hechos, atributos y procesos que existen o tienen lugar independientemente de lo que opine el sujeto sobre aquellas ocurrencias y fenómenos que son ontológicamente autónomos. Lo antedicho en nada se contradice con el pluralismo y los diversos fines que persiguen las personas, dado que las apreciaciones subjetivas en nada se contraponen a la objetividad del mundo. Constituye un grosero non sequitur afirmar que del hecho de que las valorizaciones y gustos son diversos, se desprende la inexistencia de lo que es.

 

Cuando se dice que no puede tomarse partido por tal o cual posición debe tenerse en claro que quien eso dice está de hecho tomando partido por no tomar partido, del mismo modo que quien sostiene que no debe juzgarse está abriendo un juicio. Como explicita Konrad Lorenz, si no hubiera tal cosa como proposiciones verdaderas no tendría sentido ninguna investigación científica puesto que no habría nada que investigar.

 

Paul Watzlawick en su libro titulado ¿Es real la realidad? concluye que “la tesis básica del libro [el que escribe] según la cual no existe una realidad absoluta, sino solo visiones o concepciones subjetivas, y en parte totalmente opuestas [de lo que es] la realidad, de las que se supone ingenuamente que responden a la realidad ´real´, a la ´verdadera´ realidad”.

 

Nos parece que aquí se confunden planos de análisis. El juicio subjetivo en nada cambia la existencia de las cosas, sus propiedades y atributos. Ese juicio podrá desde luego estar más cerca o más lejos de describir al objeto juzgado puesto que la proposición verdadera consiste en la concordancia o correspondencia del juicio con el objeto juzgado. Pero nuevamente decimos que esto no significa que las dificultades de lograr el cometido se hayan disipado: el camino para captar la realidad es siempre uno sinuoso y lleno de obstáculos. Nunca el ser humano llegará a una situación en que pueda ufanarse de haber completado su faena de haber abarcado la totalidad de lo real ya que estamos hablando de seres imperfectos, limitados y sumamente ignorantes.

 

Lo dicho no quita para nada lo certera de la observación de Watslawick en cuanto a la influencia del grupo en el individuo. En esta línea argumental, alude al experimento realizado por el psicólogo Asch en el que reunía un grupo de unos nueve estudiantes a quienes se les mostraba un par de tablas. En la primera se veía una línea vertical y en la segunda tres líneas también verticales de distinto tamaño y se les pregunta cual de las líneas de la segunda tabla coincide con la primera.

 

Para entrar en confianza se hacen varias rondas en las que hay unanimidad en las coincidencias (la línea del medio de la segunda tabla es idéntica a la de la primera). Luego viene el truco: a todos los estudiantes menos a uno se los instruye para que den una respuesta falsa. Se observa al disidente que en las primeras rondas opina con seguridad pero a media en que se repiten va perdiendo seguridad (esto se nota hasta en el tono de su voz cada vez más baja y poco convincente), hasta que  finalmente en gran parte de los experimentos el sujeto en cuestión opina como los demás aun sabiendo que su respuesta es evidentemente falsa. Esto revela la influencia que ejerce el grupo sobre la opinión de los menos.

 

Pero esto no modifica nuestros comentarios sobre la realidad, solo que demuestra la enorme presión de la multitud sobre quienes opinan distinto, lo cual puede comprobarse a diario con personas que no se atreven a opinar lo que se considera “políticamente incorrecto” y, por ende, dejan de cumplir con sus obligación moral de comportarse de acuerdo con la integridad elemental y la honestidad intelectual por cobardía, y así los timoratos dejan cada vez más espacio a la corriente dominante para que imponga su visión.

 

Para poner el asunto de otra manera, una cosa es afirmar erróneamente que la realidad depende de la opinión y que, por tanto, no hay verdad objetiva y otra bien diferente es reconocer que cada uno tiene el derecho de interpretar, debatir, exponer y mostrar según su criterio cual es la realidad de tal o cual cosa. Precisamente, en esto consiste la posibilidad de progreso y acercamiento a la captación de diferentes realidades. Las sucesivas refutaciones parciales o totales permiten el avance en el conocimiento.

 

La duda (no de todo puesto que no dudamos que dudamos) y el racionalismo crítico son buenos ejercicios: ubi dubiun ubi libertas (si no hay duda, no hay libertad) puesto que en un mundo de dogmáticos no se requiere libertad ya que todo sería certezas. Pero lo contrario no significa escepticismo en el sentido de desconfianza en nuestra capacidad perceptual,  sino que la conciencia del error nos da la pauta que somos capaces de distinguirlo de la verdad.

 

El realismo -también crítico- profesa la existencia del mundo exterior al sujeto que observa que es, por ende, distinto al sujeto que conoce. La ciencia se refiere a la expansión del conocimiento de ese mundo exterior que presupone para sus estudios y experimentos. La inteligencia, el inter-legum, apunta a expandir el conocimiento que no se refiere solo a lo que puede comprobarse en el laboratorio sino a fenómenos no verificables en la experimentación sensible sino en el razonamiento de procesos complejos.

 

John Hospers en el primer tomo de su Introducción al análisis filosófico explica que “una proposición verdadera describe un estado de cosas que ocurre; o en el caso de una proposición sobre el pasado, un estado de cosas que ocurrió; o en el caso del futuro, que ocurrirá” por el contrario “una proposición falsa da cuenta de un estado de cosas que no ocurre (o no ocurrió en el caso del pasado, o no ocurrirá en el caso del futuro)”, todo lo cual naturalmente alude a lo que existe o no existe en la realidad.

 

Por su parte, Nicholas Rescher en su obra Objetivity escribe que  “La independencia ontológica de las cosas -su objetividad y autonomía de las maquinaciones de la mente- constituye un aspecto crucial del realismo” de lo cual no se sigue que la mente pueda captar toda la realidad del universo, por lo que “coincidimos con el realismo en el énfasis de la independencia del carácter de la realidad, pero sabiendo que la realidad tiene una profundidad y complejidad que sobrepasa el alcance de la mente”. Esto, nuevamente recalcamos, es debido a las limitaciones de los humanos: el esfuerzo por captar la realidad para nada elimina la posibilidad de captar fragmentos de lo que existe.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

LAS CONTRADICCIONES DEL RELATIVISMO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Antes de entrar en tema dejemos sentado que hay dos contradicciones básicas en quienes sostienen que todo es relativo. En primer lugar, si se acepta esa premisa, también sería relativa la afirmación de que todo es relativo (la trampa de Epiménides) y, en segundo término, sería relativo el respeto para quien sostiene esta postura (y cualquier otra) con lo cual -la aniquilación del respeto recíproco basado en la noción del derecho de cada cual y la correspondiente justicia- desaparecería toda posibilidad de supervivencia y, por ende, de convivir entre seres humanos.

 

Lo dicho para nada significa que deben uniformarse valores y principios. El único valor y principio que inexorablemente debe ser uniforme, para que puedan convivir personas con distintas valorizaciones y proyectos de vida es, precisamente, el respeto recíproco, es decir que cada uno pueda hacer de su vida lo que le plazca siempre y cuando no lesione igual derecho de los demás.

 

En un contexto de esta naturaleza, los debates abiertos van mostrando la conveniencia o no de adoptar ciertos valores. En este sentido, nadie posee la verdad absoluta, pequeñas partículas de verdades se van incorporando al acerbo cultural en un proceso evolutivo de prueba y error con el convencimiento de que las corroboraciones son siempre provisorias sujetas a refutaciones. Este es el sentido de la investigación no solo moral sino científica. Este es el sentido por el que los centros universitarios cuentan con departamentos de investigación, de lo contrario, si no hay verdades que buscar, no habría nada que averiguar. Los adelantos de la humanidad en los diversos campos científicos parten de la base de que hay algo que investigar como verdades en un contexto donde la ignorancia colosal se va reduciendo al incorporar verdades en los más variados campos. Por otra parte y en otro nivel de discusión, la acción misma revela que hay preferencia lo cual indica que se estima un camino mejor que otro.

 

Ahora veamos entonces resumidamente el significado de los diversos tipos de relativismo: epistemológico, cultural, hermenéutico y ético. Respecto al primer caso hemos mencionado su aspecto central en cuanto a que, por el principio de no-contradicción, una proposición no pude corresponderse y no corresponderse simultáneamente con el objeto juzgado (el relativista toma como verdad su relativismo). También cabe destacar que, sin duda, todo lo que entendemos es subjetivo en el sentido de que es el sujeto que entiende, pero cuando hacemos referencia a la objetividad o a la verdad aludimos a las cosas, hechos, atributos y procesos que existen o tienen lugar independientemente de lo que opine el sujeto sobre aquellas ocurrencias y fenómenos que son ontológicamente autónomos. Lo antedicho en nada se contradice con el pluralismo y los diversos fines que persiguen las personas, dado que las apreciaciones subjetivas en nada se contraponen a la objetividad del mundo. Constituye un grosero non sequitur afirmar que del hecho de que las valorizaciones y gustos son diversos, se desprende la inexistencia de lo que es.

 

Por su parte, el relativismo cultural pretende asignar igual valor a las diversas culturas. Esto es un error de la antropología relativista puesto que, por lo pronto, el respeto recíproco es una medida objetiva para concluir acerca del valor de diversas culturas. No es lo mismo la antropofagia que la consideración por el derecho a la vida. No es lo mismo el totalitarismo que la libertad. En definitiva, si no fuera posible trascender el ámbito cultural en que vivió el antropólogo, no podría afirmar ni negar nada ya que estaría determinado por la cultura de la cual proviene. Por el contrario, la característica de la mente humana es su capacidad de revisar sus propios juicios y contar con ideas autogeneradas que es lo que, entre otras cosas, permite evaluar distintas culturas y es lo que hace posible distinguir proposiciones verdaderas de las falsas.

 

En cuanto a la hermenéutica relativista, sostiene que la interpretación de textos y discursos depende de factores enteramente subjetivos. No habría en este contexto tal cosa como verdad o falsedad de interpretaciones del texto o el discurso consignado. Como es sabido, los símbolos lingüísticos son el resultado de convenciones, de lo cual no se sigue que pueden interpretarse en cualquier dirección, situación que imposibilitaría la comunicación y tornaría sin sentido lo escrito o lo dicho. No habría tal cosa como una interpretación correcta y una incorrecta puesto que todas estarían a la par. Sin embargo, un símbolo que no se traduce en una significación precisa no significa nada y, por tanto, como queda expresado, la comunicación sería imposible. Incluso, como el lenguaje es principalmente para pensar y secundariamente para comunicarse, el pensamiento quedaría en la práctica bloqueado si se siguieran los postulados del relativismo hermenéutico.

 

Por último, el relativismo ético apunta a mantener que no hay tal cosa como el bien y el mal es también contradictorio ya que los mismos nihilistas se incomodan cuando se les falta el respeto y se invaden sus derechos, lo cual pone de manifiesto la incoherencia de sus declamaciones respecto a la inexistencia de lo bueno y lo malo, de lo que está bien y lo que está mal. El relativista ético argumenta que no hay procederes que actualizan potencialidades en busca del bien y conductas que dañan o benefician al sujeto actuante y perjudican o que ayudan al prójimo. Por supuesto que esto para nada autoriza que en una sociedad libre se recurra al uso de la fuerza para imponer lo que se considera moral en esferas que no afectan derechos de terceros. Cada uno asume su responsabilidad por lo que hace, no hace o por lo que dice o calla ante su conciencia, ante su prójimo o ante Dios pero la fuerza solo es permisible cuando es de carácter defensivo, nunca agresivo si es que se pretende vivir en libertad. Recordemos que la prueba de la tolerancia es frente a modos de vida que no compartimos, no en relación a lo que estamos de acuerdo.

 

En resumen, los relativismos son autodestructivos y no se sostienen a la luz de razonamientos simples basados en el sentido común.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.